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Full text of "Diario de los niños"

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DIARIO 



D3 LOS wsSros. 



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MÉXICO- 

IMPRENTA DE VICENTE G. TORRE& 



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1840. 












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-t^r 30 1946 



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DIARIO DE LOS NIÑOS. 1 

PESCA DÉLOS HUEVOS DE TORTUGA 

EN EL RIO DE LAS AMAZONAS, EN GEAJARATÜRA. 



La playa mas importante de es- 
te río es ia de Geajaratura, cele, 
bre por la pesca de huevos de tor- 
tuga que se mantiene en plena ac* 
tividad. En el arenal estÁn cons- 
truidas cabanas de hojas de palma, 
enlasqoese alojan los indios que 
concurren de las cercanías y los 
mercaderes que Tienen de Para. 
Este lugarejo respira el trabajo y 
la actividad. Se ven aquí en un 
rincón de la isla montones de bue- 
vos frescamente desenterrados, y 
aculli piraguas enteras llenas de 
dios, y enormes calderas para que 
el cocimieoto separe la gordura, 
que sirve de mantequilla en el país. 
Multitud de indios, mulatos, negros 
y blancos se entregan á estas ta* 
reas. En los meses de octu*bre y 
de noviembre, cuando las aguas 
han subido mucho, abandonan el 
río las tortugas grandes para ir á 
aovar en ciertas islas arenosas. E* 
fectúase esto entre ellas simultá- 
neamente y como en hilera. A 
esta época tiene cuidado el gobier- 
no de enviar destacamentos de soK 
dados encargados de vigilar las en- 
tradas de las islas privilegiadas, 
con el fin de que nadie incomode -á 
estos animales cuando ponen, por- 
que ésta es la riqueza mas grande 

T. III. 



del país. Estos soldados impiden 
que ios isleños se apoderen de los 
huevos. Terminada la estación, 
dan aviso al gefe de ia provincia, y 
entonces llegan hombres de los lu* 
gares mas distantes para recoger 
los huevos. El gefe dé esta e&pe- 
cié de cosecha ó pesca es un capL 
too depraya (capitán de playa), 
que mantiene el orden, mide y dis» 
tribuye el terreno en que debeti e- 
fectuarse las excavaciones, y reci- 
be el diezmo de diversas personas 
adjudicadas. Una ves¿ cumplida 
esta formalidad, cada uno cava la 
porción de terreno que se le ha ce* 
dido, de donde van sacando los hqo* 
vos. Esta obra debe acabarse 
prontamente, porque al cabo de o* 
cbo dias comienzan á echarse á per- 
der los huevos: se amontonan á co- 
sa de quince á veinte pies de diá- 
metro, y á una altura proporciona, 
da. En seguida, á la madrugada, 
se llenan hasta la mitad piraguas 
^ perfectamente calfateadas; después 
con una horquilla de tres púas de 
madera sa hacen pedazos los hue- 
vos, y se concluye por amasarlos 
con los pies. Como estos huevos 
tienen poca clara, resulta de esta 
operación una especie de papilla a- 
marilla, sobre la cual nadan peda- 
1 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



zos de cascaron. Se echa agua 
encima, y se abandona este mixto 
á la acción del sol. De allí á tres 
6 cuatro horas su calor saca á la 
superñcie la gordura, que es la par- 
te masjigera. Se saca con cu- 
charas de concha de almejas gran- 
des del rio, j se recoge en tarros 
de barro. Hasta tres veces se re* 
pite esta faena en cada piragua, 
después de lo cual se extrae la ma- 
yor parte del aceite. Esta subs- 
tancia tiene enteramente el color y 
la consistencia de la yema de hue* 
▼o batida. Se pone á cocer á fue- 
go 4ento en un gran caldero de 
hierro 6 cobre por muchas horas; 
■e remueve, se espuma, y se clari- 
fica de tal suerte que las partes 
verdes, y especialmente las fibras, 
puedan asentarse. La parte líqui* 
d^ que nada encima se retira de 
nuevo. Por segunda vez se pone á 
cocer en fuego aun mas lento, bas- 



ta que ya no arroje ninguna bárbu. 
ja. Coagulada, adquiere esta gor- 
dura la consistencia y el color de 
la manteca; se echa en tarros gran- 
des de barro abiertos por arriba, y 
que puedan contener sesents libras. 
Cubiertos estos tarros con hojas de 
palma y cortezas de árbol, se expi* 
den en seguida, y se venden en el 
comercio bajo el nombre de man^ 
ieiga de tartaruga* Esta gordura 
estante mas sabrosa y purayCnan** 
to mayor haya sido la prontitud en 
extraerla después de recogidos los 
huevos, y cuanto mas frescos ha- 
yan sido éstos. Cuando está con- 
venientemente depositada pierde 
enteramente el olor de tortuga, 
aunque conserva en el gusto un 
sabor al cual solo los indios pueden 
acostumbrarse. La calidad infe^* 
rior se emplea como aceite de lám- 
para. 



Wh @l!^SI09Slo n 



Rubt del florido prado, 
Idilio de poesía, 
Dime, sunsún, ¿en qué dia 
Naciste del bello abrilT 
¿Fué por ventura tu nido 
De blanda seda cubierto, 
Algún botón entreabierto 



De blanquísimo jazmin? 

¿O eres tal vez el suspiro 
Que bellísima doncella 
Arrojó cuando mas bella 
Vio la ilusión sonreír? 
¡O sunsún, en ti me gozo. 
En ti admiro los cambiantes, 



[*] Llamado iambien coUM, chupamirto y chupafiores. 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



3 



La purpura y los diamantes 
De tu cuello de zafir. 

Tú no eres de este mundo; 
Que el Hacedor en ti quiso 
Un ave del paraíso 
Concedernos contemplar. 
¿Quién no envidiará tu suerte 
Que en iris mil se eslabona. 
Semejando la corona 
De alguna indiana beldad? 

Tu vida es vida de aroma, 
De perfumes y ambrosía. 
De agitación y armonía, 
De murmurio y de placer: 
Vagas flotante en los brazos 
De la odorífera brisa, 
Mas bello que la sonrisa 
De enamorada muger. 

Dejas voluble las rosas, 
Y en pos de nuevas delicias, 
Lirio y clavel acaricias 
Con tu pico arruUador: 



Te aduermes entre sus hojas, 
En su cáliz te embebeces, 

Y la imagen me pareces 
De alguR ensueño de amor. 

Tus plumas de fuego y oro 
Queflucen al vivo rayo 
Del plácido sol de mayo, 
Deslumhran con su inquietud; 

Y el zumbido de tus alas 
Al poetarle recuerda 

La vibración de una cuerda 
En su armónico laúd. 
Vive feliz, pajariilo, 
¡Y ojalá la primavera 
Vista por ti la pradera 
De luz y flor perenal! 
\Y ojalá que el puro ciclo 
De la hermosa patria mía 
Siempre diáfano te ria 
Con su manto de cristal. 

J. S. Jorrin. 



h (aiíe ht tíítihii 



El que quiera gozar de una com- 
plcta y franca diversión en losdias 
de Carnaval, vaya á los bailes de 
candil que se celebran en los bar- 
rios bajos, 6 sea en los barrios de 
la plebe, ó lo que es lo mismo, de la 
gente de bota y garrote, la cual tie- 
ne poco mas ó menos las mismas 
costumbres é inclinaciones en la 
capital de España, que en Paris, 



Roma, Ñápeles y en otras ciuda- 
des populosas. 

El que quiera pasar una noche 
de pura y franca alegría vaya á a- 
quelios bailes, de los que por su- 
puesto están desterrados los zapa- 
tos de raso, los diamantes y las per- 
las; aquellos bailes en los i[uc los 
ecos armoniosos de la música no 
parten ya de uua orquesta de trom- 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



pas y clarínesy aino del jocoso ras* 
gueado de las cuerdaa de la alegre 
bandurria y guitarrilla. 

Mas bien que un baile en el que 
el tropel de parejas danzantes se 
mueve con riguroso compás, se re- 
milga, se afína y se resbala con a^ 
fectada compostura sobre lisas aU 
fombras y con tanta ligereza como 
las plumas que fondean en su cabe* 
za y los perfumados rizos que aca^ 
rician la frente de las damas, pre- 
fiero yo aquellas funciones en las 
cuales se recibe á cada paso un em. 
pujón ó un codazo por una turba 
agitada é inquieta como la marea 
borrascosa; que corre y salta dan- 
do pisotones con una confianza ver- 
daderamente fraternal, sin temor 
de romperse los nervudos miem- 
bros, ni de magullarse los endure- 
cidos huesos, ni de desgarrarse a- 
quellos tragés, cuya primera divisa 
son la firmeza y la duración. 

No se oye allí el suave y delica- 
do acento de la tímida bailarina que 
se confunde con el no menos armo- 
nioso murmullo que sale de los flo- 
ridos labios de los impacientes ca* 
balleros dedicados á servirlas: en 
su vez disfruta el oido de un estré- 
pito borrascQ0O interpolado con 
grandes carcajadas de risa, y con 
un fuerte y discordante alboroto 
que degenera las mas de las veces 
en prolongados chillidos. 

Si en esta clase de bailes no se 
disfruta del inefable placer de con- 



templar la elegante matrona con 
la cabeza sembrada de joyas, la 
cual con sus diademas y turbantes 
descuella sobre todos los objetos 
que se hallan en las reuniones de 
la moda, apoyada con toda la deli- 
cadeza del arte al brazo del fino y 
obsequioso caballero sirviente, se 
ve en su vez á la vivaracha y des. 
cocada naranjera hacer la higa por 
detras ásu rival la mozada cánta- 
ro, y los guiños de corage y despe* 
cho por haberle robado su amante. 

Si en estas funciones no se a- 
prende el riguroso buen tono del 
almibarado petimetre que gira por 
todas partes con el soave cumpli- 
miento de ^'Perdone V., caballe- 
ro," que sale á cada monnento de 
sus labios, en su lugar se ve, y se 
ve con mayor placer, al majo gua- 
petón, que con las manos embuti* 
das en los bolsillos de su calzón 
corto, asomando por la boca de sus 
botines de cuero un tabaco de á 
cuarta, y por la &ja de seda ó de 
-lana un reluciente puñal, y que se 
se pasea con el mayor desenfado, 
con los codos en forma de ái^uio 
saliente, haciendo sonar su ferro ta- 
lón sobre el pavimento do fresco 
ladrillo, pronto siempre á armar 
camorra con quien lo mire de sos* 
layo, y aun á responder con un 
mandoble á la incauta doncella que 
á la segunda brusca invitación se 
rehusó á salir á bailar con él. 

Recomendable es en alto grado 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



la civilúsacioD que á la materia bru* 
ta substituyó las finas atenciones de 
la industria; que convirtió en do- 
rados palapios aquellas selváticas 
chozas entapizadas con hojas de 
calabaza 6 de palma; que trocó los 
rústicos tragos de cañamazo y de 
paño burdo en batiatasi crespones 
y plateados velos; pero sin embar. 
go de estas prodigiosas transfor- 
maciones, ¿quién se atreverá á sos- 
tener que en una de estas (unciones 
deban ser preferidas las brillantes 
y doradas tazas que hacen circu- 
lar aqueU«[.d^9ecoton conocida por 
la elegancia de la moda con el 
nombre de tó, ¿ jas toscas cacero« 
las de Gobrie henchidas de grasien* 
tas y humeantes costillas asadas, ó 
mondongo! ^Quién se atreverá á 
afirolar que la vista de las respUn* 
decienles dulceras de eristal talla- 
do, llenas de jugo de pina y de na^* 
ranja, 6 de las distalinas oopas de 
sorbetes, sea otas imponente que la 
delosfraeqosJe vino que fsrmeii^ 
tan- por todos los.ángulos de la sa<* 
la, y toman posición en desmidas 
mesas de pino^n paños alemanís* 
CUS y sin tápeles de seda ó tercio, 
pelo* 

Compárese una señorita alfeñi^ 
cada que saca la puntita de dbs áti 
doft blancos y diáfanos para coger 
un merengue, con la gracia de la 
oorpuleiita, vigotuda y colmilluda 
n)adre,.lac«Md sin ninguna elaáe de 
cumplimiento abre eon sus dos ma- 



nos arrugadas y negruzcas el an- 
chísimo bolsón de tafetán, y llena 
su insondable profundidad con los 
despojos de la mesa que acaba de 
cubrirse con jamones, salchicho- 
nes, estofados, queso, uvas y casta- 
ñas que fueron arrebü&tadas como 
por asalto. ¿A quién de estas de- 
berá darse |a .preferenciat 

C!on el marido sentimental de la 
pulcra y elegante heredera del pin- 
gue matrimpnio, que por no saber 
cómo disipar los humos de los ce- 
los que lo atormentan desde que de* 
I jó caer su cara mitad en el vórtice 
I de los danzantes, se refugia^ en el 
gabinete de los papeles püblicos, en 
donde pasa toda la noche leyendo 
y releyendo sus interminables co- 
lumnas, tal ve^ sin entender una 
palabra, compare V. por gusto al 
adusto esposo de la hija de un peoo 
de albañil, de un ganapán, de un 
gañan ó de una verdulera, el cual 
á la menor sombra ó á la mas lige- 
ra sospecha coge por el brazo á su 
prenda, y^por amor ó por fuerza se 
la lleva á rastro á su casa, en don- 
de quién sabe la tremenda zurri- 
banda que la espera. Ahora pues, 
¿quién es el mas envidiable en los 
dos casos propuestos? 

Ofrecen los mayores motivos de 
curiosidad las mugeres elegantes 
con el artificio de que se valen pa^^ 
ra encubrir sus defectos» reempla- 
zando las fiíltas de la naturaleza 
con fabos y poco dísimulables su- 



DIARIO DE LOS NIÑ08. 



plementos, de modo que al presen, 
tarse en público no pueden g^zar 
de una verdadera calma y tranqui- 
üdad, porque temen que se les des- 
componga, y se fes caiga alguno de 
estos postizos adornos, en tanto que 
la pescadera ó la frutera se presen, 
tan en un baile de candil sin ñinga* 
na clase de afectación, y sin ningún 
embeleco ni artificio. Está visto 
que cuanto mas se aleja el hombre 
de sus naturales costumbres, lo que 
acontece á medida que progresan 
la civilización y el refinamiento de 
modales, pierde mas su carácter 
original, y aun puede decirse la 
verdadera belleza moral. 

Volviendo pues al paralelo de un 
baile de etiqueta con otro de can- 
dil, diremos que no puede negarse 
que en los primeros goza la vista 
de toda la magia de la ilusión al 
contemplar la magnificencia de los 
trages, la ligereza y maestría con 
que las parejas ejecutan toda clase 
de evoluciones y figuras, la gracia 
y resignación con que las damas, 
abrumadas con el peso de un edifi- 
cio erigido sobre su cabeza por me- 
dio dé'turbantes y joyas, ó eompri. 
midas con el elegante corsé^queno 
las deja respirar, sufren aquel su- 
plicio, que lo es verdaderamente 
de muerte. ¿Y qué diremos de a- 
quellos prototipos de la moda, cuyo 
encotillamiento los hace andar tie- 
sos, como si sus miembros hubiesen 
perdido toda su elasticidad, y que 



llevan el cuello tan estirado como 
si su gigantesca corbata fuese un 
dogal que les estuviese apretando 
el pescuezo? Tal es el esmero del 
tocador de ambos sexos, que se di- 
ría que son criaturas superiores, 
que han venido de privilegiadas re- 
giones para fascinar y embriagar 
de placer al gónqro humano. 

Empero sin embargo de las ven- 
tajas que saca la ciencia económica 
de estas producciones de la civiliza- 
ción, ocupando una porción consi- 
derable de gentes en ob)stos de lu- 
jo, y por grande que sea el gusto 
en estas funciones, no es menor el 
placer que se disfruta cuando sa- 
liendo de aquellos dorados palacios, 
cubiertos de espejos y reverberos, 
animados de viva luz y perfumados 
con esencias, se entra en aquella 
sala que tiene mas bien los hono- 
res de patio, y que por supuesto 
carece de adornos, de esplendor y 
de brillantes luces, y que no tiene 
otros efluvios de fragancia que el 
vaho de tanta gente reunida y el 
humo de las candilejas, y á lo sumo 
y por todo lujo, de algunas velas de 
sebo, á cuya franca estancia, oomq 
que se halla á dos dedos de la puer- 
ta de la calle, se agolpan tados los 
compadres palurdos de la vecindad 
al olor de la bota, que circula con 
rapidez, acompañada de algún sal- 
chichón y queso, y como una espe- 
cie de finara social se reparten «al- 



DIARIO DB LOS NIÑOS. 



gunas rosquillas recien salidas del 
horno. 

Principíase la danza popular que 
so reduce á saltos y brincos, en la 
que todo se convierte en alegría, en 
carcajadas de risa, en jácaras y re- 
quiebros, y en bulla estrepitosa. 

Armase por un lado la jota ara- 
gonesa, por otra se proponen las 
mancfaegas interpoladas con el vo. 
luptuoso fannango. De ves en 
cuando se pone también en planta 
alguna contradanza, que indica la 
fuerza del progreso en la civiliza- 
ción de las «lases vulgares. Es u- 
na verdadera diversión el ver có-' 
mo aquellas manos encallecidas con 
la esteba, ó ennegrecidas con el e- 
jercicio de algunas profesiones que 
dejan pegada alguna sustancia, coi 
roo el zumaque y la pez, enlazan 
el tosco talle de las nervudas nin- 
fas; ¡cómo aquellos pantorrilludos 
gañanes se pierden en el vórtice de 
las figuras, dando embestidas y en- 
contrones capaces de derribar á to. 
da pareja que no tuviese una resis- 
tencia proporcionada á tan forzados 
movimientos! £s una verdadera 
diversión el ver como todos cele- 
bran y jaranean sobre los codazos 
dados y recibidos, siendo algunos 
de ellos de tan extraordinario em- 
puje, que sin embargo de la solidez 
de la base de las cullpardas, suelen 
algunas de ellas caer al suelo y ar. 
rastrar consigo dos ó tres de sus 
compañeras, particularmente en 



los bailes de rueda, en que so dan 
todos las manos, y no las sueltan 
por ningún caso. 

El que no esté acostumbrado á 
estos menguados accidentes, se an- 
gustia al ver la descomunal caida 
de estas ninfas de los barrios bajos, 
y corre en su auxilio teAiendo una 
verdadera desgracia; pero no hay 
cuidado, nunca hay necesidad de 
cirujano que ponga en su lugar dis- 
locados miembros: aunque algunas 
se hayan hecho grandes malluga^ 
duras internas, las aguantan sin dar 
la menor señal de dolor, y las gran- 
des risotadas y algazara que se pro- 
mueven las hacen levanar jocosa* 
mente, aunque estén rabiando; y 
como la broma y la alegría se han 
comunicado aun á los mismos toca* 
dores de guitarra, guitarrilla y 
bandurria, que son los únicos mi. 
nistros encargados de aquella or- 
questa, se pasa algún tiempo hasta 
que se restablece la calma y prin. 
cipía de nuevo el agitado movi- 
miento de los bailarines, y esta pau. 
sa la emplean las derribadas parcv 
jas en componerse el rabicorto- ves^ 
tido, y en sacudirse el polvo, res- 
pondiendo con desenvoltura á toda 
broma que se las dirige,, y aplican- 
do no pocas veces palabras de des- 
entono cuando las alusiones son mas 
picantes y salen de las anchas re« 
glasque les prescribe su tolerante 
decoro. 

Por lo regular estos accidentes, 



8 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



que son bastante comunes en los 
bailes que acabamos de describir, 
y que en las ñnas reuniones ha- 
brían introducido una sombra de 
tristeza para toda la noche, sirven 
por lo contrarío en los bailes de 
candil de episodio cómico, 7 ale- 
gran, reaniman y derraman nuevos 
placeres sobre aquella turbulenta 
sociedad. La música suena con 
mas estrépito y con rasgado mas 
veloz, y para darle mayor varie- 
dad y armonía se le suele agregar 
el hueco sonido de las castañuelas, 
los cascarrudos ecos de dos cucha- 
ras manejadas hábilmente con una 
mano, ó los agudos discordantes de 
dos cascos de un plato quebrado, 6 
un peine con nn papel metido entre 
las púas, que hace las veces del fa- 
gote. Esto sí que se llama poner 
en elasticidad el ingenio de los añ- 
donados á los bailes de candil. 

Sigue en el entretanto la franca 
y cordial algaravía: á una de las 
matronas mas respetables se le des- , 
ata el moño, á otra se le cae el zo. 
rongo, á otra se le suelta la cinta 
del delantal, ésta pierde el peine, 
aquella ve sembrados por el suelo 
los corales que llevaba ensartados 
al cuello, otra pierde los zapatos, 
otra el cinturon; en fin, todas son 
peripecias, todo es desorden y con. 
fusión; y ¿cómo no ha de ser asi 
cuando todos íou concurrentes, ex. 
citados por la inmoderada alegría 
fomentada por los voluptuosos pía. 



ceres del baile, y en algunos tam- 
bién por abundantes libaciones y 
por los vapores del néctar delicio- 
so, saltan y brincan, y están en un 
agitado y furioso moviente, hasta 
que revientan de cansancio? 

Cualquiera creería que un ejer* 
cicio tan violento hubiera de cau. 
sarles alguna molestia; pero nada 
de eso, nunca están más contentas 
aquellas gentes que cuando les cor- 
re á torrentes el sudor por la cara, 
y cuando están jadeando como un 
lebrel cuando acaba de dar una ba- 
tida al ligero venado. Toman un 
poco de aliento, y como si hubieran 
sido picadas por la tarántula, ó e- 
lectrízadrs positivametite, aun an- 
tes dé haberse restablecido el equi- 
librio en su aliento, vuelven á la 
embelesadosa tarea, y saltatiy bai- 
lan, y llevan el compás con los 
pies, haciendo resonar la sala con 
sus enormes patadas*, y palmetean 
y prorumpen en gritos y risotadas, 
y en otras exclamaciones de ale- 
gría, las cuales se van aumentando 
á medida que ocurren nuevos lan- 
ces, tan comunes en aquellas esce- 
nas de desorden y confusión. 

Hemos dicho que no hay col 
sa mas agradable que presenciar 
un baile de candil al sonido de guí^ 
tarrilla y bandurria, siempre que el 
curioso observador tenga la sabia 
precaución de no dirigir sus atrevi- 
das miradas á ciertas y ciertas nin« 
fsÉ que cuentan para su custodia y 



DIARIO DE LOS NIÑOÍS 



defenaa los audos de ao griie$o 
garrote que ei majo guapetón que 
la gobierna sabe descargar con la 
mayor maestría sobre las costillas 
de qaien pretenda disputarle su do* 



minio, ya qoe no recurra á la an- 
eha navajea, que es asimismo el ar. 
nía favorita de aquellos héroes de 
la plebeya galantería. 



DE LAS TRADUCCIONES. 



Todos los países han tenido que 
ayudarse con la comunicación y 
cambio de sus tesoros; y los agen* 
tes necesarios de este comercio lo 
son los traductoree que asumen el 
noble empopo de enriquecer su pa- 
tria eoD la flor do producciones ex* 
trangeras. A! favor de este labo>> 
rioso trabajo sóiAos de todos k» pai* 
ses» vivimos en todos tiempos, y 
conversamos con todas las gentes. 
Empero fafiy ea fsta pafte muchos 
vicios, procedentes los unos de tor. 
peza é ignorancia, y otros de capri- 
chosa libertad de los encargados de 
esta misión* Aun las muchas de 
las 1 raducciofie» de madama Seví. 
gné, sin embargo de su privilegia- 
do ingenio, han sido comparadas 
con aquellos criados que jlevah aU 
gun recado de sus amos,' y que ae 
olvidan de él por el Camino, 6 qué 
f rtiñcan 6 alteran completamente et 
bentido de su encargo. Fueren asi- 
táilaop comparadas con uoa éass^ • 
Vuelta, la cusfl no tíené ^1 misitíó 

T. III. 



lastre y finura; también con un ár- 
bol delicado que se marchita y 
muere cuando es trasplantado á re- 
giones extrañas; é igualnñente lo 
fueron con aquellas estataas muti- 
ladas de las que se ha retirado Iti di* 
vinídad. 

Para que el libro traducido con- 
serve todo au genio y mpleniio^, es 
preciso que el traductor se fije mas 
todavía en la hermosura y elegan- 
cia qqe en (a qe^vil imitaeion, y 
que pueda llamarse su traducción, 
como la llamó Voltaire: ''la bella 
infiel." No debe el traductor su- 
jetarse al literalismo, y sí tomarse 
brillantes ucencias, y enriquecer 
su traducción con las pinturas mas 
vivas y animadas que puedan suge- 
rirle su estilo y el genio de su len- 
gua. ' El qtie sigue línea por 4tnea 
el original, es lo mismo qué él cria- 
ndo que acompaña á suaÉmo,'y lé 
•Vá coiltando loi ¡íasos. •' '= • ^ " 
- Desechando la' tiraíiia' de la pa- 
labra áque se stij<itáh los ingenioé 
2 



10 



DIARIO DE LOS NIÑOS, 



frios y e^t^riles, debe un buen tra^ 
ductor apropiáraelo todo, y. sia que- 
brantar la fe, tomar el carácter de 
la originalidad en el mismo acto de 
la traducción. Entonces se le po- 
drá aplicar aquel dicho de Buñbn 
á M. Rivarol sobre la traducción 
dn la divina comedía del Dante: 
''Esta no es una traducción, sino 
una segunda creación." 

Un traductor no*debe desenvoU 
ver sus ideas con el mismo vestido 
que teqia el original, sino seguir el 
pensa^mien^; no debci contentarse 
con la fori¿B^sino recurrir al fondo 
4e la«jCosas; ; no debe copiar las 
expresiones desnudas del escritor, 
aino descender á toda la profundi- 
dad de sus sentimientos, tomar, to- 
das laa pasiones de su alma, toda 
la aotividad.de su imaginación, to* 



das las cualidades de au eatUo, y 
trasladar el genio del autor mas 
bien que el de la lengua. Si ast 
no lo practica, copiará el. frío, caí 
dáver, y no el espíritu de un eacr^ 
tor acreditado, pondrá de manifies- 
to las cenizaa, y no el fuego, y será 
una momia conservada sin poderse 
reanimar. 

Así pues, se requiere que el tra. 
ductor tenga tanto talento como el 
autor á quien traduce, y de igual 
naturaleza fi fuera posible. . ^E\ 
gue no ha quemado incienso á la^ 
musM qo es digno de parafraaear 
los versos de ust poeta inm.oi>|aU? 
Dioe Sócrates qqe tm eoteodimieo- 
\o altamente inspirado por laa hijaa 
de la Memoria ea el mas fiejt.intéf t. 
pret0 de Homero* . Para traducir 
bien es preciso saber ;produoir. 



MODO FÁCIL Y SEGURO DE GANAR A L06 NAIPES, 

DeacítbierU) por el cande de Yon***. 



Un diario alemai^ da cuenta de 
un proceso muy reciente, que ba 
revelado un género de pillería bien 
aingular. Algunas semanas antes 
de Id estaoion. de las aguas de Ba- 
da, y en la época de los preparati- 
vos de la misma estación, apareció 
en Stuttgardt un buhonero judio, 
haciendo manifestación de la paco- 
lilla que llevaba, y entre ios varios 



artículos de comercio se encootrai 
ban algunos centenares de juegos 
de cartas. Este hombre deciii que 
estable oprimido por la necesidad^ 
que habia comprado aquellas. car« 
tas 4 unfabxicaate de Paria que se 
hallaba próximo á declararse en 
quiebra^ y que como se las habia 
dado muy baratas, y logrado por o» 
Xra p^rte defraudar loa derepboade 



\ 

DIARIO DE LOS NIÑ08. 



ii 



aduana, flodíá venderlas á precio 
muy ht]ó. ftecondddás las car- 
fas, patecferon de buena calidad, y 
adehias no se les ctotá nada de ex- 
traordíoario. Las doscientas se- 
tenta colecciones que poseía el mer- 
6ader le fueron compradas & un 
0fecio muy ínftaio, y dfstiribuídas 
en diferentes mesas dé juego para 
el uso de los viageros. 

Cuando se abrió la estación, y 
que yar habia oaa concurrencia nu. 
medrosa con el designio de temía t 
Ms aguas de ^da, se vio llegar de 
h Bélgica al cofide de Vatt*** con 
la bélsá bien prevista, seguido de 
OH eleigtitite equipag^j y ánuhdan. 
éo su intebcion de pasar en Bádá 
é! Testo del otoño. Según la eos. 
tumbre de las personas que tienen 
una salud delicada, él conde tíon* 
curria por las boches ¿ las mesas 
de juego, como para reparar las 
fatigas del dia; pero siempre se no- 
tó que por mucha que fuese la ha- 
bilidad de los demás jugadores, nin- 
guna igualaba á la del conde, poN 
que jamas le aconteció perder, y de 
cénli'g^i^e fe li}2o en poco tiempo 
é! icrroi* de los monteros y de los 
apudtés. No obstafiíb láS conside- 
Mb1es'gañai)cias que logró, nadie 
KaWa cbécebido la iVienor Sospe- 
cha vfie pudiera seVfe des&Vorabte; 
hstrerté del "conde era general- 
fnente recottótiida, y pasó á ser un 
ffroterbicr, aUní^tíe **á íécii^ tetdad 
eran tnüy raras laé ó(ias¡oné^ que 



se presénttaban dé aplicar el re. 
francilló á etilos jugadores. No 
había en Bada caballero de icdus. 
tria, por diestro que fueéé, ni coque- 
ta holgazana, que no vieran em- 
palidecer su estrella ante ía brillan- 
te;fortutía del conde dé' Van.»** Es- 
te pagaba con generosidad fódós 
los secretos que se Ic hacían, y era 
gracioso y risueño coh todo el 
mundo: asi es que era general- 
mentó mimado y cortejado por to- 
das las mamas dé Ihs muéfaeichas 
óoncurffefites, quienes tíe continuo 
rodeaban ál feli¿ jugador, no tar- 
dando éste en ser él hotnbre únicb, 
énioAí^bre ¿ la moda, ' el héroe de 
las aguas. 

Entretanto, solo una co^ dl8Éi!»-f 
tabren el conde Yztí^ k fas'sS- 
fioras de cierta edad, y e^a que já-' 
mas dejaba sus gafas: encajadas 
continuamente en la nariz, oculta- 
ba sus encantos, que ellas parectan 
querer pofitiva y constantemente 
analizar. Nadie hasta entonces se 
habia atrevido ¿ observarlas de 
cerca, ni nadie se habia creído con 
derecho á este privilegio. Sin em- 
bargo, la Conspiración contra los 
anteojos era general; y todos pre- 
tendían ocultárselos át conde. 

tJna de? las noches de julio en 
que los salones estaban llenos de á- 
fégfed bebedbrtá; y que el afortuna-' 
dó conde alzaba de las cartas mut. 
tltt]d dé monedas, rodeado como 
siempre de una porción de curiosos 



19 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



y de admiradares, parodió agobia* 
do del calor y la fatiga del juego^ 
y sacando su pañuelo para limpiarp 
se el sudor de la frente, le fujé £br. 
zoco quitarse los anteojos.y poner- 
los sobre la mesa. El dichoso coa- 
de fué al punto saludado con una 
saha de cumplimientos de parle de 
las bellas concurrentes, que lo en* 
contraban mejor mozo sin anteo- 
josy los cuales le anadian mas e- 
dad. A este tiempo el Sn R***, 
joven coronel francés, por una es* 
pecie de facetada tomó los anteojos 
y se los puso en su nariz, como pa- 
ra ver qué cara le harían. 

El conde Van*** reclamó con 
instancia sus anteojos, diciendo que 
ios vidrios estaban acomodados á 
su vista, que eran hechos para él 
solo, indispensables para la.conser« 
vacion de sus ojos, y que absoluta* 



mente podía pasarse sin elios^ pero 
el coronel tuvo tiempo de percibir 
el engrandecimiento eztraor^nario 
de los objetos. . En efecto, loa ma- 
ravilloses anteojos del conde Van*** 
tenian la propiedad de hacer ver 
nu^y distintamente sobre ]as orillas 
de algunas cartas ciertas señales 
invisibles para el ojo desnudo, y 
aun á los anteojos comunes. 

En el proceso del conde Van*** 
que escrupulosamente se instruyó^ 
quedó probado que el buhonero 6 
mercader judio que vendió laacar* 
tas no era otro que el hermano del 
conde; y así ¿ éste como ¿ su cóm- 
plice se han enviado ¿ expiar sus 
seis semanas de buen suceso ea 
Bada, en las prisiones de estado del 
gran ducado, donde deben perma- 
necer por cinco años. 



LA APARICIOS DEL LUGAR. 



Hacia seis seoianas que un cura 
protestante estaba en posesión de 
su curato en un pequeño lugar de 
Alemania. Habia visitado, como 
era de costumbre, á sus nuevos ve* 
cinos, arreglado sus negocios ca- 
seros, y ajustado las cuentas con 
la viuda de su antecesor. Con- 
tento con haber dado ñn á este úl- 
timo importante deber, que por la 



integridad de ambas partes se ter. 
minó sin necesidad de curiales, el 
pastor salió á*pagar el balance de 
las cuentas á la viuda; coocluida 
esta operación, volvió á su casa, y 
tomando un libro bajó ^1 jardin á 
sentarse á la sombra de los hermo* 
sos árboles que lo^idornaban. No 
tardó su muger en ir á hacerle 
compañía: como era natural, luego 



UA&K) DE LOS NIÑOS. 



IS 



IMPrálifMi de M«)«lh)>^WMM0M 
«o ^e ibaai^goztrlaf d^Uoias pa- 
ternatesa dp^ue^auv .no tenua i^oa* 
. üa paia ÜQrUfn^qmo iw jurdía 
■a prfs^tal^a. éim vista. * j>«ar 
puetda.inMMí caaaUMidjaa de ua «a» 
lorinvopoftableí vioo tv»a Urea^dii 
4 refcaupar la] au»(^síexa. , Tftda la 
oatWPfkUffai Af >n6: uiL atpeo^ ,mBft 
freqe^ ty ^HmaiU>¿. laa florjfs.pare^ 
ciaaiimia btcUiáiitei» y„;axbalat>a^ 
»M graiq^ p^rftWiJ ifo^ íigfxa 
bríaa Ijeq^^ el (;aj^( de Ip» tac4i| 
y eiQivea}>a elaMdojc» ie. J^ labifa-t 
doréis %ue ilaoiadóe . por Ja: oampa* 
W d«kí»w%íía» iVoljrjan.cQp.loa 
apecoii ^,808 |rai|qu¡loa]|Higarq9*i 

«'Quarida DoFq^a| dijo el aura 
cuando pe lev.aat^ eu muger para 
preparar la cepi^ el oalpr.del tiepu 
po bpchonioso,d^eato8 diaa; pata. 
doa ba qaUead^ tqf^. \a^ caea, . ¡^kh 
pongo que esta ^oche.ceoareoKie 
debajo; de ea|^ ,4rix)lee? Así po» 
drá refrescarse ej|go mas la.Gaaa» y, 
0O99iXepMS.JHH|ta tarde del. paro 
amUj^ote .que; aquí Gor^e." 
, ^<iuf[CBin^f^Ji|aa adivinado mi 
piw»sfMWbptp( GQOtextó,,]» mu^f. 
](4aiafdá,eSfb^i:mosÍ8¡^Qa« y lomm^ 
(cesGivra nos jsabréo mejor loa. pir* 
chqneji^q^ están al fuego, j .um^ 
rica^ec^ada despertará nuef^o a^ 

pepito.". ..', . .,,;.,.■ ,..,. 

. Tao i^f to f)i|i^..i¡|fipi9.>ephOk 



Dorotea rahesaadoaa alegría dist* 
gi6 aniii pasca jpreSHfoaea á la cooL 
na: ti pastor ^teafo la- nata y las 
eUlasupwo el loatital» y sacó de la 
bodega una boialla. de vino* Se* 
gao m coilumbtek .esto último es- 
taba «enervada; aolameafte paca los 
doaritigpa; perOi Me. tKa le f«reoió 
queidabiaaaff una-aioápaioD á la 
leglft geaaval» por auaoto acabé de 
eaoflaUfrAlísmaiile, aasao yasalM 
viat^^iadaa sus. cnaaliia at^Madas; 
arajBftdiaaaayifliportaotapasil éd» 
pon|tte hasta ealóilces ao.«a erey^i 
oompletamenteioslalada en su enu 
plao^y habítaeiaB. Dorotea tra)q 
liiag0LÍus |iíabsbea«oissdiMcoB to« 
mataaftrsuauñada» 4mq vino á ,a« 
aoaRSiafiaf{os una .tampoimda». tfsia 
una fuente ancha llena de apetito* 
saea^lada» adareaada pOiTiaMiíKn. 
daa.aianos4 sentáronse, los tres 4 la 
soasa. : Vaaatogcíainoeante y nsn 
da bulji^iasa^ y ;aaa: cQavefsa^oa 
ftatii^ intef runipida de cuand? an 
cuandOvpoj los rqdobiadoa tunos d^ 
un ruisa^or» saaoaarpn su cena fru- 
gal y. aafnp«p4ra* .C^tfo tanto e) 
pastpr.nose, descuida^ en llenar 
de añejo licor u^a. ancha copa di} 
plata, iatlvijp.vinnnlada.iW la ^ 
o41i#- SliasfenQfpfcifif r que ina^ 
piran- nnauGoocíeaciapnra y un.pai; 
de bc^oalcfgos»^ resplanclapia en 
su rostro, y reflejaba en los . de su 



■ I m i <>.)«i . l i. t . ^ . n i tuMi <■ 4^ 1» 



• t^ *" JEW JtítmamAi áannélmíM^ 



14 



DUftlODBLOSfilAOS. 



•nnUe heimuA f ' HMdMla «tpo. 
aa. De esteoMio >(e0 florprnodiift 
b ii«)cbe4Ía4|uep(ittti6a «Uj Uegft* 
da¿ Dorotea id-áMreáft6p«t!frlrMr 
un<paMle4uoés, péroiu ntotjdo la 
detuvo. - a*Lm noche, «fijo - é^ Mi 
delioioBfi, ptfomlmrd^arefMtooan* 
po 4]«qHiiiijdo.- Té müMi^Sk/iOé 
laa, qua>detei4:iiidftrla «B'^rntuiiA 
oioȇivque4ailMttflr- ItMgo qa^ ya 
aaobdieitavaao jloa.ieaaMai adantto 
jttoi»'* Ayéaaa haUa aiéatede 
d' paaipf'.da 460ir asto«»«-apéaaa 
Dofolea volvió 4 lantarta,' oof ado 
alia j«a«alMa!4:iiia niaolo tíani» 
pp M^ la«aatafon*a8aatttdaa> 4e*>e¿e 
aaieatoa daad»'.)» aMUdp^ lEi pMu 
tar tendió 'la vbta, y aon> n^pbca 
eavpraea euya vié «na • atNudeMm é 
guiado; .1 . . i 

£ra iia« flgtt#a alta y ^lagutita» 
euyo roétro! de hannóecira exti^aoM 
dínatía patria' teftido isoiyel -oelor 
Éó&roeadó def la tarde* Udü' ' tieN 
te treea adamaba lea • pela tendido 
en bien ordenado^ boeleaeobre im 
cuelKy maa blanco qne lá nleire. Dn 
vestido iahr azul eeleeie 'táíé&Daeh 
do do eattellae de oro,' cttMa aei 
bellaa fermae; no^retphiflféotf que u 
mHaba M rayos del'setL'al travea 
de une ligera nübe^ rodéerba -á '«>' 
quaila virfóft angéHeaj que' tos «i 
moroeoe «gee^y dufoemifar pctrec» 
decir al paitorf ^^ffignemet*^ ■ 

Laadoa seioreay oomo bemoa 
dióbo^sdiaioáift.oonM beata la 
puerta de la casa; DM' él peatofi 



aedaeído por la aparieiioia Naoa{(ei 
ra4e la fatnaima, ee tevaiM y ' le 
aíguióA Sil inagar' y m hiMmAá 
quiatanMideteiieife, per¿r4l ttó'lfe* 
bíao eaee. €& embatgfo, eiMbdé 
la Agem, queiba andando, dirigM 
ÉUflpMdühMci'^F amentada, l)o. 
rmen fué etMrrtobde á 4l,'!e-agarM 
ean teda'4tt^fe«rz«l 4ér loe bmteea, y 
lel^tíM láfHtoéíér «ti toe 'ojea 
qíié no presiguieee' ai^1linie.« EH 
hMi ^ra abaWdoflCiá etopMNMi, y 
voWk muy despacio oott ib «kffigi* 
da^espoea pi>6metiéndtila qtie iiéee¿ 
gafria á Hi {bíftasmé; aunqcie no 
pcMüi Méftóé.dié^de^iHft qMfnaeom 
cebra icófÁo'eé espantaba visMoua 
sét'qWtáliieSb^de tenel' liada dé 
tefrlblé/ ántes' bidn paretíá un áfti 
geldel ^«rio que le llamaba paMt 
alg(in»'¿esá'baena. Marido y mu- 
gét ée IMrarbiif ft la puerta d)9 CBsei 
porque la bermtfná ibé i encerrai^i 
se en la 't^fna, y observaron^ loé 
pasóa dé la figure, que iba deiiecbá 
al «smeiíitério; M que llegó' A láU 
tapias, dio un salto ^ étítíaoL dd 
eüttsydéstlipflfrecíó. * " * 

Lbs^onsecdéndíÉsdeMtt ávén- 
tura fuero» bastaje 'iStsagtadablee 
pa^ el hótfnidafíaitiM^* Bl caso 
es que la^ntttieiadé lá' tt^vieloa 
édrrióldbgó'de boea eá<1>6^ p^ 
tódoHH' lu^f, y bómosdceUé^aeti^ 
itaféjÍEintÍBS' Ocasiones, affádiofdn '¥b*' 
rióAlAeCés, ylá d^figtMfén'de 
tal soerte, que el cura era ya-ttfira-' 
dtt^ tomó tMottario. Loé. demás 



IHARIO DE LOS NESjQS. 



Ya 



bm «Bí MMgbtt de bomfciM^' y ht^ 
ckiit'alf ■en gartoi ootao para; da* 
«otáis laeoaipaaioiiqitflt les eauta^ 
kat ai faHaban tampoco peíaoaaa 
mal kieiiirtQaadaatqiie^iisfea qu» 
la fantasma debió su orígeaal vina 
aelasaMsii GJ nuemo mayisor, 
qae vía&peeaaasmuMedespiiee á 
baicer ta eereiaeaia (de la praselita- 
oían del pasler 4. svs leiif raea», 
eyMd#i loadMakecaaaidades se.re. 
tiraioa» deipsiee de la i»>iDicUwdada 
en waní^M^ eenMoeüi: |KÚQaipi6 
á hacerle algaaas pMg^aotas joon* 
cemieeies á sa ealodi. '*V. eaua 
]|01ii1m»> eootÍBuA4l» amigft de las 
cieoMtii ,Qoaippeas ooiqiaaioees do» 
inéatieas» y ism aiotiao d€i loirétiva»- 
do que ^' bailé este lugaf » y los po- 
eos vap4ai0a,qu^ tieae« OQ podrá y. 
taii^r<.inMebia;tratede.;g!Batea .Ba 
talef airoiiaslaaoiaa lae teaní que 
^eeot^egnaV. demasíad(^M^s lU 
%r«e y :á easiiUr, qae, abaAdoae^el 
^erckÍQiUia' neoetarÚKfana ia sa*< 
lady.yjqHe de aU- le roaalté laege 
alguo ataque de Upoeondría» ▲». 
9iigQ.Biie^ mticiboejttroioiaitsiga V» 
mi cQOM^^.Q0Dsidepe V* el eeiudie» 
aanoftim medifo-de: a)io}aalKrsu.eii«> 
tendimiemo. y apagar eu; s^de e4- 
beriperogiiAfdeee V. jx^ohad» 
eomprado ái expaoias de susaladr 
y biie»'huiBer.'* . 
. HPoedffeeegiíráráiV.^raipond»^ 
ai pastar, que no hay qué lemér 
ma<a<aqi|e la nsfláncelfo. Saeia 



baeer mte cerrerlae parr gozar las 
beUezaade la Qataialeaa^ y laahac>' 
laosaa oercaaiaede eeie lugar' aoo! 
aücieales- pederoeos para dar rwn*' 
da «uelta 4 mí gasto finroríto. 'A¿* 
grédasse lainyen eakívar la haér* 
la»iy en este reoteoie'nie paaan al*, 
gaaae. botase Duermo bien«y ha:^ 
ga ladi^ealielí mi^ér. Rafa ve» 
digo. de ^enlaf alegre» y ai ouMvtf 
koretéaeias eedetal modorquo) Éns 
trii mfa eírvaÉi de recreó y plaear,^ 
qae d* aléelo dé trtates o t e dilaiio *; 
aeé/^ • - '■ .••.•» 

. •" Ya lo: veof, eoÉteiftó el preriaor^ 
éatacael leiigaaga:de todaalosque 
padecen la miaña anfarmedad^ puéa 
sa >ee{ figuta qae eatáa bueno»' 
¡Cuidada, atnifoniie!' Permítame 
Vb que le reonmieoda akuafaene^ 
ciakHiBefiMseeéiy oaUeadegaüi- 
aai^ .. * ' 

' NbéslraaiéngD priaerpió» j«'é 
reeelab:q|ie debia>hab0r ^¿taía'Ta' 
aon'paíptiesligr'para' das* taka'ooav 
mym¿* i JaaMM había gipzado de^aiNi 
flalud'iaefofli* * Deapueadeéetaii.aa^ 
btiaédó ion .ratbteon taáteiaraesib ém 
oonodidád^ ae Artgió ' mi • faoéspad^ 
y i la dijor ^No. puedo» mteía de dae 
i V*4épeliflaa graoiaa per el' vivó 
interea'qaaAoana |br le ^mmaavfm^ 
áien^da mídaladf^pesoaaiiieiftgtt^ 
lá qoe. V. debéttentM' algiin iMI)^ 
eej^eiái paiaí actíbaejatÉie éoa taa^ 
té aÍDÓeiidads por (acaaleápifeele^ 
encaseqidáÉneate tm bsigvál fiíeóe 
deéxpiioármelotf'' " ^ 



19 



DIAIUODB LOS NIÑOS; 



* ''No tengo moooTenieote, i«8- 
poadió e&.pfovitor; si desea V. ea* 
ber la venladera esota^ 70 ae- ki' 
diré.. Me han iofomado qoe Vé 
c^ee eaapaneíodeB deaknaa. ^Son 
talea y ian respetables laá penMa« 
qbe me Icban contado» que no pue-i 
do poaerío en duda, luengo dena- 
síada buena opiíiion de io jiitcto da 
V4 -piara ir á encontrar en^él ta«ffa^ 
son de fu creencia en semejantea 
cesas; por lo tanto debo atribuirlo 
á^álgonaaobstraocidnes qóe i> vof 
ees turban la imaginación dé' las 
peraonat quela'tieiiQD muy ▼iva." 
El pastor comprendió entónesa 
elar|inbente.de'qii6 laa tmtaba. -Vá* 
DO en cbnoóiBoienfio qae: lái noticia 
de la.aparicioki habí» legado á lA; 
meirópoli, lo oial idi6 motiva ai'pn^' 
visor para áconsejavie mítase' por 
su salud. En seguida le refirió to^ 
do ák caso con i¡BL mayor sencillez y 
fidelidad, y añádiá: '*Nopudo aec 
un engaSo da óptica; :¿pneBde don* 
de hubiera podido prooedbr en un 
puebleeito solitario como éete, . y 
tan distante dsl camino real? Taa»- 
poeo- pudo ser ilusida de los sentid 
dos; pofque ao solaipente yo. ivi la 
figura y la jsegiií liasta que dssapai. 
recio», sino qáe al mismo» tiempo la 
vierDn igualmente Imt. hemnadai^m 
ni^tw» el'tióTJuaftmi vecino, "7 la 
criada ide IMIía Orosia» tpdda' 1^ 
cDttte dan la-iniimadesdrfpdoii^de 
ella* X«o:qaé eUaera ó represen, 
taba, de dónde vinQ«6 adonde iba^* 



no io só, y lo 6ntao que púodo ha^- 
cor e# repetir aqu<A diehoM HamJ 
let, tan citado en sen^ejamea oca» 
siones) ^Hay muchas oosanl entré 
el cielo y la tiORta^acerda* de- las 
cuales jamas' pensanea nnesirbflf'fi* 
lóaofoé;»?. .:....••.• ! 

Sonrióse et provisor, sacuda si> 
oabeaa, y 00 díjomas; peDo'al tiem» 
po de^tnsiitar á caballo aP-dia* «» 
guiante, Ao^^podo Mitetierié 'Sin 
Uamar'ari pastory decirle: ' Abuér^ 
dése V< de* la tonvérsüeton qii^ tu..' 
vimos ayler^ydel boen consejo que 
le di. Moch<^ ejercicio, dfcc^ , d^c. " 
El pastor Respondió OO0' boa ref- 
rénete aeompaaada de una ion^lsa 
que etpir6'4iiego en alia labios, co* 
mo si de- repente le tobiéDra acorné*- 
tido un dolor agudo á¿ cáboaa* 
• *Un dia dé verano, enr M aiío de 
18«-^ «n extraáger6Jvino*é fni iia« 
sa, y me dntregó una carta de par» 
te de la-moger del general M., en 
la cual me infbvmaiba que él dador 
eraon«rti>ta eminente ón ilusio- 
nes ópticas, y que se había.* hecho 
lainoso éd' 'varjoB.téatrqst j^Clomb 
tenia intención de trabajar en C, 
ella me agradecería el 'que 70 hi. 
olese todo'flii posiblepbr AiTOMoar* 
al SrJ S.j-que era eíh'pX^rtador de* la* 
carta, á ^oiea ée empélki!^a en; éét>¡ 
vir 'Cuanto pudiese. - Elf-Sr. Si'^qtie* 
era hombre de muchoi«aleote>cy de 
agíraci)»ioa . Uiddales^^ na taMó^ iriu- 
cho en intpresaihieiá &vor «njBOi y 
cónsul ^ikemi'padrei le permitie*' 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



rí 



86 hacer t280 de an entresuelo lar- 
go y vacio que había en la casa 
que habitábamos. Est^ me pro- 
porcionó ocasiones á todas horas de 
ver y hablar al artista en tanto que 
se ocupaba en hacer sus diversos 
preparativos. A veces me expli- 
caba esta 6 la otra parte de su apa- 
rato; otras me entretenia con la re- 
lación de sus viages, su residencia 
en las ciudades principales de Ale- 
mania, y sus varias aventuras; y 
entre las diversas cosas que me 
contó entonces, una de ellas es la 
que sigue. 

Tiajando de Dresde á Francfort, 
tuve el capricho de visitar el her- 
moso valle de A. Dejé pues el ca. 
mino real; pero á cosa de medio dia 
sobrevino ana tronada que me obli- 
gó á meterme en un lugarcito, por- 
que mis autómatos llegaron á mo- 
jarse, á pesar de la cubierta del 
carromato. Mientras los estaba se- 
cando me ocurrió limpiar mis es- 
pejos, y al tiempo que ya iba ¿ em- 
paquetar todo, mi muger me mos- 
tro á cierta distancia unas gentes, 
quesegtm sope después, eran el 
<mYa del lugar, y dos señoras que 
estaban oenaildoen el jardm. deba- 
jo de unos ftoadoeos árboles delan^ 
te de lapaiortade la dasa del pasi> 
tor. Llena de buen humor me pi*. 
á\6 que fragsasé aHí mismo tm, ú»- 
parición, para que sirviese de pd»- 
tre á aquellas buenas genter. ctíam^ 
el cura estaba frealé póv Trente de 
T. m. 



I mi cuarto al piso de la éalle en la 
posada, y á corta dlaltancia, cotno 
I las ventajan eran bajas, y los qoé 
! cenaban se detuvieron bastante, 
' era la ocasión mejor para satisfacer 
el antojo de mi mnget. Pase en 



regla mi espejo, y empecé á mover 
la figura que yo quería viesen los 
tres que estaban sentados. Las se- 
ñoras se levantaron inmediatamefi- 
te asustadas; pero el cura muy se- 
reno y con el mayor valor siguió á 
la fantasma, hasta que una de hts 
señoras, sin duda su muger, le tiró 
hacia atrás, y yo hice desaparecer 
la figura al Uegar á las tapias del 
cementerio. A pooo rato no se ha- 
blaba de otra cosa en todo tñ lo- 
gar. Como yo habia entraéb én 
la posada por la puerta del eoirral 
que estaba' á espaldas de la casa, 
pocas personas sti^bian mi llegada| 
la puerta de mi cuarto eétab¿! cer« 
rada para que nadie viniese á ver 
y tocar mis muñecos; no habia mu- 
chachos en la casa, y cuando yo 
estaba ocupado en figurar la aparí. 
cion, el posadero y los demás de la 
casa, que me tenian por un buhone- 
ro, estaban entretenidos en descar- 
gar UB carro de yerba qua vino 
nmy tarde del campo> Asi es que 
la aparición se tuvo polr sobreña* 
turel, y muchos^ iteeinoa del Ibgar 
que estuvieron hablando acerca de 
esta debajo de mi ventana, creye- 
ron era una* seSéi 6 aviso de la 
mticpte, que presto vísharia la casa 



18 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



del cura, do solamente porque la 
iaqtasma fué desde allí ai ceipente- 
rio, sino también porque la muger 
del pastor estaba por primera vez 
en vísperas de ser madre, 

"Yo no sé cómo fué, continuó el 
Sr. S., el dejar á aquellas gentes 
en el error. Bien sabia yo cómo 
se debe apreciar el objeto moral de 
tales entretenimientos fantasmagó» 
ricos, esto es, formar figuras en. 
ganosas por medio de la óptica, y 
explicar los medios naturales em* 
pleados para el intento, á fin de 
destruir la creencia de las opera* 
ciones sobrenaturales: sabia asimis* 
mo que nadie puede calpular las 
consecuencias de una acción, y por 
lo tanto era obligacioa mia aclarar 
el asuntOi disipar el error que pro* 
dujo mi engaño óptico en los áni. 
mos de aquellos rústicos habitantes, 
según lo demostraban sus expresío* 



nes supersticiosas. A pesar de to. 
do esto, los dejé e^ su error; y to- 
davía me pesa el daño qoe he .po- 
dido ocasionarles." 

"Alegróme infinito haber oído 
esto, contexto yo, y por mi cuentti 
corre libertarle, del cargo de con- 
ciencia que le abruma* La fami- 
lia del pastor todavía goza de bue* 
na salud; en lugar de haberse dis. 
minuido, se ha aumentado con tre^ 
robustos muchachos. Eu cuanto 
á la fama que adquirió de algo vi. 
sionario, podrá, disiparse ahora cop 
la sencilla narración de esta ocur- 
rencia, y al mismo tiempo servirá 
para convencer á. él y á sus colp^ 
gas que es n^uy necio, aquel que nq 
pudiendo. explicar qna. cosa, poi; 
cualquiera circunstancia partiou-r 
lar, supone que necesariaojeote de^ 
be ser incomprensible 4" 



mmm^c. 



De la capilaridad. 

Solo algunas palabras podemos 
decir acerca de esta cuestión, que 
para tratarla convenientemente ezi. 
ge los recursos del análisis mate, 
inático mas elevado. 

Cuando se mete un tubo de an. 
cho diámetro y abierto por arabos 
extremos, en un líquido que lo mo. 



je, como agua^ alcohol, aceita, <S;c., 
ó que no lo moje, qomo lel mercu- 
río, el líquido que está colocado en 
lo interior 6el tubo está al minmo 
nivel que el líquido exterior, y así 
debe ser, porqne tanto en el interior 
del tcrbo como en lo exte>ior, está 
el líquido comprimido por la at- 
mósfera. 
Mas si el tubo es de tih diámetro 



DIARIO DE LOS NLNOS. 



19 



muy corto, pasjb fenómeDos dife- 
rentes según si el líquido moja ó no 
moja al tubo. Si el líquido lo mo- 
ja, se elevará en el interior del ttx* 
bo arriba del nivel exterior, y esto 
tanto mas cuanto mas fino sea el 
tubo. Este fenómeno está indica- 
do en la fíg. 18, donde se ve que el 
fíquido se levanta por las paredes 
del tubo. 

Si 6l líquido no lo moja, se ob- 
serva absolutamente lo contrario, 
el líquido sube en lo interior á me- 
nor altura que á lo exterior (véase 
la fig. 14), y en lugar de subir 
por las paredes del tubo, se depri- 
me; y como estos fenómenos se ob- 
servaron por primera vez en tubos 
nluy delgados, ó sean tubos capila- 
res (esto es delgados como un ca- 
bello) se tes dio el nombre defénó- 
menos capilares. Con este nom- 
bre se entienden hoy mas general- 
mente los fenómenos de adheren- 
cia, de adhesión por el contacto, 
qne los cuerpos pueden ofrácer. 

La ascensión del agua por los 
tubos capilares ó entre muy estre- 
chos espacios, porque no es necesa- 
río para esto que los tubos sean 
perfectamente redondos, la aseen- 
8Íon, decimos, es considerable 
cuando los pequeños espacios son 
en extremo estrechos; por ejemplo, 
se observa que en nn tabito del 
grueso de un centesimo de milíme- 
tro, la ascencioá llegará hasta trcé 
metros pof sola la fuerza de !á capi- 



laridad; hay en los tejidos de los 
vegetales y de los animales tubos 
mas delgados todavía que un cen- 
tesimo de milímetro, y así la capi- 
laridad debe. influir mucho en la as- 
cension do la savia, así como en la 
circulación de los líquidos en los a- 
nimales; siendo de notar que el ca- 
lor aumenta mucho el cfucto de la 
capilaridad. 

La ascensión del aceite en las 
mechas, así r.omo la del sebo y de 
la cera, es debida á la capilaridad; 
el líquido se eleva por los espacios 
capilares situados dintre los fila- 
mentos. 

Si una masa terrosa está húmeda 
por abajo, el agua sube por los es- 
pacios capilares que separan las 
partículas terrosas. Y por esto es 
que después de largas lluvias, ctían- 
do viene un tiempo sereno que se- 
ca la superficie del suelo, la tierra 
permanece húmeda por mucho 
tiempo, por el agua que de abnjo 
va llegando, hasta agotarse com- 
pletamente. Puede fácilmente ha- 
cerse una experiencia que demues- 
tra la capilaridad, y es mojar por 
la parte de abajo un terrón de azú- 
car en vino tinto, y se verá cómo 
va subiendo este líquido hasta la 
parte superior del terrón. 

D$ la electricidad. . 

' Hhce ciento cincuenta anos que 
tío sé coiiocian mas que tres ó cim- 
th) fenómenos eléctricos; pero des. 



20 



DIARIO D£ LOS NIÑOS. 



puea de esta época, y especiaimen* 
te de algunos años acá, ha hecho 
grandes progresos la electricidad. 

Lo que desde luego se reconoció 
fué que algunos cuerpos, como el 
TÍdrio y la resina, después de fro- 
tados, tenian la propiedad de atraer 
los cuerpos ligeros, como recortes 
de papel, barbas de plumas, dcc. 
La causa de esta propiedad fué Ha- 
. mada electricidad^ porque los fenó- 
menos de este género fueron obser- 
vados por primera vez en el imhet 
amarillo, que en griego se llama 
electrón» Este hecho era ya co- 
nocido desde el tiempo de Tales de 
Mileto, que vivia 600 años antes de 
la era cristiana. 

Si se acerca uno ¿ la mejilla un 
pedazo de cera de Bspaña, ó un pe- 
dáis de vidrio fVotado con un pe- 
dazo de paño, ó simplemente con la 
mangando la chaqueta, se experi- 
menta una sensación semejante á 
la que produciria el contacto de una 
telaraña; si se aceroa un dedo se 
oye el chasquido de una chispa, y 
frotados estos cuerpos en la obscuri- 
dad, dejan ver una luz azulada. 

Si el vidrio, la cera de España y 
otros muchos cuerpos tienen la 
propiedad de adquirir electricidad 
cuando se les frota teniéndolos en 
la mano, hay otros muchos, como 
los metales por ejemplo, qoetenién* 
dolos y frotándolos en la mano, na- 
da manifiestan cuando se ponen en 
presencia de cuerpos ligeros; pero 



si se frotan poniéndolos en el ex- 
tremo de una varilla de vidrio, so 
vuelven eléctricos. Da aquí ha 
provenido la distinción de los cuer- 
pos en conducUjTU y no conducUfree 
ó aisladores, Ea el caso en que 
el cuerpo conductor es frotado sii^ 
estar aislado por cualquiera otro 
cuerpo no conductor, se desarrolla 
en él este fluido sutilísinoo que se 
llama fluido eléctrico; pero epte 
fluido pasa por entre el cuerpo hu- 
mano, que es buen conductor» y ae 
difunde por el suelo. La tierra^ 
en la cual corre y se pierde la e< 
lectricidad, tiene el nombre de rck 
cqptáculo eamun. Por lo contra- 
rio, cuando se frota el conductor 
aislado por una vara de vidrio, el 
vidrio impide que se disipe el fluU 
do eléctrico. 

Cuando uno se sirve de las ex- 
presiones cuerpo aislador, cuerpo 
no conductor, no deben tomarse en 
su acepción absoluta, sino solamen« 
te entender que este cuerpo conda« 
ce mal la electricidad. 

Los mejores conductores de la e* 
lectricidad son los metales, las di- 
soluciones salinas 6 espirituosas, 
&c. 

Los cuerpos aisladores son el vi« 
drio, la seda, la resina, el azufre, 

Sollama péndula eléctrica una 
bolita de sabuco plateada ó donu 
da, aislada por una hebra de sedaí 
y suspendida de un punto fijo. 



MARIO DE LOS NIKOS. 



»l 



SupoogamoB que á una péndula 
eléctrica se le allega un pegaso de 
resioa electrizada por el frotamiea. 
to» la bolita le pegará ¿ la reeioa, 
y no se desprenderé de elle hasta 
hab^fs^ electñauido, y aua la re* 
pulsaré la resioa después de haber- 
la tocadc^ Sieoel mismo iuslaa* 
te se acerca un peda^ de vidri<> 
frotado como el de resina en la 
manga de la chaqueta, la bolita se^ 
ráioraida, La.ebctrididad del pe- 
dazo de xesina y la del pedazo de 
vidrio no son de la amtsm natumie? 
Ks: se han distinguido dándosete á 
la primera el nombre de electrici- 
dad rmnoaa, y á la otra el de e- 
lectricidad vitroBO. A fin de po* 
dersometerlssjdcálculoise lesba 
designado con nombres algébrioos: 
la electricidad vinosa se llama ofi 
dinariameote electricidad posdíiia» 
y n^ga^tVa la resinosa* Todas Jas 
eie6trici4ades que pueden produ- 
ciise, por todos ios medios posíblesi 
secoropjR^en ea Ias dospf^^csk 
dentes. , 

La experiencia de la péndula e- 
léctriea nos ha mostrado que hay 
dos especies de electricidad; pero 
también, muestra que la bolita car« 
gada de electricidad reBJncsa es re- 
pulnda por la resina» y atraída por 
el ridrio» de lo cual se infiere que 
Jas electricidades del missao nom- 
bre se repulsan, y qoe las ebotriei* 
(lad^ de nombre cont^rio se -^ 
traen. Puede también haoorae la 



experiencia de un modo mas palpa- 
ble colgando en un mismo punto 
dos bolitas de sabuco, y tocándolas 
á uz( mismo tiempo ya con un relio 
de cera, 6 ya coa una Tarilla df 
vidrio electri^uida. Ea elmoiqenr 
to se observa que se repulsan y se 
mantienen separadas entre sí mi 
tanto que permanecen eaigadsA de 
electricid^kd (6gt 16). 

Frotando dos cuerpos uno. cx>n«' 
tra otro, toman electricidades con- 
trarias, y casi siempre la superficie 
mas tersa es la que tona la electrif 
cidad vitrosa. 

El frotamiento no es el (mv> 
modo de desarrollar la electricidad; 
es el mas conocido y mas antiguo; 
pero también se desarrolla la elec- 
tricidad ^a una multitud de eircuns- 
tanciastpor el calor, dsc« 

Bl airie es. un malísimo condue» 
tor de la electricidad cuando no es- 
tá húmedo, y per k presión qo» e* 
jerce sobre los. cuerpos mantiene k 
electricidad sQ^u.fniperficie, y de* 
Qiinosensiisuperfi4^e porque allí 
solamente es donde está k ekgtri- 
cidadi y jamas en jo interior. Pue¿ 
de uno convencerse .de esto eledri- 
asando una bola hueca con un agut 
jero que permita poner en su inte- 
rior un cuerpQ que de allí se saca 
no elaotrisHido, prueba de que no 
Imy elooUioídad inierionnsiiteb y 
nopueederk estosi^k eioctrieidad 
estuvieae di^odida por lo interior 
dolosauarpoo* En «1 vacuo no se 



22 



filAÍ^lODELOSNtfíbS. 



puede retener la electricidad ea I» 
Buperfícíe de un cuerpo , porque se 
disipa ¡DstanláneameDte. 
(Guando el cuerpo termina en 
punta, la preaioQ del aire no puede 
i%téaer la electricidad en la auper- 
ñcie del cuerpo, y toda la elé<;trici* 
dad Se disipa por la punta. 
^- La' velocidad de la electricidad 
es inmensa: se ha reconocido que 
elñuidoen extremo sutil áque se 
deben los diversos íenótnénos eléc 
trieos recorre muchas l^uas en un 
tiempo inapreciable. - * 

Electricidad por infiuénciai — 
Tó^ los fenórtienoe eléctricos son 
debidosj como jk - la veremos, al 
desafUDlIode la electricidad porin. 



Supongamos tína 'Má dietálica 
aislada, cargada de* éldatricidád 
podtívft '6 vMoMt, ipót e)élhpl<9,' y 
al lado de ettta' bola un cilindro me- 
tálico, awlado igualmente. Elci- 
liaúto y'la bola, están distantes de 
tal'sHortéiqüéi'lai cMépá eléctrica 
kióipaeda partir de la bblér (ñg. 17): 
•i'l>í¿anÉ¿s deÉde luego que todos 
Idtf'cuetpos tienen en si una fuente 
infinita de Adido eU^^á neutro, eé 
decir,' de fluido fortnado'p^r la com* 
biiíacidn de ' amfaiais eleCtHcrdadé^^ 
que se buscan siempre pera 'unirse: 
• Blljuidb vitrosotó'|bsitivo de '1á 
hola idbraráisobre él íkiide 'nettíró 
Bel «ílihdro, desunirá te ¿dé-^éc* 
trícidááetfy atrae#á para éí fti'* eléc: 
•tricidad' resinosa: ó negativa, qae 



vendrá á colocarse á la parte del 
cilindro mas cercana á la bola, y 
repulsará á la parte mes lejana el 
fluido nitroso. 

El fluido 'eléctrico ejetoe su in. 
floeneia sobre un cuerpo conducto^ 
aun cuando ésle esté revestido de 
un cuerpo no conductor; asi la e-^ 
iectricidad' quedaría igualmente 
descompuesta alan • cuando este ci- 
Hndra atuviese cubierto de una 
groésa capa i)d cera 6- de goma la« 
ca, lo que demuestra la futilidad de 
las precauciones que se toman, por 
ejemplo, en cubrirse de seda para 
librarse del rayo. 

MÁqiiiruu eIéotrícas,'^El objeto 
de las máquinas eléctricas es des* 
arrollar grandes cantidades dé elee. 
trieidad para bacer experiencias de 
flstca. Cotíóé^tf^e varias; poro la 
déuseiinas común es la que inven- 
tó el físico Ramsden. Eñ muchos 
gabinetes de física, sé emplean i- 
guftimente otras maquinas, cómo la 
dé'V^áSn^Martiiifi de Harlem iy la de 
Nairne, que dan la clase de efectri- 
cklad qvte '»é 'quiere. La^ máquina 
d«'&atnsdén solo da electricidad vi. 
trodá: en edla máquina ministra la 
electricidad el fVotamientb^'de un 
platillo de vfdk-ro que gira WticáU 
iñfieme centra t varios cojiñéiá héfti 
chidos iié^ lana'^- Uiies -biKndrós 
mefáüidtfÉ'^isládds están colocados 
cierea del jHatilto de vidrio, y están 
atmados dé^^untas; Todo el fluido 
resinoso de loé citiiidrosalH'aido pdf 



DIAÍUODELOS NIÑOS. 



33 



influencia bacía el platillo por el 
fluido vitróso que allí se encuentra 
en abundabcia> se escapa por las 
puntas i este platillo, cuya electri- 
cidad vitrosa neutraliza; así tosjci- 
Undnos se bailan cada vez mas car- 
gados de .electricidad vitrosa, que 
es repulsada por el fluido negativo 
del vidrio;. y esta es una fuente a- 
bundante (si el aire está seco) de 
donde se saca .electricidad para to- 
da suerte de experiencias (fíg. 18). 

Del condensador y déla hote^ de 
Leyde. 

, A. ( 1^ acción de .la electricidad 
que obra á distanciai ó de la elec- 
tricidad por influenciarse deben los 
fúñamenos que presentan el con., 
densadory la^boC^la de Ley de/ - 

Llamase condensador no apara* 
to elócirico f^nnajjp dq dos discos, 
metáJicos aeparadofl por ima, papa 
no condiiotofa, ccn^ aire, se^a, ta- 
fetán gomado, vidrio» &c» ; Basta 
qqelosdíscof .metálicos sean hojas 
de metal, po^qu^ I^^^umulajeioi^de 
la el/^Uicidad a^: depende delgrMe- 
so del metaV sino Omicamente de su 
super^oie.. Supongamos, dos hojas 
de estaño, por ejemplo, aplicadas 
sobre ana placa de vidrio; ppnien* 
do una de las hojas de estaño del 
condensador en relación con una 
fuente de electricidad positiva, co- 
mo se ve en la fíg. 20, la hoja A 
toma de esta electricidad, que o- 
brando á través del vidrio por in- 



fluencia «obre 4a hoja B, descom- 
pondrá el fluido neutro.de esta^ a-« 
traerá hacia ella el fluido .negativo 
q^pe resuUa de esta desoomposiciojí;, 
y repulsará el fluido positivo. E^s? 
te correrá para el suelo, que se ha* 
ce comunicar con la hoja B ppr u-. 
na cadenita; mas.el fluido negativo 
que está retenido fqr la in^uencia 
del fluido .viiro$LQ,, de, jupa* manera 
insensible , á ;toda'provppacion, que 
tienda á haeerlQ escapar, o|)rará 
por si mi^mo sobre el fluido vitrosa 
<Je la hqía. A,- y í^ará y neutraliza^ 
rá cierta parte, de mpdo que puedjBf 
llegará }ñ hoja A «na pueva capti.- 
dad.de'elfcti:|qidaddela fuente- cpa 
la cual esta boja comunica. .Pero 
esta nueva electricidad viUrosa,. ya 
á descompon^^^todairia un^^inq^m 
cantidad d^l fluido neutro áe la |io-^ 
, ja Bfá lanzar qj suqlp. el. fluido y i.. 
troso resultante/ dpeata' descompo- 
sición, y á- fijar M^AyO^uj^^a: 9&Qtíd^ 
de, fluido resinoso^, (^..<^ual yolvien* 
do á obra/- á.au y^fí.90ii{r^ el flui^ 
yjtnm ,de la hoja^ A^ ¿jará oti:a 
porcipn, y así ; pposecutjvaniente) 
Por aquí s^ ve qye s^. puede acqK 
mqlar sobre qid^ hoja del. jcq^eq^, 
sfidor una gran qa^ti4a4 4?)Gjf9n 
tcicidfid, qtie. ser4 totalix^eiUe.. 4^n 
mulada por una influencia recípro- 
ca. Mas si se llega á tocar una de 
laa hojas^ con ana mano, y la otra 
hoja con la otra mano, las dos e- 
lectricidades que procuran unirse 
estarán en comunicación por medio 



24 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



del cuerpo de la persona que toca 
las dos hojaf, se combinarán dando 
á esta persona una conmoción itias 
6 menos violenta, debida á la oníon 
de ambas electricidades; y aun po- 
dría esta conmoción ser muy peli- 
grosa y derribar á la persona. 

Para explicar la botella de Ley- 
de sería necesario repetir palabra 
por palabra Ío que acabamos de de- 
cir, porque esta botella no es otra 
cosa mas que un condensador; so- 
lamente tiene una forma diferente 
del que acabamos de dcvcríbir. Es- 
tá forma está indicada en la^g 19, 
hi panza de la botella está cubierta' 
por afuera hasta ianíitad de una 
hoja de estaüo, y en lagar de otra 
hoja de estaño por adentro, está lle- 
na de hojaa de)ga(&s dé cobre que 
áirven absolutamente para lo mis- 
mOy y qu(9 se ptredcfn hacer comuni- 
car, como la hoja A del condensa- 
dor, á la fhente de electrícidad por 
un alambre de cobre terminado en 
on botón, y este botan es el qud se 
presenta á la máquina eléctrica. 
Una vez cargada la botella, puede 
descargársela, es decir, quitarle las 
dos electricidades que tiene en es- 
tádb' disimulado, haciéndolas' co- 
nranidir, ya por medió dé un con- 



ductor metálico, ya tocando el bo- 
ton con una mano, y la panza ex- 
terior con la otra: en este caso se 
experimenta una conmoción. 

Una latería eJéctrica es una reu- 
nión de botellas de Leyde cuyas 
panzas exteriores comunican entre 
si, y lo mismo los botones. Con 
estas baterías se pueden producir 
efectos muc^ó mas enérgicos que 
con una sola botella de Leyde (fíg. 
21). 

La botella de Leyde fué descu- 
bierta por Muschenbroek y Cu- 
neus, por el año de 1746- Este 
des^ubi^imiéntb bizó mticho ruido 
en Europa; todos querían exj>er!-' 
; mentarla conmoción, á pesar de lo 
muy arriesgado que era, según con- 
taban. Pero donde maa excitó la 
curiosidad fué en Francia; de ma- 
nera que el abad Nollet hizo sen- 
tir la conitadcion en presencia del 
rey á un regimfiélMd entero. 

Aquí serta el lugar de hablar de 
hi electricidad atmoderiea y de la 
identidad completa que existe entre 
la electricidad déhtii nubes y laque 
se produce en les gabinetes de físi- 
ca; pero noe abstenemos de hablar 
acerca de este punto porque perte^ 
necemas bien á la meteorofogfa. 




o 

p 

I 






DlAftlO DE LOS NIÑOS. 



3d 



DE LAS CALLES, DE LOS BAZARES DE COíNSTATINOPLA 

Y ALGO MAS. 



Aunque ya os hemos dado una 
deacnpclion sucinta de esta ciudad 
ea el primer tomo de esta obra 
esta Tez tenemos muchas cosas que 
referírotf. Figuraos, amiguitos, que 
nada tiene comf^aracíon con la pri. 
mera vista de Constantinopla, cuan* 
do viniendo del palacio de los Sie* 
te Torfesi se percibe primero la 
puerta del Serrallo, luego toda la 
ciudad que forma como tres cuer* 
fios, y todo el Bosforo con sus pa- 
lal^ios y; aua belloe jardines» Al 
pronto se cree ser una ilusión ó 
•ueño, pero 00 es de larga dura* 
cion cuando se llega cerca de este 
teatro mágico. Todo es bien feo y 
aueio detraa de las decoraciones. 
Estando dentro de ConsfantinopUi^ 
tan espléndida y seductora de léjoa, 
no se ven mas que calles m^l em- 
pedradas» estrechas y. torcidos» po- 
cas buenas cajws y tpdas de ma- 
dera, pintada^ de negro ó enoar. 
nado, con la mayor parte de sus 
balcones .al jnterjors de modo que 
todaa 1a9: calles parecen callejones, 
y las principales pareee eatáa áú 
oiro lado. Por todo» ladee «üeik. 
cío, tristeza, alguno;» arroyileloa, 
fuentes, algunas plazas donde se 
eaeneatran cacroe con ibiieye& -y 
.caballos^ di^puesto^ para conducir 
:á los transitantes, come eabriolés; 
T- ni. 



algunos turcos á caballo, seguidos 
! do mucho acompañamiento; algu<. 
na señora cubierta de velos y se* 
guida de unf negra; muchos men^ 
digos alargando la mano; y patru* 
lias armadas ppr todas las aveoidosc 
tol es. el, aspecto de {!)onstantinopla 
para los Europeos. Seria omitir 
una de Iqs {mrticularidadea mas 
características del pais, si descui- 
damos hablaros de la iníioidad de 
perros que inundan las calles.y o» 
cupaír Ub orillas de los arroyos^ 
Están ^n lagMJeros entro el. polvo 
y mil pingajos cijudando sus orJas» 
£ofbrnH>s, flacos y dormidfs, impi» 
den el paso, y exponen á que' uno 
se tropiüce ctín ellos, porque nanea 
#e apartan de alU, coaio jii ésHi^ibi* 
sen ea su copa. Estoe iinimales 
iviven de la caridad de loe jMosuU 
maUes, que ^diariameáte compráis 
pan y Jiatfea una dlstribueioii á 
los del barrio.. Aseguran que en 
¿ada barr-io hay unos misfnos 
.pecros establecidos b^jo ,el mando 
de uno qoe reconocen como gefa, 
{aguardando eu 6iden.para devorar 
Ja pitanza cotidiana.' Si un; perro ^ 
.otro ouaatei va á introducirse pera 
tomar parteado U subsistencia de los 
demasi. ea eehado inmedíatementp 
f or los que es.tán'ea se distrito, no 
sinalguna.tndceadeeusdieqtes. . 
4 



M 



DIARIO DE LOS NIÑC«- 



Los mercados de CoDstaDtinopla 
DO son notables mas que por su as- 
querosidad, y tiene uno que tomar 
siempre precauciones para atrave- 
sarlos por causa de la peste. Los 
cafés abundan muchísimo y están 
i toda hora llenos de turcos y de 
extrangeros que fuman y entre* 
tienen el tiempo, como se ve por 
!a estampa, pero con tltl silencio 
que un ciego creería estar en un 
parage desierto. 

Solamente se halla una <5osa por 
las calles y plazas que recuerde al 
viagero la impresión primera de 
donstantinopla, y son las bellas 
mosquitas y las capillas de los sul- 
tanes, en las que se ven al través 
de enrejados sus sepulcros cubter- 
tos de ricos cachemires, y alum- 
brados de enormes cirios, con un 
tacerdote turco que lee y ora no- 
«he y dia. Cerca de cada capilla 
tíe sultán hay una (tiente, una es- 
cuela páblrca y frecuentemente un 
hospicio. Las grandes mosquitas 
tienen igualmente su hospicio, su 
colegio y su fuente* 

Hemos indicado que Constanti- 
nopla formaí tres cuerpos de pobla- 
ción, 'y ahora Tamos á explicaros 
este misterio. Una parte es Wlla 
franca, llamada Pera, en donde re- 
síden los Europeos, otra és propia- 
mente dicha la ciudad torca, y la 
tercera es la que llaman Scutari, 
situada at «tro lado dé Constantu 
Qopla, como un arrabal. Todavía 



i podría contarse' como cuarta parte 
el Serrallo, que es una población 
separada en que habitan diez mil 
personas, empleadas en el servicio 
y guardia del sultaií. fiv* diñcil 
de pasar mas adelante del pVímeb 
patío ó por mucho favor del segun- 

; do. L&sf cúpulas, los globos de oro 
y chapiteles que sé descubren por 

■ el exterior anuncian nna grande 

I magüifícencia; pero eh el interior 

I todas la^ habitaciones, hasta las del 
mismo sulXan,. aunque no faltas d<l 
riquezas, no corresponden con la 
idea que se tiene formada díel lujo 

; del Oriente. Son salones muy dar; 

! gados de dorado, pero de pocas luí 

I ees y sin mas muebles que divanes 
y alfombras, y las paredes sin noas 
adorno que cifras de sultanes, al* 
gunos versículos del Coran, ó al- 
gunas pinturas de flores y ramos 
turcos. Lo que os parecerá, niños, 
bien singular es que los turcos nó 
pintan jamas figuras ni persona» 
ges, por estaríes prohibido por su 
religión; con el ñn de apartarlos de 
la devoción á los ídolos. Hablase de 
un cuadro turco que representa 
una batalla, en que estén pintadas 
con destreza y exactitud las escua- 
dras, las bombas, y l|t 'ilest;r acción 

■de ixna cjiadadf faltan solamente los 
combatientes. Creen los turcos que 
el dia del juicio tmiversal podrían 
pedirles una alma los personages 
que creasen pobre el lienzo, y sin 

embargo en la mesqultá do santa 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



27 



Sofía ae ven dos figuras de ánge* 
lea arrodillados, quo ae «onservaii 
desde la época del emperador Cons- 
tantino. Ea de presumir que los 
coDservao como trofeos de sus vio- 
toríaá. 

El campo de Scotari esti atra- 
vesado por una bella avenida, á cu- 
yo extremo se encuentra el Kios- 
que ó pabellón de la sultana, la 
mar 7 sus islas, y de ambos lados 
hay un bosque de cipreses confun- 
didos entre inumerables mausoleos 
Át múirmo] pintados de irerde, en- 
carnado y oro. Eñ l6dos ellos hay 
grabadas diferentes alegorías, ta- 
les como una palma con ^frnto, 
para manifestar que alH íyace un 
hombre que fué benéfico$'iin rosal 
con flores, para hidícar una muger 
hermosa; 6 bien en' otros, vasos 
con frutas &e', sin dejar de acom* 
paliarlas con algunos versículos 
dd Coran. 

Aqüf el campo de los muertos es 
el paiseo inas concurrido: por la 
(arde van muchos á tomar el fres, 
co, se sienten, se duermen, jue- 
gan sobre las. lápidas, sin mostrar 
hi maái ligéfá ímpreiíion ni repug. 
nancia. Nó temen la muerte, y 
cuando llega tan fatal hora, se ha- 
éad Volirer la cabeza hacia el le- 
vante y la esperan con una tran- 
quilidad iotoncebibfe. Para un 
puáíblo que 60 cree tan bárbaro, es 
ciertamente muy filosófiúo este | 
modo de ifamiliar izarse con la muer* 



te, y aun los v lagos de Anacársis 
hacen mención de que los antiguos 
ponian sus tumbas entre las casas 
y al lado de los caminos. Esta 
costumbre puede estar fundada en 
la consoladora idea de que los que 
mueren no quieren separar sus ce- 
nizas del parage que les sirvió de 
cuna. 

Ademas del paseo de los cemen- 
terios, hay en Constantinopla otros 
parages muy bellos que están des- 
tinados á esto ^. Párticularmen- 
te en Asia, á orillas del Bosforo, - 
estáti los sitios mas frecuentados de 
los Turcos, á causa de su ameni. 
dad y hermosura. Allí se hallan 
el Gheuksoa (agua nzul), Tcht- 
bouclí, verdadero paraíso, el valle 
de Sultanié, la pradera del gran 
Señor, cerca de la montaña del Gi. 
gante, y otros. Todos ellos están 
embellecidos de pabellones gracio- 
sos, de arroyuelos, de fuentes, es- 
tanques, y algunos sepulcros de 
mármol con inscripciones doradas. 
En estos pareiges va á recrearse el 
pueblo de Constantinopla, y á des-' 
cansar y sentarse á la. sombra: se 
ven mil barquillas que cubren las 
orillas, alfombras de todos colores 
tendidas sobro la yerba, y mantas 
de mugeres que en el país llaman 
benicheü. Todo es alegría y líber* 
tad, pero sin el menor desorden* 
El pueblo turco se divierte silencio* 
sámente, y rien con una modera* 
cion que dis(a mucho de los moda* 



38 



DIARIO DE LOS NIÑOS, 



iet franceses: f^ un lado &^ veo loa 
hombres 8ebtado9 en corrillpsi bojo 
}q9 plátanos y nogales» á orillas de 
algún QstaQ<)uilIo, fumando sus pi- 
pas ó bebiendo cafe de Moka; en 
tanto que en el opuesto, á la sombra 
de tilos ó fresnosi hablan las muge- 
res,.ó se conoponen el velo unas ó 
otras, ó se ocupan en fumar tam* 
bien en largas pipas que se repo- 
san por el suelo. De trecho en 
trecho se hallan músicos y toca, 
dores de bandolinas, se sientan en 
frente de las seqoras, ¿ distancia 
proporcionada, cuando conocen que 
son ricas ó generosas; ó bien al- 
gún titiritero excita la risa hacien- 
do bailar monos al son de un tam- 
boriL 

Estas halagüeñas praderas son 
igualmente el ^sitio de reunión de 
los estudiantes en dias de vacación, 
y los Turcos concurren muy gus* 
tosps á presenciar lo6 juegos de la 
infancia. Los Turquitos acos^ 
tumbran diversiones y ejercicios, 
entre los que voy á daros noticia 
del que llaman IstambuUCadisi 
(precepto de la ciudad), que es ab- 
solutamente oacional, y pienso que 
lo oiréis con placer. 

Uno de los nuiyores monti^ á ca- 
ballo revestido coa las insignias de 
la dignidad prefectorial, lleva una 
barba negra postiza, un gran gorro 
puntiagudo en la cabeza, y una ha* 
cha de cartoi> en (a mano ; luego 
se pa^ea por la pradera como ce- 



lando los barcos de la oUidad-; van 
en su séquito una infinidad de esta- 
diaotillos vestidos de oñciales, y 
guardas armados- con bastones pun- 
tiagudos que imitan eldel prefeoto. 
Se detienen á reconocer las xaer* 
caderias y el pisso, y, aegun con- 
venio del juego, se xeoonocea £aU 
sos y de mala calidad. Inipadia« 
tamente los estudiantes ae apode* 
ran del delii^tcuente y le dejan caer 
á tierra sujetándole las piornas con 
un lazo resbaladizo^ y adm^/aistrán- 
dolé la bas^onR)da, sobre la planta 
délos pies, sin* cansarle .datlo. Van 
en seguida á bi^ar otro vendedor 
indulgente que ae deje hacer la 
misma operación^ Loa Turcos ce* 
lebran.njuphoeste jjuego, y recom* 
pensa^ ^ los ci^^pables coq^ algunas . 
j monedas , esta, pequeña incomodi* 
dad. Antes de separarnos da los 
paseos y risueñas inmedjacionea de 
Constantinopla, no pasarem/o» en 
silencio el Tchamli.Djah,..üna de 
las alturas del monte Boulgourlou» 
ó mas })ÍQn el centro de la bueni^ 
sociedad de señores y sonoras tur« 
cas- La vista que se presenta de^de 
ésta altura ps de las mas ii|iponen<i 
tes del cpiverso^ Figuraos un( inm 
mensa extensión de JSi^-opn y Asia» 
Cons(antinopla en el centro, la, ip^i; 
brillante de Marañara cubierta de 
islas y. atravesada do golfea hi^ta 
el estrecho de loa Dardaneloay el 
Bosforo,, que fpp^r^ cst^ partes de) 
mundoi mostiruidQ sus orinas ornfi. 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



29 



dat Jo p^^Uones y haremasi como ^ 
^na cqüIq de Con»tanfinop1a, So- 
bre esta altura bay una fuente, mu« 
tí^Q9 plátanop y bayasi^los aeiiores 
van á caballo y la» señoras en ;pe* 
quenas carrozas doradas» tiradas 
por biueyfM. llenos de cordones y 
borlas cincamadas, que. se que* 
dan aboyjo^ Sobeii apoyadas á Um 
brazos 4s sus deoeeUaacon el parjcu 
soten la manpy aconipsfñadas de 
un esclavo negro que' lleva iuo es. 
pejo, y seguidas de sus bijpsi servi» 
dos igualmente por jóvenes algp 
inayores. Arriba tiendei^las al^bni. 
bras y s^ . 8ie9tai}( bajo Iss.h^y^s, 
quitan su.vfsip^citiisa de que los 
hombrea ll^paaq en- una • esplan^d^ 
inferior^ y pafsf» el tiempo c^cm to« 
da soltui^a y ^nfiansa. EatS; es 
unqi esqcH^Kasumfunenie deliciosa. 

Gpm9 l^ks turcas ocuUsn cuidado* 
sanoeat^su r9stro b«jo.el yelq» j[&. 
neralmenjLe miran coi), compasión ó 
desprecio; 4 los. jonugie^es europeas 
que hi^l^.ien..l{^.caU^ sifn ye]o,,y 
auQiaiguQ^s vf ce^'Iaf iajurian co. 
mo & ser^s «i^yil^idos» 

Estol des obliga .<t .4^9? toda^ 
yia «Igimiis p«|úcul4rj,dades de la 
vids privs^a de Isff ^v^eres tuN 
cas# Gpzse m •¥ interior de mas 
distnieeíeiies que^ las, qKe se les so. 
psiMn. Kfo vap 4 tsatfos, concier* 
tos, bsil^ ni W^uli^s^ no reciben 
yisitaff de ))<9p»br«si pero, en cainbio 
tienen las da sus smigas, re reúnan 
i roeoiidoi'es los psseo^ 6 en Jos 



t;\añoS| forman sus diversiones jds 
campo cuando les acomoda, salen 
en oarro9ia coa sus criados é hijos, 
tienen banquetes en Belgrado ó en 
las p/r^deras de Buyukderé, y en 
sus casas gobiernan como sebera» 
ñas, -sin frutarles talegos y habiU. 
dodes agradables: adamas ecos» 
tumbffidas desde la inCancia 4 este 
género de vida, no envidian ni ape< 
tecen la que no conocen, y que mi* 
ran con e;afado por ca^sa de las 
p¡reoc,üpac¡ones de su educación. 

.Las mugeres turcas 800 de mu. 
pba pjresencia y ^e bonitas faccio- 
nes^ su andar y sus modales son 
mag^uosos; la belleza que 'se di* 
ce délas g;^rieg&s, se encuentra ver* 
daderamente en ellaS| y su digni* 
dad y gracia las caracteriza: su 
yoz es dulce y su risa llena de ex* 
presión^ , 

Los Turco9, jamas nutran 4 uns 
mng.er.en Is calle, aunque pasen al 
iado de ella y la conozcan mucho, 
y no ,suceder4 lo que es de uso y 
coa^mbre ea otros países, el ir un 
Turco.y una Turpa juntos en pú- 
b)ico. ; ■ . . 

Los baños son en Consiantinopla 
yjentodo el Levante un punto de 
reunión para lai; mugeres^ y adon- 
de asisten para buscar su recreo. 
Estos baños se componen d^ cus* 
tro 4 cinco sala^4 continuación quf 
disminuyen en capacidad y que 
construidas pomo* bóvedas reciben 
(a li^z. de Ja. parte superior. £1 gra* 



30 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



do de temperatara «e aumenta en 
estas estufas á medida que pasan 
de una á otra sala, y el calor de la 
últíhia es mdy difícil de soportar, y 
cuando se vuelve á la primera sala 
reposando sobre ricos canapés, to. 
mando café ó sorbetes, se siente n- 
na' frescura deliciosa. Estos va- 
nos dé vapor que parecen debian 
debilitar, dan á los miembros una 
ligereza y una flexibilidad que no 
tenian áütes, y al tiempo de salir 
no se siente ya el sol y el calor* 
Los mismos sirven para hombres, 
Con la variación de ^ue estos con- 
curren hnista las siete de la thafiai 
na, y las mugeres el resto del dia. 
Por ías mañanas llegan vestida^ de 
negligé' con sus esclavas que lie- 
van'los vestidos, las joyas y él es- 
pejo, y al salir del baño y despees 
del desayuno se visten eíegante- 
mentc.' 'Tendidas con abandono 
las Turcas sobre los so&s; sé hacen 
trensas y perfuman el 'Cabel lo, pro- 
longando todo lo posible las horas 
que pasan fuera del harem, sin cui- 
dados; y dueñas de si mismas. A- 
quí es donde se reúnen las amigas; 
donde se hablan de novedades, 
doKilde se descubren la» intrigas dé 
los harems, y én donde las Turcaá 
privadas dé tertulias y concurren- 
das hallan su placer y adquieren 
tanta vanidad cómo las de nuestro 
pato. . 

Esto es verdaderamente un mo- 
feaioo 6 baturrillo donde todo éstft 



mezclado confusamente: tan pronto 
lo bello, como lo espanto^, como 
h) 'alegre, conío lo lúgubre; pero 
tal debe ser el cuadro qué os )>re-' 
senté un bosquejo de la capital dé 
la Sublime Puerta. Otra costum- 
bre que taihbSen es bien horrorosa, 
es ver las cabezas de los «(justicia- 
dos por tretf dias, que se exponen 
en un paráge á la entrada de la 
puerta sobré una cóiumnita- de pie- 
dra eñ una bandeja encat^ada, si 
es la dé un visir; la de un bajá de 
dos 'ó tres colas, sobre una hortera 
de made¥á, y las^dé los demás Tur^ 
cos.pór'el s^lo; Es ' trofeo bien 
repügtíbilte para las puertas de un 
palabio. Otro de lós usc« ' de Tos 
mnsulihlmes es llamar ré|fularmen. 
te> á horas fijas, á lo6 fíeles para la 
oración. Esta con vocación se lia. 
ma ezan,^y 'se hace cinco Vece^ al 
día: á lá áirrora, al medió dia, al 
ponerse- el sol, y dos horas ábles y 
dos despue^, por án sacerdote tor- 
co- subidb á lo altó de Ids minaté^ 
ó torres de todtf» las- mosquitas. 
Lasocupacioned- y rulínor ídel dia 
impiden el óit las voces óé\ saber- 
doté llamado muéi^ifii ^eroperla 
noche cuando htiu cesadd los tra* 
bajos y qxití'é ^oido de la pobia* 
ción sé ha di&ipaido, jte^rcibe bla- 
raménté Iá*vbt'dél<t»ttez2Ín4nMy 
larga distahcia. ' FMa éoncluir e^^ 
ta interééanté déÉO)í<rpieimi, Vamosl 
hablaros de los bazares* " 
Reúna V. todas lea tiendas de 



PIARIODBLOSNlfíOS. 



31 



Nue?a*York, áe PíM^lfift y d^ 
Boston, dice otro vi«gero de quien 
toimimps estos apuntes: colóquelas 
V. en la casa municipal, quite V. 
las (achadasi apile y. las roercao- 
cías sobre estantes que don vista. 
4 la calle, cambie V. sus elegantes 
defendientes en viejos musulmanes 
llefios de gravedad con grandes 
barbas y turbantes, 6 bien conviér- 
talos; y. en armenios con Ja tez 
rosada; AmalgaiHe V. lodo esto, 
y podr&' formarse una ¡dea de lo 
que: es el gran baoar de Gonstaa^ 
tinopla; de esa ciudad cubierta, psues 
tal irambre le conviqnte, ya<|uese 
t>uede an^f^r por ella muchos dial 
seguidos^ dando mil vueltas y tot. 
vuelleU, pasando de una edle.á fh 
ira» y subiendo y bajando pora* 
quel intrincado laberinto, sin que 
sepa, vap donde se bella. El techo 
es tun alto como «1 .de nuestras 
oasa|idie tres pisoq, de modo ^ue 
DO sin grao- ventaja, de 'los negó* 
ciaat^s, llega la luz, muy cansada 
al través de claraboyas, que nMn* 
ca se^ limpian siqo cuando llueve. 
Pasear por este gran basar, es 
una diversión interminablef no se 
puede allí caminar muy apriesa^ 
porque el paso á cada instante se 
halla tan ostruldo como en la puer- 
ta de una iglesia . cuando . sale el 
tropel d^ )a g^ntedel sermón.. Aquí 
ae ve una «mdñlla de damas tur- 
cas que se resbalan ligeramepto so- 
bre sus chinelas amarillas, non la 



cara cubierta hasta los ojo«; allá 
una esclava llevando un niño por la 
mano, 6 bien un kervái armado de. 
los pies á la caberse, que abre ca« 
mino para un^nandatario que lo 
sigue detras. En medio de este 
gran gentío no le queda i Y. mas 
partido que el de apretar los codos 
y dejarse empujar y seguir la olea- 
da. Las tiendas ti^en seis pies 
de ancho y tres 6 cuatro de fondo. 
Sentado el propietario sobre el mos- 
trador con las |)iernas cfuzadasi 
presenta todo lo que se le pide sin 
moverse de^au sitio. Este mostra- 
dor no ea mas qae un banco bas- 
tante ancho que m^ eleva á dos pies 
del suelpí y qu^ formauoa especie 
de bajrrera portod^.la, extensión de 
la^salle» como .que laff tiencjas no 
están aepar^das sino por unos ta- 
biques muy delgados. £p este ban- 
co proloogoijq se sienta el compra* 
|ior para ys^^e libr^ de apretones, 
ye) negociante desplega, sus mer- 
cancías sobre sus rodillas, sin dig- 
narse abrir la boca sino para de- 
pjr lo qMO vale cada una de ellas. 
Si añade á estas pocas palabras las 
de h¡uonp 6 kalo^ únicas qup sabe un 
turco de las lenguas de occctdente^ 
es considerado por sus camarades 
como^un prodigio. 

Sucede muchas veces que mién- 
ti;as que uno está Cfxaminando los 
objetos que desea comprar, se es- 
carro el tendero por un agujero á 
un. nicho que le sirva de dormitorio 



33 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



para haoer sus abluciones, y éon- ( 
clukfa esta ceremonia, vuelve á ' 
tender su alfombra en dirección 
de la Meca, se prosterna y protíun- 
cia entre dientes sus oraciones sin 
reparar en naclie, y sin qué todo 
el ruido de Con&tantinopla pueda 
distraerlo de su religiosa ocupación. 
Por ningún negocio de este mundd 
dejaría él de desempeñar estos de- 
beres de devoción; aun en tiempo 
de peste sabe bailar ei musulmán 
1'igar para tiecír sus oraciones cin« 
6o veces al dfa. 

Cuando se presenta en e! mer. 
cado Un Franco (asi se üaman en 
Constantraopla los cristianos de la 
parte de Europa), excita entre ellos 
la mas viva curiosidad. Si señala 
con la manó que quiere comprar 
un paSñelo bordado, un hermoso 
chai, 6 lih par de babuchas con 
muchos arrumacos, las damas tur* 
cas, aun de la clase tfnas clovadd 
que pasan accidentalmente poi^ su 
lado, descorren con mucho cuida- 
do una parte de sus velos y se le 
arriman para ver el objeto que pista 
contratando. No hay gente tnas 
curíosa que las damas tiircás; ¿lias 
examinan con prolija atención \k 
físonomfa del extrangero, y cuando 
se quita sus guantes 6 saca 'su bol- 
sillo, le cogen estos objetos para 
mirarlos, sin tomarse la pena de 
pedirles pefmiso,n¡ de alegar excu- 
sa alguna por tamaña libertad. No 
pocaa veces sucede que pasan su * 



linda .mano Mfeída con el hennd so. 
bre la manga de la casaca, admí^ 
rando la figura del paño. Sfi el 
extrangero tiene sortijas en sus de. 
dos,' le cogen la mano, ó bien le 
sacati el relox para observarlo des. 
pació, también sin hacer el menor 
escrúpulo. Todo est^ me ha su. 
cedido muy á menudo en ei curso 
de mis* paseos. " 

Me hallaba un dia solo en la ca* 
lie de \oií páñuehi hordadat (es 
preciso advertir que íiay un depar- 
tamento particular para cada clase 
de mercancías) y deseando ver los 
maS' berioosos, me dirigí á «no dé 
aquellos judíos que van siempre al 
rededor de los forasterot para ga« 
nar algunos sualdos en el ofeío de 
intérpretes; al momento me vi ro* 
deado de estbfaa las* más hermosas, 
tamo por el brillo de sa tinte*, como 
por la finura de su tegfdo. ' Mién* 
tras t]ue estaba escogietído i^ pa^ 
ñuelo, vino iina muger1>rascamen^ 
te á sentarse á níi lado en 4^1 mis^ 
mo 'banco, y 1ij6 sus grandes bjos 
negros sobre los mioa. Una pequen 
ña sortija de turquesa» (que es el 
coldr favorito de las damas tWMi) 
'ñié la primera cosa qíre atrajo so 
tftericíon. Me cogió la mtarfO y le 
dió vueltas para mirarla por todos 
lados,' y luego' la soltó sin decirme 
narfa.' Yo miré* mi intérprete; 
peroícomo no observé^en^él extra* 
ñe2a algunli, seguí regateando ni!í 
pañuelo^ Mi hermosa amiga d(^{o«i 



lí^fRIO PE LOS NIÑOS, 
(jos grandes me. cogió en seguida . siles montados en oro y plajla; y al 



por ia manga, y obligándome ¿ que ,^ 
me inclinase acia ella, me pasó con 
un movimiento rápido su dedo indi- 
ce por la mejilla para mírarnle 
con mas «Ltencion. Empezaba, ya 
¿ incomodarme tanta familiaridad 
de parte de la dama, cuando el ju- 
dío á quien pregunté qué signifi- 
caban aquellas confianzas, roe di- 
jo que la frescura de mi tez era 
poco común ea el Oriente, j que 
todas aquellas llanezas tendian á 
salir de dudas sobre si yo lleVaf>a 
6 no jcolorete* 

En el centro del bazar está si- 
tuado k> que se llama Betcst^n. 
Para llegar á este punto se baja por 
cuatro lados dife^rentes, y se pasa 
por puertas macizas, que no se a-í 
bren sino desde las siete de la ma- 
nana, hasta el medio dia, aquel pue- 
de decirse que es el corazón de 
Constantínopla, el alma y la cluda- 
dela del islamismo* Allí no se 
venden sino armas y objetos de 
gran yalor. El techo está todavía 
mas elevado,, y la luz es mas eses-* 
sa qué en I9S demás bazares. Los 
negociantes que ocupan este lugar 
g09(an de un gran crédito^ consoli- 
dado, por su largo . ejercicio en a. 
quetUa profesión. Por todas partes 
8<^ófrece(i a. la y ¡fta. sables de Da* 
masco con los puños adornados de 
piedras preciosas, ipetidos dentro 
de yainasde mucho lujo, puñalps 
. de gran costo y d(Q.sumo brillo, fu.' 

T. m.* 



recorrer con la vista, la inmensa y 
opaca galería que se prolonga á 
gran distancia, se divisa una larga 
ñla de venerables barbas de color 
gris que salen por debajo de tur- 
bantes tan blancos coi^o la nieve. 

Estos son turcos del antiguo re- 
gimen que. no han querido some- 
terse ¿las reformas de Mahamud, 
,y que no han querido alterar en lo 
mas mínimo las antiguas costum- 
bres de Oriente, AHÍ están los co- 
medores de opio, que fuman sin de- 
jarlo ni aun en el acto de dormir, 
y que no beber;an una gota de vino 
aunque se lo^ sirviese la roas her- 
mosa de las haurisn Allí están los 
fatalistas que no se moverian una 
linea aunque tuviesen á su lado un 
león hambriento y furioso, y que 
están tan seguros del milagro del 
ataúd de Mahoma^ coqno de la Ion. 
gitud de su pipa, ó de la calidsfd de 
su tabaco de Shirás. 

He pasado muchas horas en el 

•" ' .' ■• i 

BezoHein recreando mi imagina- 

* ■' . • i ' •*' ' 

cion en. las riquezas . orientales, jr 

haciendo alguna compra de. vez en 
ouandp! Es muy dignb^^de aten, 
cion lei noble desden* que esas .vie- 
jas piernas cruzadas manifíestdn 
para con jos cristianos. Yo me 
paseaba un di^ con un viajero m- 
^les á quien . babiaconociao. en 
Italia, cuando. observé que fe ha* 
tbia llamado la atención i\na, estofa 
(da Persiid^4iupf|rior.. hermosura. 



34 



DIARIO DE LÓSNIÍÍÓS. 



Como llevaba su dragomán turco, 
dijo por medio del intérprete al 
negociante que estaba fumando sin 
prestarnos la menor atención, tu* 
viese á bi^n alcanzarle dicha mer- 
cancía. El musulmán continuó fu- 
mando sin liacer mas caso de lo 
que le decíamos que de las nubes 
blancas que se desien volvían por la 
espesura de su barba. Habria po. 
dido servir de modelo á Miguel 
Ángel para pintar á Moisés: era, 
pues, flaco y descolorido; su iSaono- 
mía ofrQcia la fn&iovilidád de una 
estatua; llevaba su[^cabeza cubierta 
con un gran turbante de forma an- 
tígua; su barba gris tenia un viso 
azulado; llevaba el cuello desnudo 
y una gran capa con mangas abier- 
tas que le daba un aire de respeto 
y elegancia. 

jJamas be visto una figura mas 
magestuosa! Su impasibilidad é 
indiferencia indicaban que no tenia 
deseo alguno de entrar en trato con 
nosotros. Me ocurrió, sin embar-' 
go, sacar mi caja de rapé, y de di- 
rigirle la palabra con el Ótulo de 
' effendi para ofrecerle Un polvo ar- 
rimando mi roano al, pecho. El 
polvo es aquí, an objeto de. lujo, y 
ofrecido de este modo lo es de ga- 
lantería; así que plantando el ve- 
nerable turco sus tres dedos en mi 
Cfya, me ái}qxpdáelé! exclamación 
de que se sirven los turcos paira 
manifestar su agrado y gratitud. 
Me hizo entonces lugar á su lado 



en su ml^ma alfombra, y descoK 
gando la estofa que le había iudi- 
cado mi amigo^ la desplegó para 
que pudiera ser examinada, y con 
efecto se la compró al momento. 

• Seguiriios viendo chales, armas, 
navecillas de incienso, el ámbar 
para tas pipas, perlas y brazaletes 
del tiempo del sultán Selim, y otra 
porción de objetos raros y prec id- 
sos. En este prolijo examen nos 
entretuvimos mas de una hora has- 
ta que hubimos de relirarnoá 'á tci- 
dá priesa, porque se iban á cerrar 
las puertas del Bezestéirif por To 
que mi amigó y yo nos despedidnos 
del musulmán, quien nos hizo una 
cortesía con mucha gracia y coN 
diatidad. ' He vuelto á pasar mu- 
chas, veces por aquella tienda, y 
no he podido dejar de ofrecer siein- 
pre un polvo al respetable musul- 
mán» y de aspirar una ó dos boca- 
nadas de humo de su pipa, la cual 
no sale jamás de su boca sino pa- 
ra ofrecerla á alguno de sus ami- 
gos. 

Deseando comprar una pieza de 
sedfi de Brusa para bácermeL uña 
bata, me condujo mi amigo á un 
kan situado en un punto bastante 
retirado. Entramos por una j^uer- 
ta angosta, cerrada por la parte 
de adentro con una cortina y nos 
hallamos muy pronto en un gran 
salón que estaba cubierto hasta el 
techo de estofas, de seda de todas 
clásesi envueltas en aquel papel 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



31 



ton delgado y tan suavCy que no 
se fabrica mas que en Oriente. 
Aquí tuvimos que aguardar que se 
hubiera servido el cafó, pues no 
quiso untes el viejo armenio desen- 
volver sus mercaderías; y como la 
política no permite rehusarse ja« 
mas á esta clase de obsequios, hu* 
bimos también de aceptar el cura- 
plimiento. 

Por fortuna el café turco es de- 
licioso, y su gasto es bien corto, 
porque no se sirve .sino en tazas 
que son poco mas grandes que un 
dedal. Finalmente se puso el vie- 
jo negociante su enqrme kalpac 
(que es una especie de capucha) y 
empezó á desplegar en nuestra pre- 
sencia todos sus tesoros. Yo no 
había visto jamas tantas piezas de 
seda reunidas. Parecía su tienda 
un arco iris de tanto brillo y[ varie- 
dad de colores que la vista no po. 
día resistir su esplendor. Habia 
estofas dé oro dignas de figurar en 
el guarda ropa de una reina, otras 
de gasa muy fina bordada en flores 
de plata; los dibujos mas perfectos 
y los arabescos mas hermosos esta- 
han reproducidos en aquella ricos 
artefactos. Me decidí á tomah ti- 
na que tenía un dibujo muy senci- 
lio y de color azul con bordado dé 
plata; pregunté si^ precio, aunque 
coa algún temor del gran vacío 
uue esta adquisición iba á causar en 
mi bolsilFo; pero me quedé admira- 
do cuando oí que me pedia un pre- 



cio sumamente bajo. Es verdad 
que el Oriente es un país en el que 
se vive con muy poco, pues con 
tres pesos se puede comprar una 
bata digna de un emperador. Una 
hermosa esclava circasiana no 
cuesta mas que ciento. Di al ar- 
menio el precio que me pidió por 
su mercancía, y éste llevó la ma- 
00 al corazón como para indi- 
car que habia quedado muy con-/ 
tentó; y al mismo tiempo vino m 
vendedor de café á cobrar el ira- 
porte de la taza que hahia tonriadoj' 
la cual no valia 'mas que un sueldo. 

De allí nos dirigimos al departa- 
mento de los confiteros. El Orien- 
te es famoso por sus dulces y con- 
fituras. ¡Qué jaleas tan delicadas! 
El azúcar candi de todos los coló- 
res del arco iris se eleva en in- 
mensas pilas por ambos lados de 
aquella calle. No tiene uno mas 
que extender la mano para cojer 
cuanto ha inventado el capricho en 
este ramo, pues le parece que se 
encuentra en el pais de las Mit y 
una noches. 

Compré un dulce que llaman 
en turco: paz ¿ la garganta, (todo 
tiene en el Oriente sus nombres 
poéticos): por una pequeña moneda 
que[vale poco mas ó menos dos cen- 
tavos de peso, me dieron una can- 
tidad tan grande que ni aun la 
cuarta parte habría podido consu- 
mir en los mas felices tiempos de 
qii infancia. Me han asegurado 



h\i 



DIARIO DÉLOS NIÑOS. 



que lás'mugéres de Constantino- 
pía no se alimentan sino de confi- 
turas. £1 renglón mas costoso de 
la cocina' del serallo es el del azú- 
car, pues qüe*se consumen diaria- 
mente dos mil 7 'quinientas litaras 
que se reparten entre los quinientos 
cocineros que se cuentan at serví- 
do de las mugeres del Sultán. 

Otras de las curiosidades qúc el 
eitrangero no debe dejar de visitar 
en Constantinopla, son las tiendas 
del kibaíii es 4®cir, las fondas tur. 
ca9. Habiendo ido con el cónsul 
americano en busca de la cisterna 
nuevamente descubierta» llamada 
mily una columnas,' nos encontra- 
mos á medio día delante de uno de 
estos célebres sitios en que se da 
de comer, y que está á poca dis- 
tancia del mercado de los esclavos. 
IJn hombre lleno de grasa con las 
mangas de su camisa remaqgadas 
hasta encima del codo, se hallaba 
delante de la puefta, reconñendan. 
do 4 los transeúntes, un carnero en- 
tero que tenia ¿ su lado, y sobre el 
cual d^ba algunas palmadas de.ve% 
en cuando para llamar la atención. 
Apenas entraba un comprador, cor- 
taba un pedazo con suma ligereza, 
y dividiéndolo en pequeños trozos 
lo enfilaba en un asador de hierro 
y, lo ponía á asar en su presencia. 

Ya mi amigo, que desde mucho 
tiempo residía en Constantinopla, 
habia probado varifiB veces el ^i- 
laúf por lo que no tuvo reparo al- 



guno de entrar en aquella oficina, 
y yo me vi precisado á seguirle, 
aunque no sin alguna repugnan- 
ciá. Remangándose el diestro car- 
nicero el ancho pantalón y apre- 
tándose la cintura, sé puso en acti- 
tud de corttiir^ una hermosa pieza 
de dicho 'Cardero para sus mar- 
chanten ^ de píe f ñas estrethas': así 
llaman los turcos por desprecio á 
nuestros pantalones comunes. Su- 
bimos á la azotea, nos sentamos en 
el suelo, cruzando las piernas y es« 
'perando nuestro kilaú, y debo con- 
fesar que el excelente olor de los 
manjares quf llegaba hasta nosotros» 
me hizo olvidar bien pronto la par* 
te de asco y desagrado que habia 
concebido al principio. ^ 

A tos cinco minutos teníamos ya 
en nuestra presencia un plato de 
estaño con el excelente kiiaú que 
habíamos ordenado, una fuente de 
ensalada y pedazos de pan. £1 
cocinero al traerlo lo estaba revoU 
viendo con la mano, camo si por 
este medio quisiera manifestar su 
oficioso empeño de agradarnoa^ 
No puedo negar qué es este un pía* 
to excelente, y á falta de cuctulloa 
y tenedores (porque en la Turquía 
no se usan) me abalancé al asado, 
el cual partí con mis dedos Henos 
de grasa, y comí con tanta fran* 
queza como mi amigo. La clase 
baja de Constantinopla, y aun la 
de medianos recursos pasan su vida 
en las tiendas del kibaú y en los ca- 



DIARIO DE LOS NIÍÍOS. 



37 



ffis: coa un'^táto de aquella carne 
tieneo bastaDte para su comida, y 
desdé la inánana á la tarde están 
l>ebienolo café, que le sale 4 menos 



de un centavo la taza. Nosotros 
pagamos por nuestra parte, qtt^ era 
tnas que suficiente para dos hóstfi 
b'res, dos centavos. 



CONTESTACiÓN A Ufí ARTICULO DEL COS^MOPÓLlTA^ 



Hemos' visto un comunicado in* 
serte en el Cosmopolita del miér- 
coles 11 de| porriente, refutando el 
príq^r aftÍQul() j^e nuestro cuader- 
no n(im^p-^ip,^que había. sobre' el 
Ángel Custodio: dicho artículo lo 
hemos traducido del Diario je los 
Niños tomo 2*, cuaderno 15, pá- 
gina 231, coi'^éipbkidieáte al .Ule 
de 1834, impreso en París y fir- 
mado por Eleonora de* Vaolábe- 
lle. Muy lejos de entrar en cu^», 
tienes teológicas tan agenas de 
nüeirtrbs estadios como del objete 
'dé ñuíBstro periódico, eonfesafétnos 
frhhcaníettte qne-sí tioeairo fin hu- 
'biehe^ido él de dar . itistrucóiones 
catequísticas 6 forniai ún curso de 
IBstofrlá'^Ságradaj lá elección del 
'ariifeiito en cüeétroh nd'habria sido 
'la itikB adecuada; pero itínj distan., 
tes'dá'^bir^r que pudiese indneirá 
error W la seácilItEi nífiblr, lo'íekiioe 
^n jireVeilcion^ y jaibas pensamos 
sé tomasen las expresiones y las 
ipalabraá dó un eüéntó con todo -el 
Tigóf téolój^có, pues bien saMamos 
*<)iieYá'créacioir'dé todas lab cosas 
íbé tocha por la«ónmi{K»tefieia dU 



Vmá en' solo seis días, de manera 
q,ué al l^e'r que los Angeles de la 
guarcía ño' existian antes dé^'lá 
mubrte'de Abel,'enten¿IÍfnoé ÜMi 
mente que no ejercían ésos eipiru 
XÚB soberanos la *^ comisión especial 
que la beneficencia divina les ha 
confiado para guardar á los hom- 
bres, mno haf ^tjue estos existiere*. 
La formación de los ángeles he^ 
chét As lá sangre de Abel nos pa- 
^reció una metáfora 6 un rasgo poé. 
tico tan perceptible que no creímos 
piidlM* nadie «otender esta ejfpVe- 
SMÍn'-en«aa*a^tido nkateríal» pnea 
queaunletniftos ssbeo que crear 
es saear una besa de la'nada, y 
que litbióndósé díah« en el misma 
ai^íealo que Dioe^pens^i créar.^Aofc 
gales qóe velasen sobra lasd^bHea 
hijos de loa bombrea,. sema una 
ooatradíociei» Manifiesta el aségii« 
rar después qae. los había hechió 
nácar dei>ia«s8ngcede Ab^l^sí esla 
nácimiéntaise entendiese' así .máV 
terialmente. /i;«u 

J»l En é^aalo á Ja áegaada f arte 
<del aitltulvurelaliaa á!¿a;awsls^niá 
<<fe los Abge|e«iCaÉUKUoq4aiitp4taA 



38 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



respecto á los jusUw 6 á los cjue te 
balli^i en estaudo de^^gracia, como 
con respecto 4 los pecadores é in« 
fíeles, el autor del articulo nos per« 
mitirá le contestemos que aun cuan- 
do esta sea la opinión de los mas 
célebres doctores» sin emt>argo hay 
otros que sostienen que lo que la 
Iglesia nos enseila es que Dios -ha 
destinado un Ángel de Guarda par^ 
cada uno de sus siervos, esto es, de 
los justos, sin haberse explicado dé 
vtj^ omneri^ tan positiva con res- 
f¿^o á los pecadores. 
, Esta doctrina es la que se en- 



cueotra en manos de M<m I<» fió- 
les de Méjico, y aprobada por sus 
autoridades eclesiásticas, en el Año 
Cristiano día 2 del mes de octubre, 
página 18 edición de Méjico. 

Creemos que esta sencilla aiplica- 
cion aclarará la sincqridad de nues- 
tras intenciones al publicar el refe- 
rido articulo, y que servirá de com- 
pleta satisfacción por lo que toca á 
nuestros principios ortodoxo^ la pro- 
testa formal que hacemos de poner 
todavía mayor cuidado qUé hasta 
aquí en la elección de los artículos 
de nuestro peque&o peri5dtco. 



filosofía de la historia. 

, «pGiaogLDSS BÍBUCAS. . , , ¡v 



• 'TreasMi iaS-gmadeacirUisado* 
a0sqij|e.4e..han':diapiitado ,en los 
tkttiipof:p(iod6iriioeelitt|Nlriis de la 
iliunaaídad: la asBiaaoioo eiistiA* 
ttáy^laiciviliracisifc indiana jr.laoi* 
«iüscaeiQo mahometanb* N<»'se;hAr 
ce aqoí.iiieiiokNi dekft pu»Mo»«aU 
jfajes^forq^e.eA «l.esladod«9 .barf* 
\mtm y aisla m e m a tagusi se ha» 
Máft coiiitithi¡dflís,:iiip pensoecen i 
aingiiniÉ» ni Sjjefieen. tamftooa íup 
AiBacb pordfiaa los dMlinoa dsl 
universo. . . 

'jiiíMm:múm*B allái «aidaUda i la 
siMptoairiottide anisiétanHi ñlígiM^ 
4(iaips(r)9ue.|ifliíiido^4ii0 ba lonUto 



iStts afganos jr rq^resentant^ la^ 
iref foa o^ros taotfMi pensamifsptof 
.social^,; tres diferentes. co^noeppia^ 
üffi^ cuyo objeto, defiojtiya era la 
r^i^cioi^ de la v^dt^d que h^ 
procurado í(is^lar ^o^p/qell eppi- 
riiu b)uwui<^}^l;traves 4^ Iqs sjgloa 
y de las cfivplucioiKe. ¿Pero ifiíjUí 
i^ üUaa ti^pe roas poder y Iqrlaleza 
peni Henar inision tan elpr^^ , 
Gebemqs vpir/ ojeada aojl^, I^ 
aituacien geog^fi^^.de la xeligipo 
wetMAf^i y 4í^iÍH?g9 . Mw^irer 
moa so iofootep^le supf^i^ida^ 
sobre las otni^ dqs^ En .íHVi^M? 
acó ellas en AWf>i^ica,^ Buró- 



DIARFO Dfe LOS NfÑÓS.' 



áo 



pa, invade de continuó avm respec 
tivod territorios, mermándolet su 
podeir: toda la América está en sus 
rnanos, las islas de todos los mares 
las visitan diariamente sus bosques, 
7 con el comercio y los misioneros 
poco á poco va atrayendo hacia sí 
i los individuos de la gran familia 
humana qué )iuii permanecen eh el 
estado normal. 

' Ni la religión ihdianá ni la ma. 
sulmaña están hoy anithadáik de a- 
quel esplrhü dd proselitismá que 
distiágue áia de Jesiis; la'pVÍmera 
siempre ha estado relegada eo loÉ 
confínes Sé\ Asia, y también pasó 
ya el tiempo do qnesepropagoe la 
segunda por el fuego y hi cimitarra. 

Puesta ademas por nk estado po. 
htlco al abrigo de los ataques del 
l)rahmihÍ8mo y del Islamismo, se- 
rian vanos cuantos ésfiíerzos pu- 
dieran eitds inlehtar contra stf d6^ 
minacion, y tarde 6 temprano ieá* 
drán qué ceder agloméiiddose c6n 
ella. 

Esta inioiensa ventaja del tristiá- 
nisrao que iré itcaba ¿e bosquejad 
es unáfrueba positiva^ dé qüe'teési 
t4 reservada la conquista finat dcA 
mundo. T como dada hay infiiil 
ni arbitrario en la escala der los fe« 
nómenos históricos que se preáen. 
tan á nuestra observación, es absoi. 
lutamentd necesario que la {kiiii. 
cion superior dé aquel venga de 
su propia naturaleza» y sesi unk 



consecoéncfa déla supremacía de 
sus principios. ' '^ 

En efecto, ¿qué creencia puede' 
tériér tanta fuerza expansiva, ni 
conmover mas los ánimos do la 
multitud, qué la que habla con el 
universo todo que gemia en la opire- 
sion, y proclamó su libertad y el* 
mancipación flit'uraT'¿Qué otra poJ 
d'ria hallar 'mafer'^acogida queíTa qué 
tomando en cuenta los dolores 3^ 
padecimientos dé toi híístírós ku* 
maños, prometía por itnédio de tai 
inutua caridad acaflar sus grite» a- 
gudos y péóetrantesf 'Los apó^tb^ 
les fueron^ predl^ái^' t tas'ñaóió^ 
nes corrompidas el amor áel'pró^^I. 
itto, la pureza de las éostuñibrés y 
una porción de virtudes nuevas que 
ni Dodibre' tenían' 'etité \oá\tíCÚ 
guos. Enseñando el 'dognliá' fecunl 
do deque todos los hbmbi'eá son 
hermanos, establebtbi^n^et princi- 
pio de la Igualdad, y uníertfn'aélí (¿^A 
an vínculo divinó é idiSlÁól'ú'ble á 
las naciones dé la tierna',' 'cualquiera 
que; iberaiA súi cOstuinbrea yüsb'- 
noniía. ' '■ * 

El idealismo 'cristiano VoÍVl¿''ál 
espirito sñ natural >pé^poUderiincfa 
scbféya matéfria; yNbon la ¿aidá ¿b 
'Hi Idolatría le acabó' dé tniértiir ÚA 
pesado yu¿(> qu^lehab?» ibiíMéÉfo. 
Su aparición ftié pü^ iaTséftíililJl 
progresivo áriiqúilámiéiáA^ dé' tódsis 
hs diferenciar que W'éáHIáü,' él 
dláb', hi temf^rátiúfra; la^áivb^í- 
dad dé lenguas, y otrar «irctinytáú- 



40 



DIARIO PE LOSi NIÑOS- 



cies accidentales hal^!^ jn^oduci. 
do en todos los pueblos, haciendo 
del mundo un teatro eterno de lu- 
chas y de combates* Hó aquí por 
qué la civilización cristiana es in- 
dubitablemente la ;iias universal y 
la mas inñuyente, la única acaso 
capaz de entronizar \x unidad, pre- 
parando )a restaureuciondela i(^,en- 
tidád moral y la destruccioa de^yar, 
riedad fínca. ^ ^ 

' Inmenso es el camino que tien^ 
()ue recorjref p^ra llevar ^ cabo \i 
h^ geqejrQ0a,^e reunir bajo un so- 
Ip.estapdaite ^todos.lqs hpmbres y 
d|p baf erlp^ af;ampii|r, b^^jola misma 
i^da. Gigantesco^ ;(|p|>efán tam* 
^ien 8er los.inedios ^ue emplee pa- 
ra consegif irlo, y asi vemo(| que van 

c{eaf]e|^uf,.^,«^f9zósu grande obra» 
pin alca^zafitodiAvía la palma de H 
y¡<¡tprja^ nfpf^Jko desconfiemos del 
tnífBjro,^^^e^Pj^,re;nos<ju^ el espíritM 
divino hari^j por segunda vez )>ajar 
sobrf él jjn fue^go aagr.a(f o que le 
l^ireotra nuev^pred|qacion.,. 

Un eclesiástico del prinpipa(Íp 
jiJIeGafles qu^se^j^ii^, obligado 4 ir 
á ióníips ^. prpflOf^o^rse una 
.^l)lifi, ^(^cibiO )ft .idea ^o, VQ^ip- 
K^i^^ad qfif di ^bjelp dp j^^tender^l 
VSQ.dp .f^qjffiJL. libro , 8i|b1i(ne entre 
}nMiHf^$^,f<¡^, 71 prompvljj (a 
.fiwdiu^ det.Ifi PriW?a# K W íp 
:ver¡g<^^a^ndr^e| 7 de ^a^ 
.*PiiftQ4,i I$8te.fpbr^quT^iK?,£r&* 
.*>]«WdJr ^ iflflMen9Ífi,que ; sif, pfff 



yecto tpndría en I09 destinos socia- 
les; pero acababa de descubrir el 
poderoso instrumento que debía ser- 
vir &la religión cristiana para rea- 
lizar lo que hasta entonces solo ha- 
bia hecho el tiempo y sus predica- 
dores, la progacion |;eneral délas 
doctrinas evaogéliqas. Pero no de- 
bemos admirarno^^^^ El sigio XIX 
á quien estaba reservado dar á a- 
quellas otra distinta dirección, co- 
municám^^I/M un;ip;puIso v^goiXMO» 
habta coip^pzado j?f^ y . f u aurora 
seyió sal^dafla.por )in descubrí* 
(nient9,.qua p^reoi;^ prff^'tizar la 
$poQf, (^aejuacia, 

^(los primefoa fundadores de la3 
^ocijedades Bíjblicas (pon este nom« 
brefaerop ^oppcidas) qomprendie- 
rpn inmedifitai[iiente su* misión filo- 
^fíca y civilizadora» y no dejaron 
estéril el pensamiento de su inven<- 
tor^ En br^ve se enganchó el cír- 
pqlq de su lección, y no contentcM 
coa hacer pa^rticipe exclusivamen- 
ILe. ala Gran Bretaña dp fu^uellasa. 
ludable institución, quisieron exten* 
derla áiodps los paises, traducían. 
dola,p^^ es^ en la mayor part^ 
de. las.lgi^^}^ as oonocidas. . A todoa 
I019 puntos, habitados enviaron á s^ 
jQQSta yiageros. que cprfiendo toda 
la tierra buscasen los mejores mo- 
dps de^e^pa^cir las verdades de la 
J^i{|lÍaV descubriesen man^scritop 
Í!«Íf«ifl^}?^w versiones. 

• :> V^íi?*/" : W?'?^''? RM^jeroo psto- 
^tfje ^palipe^te la do<;tr¡nix del Na- 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



41 



zareao el griego cismático y el ca« 
tólico español, el secretario de CaU 
vino y el discípulo de Lutero: su se- 
milla pudo fecundar á un tiempo 
las feraces campañas del Asia y 
los estériles arenales de la Arabia 
desierta, el ardiente suelo de la la- 
dia y el pais de hielo de los feroces 
Esquimales. El conducto mas bre- 
ve que conoció la antigüedad pa. 
ra comunicar sus ideas eran las a- 
rengas públicas que pronunciaban 
los oradores desde lo alto de la tr¡. 
buna, en las reuniones de millares 
de ciudadanos; el pensamiento mo- 
derno quiso encontrar otro infinita- 
mente mas efícas, mas activo, mas 
rápido, mas universal, y ha ima- 
ginado la imprenta. Asi es que 
en los siglos que la precedieron, 
la palabra viva y animada del 
misipnero fué forzosamente el úni- 
co órgano que tuviera el cristia- 
nismo para proclamar sus princi- 
pios; pero apenas su invención vino 
á secundar los progresos de la ci- 
vilización moderna, debió presen- 
tir en ella su venidero aliado para 
acabar el trabajo inteligente y so- 
cial de que se hallaba encargado. 
Las Sociedades Bíblicas json la 
expresión del pacto celebrado en- 
tre la imprenta y la religión, y des- 
de el momento en que se instala- 
ron uq^ fyé ya indispensable que los 
májtires vertiesen mas sangre en 
defensa de sos dogmas, los cuales 
pudieron en lo sucesivo circular li- 

T. III. 



brenonte, sin tener nada que temer 
del sable del musulmán, ni de la 
azagaya del iroqués. 
. No se enumeran ahora todos loe 
servicios de estas adociaciones, ni 
los servicios que han hecho á la 
civilización, contribuyendo á sua- 
vizar las costumbres de los pue- 
blos convertidos al cristianismo. 
Lo que manifiesta mas que nada el 
papel importante, que hacen en la 
historia moral del género humano, 
es el giran desarrollo que han reci- 
bido en el tercio de siglo que lie- 
van de existencia. En 1815 babia 
ya establecidas 584 solo en las 
provincias de Inglaterra; después 
se fueron fundando progresivamen- 
te bajo el mismo plan que las igle* 
sias en Alemania, en Suiza, en Ho; 
landa, en Prusia, en Suecia, en Ru- 
sia, en Noruega^ en Dinamarca y 
en otros varios plises, en corres- 
pondencia todas con la sociedad 
madre de Londres. Cual sea la 
cantidad de Biblias expendidas por 
estos centros vivifícadpres de la in- 
teligencia, infiéralo quien sepa que 
solo en el periodo de tiempo tras*- 
currido de 1814 á 1821 llevaba 
distribuidas la sociedad de Londres 
ha^ta 3,201,078 en mas de cien len- 
guas difo reines. 

¿y por qué la España (*) que 

(♦) Cuando el autor escríMó «*- 
ia no recordaba ¡as ediciones de la 
sagrada Biblia hechas por el padre 
Scio y por el padre Ámat ; en 

6 



43 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



exploró el nuevo mando y genera- 
lizó la inoculación para cortar lo8 
estragos de una plaga horrorosa, 
que siempre se ha distinguido por 
su celo en trabajar por la huma- 
nidad, á la par que sus bijas las 



Amóricas que son enteramente ea« 
tólicas, han de carecer de socieda. 
des Bíblicas, y continuar indiferen* 
tes á una empresa en que las na< 
cienes ya citadas están tan empe* 
nadas? 



climatología. 



Toda exposición occidental (des- 
de el sudoeste al nordeste) debe 
ser mas caliente que la exposieion 
oriental correspondiente, siendo i- 
guales todas las demás circunstan^ 
cías ; porque los rayos de la ma- 
fiana, que hieren directamente las 
colinas expuestaa al levante, tienen 
que combatir el frió que se ha reu* 
nido durante la noche. Cuando 
la atmósfera» al medio día, estará 
en su mayor grado de calor, el ra- 
3ro solar cesará de venir á concen- 
trar esta masa de calor en los ter- 
renos que están en exposición o- 
riental; porque no caerían sino o. 
blicuamente, Al contrario, las eos. 
tas que dan hacia el poniente se 
han provisto ya de calor durante 
toda la mañana; y cuando el rayo 
solar llegue á herirlas directamen- 
te, reuniendo todo el calórico de 
la atmósfera, no encontrará ningún 

M^ieo tens$ROs adenuu la predota 
traducción de la de Vence. 



obstáculo; al contrarío, todo estará 
dispuesto á favor de su acción. 

Sin detenernos en explicaciones 
mas detalladas, observemos sola* 
mente en virtud de este principio, 
las exposiciones «MÍraioe^te y sud* 
oeste ; son las mas cálidas de to- 
das, mientras que, de rechazo, laa 
de nordeste son las mas frias. Bien 
se comprende que aquí no se trata 
masque del hemisferio boreal^ y que 
siempre se prescinde de una multi- 
tud de circunstancias locales y tena, 
poraies. 

Como un frió moderado es muy 
favorable á la salud, y que por otra 
parte, bajo la latitud de la Grecia, 
el grado ordinario del frío la puede 
hacer considerar mas bien como 
refrigerante que desagradable, ea 
evidente que el inmortal Hipócrates 
tenia razón de recomendar las ex- 
posiciones orientales, con respecto 
á la salubridad. ¿Pero no es con- 
trarío al buen sentido querer apH- 
car este mismo principio á los di. 



DIARIO DC LOS NIÑOS. 



4» 



mas mas vecinos del polo, adonde 
•e temo el frió, y adonde el calor, 
generalmente mas moderado, no 
trae consigo ninguna de esas en- 
fermedades epidémicas de que ha. 
bla Hipócrates? Hay tantas cir- 
cunstancias que concurren á hacer 
un clima salubre ó malsano, agrá» 
dable ó desapacible, que seria im- 
prudente querer caracterizar los 
climas únicamente según las expo. 
siciones, generales ó locales. 

Si no se consideran las situacto* 
nes mas que por sí mismos, pres- 
cindiendo de otras circunstancias, 
se podría comparar con Hipócrates, 
las orientales en la primavera; las 
del mediodía en el verano; las del 
occidente en el otoñó; las del ñor. 
te en el invierno; porque es cier. 
to que ia constitución mas común 
de los climas bajo estas exposicio- 
nes, corresponde á las de las esta- 
ciones á las cuales se refieren. 
Empero ana comparación mas 
exacta y mas significativa, serta 
con la del despuntar el dia. El frió 
mayor se siente muy de madruga- 
da: este puntó corresponde á k ex- 
posición nordeste, que es la mas 
fria; el ealor aumenta hasta- las 
tres de la tarde; asimisMio llegan 
siempre á ser las exposiciones mas 
favorables al calor, hasta hi de so- 
doeste; sigúese la flocho y media 
hodkO, puntos correspondientes á 
Ifts exposiciones occidentales y bo*. 
f^Bales* 



La poikion de la$ montañait no 
uempre está esencialmeote ligada 
á ios pendientes del terreno, puesto 
que hay mesas montañosas que (en 
verdad en una pequeña parte de 
su extensión) no tiene ninguna pen- 
diente general, como en la Mongo- 
lia, en el Tíbet, y que, da otra par- 
te, se encuentran países que se in- 
clinan de muchos lados, sin que su 
parte mas elevada esté guarnecida 
de verdaderas montañas, como, por 
ejemplo, el centro de la Rosia de 
Europa. 

Las montañas obran sobre las 
climas de dos maneras: atraen los 
vapores que se hallan suspendidoa 
en el aire; estos vapores, al eon- 
densarse, producen las nubes, las 
nieblas, que ordinariamente ocul- 
tan á nuestra vista las cumbres de 
las montañas. Con frecueneía tam- 
bién este compuesto da materias 
acuosas que los vientos impelen 
acá y acullá, son detenidos en su 
marcha por las cordilleras de mon- 
tañas, adonde se acumulan eo los 
valles eiavadoa. Mas sensibles son 
lodavía estos efectos ouaado ana 
cordillera de montañas está coro» 
nada de selvas que respeta la ha- 
cha destrodiva. Aumenta la ele- 
vación de la montaña; cierra el pa-. 
so^ ministran sobre todo un alimen- 
to »aagotablé á las aguas Gortrien. 
tes. La descrueeion ide las selvas 
puede ser á veoei un bien pana «n 
pais procurando una circulatíoa 



44 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



) 



de airé mas libre; pero llevado de« 
masiado ^os, es un rio que asóla 
regiones enteras. Se han visto e« 
jexnplos funestos en las islas de Ca. 
bo Verde, sin citar muciios otros 
de menos evidencia. La destruc, 
cion de las selvas, y no un preten. 
dido ei^'oifiefito áel ¿fA>fo, ba he« 
cho la parte meridional de la Ir* 
landa mas accesible al frió borro, 
roso que con demasiada frecuen- 
cia le traen los yeloa flotantes, de. 
teniéndose sobré sus costas septen. 
trienales. Aunque las montanas 
no pudiesen impedir que tengan 
lugar los movimientos generales de 
la atmósfera, pueden sin embargo, 
deteniendo en parte, hacer ciertos 
vientos mas ó menos frecuentes, ¿ 
una cierta extensión de terreno* 
No se duda que los Alpes concur- 
ren á garantir á la hermosa Italia 
su feliz clima, su eterna primavera 
y sus dobles cosechas. 

No faltan ejemplos de climas 
hechos mas flrios por la posición de 
las montañas. Si las Rusias cen- 
tral y meridional están expuestas á 
frío! desproporcionados á su latitud 
y á su exposición que, en gran par- 
te es meridional, es entre otras cau- 
sas, porque no tienen al norte una 
cadena de montañas que puedan 
debilitar la acción de los vientos 
helados que vienen de la mar Blan- 
ca. La Siberia está en un caso di- 
ferente, y aun mas favorable: está 
inclinada al norte, por consiguíen- 



I te abierta á Jos vlentoe de la mar 
Glacial; al mismo tiempo, su pen- 
diente inmensa está al sur, corona- 
da de montes que impiden á los 
vientos frios irse mas lejos, y que 
interceptan los de la Asia meri- 
dional 
El abrigo que dan las montañas 

contra los vientos puede algunas 
veces ser nocivo por exceso. Así 
se ve el calor llegar á ser insopor- 
table en los valles que concentran 
y reflejan vivamente en verano los 
rayos del sol. 

Cuando los valles son largos y 
anchos, que tienen una pendiente 
bastante considerable para el der- 
ramamiento de las aguas, y que dan 
un acceso libre á los vientos del 
norte, la temperatura puede ser 
allí seca y fría. Los habitantes 
gozarán en este caso do un buen 
semblante y mucha salud. 

En los valles bajos, estrechos 
hundidos, que no reciben los vien- 
tos secos sino muy oblicuamente ^ 
las aguas de las corrientes y de las 
lluvias se represan y forman pan- 
tanos: el aire no circula allí, las 
neblinas y la humanidad se perpe- 
túan en ellos. En estos parajes se 
encuentran los seres débiles, pol- 
trones y estúpidos, que se llaman 
crétin» (montañeses que tienen pa- 
peras,) hechos sordos, mudos. y*ca- 
si ciegos; son insensibles á todas 
las impresiones, excepto á los ape- 
titos lascivos; si se les hiere, no ma* 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



46 



ntfiestnn sensación alguna; se ve 
que no ton eieitados por ninguna 
necesidad. Sus brazos caídos, la 
boca abierta, su pezcaeso hinchado 
7 ladeado, so color pálido, deja ver 
el último término de la degrada- 
ción humana y de la degeneración 
animal. Et frío húmedo que reina 
constantemente en estas regiones y 
que no es interrumpido sino por los 
vapores cálidos é igualmente tem. 
piados del verano, puede ser conside- 
rado cómo la verdadera causa de la 
paf>era: esta enfermedad tiene mu- 
cha analogía, por su causa y sus 
principales efectos, con las hincha- 



zones de la cara, los tumores arte* 
tidos. Fodéré, que ha visitado co- 
mo observador el valle de Aosta, y 
la Mauriana, adonde se encuentra 
el mayor número de montañeses 
con paperas, nota que no ezíste si. 
no en el centro de los valles de los 
Alpes: el mismo valle no los pre* 
senta sino cuando sale de la llanu- 
ra y que se angosta; cesado produ. 
cirlas desde que se ensancha en las 
cumbres de las montanas, y que 
alcanza un aire mas vivo y mas se- 
co, adonde ezisten hombres per- 
fectamente sanos. 



NOTICIV DE LOS MAS CELEBRES AUTORES QUB HAN 
EscmTo soasE x»as cikkcias KXáCTJLB. 



(Continuación). 



PiTAoosAs era natural de Sámos; 
8u padre se llamaba Mnuarco^ y 
comerciaba en bugerías, aunque 
descendia de ÁnceOf que había rei- 
nado en S&mos. No ignoraba Pi- 
tágaroi este ilustre origen; pero te* 
nía una alma tan elevada» que no 
hacia vanidad de ello. Desde Ifi 
mas tierna ^ad ^coiioei^ que el 



verdadero mérito de los hombres 
solo consiste en la virtud y en la 
sabiduríb, y se resolvió á adquirir 
una y otra ¿ costa de su misma for- 
tuna. Por los consejos de Tales^ 
de quitfi era discípulo» pasó á B- 
gípto. AlU vio las columnas de 
Solhis, sóbrenlas cuales dicen que 
había grabado McrcHfio Trimgis- 



46 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



túj los principios de la geometría. 
Fué después hasta ias orillas del 
Ganges para consultar allí á los 
Bracmanesy ó: los Gíinnosófistas de 
la India. ReíBtituido á su patria, 
la encohtró llena de turbaciones 7 
disenciones causadas por la tiranía 
de Pofícratta. Este era Un lugar 
poco á propósito para vivir un horo. 
bre que solo buscaba la paz, por 
cuyo RK>t¡?o le dejó sin pena para 
retirarse á la parta mas floreciente 
de la Italia, que llamaban la 6re» 
da Magna. Allí fundó una escue* 
la, que llegó á ser célebre, en la 
cual se cultivaban las ciencias i. 
gualmente que las costumbres. Ins- 
truia á todo género de personas en 
sus obligaciones, con tanta dulzura, 
que se hacia amar de todo el mun. 
do, y logró tatúbien una buena re- 
compensa de sus trabajos, pues ja- 
mas hubo filósofo que tuviese dis« 
cipulos mas ñeles ni mas recono- 
cidos. Les enseñaba los descubrí* 
mientes que se habian hecho en las 
ciencias exactas, y los que él mis- 
nio hacia. Su moral se ^reducia á 
prescribir la tolerancia con que de« 
ben sufrirse los hombres unos á o- 
tros, & soportar el yugo de las lé- 
yes, autiqoe sea á costa de la so- 
ciedad, á no mirar como sabios si. 
no t, los que están prontos á sacri. 
ficarlo todo por la verdad, honores 
riquezas y reptitadon. Después 
establecía estos preoeptos particu. 
lares. 1.* Cuando entréis en el 



templo, estad con modestia y rccow 
giroiento. 2.** No os hagáis la vida 
penosa, encargándoos de muchos 
negocios. 8.* Estad preparados pa- 
ra todo lo que pueda acontecer e;n 
cualquiera hora del día* 4.* No os 
liguéis con voto ni juramento nin- 
guno. 5." Últimamente no irritéis 
al hombre que está colérico. Que- 
ría que todo fuese común entre sus 
amigos y disdpuU», los cuales pa- 
ra conformarse con este dictamen, 
todo lo dividían entre sí* Recono, 
cía un Dios, pero no creia que es- 
tuviese fuera de este mundo. Admi* 
tia la preexistencia de las almas, 6 
la trasmigración de éstas de unos 
cuerpos á otros, y por esta doctri- 
na explicaba el mal moral y el mal 
físico. Un hombre era dichoso 
actualmente, según este filósofo, 
porque habia agradado á Dios 
cuando eiistió anteriormente, y 
era desgraciado por una razón con. 
traria. Dicen que PUágoraa ja- 
mas se rió ni lloró, y que se habia 
adquirido por esto tanta veneración, 
que muchas personas lo miraban 
como un Dios. Le dieron muerte 
en Mataponta en una conmoción 
popular, el año 497 antes de Jesu- 
Cristo, á los noventa de su edad {*). 

■I .i t . ■>■ - - 

[*] Naia hay citrfó acerca de 
la muerte de Pitágoras. VLtritVxáee^ 
citado por Biógen^ Laercio en la 
tida de esteJSi^ofo^ dice que nturí» 



día EIO DE LOS NIÑOS. 



47 



Algunos liigtoriadoreft escribieron 
que hahia estado casado con Theo* 
ito hija de BrontínOf Crotoniaia; 
pero otros dicen que Theana era 
su concubina* Tuvo una hija lla- 
mada DamOf que hizo bastantes 
progresos en la filosofía, y á la 
cual encargó que no diese sus obras 
al públicoi lo que ejecutó tan exac- 



de ochenta añas. El mismo Laer- 
eio, refiriendo su muerte^ dice^ que 
Sitando en casa de Milon con sus 
discípulos^ edguno de los que no Ao- 
Ua querido admitir á su escuela^ 
jpor vengarse de ¿liólos mismos CrO' 
Umiatas, recelando que los tiranu 
xase^ pusieron Juego á la casa. 
Luego que Pítágoras salió para £• 
hertarse del incendio, le comenzaron 
á perseguir^ y llegando cerca de un 
campo sembrado de habas, por don- 
de fucesitaba pasar, si quena líber- 
tarse, s$ detuvo, y antes quiso dejarse 
coger que maltratar las habas, y asi 
negando sus enemigos, le quitaron 
la vida juntamente oon varios dis- 
cípulosque le acompañaban. Dicear- 
co dice, que habiéndose retirado al 
templo de las Musas, que habia en 
Matapowto, estuvo 40 dias sin comer 
y murió de hambre. Hermipo re- 
fiere que habiéndose suscitado una 
guerra entre los\Tarentinos*jf Sira* 
cúsanos,^ acudió con sus discípulos á 
dar auxilio álos Tarentinos^ y le 
mataron los Siraeusanos. 



tamente» que reusó una suma mu j 
considerable que le ofrecieron por 
los manuscritos de su padre (*). 

Platoit. No habia un hombre 
tan favorecido de la naturaleza, co. 
mo este filósofo. Era hijo .de pa. 
dres ilustres, tenia una agradable 
fisonomía, poseia grandes riquezas, 
y sobre todo estaba dotado de un 
talento muy sobresaliente. Por 
parte de su padre descendía de re- 
yes, y por la de su madre del sa- 
bio Solón, célebre legislador. Na- 
ció en Atenas el año 429 antes de 
Jesucristo. Sus padres no omitie- 
ron diligencia ninguna para darle 
una buena educación. Desde lúe» 
go descubrió inclinación á la pin* 
tura y á la poesía: aprendió á piun 
tar, y compuso tfiimbien algunas o- 
das y tragedias; pero este fué un 



[*] Las obras de Pitágoras, se- 
gun Diógenes Laercio, se reducian 
á tres volúmenes, en que trataba de 
la instrucción, de la civilidad, y de 
la naturaleza. IS^tas obras no se 
publicaron luista el Uen^ de Filo. 
lao que las divulgó, y noticioso de 
ello Platón» escribió á Dion ú Sici^ 
Ha, para que las contase d Filo, 
lao, á quien dio por ellas 100 mi» 
ñas áticas, quereducido el valor que 
les da Budeo, á nuestra moneda, 
corresponden á 2500 escudos, ó 
25 mil reales de vellón^ 1250 pesos 
fuertes. 



48 



DIARIO DB LOS NIÑOS. 



gusto pasagero, que le perdió con 
el conocimiento y trato que tuvo 
con Sócrates. Por las lecciones 
que le dio este grande hombre, co- 
noció que la filosofía es el verda- 
dero estudio del hombre, y resolvió 
dedicarse enteramente 4 ella. ^Con 
esta mira pasó á Egipto para estu. 
diar bajo la dirección de los sacer- 
dotes de Menfís; de aquí pasó á Ita* 
lia para oir allí á los Pitagóricos, 
y últimamente á Cirene, en donde 
un matemático, llamado Teodoro, 
enseñaba oon aplauso la geometría. 
De vuelta á Atenas fundó allí una 
escuela de ñlosofía, qne se llamó 
Academiaf porque la tenia en una 
casa que habia comprado á Acode* 
mo, ciudadano de Atenas. Estable- 
ció la geometría por basa de su 
doctrina, y puso á la puerta de su 
escuela una inscripción, por la 
cual rehusaba la entrada á los que 
ignoraban esta ciencia. Hacia tan 
grande aprecio de ella, que llama. 
ba á Dios el (reámetra eterna^ por- 
que creia que siempre se ocupaba 
en ella. Entendía por la palabra 
Dios el ente soberanamente perfec- 
to, que existe por sí mismo, y es 
criador del cielo y de la tierra. 
Asociaba á este ente algdnas Divi- 



nidades, como Demonios y Héroes. 
Decía también que la tierra y los 
astros estaban animados. Admi. 
tia la transmigración de las almas 
hasta cierto grado, que dependia 
del destino que habían tenido en es« 
te mundo. Decia, por ejemplo, 
que las almas de los filósofos solo 
tenian que dar tres vueltas ó hacer 
tres transmigraciones antes de ir 
al Paraiso, esto es, antes de ser 
transportadas á las mansiones feli* 
CCS, adonde, reina una alegría pura 
y una paz eterna ; y las de los ma- 
los andaban errantes en este mun- 
do por espacio de cien mil anos en 
el cuerpo de algún animal estupi- 
do. Aunque todas estas ideas nos 
parecen hoy extravagantes, como 
lo son en efecto, su sistema de filo- 
sofía estaba compuesto de todo lo 
mejor que habían pensado los mas 
grandes entendimientos de la Gre- 
cia, Heráclito, Pitlgoras y Sócra- 
tes. Tal era el gusto del tiempo. 
Mejor se dio á conocer el entendi- 
miento de Platón en la invención de 
la análisis. Murió este filósofo do 
81 años en el de 347 á 848 antes 
de Jesucristo. 

[Cantinuari»'] 



K394SC:» 



I 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



49 



m^aasMíííLM 



▲NO BB BOMA 1144. 



I azTo TAsaiTiNo, hombre per* 
[ verso y autor de la desgracia 
que se advierte en la estampa, tar- 
dó poco en dar motivos para que se 
arrepintiese el pueblo de haber ocul- 
tado sus excesos. Marchaba con pa. 
•o acelerado el usurpador por la sen- 
da de la tiranía. Presto debia con- 
vertirse su corte en teatro de todos 
los vicios y guarida de todos los crí- 
menes. A las enormes dilapidacio- 
nesy consecuencia de las locuras del 
déspota y de su familia, sucedieron 
necesariamente los impuestos mas 
onerosos. Para spstener los gastos 
superfinos del monarca, fué necesa- 
rio arrebatar ¿1 pueblo lo preciso 
para su subsistencia. Para recau- 
dar las contribuciones, se necesi- 
taron asentistas, concusionarios y 
Verdugos. La injusticia pesaba tam- 
bién sobre los pueblos inmediatos á 
Roma.... Cuandoesta ciudad, arrui- 
nada por los excesos déla corte, no 
ofrecía ya á los tíranos sino la ima- 
gen de kimas profunda miseria, ca- 
yó Tarquino sobre los campos de 
los Rutubs, acusó á estos hombres 
pacíficos por haber acogido á las 
víctimas de sus proscripciones, y 
los trató como subditos rebeldes. 

Los dignos hijos de esto ladrón 
|i6blico, mandaban la expedición. 
La resütencta vigorosa de los Rutn- 
T. m. 



los superó á la codicia de aquellos, 
los que ya no podian soportar por 
mas tiempo la privación de los pía-' 
ceres criminales que eran para ellos* 
una necesidad. Abandona un itis«' 
tante á su víctima. . . • vuelan áRp- 
raa para presentar allí d étipectácu* 
lo de todas las infamias. . . • Ape- 
nas respiraba esta ciudad con su 
ausencia • • • • un nuevo crimen man- 
chó luego su recinto, •••y este cri- 
men fué el último que se permitió á 
los Tarquines; 

En medio de esta corte infame,' 
entre esos seres degradados ó débi- 
les que aniquilaba el despotismo, una 
muger virtuosa gozaba d^la esti- 
mación general; un hombre libre' 
meditaba la expulsión de los reyes' 
y la fundación de la i^pública. Lu- 
crecia, esposa de Colatino, era el 
ejemplo de todas las virtudes domés- 
ticas. Junio Bruto, ardiente amigo 
de la liberted, capaz de emprender-' 
lo todo y de sufririo todo para ha- 
cer triunfar la causa de la justicia» 
se condenaba &la nulidad, prepara- 
ba en silescio una revolución, y ha- 
llaba m^io de escapar á la déscon»' 
fianza denlos tíranos. 

Uno de los hijos de Tarquino ha- 
bla concebido un amor criminal ha- 
cia Lucrecia. No arredró so oo- 
razón el adulterio y el inctato. Sax- 
7 



^a 



DJAPIP PJE LG^ W^OS- 



to cometió uno y otro delito. ••• pe- 
ro la esposa de Colatino, á quien la 
violencia habia entregado al hijo del 
tirano, no pudo sobrevivir á esta des- 
gracia. • • • Llama á sus parientes, 
les refiere el nuevo crimen de la fa- 
milia d^ los Tarquinos, los apima ¿ 
1^ venganza, y l^s da el cjpmplo del 
v£^lor plaván^ose.un puñal en el co- 
rjazon* • • • La narración de Lucre- 
cía, sijs lagrimas, su muerte, sumer- 
gieron) á, sus parientes en un dolor 
es^tüpido. • • • Junip Bruto fué el pri- 
mero que se mostró digqo de ven- 
gar la virtud. • • . Sacó del corazón 
d^ la víctima el puñal ensangrenta- 
dp, y presentándolo á sus amiffos. . . . 
n¡tiTo, gritó con una voz formidable, 
cumplir los deseos de Lucrecia, cas- 
tigar á los tiranos, y eniregpr á la 
cuchíll^ de iodos los romanos al que 
qViiera todavía aspirar al poder ab- 
soluto »,• . • Este discurso hizo cono- 
qer (l todaa las almas la necesidad 
cíe la libertad. La familia de Lucre» 
cía pronunció el mismo juramen- 
tOf • • • voló de boca en boca • • • • é 
imnediatamei^te fué el pueblo ente- 
];o Á hacerlo resonar en los oídos de 
sus tíranos. 

£sto, an^iguitos, aconteció en la 
^tigua Roma, y de lo que es!]a mo- 
deroa 08 hablaréipos en sQgui^a. 
Empeórenlos pQrde4?ír qu$[el p^n- 
tQ99 y !9l cojisQQ 8on ha do&pjrUicí- 
pales restos déla antiguar. ppulen- 
<iW <iuei ^ ffdmiró olí V^omiu Aun- 
<l?fl WJ. dete^íoi::^^ esto^ i^qqu- 
]l^t9^ jcopservan aují lo teys^iiLtei 
Wm \hg¡^ 4 ^fmoAir él CarAetts 



romano. El panteón fué consagra- 
do por Agripa á todos los dioses. Es- 
te templo conserva todavía su bóve- 
da, su periátilo y sus columnas. ¡Qué 
peristilo tan grandioso! La vista se 
detiene á presencia de ocho colum- 
nas corintias scjbx^. que ^epo^ ef 
frontón. E^tas son de un trabajo 
muy deljcadQ; ^^ una plevacion dís* 
forme, y el color (jue han tomado 
por el trapscursq de veinte siglos e^. 
tan aprecjable qqmo el brillp del már- 
mol quQ q?tfintproni ei^ algún tien>- 
po. Li) forma del panteón ^s Mn cíp 
culo gre^ndísimo, cerrado en su cen- 
tro por una grandiosa media naran-, 
ja. Éste templo, en la antigüedad de 
Roma, fué dedicado á los dioses, y en 
los tiempos modernos se ha abier- 
to para recibir al dios de la pintura. 
Rafael fué depositado allí á la edad 
de treinta y siete años, y su mau- 
soleo es obra del célebre, del célebre 
artista Carlos Maratto. 

El coliseo es sin contradjcc¡ou. 
el mas admirable monumento de \^ 
opulencia de Roma bajo los Cési^^ 
res. Para ir d él se pascí por el i^rco; 
de triunfo qup levai^tó Trajano q^ 
honor de Tito; de este f^mp^^^r. 
que decía qu^ habia pendido el día, 
cue^ndo se pasaba sin ocasión de ha- 
cer á algum^os felices. Apart^flQ^ 
del arco d« Tito^ se halla ár la ^re^ 
cha ^ arco d^ Con^tanüuo.y; á la, 
il^quierda el cplisfo^ 

Tíada roas invi^ieAtt 1^. «W TO^t 
^estuoso que ^1 coli/iop; afi in^pso 
4mbiüjO, Ifk rouJtiliftd de, ^je^cMi^O^ 
le compone, k if»9iio9o40 ^ufí 



HtkktO ttB LOS NIÑOS. 



5t 



AU dé toikMrórdeMM <|ue Oh éeifn 
¿ircafániMnté nn$M sobre otras pet. 
r« M!rt6tiéí tré^ pierias de p6rtíeo9, 
fp eii ttbá pftiábrá, todo esté prodK 
¿ióéo edificio asK>infy^s, aunque en el 
A ift nó flé ttianf ^ñe enf era mas éfaé 
la rmtad. 

Este monumento fué destinado 
éti Sú origen á la representación de 
HKshas entre fierte, y luego & Tos 
e«^mbates de gladi'atoñ^es y á stwu- 
kéros Balates: éfO seguida sirvió de 
íbrtificacion, la^go dé hospital de 
apéstádés, dé asHo de ladi^ones, de 
ébVádor á falsos monedei^os, dé tea- 
tro á lo!í caballeros que peleaban 
por sus damas, de lugar sagrado en 
donde se fundaron capillas; y por 
tltimo, demente X promovió la ve- 
neraeioD de los fieles por este sitio,' 
legado con la sangre de tantos már^ 
tires; y Pío Vil ha ejecntado mu. 
ehós trabajos de reparación*' 

EMe anfiteatro ftié construido 
por el emperador Vespasiano, Ue« 
váMo á efecto^el plan oonoebido por 
Angosto. Fué acabado y dedicado 
por Tita, hijo de Vespasiano, el año 
8d de la eto cristiana; y se dice 
qiié el nombre de coliseo se deriva 
del gran coloso de Nerón, que fué 
transportado cérea del anfiteatro. 
Según lo que acabamos de deciros, 
otmoceiéis que este edificio es verda. 
dbramente colosal; tiene de circun. 
ferenoia lólapiés: su altura es de 
153 pies, y su magnificencia supe- 
riorcori mnohó, segas sé dice,'áMas 
pirámides de'Egiptin templo de Éfe^ 
m j .otras .maravillas de( mundo. 



Sus roi^s en el estado én qué éi¿ 
tan, dan sobrada idea para emdtvi 
el poder supremo de quien le hizd 
¿onstroir, y se asegora ^ Aoeé ufl 
judíos, conducidos en esclavitud á 
Roma después de la co«|ttÍ8ta y 
ruina de Jérusalen, estuvieron em« 
pleados por muchos años, sin in« 
terrupcion^ en la obra de su cons^ 
truceíon. Ere la costumbre antigua 
de los vencedores para con lóis ven« 
cidos^ de hacerlos trabajar como 
bestias de carga en la instalación 
de sus monumentos triunfales; cos^ 
lumbre á la verdad muy poco hxU 
mana y generosa* 

Las ruines del foro ó plaTia pá» 
bUca era donde se reunia el pueblo 
romano, y se trataban los negoclot 
importantes de la república. Enipe'^ 
¿ando á' mirar por la izquierda, se' 
distingue el arco de Séptimo-Seve- 
ro, el templo de Antonia y F'austi* 
na, el templo de la Paz, que a]gu« 
nos autores llaman la Basílica de 
Constantino, el templo de Remeo y 
los de Venus y Roma, la columna de 
Focas, el templo de Castor y Fblux, 
el Júpiter tenante, el de la Concor* 
dia ó de Juno Moneta, y los restos 
del palacio de los Césares. 

Todos estos monumentos que acá* 
hamos de nombraros, no son hoy dia 
mas* que escombros. Por todas par- 
tes se ven trozos de chapiteles, ba- 
sas, pilastras y columnas. De pié 
solo quedan seis columnas del tem- 
plo de la Concordia, tres del Júpi^ 
ter tenante, y la de Focas sola, en 
medio de la llanura. El arco de 



92 



DIARIO INS LOS NIÑOS. 



SéptimorSev^ero está mejor coDser» 
vado que los monumentos inmedia- 
tos. Vése . asimismo el Capitolioy 
donde Júpiter tenia su templo» el 
senado romano su asiento, y en que 
los gráudes hombres de la repábiica 
se reproducian después de su muer- 
te en estatuas que aparentaban su 
pasada autoridad. Ahora perdió es- 
te sitio sus estatuas, su senado, su 
cindadela y sus templos* Lo que 
queda de este edificio manifiesta 
muy bien la instabilidad de las gran- 
dezas del mundo. La roca Tarpeya, 
desde la que arrojaban i los icrimina- 
les sentenciados, también está en- 
terrada en ifiBs de tres cuartas par- 
tes. Dichosamente muy' inmediato 
al Capitolio hay un museo sosteni- 
do de varios pontífices amigos de 
las artes^ en que están recogidos un 
gran número de tan preciosos res- 
toe. Esto copsuela en alguna mane- 
ra de la impresión triste que cau. 
san las vicisitudes y destrucción 
de tan buenos monumentos. 

Roma, niños, presenta de conti» 
nuo infinidad de accidentes. Hubo 
en cierta noche un incendio en la 
plaza de S. Pedro, al lado del Vati- 
cano. El incendió se manifestó á la 
hora en que por lo común duermen 
ya loe niños y los viejos. Jamas fue- 
go alguno puede presentarse mas 
furioso; amenazaba consumir á Ro- 
ma, y ademas fomentado por un 
viento impetuoso y en una noche 
muy obscura, parecia una época de 
exterminio. 

Veíanse voraces llamas que sa- 



llan de una pobie oaaa .medio coa« 
sumida, y se elevaban pqv. 1m del 
Vaticano. Veíase un joven que lie. 
vaba á cuestas á un viejo; el modo 
con que le llevaba, el cuidado con 
que examinaba el caminp, y el quo 
tomaba para evitar todo movimien- 
to vioknto, daba á conocer que era 
su padre. Este viejo, acometido en 
medio del sueño por las llamas y la 
conñision, sin saber donde estaba, 
donde iba, ni lo que sucedía, se de* 
jaba abandonar con un terror con» 
fiado. Un niño los precedía miran- 
do á cada paso su dirección, y una 
muger anciana los seguia como con 
aire indiferente, llevando bs vesti- 
dos del viejo. 

Descubríase á poco trecho otro 
joven desnudo y acosado por laa 
llamas, que se iba á descolgar de 
una ventana, á que estaba asido con 
las manos, y que reconocía con rá« 
pidas miradas el sitio mas ventajo- 
so para caer. 

Otro espectáculo aun mas laati- 
moao vino á llamar la atención; era 
una madre que desde una azotea 
quería echar á su marido que esta* 
ha abajo, el fruto de sus amores* Se 
adelantaba, volvía á retroceder te- 
merosa, poniendo al niño sucesiva- 
mente entre sus brazos, en iu seno 
y junto á su boca: en fin, la suerte 
de esta criatura entre los brazos áet 
padre y de la madre, hacia estro» 
mecer á los espectadores» . 

Por otro lado se ofirece á k vista 
una hermosa muger, toda llena de 
adornos y en trage magníficof que 



DIABIO ^B LOB'NIÑOS. 



n 



m ponía en mIto de un palacio in- 
cendiado: delante de sí l)eyaimv.í3ot 
niñoe demodoa «pie le deshacían en 
Uánto ai Yto Dorar 4 su madre. La 
nina, transida de frió, procuraba 
abrigar su cuerpo con los brazos y 
manosi y la infeliz nmdre aun Uora- 
ba y gritaba por la &lta de otro 
tierno hijo. 

Al mismo tiempo los Tiejos, los 
niSoiy los soldados, los sacerdotei^ 
los ricos, los pobres, una muche- 
dumbre, en fin, corrían de un extre- 
mo á otro de la plaza, como las olas 
del mar agitadas por la tormenta. 
Notábase una joven desmayada fie- 
vada por cuatro soldados sobre loe 
sables cruzados, y de una belleza 
extremada* Pero lo mas horrible de 
esta escena de desolación, era el in- 
tervalo en que cesaba el viento: en- 
tonces se percibían de todos lados los 
suspiros, loe gemidos profundos, las 
voces, el ruido de las llamas y el 
crugido de los edificios que se des- 
plomaban á cada momento. 

Repentinamente en una ventana 
del Vaticano, al lado de las llamas, 
se percibe una cruz, sacerdotes, tra- 
ge pontifical, en fin, al soberano pon- 
tífice- La multitud se arrodilla in- 
mediatamente, levantando al pontí- 
fice veinte mil brazos suplicantes. 
Levanta, el gefe de la Iglesia sus 
ojos al cielo, y empieza á orar* • • • el 
pueblo baja los suyos á la tierra, y 
ora también* • • • ¿Cómo explicar el 
efecto de este cuadro solemne y nuu 
gestuoBO} 

Sobre loe fsealoaes de la iglesia, 



una madre abandonada coge las ma- 
nitas de .su tierno niño arrodillado 
delante de ella, para ponérselas en 
actitud suplicante. Detrás se ven 
una joven desolada, con el cabello 
tendido, echando sus brazos al sobe- 
rano pontífice para implorar su me- 
diación, en tanto que á sus piés^ 
vuelta de espaldas al Vaticano y al 
papa, sin llorar y sin orar, se veía 
una muger atónita qne la observaba. 

El pontífice termina su duplica y 
se levanti^: el pueblo con una aten- 
ción inexplicable le escucha, y en* 
tónces con frente serena y con voz 
llena de esperanza echa su bendi- 
ción sobre el pueblo prosternado. Al 
momento que fué terminada la ben- 
dición, las llamas empiezan á sofo« 
caree con el humo; y en poco tiem- 
po se apagan, volviendo á la noche 
su oscuridad. 

Esta descripción, amíguítos, es 
bien horrorosa; pero consolaos, que 
afortunadamente no es mas que la 
de un cuadro del pintor, del iními. 
table Rafael, que se ve en el Vati- 
ticano. Este cuadro representa el 
incendio del Borgo; y esta estrata, 
gema de que nos hemos valido para 
daros noticia de él, no es invención 
nuestra, como ya podéis figuraros^ 
la hemos tomado de un célebre vía* 
gero que dejó muchos trozos apre* 
ciables sobre la Italia y la metrópo- 
li del catolicismo. En otro artículo 
08 daremos abundantes pormenores 
referentes & los monumentos y usos 
particohues del país. 



BUBIOJH XABNIÑOa 



1J1Í VIA«J& 



f MólÉ TÍ8t(^ vÁriaá íéíbérotieá 
jd^ víagevós 4ae han retoitido 

I l^iTrtpá&r de Buenos. Aít«s; petó 
eú ñínguím hémod hallado ^oi'me« 
ií(Wéá ma* exactos y cuf los^íí que 
éd íá M capifon Head, qué fué uno 
db !ós coíQtisiódádos ^or las compá- 
fttis bigYesfts para déscub^'r la^ fi-^ 
¿Ütadáá minas de aquelloi) países; 
y qué con su acdividad 6' infafíga« 
Me «^iritu de e^tploracion compen.' 
SÓ el tttalogró de sus primitivos pian- 
ito», ákttíh á\ mundo poü ticd tíoti- 
tSké ¿dogtáfica:8 de \á maydr ittij 
pi^tíántÁ^. Segu'rréihod el texto de 
este hábil viagero en sü larga exdui*. 
iion de deis mil millas que hizo á 
caMió ton tii^a rapidez que no es 
dádk áiúór á quien ha recibido dé la* 
nktiiráleza el priiile¿ió de una f a- 
hftd^ ^utñaímente robusta y dé una 
¿éthridad incfailsable* 

lias PampAts-don nntm llanura» 
fié éé extienden déá!é el Rio ó» 
h^imtá hasta tosí Andes. Bueño^l 
ÉMé, capital del antigud Tiféiná'. 
téf, ^ én la actualidad de la repúbli- 
(Aí árgélitiñ^, y Meildozía, qué és 
oftW ciudad fié esfh mirnno éstadoj 
He httlHtil' p'fdxima^nte á\úé íok 
étfSí&ítSfítíkéó pQ^tttv'ífcf estaíff Há-' 
fittMa^ iSítyít' Idii^fnd' 9e ' gtatniá * w 
trescientas cincNÍéMá á cMRNMéÉ^ 
taé leguas, y qo»«Q«pan mas terre- 



no que las mas grandes monarquías 
de la Europa centrdl. 

Estas Ilanuifas están ¿ubiertas 
prlncipalmeute de yerbas y de car- 
dos. Las sendas que las atraviesan 
son tan poco frecuentadas, que ape* 
ñas son conocidas, y se ven corta- 
das por pantanos y arenales. En es- 
te pais tan pobre y de tan corta po» 
blacion, toda la riqueza consiste en 
ganado vacuno y caballar. 

El infatigable Gaucho (así es co 
mo se llama el habitante de origen 
español de las Pampas) se conside- 
ra muy feliz con tal que tenga su 
lazo. (*) No usa otra bebida sino 
agua, ni otro alimento sino un pe- 
dazo de vaca. Su única diversión 
es la caza de toros y caballos, 6 
de avestruces. Duerme por lo re- 
guiar al raso sin mas cama que la 
manta^de su caballo, sin mas abri- 
go para cubrirse que el ^poncho (es- 
pecie de casulla de paño burdo). Es- 
tá lleno de privaciones que no le son 
de modo alguna sensibles, porque 



f*) ¿áxoés ühd cuerda de cua- 
refnía^iáai^vdra9deflar¿ó, Id cml' 
éhróBM a^Uélfos fuMuMM tn la, 

á la dükmeia á que deania «Ketei 



oi4iu«i 6S i^ rajr«8r 



n0 copi^oe BM^ lireiie qwe fd 4e) «^n* 
saacio; y eon el ¿om do pódeme «|ti« 
señorear ppr aqüeUds bosquee y lla«i 
i)ur«9, que4aqatf«feo|i|^.tod^ m %m- 
bicion, 

. 4 poca di8taiu;ia de| iw^pPaqfir 
cp, se yen las Pi^ippas ooftadM pop 
\%9 cprdilleras de lee Andes» que fiv^ 
T^u ep aJgvín mqdo. la Golumni^ ver- 
tebral dp la Aipér^ca, 4^1 Sujt. l^ 
roayor IMura ^ae. se luU)a al Saie 
d^ dicba^ cordilleras tieQe 3QQ. te- 
guas de longitud, y se dividei e^ va- 
rias regkxaes, cUp^sy produccioqes 
diferentes. La pxio(iera xegíon que 
se baila al saUf da Buenos-Air^ y 
que se extiende haati^ 30 leguas, es- 
t4 cubierta de trébol y cardos; la 
segunda, que corre por una línea d^ 
50« puede consiiderfirfe como un in* 
menso prado cubi^tp ^, yejrba; y 
la tercera, que alcanssa. kaata he 
faldas de li^ cordiilerai &mfL un 
l^osque interminable. 

Estas dos últimas prejsentai^ todo 
e) año la misma vista, sin noas di^ 
renpiaquelas ropdifioaoionee gn^- 
dqales que sufren sits ptoduecioiBes 
naturales* Gn invierno ae hjEillaQ los 
cardos y el tr^l $n la nk$j9X k»Wr 
nfji^ y gfiece^uii^paato abandenfie al 
ganadp- Desaparece en k^ priii{iaveva 
iVqueUa yeífcjB, y 1^ gUa^ q«a le/s^, 
l^viyjipsidp ^Qa v^;eM^^ M'^vú 
gorosa, que se presentí^ ^ la, visUk 

En monee da «]^ hM a^.e^inbúv 

ttWtl^ll^ ll^a^w— fM ||M »l|m|)ftl iW 

carde^ea flor, euyo lalloaeebv% 



b«ft«díeas i>doe9 F^ Tedwiilir 
seo^a eet^ entóace8^)bstiniidMb y 
oadllIR pwede vev, ni aunkiaanú. 
matea de que-está oubíeMo* afudh 
and»: diehos tallos sen lan fuétt^ 
tan eapesoa y de puntas tan agudas» 
qnefiman unabanmn impeneiM« 
Ue» Háeia la mitad del vemna, en«' 
piaban loa cardos 4 petdei aa jaga 
y su verdor: ae doblan auseabacas^ 
se mavehitan sua ho^ j b^b tallón 
tetnan un eelor negruzco; la violaní» 
cia de los hoiaoanes bs dwriba por 
el auelQ* y sobre su deacompoeioion; 
vaelw á repreducirae sn germen en. 
el inívíesno» 
, {«A. sQgVAda región oflrece un paav 
to de 100 legiia% es decir, teda am 
eaftenslon, sin que se encuentnn en 
parta alguna yerbas maléfioas. Lar 
región que est4 cubierta de bes q aei > 
no ea menas qaagníflca: l^s^rbolet 
que oroeon en eHa tienen pojr le le* 
guiar una aimetrfa natafal tan ar«» 
reglada, que se puede cruzar par h^- 
dea partea á caballo. 

Eil estos paíaea nunca salen Ion 
FÍea da su canee, y las pvodocoio* 
naa^l auelo están distnbnidasdn 
unmodo tan admirable que atan 
cttbiáeaa derapenie de nldeaoí y ltt« 

mafttjrattajfO que ei de poner ep latios 
m wvgttW pi!$p«ra9H>i»»ln|HK(ym 
dff ««rinm BíBcp^ajúa, jfm^AHBoth 
sistencia. 

Los.pBÍmwef ej«rcioioa d4 Qeu« 
ektvnue desda sus man timini^ffiftirn 



06 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



pieles de toro stispeiididas porlae 
cuatro puntas con correas de ene- 
ro: todos los jaegos de su infimeia 
están calcúkdos para imprimirle 
agilidad y'roboBtez* A los cuatro 
anoíB monta ya i. cabajlo con su- 
perior destreza, y ayuda á sus pa« 
dres á llegar el ganado ai pasto* 
Cuando alguna de sus reses se sepa- 
xa del rebaño, se lanza en su seguí* 
miento y la haeie volver á latigazos. 
En su adb]escencia.ss ejercita en la 
casa del avestruz, del león, del tigre, 
y del gamo. Su ocupación díairia es 
la de enlazar el ganado, errante y 
domar caballos, ocurriendo algunas 
veces que llega á reventar dos 6 
tres de ellos eii un solo dia. 
' Como se alimenta tan solo de car- 
ne y de agua, BU constitución se en- 
durece en las mas ásperas fatigas, 
f le penbite recorrer inmensas dis- 
tancias. Orgulloso con una libertad 
é independencia sin limites, sus sen- 
timientos, aunque groseros 6 incul- 
tos, son nobles y generosos. Persua- 
dido dé que toda la dignidad del 
hombre consisfe en correr Kbremen- 
ie por los anchurosos campos sobre 
an caballo fogoso, poco aprecio ha- 
ce éti los beneficios de la civiliza- 
ción; éimbuido en estos errore8,con- 
stdera como el dmbolo do la barba- 
rte todoesfuerzo que ^p1üi)ue el hom- 
bre para -temo ver las «itrafias de la 
tierra. 

Se atkbuye al OátlcAio k indo- 
leneía como ún'Éíjgno •distintivo dé 
sa eafiáct»r:#s vetdad- qae al «n. 
ferar ^«vsú-cboaa.^fls^.le halla eco 



los brazos cruzados: queesta dioza 
parece una pocilga: que viviendo 
bajomn cielo tan hermoso* carece 
de legumbres y de frutas: que ha- 
Dándose en medio de tanto ganado, 
le falta á veces la leche; y que des. 
conoce totalmente el pan, siendo así 
que todas estas ventajas pedia pro- 
porcionárselas con muy pocas horas 
de trabajo; pero si se examina él 
Graucho en di curso de sos expedi- 
dones, no podrá menos de admirar- 
se su firmeza y decisión en resistir 
tantas fatigas. 

Es verdad que no tiene lujo, pero 
tampoco tiene necesidades. Habi- 
tuado á vivir al aire libre, y á dor- 
mir sobre el mondo suelo, no conci- 
be que pueda haber ventaja alguna 
en agrandar y embellecer su choza. 
Teniendo una buena silla y buenas 
espuelas, ya no sabe que hacer de 
todos los bienes que pudiera propor- 
cionarse con sus cuidados económi- 
cos y con su perseverante indus- 
tria. En una palabra, está contento 
con su suerte; y si se ponen en pa- 
ralelo los inconvenientes de ks refi- 
naciones del lujo en los paises coi- 
tos con la cahna patriarcaly con 
la tranquilidad de ánimo que dis- 
fruta el Oaodio en medio de las 
privaciones propias de su vida tos- 
ca y semi-salvage, el severo filósofo 
se verá tal vez perplejo mi resolver 
esta cuestión. 

El carácter del Oancho es rece 
mendaUe, sefialadamente por su 
hoÉpitafidad: recibe á todo viagero 
con tal agrado * y dignidad, que no 



> 



DURIO DE LOS NIÑO& 



57 



podría Mperarae de modo algonoi al 
yor el aspeoto mieerable de su choza. 
Al momento que entra un forastero 
90 levanta de au atiento, que por lo 
regular es la cabeza muy dieecada 
d^ un caballo^ y se lo ofrece con ta- 
les instancias y redoblados cumplí- 
mientes, que es preeiao aceptarlo. 
Es asimisaio de admirar la gracia 
y dignidad con que se quita el som« 
brero cuando entra alguno en aque- 
lla cabaSa que no tiene mas abertu. 
ra que la puertgtyquela forma una 
piel de buey. 

La línea que cruza estas Pampas 
desde Buenoa. Aires á Chile está es. 
caloñada por cabanas, llamadas ca- 
sas de poetas^ i la distancia pró- 
xima de 20 milles una de otra* 
Loa (micos carruages que pueden re^ 
•ietir este camino están suspendidos 
sobre^opandaa dé cuero: el tiro de 
Jos mismos, las ruedas, los rayos y 
eun las llantas están guarnecidas de 
cuero, que. se aplica cuando está 
mojado, y que de tal modo aprieta 
tas piezas al secarsDt que van mas 
seguras, que con la mejor clavazón. 

Aunque el camino está cortado 
por ríos, arroyos y pantanos, no 
por eso deja de seguir adelante el 
Tiagero; todo lo supera el vigor de 
los caballos y la destreza de los con- 
ductores» Es verdad que los arneses 
de dichos caballos están perfecta- 
mente arregladoB para un servicio 
tan penoso; sus tiros son de una so. 
la pieza y van prendidos á la siUa: 
paxa poner ó quitar los caballos del 
onrfwigB no tienen mu qne^ngan- 



char 6 desenganchar dicho tiro^ 
cuya operación se hace con la ma- 
yor rapidez. En ninguna parte as 
corre tanto como en este pais, por* 
que en ninguna parte semiraeott 
mas desprecio la pérdida de un ea- 
balloi el cual se reemplaza en d acto 
en aquellos inmensos prailos} y a8Í4 
mismo porque en ningún otro pais 
podrán hallarse gínetes mas diestros 
y mas esperimentados. 

Las postas se hallan estaUecidaa 
á la distanciado unas 20 millas, se- 
gún hemos indicado^ y aun á veces 
algo masléjos; y como no sería posi» 
ble recorrer tanta distancia con 
igual vdocidad, se suelen hallar rele- 
vos intermedios. Para hacer este lar- 
go Tiage, se toma un guia ó correo 
entre los habitantes que están desti- 
nados á este oficio, los cuales van por 
delante para prevenir loe relevos y 
evitar dilaciones y pérdidas de tiem- 
po; pero el mejor modo de viajar es 
á caballo, si bien es preciso para es- 
te ejercicio estar dotado de mucho 
vigor y firmeza, y saberse acomodar 
á las penalidades que son inheren- 
tes á este modo de correr la posta, 
cuales son las de dormir en el sue* 
lo, y vivir de carne y agua. 

Los ladrones, de que está infesta* 
do el pais, y que se hallan conti- 
nuamente en acecho, obligan al via- 
gero'á que ande armado. Deben te« 
merse asimismo los indios, que lle- 
van una vida errante y salvage: sti 
encuentro es muy peligroso, porque 
recorren el pais en gruesas parti. 
das, y degiMlan sin piedad á Tos 
8 



&8 



DIARIO DE LOS "NIÑOSs 



;ríágeros; pero causan todaria^fiaa- 
^'ores quebrantos al que corre la 
posta los agujeros abiertos en el ter- 
reno por los biacachos, en los cuales 
tropiezan los caballos & cada paso. 
. Los hiscackoB son una especie de 
conejos que núnan la tierra, del mis- 
mo modo que estos en «todas direc- 
ciones: muchos caballos se desgra* 
Clin poniendo el pié en dichos agu« 
jeros, si bien.es tan delicado su ins- 
tinto que» kuo corriendo en la oscu- 
ridad, saben esquivark» saltando á 
derecha ó á izquierda y hacieíido á 
yeces pasos retrógrados. 
, \jo9hiscach08 no se ven de dié; 
roas apenas se ha retirado el sol del 
hnrizontev empiezan á salir dé sus 
madrigueras. 

Cuando el viento agita en tiempo 
de verano las flexibles cimas del ver. 
de césped quQ cubre las inmenáas 
sabanas de las provincias de S* 
Luis, de Córdoba y de Santa Fe, y 
que el sol las matiza con las tintas 
mas variadas, inspira esta escena 
la mas grata contemplación. Nin- 
guna habitación, ninguna criatura 
humana turba el silencio de aqu^la 
soledad, escepto algún Gáftcho, que 
de vez ^n cuando, la atraviesa mon. 
tado en su ligero caballo, y que pa- 
rece que se traga la tierra: su |M)fi- 
cio encarnado, que flota sobre su es* 
palda á discreción, del viento, y las 
Jjolas que lleva al rededor de su ca- 
^za, formando una especie de 00* 
roña, le dan un aspecto el mas impe* 
nente. Luego que ve al avestruz, eiN 
ya c^za es su diversión utas &voi^tií| 



se arroja sobre él: este animal huye^ 
llevando siempre erguido su magní- 
fico cuello; pero 'la distancia que 
los separa disminuye pot momen- 
tos. Ya el Gaucho se ha párdido de 
vista, cuando todavía se divisa ht 
cabeza del ave^ruz como una-coj 
Iwnna en-iúedio del desí^rtof pero 
como el cazador no tropiece con las 
trampas de lo^'5f«cacA(;«, conduye 
por rendirlo. 

Ptera qué el público pueda tenei^ 
una idea del ingenio y costumbres 
de los Gaucho^, reproduciremos las 
siguientes ocurrencias referidas por 
el señor Heád. „HaIlándo8e un dia 
en las Pampaa de S. Luis, «ntré «n 
una larga conversación conrmi pos- 
tillón, qu&m« dejó pleAainente con- 
vencido de que en medio de su vida 
8emi.8alvage, no carecian aquellas 
gentes de elevados sentimientos. Yo 
le dije que el gobierno de Mendoza 
habia enviado tropas para restable- 
cer al gobernador de S. Juan, que 
habia sido depuesto por on inoyi» 
miento revolucicmario. Indignado d 
Gavcho por tal intervención, dio lo 
mejor que le filé posible sos razones 
para demostrar que la provincia d^ 
S. Juan 01*8:. tan libre como la d^ 
Mendoaa'enlaeleccibn de^sgefesí 
y que Mendosa nó>t^iadere¿ho dé 
imponerle los qué no ftfesendfi lii 
aprobación del pueblo. • 

Al hablarle del estado de S. Luis» 
me confesó que jamas habia estado 
en aquella provincia; y supe ent^n** 
ees que, habiendo na^do en una 
dKoa contigua; k la éasv-de postas^ 



I^AJUO DE >LOS. VíÑQSl.\ 



6^.. 



i)^.bfib¡|b yistp poehla algiino, ni al* 
ófií^f ni mas país que i^queUa Uanu- 
lyt ppr la que.aatti^aioos QorrieiMia. 
La prcigHiité au edad» y roe contestó 
que np'la sabia. Ci^^i esei^ada ha- 
cerle ulteriores preguntas; pero no 
dejé dcí e^tradar que un bqinbre tan 
idiota pudiem estar dotado de . iina 
^nomía tan distinguida» y de ,un 
oará^ler tan pronunciado, 

HaJbia quedado absorto por un mo- 
qiento^en mis meditaciones» cuan- 
do derepeote me dijo que teníamos 
un .león cerca de nosotros» y en 
prueba de ello me enseñó una ban- 
dada de buitres que parecia se esta- 
ban meciendo en el aire esperando 
Ips cestos de alguna presa. Descu- 
brimos, bien pronto en efecto ras- 
tros de sangre. ¿Habrá sido asesi- 
nada alguna persona en este sitio? 
. —No» me contestó el Gaucho: ¿no 
vé vd. las huellas do un hombre é 
indicios de haber caído del caballo, 
de haberse roto el bocado» y de que 
en tanto que lo componía» el ani- 
mal» que se había lastimado la bo« 
ca» había derramado su sangre? 
' -^Masbien creo yo que será la de 
«n hombre 4)ue habrá sido herido. 

— Nada de eso, me replicó el Gau» 
cho: mire yd. las huellas del caba- 
llo; se ve bien que echó á coxiret á 
gran gatepe.^^ 

Los Oauchot no son menos habí, 
les que el zadíx para descifrar las 
huellas de los caballos; por ellas juz. 
gan si el animal corría solo ó con- 
guíete» si llevaba alguna <3arga».si 
estofaft pKtntado ppr jóvenes ó .por 



vi€^ por niños .ó jpoi?. (brastf^os ; 
po^. iamilia];í^dos con lo agujeros. ^ 
de J9s bisci^phois* 

Caballos y búfalos; son laados^ . 
p^i^ de animales que se hallan en 
las Pampas ei| , todas direcciones* , 
Aquí se ye un esqueleto comple- . 
to» allá una cabeza que sirve de., 
asiento'» mas adelante veinte ó treín-^^ 
ta condorea que so disputan los pe- , 
dazoa de su carne palpitante. 

Las muger^ de este país nada 
tienen qup hacera absolunoente. ¡Qué 
hermosura para ciertas perscMayis ' 
deaidiosas! IjSes sabanas en las que . 
viven les i^gan hasta los placeles 
del paseo; van muy rara vez á ea- 
ballo, y viven de continuo en la in- 
dokncífi é inacción. Sus ideas rao* • 
rales too son de la mayor severidad: 
alomónos tuvo motivo para juz- 
garlo así el TÍagero Head, Habien- 
do encontrado» dice, unamuger que 
daba de mamar á un hermoso mu- 
chacho» le pregunté quién era su 
padre? y me contestó: »,gn¿6i sahe.^^ 

La religión de las pxovineias de la 
Plata es la- católica; pero las cere- 
monias del culto se diferencian se« 
gui) las localidades. Cuat\do el Gait- 
che se. quiere casar» coge en grupa 
á la novia» y después de haber cor- 
rido juntos dos ó tres días» la lleva, 
á la iglesia mas inmediata. 

Ss muy curioso el modo y la 
prontitud con que el Gaucho sabe 
domar los animales y. hacerlos ser- 
vlir^Y^Ql <L<^to- Como todo el que via- 
ja en coche envía por delante un cor- 
iseo á fin dp ..qiie dé aviso en todos 



DIABIO fifi LOS NrilOB. 



Idt rékvM para qiie eafén prontos 
loi eatmUoí» ya que no es eoetam* 
bre de tenerlos en la caballeriza, si* 
no cogerios de los que van errentes 
por el campo, salen para esta ope* 
ración tres é cuatro Chtttchoir lino 
de ellos se interna en la uiadada y * 
enlaza el potro mas robusto, y ayu- 
dado por sus compañeros, lo derriba 
ai suelo, le corta la crin y la cola, 
le planta la silla con toda seguridad 
y firmeza, monta con sos grandes 
espuelas, da una carrera á escape, 
lo Tuelve mobínoy pacífico, y en^ 
acto mismo lo pega á las barras del 
carraage. En menos de um hora se 
doman hasta doce caballos, aunque 
todos ellos manifiesten so fogosidad 
y su rebeldía, recurriendo á todos 
los esfuerzos que son propíos de Ios- 
animales cerreros; mas todo es inú- 
til; se ven precisados á ceder muy 
pronto á la dura mano del domador. 

' Los caballos de las Pampas, aun- 
cpe mas fuertes, se parecen á la ra- 
za común de ios españoles: su color 
es muy variado, pero la mayor par* 
te de ellos son bayos. Aunque al 
tiempo de ensillarse suelen tirar mu- 
chas coces, sin embargo no son fal- 
sos, ni tienen resabios viciosos, por- 
que desde el momento en que quedan 
enfrenados, puede montarlos aunque 
sea un niño; sí bien se debe tener 
cuidado de montar con ligereza^ y 
de soltar la brida en el acto de apear- 
se, porque, no siendo así» se corre 
mucho peligro de que se encabrite 
el animal. 

- El sd de hs Pampas produce en 



tiempo de iwraao un isfecto tttraor*- 
dinario sobre las penonasqttetfto' 
están habituadas ¿ sas rigorfls: sa- 
encuentra un grande alivio corneft* 
do á gran galope, como que se ftgí« 
ta el airé con la misma iridéaéia' 
con que lo hiende d caballo. En <9*' 
tas liamiras inmen8a%.en que na hay 
una sombra que proteja al viagaro, . 
no puede sospendwr la; carrera na* 
instante, porque por poco que estu- 
viera parado, lo sofocarla A calor.' 
No sucede lo mismo á los caballos, 
los ciíales llegan á rendirse de modo' 
que no darían un paso si no se les 
clavaseis homkmenté en sus híjares 
las gigantescas espudas del Crottdb. 

Sin embargo de que el paso de es- 
tos onimales es veloz por su natu- 
raleza, y sin embai;go de su dureza 
y resistencia, hay dias en que se en- 
calman, y en que, ni aun rasgándo- 
les la barriga, se les hace salir dé 
una carrera muy pausada; y en tal 
caso no hay mas recurso que el de 
abandonarlos y echar el lazo á otro 
animal, si bien á veces cuesta algún 
trabajo porque ya están muy escar-^ 
mentados, y suelen echar á correr 
á largas distancias, particularmente 
cuando ven venirlos caballos de los 
viageros tan nidúnos y tan can-* 
sados. 

Aunque al llegar estos animales al 
relevo les corre copiosameato la san- 
gre de los hijares,.y están tan inun- 
dados de sudor, que aadiria que aca- 
ban de cruzar un rio, con toéo^ ea 
taDr0buetasiioonslila«iott,quewni* 
oa ezperimentaii 



DIARIO SE LOS Nl&OSi 



ei 



maeionet ni olms«BfemMíl«d«it pe* 

fo los que han prestado una vez esta 
clase da penoso senrieio, es muy di* 
ficU Tolverios á arrancar de la ma* 
nada; tales son las mañas de que se 
▼alen para no volver á caer en el 
lazo. 

Los indios, que son los qve íbr* 
man una parte de la población de 
las Pampas, profesan un odio irre- 
conciliable á los Gauchag: aquellos 
pasan también su vida á caballo, y 
desafian los rigores de un diroa 
abrasador en verano y helado en 
invierno* Constitnidosen un estado 
de independencia absoluta, están di* 
vididos en varias tribus, cada una 
de las cuates la manda un cacique, 
y fija su ambulante residencia en 
los puntos en que es el pasto mas 
abundante, y la muda cuando ya sus 
caballos lo han consumido. 

Privados de pan, de frutas y de 
legumbres, se alimentan los indios 
de la carne de caballo, y uno de sus 
objetos de lujo consiste en teñir su 
cabello en su sangre. La guerra es 
ht única ocupación de estos centau- 
ros modernos, y reputan por actitud 
la mas noble la de sus gucnreros 
cuando lanzan su caballo contra el 
enemigo. Su arma principal es una 
daga de diez y Ocho pies de largo 
que arrojan con mucha destreza, y 
cuya vibración es tan fuerte, que 
ha hecho caer mnohas veces lá es- 
pada de las manos de los soidadM 



Bl uso ootttino ds^moftlav i dft^ 
haBo desde jo mas licnia infimcia, 



les ha debilitado y eolorpeoido lae 
piernas de tal'modo, que no puedes 
andar á pió ai aun lae mas cortas 
distancias. Su sietema miUtar es tan 
perfecto en su dase» oomo d de cual* 
qftiera otro pueUo culto. Para en- 
trar en campada reúnen un núme- 
ro considerable decaballosy montan* 
do en la marcha los monos briosos, 
y reservando los mejores para el 
momento dd combate, al cual se lan- 
aoan á gran galope con estrepitosa 
gritería. A este mismo sistema, que 
(uó el que adoptaron los árabes en 
sos irrapcíones, se debió d que se 
hubieran apoderado de una tercera 
parte del mundo conocido. 

Los Gaueho$ se reconocen infe- 
rieres á los indios, porque estos tie- 
nen mejores caballos y saben exci- 
tarlos mejor con lo voz y aun con 
d movimionto de su cuerpo. Mo- 
chas veces montan en pelo y sin bri- 
da, y corren con la misma eeieridad 
Y firmeza, cad pegados á la barri- 
ga de sus caballos; y en esta posi- 
don casi invulnerable, suelen hacer 
estragos sobre sus enemigos, y los 
aterran con sos desatoradas voces 
de guerra. 

Llega é tal extremo su odio con- 
tmlos ChtuehoBf que algunas de sus 
éseursionoÉ no tienen roas objetó 
(foe d de cebarse en éu sangre. Loe 
Gbtidito» pef Mi pftvté hacen l5 mis- 
mo, ptaee M dan euárid á ninguno 
de ens eneaigeir 

Segnviavelacieb defsersoüakqne 
han vírido muchos safios en anedie 
de éstas tribus salvages, so dslema 



62 



DURIO DE. LOS NIÑDS¿ 



religioso es muy complicado. Creen 
en el genio del mal 7 del bien, é in- 
▼ocan á ambos en sus necesidades- 
Si uno de ellos sucumbe á una muer- 
te prematura, lo que sucede muy ra- 
ra vez, se figuran que es por influen- 
cia del genio del mai, provocada por 
algún enemigo particular; y en es- 
tos casos se reúnen para descubrir 
el autor de aquel maleficio, y juran 
vengarse de él. Estas querellas in- 
testinas tienen funestas consecuei|. 
cias» como que mucbas veces so^ 
causa de arraigarse la discordia enl 
iré aquellas tribus, y de malograr- 
se las empresas guerreras mas bien 
combinadas. 

Como sus goces principales se re- 
ducen á correr y cazar,' creen que 
á su muerte pasarán á otra vida ea 
que diafrutarán perpetuamente de 
tateis placeres; -bbí es que cuando re- 
corren por la nocbe aquellas desier- 
tas Hanaras con la lanza enristrada, 
se les figura que ven en las conste- 
laciones, del mismo modo que los 
corepañcfvQS de Fingal y de Ossian, 
la imagen; de sus abuelos montados 
en unos caballos m^ ligeros que el 
viento, y que persiguen al avestruz 
sobre el azulado horizonte. 
; J'ienen por costumbre quemar SUS 
muiírtos, y sacrificar en su tumba 
los* ipejoies caballos. -Sus*eeremo- 
tién ¿ffupoial^ son .mi^jr-s^iQiHaf; 

desaparecido del bmsMutef tmcaii 
aepaiajr^Bnsd weid; 'é los dos noiSos 
em ia cabeza 'vuelta, hacía el oriei»^ 
te,' kiego los cubren con una piel de 



cab^Uo; y permanecen .en aquella 
posición hasta que el nuevo sol Ue*. 
ga ¿ bajarles su semblante, y en- 
tonces queda proclamado su matri- 
monio. 

Estos salvages, del mismo modo 
que los de la América del Norte» 
gustan mucho de licores fuertes. 
Cuando están en paz con Mendoza 
ó con las provincias limítrofes, Isa 
llevan pieles de avestruz y cueros 
de buey y de caballo, que truecan 
por cuchillería, espuelas, azúcar, li* 
cores fermentados, mate, dcc. A su 
llegada al mercado, depositan sus 
armas en. poder de. su cacique, pre^* 
viendo que sus profiísas libaci<jne8 
han de concluir en tragedia, como 
sucede por lo regular, pero sin fata- 
les resultados, pues es muy raro el 
dia en que no haya encarnizadas 
peleas con «us puños y con susdien* 
tes á falta do otros mortíferos ins- 
trumentos. Cuando sienten ya per- 
turbada la. cabeza, tienen la son- 
sata precaución de diferir sus cam- 
bios para el dia siguieotei porqui^ 
dicen que no se pueden defender 
bien los intereses cuando el alma no 
está jen todo su vigor. 
' Para dar una idea de la ferocidad 
de estos indios^ sin embargo del ro* 
ce 4)oe tienen de vez en cuando con 
los europeos^ citaremos la siguiente 
bisaría qqe el aeñc^ Head oye re- 
ferir á uno de sus guias en su tra« 
f^^ d0 IM K^n»p««« ! 

„Me hallaba, dice el señor Headi 
enreloMiiro'jdiiiiiqttel stleneiosQ de- 
síérto'eon ns-solo guia, que era M 



DIARIO DE LC» NIÑOS, 



08 



\ 



jófen Skmeho de unos quince. afídi 
de edad, que había nacido en las 
mismas Uanaras. He aqaí, rae dijo 
enseñándome una ehoza arruiuadaf 
una habitación que pertenecia á mi 
tia; dos añoa habirá que yo me ha- 
llaba allí con ella y con tres primos 
mios. Bstábaoios hablando tranqui- 
lamente, cuando un muchacho^ que 
Tenía de la posta inmediata^ atra^ 
veso el camino á escape gritando: 
„Lo8Índio8f losindiosr Salgo en 
el instante, los veo que corren hacia 
la choza desnudos y armados de lar- 
gas lanzas, dandTolfa&tiUeS'' grijos^ 
con la mano izquierda puesta en lá 
boca, capaces de aterrar a^ universo. 
Veo tfasKaJnáioa enfrenados^ aun* 
que sin silla, monto de repente en 
uno de ellos y echo á correr; uno de 
mis primos cogió el otro 6 imitó mi 
egemplo; pero á muy poco tiempo 
de haber principiado su fugarse vol- 
vió para su choza con la idea de fa- 
vorecer á su madre; mas ya estalla 
aquella bloqueada por los indios^ y 
mis primos se hallaban étñpeñados 
en defenderla con el cuchillo en 
mano. ' 

Una partida de dichos* indios se 
dirigió contra mf, y me persiguió 
cerca de una milla; pero come mi 
caballo era muy ligero, pude butlár- 
me de ellos. A los dos días se mar* 
charon, y cuando volvi á la cabana 
estaba ya incendiada; al travescde 
aquellos escombros reconocí el ea&- < 
ver de mi tia, á la que 8e,veíalqtte la 
habían cortado un pié y «mncádo 
la lengua, que luego observé hábia* 



sido clavada en ano de loa .postea 
contiguos. Sus tres hijos se bailaban 
tendidoa á la entrada de la puertut 
desnudos y cubiertos de heridas." 

Parece que loa indios. de las Pam- 
pas atacan i loa cristianos (asi es 
como ellos llaman á los Gauchos) 
por dos objetos, á saber: por robar- 
les el ganado y por degoltorloe^ y las 
mas de las veces por e) solo placer 
de bañarse en su sangre. Sus mas 
furiosos ataques son de noche; de 
dia suelen permanecer ocultos deba- 
jo de la barriga de sus caballos, de 
modo qifé ^ V€ti ^ iiquelias inmen- 
sas llanuras y á muy largas distan- 
CfianiSStOS caballos guerreros que pa- 
ifc te s iiu to i gastando en av completa 
libertad. 

AI acercarse por la soche á las 
habitaciones, dan horribles gritos, 
forman con sus manos una especie 
de bocina; y estos gritos de muerte 
no cesan en tanto que duran sus san- 
grientas operaciones. ¡Qué situa- 
ción mas lidnible para una familia 
que *al déísperti^se con la gritería 
del enemigo y ' cbW los ladridos de 
los perros, ve iiíeendiada su choza, 
que es 1^ primero \\xé hacen dichos 
indios! Tod^'Se pd^en en la defen- 
siva; pero ¿eolito isalvarse délas lan- 
zas de aquellos caribes? Los hom- 
bres caen beridos, y sus vestidos sir- 
ven de trófóo ab enemigo; los tiernos 
niños son atravesados con igual fe- 
rocidad yáttspeádidosen la punta 
A sus lanaas*. . ^^^r 
. : E» cliantoülaif iiugeres, son con- 
á-ltt hogtibra, excepto la» 



64 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



mas hermosa, porque la Juvetitud y 
la hermosura son siempre respeta- 
das aun por el saiva^ mas encalle- 
cido en la crueldad. Estas mugares 
que son arrebatadas por los indios 
4 distantes países, se ven precisadas 
á adoptar la vida errante de sus rap* 
tores: algunas de los mismas, á imi- 
tación de las Sabinas, llegan á aco- 
modarse de tal modo d la dependen- 



cia de BUS nuevos dueños» que no kM 
abandonan aunque se les hagan las 
ofertas mas halagüeña^ como ha 
ocurrido algunas veces en el cuito 
de las espediciones de losegércitos 
espafioles; b cual probaría que es 
muy poca la diferencia que corre 
del grado da ciTÍlisacion en que se 
hallan los Gauehos con los mismos 
indios» 



El SEPÜlCRa BE uní UUl 



TmKmhemuj clicr cntrettenr d'wae dmilenr 

{lauámtuxr. Hormón. 1. 3. Hormón. 7.) 



I. 

BA la noche ; con fragor violento 
Las playas azotaba A ronco nuuv 
T en- los pinos zumbaba el sordo viento 
Cual lejano tumulto popular. 

De opacos nubarrones denso manto . 
Velaba de la luna el resplandor, 
Y el trueno rebramando, nuevo espanto 
De la noche anadia al ciego horror. 

Con precito ademan, despavorida 
VagabaL yo en negra obscuridad, 
Al primer homicida parecido 
Huyendo del lugar de su maldad. 

Erizado el cabdlo de mi frente^ 
Convube de lee téná el latir, 
Al cielo os6 mi labio deUneoente 
Coo satáñicft nfaia maldectf. 



BÜLllIO ^ LOB {flf^dt^. 



W 



Ddfiittte' milétígiii blmtf^iná, ^^ 

T el sangriento ipttñtil "wttttor mi pecho 
* Riteéiiea te túxoo diMg¡ú:< 

Máá al bfitbdir el hi^rh^ aiiiéida y ' 
De flúMto tétfiniimgo á fat la^ 
Yi sobie hamiMe túmiílQr erigida» 
Per' jrel{j|io8a' 'mano tosca eroz; 

Irma jóvén que lloroéo al sumo deto ' 
Invocaíido' con fórvida oración ^ ' 

Al IWre de ieifligidbs, ün consuelo 
' Fedia éd: sb Quebranto y afiicoión.''' ' 

Hirió mi pecbó bu dolor ágodó'; ;' ; 
Detúvose á sii Voz mílnéiértd pi6^ ' 
T entre los 'aSbúB )Sé aqAilon 'sañudo 
9áM' dohtrfdos'áyds escuché. ; ' ^ 

i /y .;.," . . ¡ . •• • "'"' ' • < - ' -' 

,; ||...- . ;. ; , • .- lA 

»iTaca^tí<i, Ifodn^ 4» Itr^lmaba firiai;. ., 
En la angosta; iDaHsiORi y en mía ^Um ' • 
No suena jr^M^ourifüesonar solia 

El eco d0 ta'>lr«N^! 
. t'«l[^MMy.eii)vp9M>(i(itftng«MMa «oeMlx 
Mil y umI' linóes .te'tdoradoiiQlDlsrer^:^ 
Repite enilgrti>¿iiiiji >« aii hmeptgy .1 \ . 1/ 

hEu vano en jiQÍ.dcdpif ^^jrú^jjfppfpi»: 
Mi Toz rechaza^ciL m&iyppl, del.^pu|ifro«Ht^«. . f 

/Quién de|,ipÍ3,eíoB.4^!^K'^®fJU^ . ,» 
Enjuga¡r4 d^ ifqy ms^; , ; • * 

mD^ eetátt, dó est^ Ips dias de ventura. 
Que á tu kdo gocé T ^uñ^ta suerte I , \^ 
Solo pesair y llanto' y amargura 
Me cercan en reedort , 
mQuc de la muerte atroz la pknta hdada . 
Holló tufiehte, y al &orif d^aiito ^'' 
Eá ¿marga oríandiidabatidóriida 
Mi tierna juTentitd» 
,4Dó están los ojos qué en ud fiuf 



T. ni. 



Reflejftban sU'|az T^ (Dó, aqudlos laUos 7 
Que juntaba á loa mios tu alma Iledia . < 
^ • , Pe júbilo y placer? 
¿ D6 están ¡.ay Dios > . los cariñosos brasioe 
Que mis débiles miembros estfONchaban 
Con aelirio de amor ! Amados tazp«^. . - 1 
Ta jamas me ataréis I , ^ 

4 Dó esti aquel seno que feliz gua];i4a,-^ 
Nyeve meses me diera T ¿Pónde» |dón^ 
El pecho está* do la inocente vida .^., ,t 
, ' Con la leche bebí? •, . .. ¡; 
„Tacen } ay i sin acción : que ya np ;e^ita 
La voqsdel ipCortunio su alma p()b|^9.|:¡ 
-Ni al llanto del: dolor tierno palQit^ ,, fi 
, r ^u amable Q9rfuwa! „ ; . » y 
„Y tú, Dios.qüio, qqe en la tumba ,l^uiid¡|rts 
A la madre que amé, por quien vertiera 
La sangre de mis venas^ y pusiste 
Un mundo entre ella y yo ; 
nTCi' qá&dotf kofo eterno tíoronáiite - - 
Pe Mi alma sin manoilla la fe pura,''' - • 

Del huérfano infeliz que acá dejaste- ' "''^' 
Oye la -peClcionl > 
^ tú mi Mhee \6 Dio«r{/qtie al ds^féaoiado 



V 
'A 



:i. 



'l>v 



Tiendes- d Ivazo' protector, j kigfe 
Al sepulcro mi' «¡spMtii- angustiado ' 
Sin mánehft detminder. ^ 

WT dé te tdádreá la ceniasaiKá 
üntfite'iñi ceniza » Cual esturo' 
Mi existencia á lá'sujra' unida ún^diá 
£n BU sénó de amor. ' * 

fX qiando sueñe et imperioso acentp 
Que él polvo de la huesa rea^iime, ,',] 

T los montes ^raiíqué de su asiento 
, , , Del arcángel la voz t ^ . . 

„Dnido9 á la^vida yolverjSnjioa ,» ,„ ,y; jy 
Que nunca, tia,de ACivbiff.r.y«P,dulQ^J|^:i 
Las delicias unidpa .fozarémpa . : : • 



:;r. 



;:UT»9 



Pe. la Sací» Salen.' 



1 i^r 



DIARIO bb'lós mÑos: 



w 



in. 

Aflí dijffa el joven : reverente 
La toe^cru:^ del. túmulo besó t ^ 
T el éag/A del Señor su ruego ardiente .. . . 
Al trono dd Altíaimo Ilevó« , ^ 
. Y al reíonar en mi agitado |^hq ,, ;., 
E^ puro de amor y de vi^rtud %. . 
' Mí corazón e^ lágrimas deshecho 
Moderó su firenética inguietud ; 

Que también de una. ipt^^ cariñosa 
El alma tierna palpitó por, mí , 
T del sepulcro {a funejitalosa 
Sobre su yerta frente caer vi* 

Y entre escabiosas peSas olvidada 
Yace en la humilde tumba la muger » 
Que hijo un tiempo Uaméndome» eztasiada 
Me estrechaní en su seno de placer , 

Mióntras errante en eztrangero suelo 
A n^erced de un destino «ogaiador , 
No puedo i triste ! en mi profundo duelo 
Su túmulo adornar con una ñat\ 

^ tA ^ 



[Articulo prüttero*] 



&^ ffa&aoasDáxs)» 



«Á rosa de la aldea» el lirio del 
valle, y los demiu epitetos con: 
sagrados á las modestas beldades de 
h, naturáleísa campestre, designan 
sieüipre lá mas linda del lugar. Es- 
te titulo empero, requiere la poserion 



de otras dotes recomendables, por- 
que tos hombres que se dedican á lia 
vida agrícola se distinguen por un 
espiritu de justicia infinita, y ái^tes 
de colioedér'áis sufragios á la her- 
mosura, examinan las cualidades 



mf^ ««íi^ 



d6.||g0 



del conzon. La rosa 6 el lirio 
ben fler, pues» tan amables como 
graciosos; y para conq^iétít'éáttíB^ 
nombres necesita la belleza méÉieír' 
atractivos que virttnles. 

Agaeda Engelemann era Ujá úni- 
ca de Franz, rico hiollbiarb' Aéldis. ' 
trito deNecker, y mereciaí bajo to- 
dos aspectos la preeminencia' qtfe le' 
concedían á porfiasa8J6véiiés'«H>tn- 
pañeras. Su padre,^lfdón6mtco^6'in^' 
dustrioso, poseia ademas de '.W'iho^ 
Uno harinero que le produdií'TiMlr 
de lo necesario para su subsUtéMüá,'^ 
una hermosa casa, 4e la i)iié'iM)l^ 
ocupaba la mitad cota .éil''fhtililia;' 
habiendo res^vétdiK^dos'^pdfléMsi^ji 
que estaban al cuidado ée^iHl ttiiiger,' 
para hospedar, mediante «una grati^' 
ficacion equitativa, á iló« wimg&rm^ 
que la casualidad ió- el deseo <de üu^ 
mar aires condujese al váUSi. Tanto 
la casa como el molinq, estaban si- 
tuados en una del&iosa ¿empina re- 
gada por el Necker y ceñida por la 
cadena de montañas qi 
al Rhin. ¡Qpé perspectiva tan en< 



cantadora! j^Ptf ^|f W«f .co^tein^, 
pía la pobre Águeda con llorosos 
ojos las aguas espumosas del rMéo-: 
ker, perfecta imagen de los agitados 
dias que la esperaban! 

Diez y seis años tenia cuando co- 
noció el amor. Mas, ¿cómo hacer 
una fíeKp^iiitura de aquella jpter^ 

||f5S eranlar^^ s,u «ipt^, 

rá breve, y sus ojos brillantes, ador- 
na^os de largas pestañiif nQgiít3,qui9 



de sus miradast ¿No se ereerái sw 
que haya precisión de eepvesark», 
(jdé k ^UA k^ de las aldeanas 
Yb' AténnMa^á en parte se^ 
'lláfaídils^fbirilniflf de Silfidas? 

* 'i|ÑecetfiMnoi;ilfrtestigodeloque 
Vá!ertios,*43eóia^na vieja condesa; 
y'iástoy'HÍé'scéUéMÓ'con sa modo de 
pensar; IMl belldzb'debe reverberar 
en d coraión yetí' los ojos de loa 
^eiAas,ánttis é»- que ae adquiera el 
dMedMi def ékéií é^uie se posee. Vea- 
•lnoÉ^piiíee,'«ii AgUeda tuvo ocasión 
^ «t^ciaf «u^^llíiráosura. 

• Sm on'4ittide£esta, la del patrón 
^ del' distintt», y >hi pequeña iglesia de 

MíefbáMiHie'vetél Vsubierta de bañ- 
aras ^ ^lérdéftes,- con todo el lujo 
y elegante -MücBlez que permitían 
los* recursos de foe liabi tantea déla 
aldea. Los* fkijbsdcll^ maestro de es- 
cuela) Carlee y- C^ertrudis, amigos 
de Águeda desde la infancia, se ka« 
bian encargado de hacer las guir- 
naldas, distribuir las flores y arre- 
adornos de la iglesia, 
se entiende, salva la aprobación del 
;f4^gafii(^i4^!bbS[Ífí jf^.otras perso- 
ñas de consideración. Bien quería 
Gertrudis respetar las decisiones 
•de estos señores; pero Carlos se opu- 
so^ alegando que en materias de gus- 
tó, de nadie recibirla consejo sino de 
Águeda. El pobre mozo estaba ena- 
mf^rgdo de la hij^a de J^r|U|9^>r«éo» 
rab^ /spo toda la,^pce^da4'/^ 9» 
ea capas un aldeano, pero nwcia ha« 
bía osado dedarar-si^ paÁoiu j^^co^ 
rj9«onfe hallf^l]||Bri»pfinii4qí}P»i«BSa^ 
|ia,«uírir, uit tonipQt«^«ieia lpliiga« 






iíik»»mimvtíÑ»^ 



cai^iiiiA €6ÍKbiL8ii.fli .maiM diflírutBJC* 
9!Qi.I«jMt«(af¿im de y^^h|idJHi 
j6v^«iil9^^ 09Qiiiía tWMin^ina» 
que fin&^QBia^ j. lapuAli^iúi^^d qoue 

^1} gr ddicadt^za» Oerjrudisaiq íg4, 
iipraba'djfe9r9(oainQr'd? 80 bw- 

oes se equivocan .Vui,tmif 9^ *H^>^ 
eate fmto; «^ ^nt discreta» y ñas- 
ca liabló á Carlos ni á su amiga 
una palabra acerca de su descu- 
brimiento. 

Las jóvenes de la aMe«ibaai«a. 
trando en la igiesíif vestidas de ga* 
la« C0& sayas blancas y pelo trenza- 
do y tendido por las espaldas; lle<» 
vaban paffo^^a ^e Díyos co}p*sa» y 
cada ixtl¿^^íi^^k^ír/ií^i^^sa Ja 
mano d# wM y^ j B<i' | i<g q 8t6-isp la 
izquierda Bncfia||l^tt)8iM.4dmim- 
dores, los jóvé&^lÉís aesotípaiiiban 
hablando y ridnáo ^bn estrépito al 
acercarse ¿ las n^dresr, mttfrmaran. 
do á sus oídos (6¿Si|i8 fraees exaudo 
ofreeiafMF^Ilizo á lasque habían 
elegido sfflTcorazQiies mas bien que 
los fríos cálculos de las familias. 

Paréceme todavía estar viendo 
aquellas dichosas parejas» «. soriás 
unas ve6est tímidas 6 risuefías otrasi 
pasoarcp en la plaza de la aldea, en 
df^e^eayana me afanaba^ por des^ 
<^ii:.4|«|i.paaíe|ies y w sueoupa. 
Ign^iy^Á la misa que ^oa^lM^. d^^ 
oiriH 6 la 9«(isí<^ M^ ^Ü^. qiin dtv6 
qpsjlitodofMJ^eni ^g pp s jtia p iM i t ul : 



' niwiHi tedas las aaíaaaHiaiAlíaaa^kaiii 
UH üaniÍMÍanlii «de ülacarMtBHMlftda 
(H)fi ^ religMi». iintdfi ^I9;e9t|6m 
laiMlfthLu val fiua Mahtin la s rnatum t 

ibrefi|ialu4al^9pfi>cnarf , . j 
Por Iffi <íf4^ )uiti|o asMváf^A y M^ 
le en el molino de Franz* Tfidoi 
eri^^ difdiose?» j6 Uiiiónios,]9^ pjKfé. 
cian; c^iaiV:bailabw,,y,piwjá^ 
se , tMi aolo del momento fn^tf»^^ 
8eeiiilvegfb«Í94]|d tpdo il aquel con- 
tento tan frecuente en la patriarcal 
y sencilla Alemania. Sin embargo» 
mas de dos amantes, convencidos de 
que imi/Aeiieeoe porque estaban 
jmitM^ permanecían en la pradera 
jurándose fiddidad casi á las puer* 
iwfdei' la iglesia, mientras que sus 
padres, sonriéQdose de esperanza* 
celebrabim las ¿bcliftaeiónes naeien* 
'tes que les piométlaii verse rejuve- 
ñeeidos-'en breve. 

Cn cimnto á mí, aunque poseído 
áeadsa melaneohV^mfunda produ- 
cida por ma separación cruel, no 
hubiera querido por todo lo mas pre- 
cioso que encierra el mundo, anublar 
la felicidad que para aquellos honra- 
dos aldeanos unía lo futuro á lo pre* 
senté. Pero no tardé en conocer, ob- 
servando sus animados grupos, que 
allí había algunos corazones tan afli. 
gidos como el mío. La algazara del 
b^üe iKiánapiraba á A^yeda «k vi.' 
vaaidad oidisNuvís^ y:ii»ui Crd ^otar 
qye nunoaofe había fmaoido tan 
y desdMMaiH ^quépoéím». 
iSebaUbÉpcir 



tw 



DIARIO DB LOS NIÑOS;' 



^«ntiurft mía ea aqaetta-bulitcioia- 
Mmiim? ¿Qué acoataeiimeiH» fií* 
iMo hftbía turbado la fereiiidftd 4» 
a^pieMa alma taa pora, tan angelí* 
«a? ¿Y por qaé CárkM ae ioateiiia 
apenas apoyado á un árbol con los 
brazos cruzados sobre el pecho f 
ei sombrero encasquetad^ hastb los 
ojos? . ' 

* Quise penetrar, si podía, el secre* 
todo tanta triéteza, impulsado por^ 
nd movlÉii^o de compasión, y no 
Dor satisñtcer una curiosidad indis- 



creta: Bé-áquf lóiiue desde lüega 
conjéítti^. €&rlós bahía dedahido 
sú pasión á Águeda, y eHa la faabtá 
recibido con ingratitud. Sin duda el; 
inMií Cárióir süifria én aquél mb-- 
mentó un dolor que iV>mpe todas W 
cuerdas del corazón, ei dolor que' 
ocasiona el amor desgranado. Bití 
duda Águeda, sin conocer toda la 
ostensión del mat que causaba, ce- 
nocia que faabia afligido á Callos, y 
se afligía taníBienl 

(Oofritrimtrd.) 



SBDVA]^1I<9Ü<» 




ft» sbfmitíiuu 



\amo fapá mió, si quisiera Y.; 

[decía una joven de catoree 
É^quince afies á su padre que Ib ési 
tflsokaba^iaatsa su pecho y repiaCia 
sonriéndóse* • • • Y bien,* si yo qai^t 



siena* • • • triamos á paseái'nos hoy' 
d campo.-^lüf ucho tiemt>óhacé i^ue 
me promete Y. algunas InstrtÉcisio- 
iieeéobii^lwttiiíea, y hará un dta' 
tan Kerméeo! Taya, ip»V. miñatt^' 



PUIQQ 9B LO0 NlfkM; 



71 



moto mío asal; ao hay un «laiMu 
be; diga ¥•; tqjuíeral 

Mucb«M YQCCI8 hiDQios leoorridaloa 
ii^dedojea de F^U adonde irémop 
aliQira; veamo»» Teflaúoneinoa* • • • 
PodeoMNi. ijr A Gaifei; el dufño de 
palacip esemigir iiiio».eflta avfenle; 
pero^djurdíiieroiioa dará bmij gusr 
toso ]a U^ve .dri í]iverná<nil9qoe em 
cier^ Jai«a y arboit^ eitoao^sirea* 
Cocrióifaviiida á pooefpa m ancb^ 
ioiiibreí^ depi^pamübnaxM de ioe 
ardieB|tfBxi^ya|.49la9lf.y patrtíeroD. 

Un -coche de alquiler los ocmdtijo 
al Bonrgelv donde ambos se apearon, 
queriendo gooar de la hermosara 
dcd ewnopp; 4ÍYÍ8ason;4 BianeJIa* 
nil.fi ^ laanp der^cha^ 4Ui» dijo M« 
Rosoy 4 so bií»» tieostruyó una 
igiesiei Juan L Bsttí principe débil 
y dei|graoÍAdni <ioe,m«ri6 miuMeaUe* 
ipiníte ei|,Ingbt¡erFa9 deeia uuidiaá 
IqssoUadoa qne cantabaa la can* 
pionde Balando: ,iHey ya no se ven 
Bolandos entra* loefraiicesBs.'^ N0| 
respondió un capitán asÉcianOt pero 
preirto se reiiari ií hubiera al frente 
de eOos un Carll>maistie£ j «Mia ra- 
BOiH al valor del ge&baeieofarinado 
aiempra áloaaoUadoe. 
. JSablando asi».llQRarQn áGatrges, 
o^etP de'euipeeee.. EMa aldea» dijo 
M'!BoBegr.á'aa Mja» es rauy^lind: 
fue» yr rirrey -Sagoberfo. tenia' eñ, 
en . ella un p alabio* r S& refiere^ que 
nantando nn idialan Isa eano pan 
vohmasM iMdianirs la mnltüod-dd 
sos ooHesBBoa éobycetaqua seta. 
nagloriaba de improvisar en veno 
Utino sobre cualquiera objeto^ y pa- 



ra prebario le piumetió kie dos bbei 
yee atados & su* carro sí antes desau 
bir k flpintaba el poeta ^n verso lá 
aoeion que le vela hacer. El impro^ 
vísador dipo inmediatamente: 



Aseendat Dagoberh 

eíaUcr. 



b09 



Que suba Dagoberto, y ambos bue^ 
yes ganaré. 

£1 pabeio de Gargesqueallá aip. 
riba se v^ es magnifico} el furque 
es sobre todo admiraUe; es regado 
por.^l rio Crould que va á serpen^f 
tear en seguida en una pradera em^ 
belkqiija. por laberintoe de árhoievi 
boiiquecillos y piezas de escultura^ 
No se cansaba la niña de admirar 
el pi^isage delioiose que se ofrecía á 
su vista. No pudo su padre duráLU^v 
te algún tiempo llamar su atención 
sobre cosas serias; en fin» despueil 
de haber recorrido todo el parque^ 
se detuvo ante una planta encanta<i 
dora» cuyas flores rojea y delicadas 
no habían jamas sorprendido t^ YÍa¿ 
ta: se inclina k aifia para ezamú 
narla m^r, y to^ con jpano in« 
discreta una de las ramas; marchita* 
se al instante k flor. {O Dios mió! 
dijo ^Ua» papá, ¿qué os esto, una flor 
que paieoe tener sénaacioatr-Cs 
u»a sensitiva, rs^pondió W* Roaoyi 
Mttéi tu noi has oído hablar jamas de 
sata plantat»"Clveoque ai, pero- no 
uMiijguiabb que flflsM'tan aofpfon* 
(JMitfc jQhl p«»á, MpMqii— e V. k 

nña» wpiinr aH» fe aó—— drh 



n 



DUrBIO DK LOB WffOá 



natáadeau La.«BiiwtLva ei«M4 ^ 
altura ^ ouátro pies bajo la foma 
de un pequeSo arbusto; po£a Ua> 
mano, planta. Tiviénte, puesto que 
luego que ee toca, sea coa nna-vafa 
6 la mano, lo mas suavemente que 
pueda ser, sus hbjas delicadas se 
unen y se cierran, se marchitan y 
pennaneoen iqmóviles.hMta que se 
haya retirado la mano, imprudente; 
entonces vuelve á abrirse, y se des- 
plega ooo los suaves rayos del sol: 
eusaéo éste -se pone, cae y se eonsu¿ 
me» pttreoe que va ámdrir; pero con 
\á vuelta déla mafiana, cuando vúéÜ 
ve & aparecer tí sol, se reanima la 
flor y recibe ana nueva Vida, y cuan- 
tó mas brillalité estlet cielo, tanta 
mas frescuta tieUe. 

Esta especie de convulsión de la 
{Aantá es producida por los prínci- 
flids activos con que está formada; 
principios de una delicadeza tan 
grande^ que el menor sacudimiento 
dado á sus hojas las hace rarefacer- 
se 6 hincharse; de suerte que los hi. 
líUós 6 raices son forzados á alar- 
garse 6 disminuirse según la ih- 
fluencia magnética, pk>r decirlo así, 
que las agita* 

' La seasítí Ira ofioe orAnarñiBienA 
le en loa paises eáfides y bámédor, 
nía flores» qua son muy henaoeas, 
se f«iaea y foma» un ramUleté de 
na rojO'fnbido; á eada flor- sueedé 
vaina ^pm eboieríra 



ohloogas y aphHládas4 Algnoae :per« 
a6naé baA. pk^rtsndid^ (tai^;soÍD'el 
eontaOhadd^daéa^ naa ufe aii« 
«lamí ■MMibilidaili^ pesa Válmonl 



át Bomarease^^ que és uihsfror. 
„Este efecto, dice "él,' tiene lugar don 
lá presión- de los cuetes animados 
y la «jalda de la Wfdé; étfattdd el 
tiempo está nublada y iempesttioso^ 
caeén un estado ile Téeogimiento 
que ciertos botánh^os han mirado 
cdmo'ima especié éé sueño.* „Sé ha 
boseado, ^ide M r¿ títil, la causa de 
está siiigalaridaden pi^sencta -6 prí- 
vaeíon del oalor^ pe¥o eráii^^MA 
Bujeéo A mucbaa viioíeitadM para 
producir un móvimieMe tan w 
guiar.» 

Yariea plantan go»t» aeitto* ta 
sensitiva de este grado de'aensíbiK« 
dad; entra eDaü se ñoia él pf^t^llO 
oecÚsÉftey el rdsoHo de^hcjaé - redd«« 
das^ d herberis, euyiás hojee son dé 
tal manera, irritables^ que -él níaé 
pequéso inssela'qtté viene á rtíeiái 
sus lóbuleed paletas^ ká haóe iMffí¿ 
nar-súbitamentai pere» des g » ac ? ad ¿ 
sá descansa ^ eüail un imkaatai 
porque ene hojas eépinoaas áe aier^ 
ran ínmediadamañte, y^encúeotia la 
muerte donde ibáé tNMaf la fida* < 

¡O hija nmtafiadiá M; Roioy ^ 
tenninar eu leeeíOD; ta senáittvii es 
la imagen del podara el dulce eisbte^ 
ma de la pHiec*: k nifia débééstu- 
diarla» imitarla y adttlrt^la» BnM 
las flores, esta es la ^áe^le ásemél 
ja mas; teme^ óomé^Ia niñk; uti étri 
impurot ona munida itditfcMta, y 
nos hacaasntivel.'dbeoide' áohivafu 
falalaUgoidel nhteri%' 



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ihaAiq bklos niños. 



9)10 4fai<DIB ir iroiBV9StA<> 



Ion VtaM» é» Capd»tílktt 
^^^__^ ami^fi» m^gjkaiio de nací- 
mtMto, teoMdb di waá. tenlia 
etlfttan «BtaUMíidA iiaeia maako 
tiempo en üampíco. Había here- 
dada de nn padree poco dinero, mo- 
d» indaflrtria, aiaor $1 trabajo, y el 
^mplo de osa se^em economía. 
Toda sa initniocíon eeteba Umita, 
da á faber leer, mciMf y contar; 
máB BÍn^mbargo* á lee treinta afioe 
ya tenia o* eeadal reepetabie. Ca- 
a6i «Mbiecíóne en Mágico, ftié 
neealíete, enri<peei6ee prodigioea- 
mentes y enmeltee con las rique- 
ne entraron en en caaa la vanidiid, 
]n oilentacion, el oignllo y a%nnoe 
vícioe» arrojando primeramente de 
ela ke ▼irtndni beméádae de. ene 
padree* 

Frisaba en loe cinctteola y cinco 
une cuando' foe tres hiJM Isabel, 
Bita y Constancia aifaraian las mi* 
indas de b» jómense de Mágico por 
su hermoeoni, y por el dote 4|ue 
setviafara lealñrlas^ Isabri era de 
lae tren la maé jóien, ta mas bonita 
ydicQioia* Motejábanla sus berma- 
ñas porque obsertaban-qne estaba 
ptüdada d^mnáiancebo que «egoia 
la^Oürerá de 4m icywi y qoe^va el 
b^ aigundo de )MI cMi) potfo eHa 
letfeeponídia^-SfLetnidfO es joven, 
de baéika figura» áe'Amifia respetan 
Mej v4vb^¿deepi^jád¿ /eon* télente; 

T. III. 



sabe el ingios y (ranees; ¿(pá mas 
puedo ambicionM Qne esa ricoT 
Barae veces se hermanan "fMk lae 
riqCenas tan beHaa prendee. Con 
tal que padre no se opcmga, yo me 
tendrá piM* feliz algún dia ñ. •. .'^ 

En esta convereaeioví eetaban- 
una noche las treebermane0t<*tt&B- • 
do filaron interrumpidas pot nn pa* * 
dre, que entró en la sala on compa- 
ñía de Leandro.— rtS^bed, bijas 
mías, que sin el valer y decisión de . 
esto cnbnltoro^ probaUemente Iñi. 
hiera sido iisesittado ahora en la 
calle/ 

Es e? caso que D. Ferminera ju- * 
gador« y el retirarse á sup^casa solo 
con un criado, dos sugetos áqinn- 
nes días antes glun&.una enma^se. * 
cída de dhiero, W e^MCaban para 
vengar en él su mala siSBiie. Ia ca- 
sualidad hisso que d amante delaa* 
bel pasase por aquel áitio entonces, - 
y como iba armado para* defender» 
se de loe ladronea ^ae infestaban la 
ciudad, hirió ádno de loe asesinos 
é hizo huir al otro. B. Fermivcon 
poca delicadeaa, y juzgando tal vez 
de los otros por sí propio, ofreció 4 
Leandro un bolsillo Heno de onzas de 
oro; pero d joven repelió con digni- 
dad y entoMoa eemqjanto presente. 

Animado con este knee d aman- ^ 
te, frecuentó msa asidoamente la 
casé; y tomándolas expresiones li- 
10 



74i 



DIARIO DGiUM mSíOB: 



sonjeras y las finezas.de D. Fer- 
min por verdadera amistad y agra- 
decimiento, da/comun acuerdo, ^cm 
su querida Ú pidió un dia en casa- 
miento. El padre» que ignoraba los 
aniorea de 1^ j6wAes9 quedó adooíi. 
mdo« y ^spo^dió qae estaba di9ci« 
<Udo & ^ dar sus hijas sino á quien 
tuviese, cuando méQos cien mil pe- 
sos durqSf Eso era lo mismo que 
decir ^liürapiente á Leandro que no. 
•^^Yo no .poeeo») replicó él» una su- 
ma tan grande de dinero; ocho 6 
diez mil pesos fuertes es cuanto 
puedo esperar de mis. padres; mas 
así como vos os Jiabeis enriquecido^ 
¿no podria tainbién acontecerrae lo 
mismo auxiliado con lo. que dieseis 
á vuestra hija?" — ^„No, porqne en- 
tónces trataríais solamente de di- 
vertiros.^—- „Pues en ese caso, dad- 
me tieinp^y aunque no prometo 
hacerme señor de tanto dinero, es- 
pereque con mi industria, trabajo 
y fortuna» antes de dos años he de 
tener veinte ó treinta mil pesos du- 
ros."— „Está bren: Isabel es joven, 
y ai como decís os ama, puede es- 
perar dos aik)s: si en ese tiempo 
conseguís ganar Jo «pie habéis di- 
cho, en atención á lo que os debo, 
os recibiré en mi casa como hijo." 
— ^„Me conformo: dos años y un dia 
contados desde hoy." — „De acuer- 
do."— „No faltéis."— «Palabra .de 
honon" 

. Dicho esto, separáronse* Leandro 
contó á su padre y hennano lo acctti- 
tocido y el convenio hecho oobiD* 
Fermín; á lo cual su padre le hizo 



advertir que aquello era una evasiva 
del padfé deMbel. — ^„No importa» 
dijo ^1 hermana mayor; puedes dar 
el casamieiitó p^r tedho." — ^T có« 
mo?" — ^„Yo te lo diré. El dote, se- 
guA eáleuhis i^^jEVo^do^, no debe 
haJ4ride,cieninU.4pcQSí.^pil será 
conseguís» tauntpieiSQa- eon .usura»; 
dentro de un ano^>«y(nto mil ipeaoa^ 
hipotecapd^i nq^slraa prQpiedades;r 
Iqs preaent^ te casas» y despuies 
con eldpiene^mes la deuda. J^fin, 
pícp^r^ pi<;arp ,y m^o.V-r'ffNo lo. 
apruebo, poique.no quH^a ser. pica^- 
ro*"— „¿Y qué haráa?"— Jk p«rd. 
mundo átteptar fbrtuna."rr»Y «r»: 
ruioaictet^^ añadió; su pudre» 

Sei9 días ,desp#ies de. ^^tski^omrerr; 
sacien, Leandro que nieiS.<Me|;iibat 
hizo sus preparatiTOfl.de viiage, y. 
dirigiéndose áVenacrMZ»i8fHH>vecb^. 
la Jhvíon de uja buque que al día 
siguiente de síi; llegada- se -hizo á la 
vela para Londres, adoada llegó- á 
principios de 1624, cuando en aqii0<i' 
Ha inmensa- capital hervían los pro- 
yectos lie grandes empanas, y mas 
especialmente de Bóevas eompañkal 
para ezplctor laa. ricas minas doi 
plata de muchas partes ^el .vasto- 
'continente aitieritfMia. ComoLea»*' 
dro sabia ing}^ y llevaba buefias: 
cartas de recomendación» luego feie^ 
hizo conooec de loe direotofea de, 
una-nueva cctmpa^ia^iy ánies que^ 
pasaaeno^o mesel» ya^ia vióaoviis: 
brado ageiita prÍBcipal de la mianilLi 
compañía» con ,cu|rtro.jEiíl peees da- ; 
roii.de sueldo ai^al y unipctav^ de 
los lucros» pagándMsl» todo*' los. 



ífíAtUO DB ILOS^WKÑOS. 



*yn 



^figMtf'iAJVMlJsé^yéti caso quetá 
'^dDUtjpttfiftt ' de 'dÍM4v¡6»e después de 
éitár'él de vuelta en Sfégico, se le 
* Mibiá 4e pagar el sueldo del segun- 
deo' ilS6; Es cierto que esto tío eiu 
bastante para exigir de D. Fermin 
kttlatio^déila'ÍíJ$ii«dgttn loestipu. 
ÜMóf^^iaá'á pesar dé eáb estália<sa* 
tisfeélH> é& SQ'áttért^. 
' 'EmlMiroése tmeimniente, y llegó 
•á MégiDo4'Ww dooomesQydesu sa. 
IMa. Oeupóselu^ en preparar tó- 
' do lo ' necesaria pasa ir á la mina; 
pero en' la yispera de Yerífiear su 
-paslUa'yeeililó* la ifotieifi de la di* 
solnoidn de kt'iebmpafifá en Lón- 
-:di|es«. "Esto lo obliga á volrer é aqne- 
'llk '4NLpitsil/7'1i«álorn6 todos sus 
' pioyeotos. » * 

' Entre tanto el tiempo' corrió, y 

-un caballero/ riquísimo propietario, 

tttsSRado D. Francisco, hombre que 

pasaba de los cincuenta años, gustó 

'^«finqucinda dé Leandro, y sin mas 

««títidos «I amor de ella qne las rique- 

.■asaque poseía, pasados algunos me- 

-aeé la pidió en casamiento. D'. Per- 

lÉÍB, 'olvidado de Leandro, ysoñan- 

f A»! solamente en la acumulación de 

>rvquizw,'no solo consintió, sino que 

seesíbrzóen'persttadirá su hija que 

hacia un casamiento ven tajosííiímó. 

füí FrtCnciSoo, cuya pasión favorita 

dUHinte #1 Vida habia sido criar pa- 

' lotiías,' y isolti^lcar sus castas y va - 

*riedad6s^ á^uerza de paciencia y 

Ét mMé n^ á éénse^ir que al- 

¿nnas'déélláiile sirviesen de cor- 

reo en muchas ocasiones. Querién* 

do congracitfrdetjon la que le habia 



robado el eoraA)n; eolia mandMtfcL 
diariamente con alguna palomita uh 
billete amoroso, ó algunos versos 
que nada tenian de tales mas que f a 
lima', aunque él liómbrese j^cabá'de 
poeta. Esto agradó áT 'principio 'á 
Isabel y á sus hermanas, po^ ser 
uüs cosa pócó cdk/rari; *pero, cotío 
'^conYecé*iE¿on la tnayor parte dé IHs 
cosas de este mundo, á fuerza' de üér 
venir la paloma todos fosdiashá- 
ciendo el oficio de correo, comenza. 
ron á recibirla con indiferencia.' To 
creo que la causa principal estaba 
en la edad del amante; pues' Coilio 
dibe Muñoz en el Viejo y la JSiia 
deMoratin: 

. „La edad, la edad Ahí Mtá, 
BnlaedadastSélnMeria» . "< 

D. l^ermin, deseoso de ver ya ca- 
sada una de sus hijas, obligó á Isa. 
bel d prepararse para el casamiento: 
eRa, autíqtie no quería hacer el sa- 
crifício de su felicidad casándose 
con una persona á la cuál no tenía 
la menor inclinación, tampoco de- 
seaba disgustar & su padre; y sien- 
do de un genio demasiado dócil y 
bondadoso, sin energía de carácter 
" para resistir á una cosa qiue tanto 
la repugnaba, se dejaba conducir ó 
arrastrar según la imperiosa volun- 
tad de su padre lo exígia. Sus her- 
manas, no obstante el orgullo y vá- 
nidad que las hacia aborrecibles, 
llegaron á compadecerla, y hubieran 
preferido verhi unida & su querido 
Leándt'O, quien estaba entre tanto 
en Londres sin poder conseguir na- 
da* de lo que le debían los déla com- 



76 



fiuw» Ds jLos «Aeis. 



pi^a^-que^da por el tíempo qoe le 

I habian empleado. 

. Por fin 'poiiói kabel: vino d dia 

del csmiaaiepte^ £flteba ataviando- 

■e en 8U gabinete eo urente. del to* 

. cador» y noiá^^ ep su aerablan- 

.te un contraste demasiado giiande 

, eompm'ado con^l^d^-^os hériquias; 

; paea al paao que eliaa eflaban con 

, oiertD,aire de abatimiento y nielan- 

jcolía» y ^mira^do con ademan de 

compaaion á su hermana» esta pa- 

racia risueña ó resignada con su 

Mert9*rEn esta ocasión, la palomita 

. deP.,FjcancÍ4Coentró en el gabine- 

. te trayendo ima flor en el fi^j 

un billete atado, en el cual annnor^- 

ba á la novia qoe él ya estaba pron- 

to, yiqiie e^.bff0ve bi esperaba en la 

iglesia para ser el • hombre mas fe-' 

lia de Mégico. 

Asi que Isabel acabó de atariar* 
s^, bajó oon su padre y sos bema- 
nas al portal. D. Fermin subió á un 
, eoche con la hermana mayor de Isa- 
bel, y se adelantó para anunciar «á 
la comitiva» que estaba en la iglesia, 
que la novia iba á llegar en aquel 
. momento. Isabel, con su hermana 
. menor y una señora que hacia las 
vece» de madrina, subieron á otro 
coche, y tomaron el camino de la 
iglesia. Habiendo passdo media ho- 
ra, y no acabando do llegar la no- 
via, el padre debita mandó uno de 
. sus criados para saber la causa de 
la tf^rdansa: mas la novia había des- 
. aparecido, y el novio estaba sin sa- 
her lo qife^ le pagaba. Dos horf(s.es- 
tuvpen esta .mortal «agonía, hasta 



que sintiendo el frió que M^cia^np la 
iglesia, y que la gente empsoaba á 
zombftrlo, abochornadp y.eon4a ci^. 
ra como oa tomatSf subió i /m*^- 
cbe^ y por el camino mae caprtp..ee 
dirigió ft su caAu . 
. Sntresdias niujb seaopo^de la 
p^via: al .oi^^arto, ella» su hermana, 
la madrina y JLeandro estaban á M 
ptéi de.Dt FenmuaoompaCadoe de 
varios «ugetosties|iistsbtaBtiMMfeon« 
tener les primeros Ímpetus del |mi- 
dre de Isabel. Faltaban todavía dos 
dias'para acÉbarse el.^Mse«efial»- 
do, y ademas «deeéoiliéaado era as* 
ibr de veintey etnco' rail Kbras es- 
terlinas en buen dinero, ganáSan por 
un g^pe de fortuna en Una de las 
últimas grandes loterías que hubo 
en Lóndi^s totes* que el parlamento 
ingles laa prohibiese. Este^Hvgomen- 
to fué el mas sólido parn tenvesMr 
A D. Fefmin» 

Leandro había dilfNiealn todb de 
antemano oon tnucha reserva, !y de 
combinación con la señora qvé ha- 
cia dé madrina, sin que las doi her- 
manas supiesen adonde laallevdba 
el cochero á galope, que fué á^uáa 
casa de campo de una tía.de Lean- 
dro en donde pasaron alegremente 
los tres días. 

Los amantesse oa9anin y viven 
felismentei^mcoaptoé las herma- 
nas de Isfibel; no encuentran quien 
se atreva A quereriasr'por so eseesi- 
va vanidadoy-amor á un hfo desor- 
denado, que suele eer la ruina 4p 
puichaa familias. 



DUJEIIO 9B IJQB. NIÑOS. 



.77 



iTtíTtCtA BKXOII 'mam CEUBBRÉSS AUTOHES 

BOBEa X.AB ai32T0X48 a$A0TAB.. . . 



(CwHmmim) 



lfafn6'm^9 estavQ reputado 
, Jaiyo tiemfKipor el Principe 
<toloe fílóeofo(9,j)o.rqué escribió so- 
bre tQd^l|bB cie^>Mf y ^¥Í40 es* 
plicailo. Jtodá^ .Ña^GÍ6 üierca dol año 
,384, áote^jde Jesucr^to. Su padie 
ee Iboialifí^: iyimiGp, .eia m^ y 
^emiuUente de £fai2apfp« Murió' 

dre Ua^^^^. i^ei<ífidM , qa^ tam- 
J>if(iipor a^ud^.tieippQ^^Pi.cuyo 
,fQotivo ProxénSf andigo del padre, 
«e encargó deau educaciooy ppro 
00 cumplió CPU las pUig^ciun^ de 
^ bsien^jlpr* EljAven huórfano 
{atiaadonó elestudiot yae hizo un 
JMpgu ühny diadutou Oiaipó con 
(i^s rscesos nnagvan paoftedelos 
bienes, que su . padre le habifi 4^^» 
k que le oblJ^ á seguir la carrera 
de las armas» de que bien prestó se 
^ftdó también» y la dejó^ No sa- 
>i^do que hacerse» fué f .cjmultiir 
pl orácul^el cual.lQ:ipa^<q)i^e fue- 
.ae.i JMm»f y je apUc^ae al estu- 
^íq de la filosofia^ Tenia «ntónces 
.di/f^<M^ años; .obedeeió» y se bizo 
/l^cipvto^ de ^Úon. Las lecciones 
de,^Bto,gir>^ maoitra )e jnjíaffi^rop 
de^siieitf^^ querwdrió sacrificfMr to- 
da^ 7i4»v4.«tii^ flunpQtte- 



doso'cada día su imsi^nTiMir snhfii 
Uf|g^ 4 sor infa^i|^e.eii;<^ N^MfV 
Comía poco» donnia menos». y solo 
s^ acostaba pftra descansar. Comp 
.no^ «uaria dormir», y tevm W9 .^1 
•uedo le venciese» lac^ftiewdf 
,1a cama upa jbhmkh.^ía ^^val tepi^ 
una bola de bronce pana 4eq|iarUif 
c<«i el ruido qpe hiciese id .eaeir. -ep 
una wti}9L del mismo metal, ^pta.pp- 
jMa en el ^uelo debajo de la Jtneno^. 
Después de la muerte de PAifof 
dejó Arifté^es á Atépas» y se leti;. 
ró 4 A^arnf^ peguena cia^i^ )úci^ 
.el.IMespQBlo, en donde reinaba en^ 
tónces Hermías (*) su An^giuuunU 
go« No dicen los blvtpriadoces jcór 
mo contnjo e»ta , amistad.. ..£afp 
príncipe le dio en matrimonio ,4 sy 
Jmrmana^ó su bya^ó 80 nieta» por^ 
que no je sabe cuál de las ti^sf^i^ 
Lo cierto, ás» que se enainor(^ tantf 
de aqudla con quien ee de^posóf qu^ 
4a trató como á.una dlvioidadit ofr^ 
qiéndola «acrifioioa; pera no ppr esr 
tp cultivaba con ménof ai^or :, la Ar 

(*) Ba¡¿e ifn d iírl^ciJo Á49t^ 
telee ím dice fas Hermias/ii^ irfí/f 

'^'•^« . . ~ i •:'. r.:. •-♦ 



7B 



DIARIO I^LO^^ÑfíMa 



lo8ofi^ j m adquiría, una reputa- 
ción tan grande, que Ftlipó, rey de 
Maoedonia^ le sapliq0. tomase i su 
cargo la' edneatlon de so hijo^jÉb.* 
jmidrOf que tenia entonces catorce 
años, lo que ejecutó con el mas fe- 
liz suceso. Esto no impidió qa#'{N»^' 
diese la gracia de Ál^andro por ha- 
ber sido indiciado, sin duda injus- 
laíliieíiail'déteberteiÉidb ttMigen- 
tía é(M eaitteneé, qué'faabiéí «mi 
pirado ebnfara este prínéfj^ Üéí qtrien 
era pariente. AtiOó^ieéf'm retifd & 
■AténÉs, en doáde^le' reciMerai 6on 
tod^ genero de distinciones;' per6 
ue» goeá de éM<wfit'réres, pdrqoe un 
sacelMotto 'ilaaiaéb BHih áe d m le a-j 
4s<is&tlé impiedad. Le íhé^fllcSI á 
AHáBáides justificarse dé\^sté éif.: 
tfien; pet^ eaftália cnipáfib' dé Btró ^ 
^e tfo era poMble'fiMrtarse, y era> 
éí de haW catltivkdo con m sabi*. 
tfñrfa i'tárdobMM hombi«é^'g|ra^áysl 
4u'e habrá en Atenas. 'EuHméSin' ^^ 
^os partidarios áo le perdortarótí ésJ 
té "peijüiCTó* d& moéo qiíe ' AHMU^ I 
Ikir^tA' Kbertársé db éétak ^^hetñ^ ' 
tiáéé^^i^i Aiénna, dé müSbráe.] 
cHQ ^tR^no %íek9míinnlieéú'titrage\ 
é íüjimfia. (Hablaba de Ya muer. 
Ye% Sócratei): Se r^tih)' á^Cáltís, 
'¿iM¿d'deEbbéá, en dónde mikríó 
idé éáüú át sesenta y tres áñós; éí2 
iiítte Idé'Jestíbristo. Déjfi iinrlhljá 
qáé^se'dtsó en segubdás iiü^¿iit 
con un nieto áe IhmaratorreyTk 
íiáeédeibonia, y Víú''Ín¡o natndü^a* 
¿luido' Nteómaetft á quien ' amó con ; 
tñuf i^ratode ternifija. lios námtsn- < 
tes de EMgira llevaron su cuerpo 



y le erigieron sitares. Erauíeado, 
honesto y buen amigo. Llamaba á 
los amigos un alma en dos cuerpos. 
Téhfrasto su''d¡sc¡púTb fué sucesor 
.wyo en el Liceo. 

EscrílMó Aristátdes casi sobre to. 
ááé )ás ciencias con una destreza 
maravillosa, y estableció dos princi* 
pios fecundos dignos de admiración. 
El priiüeto'es, que el alma adquie- 
re süé idéásT'^r los séiltidós> y que 
por 'tas operaciones que hace sobré 
estas ideas, se forma ella conoci- 
mientós tmivér^Tes y' evidentes. 
VéAse'aquI en'qüé ¿omriste la cietf. 
eiá'. Desde Í(^ cpSóbímiéütós sensi. 
bles se éteva él enteiidimiefato á co- 
nociníientos pui^meáte iñtefedtua. 
les; péíró'como los primero» dima. 
üatt^dH^ tori^n que está sujeto 1 
error» quees el 'sentido, és^tAeció 
Arkéáietet un segn'ndb pViñéi>ió pe- 
rá ^ire^tíficar '¿rffríít/eTó: este es el 
áHe'dcA razthiaittíeiftói por medk> 
del toÁ ftñri¿6 un nuetó ói*gano ÚUSÍ 
enteMümténto qfielkní6>9r¿iirló>«lli. 
vermd. ISMo es tetr ádmiraMé, qub 
mereceüscusa el exceso de venera- 
cion qüé'tnyierott á este gran íllóf- 
sótó. " 

' 'Ftinsifs. La: eomun opimcm 'éb 
¿iue'^te 'filósofo vivió en tiémpo'db 
'AUjánih Ül 6rán¿ej éáto es, cerca 
dé' SSOteños ántés de Jesucristo, fia- 
dó'én Mklrsétltf,' y sé adqüirid'lá 
ésiítnacion ^de sdsr 'cómpat^tas pot 
su inátrucciob en la ástrónbttifa. Lá 
república de esta ciudad, con lattii- 
raí de~ entender fe» comercio, le eli- 
gí^ pa¥a desciñirir Daev«lrpáiléi«á 



DiAMO. 9B.}UttA IHÑQ9^i 



'^ 



el aortei Con Mtai^fiMúro. ftiA J?»., 
ff0f bMít#, libada fioooQida.bpy^ 
0011. ejl ii^WDbre .d9,]a ida de Tuló%: 
obMTVÓ allí q^ «ib«l Nbtküo ddl> 
eitíor apenas 48iapafe<»ifi el jal s^ 
bie el boriaoate par^ipacio de vaui«: 
te jr .cuatro liozas. ▲ mi Tueltt. ek. 
cribi6 su TÍage que publicóibajo elv 
tÍtulo;.2?e mnMuierrae^y habla ea« 
ól de esta obeerTtcion* Hito JEiIm. 
Ion una tefera critice deeiialUwo». 
le impugna» y trata aírevidamsnte 
4 PtMtde emfantlen^leqQe.^ia 
efcele 4e ana^sramfe-ignivaa^ia dé 
Etlmian es eeta .pmito¿ Con nae 
enetitudorítioó le qae dice «ele 
antigiÉo áftrÓDomo^ que del otiola^ 
d» de 1# lilanda-^ no haUa tíeiM,; 
atf6 ai mar; yioolo iftf«eiÉipiMSirtó 
deloe trée femcjiaateid» Buhne» má.» 
naóf lobm el cual la tierfayelipal) 
eetaban tmpendidoa^ y qoe/aerviv 
eomo de iuníon á todaa lee partee 
del anKireraD^MB qaeee pudieñ ir 
aUl de ningvn mude. La ibu U( 
FiqfartqHeM.uBÍ6.á Ataskoapani 
eeonrvar á PdMt» pdr habereeeri« 
(aiaettejante abeanfe» refiere qite 
tf* anacoreta ee vanagloriaba de 
hAe^ Uégádo haetá el extremo del 
anndoé y quer se habla TÍato.preolv 
Mdo á doblar las espaldas; •pasq¡|i6 
rompeieé ia babeaa oon el cíeb^qne 
sé jontaba casi coa k tierra ien/es- 
tepasagei (*>fie deheiá JTJMruna 
eMdbie ebpennoién dér>lá altnra del 
aol a^ edbtíeieddl estío, de /donde 

Zt en «I «runde Piteas. 



hiMAfwrJM# en! Afi^liee dieiff witoii 
liebid0jra^aeip|i4ijabi»UiQiMdadidlii 
laeel^tiof ;, J^D beMdie de.qii4ildadi 

xmA^\^lá»fífmSfhn^ • I r mí ¡'I 

;. «mujQW ealLutorde lea &mmt\ 
<ee' Aicgj wetr i * 'iqiae Hemw-KPai 
nemhM» y por lea qua^nfha^beetw) 

diMdidee en (qu¡«oen|ibvoe; pem» 
creen muchos sabios que-lfOideeAU 
tiaioe no -eonupiya*^^ H a enü .¿ep» 
eUonáiiia eail^tieo Sanaufa if^ 

geoofáteieae i|ue$ee^<9ffa|madea.eA 
estc^ rleairrtsÉae hsbipa jf^üpliier 
te'4ajUe deiFiuelj^eaüpeae f\ Isp Mff ■ i 

' déi -díaBeiaarde.ibHi'aeli^eBiadniifa«r 
Ue^iiNadá'áMUek án AleJMidifa# 
yiettssMeiiitífanyikdel.Tey flstiinsa 
iM^jiSOOflAoBiintee dé Jeáuorietoi. 
Bea doiiii. toalmél «pave^ Jaodesto^ 
y^-adoiüM benignaménle 4 tedoaloa 
qée^oaltif aban I 
. 'ámstAaoc^Naii 
ménie flá 'qué Éieíjüpe mió-este filó» 
a0fiii.!Lbqtiiaee sabe oon aagaridaá 
(és, 'qoe-ibé aateiiof é üfyniwedyg 
náciidi en^SÉino% j^ se «áquiriófidlt 
una gfktidd ^reputadion por iÉitlae 
de«eiibritntea(6e' l(«» Uao %a la «sv 

i I iri ■ lili*! 1^ I r • si hi'ii¿ influir -"^^ ITéIm^Ai*^! 

irououiia* 'ZPeieiiuiuu . la- oniafleni 
m iorft^^tiílis^'j^iftédiedéWl 
Método IguálÉMsiAe saMe qué iagbi 
fftéM»; qtie^bito^eb^a'obii^hitld 
tóladáT ITé^OmíMü^ la /síagiiftrit. 
nig^<Mtiiéftoiic;'f WiW dlMípa 
elf[íéble *dé nMiMa aétrenÓHiieo^^ es 
él eaal hacia dar ToeNaé la^ tierra 
át rédedDr del Md. Ss&iéfa opiaieii 



X 



«► 



DIAlila dB IXM NlAOS.' 



iíí 



á»%$iéfilítfófioo»f pero itfMleirtfa k 
hisBo ittya^ por Üaíbetla «ipueftto oób 
lÍKiclia mus claridad, y adquirió eoa 
ella un grande honor, que podó Imu 
béíl4e eido fli&eM» Loa taoardoles 
to actfBaroB de irreUgioao, por bibar 
turbado el reposo de lo$ dioeaé la* 
M0 de ia tiavm; pero la hiabria no 
dí6e'8tfe0ta ácaaacicm lavo algúaaa 
oMi8ei5ueiicia4< 

• iai4mitñk9. Sd puede mirar á< 
At^kmeiéi comoal priniMraslatt. 
Midbf dé'lav ^ieaeiaa éiaotaiii A* fe 
áiéitoa es el injpttiótaaa preiiindo 
que tuto la áiifigüedad. Su giuto 
páfti W eídntiá* aipa tan grande, 
que «e'H^idaba Á la hora dé comoiv 
y mnMtaL.pbmtímáxmmm denaésfei* 
eoa á aaeiéle* del ¿ábtnae óoh&aau 
vohiákáai pant obüfaria é.toitiaf aii. 
■lentos Nació en SiracofÉ.» andón* 
da reinaba flu pariente Hmroh^ 290 
afiba dnCea de Jeaaoristo. Hizo dea- 
ettMarfentoe «i todaa laa partea-de 
laacietteifti«sa«taa, y echó leafan. 
déüMtoa» como dijo amy bten Wa^ 
tis^TQéUbm geómetra iag^ de todoa 
aqÜ8ttaa>qné eá podías hacer con el 
tUMnpó. Ceaoo JEti62tdef.no habia 
ew^rila -^obre Um dime n a i eiiea del 
otüPHlc^^dí^ eafiN»! y del cilindro, 
eoaap«i«p 4rq9ám$^ daa .obraaeo- 
^ «Uta paatifalar. La primera sai. 
Iiá4 hufaoa el titulo; De igpkra 
Éí\€flindtú:,¡ihiy4t0í ' La aegunda 

ilv» sMMávaaoiente^ traladcii»>.alii 



re areñoe. Af^tíUnedMÍoétoiue^tóel 
aflo de 308 Antea die JeeuoHilta. Lé* 
obraadeeate graftdehombr^ ha» si. 
do comentadas por muéfefoe éabiea' 
fimvosos* Estos son: BtOúeiOf €om^ 
mandinof Maupóliea, Boreli p B^tr*' 
raw. El comsQtaríe de eáte úitimo' 
es muy estimado coftjuala razón. 

itíKAfroBTBivnB. Este fiÍósofi> pasa 
justamente por uno do ka mcjoraa 
ingeniaá de ki.aflilíg&edadí^fb¡apli- 
có ¿ todaa'lai ciencias, éJmaajeú 
cdlaa progreaóaén^ «onsídéraMssj 
SnL oradoxv peata, anticuario, má« 
temático y fil(^sclb»>da inodbque no 
sabiendo ^uó.AQiBbfe darkf le lia* 
mabakiel CrUieom SagunA demmn^ 
Al^fonirmo^ y ségun Stádat^ él ftié 
el priaaecó 4 quien se dio alnombí* 
de fléhgo. Se dedicó partiei^iaB^ 
mente y con grande aprofchanHcn-? 
to, á las ciencias earactia, >perfeccio«> 
nó la análisis, dio ana aobctan dsl 
problema de la duplicación del cu» 
bo, fimnó observatorio, npídió la 
magnitud de la tterhi, y obaen^ h» 
oblicuidad de la ecHptita. ErabfJ 
bliotecarto da AsioÍBeo E^ergetoj 
rey de Egipto. Nació hacia el ai&o 
370 antes de Jesucristo, y murió íhí 
Egipto de edad de ochenta alca ita 
peoa da haber perdido la Víate» i 

ATOísomó. Llamaban las adti» 
guoa áeste autor el Gfjit$ ChámttrOf 
porque (nó el piiñiaro qne dio In 
teórica de .las scicdaÉas cónicasy'yi 
porque descubrió la elipse, y^-hi* 
péitiotÉ, <^ má lo' mitaoor qilé c(0óir, 
que es casi el tn\¥ñkiréftJa j^eemai 



irr ^Mértttf 



i3iíi£m m'tm mttó»j 



rt 



tHa eoitapoesta* qae se mlYíilAlf'e^ 
ttaoes con alguna raíiSDfriAftHI»4a 
geometría ■ublime, NacióéÍFt^fga^ 
en Pánfilia, 340 años antes de 
eristo. dabia estodMttt hí^ó la di» 
fecdon de los discípulosiie' Sn^ 
¿eá. Compuso muchas obras MHf^ 
la geometría muy profundasi eisM 
todas divididas en tHUftlibftM^ f |H^ 
Mieadas bajo estos títulos, ti Sis 



Jestrr -Cmkañun 



trlk^ ééáiMIé ésieMiátá. 4. JDé 

librí oetó. Ésta última 
oblH bá iá¿ó '^imíkáA por nkuehM 
l«áteiitáti0O» láMM^Ír ¿Itimamen* 
tepOi* tfdíOeVi^rhlídado onabod^ 
ta édiíeüMW igiialmáté que del libro 



:d£iCs 



Sí ntucmpí tftim f setas. 






Soto naátó 7 atuaigim 






•. Y 



1*« tifa 



JNOKL W pkdf qtíe^ desdé «f alió cield 
Bajaste por tu mal al titktélnlfilAof 
¿ Por qué no Viste el' lodazal imnundb' ^ 
Donde vienes tan soIó'Í paáecert' ^;^ •• 
¿ Por (iuá'iid ^t¿ la eáeattrósiá üánda^ 
Que habrán de hoO^r Wtífálitas/iSfl'^ueridaí 
Cuando et deéiertb píM de ta, Vf^á ' ^ ' 
6ajo tus bellaft Krinas de'úiJgbrf '^' ' ' 

ñi la viera» i'b ÚfWf^'^TcMá ' 

Volaras ¡ay! áí til nli4ks!<Mi |frii¿cfi^^ ^ 

No emprettdieratf3J¿tiíftÉliL Irdhá' M^reá 

Enquetaiitbpekfliai'dé'sdlri'íri' ''^ ^ 

Porqué éil él ftíuhddVcIndídá Vl^^^*» 

11 



S9 



PliUlIQ DS il^S KSSWki 



..E.ii.««mbia de uivavg^ta ffe doizunif : ^jj» ,ni ^r;'! > * f,: j 

Brobc«[ioaimlde!lúd|€uy]^,ain«rgani, . i.n '.. n* . umi 

'\E]Dp<msQtSaalj(narfol'en8UTÍvir., .. ; - ., i : ,„* 

. PesoDoDoze^ po» mi.4ulcopiei|4f^; .r . , ¡,!.,m ....... 

De tUi.padieslaaimaioBOAilftoflM. ! ' '!> *'.: >í> ip»; .vi 

..Ofiiartate.dattrip6y derotts .: •'.> . ;-m)i{i r>-':M]niM'> . .<.% 

.SLflQpderoqaedpbegdepmn :;.n.i/,--i vnrn i?.ii;r:... j;í 

DueM^yoopienMenelpiBlüiten^ni t:: >: i;í>)r 

..Quenno abrigada en e]'inttterBO.Mieit* h<t^i <¡,!;f •.•>;' I 

¿Vescuál pdpitat Deeaiiftolkiie- ^i\ .<' . 'v *v i.. >>. 

Solo por ti ya anhela respirar. 

n. 



«r 1 



* Que harto tienes que llorar 

Cuando llegues á probar 
.,..La.,aia»rgai?L.4e la vida. 
,%•>;> ..' ..Cuando » liiPseno inocente 
Ta tatito' grabe el ddor, 
y el sello de sfi. ngor 
Se. in^priina sobre tu frente; 
\n'fn.rEint6noes ¡ó niña hermosa! 
Ardiente será tu llanto» 
Será inmenso tu quebrántOp 
T tu angustia ftitigosa. 

^arp^tas ¡ay! » yeí^^p,,.^,...^.- 
.If^9f,p>6as de t^^.méjjúás,., ,.;. ;, .. ' 

Y ^^rparánse amarillas, ^., . .., .,^,,| 
T seca* se tomarin* ^ , . ..,, ; . '.:„, 

,;,:,. Np^ sefiAYQB.cfe.tÍK ': . ,...;.,„,! 
El miM^ ,4ejando así ., : , 
Agitarse aii.^..(4emjaiic|A#, • . r ^j,, 
Y )6jc» sienipre dip.íu ahna, ,• 
Veráa el. reipordimienfó^ ... . j,^yi,rr 

aprá.puro;,t^í»pt^v'n." ' .1, .:,* ovr 

Y tu p^.estar* .<a^5:^a;,., ^^.j, „;f 
. gije a^naf gotSA..^ iipie| .,. . 'y 



íf 



nuM/oim LOs'mRoá / 



« 



.;-^ lo»! ''•■'■••' '"'T-á la líora-ie HKIrir ■ .•■:''•<■"• "••..•:: ^ 
r-i '. w.r.i , 'f ífrodów'oltidm- babel. ••• ^■- " • ••••••'=-' 

,^;> M-i.¡ i. r.lnr ihmtttíd, pfiet» traiiiiuilaiiwiito"'''''"' " ' • • 
...1 n .u-, -^;. : fliapeÑar ea lof^loréi, "'-'''' "* ' 
V i^:' { ..' I' . Que yo adornaré do fkiréB 
^ Ta linda y candida freíbte. 

i' '4 ' '* Y no ñores, mi querida; 



í. . )., ..!i;i 



!i:fl '! 



Qiia harto tionee qae florar ' 
^' Ooando üóguetá probar '*: 

La-amargura de la vida. 






.1 .;;mI . .. 



•"■' ^■ 







'sia®<&i&^m« 



Las variaciones de la atmósfe- 
ra' obligan ai hombre á bus- 
car ún Itbngo, lína dorada para po. 
ntHe á'Cubiéirtó de ellas; pero la ba^ 
bitacion destinada 1 libramos de 
ím'a parte de las acciones dañosas 
db los agentós exteriores, se torna 
én causa ñuéVa de incomodidad, ya 
por' la naturaleza de lois materiales 



qa€p4a cmApdnen, ya por m éxposi- 
cibn y distribución. Así es que húi 
construcriones nuevas, sobre todo» 
aquellas en que se evápi^ la mez» 
ola, son húmedas, y por tanto mal sa- 
nas. La frescura de las pinturas es 
otro inconveniente grave, del cual 
puede resultar uña enfiutaedaddo- 
lorosa, el cdlico de los pintoíes,— En 



mmo.mu»<}mm. 



i paiaet (Europa) m u^^ffi^ 
m la expaticioD at oorto y al QOftfki 
Im nataraleaa de las aiiperficieii4|W|,j 
reoormn loa ví«i>»fta fr^yitfltygff w^)Wi 



no tiwen ménoa inüaenai^^ a»,,, y iHd)«9iM9 Wellaa que «tan re 



MtMlfA*#ÍM^ de kw 
«ámMpiuni;kv hoqiiitaka por oa- 
I^fflftmBiiDliMiteBtet. Um oaiaa 
.miif tKiM4Mi#9 los jardínea inglesem 



ommdo 1^ habitación reoíVa.^j|fni^ 
<)ae pasan por ciénegas, .^.vp» Ifw, 
que en eUa moran, soineüdqa,4j^».| 
dos los ineonvenientea quf iq^ta^ 
4 los que yiven en medio de.|taAta- 
9m%^lA exposición mas {aypi^kbfe 
epi sin duda, la del oiediodia y del 
oste, porque es VÁiaaMI, la que 
proporciona nms claridad, y la mó. 
iiosfiria. 

Una habitación situada ám^ íAd 
una corriente <fo aguat en^vaUe 
crtreoho y bajo, es síe^p^^tli^; 
da ; las nieUaa son eq^iAfi. «ap 
largas que en w lugar n^rgolrm 
dOf En esta posición son leasMea 
loa accidentes géistríeos, las enfeiv, 
. medades catarrales» las ^^rftfilhijL 
&e«3 en igualdad de circunstancias 
es dañosa la prozimidacl(fe losea, 
tanques y de hwi ag«as estaaeadaa, 
6 que m renuevan lentamente: loa 
individuos que habitan en las orú 
Ua% est4n sujetos 4 oaientmflaa l«iter 
mitentes) los jardines en que abun^ 
da el estiérci^ y cuyo suelo se re« 

mmfm ^wJN^ww píw» , «ati- 

jm^,^ n^t^Mc^^f^ que ^ 
J^lí^n^r^íUltivftdcw^dpJa especie 

¡^on^wajprp^^ 






itodA^tda /4ij^>s, soahibnedas y 
iffl:^iMfiffl pqMlispnne A las aftc. 
ifAfítm\te^ifii^otíB y catarrales. Púr 
W^^ifmñP^^ •*> posición, pae« 
;d0.pc^<4R:,tQéQ^ por la distribncicii 
iptav^« f4n|Kpe8, las ventanas ea. 
trechas, la desproporción de laa sa- 
las oon las venlana% sfierpidican la 
buena diHtribncion de la lúa; loe 
.cuartos bajos son sienipre hánedos} 
demasiado pequeños, la atmósfbra 
.«e .latera prontamente^ el uso de las 
4!¡t¡muBifia9 es preferible al de htf es- 
^jBm^ j ^ calor y loa al mismo 

hgL i^omeracion de habitaciones 
«xige cuidados particulares de hí* 
gtmie . p6blica« Cuando las casas 
son altas y separadas por pequeños 
iQspacics, ca^ calla es un ftco de 
inihcolMi; #1 «iré se renueva con 
dificultad, la lúa no penetra en eUas, 
y la población de estos liigares se 
jlptsttoffu conservándose bien sola- 
mente loa que habitan k» pisos al« 
tos. I^as callea irregulares que fer. 
inaa ,un gma níiff^ro 4p ^sp/^f^jf^^ 
santan en qada juno df*si(s.j^nfp)des 
un obstfcula^l viaf^yfiajpfwrvw 
MÍ Ji^ atm6s(biÁ. pili^eydajr trMh 
q|(|iila¿im^a», , . ^ . 
. La,c^tra<^<uidek^é iximMU 
diciaa es uaa,{(Mmdicipniiidis(mspi- 
bl9 á la Mgicne jp^Uipp.; )ps 91^^^ 
I éim teii^r «aa* p9QdiciiÍ(».ilj»ú ^ 



mtMmmaw^mSim 



«I agim Mft poete 



Mitaate 



deropaooQ 



«ttodi hti niUiC ife i ifiii türmiii li^ 



Medioi preparativos durante la» 
epidemias. *«i'-'- ' 



nÜMt En la paito convieae tonar 

ítoMl^a da tflfet ift angomadoy y un 
yeati^o ajpmaíanta á dicha tola, ea^ 
paz da cubrir toda al euarpo: tomi* 



Ba Qoa opinión gBaaralmañlé''«nda)aviaita«8a8amergiráanagtta 



aonaagrada ahora, qoa np ^9to^ 
madio praaervativo oontra las epi- 
damíafl» y qiia km aoioa raoursoa pa- 

<ln«Ata -A^ lina íinidliTlin aiindií un 
GontEaiaa an^ daa ^í g^»» iMrf^wftí» a? .6 
chkuadoa 4< acarcana 4 ioa anfor* 
.1^ 6 W)^j?WÍjpkOÍO|^rríll4 
j|«9do p^ ^.oíadada^o, pi,]|p,pi^ 
,de alpjaip.(4el Íu|pr f pentodo». ao 
dehe panibiar de vida:^ru9.ciimante^ 
sino evitar los excesos y las pasio* 
iiies ' Irístes: no saldrá sino de dia» 
eptari el frió y ja hiimedf^dt y e^fí 
1^^)^ ^^ 89 baña ani^pia fría 
en tiempo caliento, y tibia Bii(t^« 
j^jffApf^jpi^al priKM cafo, debe 
evitara» astf^r mocho tiempo ^r^ 
do Iff «fifarmos, toinw al fira cpfi 
fm^i^oif , y alimaotorsa bien. 8i 
la.flin^nn^dad es , una de a^ueUaa 
i^ff «nitoralaaa no aeti. todavía 
f^|tf^deái4da, ae tandrA quidado da 
lKl.^¿i4rac ^n , coDtMMp con ia^ pi^. 

da8cuiuEiila& no aoucaraa á iii .ca^ 

latoi íMiarBuíonT il f^*^iarlnii laKaraa 
laa ***^*^*** ia>fiaBa»daníuanniaib tow 
atas Ha fp<H»4p vMwi»r»TB»..i«|w- 



el jBBstido* 

Xa sala en qoa parmanecca el en* 
fermo ha de ser grande, bien Tonti. 
Mftyifooas la asina .a»»i||iilMy|i|t 

fa:at>n.finGMiloifl(» y ha aáhinaa 
napnaütoa «I iriantos laa diyCMía* 

Jlanaiaw Wato sola -pava piftdaaír 
anfemadadeK) opídémicas: 4a #qMÍ 
J» » sa a s itod >dapioiaaawade localaa 
.f^atoa y jbiai» *Witilai4oa«*^TQ4M 
4ivi,opijii<w«|i^wU¥dMnol^ it^mr 
Ikmnadadea xf mto g í o ii as,> •han aid^ 
(dMriridaaó^mptoaqn dodlt'W» «Pf 
tosiUtimos t ian^pqai aspaM)9m.^a) 
4n.dal huraaa#, pai-a cqnfftniir «q 
QiMvo edificio. . . ' ... 

'FEUSAMTBNTOS 9BL IMlOtOlt' 

STÍTFT. ■ ' ' 

l^oaotooa tanamoa . ima. ' acáiníon 
qiie muanaafti^^i^n^aMif» y#M 
hian^Ma viüoonoa de ^ pmarabjVt 



Cuando ik iss amr^ ih^ ^lii^itWMWi 
iinn^Doa^tla opps i de ra waasiampra 
poK fá lado:frvi>nd)te yií W H lwlP ote 
heBBÉkB<44itonidOto f*aininainiia ñor *al 
k^contrnio, » ,^j.„ 



tfíjkttíúiMím'mMtt 



....^«^lJ1El1»Ai<iBIIC;miA1li.4.ílK. . 

• í.-i .'i! *) ¡ ' f 



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[ Artj(ciiIo «ecmidii»»} 



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!&*& S&{DV(9®t!®ST(>' 



•ji.i 



|¡|B nM» pMp«caoi«»'oiMmdOf «de 

^Mo «á teb pit^bable eMdMMiK 
9MaaalA«iÍM medio dé les bnHutel^ 

M llODfÉoé*'WélÍlier Of |l8dfO''M' AJ^M^ 

éV|!ig;>ftte'fftíaio un nagutni&<»^fiiKK 
VMvdtf nitt hurge pip« ú&é MméMá 
deménil/y aiMiinpttiliuiO'detiii^puMOk 
«Mg» etrfo titg» y incidédM ecnlftii^ 
iaÍNiá mngiiliniMiiite^ emi k eeeeiMt 
^Ué'teiáli dekmte. La aperíteioii ée 
tNie sttgeto en w iiMmiio piocnf|e'iilrii 
yiéiiSé «gtbieioii etir todee jdmiélí; 
y^eikfADües tote ft6ord^ haber oidc> ^e^ 
fii^'^ltecth diati 'fiaWm aiqaiiatf^» 
Fransflosdoe apoeetttetv deeot^pa- 
dotfá un fie» eatodiaiit» ^jtie debía 
qfQgarlM dmwla M- ^nmmmiy 
el verano. Ne dudé* pues, que el ea. 
baUero cuya praeeneia había turba* 
dea k heroiofla Agoeda» dbiigaBdo 
alti^íetoOáita'á Mparane d^au la^ 
odrera el ebtodkiile detpnen tanlo ae 
habkba: e» efecto ao BM eqoiVÉfvé^ 
■e Vaniaoa * Oar*' Av^^ W^tnoar*' * 
^''AMant]6ee Ifogttídaimato y oo^ 

kktím áestada Agoedd^yalapiwi^» 
lá^k, oayé éidapMaoo* 



la'iBByoi gnMnBf *y 
tn¡uídk dutatt É toadiOii oMIeole dek 
eaogalüiaé pai» Iftrtí 4|we'dewi ide- 
«eóÉi Nv bien haba preamdfldo M. 
ta gálanterftty oiiaudonii saber por- 
'^é|' iDé'ÉbiítL Éóbtwco^áé A tma ñv^ 
riMád ffidMUlbk^ y émi^éed t pm- 
'sagiarcn nri ¡tateribr ritíf 'Angra* 
'efae. 'S^of el e}siiit>to tfó' GSrIbé, ee 
'decir, me retiré de aqaeira ifmáble 
compaffia; 'mas no como élá ta so. 
ledád para suspirar libremente, sino 
á'mi casa para reflexionar sótm k 
^pravadtín ^ iomorBlidád áñ gé- 
bero' Humano^ * >. * > 

' Sesj^théi ádfetmeirté^ ]Winr 'JL^edh^ 
oa ' bcténo. pero dSbii iiiadrei 'ctotil 
tjtie a<{de]la habk nacido para 9Bt 
tma gran sefiora, "y qtie^ en cooéb* 
fcuenttnt TObfa * escoger espora esf 
quéi esfera sooiaf sapenor ÍtnffH¡m 
en qae su ftmffia tegetaba^ pam 

iJIIO' QV CbIV su«7uO so CUUipilQSOU 

HiQ^ ' joa uoraooa sueaua oa w vdiv^ 
brRoír iiialeraaL fit^é era' 'lo cpie taf 
liáJiveía' & 'peoaap' da aquiala' ' itoa* 

Borsi Cin^ooiMDgOf inM ■BmcRnr 
oa^aot eapeaia ea muy faira> enav 
Vm anmanMi par uainaiuiauív av 
ka kkaMÍéaas^ '4iia«tÉ»'W0tfipaiw 



ifu^v» ¡m^im Htíífmí 



» 



da oh«e de la -mpiñfimi oontsa laa 
^pe It /i^ii ^parioDM, . f d«.I|L q?í» 
•da[|uedaB eK9ipt«A<*»<lf#iqp9 ha«í 
logf«d<^ ffibís á M{ altaiiiy.^iiM !■• 
pone /|:¡ci|bÍMlP 40 h lámüdid..:-: ' . . 

4Nq ea A0a.9dii la.nwchaohi^ nm 
bonita dok IfL-aM^? ^No; ae múpf^ 
todoa for^fUa} iQ^i|k 4a.,i#pa»do 
•aagomr i«.<|a^ piada aaaqJMl? . 

Da tatp n|fli^^tiaMail^^^l^^pt^ Ban 

le qi]ai:a«^.p«i3^.:iiQiti(í^. .panr 

7,«tjbipa,FnMiaiaeiifadp eloigii^ 
Bo^ sa carácter y Ia pAqfifANí 
df^au i^te^gaff^a,:^ic<W4.fi> qm 
¿adiepodia.^e^is j|o qa^m^odívia 

te puní?», jr , wci^í^j w. «>«pí« ^ 
primer trimeatre qoe el.afflMdiaiite 
k|i^^eIa||^4o. . ., 

^^— *iai nT i ii P ^^*-* rfifanalaffBiiia áw 

"" {^^•^■Wi^*" Ww^v^^ ^^■^f^' ^^^^W J^W 

TOni'eita adad^.^,lii<ww)H«n«hM 
f m fm f kn ^fíf|r»[iiia él aHía ena p 

eiperiescta aaomhroiai.dd nmwi^ 
y:/mlitai!darjdAi)»p0iM: á mü ipoaio- 
9M:fm'k'9M|r^rTMftroi.firi«b I^m* 

rftoUmale.Hilceiaf. 




el gifii.|wvlM? q9ie.:Rw4fi,«aeM«9: 
de-mt^HMÍuiiie dieatmamte-.fow 
gíd9r«iMi«9 «ft9i vez^cqronar el i^aM 
toaoaeffiíerz^ J)emmA^f^i^U^^ 
to lo ▼eremos. . ,. , .i^,- .. : ,> 
. /WUaMOr: tenia aigaoea laoiigonde 
«m^penídad, poea poesía ^ea primer 
gKi^qp4^']MB cuiriidfido**qu0 1m 
júiTiNM^ deim& eneoQtrar^ ^ loa ijb^ 
aiiiedadhj CMtaha, jageba, jmonla? 
la:«<eaMlio y bfMat aia^qa^^enea^ 
tee -^aaci^ioa faUeag. o»o que'k 
pliaíeifteki^'delaatc^.JSl furU»ipi^ 
dataaa'faiteoil emJBiwMrdo *Va»r 
ümaáliel toen «uya: baftaaiii^hirtii4 

deiMgttBtv éw. familia^ tan,<b9e» 
partido» como era el qae ae p amm ^ 
Ulm.rfaiu^ penMaide aurico/ca* 
Tüwfla'doaafadioa, ae haWaidejadar 
de i wini lr faai k<henoeei)aa>da lai 
by«r da Arana pedía a^fivirfde'^baA 
tácMtoí&Iíai pií>yaeM^ y oentíiwa^ 
áJoiftipora^ 
'odefaMAte-parv 
tn mM Mhr del aio en jtqaeBaMfafi 
dad* ' rém dala paraba Jeaigo^éaeen 

Miado; Iba 4 
faÉideiaD<aarf¿e. Aatguraba ipiaál ' 
rt&da 4M;iiiaUnaeft ^Mdaitodfafrafa 
da a a a m M itacwtaea; y^pialpafaieirfa 
aha^andDiebeélDdia^^eGaíMkélia ocm 
paeím le ía l iyiaf n^itd d ai to in ejaa qae 
eni m n aHa -pintopii»!.dein||ii<iKk 

quilidad? Con el miamo deaeararekri 
díatodmílaff ps^gante-doiEfAr- 
do. e0emp da Agnada? ganando ha* 

bín afoM^kf' .mmmaiwnim' di| 



e» 



ofARio miiMi mam; 



hm no ptMé en i^ábr tíSáb ^Mtuir 
Í9á AÍeVerttciotiés ' ma^ ^áhñ fun^a^ 
dá* ifatí Intente tt itnen, iá láMéé 
ó el sentido común. 

Es pi^iAi Considerar akOM á'Á. 
goedh eipiMla 4 tcOm UdfMpfM 
dddésígnál óómbsteeon <iaélft'pf«-' 
teca uiMr traición disfrazada etíiá'fá. 
réb de la amiMd, y beeÜd ja)g»^ de 
loe iüéi^itÉbtes eseolkisdeli^aniafld 
y del amor propio^ aquel 43afáctei^ 
▼irgetf, ardiente y séiKiHld*> ta^ad* 
▼érsário, denasíadódifleMiysngori» 
de k eapericnrídad ée su MasáoV 
ta i apedtfm«éperniediodbihi<«dtt. 
lAcioii da aquel ¿oMeónlHiiiiüde'y 
edf^do. ■'«- •>.'jí.:.- 

Wilmar que haeía tiefljpoadhátw 
^abaria MiMa, se liábiapMípiM»r 
fe eUaaMa^i Con* esia depñüra^ 
da intéto^ion se pretnftt^éá ^ liho. 
Mbo, y por deélgmeiatla legiiD.A 
poco tiempo de su llegada eabyiiu 
g6 cfntéfamepte á lainiUcr Agueday 
qoeya'no tuvo qué 'eoáiBedefla'm 
mgariei nú»» bntando uUmMí 
tmo él sabrificio de «i'íMdeeiieia^ 
enfió d'de sa Wpute diw b AqoeUa 
tés8-deBttq)ada« áquet lfffio'maÍQU¿ 
to, déUaí hidr con sa sadnéléráilB 
lOmlopiisiladelIUuB. fiéimnéé 
gane? Babnr dado el pñnler^paáo 
en,h{!aénda deí' Vém ¡éafo <4l¿efQ 
eaél asgundó! 9 qué abtiflaétfsaaias 
tin''%iistgltíí' pA)Aid6''Iil prifiíéra 
(ldfari>' '>':• *•♦'•» • ^ •' ■' •^' ' 
•^ fhi él'^taiiNiÉtordc laillMiaá qué 
Mtail*lNiifal«''iiaili^ ahqwivfiío 
1^' ddiltf '^irtfiéUVae^ l|$lfeiÍl'M fer^ 



w átt ttlOAIéttW' A li'ááHünidKatf Vb^ 
tá áétttada'oércí^Hé ihl«í^íMÍ Ófül' 
dé la ¿uW ie di>iMi'«'Í81^ K^ 
dmttr'kgdáyiléir Ñeéké^/ y « "HuI^ 
de 8ainadíé,qtfé^ étt'.éhtMtléiJé'^ 
Ifaeef ipnmo'éi'ttalli/y I|flllr«í4i¡» 
sai aiiradiui uflaéfi^eé^iiíte túmry 
otras i? ya detfMhlfMkíí'ltfJA tM 
ójóá de éitk sectávátt, en'íilf, tií los 
oe^ la* démasiadok cifedtila ioólínlshii 
y w^otifuÉRnl' tifSt I üfMítlittÉíleute 
de gktfk áqaéf NiW páh'dó y güai^ 
táídé ya portel rattonRiniíteM^* 

• {(^or.qaé esa aglfacittft/u|kfitliaf 
teipreffunta Batta; (iSs JMibl» qde 
noideséébrai^á'ttt ida^H^' éaintf 
da tus' penaÉf ¿Q^é le radMé^ t^; 
flMMsíiabla/ ' * ' 

' ^Ifo me aíRiá tA, mácdÜ^íníá, 
HBspondé Águeda tttHMda; ¡Ah! p6Í^ 
cMMnpasiotí no'nn'liaga'i'u* tañLa pte^ 
gánCas^ poi^^ue mé liéiv nnp6BÍDM 
responder á^^Hak aunque WVne'par.' 
ta d cotáion* 

Águeda, ¡qué as eábf ¿ilüíaltísaír 
dé tii itidül^em1>«f'dé¿déiaM 
éannOy injj^taT' Ar déciif ' eMb la ffo* 
bre iftHdrei''dcjé'caitf éa stMlb^Biflrii^ 
teJ^DMiMadbiKslbaraetteaioa:* 
iiapa«alK sediiBlda>)dtéiii «Wlá giác 
ta que háeta dermaMor él cilikltMitf 
de'awaigdrai •'•• • -^ '"*• •••'••^-" 
«>-*{Mkidré idiifi> inddíwfeM'Húé 
será d» thí! eselatílñhrilliptMár y 
éi iMldr abógú in''tk;«>; y i^y^ 
casi examnie aoraxanao las rcNiufaa 

«Élat el wi<» d» tt^ ma li a* yAi» 
geia iMad dafafti^apaiÉaliitiiaiíaaiq 



mktud lití totimfos. 



B6 



wm idUi f Unna é^ lá iiiÍBeria'>«¿ qtt0 
íftiif i 'pieMipitani»; • . • ¡Estaba mj 
érito' qiié sa prédicoion' sería iriei 
niediaisle! i - * i.: "■ ' 
':'Iia puérCa'0o «brid^cpuí vi&leniliaf 
y-Sraás» eáo«iididoeneokra, «otyd 

e»d«jpoa0llto. ; •^''•' ^ r^v::i:: if 
i: ".! • • • / • '.; rit¿j ?^-.;. ! ' 

JtobMAriiyla lij^tniMarciB al 
tít loacHtaoi^aiM pmtt^ ittélíilé; 
r&i tmté^cM'füí^ mi ¿spánto al -es- 
eM)ldfiKd^fipd1i6<m Wa9]piMlíl^^ ' 

— -niY vives aún, áetínm^ ié fáíé 
i$aíiM4^Úi()c«ya> vabiM^mtenta to- 
davi^*8W l«MM mugeiv }«vaia|Are«im 
rar sa entera- 'petfáioion!- Sila^ eHa 
BolirVwí'ttHHÉíé ^IphUe te haiarro* 
jado al p#eí(ii|ipid<h^-^4)]remé^ BeiUJ 
lVíí<ÍB0éiMto^<)rtg«dlo móB ha KítjtíasL^ 
do de:¿iMigndíai»<e& w de kis biéi 
ará tfae te prootetiQB. ^^ Águeda 
ebtá'pérdldaylo.aé, estoy séguto^ dé 
cdks f en la' aMea no se habla i¿ 
atriC ebsa^^iñio cíe noéstven afretftai 
"i' ¿qálétt, á ik> Ser tan pM^'ridó 
ébtíid Cíjú hiibierá' eápéi^dó oftra* éoL 
Ka de' tiiír ríAdd1o£^ proyé^fós? fAy 
íflb'tíií! ¿cóitíó'he^sidó y^' tatih necio 
étt'fiaiftie de^fí»' ' • 
' A^éda no pódta lml>hñv>La des* 
didhada mádyétéVántiíyal finios ojos 
'^teátíioB dé. lágrimttí» \ób ¿jó* ehi sü 
maridar y «adam¿; :':•'< ^ 
— „¡Dioe del cielo! ¿qué 'es Ib que 

•-^-^(iioea! grítp este^ ferioist y 
hi p pm j á Ad bla cbá videncia ee aoer- 
e6 iMÍdlája^tániíiiHóviiiy pelvíficar 



daéttáUiCfbera estátdfli de márt¿bll 
'''^^JOtoBf Agueday lé dijo .agar^ 
rándola por el brazo y recotoicdn- 
tíranáo^sa c!6Iéifa$: pero dime la ver- 
dad, 4ciotJa6 si'ésüitierÉéén d ultimó 
tlan^'dé ta vidai; ¿eoí quóettádo 
Mf had&ti, illa fdaoiénta con Mr. 

WilttiáW»- ;■;• • ' i '' • ' 

•^^¡Pttdre moi ; ;;! (Pbrdon! me 
ha'pirómeitidb su mlsi^ió','' mormuró 
Agtíeddi' '*• ' 

' — ^¡Basta, hika! no mas, gritó 
Frñüiz desesperado; y dejábdó ca^r el 
brazo de la joven, salió de la habí- 
taaw cotáb'MTk hombre qiie se te- 
mé á ¿i misníiío, ó ^ué sabe á que ex- 
cesos puede conducir la pasión. 
Águeda levantó al cielo sus manos 
ÉUpKcañtes y heladais, y Berta se 
riiidió á un terrible diasmayo; ' 

En medio de aquel desorden se ex- 
travió la rázon déla pobre Águeda, 
yhuyó'páta salvarse del furor de su 
^Midre. Hasta la nodie no se supo su 
flesüparicion. Coaakio volvió en si 
Berta, se dirigió, guiada por un fa* 
tal presentimiento, al* cuarto de su 
hija; abrió la puerta con silencio, y 
id' verlo vadio fué tan intenso su do- 
lór*, que el ánimo y las fuerzas le 
&Harón, y cayó eÉ tierra en unés- 
Mo íde' estupor imposible de descri- 
Dirsé»' 

- '0e}emes pasar algunfos meses so- 
bre tan desagradare suceso, y tras- 
ladémofios á la época en que la des- 
venturada Águeda volvió á los lu- 
gares de so infancia. Ta no encon- 
tró á su padre: el alma del buf n mo- 
linero bahía roto las prisiones de sus 
12 



i^Am^jif^jmmffm 



tocr^strespadecinneiitofl^y sa ctier? 
po rQp^Maba en. el humildidoeinfinte- 
rio de Schherbach^ j ,/ 

. Berta estaba enJa'pueatode su 
casa, esperando ;^ ««mell^ bija que 
babiaperdi^Oi f (h fu^i wpoeasíte f^ria* 
(lira que. iba á pediiile el peridK^ dcr 
la culpa: la pobre muger aecó saa 
lágnmas en las ro^tUM de su nie- 
tOy y lo estrechó contra-su pcí9ho. 

— Dios te traiga con bien á casa 
de tu abuela^ ^.<lili® eateifiecida 
y procurande disimular stf agiUh 

cion* . • ' . .•.'..,.• 

I. ' •' 

-riPerdon» perdón, inadrí^ ipu^ 
Hágase la voliifítad del Señor^ 
[Xy Águeda! si el qi^e está en el se* 
pulcro pudiese contemplamos hoy, 
nada mas apeteceria^mi corazón. • • 
pero. • . • bága^ la voluptad de{ 
Señor. 

Esta, alusión á la muerte cfuii re* 
pentina de su padre era demasiado 
fuerte para la joven madrea que nó 
pudo soportarais £1 sentimiento la 
privó do sus sentidos, y Gertrudis 
^u fiel amiga» la recibió en sus bra- 
zos, prodigándole en seguida tod^ 
cl^se de cuidado. Por.lo^qu^ipc^ á 
la viuda Engelemann, se dedicó en» 
teramente al {>eqiiefío WUmiV7f y i 
pesar de que trataba á su \xijfiL coa 
la mayor ternura, con todo, no sa* 
Jbia estar un instante sin el nieíeci- 
Jlo ^n'*,ima de SUS rodillas», 
. I>et este modo vivreüoii atgws 
.tiempo. Jqrge^de Wilj^ar Du^ea se 
atrevió á presentarse ea el mol^toj 
poro Águeda siempre :qi}9 fHodü» lle- 
vaba su hijo 4 IIeU4oH)$|g ¿donde 



cj»]itiatiKbt iiui*«st«dMd. £1 
que Hrgh flumiiciBteba i Bh]uél íimn 
oente, erfr para eHa hi ^tqjor ptM* 
ba de i^eno «e hubia entibiad» m 
afecto; era una garantía 0íffML da 
la promesa que le' liabia hecha de 
baoef la «K e^poea, «nando^alÍMi é^ 
la universidad. Ape9acdbeiÁQi«wi 
viages eran algunas veces bien^ 
tristes. 

i;^BdiH,£ii^€nide WUbIm la Ufea- 
yOT Qomplac^cia per4osjii^[oeM 
nino^.dijo á Águeda «sen apaie^Aq 
indi&E#iMHia> que ooiiltaba psoiwii 
dos desigaíoB. 

^-^o bafiflti mal.^ea ját^ttatíi^ 
afilada mimpara mi coMUielo, |Kiefe 
ya no ttM haUo sia él.. 

Y ;¡qaé! ¿«o te^perteteem loe iM 
le jM^ondió «Va tíeRiRaíieBle« 

Jorge se Uurbó de vei^guensa» pmm « , 
tenia intencÍQBes dedeseobiir á «la 
víctímH el .proyeotor que abrigaba» 
de «asarse eoiik ioííofirita Heínthab i. 
Qdeifia quedarse 'eOH eluiics Iievi(í# 
}o 4 sna haciendas de B»viai% y en 
caso de opofÍGÍon.>por. parla de 
Aguedaí as j>ropamia asignarle una 
l^oota apual para fsa educacípn, has* 
ta que estuviese en edad de entrar 
en el gimnasio. Contentóae^ pues» 
con detüde que al día aigdiente se 
auaeotaba con .fivfntardo, «{m^ve- 
chuido las vaom^io^eai y dándola un 
beso, abraaó muehaa veces &«tt, hijo 
y la dtj6 séfta. , . 

—¿Qué significa éCAoI ipot q«t 
«e ivftr'QW taa jrepdviinajBoeDte, ain 
dirigifmeiimaipaJahra: aáeatuoBa} 
^Mttuftna! ¡¡f ^m.ék qaUWiQ de 



\ 



JDIARK) Iffi LOS NIÑOa 



»1 



Bhilitbftl! ¿Me mwci yn mteot que 
iBtef ¿BcnM olvidaorma? T^tosemn 
kM( peoB^iamilofli de ki M«i^' Aguon 
48» id puo qu0 v^f i» triflltenientó al 
nHltno, idandando con sil llanto d 
lattvo'de sii hij/tk Bo vano'la viuda 
de BBgefemaBa y .Oertrádis proea. 
raiott eah^'fiOB ¿nguatiá» dufante 
kMdos.'piineMVi ifiaa i{ue«igaieion 
al de ia deapedidR de aa amante! 
Pdr úMmoj al leiioefo ae preaentá 
«n'aldettiio en el molino, y entrega 
uña. c«r^ aiñadiéndo que no tenia 
xeapiKwta. Decia aals ' 

Mi querida Agueto: 

áEb inútil que «Uime«tee por maa 
tíflinf o iqvimélrieaa eeperanzaé^ que 
^ireuataneiaa imperioau meoUigaa 
4 deai^iieoer*^ 

. 9>NodBbead<idarȇpeflaf de todo, 
de que yo tendré el mas eficaz cui. 
dado d0 atader á tu suerte sin mez. 
qoLadad. iQné nms puedes exigir de 
■SIBá euanto á mi h¡jp,haré de mo^' 
doquef Amelia consienta en recibirlo, 
y te prometo ño perdonar gasto pa- 
ra propoveionarlo una boenaeduéa. 
eion y un destinó éavídiablev^^' 

„Soy su padre; sí,'su padres tete 



tifulo me lisoBJeág y ti dbjr gracias, 
hermosa Águeda, por-esiepreaente^ 
qae me kioiste en un tiempo q«e^de-> 
bemios contemplar aaay Ic^no dw 
nosotros. Aquel tiempo pasó, y pop 
lo mismo no existe ya: solo tu ftia* 
tástica iipagipacion^pued^ inspirar» 
to la léoa ^deadé amarme hoy com6 
míe amaite ayer* Esto lio se opone; 
en mi sentir, á que sqsmpre seamoé 
buenos amigos. ^^ "■' ^í 

^Permíteme te d6un eoasejo; y un 
consejo desfrliteréado. Admite en hi 
gracia al desgraciado Carlos, de 
quktoyo te separé: ámale, cásate 
con él, y, oréeme, serás dichosa.^ 

nBára obligarte á este paso, si es 
que te parece algo dificultoso, pue« 
do swvirte de ejemplo yo mismo: le 
añancio. pues, mi próximo enlace 
con la señorita Heinthal.^' 

„Dejo á íni querido Enrique Wil- 
mar él cuidado de enjugar las lágri- 
mas qpe me figuro derraaaar&s ai 
leer este billete: té pido que sean las 
últimas, y que me euentes siempre 
en el n(imero de tus mas sinceros y 
afbcrtisimos am¡gos.->Xí>r^e Wiimar* 
[CoiKÍMuiKt.] 



EL VERDADIO AllliO. 



=»5P 



BU ana lindísima tarde de pn«i 
mav^nlkel cielo estaba de»* 
pcgMo^ U smipó ouMettotde verdu- 
raí; y d asliik^ielidia^ préhimo 4 «- 



mergir en el mar su disco de oro, 
refiejaba sus últimos rayos sobre los 
capiteles "de la soberbia Sevilla, ha- 
cíéndólos in^lhlr'cótt infi^tos y va. 
riados^loríiasoléaé 



92 



BIARIO DE LOS NtÑOa 



, Do0 gallárdús jóv^ies que apé^ 
naa contaban die^idiete añosy.aoa-' 
baban^e aeniaroe á onUasdel caa^> 
dáloflo Guadalquivir^ cuyos limpios 
erifitalod agitados po)r la fresca bri^ 
sa ostentaban el vistoso ropage de 
blanca éspnnK^.Suscsjbs preñados 
de lágrimas se dirigieron por lá vas- 
ta j fértil llanura en que descuella 
la ciudad y. que reo>Drré,trassando 
innumerables giros Ja marayillosa' 
corriente diel rio; .contemplaron des* 
puea^ )a pií^toresica, ribera engalana* 
da con los vivos matices fl^ las . ro* 
sfis y jazminez, cuyo delicado «vtp- 
ma embalsamaba la^pura atntósfera 
que siembre se respira. allí. Aquel 
magnífico .cuadro 69 - que. ;habiaik 
encontrado Qtrags v^ces un admira- 
ble conJ^nto.do veriladera y wbU- 
me poesía,; desapareció repentina- 
mente ¿ ;6u .vista (9n:el ja^tfm^j^io 
mismo en.que dc^^brieüdo^ájlo le- 
jos wafL ' ajpDena c^sa de campo^ mh* 
bre ,AVy^ defsiguale^ tapias se me»J 
cia .orgullosa la esbdta palma, y 
mostrabao^i sus pomposas copaé los 
granados y limoneros» ambos quif: 
siefobliaUM^y }io encontraron me- 
dio mas solemne que el silencio pa- 
ra significar el dolor que abrumaba 
sus ¡nocentes alma^;. Ni éfi hl rofciñ- 
to de aquella quidtv i^%Éi-éus inme^ 
diaciones habia objeto alguno que no 
hubiera sido fiel testigo delósjuégS^ 
de i^u infancia:, de aquella e^af] ven- 
turosa i^n la que nos paiiepen }ob bom-i 
bres los,9Qrapanero9 it^pfirable^ 4ki 
un, viag^ *1MW^ J . dive?^do,iy ie^ 
de la cual nos imiy^ii^fus^ )a^ ridf^ 



coipo un mar siempre tranquilo, adJ 
br«í>eoj^ii -aguas résbeittn bkjeletf 
lleno£^ de «rolda 'f antfoála, y imla:! 
gados por kls luristis del amor; Ssta 
idea, suficiente por sí soiá á oon-; 
tristiu: >él< espirita mas elevado, 'no 
er&sin óhbiürgó la,teLeai^snsá*del» 
torm^ilo de nuestros daeijdvenes. ' 

Eduardo j Bnáriqne aft-anniban- 
deide.sus xnas'tie^nós affbs: lialüatí 
derramado juntoalágtimaa ití rdolou 
sobre lastucd^s :de sus lioniiuiov 
padres^ cuando apenas babífeni'teni<J 
do tiempo de estampar en «us tt^neP 
rabies rostros el priiiief lyaBO'deí gra- 
titud.- EJn ái wéktitL ñtáíMáñ habia 
hallado un consuelo IñdMté á'lafe^ 
amai'guraa que expfnrimehtaban póf 
i los malos tratamientos y lá'finflexiv 
bilidad. de carácter de sos fespeoti- 
vos. tutoáíes. Coa lás'doUadKs éspe^ 
ranzasde tin porvenir mas iSsohje* 
rá, halñan resuelto condi^tír lodof» 
los ¡trabf\}os, y solo los i agobiaba i» 
idef( de que alguil dia pddmcCn.vmfe 
separados.. Este dia habia j llegada 
par» su desgracia* Dentso^ de^^oa 
horas' .debia partir Eduardo á Má^ 
drid en compañía desa futor^ quien 
habia obtenido un ascenso en su 
carrera, y esto era lo que los tenia 
i4db|iloU|l^. p, 
i¡ A^lMisáv de kédo recordaron que 
apenas habian fijado eP pié en la 
máfizaSá alfombra de la vida, y que 
al salir del poderlo sus tutores po- 
dian unirse de nuev^ipiwi M'fépa. 
ipurnejjanw. JMfim tp«mr^ocho 
aS0«i.qtKS ii«soti?nada.p«ra d qfiB^^ip^ 
sfo y .asftunil eMUidadipam el^mer 



DUUK) VEi LOS NEfiOBl 



•8 



I. €8|»^ia^^«BteMcliqipifciód«biiniívl¿ 
▼ir «friadoc ignoraban la soarto 
queiái>oabviavniM'no-por «aodea: 
mayaron, antes bien trataron de 
«Mvkar ana pimáa eon tíernoa co- 

IcMfltJOfill' 

• l'Oanieahabiaa ofvidado' de so la- 
mantaUai oaiáido» ooand^ hirió sus 
oidita4«¿a«iipánáda do lá amoioil^,'y 
CHIBO iiltpSKados de tf&a mioma idéaj 
se lairatttJBtfon aibbos, y* sef^roíiie iié* 
roa ▼4^0180 4" rár aqiietta ¡misma 
hora, oofaó ados deapo^ en¡d patio 
da-ka natevjoaJ Heisho ésto, np qui- 
ateáDanpralDn^irivasaii tormentoiie 
dmaaroa* eon: el- aiüyor amor, y • 1^. 
IofMidierOn''dóditae: ,^& dios^Las 
MjtimM espreaaronl^ demás. • ' 

. . Ciiicdj añoa.^kabia. qué. loa do^ 
atnigoa safrian loa rigores de la aií* 
sencía. Sin ambatgo,:6u suerte: en| 
ddl Ibdadi^wsá. «Eduardo» en me- 
dÍQ.deLbuJlieídíde la oorte^iempenú 
ba/áoontemplar id mundo hajosa 
verdadex^ ponto de 'viata^ ooiiocia 
el subido pjteiiiO'^ajná tierna amiaJ 
tftd, • y antÍ0taba> el mbü^rntó de yo^ 
lUr á^loa brazos de su amigo ]pani 
iiiattttar los sueñes de ati infancia. 
Bné briHantes disposiciones le per« 
j«d¡caron',por etifónces, frues qtí^ 
nendo aprovediariaa el tutor en 4a- 
vor suyo» le- dedioó al^ bufete, donde 
sin dada^aé bobiaran embotado aua 
eokoalea ideaa e& la iaai^aaa'Tátii 
aa-da ooptar i oatidianwBiientei anas 
I (pio.anoeiTrabaivbn ai 
I iápñk aipf ertidaa .conla^ 



nusmaa palabraa,' éi .no Üab^ehí nH 
bado las horas al siieño'para dodiJ 
carse al . eatodco !de< la literatura^ 
ánioo i||ae halagaba su' pudiente imafi' 
ginacion« Sii|.ii^clinabio|i le hacia 
apartar la vista del nameroso ejér^ 
atto de Jorges^ pitra ajarla en Leew 
nidaa y ffUs -poeiis beldados; y Vien- 
do dospttaá i los tiempos nJodemós, 
volvia en sí del a^pmbro que le cau- 
saban las victorl&s de Napoleón, y 
bendecía bnasgaida las virtudai y 
al. civismo de Washington., i OcupáJ 
base cuanto le: era pósiblbaQ l&forC 
m^ckm da una ohrá<.qiie.>penBába 
dédioaiia áau amigo: £t]ríqueuE»« 
te .habÜL eriii^zado áobvegar ene! 
golfo de los placeréi: terriblea fue^ 
róff'psiralól loa dias que siguieron 
á. Ja partida de- Eduardo. Se vio 
acometido d^ una: violenta pasioii de 
á¿¡mo qoa lé hubiera oondueído al 
sepulcro» sin loa desvelos de sq tuJ 
tos ;iqiie. desdo entonces empezó á 
contideraTla. como líijo^ Asi es, qué 
ksego que «e estableció, no» perdona 
medio algano dé hacerle dl\^dar un 
pesar que sobre aer inútil perjudica- 
ba, en gran manai*a(FU<i8alud y aá 
educación.; Bailes, tndrod y'euan^ 
taá^jdireraiones haá imantado loa 
hoa9farea.pi|ra.auplir laffaltai de lea 
vérdaderoa goces, • recibtaii en su 
centró alafligido Enrique^ quien no 
tardó'éb considerar carao ana pesa- 
daoUigaoiion la dita* que habia da- 
dO'á:aa amigó. E)sta recibió una 
eaát»*qiiéle cotidujoá la roas hor- 
rible dcÉeaperacion: sapo por ella 
como Enrique pasaba á las Indiaa 



94 



MARIO DE LOS N1Ñ0& 



por disptufeÍQn idesu ftttor« ELo:ft4 
ló' todo seidespkmió tebroél al raci- 
bir tan iDÍaosta noticia. No labiiu 
que pensai^ pero deaaohiiBdo toda 
idea qu6 pudiera péijudioaf á aii 
amigo, ahogó eii «u corazón la maa 
¡Ave señal de Resentimiento. Pasaron 
los año6 sin que Eduardo, volyieae 4 
saber del {tmigo de su infancia.. ^ 

ni. _ ^';; 

La esperanza de una dirina an.' 
toroha que esparce «u consobidora 
luB en medió de las maa opacas ti- 
nieblas del infortunio: sus reflejos 
penetran -el dolorido corazón del 
hombre, j derraman dulce bilsamd 
en las funestas Ikigas que le corroen* 
Tales ideas caruzaban éñ la imagi< 
nación de un joven que sentado ba^ 
jó el pórtico de un tempks escucha^ 
ha lleno de fervor él ¿(demne eco.de 
laA preces rétigiosas^/que llegaba, & 
«iia)t>ído8 envuelto enr la clara nuiíe 
de olorosos inciénaoo,* y! ae (Mrdia 
después entre el ctepásoulo yapoi»; 
9fí( de l|i. .tarde» Volvió en %v del an 
enagetíami^to^ ial estrépitosq ruido 
de un: festín^ 4. las desoompueslad 
vocee de kw brindis, y á la deamedi. 
da: algasam de ios ' aplauaoBiy ^cku 
mAoione^. Yft nó piub pqrmsiteeii 
sentado; éoíipeaó á pasearse óoñla 
mayor agiti^clon: siis movimientos 
sucesivo» omroiicon au terrible' ui4 
qjüfietUd^ y > a«ia • diert>n vekf^BMiiteb 
indici^e de pna^.t^;riQia deaesfleraM 
cien. El Joven ér&.£duardQH<.^:ho9 
bi^t llegado; id di»;apetQGÍdo.k.iJ<ifai 
boi$»ib%Ua:^Qni9ilQ ya.;M» íM ooso» 



zón.nb había petado a«i^^. i^^ 
oer, y empezaba 4 desvsanbotaenÉ^ 
te loa ajofl la. maa ligMV-eondM de 
olperanza. 

. En esto s^ró que im hMbfft 
desconocido, embozado en unota^gA 
capa, ae acercaba á étcdn pawMido 
qontiuenta: de^ipues do vatcálor un 
momento, llególe i él y fe: bahtdó 
con la mayor oorlesía* 19 de^oono» 
cido ]« dejó con baibuniente vos^ 

Os llamáis Edoaodo y ebpeNk 
lleno de impacienta \m\ Ik^gadatdá 
Enrique, el amigO'do.vneetrain&flU 
ciároste no vteao^y epCan oiítíai 
situación me obligo 4 prestniíoa auxiii 
lioj! porque yo t^fnbi^n.ii^eflsl^vA 
del vt^estro muy en bo^ve» Pirí¿¡ÜM 
á esa casa que veifi tan engalanada 
y tan resplandeciente de luces, y alli 
preguntad per el marques de T. • • • 
A vuéii&a salida os esperaré on la 
puerta, y ofl| diré lo domas» 
-. El desconocLdo .desapareció. E« 
doardo, luchando ¿nt» el tebáer y 
la espetaióa, se éncaíniaó con vaí 
eílantes, aunque acelerados piMbS|.á 
hi mencionada caáa;:y ¡cuál fué 4i 
sorpresa, ou41 «4 ^con^f^j^ cuajólo 
de^es d^^travi98ftr:j$imgni^fio^,jr 
c«pa^i«>flOs, salónos sn$<mtró .etlihi 
perfofl^pwqui^ prog^Mtiit^i i0\ 
antiguo ainigoii.qae ^o df jó' ««hr^iwr 
6Í9 (b^iq^ Ifi imM tov^ doomliaoMM 
Pwo^teiMq>ne9».0rfi(iA dft im«to 
euandoosimohó dé airi iwaáksois 

..mtLModflHraii«tasttiaa']i|«i v^tím 
doiLdíiuiiafiBomesa:.]! aolft hoonia* 
piídos {)efi6 todap mu {wnMú piiat 



DfciUnr BBXOa Nl^Si. 



M 



do MlinMftft eon ovKpedidU «fue 
gosteís) y '« • k k ' 

• • ■ ' ' Qrac i M , oteééBtó Ihno denüg. 
BíMad el de tfv mtera d o EdaaHo; no 
i^0tv«r6 á impcirtumr ton-misYisi" 
tÉ» á ffaím 06 olvida de Id» ífibeea^* 
tee plaeere» de la «Militad; 'Stneiti'.: 
baAfgey «i atgttiML ve«aneceailta^iB de 
k mía, espero ||ae no da deedefteia 
dé éiñgit vueatra orguHeM mimtla 
0olM «eté mtsér&ble, que tii autfw 
dia ni ambiciona un pueeto ipHt oi 
ba lieelio grande para el «íundo, 
y oaha vuelto «my pequeño ¡á mis 

Y ialM Heno de ¿onfusioii y es- 
panto de aquel recinto fatal, doAda 
dejaba eepuMadaii lea iluaioDes t|ue 
habiaii lialagiido sa nleMa por ^ 
pació >da tantee áñóe. • 

Bl deacokiocido aalió á eu eíi»eiien<. 
tro, y tosiendo len «a altmrado eem- 
bÍantela(«i6eM qbe había tenida 
Kiganleéij4«-««; ' 

-'^-AipoDeo' que jeépirarfae Veit^ 
gAttza. ' ' 

- ^¿T |med(ee''diidatlo« cuando ei 
pórtavir eoe^. ha -earrado Mppu6r« 
taa, y aohx>éb \ttí mi .derMor dea< 
ekigaSesf ' . . 

• T^^oaq bien, mira, Enrique éde- 
brá hoy aba bodaá; pata ello lia.te? 
nido qaé'detftrüif & ton rival que ya 
coiBtaba loe tnomentoa de bú dieha, 
•oaftbatiéBdela con laa armas qué 
psopofotonaa las riquezas. Este iri« 
val tiotie:8ed desangre, y quiere Ta^ 
lew dé tíy que tanhien* te haüM 
ofendido» flwsána habrá Ulia hrá* 
liante concurimieia an casa de la 



dniíiiesn 'T%*;;«^.da «n ellh un 
magnífico haite ^ minearas* No tiin 
eiUraordioMias pesqaisa9 be logra** 
doi^verignartqueÉoriquB.ao presen^ 
tara vestido de emperador romano) 
yo ifé eBiirago da mendigc^; .qéia^ 
lO'decir» que sepondrá en estena 
\¡m diSama en que Enrique hará el 
pafKl d« JalÁo Catar y ^ el dd 
Kruioc ello será oeÉf de un- »aatan« 
te, y leamiiosiquibn noo |uárde laa 
espaldhsw • • • ifB^ cbntar één- 
tigoT' 

• 4-*-ain dada algunat cuando so 
aebrque á tí ua tempbirio» puedes 
estrecharle en las brazos, seguro dd 
que et tu compañefoe despuee em« 
pleavemos los medios masoportu* 
nea para el éxito de nuestra em.: 

ptCBB* 

♦-*t¡Bendígale el cierio! exclamó el 
desconocido^ apretándole fai mano*. 
Hástámafiani^i ' 
* -— Anata máfiaéa. 

<:■ IV. 

. ITneaBCéleAle salón esmaltado con 
luces .y flores, guarnecido con aU 
fimibras y tMdgadnraa^que exhalaban 
el'soave aronia de Joa perfinnes, y 
Monabft con los armoniosos acen* 
tea de la orquesta, encerraba en sa 
centro turcos y griegos, moros y 
^ cristianos) vestales y gitanas; y to^ 
des gritaban, todos reian y todos 
danzaban en. silenc^ioso tumulto. 
Aquello era iiiia verdadera farsa; él 
arando en mintatura. 

Ta eran mas de lasdoce, cuando 
antÉó en el salen un caballero roma» 
Bv^ftDgantamenle vestido; yyaha« 



DIARIO SB.LOSFNSSDS. 



ctB algún tieia))0'qli& llena 3e'iii<|t|Ml 
túá ' i^corrift ' hasta 1o¿ nía» ociitt<^ 
rineotiéskiji metK^gb^tttíé Htibia teni. 
déX[\xtí'0úfñfi 3ña tin^apretoa deilia. 
v»i yaonii pisaba, ya un eAplijoá; 
y%ia> oferta de una limosna, costes^, 
tando á todo cb» apa cortesanía fi>N 
¿ada y una risa iesKíaiitc á la dril i«J 
fibrito^Al notar la Regada- de au >ríe4 
tima aonffióie ^aoer; perüen vano 
esileiifir.la>llegadaidé'fu o(taiplM.. >> 
> I - Oorrianf los lAatao^es, .y. cada! «ifio 
parecía un siglo perezoso, á <^bn 
ne tdaia.mas deseo ni teas cabrán- 
aali nfime yecsé yeogaido, itoporliiidoK 
id >rntt3r^|Kico las abBseoaenbÚM de su 
erimen^' j^fó; bailó .ned» mc^rde 
Gotisuroac su intento qile «oeneat^f 
se .til iroBoano jr eteitair. su-cariQ? 
sidad con algunas preguntas pieaB4 
fe8.»El'ózk6 •coronó lá eüiprfi^-4a. 
lesTcosaai le sugirió su mentes -en 14 
terrible situación en quesaJia^ftabáí 
que el romano l0^iwtó Tariaa' veees 
á que se quitase Id careta; pero el lo 
lelnisábáídi^eiendó que^le'iniiperbíba 
nlucho que nadie le conociese* " • 
II «r^Toiio ea^o tiene ráonedlie^'iconl 
testó dirofliaiM^ eh d. andiga] :ha|r> 
piezas entemnente desiértala^' y atti 
no podreia* alegar oon fucdán^nts^ 
la excusa de que os habeia : seetido 
para negar mis pretensienee. > 

jHUzo/Be del rogar el n^eadigi»» eom^ 
aquel que no quióie lo mianía t{iié 
de9eavi)r;aÍ!fiifc.8e dirigieron él aiol^ 
bigá, creyendcei rócñaiio qoe ibair 
sátásfaoeri flütou#i<MÍdad« y.oonsiBe- 
deraJDdoel'rabndígQí <fue ieliCDúldna 
seéatrogs^bá á- kis garcastidri, tigwr 



• : Nó fatéti toBMteoDoasíelific^ l^idieU 
ron ponchy y' valiéndoaeuel'ineiidifQi 
de un momento ^ distrséeton, der- 
ramó Smaá poV/&B ea el va&o del r^ 
nialio.;». Ya palpitaba' de^ goiso/ 
caandoiai tropel de máscaJQSS) ca- 
pitAoeadai^ por.iiiip qué veajtia domi^ 
Bó entró i&n aqutdsplitano c.ua«tQ, 
y rompibodo aülasT}^' esp€^s, mo- 
viendo grao algazara, lea llegó, su 
tarno 4 las mew) y 4 loe ¥aaoe>y á 
las pe^licberas. •: 

.. JDea^ entonóos :Mo fué qofifii^' 
sioQy.desórdeBi Gandió la vo^eo el 
baile, y todos se apresuraban á, de^ 
jarlev cada c«ial sltlia- ^Jóino mejor 
podi*. .' ' ...♦:.) ;, ■ • 
O' fd^o por esdí ssi,4epili»ron d jrúnla^ 
iM>}y el mePiUgev. y ' «o ^t ¡epo el 
primero dejaba. driinsiatireri qtíeee 
descubriese telsie^guiido. fialiéroh al 
s^lon:. haUéifftnledel íQde«bakldo^a4 
dft; y eiriÓDc^ «l| ) mendigo ' ásiendtf 
con fuerza el bra^oa Miiiieiafaiíai 3r 
lovfi^^pfloi .un '{>uñaU##« dijo -con 
espantosa voz. — Excusado ^ q^e 
te <^^pliquQ< ^piiísn')seyt vecuerda el 
péiio; dar los'naranjesf y>i fai'oaaft 4e| 
mabqneé Tw i». li^táA OBduardo,: 4ett 
piedad de tu amigo— No ba^piedad-* 
. 'Iteaci^rgó'el terrible golpee mn^ó- 
ven calló moertpá 8Usi|Héa,'y>élijó^ 
Ten eirá i Eduardo, qui^ áednjterpn* 
so entre lo^doS'Como' úaiéa inedio 
de¡libnnr ia saxánúgo sfelapróxim 
mneiftéwAsí censi^uíó :uiis tevi 
ganza tn^le, y dá&'orígiuiá los^ tér- 
tiblesi rabionÜnn^tosi de • Eñriqoe^ 
do (^ua^é- víótima' i 



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El eniíJT mftteniil 





DUSIQ BB 1.08 NIÑOS. 



«r 



lÉW 



ffXSfÍAfi^ lo <p^. vOs tener una 
. ,g|§| t^^^ Sajbieiji. cjue. ^. ser 
una. j?riai(lir» tjefnair. PpítFe, • d^bil^ 

iiiQgw amii^o,;ezi eÍ|iivi]Qijio, ,y, eo- 
Qf i?pr» ,.jr ;íp|itír .^up teneifl; pejrc;^ ,íle 
Tf}^.l,X)ife?!(¡r9Ííi^p^ íjn.^ppde^uieija 

T{|^Q|[k^,^ Qff j^HíiTii^; ^i^,ri^n4p, sí 
tipn^ÍB;^ una inugér*... no, hasta 
a)i(ox^,p^di^ sajbe si es muger, .por- 
que es. un &ngel (|u¡en ós enseña 
á habíar, á reír, á amar también; 
g/úien paUenta vuestros dedos entre 
im il^^nQS, vuestro cuerpo en su re- 
gp^zoy vuestra álqia en su corazón; 
quien os da su leche cuando sois 
pequeñito, su pan cuando estáis mas 
crecido, y su vida siempre: á. quien 
decís, ¡madre miál y quien os res- 
ponda, ¡hijo mío! de un modo tan 
dulce, que el qieío mismo se re^ci- 
ja de esciicjiar estáis palabra?!" (*) 

II. 
Hay «i taéoé km paises del mun- 
do una tendencia, é pot itíejcNr de- 
cir« una Aa(U|^ fftti^askm entre 
loa tüocItt^hM^ á Mfhá^ Hidoa. Mal 
saben ello» lá^alHceíet» y et deicon. 
suelo en qtfe penen á \é ftffiÜU ave- 

(*) Adg^loytiimodé^Fulua. Dra. 
ma m ir»9 jfim^i^ for M4 Víctor 
Hugo. Jorm^frímera* Eteena I. 
Ene draifüi fíié tradtícíio él m» 
de 1836Í áJA ftámá df portugués: 
por d aníáír 4é lo^Hijaa de F%>ra. 
T. m. 



cilla, cuyos cuidades todos, cuyos 
dsipvel<% eisyfl véda^estáft empleados 
en Jv eomervaeios del indo ártteti^ 
eflfiienté labrado^ quetedesem^t 
ie i^fugSe penr algué tiempo á átí§ 
bf juéíos» Cada ves qué veo ñu nii 
dorobilde^ steütonáa détalsdáfáW 
dasag^adaUei ««a tecoméáidnd^ utfÉí 
peña^ €««10 si mlniéiM Ufé Mii^ 
sen robada á orf alguna eosa qa»^^ 
estañase; potqné hiegd é^ tae MM 
pf<Bsente k aáiaiifpE^ áef léé'pidíei 
de aqaélloé péjarítos^ él abliMoM 
e«r que éafHMI quedan,' lestMíenfóís 
que sufJM) yf sbbre todo, veb h dai 
rka qtiedtibiít^bei^eÉrdódrafisést 
d^ los que coiñelieroñ an roto tká 
iaútíK Nada hay qué pueída u^ítítu 
rÍ2atio: fai relif^on no, porqué^esti 
inspira siempre sentimientos de ^a- 
ridad y de amor; la moral fámfA>eo, 
porque eMa nos éi«e ooBt&atfffnente: 
„No hagas á otra b que n» quieras 
que otros te hagan i th'^lil natura- 
leasa menos, porque effft ha dado á 
todoá los seres el instínto'dé iNt 6oa- 
servacion, y sé4é p«M ¿ousemr la 
existencia indirídml^ y no pio^ me- 
ro placer, por vano aapriápho^ es que 
autoriza á dtspcxner éa Is ^vida los 
otros sefss* Esto esto qoa debían 
enseñar los pÉdfes á sus hrjos» los 
masstroa á sus dísdipoiose loa da 
mayor edad é la» j6¥éne% para 
que el coraao» de loa üífloa áo se 
acostuiabraé faw Ü w wwtf aae ecb es- 
cenas cruskNv y ^rtt^^qoe ifo ad- 
quieran hAhttoÉ pervarqosy que al* 
13 



98' 



DIARIO BE LOS NIÑOS. 



gun día los puedan convertir con^c. 
tra sus semejantes. .... 

III. . 
Yo. < conocí en aó jmdblecito del 
reino :dcVjeiiefficia una señora ame» 
üí^nay. iQug^ del coronel D. Joa^ 
qviin Ayes^rai^. Un día que fui i 
visitarla» .la encopt^ó senada en 
Vi^ de.^qu0]l^ eillones. antiguos de 
vaqueta de Moscovia, que aun se 
conaeirvan en muchas casas de Es^ 
pañai resistiendo á los esfuerzos-de 
mas.de oten a$op pfir4^^icajbark^,y> 
á los arques déla vq1uJ)W moda 
para, qiie desaparezcan. £«taba so8- 
teaiendo ^ su hijo mas pequeño con 
fi !;>raza izquierdo, y v«ia dormido 
^ el r^gfi^ el otro|iijo con un ni* 
do d^ ruiseñor en la. mano. La ma- 
dre estaba v^d^d^rfimente aiOlig^da 
, pqr el lo^ del nido, y. particular- 



mente dei on pájaio..que alegra con 
ios acentos armónicos de su inimi. 
table canto el comzon del hombre 
que lo escucha. El hijo del labrador 
que lo habia traído, aun estaba exí 
casa: mandó llamarlo, entrególe el 
nido, y íe ordenó que inmédiátal' 
mente fuese á ponerlo en iel mismo 
¿i tío en que lo bíaUa encoátrado,' 
haciéndole ver' al midmo tiempo la 
crueldad qUe aCabábá de Cometer;' 
con tales expresiones/,' jr con un mo<- 
do tan amable y persuasivo, qué éí 
muchacho quedó avergonzado,' V 
con las lágrimas en los ojos prome« 
tió que nunca más voíveriá á robar' 

nidos. ^ ....'.. : ;. 

Cuando yo me retiré porTa no-* 
che á casa, cogí la pluma y expreéé 
en los siguientes versos las i^eás de 
aquella buena madre. 



,,.- Lleva iotra vez al 4íbol, 
. Lieva* muchachoi e] nido, 
£1 nido que robaate 
-: A. i|n tieurno pajarito^ 
^ ¿NosabCü^queesla.^asa 
. Que M de, 8Qr:vir de abrigo 
¡De cariñosa- madre . 
. . A l^s tmplomes faijoa 1 
{ : » fi^t^ yo veo un /Cuarto 
/ i Bé/miisgo revestido, . 
..'■ Como el (plumón, del ^cisBe 
; ! Suáve^ caliente, fino^ 
I Jftel Amor de. una madre 
• Fijdl emUema e^iBaivo. 
. ytgoin«»as y firme. 
.• ) fDa iwaNmadfe.d ^aríioi 
. Ni ingratítudodiosar 
Ni desprecio ofensivo^ 



Ni ausencia prolongada, 
Ni males affic'tivos. 
Ni la adusta pobreza* * ' ' * 
Consiguen disminuirlo. ■ ' ''' 
Un golpe de fortuna >• 

Funesto, repentino, 
Aleja á los que usurpan 
JBl tíiulo;de, amigos : • •. n .'. 
Maselam^r d^mikdiP' ..(I /¡r» 
Sjiempre igual,.siempi«! nivp,. »' 
EaArbplquejpip..cede . . . >,• 
Al huracán temido 4 ^ 

Serenidad que reina 

En el mayor cQQflicto ; . r\, 
Nave que nunca «ncuentm \ ^ 
Naufrágador bajío ; ' ' , * 
Puerta que nunca sale 
TH susrobttstos quicios. 



DIARIO Iffi cas NIÑOST; 



(« 



DEk^RIPClÓN DE ROMA. 



[CWRCllKllOIIU] 



. 1 .'» 



Éitado d«l paebló.— Caltun de los terrenos.— Función de los diflmtóii en la eápv 
lia Si3ttini.-^íiii víná B6rghe«e.-^Fra8catí.— Tivoli.— La villa AdriünAl— La 'Tm 
- Apia.-^IA 8ltffiitára.-«La8 ÓlMstelat.— OeRBoioni de lái i«Jiiniaa.-^|ffMit4B[ 
• ' gi>PBdfC) y ■ ' ¡gn ^ ero del Taac^-Cataenmllaa» 4»q* «. 



■BHir Bnettm^náia; 8 pág. 5^08 
1^1 ofiréctmos completar' la des* 
etípoÍ€K ^-Roma» capital del mua- 
do ctttólioo 7 de laa beflwi nktes* Por 
el graii- náínero de preoMaidfidea de' 
iodo genere que encierra en eo re- 
eiptb) no 86 puede dar no paso sin 
pararseá GODleil]i>lar8a8maravilb8l 
QnisíóramoB poder instruiros, ami- 
goitosi con minueiosidadt de loe 
iiao6|.dela legifllaQÍ<m,:del gobierno 
de «Ble pueblo degNUoradoy que solo 
poraua mttcbM moBUipeBtos con. 
a^rva la gloria y grandeza de sus 
abuelos* Para esto eran indispen- 
sables coBiwimientos y ejiperiencia 
qub no eatán á nuestro alcance: así 
que^ nos daréeaos por contentos con 
comunicaros algunas obeerraciones 
tomadas de viageroa. Nada es ma» 
ftetl que habfaw tnuoho de política; 
poro liada mas dificíl que bablar de 
eUai con pracisiWy acierto. 
;. El pueblo es naturalmente tran- 
quilo, pobre. en lo general; pero ha- 
bitaadoa á contentarse y vivir con 
asuy-poeo, les basta con una comida 
aldia,iy!fireeiieiitQmenta badta para 



dla'uaas fn^ saflai^ uMHft.^Bgafll-: 
brést un pescado ó un pooa da (te^ 
ne. Consuma muy poco víno^qpBNl 
muchos limones .y héladoB que.tte*. 
nen en abundaacift. Cuanto ivmk 
vestido, el calor loe reduce & b ftb« 
solütameote iadiapensiible. Ba Ro- 
ma hay maa m«Bdigofii>que!en nía*. 
guna otra par^t^ pero eacueatran 
con facilidad su su4»ístenoia..Eiiitrcí 
las muchas maravillas d^ Roma: de*. 
be contarse lo fácfl que ea pam- un 
romano mudar 'su semblante aagup 
sus afectos;, así que, entte' ellos ha- 
cen muy poco caao de las palabrap^. 
del gestey domas domostvaeionesax- 
teriores, dando oródito- aclamante C 
los hechos. Se refiere^ df» un fonoio-) 
nario desgraciado que fué á visitak; 
á 8tt suce^r^ que al entrar en la prí«; 
mera pieaa doildq etftaban loa Ct ¡a-» 
dos inferiores, salttd6; enla-segwdaf 
dónde los ayudas da cámara» «a aon*^ 
rió; en la tareera de losigentilaa 
hombrea, offeció lá mane con a&bi* 
lidad; en la cuarta^ del iatroductatv 
süludó, se Bonriót di6 la mano y ha- 
blá; ea fin, llegó i su visitado^ y to- 



«0a 



MMKfO SEi IOS MfiOflfl 



dos hubieran diciioenin dos amigos 
de la mayor jrfKaiidií^» y en el fon» 
do hubieran deseado deetmirset 

£o Roma se da poca estimación 
al comercio y á la agricultufá! tíb' 
ee esto extraño, no habiendo lujo i}^ 
grandes ^^ceeáda^es. En las épocas 
iprQp(^tQ.par».d trab^ deja tier- 
iÉ»4l»t[!a8ladaa.las labradores á nM 
plaza inmediata 4 Roma, con eos é' 
tres, 6 cuatrocientos pares de bue- 
yes; alU concurren los propietarios y 
alquilan M ciéfto ii6«Mrío pam- ^ 
tmbajádasof p spé o k í n oa, iievápdalaa 
ábtmiía gr djea ipillaB de ¡m eiodad, éi 
lo que ^ lo miatno, ti«B 6 ouatro le- 
gMas. Eiitónbes onvn sob dia faaeen 
el trabiqa que por los demás países 
ooúpn todalaesta<^ion. En un día 
aiMi'enil^diaffieitabratH y en otm 
ú égé A y i«cog6n la^soseoha. Edtos 
ft^ps' de ligríettftttra los despa- 
cháil como qniéii va i un dia de 
i^réoíal csfiApo, El terreno pide la 
ppaiéistéioú, y con sófo un pocb de 
Bñk y trabajo, se obtendrían de este 
§Mih y db su eÜrtia lafs mas aban- 
diínisa y pipédiglosas recolecciones, 
lía^^djllicion se gradea ser de cien.- 
ttf*(Miai«iitti á ciento cincuenta mil 
iMas, oompfeindidsfB unos diez mil 
pobrei^y un número. m(«Bho mas 
efeeMo de ériattos. Bti^ una paJubra, 
lofa'n>nMiitfb^%iH'ee^ envidiados de 
k» extraapmi^ sé híñttn muy ^fbH- 
o«í$<y'en «ftdb sovphia que lo si^^ 
porque ob «wteriá de ftkddad la 
idea'haoé'lo ínasb : ' 

'rflf'paíMfiK^ aliopa á éCra espeele 
de tovcbtfljpMióliea, fiMdé* M^ qde 



nos acerquemos al motÍTo que nos 
etpliqú^ Ii^ÁmM dl^ta indiferen- 
cia y de esta apática felieidad qno 
satibface los romance del día. A la 
^ífALlidetBa y ítinebre solemnidad con 
que se celebra la función de los di- 
funtosi í^ que se ha ^Uado qon tan« 
to OQtusiaainqi ^lAc^jns vñ<L BÍi.roe. 
.r«aM tvita de firaifai^igicawiaa» sn^er- 
doles) se«loA»é jr mucMIumliM oéta. 
fundida. Los músicos ocupan sus 
asientos, y h)s cardenales visten tú- 
ii)cif#y eapaÉi da odovée Msa^Meat 
en ieiál ^de tato; La oopiHá BtK&n 
c«si sé «soim«e^y1os j^imn» di 
Miguel Angéb criüebtasreeál cie ot* 
p«oeo nbpvBf hi^ieÉidci aolñ eltatalr 
varios otrÍM-anafíHoSk «snyu^elati»'' 
dad ttiiiguHÍa iefligaraii^ol'npiteejíft * 
de iasedgadotaaiiBe ifltprdvíosi ae 
adelantan pov nhapmrlsoítBiálIaél» 
del altar Mr ijuanlias de eorpR 
después déo&<fii0nMit!O^)lpái«íie'fio» 
aquella patb ^«Ml^eráÉo ^p^artMee^ 
sin tiara por mt ^dia de éílbiftoa, üm 
que fodes los ádorfioe serian- ffoá^ 
dad repMniilfle; llevan lóbro la «u 
bessa una nritra btanoa si» ^dotado» 
ni pedreifa. Da su bendiecion á los 
asistentes, y se vt' á eelooar en «o 
trono, despojado de toda pompos» 
deeoracion y lujo* Vn'oa^enaleni. 
piessa la'miss, y eíitanto, ebn votlso* 
pttieral, entonan los mústodsrvitmf 
te y severo Re^üeiih mis de un» 
manera lúgubre y ^avtíoiiktr para 
eüaceroiMivaftBrffase. AsadebÍM 
do tienÍN) caabia la arÉBoaia'del 
lodo, een'unfrnidÉ'qdel 
panto* 



^ 
) 



\A 



b0eiáÍA:TÜt«í«MfiiÉi él ■Jjmlfnhh 
ptutadoiipor Migmliáiígdcu 
én)|Éna hiéflÉbcÍMi tjáe MJinpmM 

E«p«iitifiüeMo> j iQMi|pii9ci{«i>.naM*« 
«lüÉMQlaltQ acitniBM de.ipcidvmr J^ 
g#ii6mttdaiL J4ü« aaaéfidQiiaB tttH 

cbMHtwtiM ipérm&ni Ü0 eieryasiti^ 
nsAesi l|iid •*) oniítMneájen «6 aaoJ 

¥•9 pftm Ikuir ai momettto entre lik 
«fMBink decloééi^ee» (foMO AlMftf 
Imv áe «albir iilMÍi«Kiiii9iipia M ^M^ 
eenta (odaJkifísta Ae'iUniBreD'iio 
fáimí^ «(Ée '£g«rá oob diT^nidad 
de^oqlOTeft tedas ka MbuMi de la 
■atollen: adeinaa, en la viUa 
Boiqgiieae hay pratieeidadap iitw ie 
aon pr^m ae y» iM» <BQbQnÜi^ eo» 
)jimi»ai^ adef aada de AHobaf «ata- 
tMk qiM» han lapide 4>i»aMB|f»>4po*{ 
W. df9^'l#a.aiglo4 maa remota^»» 
Aí|ifcli^iailaibeUli Vléjutf^alMiui 
agmaÜMlo A^iole^ aoMs alá^opí Eao» 
■aw^étt-atió ladoaniOiipidiv^yiaobrt 

iaampei(naeafaafeiáitBa4': ^ ' - - 
. iSTidatidiie tsam^aÉamoB: oafei k 
; y ihagniinMA da k iriMa 



IHkfiO BE U» IIIÍ0& 

raauléaka 
«L.UtjpikM 



1« 



j;*:aaiiaiMtíil%íieliiJll^ 
baftitt, kakrenoaaiikaif iÉtiiÉa%itta# 
tesÉMi «au 'di^oaiMauíta tV^M éi 

mM^.d0 JMtBni4«««i»i alf «rmHa (}fi 

ra«d^ioa«a»^ «iacmii» WM^^Mal 
ailMicift;7tp#ii4a tvMlloalétiw» 9ah 
Wagi» AilaaowrtecJik iriMa [{T: #) 



."Ifetem^^Akira^ f Uah a a aDa^hrín 
dálonadhrélrlítoB tquéuip ^k Ique en 
Itotia idikma vtijb, kstauri^abarkn 
iaioatbabev!«aBpHQaddáiÉea* Loaan^ 
ligaoá^ioimMa^ttatiialMii vilka i 
éasrcáká^deieaoipiaéda wcieo^i^iia 
ka tena» «aibe1koidaá:ioeD ^obiaa 
ám«8|nár de vtedafl afrtei 7 eek kf 
aictunika doasa déknatoiakaaiatt 
aalapüa^ De-oqul vieiMjd aanaai; 
varae con el nomtoe da fliillaa*iii«b 
cha*:pataaaioÉeÉ« oéraaBa$')i 'RcQUa, 
aiitfe ka. cuáles ^aeaiíailyaonkni» 
dfíaPaa^>liiii, Mandflfigoiii líiüdoiii. 
oi; jr araa que todiQk Fraaaatiu 

Fraaoati 'eia k-^íHa ú^ omdofl 
CLaaren» llamada .^«tfo tíeai^ 
Taaatttan». £D.eHaaaada9»daaq)ial 
gnmd» bomte^O^n .dwiÍDgui<k» ;poK 
a«i;p4ttMli4iQi9 oama por m gmOi 
vMiiaá daaciMiaar ^der ka negoeíM 
páJiltcoa y de k fiiiU;Uaa de ka-kr 
tíai. Por rda^vafiía ^a villa eaM 
diatniida,.y aaloaaitmiatf^adeidk 
k^oieinó^ia. BQ'aurkgar M hait>ek< 
vaAs^; BamplNUí» Mhmdragony.Lii^ 
dbykiraBDMeflil finaafUM m ci^ 
hlujm» fitf aai0p» pov^aa^iviil» |Ef 



Wi 



IKiltlO KEICOS cadtoBi 



víttasidv RráaodtivtfonÁBÉiMbos; ipo>J 
h flo 'p iüB éa f n tnas^ttde un/ vantítuá 

deftppjádo: délad^tfttufiíy i^ikilfid 

caiáil ^beniifenadosi ' y sbs á^tftídaiiá 

rftíí> etf iéKittálini»' i^Avciiitctti >«ot¿ 
kn4e'¥ocCi 'cm roea''i^^«drmrpiienl 
canales y pilones, de donde se éBci*^ 
pád'én caadadais y.eiillej«iu» fiin^ 
tes quQÍas:efpaiQQngotái-á'gb^¿'Bfl> 
medio de lantoif yejacione* del tiémi 
po»y^lo8 lurnibiesi mni eSu^te iot 
4ao 11I0 . han podido dwttuiít ni *unOr 
nii toteo:- lia eituaeion •agtadaUe, el 
aapéotoíromáolioo) lalicolwdaBÍMid ta^ 
picadas de un perpélnb ^Verdorv y ek 
ÉmiHto'frecaeniádo poorel dtílice té» 
firo y poi>los pájaros que bifiíveare* 
oen< coií 80 melodía. • ' 
• 1 Deálo el terrado de la villa iMoiíw 
dra^cm se descubre un lindisíroo pai-) 
sage. A la izquierda se Vd< una^ celíl' 
na que sbpara el boirizonte, y se i^dev 
lunttt' p¿r el eámpó como «na mu- 
hOlá qué siI^ré de límite. Esta coU- 
¿a,, qué forma como uñ -a^fiteatvcs 
étldierra lo mas rico dé la* vegeta- 
clon; 8U6 flancos íestán llenos' de' aVi» 
busitos de toda cldse, y su ciina co* 
robada de olivos^ ciprese^y piáóq 
que se etevañ como pirámide A la 
derecha del terrado se prosfehta' u¿ 
cuadro 'diferente: el Mgo Regilo, 4 
cüi^a chilla ganó Roiná la pridiera 
éé fius victorias; las cereaniáB de 
Tivbli, tentadas por Horacio; baj^ 
d 'áéttbra de Tiborr^W oampoü iq«s 



ealtM fOmUtaCmémao^ lov^nta^ 
nm qiicf^aii' ^reemplazada lo» áober- 
bios jkvdinapdé Lúmvñ^ f' ha dita* 
léésdonda él' éloóiMitlIt Cíoetx» .«e 
liasdibai 9baoit& en filoséfieiB moáu 
tacionesi Ds* diremos algo de'la vU 
Ua ! Adriana. Ooiipa^^n:espaóio' de 
dieznüBaa :id pié de;lasi montaña» 
da.Tivoiiy'y'es dónd^ -el dmpemdor. 
Adrtiino^ despMs'de^ haber vialado- 
seis años yveoonídacasi él univqr» 
so^ mntír&& descansár/é hizo «je^ 
out&r una imitación de todos ka 
donumentoa qoé bábía -visto mag. 
nífícos y i&tiles.' EaW discurso de 
un laigo paséoise Cfnéuentván el *Lu 
céo,* la A^demia, el Pritánéo, el 
Pórtico, Tefupi; de Tesattav ftl Psei. 
lo de Atenas^ baños, ^bliotecas» tea- 
tro% dic¿ En médto do tanta sun^ 
tuoéidad se eleva el falaeio del em* 
perador, adornado d^ouailto la ar« 
quitectura pqdia producir de 
grandioso para embellecer k 
sion.del duefib del nuindo« 

Lo quo' existe hoy . de la villa de 
Adriana, atestigua bien so riqueza' 
antigua; á pesar de que en ella se 
camina sobre 3rerbas, maleza» y tro. 
zos de colbmnad de mái'moles. 
-' Lo que causa sorpresa es mirará 
los rotíianos que con toda indiferen* 
Gia pasan por delante del Capitolio» 
que recuerda la gloria deaus prede^ 
eesóres, y huellan con los pies tan- 
taií precidsas tainas ile la antigua 
grandesade l4 ciudad que habitan* 
La Via Apia.«stá fuera de la» puer^ 
tas de latmudad; para llegar á ella 
es' predifló aliraveaar nn barrio 6 ar* 



nUftiO atEi IflS NffiOSi 



IOS 



otros tiempos el mai poblado y bri* 
liante de Robuu Be. llama á ealr pa* 
vage Velabro: en otfa 6poeá'oateiH 
taba lo»>pórti«oB ftegtnteey^Mgeai 
tuosoe d« mas de veinte palacio^ 
maa afama 8olo:a]gaiias cabaSae y 
ruinas* Saliendo del VelaJwo ee en* 
ooentra la Via Apia, y en «^ else- 
poloro de Cecilia Métela^ bija 'de 
aquel Graso que á fuerza; debí» con* 
trapesó el gran nomina de Pompa- 
ba y la finrtuna de César. Ette iaoi> 
numento, consagrado pec;;un padre 
ala memoria de^4u:bijay isa uiie tor^ 
re redonda de ^ande ckewferea- 
cia, cuya parte superior est^ des- 
truida. Durante las gqerra» civiles 
de Itali^.jsirvió de fortaiezi|,..f[ to- 
davia ee v^^n A m i:adedor^. riwas jk 
algunas obr^s de fortificapiQ^., 
. Lm Via Romana, llai^^da Tibui;-! 
tina, prefenta un .aspecto :diiG^M^;¡ 
a] entrar eA^^l&Tie siepte.in^nedia- 
tamente un olpr de azi^ffe|,y á mviy- 
pQdM pasee' se ve, por. wdost .lados 
que la tierra eeJ<egra/jF que el. Tejt-, 
dor de laa plantas, que cvecen.bajo. 
et influjo del sol de; Itolia^ está me- 
dio agostado: mas. aU4se..^noueQ*¡ 
tra nn lagof^e a gfa e azuladas q^e 
empieaan eoeio &<eorfei eft el mq- 
iMimento ^oa.se enoja una piedrn; 
el .vapor de edtas/aguaeríiiM sobre- 
nadan por la superficie e« fifnetfto á 
loe péíaroes I0dee los que atraviesan 
por encima cae», y perecqn* A es^ 
lago.sa llama» la Sulfataran lo mis- 
mo que aaufipera. . 

Saliendo deesias fatales orillas 



dlilaiBnlAitBrd,se:4 
Tivolit y- de%llí va-á Mconeelaii 
Cqsmrtebsü La senda qde coádacees 
muy. agra^aUs^ibi^iibQlea fronde» 
asa y al!tia»ndb.iBQrems^ lu^^uerajp^ 
plátanos^ y iddá eksa de floBcatarof 
ittátícas; por las céréanfas resuenan 
los conciertos de. indamerables-pa* 
jadiHeai yicín las cumbres de las mbn- 
Hiñes se miraQ fecundos ganados 
que pactan y aaimtf n esta belli^ pera» 
pefctisa«, .Bien pronto se presetitaii 
ke tepoplosndelVeflÉa j.Ó9 la fitíbUa 
con? elegantles.fi2aa.de <iohnmas; y 
<ett fin, ái-lleí^ frente de las Casca» 
•Idas»» que ofirecen «ña gmcieea icaá* 
•ca4a# naca .de entre une. «mesa: .4^ 
Yendura.. en ivipetucee torreii(9:qu9 
JO divide en cinco rios, que pQr ca* 
minos diferfintes corrop y se preci» 
pi^npqi; eptre,|i^ssfi|uof^i<j|ade%p^ 
j^ 4reiini4rae A <^es . aguaa.en la fii|- 
d.a> de:|as t^qn^tagas, ,dan<]o.vi4ft.á 
deliciofas prft^joras» Aqui se di^i;^ 
{ta de,upa;Sosqgadf calma y deum 
fireqoura^que oo tienen ec^pari^ion* 
. Creemosi' «migviítGS» quei'PP.tq- 
Q^areja 4 jnal,que 9S dig&nyos algu- 
na f$gm. de 1«9 i^qmanas. La berzqo- 
,sux^ aqui lo mispio que- en ^ajsi to- 
das 3>arte^ e^.fnvyrara: cqo^ dificul- 
tad^ f^ liallwfrolfmdfis hf buenf^ 
formas coiiel bues^ color. I^as roma- 
.naf r.ae 4istii;igM/en particulaxmenlii 
poi^ la j;9gvilasidad de svs faxxiones 
y pojr.la bermesura de sos manos: 
, per<o «ftas bellezasi cuyos contomqe 
son tan finos y bien marcadq^ |u> 
poseen el arte de emb^leaiur; ade- 
mas, tienen bi d^gracia,de caer 



104 



DIAjfeZOaElUUMSai. 



mujr y i rtMw nte^ ,Uiut isttmiá dé 
qifiíiMftBoi efttá cotttpbtameata/diV- 
BamJkuéak y llMia.dsheroMÉWR; p6^ 
TOJOODBky aff la c«éidr.«ttii.t»or ningan 
qtRMo» . jretfete adénaa ^€BÚ úvmé 
p]rBi40ceiTsda% tÉé dusfignnoi •& pó* 
ao tiempo^ caal :flor qfue covooe ;di 
la infliitemdUáise ytíBcyméá ad. 
Nada oé l^nkn nteiwá»w fM»tii; 
<0ahn<«ieerdideiá gMn- iglesia d^ 
ftAviMltbe «i oktf<W4|Qe'ia»4iii()Mi¿ 
bto hfl^aír «kpraaknietf jNira' kabtar 
db Al d¡g¿aip0ate^Lá'plaÉa qoe aa> 
tk Mmmé ^ «t#<tifattpto ea denlas 
iiiaafimoM dé^iti|w*!Ba níédia 
d»iis-grav>secí«t0 coronado oiré», 
lííniíeaílé éd^ an pMieo, qoa ioa(k(itfe 
ftobm euati^o^ifRühia «olaaiaaa u». 
l^tuoba^áoüeiéUlM e^fatiMu» ébld^ 
líales^ «Btre ddB «óbeflAoa pilones dé 
Dfoiíce^' enfi^giBCiuosf ^of él aéiihipoy 
^onéé ikóéhe y^dla salMi* MliMí atti*. 
lidoiiái^e agua, M^ eleva aniMgtii?.' 
^co bbelicíeo ide gramto^ trabajado 
«11 Egipto, qae fué «rígido por el 
paptt'Biité^ y; Raneméo olpatfor de 
'MoüflEilfd^ pórhateir'ridagttatda de; 
éardoa. Fbr lo demaü, noel» éXMño 
iftte la iglesia: ée^EM Kdiro haya He- 
-pAó á 'áer mi édffioio préifigíésé, 
'txMñé&%épApÍLé:Mktil fÍ£6tíñ 
T ñépt^is^rétílí^t ^ cHW Ha 
Aieniona* Sata láfonii uiefelto éa^de'Ma 
^sas'^^gaBtestoas quaiae' ccMoéMut so* 
'|Wiii"aif ooa éf* ' Hunio Tafícalk<^jr y* 
comro 61 tsijncD na i^erou, aDnro ai- 
' CrSai' poMia^aiia'' cittnHrtos* ' CaHhmo' 
'•e ^ettCra 'poa ptitiiara vea "an aaní' 
'igRaiaMB9 ' bbb ' ' ^Nira,' ^ea hsi Baaiavoi 
^[Itf^iiiduú w'itñ' ittdnioéQIMe' alore- 



bfo'4. 

ñai deUsfiat^ittfioidaA fim tídm^ 
naa «b bteaca^ dMdida ju ateafiiarii 
poriatdlíftiid de caadioe^ ^Uili^ist 
aUaiai^faateaiie*^baÍ9 inia^oúpaki 
«Aigbal, y eH^fit^iieiHvo deséate re* 
aiaA<m.donde WlUui(4Ja aaaal aro» 
elgmilst^ iftáBfctaltalbnteQ&y loa 
iaalr>aBi|aiaítaa jiígpa.d^ k pJDtma» 
Éa aé {iuada i(ulnaÉda,doUan]a In^ 
ditta «i in|[aiiiíi» dé. Migoal Jidgelo* 
£(|iteÉla Igleaia.eoipleó diez^ nobo 
ai08>de aa-^ii^' jaate;iÉailÍJáe/ aa^ 
tíinmt yi'laiftvijriw-iiptite^aaobníraui 
jra« fiti'iitaí^^a4ik>(jéBiiÍBfMUeiia 
-oMar «ettlKds^ tade étjeaÍi;4e«o da 
üa^'nttkgesladi dtf -aa gtttíé^m, y dé 
aaetérnM^ad. > 

' Be«l% 'Pedirá tamas ft caildaároé 
'ál ieettfanCO de-S;' Onaño'/dMide'éttL 
tá eltbattUoiéd déllkisira y^idétfgM^ 
eiada póéibi á qéiendebeliidB ía'Je. 
'raetUen liMjrtéila* ' TUfin paede «éoaL 
sidefarite, segoil' dteito^^ tm atfte^ 
inodemo, la ({lóría en aa nada, lá 
ÍbHana«Dr8«eieaíprielM»v t >it^o 
latttaieii^^ita'«i44MBr»eÍB« 

Ltt» Mtaeamliaa de JtaaN^iwná 
pMMfeffOa^oo aéevo' asanfét Brités 
oatodcanbaa (auy«» iiéittltoa0dévU 
i^ét ¿tíé gtt&ffii i|oa laigaMeaÉ 
éarda da Mpiidari»s> aaa a«bti^(«ái 
neea^ua^ati aás priaeipüb etartsMA 
pwtefc b tepai rta yata^fea odnalifaeida 
^a 'Isap^inMráá'adifreiaé 4^ &oafsi 
ffla ha isMiilo smatoVainiailafieaCá 
'^^laaa^ffit^düGia'^^éMAto «dé 
péM ipiMé)*^^m el^4atM0494 
por largo tienipoyiy€SÍ4aa Ibapiada 



DtAMO DE LOS NlftDS. 



105 



ne» iMMamicMioii eoa el sire «zte- 
ríor» sino por medio de algunas 
abertuirafl qae distan treecientos 
piée tina de otra: aon de la ancha- 
ra de tros á cuatro pié% en forma 
de eallM 6 galerfaa^ que se oomuni- 
can unas á otras por encrucijadas 
frecuentes. En general no hay obra 
ninguna 'de canterfa ni maderage; 
la bóiredá de pusolana se A»tiene 
porsfsdla: de tr^hoen trecho se 
encuentran algunos espacios gran- 
des cfUísBaman eiMada 6 salas. No 
hay dodflí que e^ paráge ha servia 
d6' de'eemeiiferio: «to ha paredes dé 
dno'y otfb lad^^de estas galerías* se 
oeóstruian nichos de^lácapadéid 
DMeeariá p»ra encermí^ caw i<p e >H eo* 
mo iábom seis pies cb profundidad y 
dos de ahora. Las'abertnras^sDn de 
ouatro piésr y las cerraban con lo. 
zas de un pié y medio 6 dos de al- 
tura, sobre cuatro de longitud, su- 
jetas con argamasas algunas veces 
poniaa cinco ó seis ciierpos unos 
encima de otros. Hay eemoiterios 
donde se hallan tres y cuatro órde- 
BBS de nidios en esta forma. Algu- 
nos escritores opinan que las cata- 
emnbas son ka sepultaras primiti. 
vas de los antiguos romanos. Es 
cierto que el modo primero de en- 
terrar los cadáveres fué meterlos en 
cuevoBy y con posterioridad se ha 
usado quemarlos; asi que, no tiene 
nada de inverosímil esta conjetura. 
También es probable qUe los cris- 
ttaaos brijo las penéeacioBes de los 
sigloi/f^inéros de nuestra era, eo* 
contraéen las catacumbas en tal es* 
T. m. 



tado, esto es, como dépésíto de se- 
pulcros en algunas partes, y en 
otras sin nada; y que esta posibili- 
dad induce i creer que estos para- 
ges solitarios habrán servido para fai 
práctica del culto de su creencia en 
época de persecución. El empera- 
dor Diodecáano ordenó un dia, que 
cuando los cristianos se reuniesen 
en las catacumbas, se tabicase la en- 
trada para encerrar de una vez á 
todos los asistentes. En los siglos 
VIH y X, sintieron también paira 
enterrar los romanos indigentes. 

Káy aquí gran porción de ju- 
díos; cosa que' es muy extraña en 
Roma, por ser el sitio predilecto dó 
la cabeza del catolicismo, y por es- 
tar aquí loe judíos tan mal mirados. 
No pueden habitar mas que en un 
barrio determinado, y todas Tas no- * 
ches se les cierra, como si fuesen un 
ganado; sufren infinidad de vejacio- 
nes; pero como hacen un comercio 
bastante importante en esta ciudad, 
se conforman con todo. 

La fiesta de natividad en Roma 
es sumamente interesante. Este dim 
se celebra del modo mas solemne. 
Primeramente se oye muy de mafia- 
na la detonación del cañón del fuer- 
te de. Sant Angelo que anuncia la 
aurora de tan grande dia, y preludia 
á sus grandes ceremonias. Ldk gri- 
tos de alaria se x>yen por todas las 
calles de Roma, y los Pifierari 6 
montañeses de las cercanías que 
vienen á Roma durante el advien- 
to, tocan delante de muchas ca- 
sas sus arias rústicas con una espe- 
14 



106 



DIABBXeBÍ-OSÍíífiWS* 



cié de gaita, cantando con entnsias* 
momis acostumbrados villancicos: 
las. muchachas forman el coro, de- 
jando oír por todas las avenidas sus 
annónicas voces, y todo el piíel^o 
maniñesta la mas pura alegría. El 
papa oficia en la basílica de B. Pe» 
dro, cosa que hace solamente tres 
veces al afio; el día de la Natividad, 
la Pasboa, y el día de S. Pedro» En 
las demás fiestas solo asiste á la mi. 
99> que canta un cardenal. Toda la 
ciudad est¿ en movimiento; los co* 
ches corren por las calles de toda 
gata; cada cardenal, cada grande, 
los embajadores van con gran sé- 
quito, mientras una muchedumbre 
de pueblo se agolpa 4 la puerta de 
S. Pedro: después marchan los obis- 
pos griegos, y un patriarca armenio 
en trago pontifical, los que abren 
la marcha al venerable cuerpo epis- 
copal. Nada es mas rico ni mages- 
tuoso que sus ornamentos, que se 
diferencian mucho de los nuestros: 
su mitra tiene la figura de una co- 
rona, y su larga y blanca barba les 
da un aire imponente y respetuoso* 
Los siguen veinte obispos y arzo- 
bispos latinos, con capas blancas y 
mjitras doradas, adornadas de pedre- 



ría; en seguidfi treinta y dos carden 
pales revestidos según sus títulos», 
de subdi6eono9, diáconos 6 sacerdo- 
tes, con dalmáticas y mitras blan- 
cas bo?dada9 de diamantes: los cua- 
tro últimos como cardenales chis- 
pos, llevan la capa pluvial parax 
asistir al papa, que revestido de tia- 
ra y ricos ornamentos, lo siguen 
llevado en andas sobre un magnífif 
co sillón cubierto de terciopelo car- 
mesí: á los dos lados lleva unos qui- 
tasoles de plumas blancas, que con- 
tribuyen mucho al lucimiento de es- 
ta función. Después del papa van, 
de riguroso uniforme los goar^ias; 
y por fin las autoridades, adiado* 
res, cuerpo diplomático y los gran- 
des, se dirigen al altar sobre aUbm« 
bras preciosas, y cada uno ocupa 
el sitio que le pertenece: el pontífi. 
ce empieza la misa, y después se 
coloca en su trono. Cuando ya la 
misa está para concluirse, el papa,., 
después de preparar el santo sacri-, 
ficio, se vuelve á su trono, lleván- 
dole el cális^el primer cardenal diá«> 
cono, y. bebe en la mística copa con 
un canoncito de oro. ¡Oh qué mov. 
mentó tan solemne para los espeur* 
tadores! 



CRIA DE liOS GUSANOS D£ SEDA. 

BiibrliiileiHlo Importante. 



kOB gusanos de seda que srl uso, suelen padecer á la teroem; é 

; crian geheralmente en sitios ! cuarta muda una mortandad hoA* 

poco 6 nada á propósito para este | rorosa que asciende á la mitad, lo 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



107 



<)ue no debe sorprendenioe^ aten, 
diendo á que el gusano traspira mu. 
cho, y su excremento es abundante 
y de ftcil putreíactiion. 

Los cloruros de rosa y de cal go. 
ean de la propiedad muy notable de 
descomponer todas las materias pú. 
tridas en que entra el hidrógeno, y 
es'tebido qué le contienen todas 
ellas casi sin excepción. Aun hay 
otra particularidad muy interesan- 
te, y es que el doro que se combina 
con el hidrógeno produciendo en la 
descomposición de los átomos que 
se hallan en putrefacción, no se dbs. 
prenden niiéntras no se Terifique su 
éoútacto con loe gases que se for- 
man, pues de lo contrario queda 
combinado con la sosa ó la cal en es- 
tado de cloruro de tal suerte, que no 
deben temerse se desprendan ema- 
naciones perjodíeiales á la salud. 
Una vez admitidas estas dos verda- 
des, ftcil es conocer el partido que 
se puede sacar dd uso de cloruros 
desinfeccionantes, y cuántas pérdi.^ 
das pueden evitarse. El único reme- 
dio empleado hasta aquí para con- 
servar los gusanos de seda, ha sido 
quemar vinagre á fin de purificar 
la' atmósfera; pero est^ no puede 
producir d efecto deseado, en rmwma 



á que d vinagre no hace mas que 
reemplazar d mal otor qae hay con 
otro mas sano, pero que no lodaik 
tmye* El éxito ssrá completo si d 
ealtivador tiene cuidado de poner 
en el cuarto donde tenga los gusa- 
nos de seda unas vasijas mas an^^ 
chaa que hondas con una meada de 
agua y cloruro, que podrá hao^nse 
coin un cuartillo de una. disolucíim 
saturada de este para diez de agna; 
advii^iendo que se necesita gran 
número de dichas vadjaa en proporp 
cion al de los gusanos que se crien. 
Así, al paso que se opere la descom- 
posición de las hojas de mora» d 
doruro irá absorviendo tas emana- 
ciones pútridas; y apoderándose del 
hidrógeno, las privará de las propie- 
dades que las hacen nocivas. Clon 
esta precaución tan senciUa como 
barata (pues con una botdla de 
doruro de cal en polvo pueden ha- 
cerse lo menos diez de líquido;)» se 
evita seguramente la mortandad de 
que se lamentan, y que es una de las 
causas conocidas de la carestía de la 
seda. Disminuyéndose las pérdidas^ 
han de aumentarse los productos. La 
-prueba de este método se ha hecho 
en las cercanía$ de Marsella, y ha 
producido los más felices resultados. 



^4iíaaas)áia)a0o 



RAitfO DZ VIAVUO D£ üH VXffO. 



MRo hace tnochóe dias que un ni. l lio de la miseria y de las privaciones^ 
PUy fio de diez años,' de facciones | se presentó en un pueblo cerca dePa- 
interesantes, peto que llevaba el se- j tin (Francia) al cabo de gendarmes. 



108 



DIARIO DE LOS NtÑOS. 



y declaró ser autor de un robo de 
«nos coneps que hahian desapareí- 
^iáo hacia tres dias 4e casa de un 
tabernero. Admirado el gendarme 
de esta declaración, creyó prudente^ 
antes de dar parte por escrito, con- 
ducir al pequeño ratero á presencia 
del maire (alcalde), lo cual pareció 
dilatar mucho al muchacho. Sin 
«mbargo, llegado á casa del maire 
repitió su declaración, y se prepa* 
raba ¿ contar los pormenores, cuan- 
do el magistrado le interrumpió ma- 
nifestándose sorprendido de sa con- 
fsmean enteramente falsa, pues, se- 
gun dijo al gendarme, los jóvenes 
que habían irobado los conejos esta- 
baií presos hacia dos dias, y »é ha- 
Uaban coiivictós y confesos de ha^ 
ber sido'éHós solos^ síti cómplice 
ninguno, los autores- déldélito. 

En 'Vista de •ésto, el alcalde instó 
at niño pa^a que dijese* el motivo 
que le inducía á acusarse de ún cri- 
tiien que no había cometido. Entón- 
ees eT pobreci'to, con un acento pro- 
fondo de verdací y derramando abun- 
dantes lágrimas^ dijo, que estando 



sumidQii éls sm tres herraanítas y su 
padre en la mas espantosa miseria» 
siendo íasiificiente el miserable jor. 
nal que gana SQ padre, y habiendo 
oído decir que á los niños qua co- 
meten algún robo lois encierran en 
una casa donde los enseñan 4 ker y 
un buen <3ificio, sabedor dol robo de 
los conejos, bahía concebido el pro* 
yecto de declararse autor de 61 para 
que lo encerrasen en una de aquellaii 
casas y le enseñasen un oficio con 
el cual podría después sostener á sos 
tres hermanitasy ayudará su padre. 
Conmovido el maire casi hasta 
llorar al ver tal fondo de virtud y 
candidez en un niño de tan corta 
edad» datenninó tomada bajo su pro» 
teccio^r y con anuencia (del piedra 
de aquel, Je hacolocadO) despueaida 
compmrleun ve^tidoy^an casa de On 
artesano,' quien, tíeilerohligacie»^ 
enseñarle su oficio y dejada asistir 
á la escuela de enseñanza nSbtjml 
el maire se ha comprometido á pro- 
veer á todas las necesidades del mi 
ño hasta que tenga diés y ochoañosi 
121 Iiucero* 



Corr^apondenela oiictnml. 

Mi querido padre: escribo á vd. 
el lunes, para que llegando esta á 
manos de vd. el martes, haga vd. el 
miércoles las diligencias precisas 
para enviarme algún dinero el jué^ 
ves, i fin de que yo lo reciba el otér- 
nes; porque si no, tomo el sábado uxt 
caballo, y me veré con vd. el do^ 
mtngOm 

De vd. afectísimo, &c. 



€iHitesteel0ii. 

Mi querido hijo: A tu carta del 
kmesj recUnda el mMes, contesto el 
miércoles, para que sepas el jueves^ 
que no tendré dinero el viernes; y 
que, si tomas un caballo el sábado, 
te desengañarás el domingo, de que 
no siendo ni domingo, ni lunes, ni 
martes, ni niéreoHes^ ni juéúos, ni 
viernes, ni sábado, cualquiera otro 
dia estará mi bolsillo á tu disposición. 



•■'.ni • • . • . ' 

. {Conduiion.) . . ! , 



t»9 



&^ va(Beasaáí^ 



JBv6 iA|;fiédq>iuata el fio^d fiu 
^IfüiiU^te; yiflldgtds emb^i«á 

YoUi^ítgi.ú, pai^ó.jknaiqiiilayf»' 
•igtt^tLfiytudfli d^ÉiSgriemiiiiiy 
Gflitrodis abjaraftátt.éilén' de esta 
confarmádád»' j ¿retan que. no tarda. 
líaeHiboñrairee dd ocNraaon.de la in- 
fiwtanada^ la hnágen fieduetom qoe 
habia:fiatt«ado todos ena malee. En. 
rtqaédoiQíili eñ-iacama. • ; » de re» 
peataee-aisN^ Águeda eobfe él des- 
de la ventana, lo Manta, jy eetre* 
éháBAiila¿obira!8á'peclM%. da libre 
curso árloK li nH ii b ^ iqngJi^'d^riiaen.' 
.»»{B»qpio! .|^ lÉy ' b whrt i a ha la4n> 
feliz madre. Nunca te sepanUás/deí 
mi^.lii9ti queridas D^epií^f coaie^ el 
lla«to del hiño' la InbqittlizáaB; lo 
¥eá¥i6 á coioaLr diilUGoeote en^la 
cana, y arrimando el Boátra á eii m» 
biá cabecita» ^anadió: 

-«f¡arai| ]>tóSé...«! iEaeatatu 
jae^ciaí Yo te be abandonado y tú 
también lúé desechad en mts tafor- 
tttni0i*:ijyi Sénorl no me desiOqpb. 
res en este lúooieato ié saagii^iita 
ironíáf dé dba«dc|no infame* • • • 

Habkta eaidkr segañda vez á no 
babeil{i.>aoitamdo su inadre y mi 
amiga. • * - • 



>«HÍi]|fÍséricoB4íál grit6 la:primén| 
aterrada:'eéadai|(raciada'cacta^ • • J 
¡pronto un médiooé (pfotitol.t^. > I 

^r^r^Hagámos peda*» 'ése: «ecnto 
quB Ja noíata^ dijoOertiii|fis.> 

-«..Sí, sS, bien dicho; td^^e^ una 
baena muchacha, y Dios te tendrá 
ensagntrda. Dámdó» dioMlo, yo 
kisma lo romperé. 

Pero la manó de Águeda ^tá oet « 
rada contante áierza, que era im« 
posible' arranbátsdo. El módico Ué- 
g6 ai instante; pero toda su ciencia 
fué insuficiente para j editar la <le|[i^ 
ráUtefiebre.qu» We «podéróde/^aque. 
U$i(de4diehaAu ' .• .'.í.. ?> '. .» - 
: T^^iOiqUe mMBBbe8Í«*li«««po|is^ 
dijo ;d d^étorfiy «e ¡fespidiór^ pas^ 
enviar un aldeano i Heildelbérgt4 
bascar loeri^medios (ffeetses. Hü^e- 
ron.qtie sb í^tidrase la anciana B«r« 
ta, á quien aqviella escena hacia mo- 
rir de sentimiento, ylkiú Gertru- 
dis se quedó )Ve)a9do á la: enferma^: 

Águeda observó que el médico fljS' 
babia marchado, y acercando }a 
mano al oi^ como pai^ contar sus 
pasos, muhnüró entre dientes: 

-^¡Estoy sola*'!. • J ^Me abando. 
na el ingrato. • • J. {Ya 
dos! ¿Qué agoanlol 



tío 



Dustm v^iws jmo». 



— No, querida Águeda; eso no es 
bueno. ¿Pop qué ín&fltornáeaftia katí 
Vamos, sosiégate, y procura dormir 
un poco; yo te lo suplico. ^ ' 

—¡Dormir! ¿Y quién piensa en 
dormir? Allí está mi único sueño, 
allí; ¡en la muerte! Enrique, ¡hijo 
mió! ¿DO es verdad que deseas morir? 
¡Oh! yo te lo juro, no te llevará tu 
padre, |io«;.. |Xu .podrá! ¡d IiMa. 
b]».qaenierhaderiioiUPado! ' . .., 
Temjtozó afloran 
-^^raeias á Dios que ^ertihoga 
•u pena,, dije ira símiga; y k eñfinr. 
ma, daspués de haber hablado largo 
rato, acabó por dornlrise. Enténces 
Gertrudis salió del cuairto en pun« 
tillas, y fué á consolar á la.pobw 
Berta, y á saber si Cárk» halia 
vaélto deHeideiberg con -las medí « 
eiflas que el doctor fatebiapedido. 

-^EstádilrmieDd9,'86no)ra Bbrta» 
dijo «n voz baja. 

— ^Alabtíd¿ S|9a Dtúíi,' respondió 
la pobre madre. Desvirititurado m* 
fk>! También dtierdie sin conocer 
que ba ñaddo entre lágrimas y 
oprobio. 

• Ea, señora Berta, es preoiso nM9 
valor, y que íasperemos de Dios días 
mas alegres' que estos. 

Carlos tardaba, y Btírta y 6ér- 
tmdis no tardaron en dormirse tan 
profutídaifi^te como Águeda y su 
hijo. Hablan sufrido tanto, que sus 
#iierpos estaban rendidos; y la coiu 
soladora esperanza, halagánddea 
loií oorázode^ les ceriró los ojo^é 

Eatntanto sq 'desveló la éniec*. 
ma, y dejando silniciosBúiejdte' el 



lecho, se dirigió al aposento en que 
3ortnian sa.madre y su amiga. To- 
mó el niño en sus brazos, teniendo 
cuidado de levantarle suavemente 
para que no llorase; y entornando 
la puerta, bajó k escalera con pro- 
cauoion, y salió al campo sin hacer 
el menor mido. 

¿Adonde iba alucinada con aqoew 
Ua iBooeDl9 carga? {Ctaálev erad 
suspsoyeotds cuando pasó rápida^ 
niente junto á Cários, sentante á 
iiaa>ntAe. arrojada por ^ frió vion« 
to del norte? El joven aldeano, que 
volvia de Heidelberg^ se imaginó 
que veia pasar el ahna de sa «nnu 
da, ehgaflado por la velocidad een: 
qne cami n a b a, y j>or sos vestido» 
blancos y esparoida oabellera^ que» 
le daba, la oiparieneia de ana h«r. 
mosa (antásoM. Al Hegar, enoontró 
la puerta abisrla. 

—En QOttbre del cielo! «uflam^ 
Gerliiidis,4Jpiiir,<|iiódnerBS0Bt < 

-•Yo estehn dóspíaffi^ mpaMié^ 
Ib viuda. 

' -•<*€{, despiertas duraate vosstra 

sne2o ha pasado su alma junb á»i. 

-—Dio* mió! gritó Gertrudis esi. 

trando en el coarto de la cnfemHu 

Se ha marchado! Ha desaparecido!: 

-*>¥ el nifió Cambien! prommeió 

Berta,' desesperada al descubsir qne 

la <^na esti^ vacia. |í)6ndeésta* 

irá! íQué habrá sido de eHaf.iAgiie. 

da! ¡Agneda! (Hija mía! 

Carlos se prooipitó énla dtnc* 
oionqiifrla:babía> ▼¡•to». oon.la.es- 
peraaza desalvarla, sianaiera tien^ ; 
po« •• • 



DIARIO DE XDSr JHUROB. : 



Ul> 



¡laitíl deseo! El Necker había 
leeifaulo ett 8tt8 agia« pfofiíndaaá 
Águeda y á su hijo. Al dia stguíeo- 
te ae eneontraiOD sus cadáiwres en 
la orilla dd rio. 

Y a&oni sepoéa aquella jófen flin 



veiitata>ca el Gbmenteno de fichlier«, 
bao. ••«.En 'paz repose, yqnieni' 
Dios queel ángd que eetrechafaa^ 
coolra flii potazon ea el instante de 
sa latterte» le haya abierto el cami* 
no del <cíeto^ . 



mSé apir:7 vasi mL» 



^. 



»xAXiO«d. 



Om ta i í >*^*-Reaniré' tode mi po¿ 
der para to diehái.fcnnnaré para tu 
<iióha' la obra ixíaestra de la crea* 
cíon. He dadora los árboles fmtoe 
eabrosísímos, y á las flores los tin- 
tes mas l)riUantes, fa» formas mas 
fpraoiosest kw mugeres serán las flo- 
ree érfgénero hnmatto^^^Yenid^Ue- 
gadt dementes -de la béilezay de la 
¿raeia, de>la virtnd, de la sensíbi1i<» 
dad» de la dukura, de la bcn e ácen> 
cía: renaiosy eonbinaoapstra seda* 
eÍT y encantar. He podido formar 
a! hombre á mi imagen; pero no ten. 
go modelo para orear la nmger^ Sea, 
pues, la mas perfiíota de las cría,tn* 
ras yis ib les^ y la mea dichosa al mis» 



Sa ooraaon latirá con un moviw 
miento mas rápida que el üomzon 
del hombre: Tivirá mas y eli menos 
tiempo^ y será útil fassta sa último 
ouspiro. 8erá la dicha de tres geae- 
raeieness hará Miz á éa esposo/ á 
sus hijos y á sus nietos» y en cadi^ 



pieripdo de su vida inspiravA .ana 
terPMni mezclada de admiración y 
de reispeto* 

8as navios sensibles trawniti. 
rán tod^s sus sensaciones oon lara- 
pidea del pensamiento: sus pies pe- 
qoeflisimos serán mas ligeroe que el 
soplo, y sus manos acariciarán al 
dttlee objeto! dé sti amor. 8u elegan- 
te y magestuosatalle, suis justas pro- 
pórbiones» sus graciosos movimien- 
tos harán nacer la admiración y el 
deseo* Una finísima tela blanoa y 
teníB, eabrirá sus miembros delica- 
dos^ y no podrá ser tocada sin abra- 
sar al tememrie. • 

Sos ojos serán despejo de su al- 
ma: leeráse en ellos la indulgencia 
y la dulzura; y cuando los fije en el 
suelo come ruborosa, hará traición 
á sus deseos* • • • 

Respirará el perfume de la rosa, 
y él vermellon de la modestia cubría 
rá sus mejillas. Sil seno» modelo de 
las gracias, ofrecerá al deseo sus 



1181 



DIARIO DE los: niños: 



primeróft álhnedtos, : Loé biiolsa. on* 
deantos de su larga cabellera ^senri- 
rán de velo y ornamentio á ¡tantos' 
encantos: se separarás para; el a-* 
maule lofortunádé, y protegerán al^ 
fruto de sus amores. SaP'deiftiiádat' 
criatura encantadora; sal y v6 ^ 
reinar sobre el hombre, que se cree 
rá s«p»riar áítí^jpqirqu^^haOTBilH^ 
laTuerza^pero Sie^don y erflSTVí! 



lor Je fueron concedidos solo para 
defenderte y servirte. Yo te doy una 
sola necesidad, una sola ocupatloi^ 
un solo deber, una sola recompensa; 
el asnor, 

Arii^km65.— ¡Él hombre llegará á 
ser míttd diohoso que yo qué soy un 
Dios?. • • • No: yo sabré envenenar 
mi dicha¿ 'las mugeres serán vanas 
yUgérasi' la mas' virtuosa, la knas 
fiel, rebibirá ^lomenages^ 9iñ pensar 
én ' v^eoapensarlosr alimentará el 
deseo oónra esquivez; prolongará 
k espéranta'faastaío infinitó» y dial 
preciando al amabte que*despniGÍa, 
tnrbaí^ la paz del que favorece. -Tú 
b li^ dado el amor» yo la doy.' los 
zelos^DéÉtüáré sobre él hombre y lá 
miiger su letal ponzoña» £2 amor!*.** 
Yo envéneraré este sentimiento na- 
tural, sembrando la inquietud» la 
desconfianza en : eleeno de ambos, 
donde crecerá ¡ncesantemente.' 

Cada' una de sus observaciones 
aumentará loa tormentos de sus con- 
jeturas, y el punal.de .los zeios se 
aguzará efi sus sespéchasipára des- 
pedbzar iá 1& ve^ cMcoBÉésones. Di» 
vididob entn el furor dé combatir 
y el proyecto ide destruir», serán 



incápaoeaSe disimular susitoaeion 
in&usta. Entánoes nacerán «n su 
almi la ainai^ra y la <d«9eápera* 
oion:. «ntónoes la mngerr'def^rará 
su cólera, y verterá lágrifcnas de an- 
gustia por tt. pérdida del amijipo de 
su corazón. 

YécTaqui los sufrimientos con los 
cuales po4r6 burlarme de-ti» podes^ 
Kñ^A^Ifthditf lobinas tc^dob 'VolífreS 
wu las ' memorias mas deliciosas, y 



tra^taré de acrecentar su miseria en 
^pitipói^on á la virtud y á la dicha 
4ue quieras concederles. 

Oramasis. — La materia estaba 
inerte.«-^A pesar dé los esfiíeraos 
yo la he animado. Tú has querido 
aliar alguá mal al bien que yo he 
oreado; pórdtti^Mder i» ha corres- 
pondido á itts maléficas intoicio. 
nes:: ni has poifido hacer doloroso 
el pensamiento, sino porque yo lo 
he hecho hi fueolede mis-^JateTesr 
nó has podido iáventar el críkneá y 
la! miseria^siibo después que. yo he 
ctea<i>.Ja: viürtud y el. deleite: ius 
obfaaindíqanique ei6»8Íervo,'y. qué' 
sirves á Qfife desi^ioa aun ejercíení» 
do t» negra nalicia* 

> Si hubieras sido hastsnie' podero- 
so para dar al' mt}- el aseendienle. 
q^ deesas,' 6 para ponerio'en eqai* 
librio con el bien, el movieoieBáé do 
la nsrturaleza hafaria eesado, y los 
elementos de la vida hubieran vueh 
to á confundirse^ él caos. La exis-' 
tenciá del universo moestra la infe- 
rioridad; y si e^íarces tn veneno 
iobre mis obiías, éólo es jporqoe no 
pAedee destmirlás. 



DIARIO OK LOS NIÑOS» 



m 



Yo ftao eb mi bondad el número 
de males que deben compeím/ el 
precio de tantos placeres esparcidos 
en la naturaleza, v quedarás «iem* 
pre en una proporción subordinada 
al bien* 

£1 ser á quien yo bubiese dado 
l»Tkla y loa.plaeeres con OMfio.és. 
cáaa, epéoas conocerá tus maiéfí* 
cas obras; fiero en aquellos eñ qnie. 
Bbs baya eapasroido mis dones con 
mano franca y liberal, en aquellos 
á quiénes haya.dotado de.nna orga. 
nificacion perfecta, de una esquisita 
sensünbdády de una temuia ardien^ 
te en el anaor, de una amistad purí<< 
sima» de «Btusiasino por la vlrtudy 
secan tiía beridas mas profundas, y 
tA» vénenoB mas actiros* 

ArraneáráÉ qnejasf baiás exhalar 
sUspivos de dplojr á las criaturas 
mu» sensibles; p^ro consulta á to- 
dos los sexes vivientes qAe han sali^ 
do de m^ manos, interrógalos^ y di- 
me si alguno entre tantos np quer* 
rá cpmpri^, siein^re sus ízales al 
ppecJlo desús goc^* Si. la planta 
efi sus caudas sensaciones pudiese 
concebir un de^eo, np.querria por 
cierto yefse conviextída ejx piedra, 
ni el ser animado deseará nunca el 
estado de las plantas. , » . 

El bpmbre man imbécil temería 
ser . transformado . im bruto; y el 
boiábte de. Ingenio y dotado de un 
espíritu map sublime, pipriria .antes 
de JOQDsentir en sm degradación^ Ca- 



f . ni. 



da cual tiende, pues, á ensanchar la 
esfera de sus facultades, y cada 
cual trabaja incesantemente para 
' .^ar m0or de Í9;TÍda, y todos la 
aman, deseando siempre no solo 
eonservarla, sino que sea lo mas 
largo posible. 

Yo conduciré áilos seres á aque- 
lla perfección de que son capaces, 
puesto que se las he hecho conocer I 
y apreciar altamente; y si el géne^ ^ 
ro humtanó está ahoira ea su infan- 
cia, le haré grande, le guiaré ínsea*. 
siblemente por la senda de las cien- 
cias y de las artes, pr^perará, se 
apreciará más á si propio^ y forma- 
rá sociedades que acaben pqr favo* 
recer la multiplicación de los seres 
dichosos* 

Arimanes.-^Vas i abrir un vas- 
tísimo campo. Esas ciencias, esas 
sociedades, esa multiplicación de la 
raza humana, ocasionaran críme- 
nes y males sin medida* • • é 

Orasian9.--^Producirán , según 
creo, ventajas inestimables, y el 
tiempo confirmará mis profecías. 
Cotiossco tu' perversidad^ pero tam- 
bién alcanzo los límites de tu poder. 
La naturaleza der las cosas no me 
permite impedir que todo lo que ha 
recibido existencia, esté exento de 
sufrimiento; pero tü no podrás pro- 
ducir mas mal que el bien que exis- 
te, ni impedir que la vidí^ sea miiii- 
da como un grande beneficio. 



15 



114 



IHAIOO BS LOB MDk». 






1|fffl[nniriT sumaiiieiita eoñosof 
0jgg lOB aceideate que mediaron 
en los prÍBieros eiuayos litografieos, 
y no habiendo llegado éa inventor á 
disfrutar d» toda la cdebridad que 
se le débede jostiday por no aereo» 
noeido nniversalmento su nombre» 
nos apresuramos á fauar, aunque 
rápidamente su hlstorta, para lion> 
rar la memoria del deseulnridor de 
an arto ton diriao, y oon tonta ma» 
yor motivo cuanto que es esto el 
momento de su introdueeíon en el 
paiSy en donde deseamos y no pode« 
mos dudar que echará hondas rai* 
oes con la protección de sus cultos 
babitontos^ y<pe producirá les mas 
feKces resultados pora su ilustra* 
clon y prosperidad. 

La Litografía es d arto detnsla* 
dar al papel por medio de la piedra, 
toda clase de dibujos y es^ituras, 
diferenciándose del arto de imprí* 
mir en letras fundidas ó del graba- 
ño en cobre por su mismo princi* 
pfio, d cual eá estes últimos meto* 
dos es puramente meoánico, y en la 
Hle^fia es enteramente qsimicQs 
por cuya razón ha sido llamada en 
Alemania Imprenta qu^ica. Las 
bases sobre que descansa este arte 
son en primer lugar la pro p iedad 
que tiene la piedra calcárea, granu- 



lada y eompaday de empapano en 
la grasa d hmnedad, y en; seguodo^ 
la antipatía qne exiatocntio ámbaa 
sttstaaeiaa. He aquí el modb de 
psactícar esto opi^raeion* 

Se traza un dibojo aobie k pie* 
dra, bien sea c6n tinto ó oon lápia 
eompoesto de una nmterto graaien* 
to» se acídda en seguida ia piedra 
osn el agua meBckda eenel ácido 
oorrespondiente, yestoUqoido pe* 
netra por todos los pantos adonde 
no fanüegado á tocar la tintoe se pa- 
sa entonces eobce to piedra na vodi« 
lio oilindrioo mojado en tinta de 
imprenta, to cual se pega tali solo 
al dibujo^ y no al resto de fa piedra 
que no haya recibido los golpes del 
ptnod ó de la pluma, porque él agua 
de que están llenee sus poros, re. 
chaza la matena gi asienta de qiM 
se compone la tinto* 

Esto utiUsime invento ha sido en 
gran parte, como tontos otros, efee* 
to de la casualidad. Un ta! Aléis 
Senefelder, hijo deán cómico del 
teatro real de Munich, y estudian' 
todo derecho en la universidad de 
Jugoldstandt , se había dedicado 
igualmento al ^tjereieio dramático 
desde la muerte de su padre; mas 
no habiendo merecido aceptocion 
en esto carrera, la abandonó para 



DIARIO DB LQB NBÍO& 



115 



abrazar la de las letras. La iiecasi. 
dad fué para la madre de la inven, 
cion, porque siendo demasiado po« 
bxe para imprimir sus primeros es* 
critoB» trató de descubrir algún me- 
dio ingenioso que produjese igual 
resultado: asi que en lugar de letras 
de molde pieparó unas plancbasde 
eohro, sobra hs ouales empesó á 
trazar letrss eon una sustancia par- 
ticular de su propia composición. 
En el curso de sus diversos ensa- 
yos vio que un compuesto de jabón» 
de cera y de negro de hume forma- 
ba una tinta excelente para eacri- 
bir sobre el cobre» por razón de que 
al secarse esta materia tomaba tan- 
ta consistencia, que ni el agua fuer- 
te le bacia mella. Sin embargo» co. 
mo las plancbas de cobre eran toda- 
vía objeto de lujo para el ezausto 
bolsillo del pobre Senefelder» hizo 
la prueba de escribir sobre la super- 
ficie lisa de una de las piedras lia- 
madas de Kilkeim» puyo valor» en ra* 
zon de su abundancia» es casi nulo 
en el pais en que vivía* Habiéndo- 
le encargado un dia su madre que 
sentase la cuenta del lavado» y ro- 
mo no tuviese papel ¿ la mano» es- 
cribió dicha nota sobre una de las 
referidas piedras con ln composi- 
cion de que hemos hablado; y cuan- 
do quiso borrar su apunte» reflexio- 
nó que podria sacar un excelente 
estampado. 

Se dedicó 4 hacer la prueba des. 
pues de haber disminuido ligera- 
mente la elevación de la piedra por 
medio de un ácido» al rededor de 



las letras 'que hahia trazado, y vio 
que salía la operttcion cimfi»rme ^1 
se lo habia figurado» y que podria 
SBfc«r cuantas cofias pudiese nece- 
sitar. Conotíendo entonces que es- 
te nuevo modo de imprimir había 
de twier gran impoiitancia» se ocu- 
pó desde aquel instante en perfbe- 
ci^merio para haoer srpBeaeioaes- á 
diversos ramos. 

HiriHeBdD hecho nuevos ezperi- 
meiito%/ se convenció de qoe para 
sacar un hermoso eslampado éb di- 
chas piedras» no habia necesidad 
de que las letras se elevasen sebse 
la superficie, ni de rebajar esta mis» 
ma superficie pmra que sobrssalie* 
sen aquellas^ en ^cuyo error haUa 
incurrido en su primer ensayo» si- 
no que las propiedades químicas 
que pertenecen al agua y ¿ la gra- 
sa, cuya antipatía es tal que no las 
deja nunca mezclarse» bastarian por 
tí solas para la limpieza del estam- 
pado* Así» pues, se dedicó á prepa- 
rar una prensa y todo el aparato 
conveniente para sus lítografias. 
Sus primeros ensayos en este géne- 
ro fueron algunas piezas de música 
que vieron ia luz en 1796. Procuró 
litografiar en seguida algunos dibu- 
jos y escritos; y como era preciso 
trazar la letra al revés» facilitó es- 
ta operación trasladando la letra á 
la piedra después de haberla calca- 
do. Un jabón seco que dejaba sellan 
les permanentes sobre dicha piedra» 
fué el lápiz de que se valió enton- 
ces para dibujar y escribir. 

Habiendo ya Mr. Senefelder per- 



116 



DIARIO DE ios NlfifOS. 



íeccLonado mucho su invención en 
1799, solicitó y obturó' una patente 
para esplotair su' nuevo ramo de in- 
dustria. Queriendo luego darle toda 
la ésten^on de que' le juzgó snscep- 
tibie, asoció á su empresa á Mr:' 
Andfes Ofbnbach, con cuyo^* auxi« 
Uo trató de «btáblecer simultánea- 
mente impreoítaslitográficas en Pa- 
ris, Viena y Londres. Para ejecti. 
tar su proyecto en esta última ciu- 
dad, pasó el mismo Senefelder á In. 
glaterra con un hermano de Mr. 
Andrés; tomó su patente de inven- 
ción, y se 'esforzó en hacer que los 
artistas de aquella capital adopta* 
sen el uso de la litografía; pero sea 
impericia en el modo de hacer uso 
de dicho aparato, ó mas bien por- 
que la escasez de las piedras á pro- 
pósito para este modo de imprimir 
dificultase la ejecución, los artistas 
ingleses se aburrieron con el malo- 
gro de sus primeros ensayos, y des- 
echaron este nuevo método de gra- 
bado. 

Habiéndose separado Senefelder 
de su socio al año inmediato, se 
filé solo á Viena, y se dedicó á in- 
troducir su arte ütográfica por su 
cuenta particular; y habiendo so- 
licitado la licencia para establecer 
sus prensas, no dejó de esperimen-* 
tar las mayores dificultades para 
conseguirlo. Cuando después de 
mincho trabajo logró el apetecido 
privilegio, no pudo sacar ventajas 
de consideración, á causa de la tor- 
peza de los artistas de aquella ciu- 
dad, y asimismo porque careció de 



protección y de los recursos nece- 
sarios para reparar varios obstáóu. 
los dé otro género. Disgustado por 
último de su establecimiento de V ie- 
nia, lo cedió á otros en 1606, y pa-' 
¿6 á fijar su residencia en Munich ' 
en eí curso de este mismo áfSo. 

A poco tiempo dé haber regresa- 
do Mr. Senefelder á Baviera, empe- 
zó su invención á adquirir algún 
crédito con los dibujos que Mr. Mit- 
tener, profesor de la escuela púMi- 
ca, mandó litografiar para sus dis- 
cípulos, habiéndose dedicado él mis-' 
mo á íperfeociónar este arte. A este 
es á quien se dice que se debe la 
composición, ó por lo menos la me- 
jora del lápiz que se osa hoy en dia. 
Una* vez dado el ejemplo por este 
artista/ se hizo general en Baviera 
el uso de la litografía, y se propagó 
rápidamente por toda la Alemania. 
Se formaron en Munich varios es- 
tablecimientos de este género, apli- 
cables á las artes del dibujo, á fa 
escritura, y á los actos oficiales 
para la administración interior deí 
reino. 

Se creó en 1809 una Zitogro/Sa 
reály tanto para la impreiíion de es* 
tos últimos actos, como para la de 
un catastro y de un mapa general 
de la Baviera. El inventor de este 
nuevo arte fué nombrado por el rey 
gefe de aquel establecimiento. Re- 
compensado Mr. Senefelder con 
aquel empleo, y con los emolumen- 
tos que le eran propios, ocupó des. 
de entonces sus horas de descanso 
en escribir la historia de su inven- 



DIA%IO DE LOS NFÑOS. 



llt 



€Íon, y en agregarle todas las me- 
joras poñbles. 

Desde dicha época principió la 
litografia á difundirse por Eoropa. 
En Inglaterra estuvo casi abando- 
nada desde su primera introducción 
en 1800 hasta 1806, en que algunos 
artistas se dedicaron á darle algún 
crédito; inas todos estos inpulsos 
fueron insuficientes hasta 1817, en 
que siguiendo las huellas de lo que 
se balMa hecho en el continente, se 
fonnarqn brillantes estaUecimientos 
que han hecho sucesivamente los 
mayores progresos, y que rivalizan 
en el día con los que les han servi- 
do de modelo. 

En Francia no se introdujo la li- 
tografía hasta 1815. Mr. Lasteyrie 
fué el primero que estableció en Pa- 
rís esta imprenta química^ y como 
ya desde el principio se emplearon 
en ella los artistas mas hábiles, lle- 
gó muy pronto á adquirir el grado 
mas elevado de perfección. 

Posteriormente se ha ido aclima- 
tando la litografía en los demás paí- 
ses de Europa. El primero que la 
introdujo en España fué Cárdeno, 
el cual, ó bien por falta de buenos 
artistas, ó de la protección que ne- 
cesitaba este arte naciente, hizo muy 
cortos adelantos. El segundó, que 
con buen éxito la introdujo, fué el 
distinguido pintor de cámara D: Jo- 
sé Madrazo, el cual, asociado con 



D. Ramón Castilla, trajo de Fran- 
ela artistas dé rnéüfoniúy aobre- 
saliente, con cuyo auxilio llegaron 
sus prodacciones'á rivalizar con las 
de la eaptlaLde Francia, especial- 
mente ^n la clase de dibujos. 

Dicha litografia de Madrazo fué 
la madre de otras seis que sucesiva- 
mente y con muy corto tiempo se 
erigieron en Madrid; una de las cua- 
les es la que acaba de plantarse en 
la Habana. Pero si con tanto empe- 
ño se apresuró D. Mariano Torren- 
te á referir á ané compatriotas la 
historia de este arte precioso é in- 
teresante, cuan grande no ha de ser 
nuestra complacencia cuando pode- 
mes indicar losf adelantos de uno de 
nuestros eonciadadanos! Tales son 
los que se advierten por las estam- 
pas últimas del Diario de los Niños 
y del Mundo Pintoresco, debidos es- 
clusivamente á un megicano, sin in- 
tervención de mas^mano que la su- 
ya én los dibujos é impresión de las 
citadas láminas. 

' A los cultos y generosos halÑ tan-' 
tes del país, siempre ansiosos y so- 
liciüos para estender la esfera de su 
ilustración, ha diédicado espontánea- 
mente y sin ninguna clase de auxi- 
lio su nuevo establetimíentó litográ- 
fico, ' seguro de que no podrán mé- 
,nos que proteger un ramo tan im- 
portante de cultura. 



-ac>c<::iíic>o<OB- 



litó 



DU^aSQ Dfi LOfi lOMOS. 



1Í4MMCIJL9B 



MAft CCI«BBRni AVlWflMS 



SOBES LAS aZBlTOL^a aZAQVU^p 



(CoTtíintiaclon.) 



I iPARco. Pretende Strabon que 
j este filósofo .fueee natural de 
Nicea en Bythinia, y Ptolomeo di- 
ce que era de Rodas. Vivía 150 
años antes de JesucrÍ3t0y y pasa 
justamente por el mayor astróno- 
mo de la antij^edad. Observaba 
con una destreea grande, y amaba 
mucho el estudio. Así hizo progre- 
sos maravillosos en las ciencias de ' 
los astros. Determinó con bastante 
exactitud las revoluciones del sol. 
Midió también la duración déla re- 
volución de la luna» y fijó la incli- 
nación de su órbita sobre la ecUpti- 
ca*. Publicó la resulta de sus estu- 
dios en dos obras particulares que 
salieron á luz bajo los títulos: Ja pri- 
mera. De m^istrm revobtíwnü tem" 
poref y la segunda. De mata bmm t» 
latítudwem^ Quiso después fijar d 
tiempo,, al cual los novilunios y ple^ 
nilunios. vuelven á los mismoa días 
del año solar; y. así forma un perio* 
do solar que tiene su nombre. Pero 
el trabajo^ qua mas admiró k la an* 
figuedad, fué el calcular los eclip- 
ses para seiscientos años, contar to- 
das las estrellas del firmamento, y 
el descubrimiento que hizo de que 
estas hablan mudado de lugar ade- 
lantando en el orden de los signoe. 



Se leniraeeme & ano de lee Muí. 
sublimes ingenios que ha habido^ y 
PUaM habla de^ oon elogios ma^ 
Btficosé Al contrario Sttéb^t^ que 
eeino no amaba, á lo que pareoe» á 
losi astrónomos como se ba visto en 
el articttio de Piteoh no le hacesiem»; 
pre justicia; pero g^ es un efecto, 
del mal humor de Siraban, de que 
no debe hacerse aprecio niagono* 
El periodo de este astrónomo se pu- 
blicó en un libro intitulados De In- 
tercalarihus metwbus; y de las ob- 
servaciones que hizo sobre las estre- 
llas;, se formaron las dos obras si- 
guientes; 1.^ De caputüutione eteUs-. 
rum inerratUiumi ^e. sktíione ta-. 
mota. 2.^ De retoogradaf^one jpun^ 
ckorum soUtitiaUum^ 4*^« aqumoe^ 
tíaUum. 

xoJLsxso ó FTOiiQjna. Dio k an- 
tigüedad á este filósofo el nombre de 
muy Divino, muy Sabio, y el titulo 
del primero de los astrónomos. En. 
esto se agraviaba á Hipareo, que lo 
menos merecia igualarse á Ptolomeo 
en la ciencia de los astros. Dio mo- 
tivo á esta calificación elsis^ma de 
astronomía que adoptó PtohmeOi en 
el cual coloca la tierra en el centro 
del universo, y la grande obra que 
oompuso sobre esta ciencia. Había 



Df AHíe W& LOS MÉAOS. 



lia 



Hiparco fennftdo el proyecto d«1m. 
cor OB «iierpo eompleta dé Mtrono; 
lilla, y Ptabmto lo aeabá. PobKeé 
un libro ¡ntitolado; A&iiii;imfinft, 6 
eamposíüo magna. Se encuentra en 
este libro un catákgo de eatreflas 
formado por las propias observacio- 
nes de su autor y por las de Hipar- 
csh Se eaenteÉaHk mil TeintMos es. 
trallas, «iryas longitnées y latitudes 
eslÉB detoraaittadas. Bn fin, este 
dbra ea particvhumiente aprecísble 
por k tAsmostnáHOA que Pk/Umeñ 
hace en ella del movimiento de las 
estrellas fijas. Conposo también es- 
te gmiKU aittráBMino «na obra so- 
bro k ifeografitt, dividida en ocbo 
libróse alguaos trstádos partíenkres 
de asCnnonsia comp w Ocmvijimki- 
tío tuperfien spkarm; s^ AmdemmOf 
y sus Hipótesis-ttehM piUmetaSf mu- 
chos aabeak astrologia, y varias 
obras sobre k feotni8tría« k «iCMiea, 
k óptíca y k npiiDtnaffk» no ha- 
biendo llegado é aosotna la nia3ior 
parte de estos. Nació en Pérusa el 
aié ItS 4bl0»4e Jesucristo, For lo 
oswttn viña en Canope^ que está 
cefcá deAkjandrky «indMáe ob- 
serró, segm dicen^por^ tíeaapode 
cuarenta aftos. Bi míio es cierto, mu- 
cho debió é^ baber vivido; sin eai- 
bargo, se ignora cuánto porque no 
se^alto'isn qué tieitípo inurióé 

moFAittro» Esteea el primer autor 
oékbfe^n laá ciencias »actab, que 
ha hMéO'émptím de Jesucristo. 
Nácii& e» AlijattiMar báok k mitad 
del IV flígib^ Eseslbió tceoe libro» 
sobre la aritmética^, en los cuales 



proptteo tina at itméftca ttnrversu 
de eu tiHFenicli», conocida con d 
nombre de Algebra. En sus primeros 
aftos vivió con rancho éssarreglo y 
disipación. Se casó y tuvo un hijo, 
al cual sobrevivió, y el murió de 
eda4 de ochenta y cuatro aies. Es- 
to es lo que se sabe de esto hombre 
sabfo. So obra se intitula! DhJhnHf 
AJexoñá. <{ftest|í(mer AríOUnétkae* 
Ha sido comentada por k célehre 
Hipatia que vivía al fin del IT si- 
glo, y por FüandrtK Bachet de Me- 
eiviae, el padre Bílli y t%rmat* 

ovino ARETmo, nació el año de 
102B en Arezo, ciudad de Italia, 
de donde tomó el nombre. Era reli- 
gioso del orden de &m Benito, y lle- 
gó á ser abad. Escribió dos libros 
sobre k müsica; y á esto se reduce 
todo lo que se sabe de esto grande 
hoibbre, que cultivó tanto este arte 
agradable. 

▲LBEBTO GROT, Ó XAONO. Esto 

autor go2Ó largo tiempo de una 
grande reputación, porque vivió en 
un tiempo en que lo maravilloso 
cautivaba la atención de los hom- 
bres. Nació en Lawingen, sobre e( 
Danubio, en la Suavia, él kño de 
1S05. Filé reügioeo dominico, obis- 
pio de Ratisbona, y uno de los mas 
célebres doctores dd siglo Xm. Le 
están en obfigacton las ciencias 
exactas por las obras qne compuso 
de «stfonbiak, y farücukmente de 
la maquinaiMt enouya ptáitlirá sá» 
avnntajó* TsAo d mando ha oido 
hablar de un autómata en forma 
qaeiMMaba,énká abrir 



120 



HIARIO im. LOS JONOa. 



la piMrta guando Uam^ban ¿«lia. 
Lo hizo pedazos, aogun dicen, Sai»* 
to Tomas de /Lquinoy discípulo de 
Alberto, quien no pudo sufrir su 
gran charlatanería: pero no se sabe 
cómo esto se hacia. Se han dicho 
muchas fábulas sóbrenla fábrioa de 
esta máquina, que no merecen aten« 
cion ninguna. Los que no t^an 
principios de la maquinaria, decían 
que Alberto era mágico. Refieren 
también, que un día de Reyes, en 
\ijí convite que dio á Guillermo^ con- 
de de Holanda y rey de romanos, 
mudó el invierno en estío, todo lle- 
no de ñores y frutos. Esto es mas 
admirable que hacer hablar una ca« 
beza. El gusto del tiempo era hacer 
milagros y cosas maravillosas, á las 
chales no daban crédito los hom- 
bres de juicio. Ciertamente, Alberto 
poseía lina ciencia mas sólida: era 
verdaderamente sabio, y las leccio- 
nes de filosofía que daba, ag;radaban 
á todos. Habiendo venido á Paris el 
año de 1245, los estudiantes que 
Goncurrieroh éu oiile, no cabían en 
la aula en donde, enseñaba, y resol- 
vió leer en medio de una plaza pü* 
biica, la cual ha conservado su nom" 
b(e. Hablo de la plaza de Máiasertf 
que se llfima desdaentónces la pla^ 
de r Alberto, ó la pía:» de Maüre 
Áubertf de .donde se formó la pala- 
brailf«tfi»nti. : 

^Uv^iA.AÍbertaeñ, Colama. et^año 
de 128<^ de edad de sesenta y;GÍBco 
años. Se; le atribuyen doe'.óbftjj^iiiia 
de las dtales se intitulaa Ola natura 
r^rnmuT la otra: Bt Her^Í9^ mmUe* 



fiifi, en donde se trata del arte ds 
partear. Lo que hay de cievto en 
esto es^ <pie es autor, del libro inti« 
tulado: De mirahüibu»* 



PENSAMIENTOS DEL DOCTOR 
SWIFT, 



Todo exceso de piaóer está bt^ 
lanceado por un grado igual de pe« 
na ó de amargura. Puede esto com- 
' pararse con un hombre que gasta én 
un año la mitad de la renta del in« 
mediato^ 

La segunda mitad de k vida áa 
un hombre sabio, se emplea en li-' 
qertarse délas locuras^ preocupa- 
cienes y fhlaos juicios que ha oón.^ 
traído en la primera» 

Cuando parece en el milndo un 
verdadero genio^ la mejor señal pa* 
ra conocerlo, es que todos los ton*' 
toe se ligan contra él. 

Los que poseen U^áast fetf venta- 
jas de la vida, se hallan en un esta, 
do en que pueden ser angustiadoa 6 
incomodados de mil modos, en tan- 
to que son muy raros loa objetos que 
puedan serviries de oon^^lac 



Los cobardes no deben 8«r ctaeti^ 
gados con la ignominia, porque si 
fueran susceptibles de vei^üeiizar 
no habrían sido cobardes. La fioaer- 
te es el castigo mas bien t^deuladoy 
como que es el que mas temen* 



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DIARIO DE LOS NIÑOS. 

BEL GAL VAJVISMO 



121 



D$ LA ELECTRICIDAO DESARROLLADA POR EL CONTACTO. 



el fluido eléctrico neótro que ae 
halla en la superficie del contac 
tOy lleva la paite positiva sobre el 
zinc y la parte negativa sobre el 
cobre. 2. ^ Impide la recompQsi- 
cioQ de los fluidos que se hallan 
sobre ti zinc y sobre el cobre», 
á pesar de la tendencia qae los in- 
clina á combinarse. 

Los efectos de la fuerza electro- 
motriz son instantáneos y conti* * 
nuos cuando se quitan sin cesar las 
electricidades que desarrolla so- 
bre las hojas. 

Se llama máxtmo de la fuerza 
electromotrisy el Mfuerzo mayor 
que pueda ejercer para impedir 
que se unan las electricidades si* 
tuadas sobre los dos cuerpos he* 
terogéneos; este máximo varia en 
los forei diferentes. Se llama pa- 
reja ó par la reunión de dos cuer- 
pos heterogéneos; de este modo el 
contacto de la hoja deJicotre y de 
la del zinc forma un par: cada uno ^ 
de estos cuerpos se llama eJemento ^ 
de par. . . •» 

Era necesario sentar estos prin« 
cipios, para hacer comprender la 
16 



iSTÉ ramo de la ñtica tuvo su 
origen en 1789. Recibió el nom- 
bre de galvanismo^ de Galvaniy pro- 
fesor de anatomía en Bolonia, á 
quien se le d^en los primeros es^ 
perimentotrque tienen relación con 
este ramo. 

Sin.entrür en los pormenores so- 
bre dichos esperimentos y los de- 
bates que causaron por las eppli^ 
caciones diversas que se dieron de 
ellos, diremos luego que cuando se 
ponen en contacto dos cuerpos e- 
terogéneos, (de diferente naturale. 
za) por solo este hecho hay [H'O. 
daccion de dos eleiciricidadQs con- 
trarias que se maniVestan sobre 
cada uno de estos cuerpos: por e- 
jemplo, si se hacen soldar dos ho- 
jas unidas» una de zinc y la otra de 
cobre, el cobre estará cargado de 
electricidad resinosa y el zinc de 
electricidad yítrosa. 

Sellamafu9rzafeJ(¿<ro?no¿m, la 
fuerza que desarrollii la electrici- 
dad sobre l(»s dos me^t^les; reside 
en la superficie del contitclo.. ' 

Esta fuerza ,ijenQ dea, efectos 
muy notables: 1. ® Descompone 
T. ni. 



1S2 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



pila de Volta: es uno de los ¡db* 
trunientos mas preciosos para la 
química, oara las composiciones 
y descomposiciones que hace, y 
por toda claso' de fenómenos cu- 
riosas que produce; se forma reu 
niendo varios pares como vamos 
á indicarlo. 

PILA DE VOLTA. 

La figura 23 es la pila que 
forma una columna, la primera 
que ha construido el físico Volta 
de Pávta. Conaensando por la 
parte inferior, se apoya en el sue* 
lo el primer par, que supone, 
mos tocado por la hoja del cobre. 
La fuerza electromotriz desarrolla 
dos cantidades iguales de electri- 
dad, una positiva sobre el ^inc, 
otra negativa sobre él cobre, que, 
estando en contacto directo con 
el suelo, puede considerarse sin 
electricidad. Designando por + 
la cantidad de electricidad debida 
á la fuerza electromotriz, el pri. 
mer elemento zinc tendrá 1 de 
electricidad positiva, y la electri- 
cidad negativa del cdbre escapará 
por el suelo. (Se sabe queeste'síg- 
no + es en matemáticas el sinó- 
nimo de mas.) Los ftsicos en sus 
cálculos representan por este sig- 
no mas -H la electricidad positiva 
ó vitrosa, y por el signo menos — 
la electricidad negativa ó resino, 
sá. De este modo electricidad •+ 



es, pues, sinónima de electricidad 
positiva ó vitrosa; electricidad — 
lo es de electricidad recinosa ó 
negativa. (No se necesita adver. 
tir que es completamente arbitra, 
rio. y que estos signos tienen este 
valor solamente, cuando se ad- 
vierte de una manera especial; 
porque de otro modo no indican 
en los cálculos orditiarios sino mas 
tfmeíiaét sin contener iden aigunit 
de electricidad.) 

SI se pone una róndela de paño 
dcc, ó de cartón mojado sobre el 
primer par, y por debajo otro par 
cobre y zinc dispuesto como el 
primero, la electricidad del pri. 
mer elemento zinc pasará al través 
de la róndela mojada, que gira 
como se vé por la acción del con. 
ductor, irá á neutralizar la elec- 
tricidad negativa del cobre, y ade- 
mas, para estar en equilibrio con 
este disco, le (Comunicará una can- 
tidad de electricidad igual á la 
que coiitiene. £1 disco segundo 
de cobre también tendrá 1 de elec- 
tricidad positiva, como se vé en 
la figura: el disco zinc, en contac- 
to con el segundo disco de cobre, 
también retsibirá 1 de electricidad 
positiva, que unida á la cantidad 
1 que ya tenia por la sola fuerza 
electromotriz, hará 2 de electri- 
cidad positiva para el disco se- 
gundo de zinc. Toda ésta elec- 
tricidad positiva sobrante es mi- 
nistrada por la fuerza electromo. 



DIARIO D£ LOS NIÑOS. 



IMS 



tm de*^ primer par, cuya eiectrí* 
cidad negativa oorre sin cesar por 
el fluelo. 

GoQtÍDuaDdo en poBer réndelas 
húmedas, después pares díspues* 
to9 como los primeros, se hallará 
que ^1 disco de cobre del teraer 
par, tendrá 2 de electricidad *«•, el 
djsco de ziric 3, y así lo demás: 
en el «esto par el cobre tendrá 5 
y el zinc. 6, y toda esta electrici- 
dad positiva será ministrada por 
la fuerza electromotriz del pri- 
mer par. 

Si en lugar de disponer los 
paree poniendo el elemento co* 
hre en contacto con el suelo, se 
hubiera puesto el elemento zinc, 
se habria tenido electricidad ne* 
gativa en lugar de tener electri* 
cidad positiva en la cima de la 
pila. 

Sin el uso da conductores hü- 
medoe, todos los elementos len- 
driau el mismo peeo eléctrico, que 
seria igual al que se «desarruila 
por el contacto de dots elementos. 

Pila aislada, — Supongamos «los 
pilus formadas de un nainmo nü* 
R^ero de pares, yacubos en cojs* 
tacto con el suelo, pero inversos 
uno de otro, es decir, Apoyándose 
en el sji^lo por elementoe difenea'* 
tes, uno por el cobre y lOlr e por 
.el zinc. iPor c^^iopktt teniendo 
cada pila cuatro pares, la . pci* 
n)era deacanaando en el coíhre es. 
tara cargada em tau cania de una 



cantidad de electricidad positiva 
representada por 4, y la segunda 
descansando en el zinc estará car- 
gada en su cima de una cantidad 
de electricidad negativa represen» 
tada igualmente por 4. (I^íg. 2d.) 

Por otra parte, las cantidades 
de electricidad que se pierden en 
el suelo por el último elemento dé- 
cada uno de los paros en con tac 
to con el suelo, son absolutamen. 
te iguales y de una naturaleza 
contrariat podrian, pues, neutrali- 
zarse en caso de aecesidad, es de- 
cir, combinarse juntamente para 
formar ñuido neutro. Suponga, 
mos, pues, que se dejo de poner 
cada pila en contacto con el sue- 
lo; que se separen haciéndolas co« 
municarse por sus estremidades; 
Tas electricidades que se escapa- 
ban poco liá.por el suelo, van aho. 
ra á neutralizarse, lo que en nada 
cambiará los fenómenos que antes 
so observaban en la cima do cada 
pila* La reunión de esta» dos 
pilas ha formado una aislada en 
que las electricidades de las es* 
tremidades aon de una naturaleza 
conUaria, pero en cantidad igual. 
Enmedio es nula la electricidad, 
eiempre va en aumento á medida 
que so aleja uno del centro á de. 
rocha y á izquierda. 

Ambas pilas podrán reunirse 
¡por los discos inferiores, separán- 
idolas sin embargo por una ronde- 
¡la mojada que eetableecrá la co- 



124 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



niuDicacion. De este modo logra- 
rá una pila aislada, de ocho pa. 
res ú ocho parejas, cuyas estre* 
midades, que se Wüiavín polos, esta- 
rán cargadas de electricidades de 
nombre contrarío y en cantidad 
igual. So llama polo positivo la 
estremídad en que se encuentra la 
electricidad positiva, y po7o negü' 
tivo la estremidad en que se en- 
cuentra la electricidad negativa. 
Si se une por medio de un hilo 
el polo positivo al polo negativo, 
se establecerá en este hilo una 
corriente de dos electricidades; la 
prueba es que si el hilo es muy fí. 
no, se pondrá encarnado á causa 
del calor producido por la unión 
de dos electricidades. 

Cuanto mas considerable es el 
numero de pares, tanto matt pode- 
rosa es la pila; el tamaño de la 
superficie del contacto aumenta la 
cantidad de electricidad, pero no 
su tensión, su tendencia á tirarse, 
por decirlo así; esta tensión de- 
pende únicamente del número de 
pares y de la fuerza eíectromo* 
triz, que varia según los diversos 
cuerpos que están en contacto. 

Hay diversas formas de pilas, 
la de columna es la menos usada; 
Umbien se conoce la pila de 
cubillos, en la que los elementos 
de cada par están soldados entre 
6Í» y puestos unos trae de otros 
bien separados por una almáciga 
no conductor; para reemplazar las 



róndelas mojadas, que en la p¡* 
la do forma columnal establecen 
comunicación entre los diversos 
pares, se vacía en los espacios que 
los separan en la pila de cubi- 
tos, una agua acidulada, es de* 
cir, mezclada con áccido sulfúrí* 
co (aceite de vitriolo) y de áccido 
nítrico (agua fuerte, 6 agua fuer, 
te de segunda.) Esta adición de 
áccido aumenta mucho el efecto 
de la pila. 

La mas usada hoy para las es* 
periencias de química y física, es 
la pila del doctor Wallaston, la 
base en que descansa la cons- 
truccion de estas pilas, y según 
la cual hemos formado siempre 
U pila de Volta; pero la forma 
es diferente. 

EFECTOS DE LA PILA. 

La p'ila produce efectos fisio- 
lógicos, es decir, obra sobre la 
economía animal. Cuando se to- 
man los dos polos de la pila en 
las dos manos secas, no so siente 
nada; pero mojando las manos se 
esperimenta una conmoción con» 
tinua en ellas y en el brazo dcc, 
según el grado de energía del 
instrumento. Podría haber peli- 
gro en recibir esta conmoción, si 
el número de pares fuera conside- 
rable. 

Se ha observado que las cor. 
rientes eléctricas vuelven la vida 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



125 



algunaf vecot á lo^ anímales que 
están privados de todos los sentid 
dos, después de mas de una media 
hora, excitan las funciones diges- 
tivas suspendidas por la seeeion 
de los nervios que pasan al cst6<^ 
mago dee. Sin embargo, losefec 
tos íisíológtoos obtenidos con la 
^ila, son en general poco satis- 
factorios»' Los efectos físicos de 
la pila eonsífeten en las grandes 
combustiones, en la fusión de los 
metales, en la volatitisacion (re. 
doecion á vapor) cuando se ponen 
en bilos sueltos entre los dos po- 
los de la pila. 

Los efectos químicos de la pi> 
la son muy numerosos y todos de 
la mayor importancia. La inven- 
ción de la pila ha sido el origen 
de los descubrimientos mas her« 
mosoB en química. En efecto, 
ningún cuerpo connfpixesto resiste 
á este instrumento, separa de ellos 
los elementos, descomponed aguo, 
los óccidos, los áccidos y las sales. 
No podemos entrar en los porme. 
ñores de estas esperiencias diver- 



sas; mas nos limitaremos á decir 
que el primer ensayo de descom- 
posición del agua por la pila se 
hizo en 1800 por MM. <:^arlisle 
y Nícholson; sumergiéndolos lu- 
los conductores, comunicando á los 
dos polos de la pila en un vaso 
lleno de agua, advirtieron que el 
agua estaba descompuesta, en oxí • 
geno que pasaba al polo positivo, 
y en hidrógeno que pasaba al po^ 
lo negativo. Así es que la agua 
está formada- poi* la combinación 
de estos dos gases. Como el oxi- 
geno pasa al polo positivo, prcci- 
80 es que haya electricidad nega- 
tiva, puesto que las electrtcfdadee 
contrarias son las que se atraen, 
y se le dá el epíteto de eleefrone. 
gaiwo. Por una razón análoga, 
^semejante) se le dá al hidrógeno 
el epíteto de electropositivo* Se 
diee en general de un cuerpo que 
se pasa aT polo positivo de la pi- 
la, que es eleoCronegiitivo, y del 
I que pasa al - polo negativo, que es 
electropositivo. 



LEONOR. 



L 



Y al ver a lof doc por ti«na 
en BU propia sangre tintos^ 
al Éaelo oae desmayada 
hamuado un triite suspiro. 

Hermosa como la luz del día» 



tierna como la amapola, amable 
como un ángel, pur^ como la vir- 
tud, é ¡nocente como las avecillas 
que va^an por el viento, abrió. 
Leonor, ni recejar los primeros* 
rayos de una deliciosa mañana de 



Id6 



DIARIO DG LOS N(ÑOS, 



primavera» loi ojos d^l alma, coo 
que tantas calamidades habia de 
llorar muy eo breve, abandonada 
de todo buroatio socorro. 

Di^z y seis abriles contabaí y 
aunque ya conocía el teatro y sus 
farsas cómicas» y se babiaespere>s 
xado de risa mas de una vez. coq 
l^s ^stravagancias dei gracioso^ y 
lament«^o muc^bas fatalidades de 
Bdípoy y U muerte dei moro de 
V/i^necifiy. ignoraba lo que era el 
verdadero teAtro del mundo, en el 
que iba i laqzarse muy pronto á 
desempeñar su p^rte en el grande 
é intiiucado dranm que represen- 
tan, han representado y represen- 
tarán respectiva¿nente todos cuan- 
tas Uan «do» son y ser&ni mal que 
nos pese i les que prinfcipjhaoios 
la carreni' kistrjóiiica en nuestra 
deiesnaJ^le peregüinaeipn «obre la 
tieria*. 

Dolada del telento namural» auu« 
que poco instruida* y deinaeíado 
ínoceate para Uaslueir el vicio al 
través del velo con que le üubre 
la hipocresía» todo era felicidad» 
todo hermoso y apacible en el 
concepto de la bella Leonor. Lie- 
na BU mente de mil ensueñes fiía. 
tásticos y caballerescos» dulces y 
deliciosos» reales únicamente en 
las novelas, el mun,do para ella 
era el centro del amor» de la. p^z 
y bíenaventqraqza: un Edera» un 
Paraiso. 

Perseguida por fiduladores fala- 



ces, y mimada por los autores de 
sus dias y por todos sus parientes 
y deudos, no es ^straño que todo 
cuanto la rodeaba» todo cuanto aU 
canzaba á verla» pareciese un ñel 
tCfisunjLo de la morada del EteiDO« 

Su padre» que coQOf íael mundq 
menos que ella, sin tener su vir« 
tud y alma pqra» era de aquellos 
idiotas que en t<^do piensan tnenoa 
en mañana. Poderoso» aunque gas* 
tador estrafalario y loco, estaba 
espuesto á qna ruina inevitable, 
¿ pesar de que sus cuantípsae reo. 
tas le producisn roas de lo necor 
sario para sustentar , sus vicios, y 
para sembrar por todas pactes el 
oro» que otros infelices nunca pue- 
den poseer ni aun i costa de mil 
trabajos y fatigan. Heredóleí de 
quien supo apilarlo en gran co- 
pia» y ra^ veces los que bere- 
dan pinguea caudales sin baber 
sabido nunca ganar un mediot y 
sin baber carecido jamás de nada» 
saben apreciarlos ni emplearlos» 
por de cpntado con oportunidad y 
buen aeuerdo. La madre de Leo- 
nor» y esta incauta y mal aconse- 
jada doncella» también gastaban; 
ipéro qué gastar!. ••• y todo en 
fruslerías. • • • 

El padre, la madre y la hija 
eran ademas victimas de las mo« 
das, y el lujo, por supuesto, el 
Dios que roas idolatraban. ,¿Qué 
era par^i ellos dar ci^n onzas por 
un vestido eetravagante? ^Unves- 



DIARIO DE L08 mlfDa 



127 



tido de arlequín. • • •? ¿Un veetí* 
do.... que solo una ve« timado 
arrojál^anlo al muladar, eomo quien 
diee. • • .? 

¿A qué tiiTenc ion nueva y ridí- 
eola, á qaé capricho de le moda 
no pagaton con liberalidad tribU" 
€0? ¿Qué peluquero, qué éastre, 

qué modista ae quejaron Ja* 

mas de )a ruindad en el pago de 
ninguno de los tres? ¿En qué tea. 
tro, en qué Míe, en qué aoeiedad 
áe presentaron nunca doá vecea 
cen loa niretnoa adofnos? ¿Quién 
>e8 vio pueatoa mae de una sola 
▼éz unos raíamot pendientes, un 
mismo collar, unas mismas sorfi. 
jas, uó mismo sombrero, un mismo 
frac.^T 

Leonor era buena; pero.. . ¿ • • 
¿qué podia ser Leonor cen seme- 
jante ejemplo. • . .? Toda su edu. 
caeion consistía en saber ' báíhir, 
en prenderse con elegancia, én 
leer decorado, j eso, no para ilus- 
trarse con buenas é iustructivas 
obras^ sino. • • • para codíbndirse 
con un laberinto de ideas vaporo- 
sas y bárbaras, aprendidas déme- 
nioria en una, en dos, 6 en ci^n 
novelas detestables. ¿Pero co- 
ser. ...t jamas supo lo que era 
enhebrar una aguja, ni. • « . ¡nada! 

Entre los infinitos aduladores 
que la rodeaban, descollaba nú 
elegante que «ra el niño mimado 
de la easa de Leonon de oatós 
que venden gran proteocion, y ti- 



rtti el üocete, y p<íhea U bala don* 
de fijan el ojo; que no sufren chafo- 
tan de nadws, ni respetan é perso* 

na humana. nS de- estoa era. 

Amaba £ L*>onor.... no, tío la 
atnaba á 0Na,)amaba á sus cmum^s de 
oro, y Leonor te qoeria^ lo idéla- 
trtfba, ttai jor dicho, siu que por 
eoto dojMo do^seocheir conofra- 
áó los requiebro» y oIsbanEaa de 
loa otroajdveneo Sertolianot deao 
éasa, (pío, como el elegante, toin« 
bien la pre(endiuti# Uno de eHos^ 
rico, y aoflfqoo de taieñto« de ge- 
nio attabffliarfo,* era el que rerda- 
doraéiOftCo la amaba, y el úeveo 
que la hubteiti'heoho'diehoaa. Leo¿ 
ñor no* lo desatendía,» peto enomo • 
radia fronétioameme del «legante, 
6 4é Ricardo, que así se llamaba,' 
no podia correeponáeirle» 

Al anochecer de una tarde, doe^ 
pues de haber celebrado en la mo* 
sa con brindie é ímprorieaeionei 
fastidiosaa el cumple- añoa de la 
niña, ao pro^pabaa tiodoeioa con- 
vidadoa do omhoo éexos poca co« 
menzar el baile, que^ podemos lla- 
mar el prtmet preludio del^ des- 
venturado Leonora •' Eitaba dita 
sentada en un rmoon dei comedor 
al lado de su adorado Ricardo, el 
eúal imprimió un beso en su blan« 
ea mano, al mismo tiempo de proj 
sentarse Augusto, eu riVal, de quien 
ya hemos hablado. 

-«)At 1)0 Vidal gritil, ¡perjoro! 
eaclania en aegaida, «doloalándo* 



128 



DIARIO DE LOS NIÑOS, 



Be h&oia ellos con cioelMad#B pa 

80«* 

. — Detente, y Bígv^me á la huer. 
jtRf le diio en.VQ2 baja. Echóle 
Auglisforiinfi.aiirada aterradora y 
salieron» En vaao quiso impedir^ 
lo Leonpr: fué á preeipitatse tras 
ellos por )a puerta; y un prejsentí* 
miento horroroso la contuvo» obli* 
gjündola á BQ|it|irse qyi:te«nl^lor' re- 
pentino^ que coartó todas sus (uer* 
zas* Poco rato despuQs se eyó 
una detonación» que el eco repi- 
tió á íq lejoSt y dando un grito de 
despecho la infortunada amante, 
saloi corre desolada, llega ai fon- 
do de la espaciosa huerte» y cae 
>ma sentido* • • * • Distante de ella 
dos varas, ' al pie de un árbol, ya- 
cía un joven baüado en su san- 
gre, y á su lado una pistola: era 
Ricardo. No muy lejos babia aca- 
bado Augusto de exhalar el pos- 
trimer suspiro. 

II. 
13 temotr de lU desgrscis 
- - * . BD pecho éc angustia WetUL, ' 
: ; 5 en pos ck.ta dueño amgfb 
de sQ habitación se aleja. - 

CoD «n libro en la mano tzquier* 
da, la cabesa apoyada en la dere- 
cha, cayo codo descansaba en el 
brazo de un lujoso sillón, forrado 
de terciopelo carmesí, estaba sen- 
tada una joven como hasta de 20 
años de edad, ricaniénte ataviada, 
y cuya faz ,ter8a y purpurina-de- 
jaba trasldcir^ á la opaca luz' de 



una lámptra pró;cima á espifsr» el 
ecuúo dolor que devoraba el co- 
razón de la interesante ninfa que 
parecia bajada del Empireo.para 
consuelo de los malaventurados 
mortales. Sus miradas lánguidas 
se fijaban de cuando en cuando en 
la imagen de Nuestra Señora de 
los Dolores, quQ .colocada en un 
marco de macisa plata, pendia de 
un clavo, en la pared fronteriza á 
donde estaba la joven, que lanza^ 
ba sin cesar hondos y prolongados 
suspiros. De pronto arroja el li- 
bro, se levanta, y lomando de en* 
cima de su tocador el retrato de 
im gallardo mancsbo, esciama. 

«—¡Enrique, Enrique mió! ¿Dón- 
de estás que no te acuerdas ya de 
mít ¿Dónde, qué se ha hecho la 
fé que me jurabas? ¿Dónde las 
protestas de amor .que tantas ve- 
ces me hiciste? ¡Ah.^..! ya me 
olvidaste.. ••• ¡perjuro.»..! ¿y 
te creia...-! 

Suspira otra vez; contempla el 
retrato; torna á suspirar; dos lá- 
grimas como de perlas ruedan por 
sus mejillas; suepirade nuevo; im 
prime sus rosados labios en la mu* 
da miniatura; exhala un ¡ay] tris- 
te, y se deja caer despecha,d,a en 
el sillón. . jinfttiice! ora Leonor« 

Ya no se acuerda df( Ricardo: 
ya olvidó su desgraciado. íiit, y el 
de su rival Augusto. Solo piensa 
ahora eñ su nuevo, oh su idolatra- 
do amante- Enrique de dia. En- 



DIARIO Í>É Los NIÑOS. 



129 



rfijiüe de noéher en* la íglécrh, en 
e\ teatro» á. todas horas» en todas 
partes síe presenta £ su ¡magina- 
GÍéÁ exaUadar por do quiera le vé, 
escucha su voz» oye sus juramen- 
tos... .'^^„¡Yo te amo, Leonor» y 
te amaré hasta el sepulcro! O tu 
esposo ó la muerte.*' — Dos veces 
pronuncia estas palabras que En- 
rique Je había repetido mlt hacia 
muohb tiempo. ' 

• Una criada sé presenta eh la cá- 
mara' de Leonor de improviso. 

--¿Señorita, le dice» señorita» á* 
cabo de verle» y. • • • 

~¿A quién?.... idoade estA?.... 
¿por qué no viene?.. «. . 

-—Le acabo 'de ver» sf, pero no 
al señorito, nó» á quien aéabo de 
ver es á su criado Mamerton» 

• *— ¿Y Enrique? ^y mi Enrique? 
•— Está... .vefiortta. .. . ¡ah. ...! 
-«-¿Quésosp^íchasi...? habla. - - 

. «^Le aoaban 'de traer .-.«•« 

• «— ¡;I>e trae#.. .1' 

—-Sí señorita, le 'han eonduoi^i' 
do 4 su casa cuasi miieirto<... 
-^¡Miuerto....? 

• -—Habiendo ido á pasear al eam» 
pe( cott varios amigos» se le desbo- 
có el eiabállo» j..^*;.será milagro si 
¥ivie^...w 

'i^¡8anto1).ios....;! esislanid» y; 
salió d#W gabinete como loca. 



T. m. 



lU. 

Ba m bfltfoi estieeliukib 
■I hqoqoetiema adora, 
al citU píd« pcfd#n 
con túpUca knonttu 

Diez años eran pasados: en es- 
te tiempo acontecieron grandes 
trastornos en la familia de Leo-' 
ñor. Casa á disgusto de sus pa^ ' 
dres con el joven Enrique: ni los 
visitaban ni los veian» ni ellos se 
acordaban de su hija» cuyli suerte 
no era ya por cierto dada apeteci- 
ble. Verdad es que su esposo la 
idolatraba» y que un hermoso ni- 
ño, dulce iVuto de sus amores» la* 
hacia olvidar mas de una vez la' 
amargura que á sü tierno corazón 
destrozaba de continuo. 

La memoria de su antigua ítíi* 
cidad y los remordiifaiehtós que' 
ni un instante la abandonaban por 
haberse enemistado ébn áus pá* 
dres, la traian siempre cabilosa y 
displicente". De buena gana hu- 
biera volado á postrarse á sus pies 
á pedirles perdón y 4 colmadles de 
caricias.. ..pero su esposo seto ha- 
bía prohibido» y era íuerza obede* 
cerle ó separarse de él. 

La miseria entretanto se iba á'i 
cercando eolios con pasos «gi« 
gantados: los padres de' Leonor 
táftirbién empezaban ya 4 sentida 
yi'Sid endrogaban por todaa pactas 
para sostener un lujo tan pemicio- 
17 



180 



DIARIO DE tos NIÑOS* 



8o como eetremado, siendo aún laf 
víctimas de la moda. 

Éralo Leonor igualmente, asi 
como 6tt esposo, quien habiendo 
heredado de su padre inmensos 
caudales, aunque no su virtufd eco. 
nómica, los habia ya dilapidado 
cuasi todos» á lo que nuestra in- 
cauta heroína contribuyó en gran 
parte, pagando hoy cien pesos por 
un Testido que mañana desechaba, 
después de haberlo estrenado pa- 
ra lucirlo pocas horas en el teatro 
6 en otra concurrencia. 
. El tiempo eorria, volaba, dejan- 
do Qomo siempre á todo el mundo 
disgustos y desengaños, y llenan- 
do incesantemente la copa fatal 
que nuestros esposos no habiían 
probado aun, pero ya estaban muy 
próximos á apurarla*.»* 

Inquieto, y por demás taciturno, 
entró Enrique una tarde en la aU 
coba de Leonor que estaba acari- 
ciando tranquilamente al fruto de 
sus entrañas* 

—¿Qué tienes esposo mió? le 
preguntó: ¿por qué estás tan aba* 
tido? ¿de qué nace esa agitación 
que no puedes ocultar á mis ojos? 

Responde 

^¡Ah....! Ya todo se ha perdt- 
dD..*.todo.»..! Mis acreedores- me 
persiguen, no tengo un real, y ma- 
ñana tal vez...* No, no nos encon* 
trarán, ¡huyamos.**.! es necesario 
huir..*. Recoge las alhajas que 
tengas..*. Esta noche á las ocho 



vendré por tí*. *• Un cochero de. 
Itoda mi confianasa*.** ¡AlDíqsu*..! 
— ¡Espera, espera**.*! ¿No me 
escuchas*.*. Se fué.«.* ¡desven- 
turada! 

Y después de ub momentfi.de 
jpausa, prosiguió, abrazando 4 su 
tiijo. 

— ¡Todo se ha perdido!.**. ¡Kt» 
ruinados para siempre* * • . ! ¿Qué 
será de tí, hijo mié*...? ¡Ah!. • « • : 
Tarde viene el arrepentimieotp* 
Las modas, el fausto*.** He aquí 
nuestros verdugos. *, . ¡Hijo de mis 
entrañas....! 

— '¿Por qué lloras, madre mia? 
— ¡Por que. lloro*...! ¡Inocua* ■ 
te.*.*! Llora tütambi^: Hora tú 
que naciste en la opulencia, tá que., 
nada tienes ya sobre liitierra..** 
¡Llora, infelice**.*.! ¡Llora*«*««*! 
Cuantío abrae.los ojoa.de la ra- 
zón, entonces*»*, ¡ah! eolo-te 

cercará la. miseria: serás erdes- 
precio de tus seraej9iitesrf.«» ¡Llo- 
ra, sí, llora.**.! 
—No, no llores, mamá...* 
— Lágrimas tardias.... ¡Y mis 
padres..*.! Apenas te conocen**.* 
Nunca te han acariciado, ni has; 
recibido jamas^, el ósculo de ver- 
dadero amor, que tantas veces ím<^ 
prímieron en mis mejillas en mas 
dichosos tiempos**.* (Bya Ingm- 
ta.*..! ¡Padres de mi corazón....! 
¡Aun vi vis y no os miro! ¡Y he 
de morir sin^veros! ¡Y me aleja- 
ré para siempre de vosotros*...! 



DIARIO DE LOS NIÑOS, 



131 



(Oh ttt que mt átielo res» 

Jíladre de amor, virgen pura! 

Ayúdalos en su coHa; 

ífo lee abandonef, no.* 
Mi arrepentimiento hoy ee 
' Mayor qae fué mi ventura...* 

Por tu bondad infinita 
" If trelofl fólícee yo.... 

Por el Supremo Jehová 

Apiádate Virgen Madre, 

De mi hijo, que ea inocente 

Cual rosa de Jericó. 
Y pues arruinado está, 

Vela por su triste padre.... 
. . Tu gracia danos cleinente..,. 

Perdona á quien te ofendió... 
, — lilnfelice Leonor....! dijo una 
yoz sepulcral, una voz que pare* 
cia salir del otro mundo,— Cambió 
,t«,«uarte, y ya solo tendrás gratos 
.irecuerdos, que acrecentarán mas 
,y BOAS tus futuras desazones 6 in- 
fortoDÍos. ¡Llora, y llora sin tér* 
-mino, desdiiphada.*..! 
. Un cami^g^ para de irtiproviiio 
á la 'puerta de la casa do Leonor. 
Palpítale el corazón á esla triste 
madre. ... entra Enrique,, .. 

—Vamos, dice. 

-H»¿Adónde, desgraciado.... t 

—A los infiernos. 

¡Ayüf - 

. Del/ioadar retirada, 

UcraB^o aV,d^lce ol¿e^(^ de Jin smory 

espera lin paTor 

la muerte desdada 

qát ponga fin k ráténaz dólot. 



El íbnebre son de la campana 
de una pequeña iglesia' de un pue« 
bid, anunciaba la muerte de un 
siervo del Señor, y los que aun vi- 
vían rezaban encomendando su al. 
ma á la reina de los ángeles. 

De una rústica y humilde cho- 
za* con pobre, aunque respetable 
acompañamiento, salia ' un ataúd, 
conducido en hombros por cuatro 
feligreses, que iban á devolver á 
la tierra lo que era suyo, el cuer. 
po inanimado de un hombre con- 
vertido ya en su primitiva esen* 
cia, en un pedazo de barro. 

Dentro de la choza lloraban ín« 
consolables una muger y un mu. 
okacho, pobremente vestidos de 
paño burdo, sin zapatos él, des* 
calza y desgreñada ella: eran Leo. 
ñor y su hijo, que acababan de 
perder á su esposo y á su padre.. • 
Aun estaba oaiieate la dura tarima 
donde había éahalado el último 
sospiro. He aquí el fin de aquel 
hombre rico, millonario, que en 
otra época se habia burlado de la 
suerte, malgastado en modas su- 
perfinas y ridiculas, de consuno 
con su esposa, un caudal que hu- 
biera sacado de la miseria á mil 
faniilias indigentes. Todo se ha^ 
bia reducido á polvo y apa vezas. 
jTríét'é y ibrzosa consecuencia de 
la ignorancia de los. que no pien- 
san jamás en lo futuro..,.! 

Los padres de Leonor habían 
fáliecido también, devorados por 



IS2 



pUSiO INB L08 . Nll^g. 



la miseria» y solo dejaron trampas, 
y una lección por herencia, á los 
que tan incautos como ellos, no 
sepan conserTar au hacienda. 

Leonor» deapues de haber side 
por muchos años el juguete de su 
enconado destino, acabó sus días 
en-un convento de monjas donde 
habia servido de criada desde la 
muerte de su eaposo: y su hgo. 



lamentando sUv I9«la estrella, salió 
de su patria con iqtepcion de.i^us* 
car fortuna en úa país of trangero; 
donde si le fué propiciat y si pudo 
legar i sus descendientes algunos 
miles de pesos, á costa dé mi^ afa- 
nes adquiridos, no lo habrft )ogra. 
do en verdad imitando el ejemplo 
de sus padres* 

• ■ : F. (?. 



AITBODOTA. 



Durante el frenesí de la revolu- 
ción francesa, espidió la munici- 
palidad de París un decreto por el 
^úal prohibia á las mugares her- 
mosas que se presentasen en a- 
quellas oficinas por ninguna clase 
de reclamación, y mucho ménoa 
para interesarse á favor délos aria- 
tóoratas que gemían en las cárce- 
lea. Pasado algún tiempo, Her- 
bert, síndico procurador de aque* 
Ua corporación, se quejó déla fal- 
ta de cumplimiento de una ley tan 
saludable* uno de los mieiabros 
le hizo juiciosas observaciones, 
manifestándole <|[ue en la tierra.de 
la libertad debieran estar abiertas 
las puertas á todo el mundo; que 
por otra parte era muy difícil cla- 
sificar tas mugares en orden 4 au 
mérito fisico, porq^ue los gustos 
eran muy diferentes, y la que pa- 
rece fea á unos, es considerada 
como hermosa por otros; y que 



por lo tanto era muy dificíl que 
la» oficinas públicas diesen un 
cumplimiento exacto á tan e- 
quívocos mandatos. Sin embaí, 
go de estos reparos tan oportunos, 
no se convenció Herberl y reilo^ó 
sus. furibundos anatemas contri» 
aquellas Ctrire«, así Jas llsnnabaiél, 
lo cual fué m^y del agrado del 
tropel de mugeres viejas y asque- 
rosas, que eran laa que aoudian 
esencialmente á las audieiKÍaa; 



' El tiempo todo lo mina, 
lo socaba y desmorona,, 
solo tu lengua Petrona 
se halla libre de su ruina* 

Envejeces deberá en hora, 
mas noto cada maflááa 
que haciéndote' m|t8.Ai>ci apa, 
desertas mMJwÍ)la^^ 



DBBOEZFOZOIT D2 VISITA. 



ilffi 



IBsTA ciudad» fundada en 1142 
por Enrique I, dujuei de Ai»#imí« 
68 H mas grande á^ la AlemanU. 
Viénele eu nombre de un pequeño 
ri9 que la atrartim^; «e arroja en 
el Danubio» que también la riega, 
fertiliza y se rabdivide^ j^n Mcigf 
braaos que formaff'ftkfl-miijegni- 
dablee: su clima ee templado4»or tQ- 
doa estiloe, le mantiene en un es- 
tado eetaciunario que «e semeja» 
según dicen» al de la China, en 
donde nada se cambia ni nada se 
perfecciona. El territorio de es- 
ta capital tiene 460 pi^^ fie eleva- 
ción sobre el nivel del mai^; i|U cir- 
cunferencia, coroprendieciAo, la de 
'sus arrabales, es de tres intllas a*' 
lemanas 6 seis leguas de, posta. 
Cuasi es de la misma ostensión que 
la de Paris; pero ¡qué diferencia 
en la población de estas dos me^ 
itrópolis! Viena no contiene sino 
,800,000 habitantes* Casi al cen- 
¡tro del terreno que ocupa se halla 
¡la ciudad verdadera rodeada de fo- 
isos, de fortificaciones» y comuni- 
loando por doce puertas i 84 arra« 
bales, tanto mas estendidos cuanto 
¡qae encierran campiñas y prado* 
Iras bien cultivadas, y muchos her- 
mosos pateos: el Baurg-Bfittey y 
el Bagtey de BúíhenOiurm están a- 
iomados de elegantes cafts; pero 



frente al Burgo, el muro de la ciu^ 
dad retirada jobea el glacis, deja¡ 
jlescttbíerto un hermoso terrado a^ 
-domado de jardines, uáo de lo^ 
ettales está deetinado para la eor4 
te y el otro para el público* Es4 
te último, llamado{Fo2ikáf alien, ha^ 
oe poco que encierra el templo 
4|U0 representa nuestro grabado» 
en el que se admira la estatua de' 
Teseo, una de las obras mae^tra^ 
de Canova. I 

Los palacios de Viena . Üicei^ 
igualmente que se asemejaa-á los! 
de Florencia; j en fip» esto i)o pa^ 
rece al r^sio dé la Alemania sino 
en algunos góticos edificios de la 
edad medtaf El primero de. estos 
edificios es la torre de San Este- 
van, que se eleva sobre todas las) 
iglesias de Vieaa» dominando con 
magostad la buena y apacible ca« 
pital del imperio austriacol Doa 
siglos han sido iieoesarios para a-j 
cabar esta torre comenzada en 
1.100; toda la historia del pais se 
refiere á ella de alguna manera. 
El panteón del principe Eugenio, 
célebre general de la ilustre casa 
de Saboya, que hizo arrepentir a* 
margamente á Luis XIV de ha- 
berle desdeñado, es el solo que 
después de tanto tiempo se ha co- 
locado en esta iglesia. 



DIARIO DG IX)3 NIÑOS* 



MS 



El prater ei otro pfuwo qii0 tie- 
ne mociio atractivo para loa babi. 
tantet de Viena* Se 4ice que en 
niogUDa capital hay un paseo tao 
próximo donde se go6en las belle- 
zas de ia naturaleza het^manadas 
eon las dvl arte. Es tin bosque 
imgestuoéo que se prolonga hasta 
las orillas del Danubio; se 4^(^* 
bren desde lejos ínfinidád'de cier.v 
▼os que le atraviesan por las ma- 
ñanas y se retiran por las tardes/, 
huyendo de la importunidad de los 
paseantes. Este paseo es muy 
concurrido durante el buen tiem-* 
po, á unas mismas horM; costum- 
bre que coataria mucho quitar á 
los alemanes. Es preciso conve 
nir en que es un bello espectácu- 
lo el ver reunida tanta multitud ba. 
jo las ramas de los magníficos ár- 
boles que fecundan el Danubio, y 
sobre el verde esmaUe ds las yer- 
has. La alta sociedad en carrua- 
ges y el pueblo á pié, so juntan 
diariamente en este delicioso sitio. 

Es sorprendente para los estran- 
geros observar que aquí para las 
diversiones y placeres guardan un 
6r4en y una exactitud como en los 
negocios de mas importancia. Es 
un plaeer asistir á los bailes que 
se dan los días de. fiesta parala 
gente trabajadora; bailan sus mi-, 
anéts oon una regularidad qu^ sor- 
prendo» 7 aunque suceda que* 1^ 
pascrja se seflare pos amicha gente, 
qM toe estorbOf GontínAan Hun- 



do .c«da uno por su lado ba4ta qu»' 
se restablece el.órden, sin oirse 
mas bulla que una cierta voz de 
contento que dan de tiempo en 
tiempo. 

El: paseo del ptater da una idea 
del bienestar y prosperidad del 
pueblo de Viena. 

Esta ciudad eensume en la co- 
mida un ¿oble que cualquiera otror 
población de igual vecindario. De 
oontinuo se ven á las cinco de la 
tarde muchas familias de artesa-^ 
nos y gente poco acomodada, que* 
salen para el prater con una me- 
rienda campestre, de tanta impór.* 
tancia y costo como la mejor co- 
mida de otros paises, todo le cual 
prueba q\ie son laborió'sos y nüoy 
i arreglados en sus costumbres.' 
Por la noche vuelven millares de 
¡hombres de la mano con sus mu- 
igeresé hijos, sin que la menor dis- 
;puta ni incomodidad tur)>e sus dis. 
tracciones, observando un silencie* 
tal que apenas se oye una voz. 

Los grandes señores pasean á 
caballo y en magnífícos coohe8,y 
todo su placer consiste en hallar 
en algunas d^ las calles del pra- 
ter, á los que acabaron de dejar de 
sobremesa en los salones. Por 
lo demás también es de notar que^ 
estos grandes señores de yieha», 
que son acaso los mas ricos de 
Europa, no abusando d<) pinguna 
de sus ventsjas sobre los demas,^ 
hacen deteiie;r^ su opúsote acom- 



I» 



DIARIO va LOS KIÑO»; 



pAflamioiito pftra dej«r|^aBar á un 
humilde carniage. El emperador 
míflino y 808 hemninoe loa archí* 
duquea te colocan en el pateo' en 
]a nii^ma línea que los detnaat y 
no 8j9 dejan mirar aino como par-^ 
dculareai guardando sus derechoa 
para loa casos en que cumplen con 
loe deberes de sus 4ligntdade8. En 
DMdiodel gentío se deicubrea mu- 
chas veces müsicas y juegos de to- 
da; especie que dan á la reunión el 
aire de una fiesta particular. Ja- 
Biaa aer encuentra, aquí ni en toda 
Viena uo mendigo; los establecí- 
mlentoa de caridad están adminis» 
tradoa con mucho orden y libera- 
lidad, y la beneficencia pública di- 
rigidas con mucha justicia; el pue- 
blo» generalmente mas industrioso 
4 intelí|{ente para el comercio que 
*el resto de la Alemania, se condu- 
ce CQ todo con mocha previsión. 
Se dice jque en Austria apenas 
se conocen delitos que merezcan' 
pena capital; en fin^ en este país 
todo indica un gobierno patei'nal, 
sabio y religioso. 

' Viena es en cisrtó'modo el com-^ 
pendto de toda la Austria^ su be-' 
lléza y su mayor estenstoh, tomo 
hemos IndicácTó,' conóÍ8l!e én'Aüs' 
ári-ábares.' Efí^pátacio imperiareá' 
miiy «éticilfd; 6 maií'bien ei unk^ 
masa informe '^'construida en ^wf 
étíbcW dfifómittos; />ero encfei'M' 
el tesórd aÍA%mperadot;' el gaU^- 
n6te d¿f «iitigbethrdea,«l'il¿í htstó^ 
rih tiatif ral y el dé i&edálláai/' co^ 



leociM aapMor acaso' por su ri- 
quesa á latf d» las otras oapitalea^ 
de la Eoropa. Est« palacio está 
rodeado de oonslruecipnes nota- 
bles: por un lado la aniiguacAon* 
cUhna del tmpem, adomkda de- 
cuatro grupos de propoi^nal ee«) 
loaalés, del otro la MUiotem wipef! 
rtW, q«e coplieAe 9QO;OOiOI volirr' 
meñes, ' 0.000 e|emf^Ur€f8 delotsí 
primeros -ensf^yM i de: 1^ jimpreati^ 
y 12X00 ^apus9«itoar:(l) Én la^ 
escuela de equítacifq^ obra mae¡s< 
tra de arqpiiectuca» ft^y muy huo*. 
naa manufi^U^raa, impe.riales* en! 
particular . espejos, y porcelana.. 
También tiene, ^na upiversidad, y 
las. escuelas especiales y de ins-. 
truccion publica. son numerosas; 
una academia forpiada de ingenie-, 
ros, un conservatorio imperial, de 
los músicos distinguidos (2); en $n,; 



(1^ Ésta hibtuaeca posee 800' 
volúmenes dé grabados y 2pf tomos 
dé retratos: éntrelos manuscritos sé 
notan los gerogli/ieos mexicanos ¡ tin 
manuscrito áé Bioscoñder con di^ 
bujás dé^jiátttas sobre vitela, ^fáa^ 
dos etí el Ü^fó T, el ordinal ddse^ 
nadtíhóttsultoqajtí regutar^ á'faí 
ÉáedMes eV¿tíh'9^'*(k'Rimiló; €§ 
mMuscritoáá'Taioi déla Jeróda* 
IfehMlberláía, tfií ÍW}«|*1i»^^!f^ 
ctór4*: - '•-••- ' J*--:í 

<lé'tfflM«^MiM<>tjBA8i|rw'eo«jNdas 



DIARIO DE LOS NIÑOa 



137 



•e cueaCAD 'cÍBe<y ediegioa grao- 
de«) una uaiversídad protestante 
y 00 escuelas populares, abiertas 
gratattamente á los niños del ve- 
eindarío de ambos sexoe; se ense- 
fia 4 leer, escribir, contar y dibu. 
jar; las niñas están separadas de 
los niños, y se ejercitan ademas 
en obras propias.de su sexo» Las 
escuelas gratuitas están abiertas 
el domingo desde las nueve hasta 
las once, para los hijos de artesa- 
nos. Un gran número de señori- 
tas pertenecientee 4 familias aco- 
modadas se educan en los conven* 
tos; pero hay una enseñanza des- 
tinada para las hijas de oficiales. 
Todos loe grandes establecimien- 
toe de instrucción poseen colec- 
ciones análogas 4 las ciencias y 
art^s que en ellos se enseñan. 

De los establecimientos de be- 
neficencia, que son menos nume- 
losoB, solo citaremos los mas im- 
portantes. El gran hospital en el 
barrio de Alserf es un edifieio no- 
table por sus bssitas dimenciones, 
mK hermosa forma y su utilidad: 
encierra 7 patios planteados de ár- 
boles, 111 salas que contienen 
2.000 camas, y re<^tbe por año de 
1&4 }7.600 enfermos; el hospital 

Utoftfsa com^^uetta deobroi teáricoÉ 

SMM edfecum de insírmmentoB aatíi* 
guo9f^ií»derm»deiodo9lo$fi$Mo$ 
de la tierra. 
T. m. 



de los niños expósitos, la casa im- 
perial de los huérfanos y el insti- 
tuto de sordos-mudos, son dignos 
de esta capital. 

Se cuentan en la ciudad y sus 
arrabales mas de 7.050 casas, 128 
palacios pertenecientes 4 diver- 
sos señores, 29 iglesias católicas, 
un templo de la religión reformas- 
da, una iglesia luterana, 2 griegas, 
2 sinagogas, 17 conventos, 14 de 
los cuales pertenecen 4 diferentes 
comunidades de hombres, y 84 
congregaciones de mugeres; tiene 
89 puentes, 5 teatros hermosos f 
nunisroses paseos, los principales 
de los cuales hemos citado ya, w 
rios jardines públicos, 70,caftB, 
800 mercados, 1.086 coches de 
alquiler ó parruagea de todas cla- 
ses; sus habitantes gozan de mil 
objetos de distracción. 

Algunos viageros hag jusgado 
muy severanwiite del pueblo df 
Viena (1). A pesar de la i^pio- 
rancia casi general que se le r6<* 
procha, 4o que es bastante singu- 
lar, después de lo que hace el go- 
bierno para difundirla instrucción, 
sus costumbres no son sin embar- 
go deptabadas: la probidad entre 
los hombres, la fidelidad entre las 
mugeres, y casi todas las virtudes 
privadas reinan en el seno de la 



(1) Véase el Yiage de lord L 

Rusell, fvbUcado en Edimburgo en 

1824. 

18 



136 



DIARIO DE LOS NIÑOS, 



mftyor parte de las familíaB; y asi 
como en el oriente, cuándo no hay 
nada de que hablar, fuman tabaco 
de rosa y se saludan con los bra-* 
Z08 cruzados 'delante del pecho, 
para darse pruebas de amistad, en 
este país es absolutamente nece- 
sario hablar, comunicarse las im- 
presiones é ¡deas, en iina palabra, 
amar la conTersacion. Los ale- 
manes gsstan de este desahogo de 
la sociedad» á pesar de que el ta- 
lento de la conversación no se con- 
forma del todo con su carácter se- 
rie y flem&tico. Por otra parte, 
la etiqueta y el ceremonial, que 
están en vigor por toda la Alema* 
nia, impide la familiaridad y gus- 
to de la conversación: el título 
mas vulgar, que es el mas largo 
para pronunciarse! se repite vein- 
te veces en una comida; es preci- 
so ofrecer de todos los manjares, 
de todos los vinos con una instan- 
cia y precisión que fastidia á los 
estrangeros, pero eu medio de to- 
do hay bueaa (é y naturalidad en 
todos estos usos. 
La política alemana es mas in- 



genua y cordial que la francesa; 
allí 80 guardan por lo común mas 
miramientos y mas atenciones, y 
particularmente en la buena socie- 
dad de Viena, la política es mas 
franca y leal. Se guarda mucha 
exactitud en los convites de comí, 
das y cenas, como' si fuesen em- 
peños de mucha consecuencia. De 
todo se deduce que hay mas uni- 
formidad, 6 lo ■ que es lo mismo, 
mas fastidio para gran parte de 
los franceses y francesas. Se pier* 
de tiempo para el aparato con que 
se debe entrar on ciertas teunio- 
nes, se pierde en las calles, en las 
escaleras, aguardando el turno del 
coche; se pierde estando tres ho- 
ras á la mesa, y se asegura que 
en las grandes sociedades nada 
puede hacerse ni decirse que sal* 
ga fuera del circulo de la costum- 
bre y de las frases convenidas. 
Esta igualdad debe ser enfadosa 
á las personas amantes de la va- 
riación y de la novedad; pero es 
sin contradicción preferible al a« 
turdíroiento y petulancia de los 
franceses. 



PENSAMIENTOS SUELTOS. 



Hat personas que con el pro- 
testo de destruir las preocupado, 
nes, derriban los fundamentos de 
la virtud» del honor y de la reli* 
gion. 

Ha habido algunas repúblicas 
bien ordenadas que han establecí- 



do ciertos límites al caudal 6 pro- 
piedad de cada individuo» * por la 
congruente razón de que poniendo 
un coto al interés individual» es de 
presumir que se dediquen con ma- 
yor empeño al bien público sus 
fuerzas y su atención. 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



139 




biografía I>£RUB£]irS« 



iNiuaüBciDA la Italia al fin del 
■ íglo décimo setto con todas las 
obras maestras que en ella se ad- 
miran aun en nuestros dias, pare« 
cia no tener rivalidad alguna en el 
arte de la pintura; pero en aquel 
momento veia Flandes formarse 
ana escuela en que brt fiaban ya 
poderosos ingenios, y que presto 
iba á disputar la palma á las de 
Iialia« en ua género nuevo y con 
medios diferentes. 

BAitire los fundadores da esta 
escii#)a« apareció en el rango 
primero Pedio Pablo Rubens. 



Aunque nacido en Colonia, su fa- 
milia era de Amberes, y este pais 
llegó i ser su verdadera patria. 
Tuvo por maestro á Octavio Van 
Veen, cuyas lecciones abandonó 
luego para ir á estudiar él mismo 
i los grandes maestros de Italia. 
Antes de cumplir sus veinte anos, 
ya Rubens habia becho el retrato 
del duque de Mantoue; pero su ta- 
lento esperimentó luego una revo- 
lución completa por el csIdkILo de 
las obras maestras de Pablo Ve- 
róñese y del Titisn. Allí adqui- 
rió esa manera bolgada y podero- 



140 



DIARiO DB LOS mÑOS. 



88, eso colorido firme y brillante 
que caracteriza su talento. Jaitiüs 
artista alguno llegó á tener un pin- 
col mas f&cil y mas fecundo» 8e 
puede formar una idea de este 
viendo en el palacio de Louvre 
(Francia) los veinte y cuatro cua« 
dros grandes que ejecutó en dos 
años por cuenta de Maria de Me. 
dicis. Esta increible fecundidad 
permitió á Rúbeas trabajar ptara 
casi todos los principes de la fiu. 
repa, que le recibieron en sus con 
tes con una distinción muy parti- 
cular. Rubens estaba familiori- 
zsdo con las ciencias, la historia 
y la poesía, y hablaba varios idio- 
mi^s con una facilidad notable.. 

Tantas cualidades preciosas, 
unidas á modales finos y un espí- 
ritu penetrante, hicieron los servi- 
cios da Rúbeos Citiles á sus pode, 
rosos protectores, que le emplea, 
ron con buen éxito en diversas ne- 
gociaciones díplom&ticas. Así es 
que el rey de España le embió á 
Inglaterra p^ra negociar la [paz. 
El resultado de esta misión hizo 
tanto honor i Rubens, que el rey 
Carlos le dio el titulo de caballo, 
ro, y desprendiendo la espada que 
cenia, se la entregó en pleno par- 
lamento, del mismo modo que una 
sortija de diamantes y un eintu. 
roa de un gran precio. El pin- 
tor embajador por su parte, no 
quiso separarse de Inglaterra sin 
enriquecerla con algunas de sus 



obras maestras. 

RM>ens, al principio agente di- 
plomático, y en seg\iida caballero 
por el rey de Inglaterra, fué nom. 
brado por la archiduquesa Isabel , 
Eugenia, gentil hombre de su cá* 
mata, titulo que presto le conce- 
dio igualmente el rey de España* 
Pero jtosa rara! lejos que estos 
fatdres diesen á Rubens- un necio 
oi^ullo, ó le hiciesen descuidar 
^ü áfte, su ingenio perspicaz le 
hizo comprender que todos los 
dictados del mundo no podían va- 
ler para él lo que sus pinceles, y 
que la gloría del artista tenia que 
vivir mas tiempo que el favor del 
cortesano. No se vaya á creer 
sin embargo que pracuró substraer- 
se al brillo de los^honores y al lu- 
jo de las cortes, no ciertamente, 
su boato era el de un gmn señor, 
y nadie sabia hacer un uso mas 
brillante de las riquezas que debia 
á su talento. Con respecto á esto 
se refiere,. que durante su perma- 
nencia en la. corte de España, el 
rey de Portugal, curioso d^ cono*- 
cer i este hombre estraordínario, 
le manifestó por escrito el deseo 
que tenia de recibirle en su pala» 
ció de Villavioiosa. Rúbeos, de- 
feriendo inmediatamente ¿esta in- 
vitación, se puso en camino con 
su séquito que en esta vez había 
engrosado con una mukítiid de 
gentiles hombres, curiosos de aeku 
tir á esta solemne entrevista. Pero 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



141 



el rey, menos generoso que el pin- 
tor, se espantó del gasto que le 
iba á causar este gran DÜmero de 
ilustres visitadores, y . Rubens, 
cuando ya iba á pasar la frontera 
con s«s compañeros, vé llegar á 
su encuentro ua chambelán del 
príncipe que, presentándole las es- 
cusas de su amo, le suplicó acep- 
tara sesenta ducados para los gas- 
tos de su brillante escolta* ySu 
magostad me colma con sus gra- 
cias, respondía Rubens, ,per<i cuí- 
dalo de no abusar de ellasi cuan- 
.do pueda hacerlo, porque habia 
traído mil ducados en mi equipa- 
go para mi'manutencíoii y la de 
mts nobles compañeros.'* 

Rubens recorrió diversos países 
de la Europa; siempre viajando 
c#itto un gran señor, siempre pro- 
tegiendo las artep por donde quie- 
ra que él pasaba, y comprando una 
multitud de objetos freeiosos, de 
los que formó una hermosa colec- 
eioB ea la casa que hiao construir 
an Amberes per sus propios dibu- 
jos. En fin, el 30 de mayo de 
1640, lo sorprendió la muerte en 



HEDIÓ IXE GONñRV AR XAS 
Tómense loe botones cuando es- 
Ion ya Hatos para abrirse^ teniendo 
cuidado do dejarles loe tallos lar. 
goe, caya punta se cubrirá inme- 
dÉafamentoeencera: déjensemar* 
•hilar UB poco las flores^ luego en. 
-Toéhraaise en papel grueso de es- 



medio de sus tareas, á la edad de 
68 años. Desde su mas tierna 
juventud, habia competido Rubens 
en el ornato de las iglesias de Ro- 
ma y Genova. De regreso á su 
país pintó una multitud de cuadros 
para las iglesias do Amberes, y so- 
bre todo para la Catedral, á donde 
todavía se admira la Asunción de 
la Virgen, San Cristóbal con el 
niño Jesús, y otros lienzos gran- 
des« Rubens trabajaba también 
para otras ciudades de los Países- 
Bajos, cuando el rey de España lo 
llamó á Madrid para adornar con 
sus pinturas el palacio de la Torre 
de la Pesada, del mismo modo que 
ya habia embellecido el Luxem- 
burgo á petición do María de Me- 
diéis. También pintó un gran cua- 
dro en Londres durante su emba. 
jada, representando el regreso del 
rey Jaime á Inglaterra. Estas in- 
numerables obras son el monu- 
mento mas hermoso, elevado 4 su 
memoria; pero i la gloria ^úe U 
han adquirido, se une otra muy 
grande también: fué el maestro lie 
Vandyek. 



F1X)RES ]^RA EL INVIERNO, 
traaa, cadas una por separado, j 
enciérrense en un cajón de modo 
que no reciban aire: cuando se 
quiera que se abran en el invierno, 
se cortará una punta del tallo y se 
pondrá en agua preparada con sal 
de nitro. 



142 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 




BOTAJ>ri€Jl. 



¡ wON qué profusión están espar- 
cidas las plantas en la saperñcie 
de la tierra! ¡qué riqueza,, qué 
belleza! ¡que perfumes! ¡qué es- 
pectáculo mas risueño que el 
que presenta el verdor de los 
campos, el de las selvas, el de 
los vergeles! ¡qué formas mas 
graciosas, qué olores mas sua- 
ves, qué colores mas brillantes 
y mas armoniosos que los de las 
floresl ¡qué utilidad mas general, 
mas vulgar y mas preciosa que la 
del bosque, empleada por el hom- 
bre para tantos usos, que la de las 
Araras y las legumbres que le sir- 
ven de alimento, que la de las plan- 
tas que sirven para vestirle y para 
proteger su cuerpo débil y sensi- 
ble contra las intemperies de las es- 
taciones! Todo ha prodigado la 
naturaleza en los vegetales: la de- 
licadeza, la elegancia de las for- 
mas, la vivacidad de las pinturas, 
la variedad de las especies, desde 
el muzgo imperceptible hasta iba I 



árboles mas gigantescos, la diver. 
sidad infinita de las propiedadea, 
desdo el trigo y las otras substan. 
cias alimenticias, sin les enalee no 
nos podríamos hallar, hasta las 
especies, el café, las esencias, que 
sirven para nuestros pleeeres, para 
nuestro lujo, para nuestra molicie» 
sin. que de ellas tengamos onaii»- 
ceaidad real* 

Cada pais tiene sus plantas par- 
ticulares y no pertenecen sino á 
él solo: cada latitud, roas, cada 
terreno elevado tiene sus plan- 
tas. La3 de la Europa no son 
las de la Asia ni de la América: 
las plantas de Francia no son las 
de Italia: las de la Normandía no 
sonrius del [>elfínado; las que cre- 
cen en el valle no son las de la co- 
lina: las plantas que entapisan el 
"pié de las nóniaiias no son las mis- 
mas <}ue las de su eeÉtro é de su 
cumbre. En kw llanos, en las m^ii. 
tañas, en los . precipieiofl# en loa 
bordea de los abismos y do loa bol- 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



143 



canes» Tienen á ostentar las plan 
tas BU frescura y brillo; no temen 
la humedad de los valles, ni la se- 
quedad de las alturas, ni el calor 
de los hornos q<)e la tierra encier- 
ra en su seno: por todas partes sa* 
ben brotar y vivir para encantar* 
nos y sernos útiles. Donde quie* 
ra que la superficie de la tierra es* 
tá privada de este adorno tan sim- 
ple y tan hermosot es una desoía, 
cion, es un desierto: ei hombre no 
puede vivir allí, sin que no lleve 
por lo menos una existencia mise- 
rable, desgraciada y precaria. Hu- 
yo de estos lugares maldecidos y 
me apresuro á buscar otros menos 
ingratos, que la verdura y la vege- 
tación no hayan abandonado. 

Los antiguos, admiradores apa- 
sionados de la naturaleza, habían 
divinizado las plantas: en la creen- 
cia mitológica de loa griegos y de 
los romanos» precedían dioses á su 
nacimiento, á su desarrollo y á su 
propagación. Flora era la diosa 
do las flores, Pomona la diosa de 
las frutas. Pao velaba sobre los bos- 
ques y los campos, Géres protegía 
las míeses, Baco las vendimias, 
los árboles tenían ninfas que vi- 
vían bajo su corteza, y eran la<i 
Dríadas y flamadriadas. ¿Quién 
no conoce la historia de Daphne, 
de Narciso,, de Jacinto, de Ane* 
looiia, ; sueños llenos de ' poesía y 
de encanto, y quQ todavía nos pa* 
recentan freecosy tan suaves, aun 



después de tantos siglos, después 
de tantas chanzas, de criticas tan 
poco inteligentes y tan Alisas? 

Pero' si la ciencia y el estudio 
han destruido estas graciosas ale- 
gorías en que meció su infancia la 
humanidad, nada quita nHL la fres- 
cura de los campos, ni á la sombra 
de los bosques, ni al sabor de las 
frutas, ni á la ambrosía de las flores, 
ni al esmalte de su c'arola. Al cul- 
to instintivo y á la admiración cíe. 
ga de la naturaleza, la ciencia y 
el estudio han substituido un culto 
mas reflejado, una admiración mas 
profunda y mas verdadera. La 
ímagiiiacíon puede perder con él 
algo, pero la razón ha ganado, y 
los goces reales nada han perdido- 
Platón y Theofrasto seguramente 
no han sentido la natnralesa mas 
vivamente bajo estas formas mito- 
lógicas, como Rousseau y Bemar. 
din de Saint Píerroy bajo formas 
serias y positivas. 

En esa multitud inmensa de ve- 
getales que cubren la tierra, en ese 
número casi infinito de individuos 
con que está esmaltada, existea 
relaciones de semejanza y analo- 
gías de formas, de tamaños, de. 
propiedades dce: reconocer estas 
relaciones, estudiarlas para dis« 
tinguir unas de otras, colocar eri. 
s<}guida los vegeCales conforme 4 
estas mismas relaciones, darles un 
nombre á cada onOró.á cada fami* 
lia por lo ménosí 4 cada género ó 



144 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



á cada ospectei indicar las propie- 
dades, loi U808| la estructura de 
las plantas, tal es el objeto gene- 
ral de la botánica. Suave y seré, 
na como los seres que describe y 
que observa, interesante y útil co- 
mo todo estudio de la naturaleza, 
graciosa y variada como las mis* 
mas plantas, la botánica es una do 
laa ciencias mas agradables y mas 
fáciles. Según se ocupe mas par. 
ticularmente de la clasificación de 
los vegetales ó de sus virtudes es- 
pecificas, ó de sus usos industria- 



les, toma los nombres da botánica 
general, medicinal, industriid d^o. 
, La botánica es una parte esencial 
de la historia de la naturaleza^ 
puesto que abraza por sí sola todo 
un reino, el vegetal. No se de- 
be descuidar, cuando se quiera 
comprender en toda su estension 
y en sus espléndidos arcanos el 
espectáeulo deslumbrante que os¿ 
tenta la tierra si a eesar ámiestri^ 
vista y presenta á nuestra inteli. 
gencia. 



DESCUBRIMIENTO DEL DACTILION EN LA. MÚSICA. 



Entre los adelantos de mas im- 
portancia, para la música, debe 
contarse el Daetilion de Mr. Hertz, 
profesor alemán de los mas distin- 
guidos, y que consiste en una má. 
quina que facilita estraordinaria- 
mente la soltura de los dedos para 
el manejo do las teclas del íbrte- 
piano. 

Habiéndose concedido reciente, 
mente el diploma de invención á 
im cierto Cluesman de París por 
un instrumento elástico titulado 
Motor dé ¡oí dedos, por medio del 
caal adquiere la mano agilidad y 
deetreka/paia. mover las teclas» es 
de presumir qiia sea el núsinolkao. 
tUioa anunciado por Hertz» con 



alguna variapion que le habrá he* 
cho el profesor francés para des- 
pachar como suya aqueUa inven « 
cíoQ, ya que la opinión del alemán 
está demasiado bien sentada para 
que necesite buacar apoyo en tra- 
bajos piajiarios. 

La máquina ^el francés se vea 
de á treinta francos, y la del ale. 
man á oincuenlat cuya düereaoia 
consiste, no en k. máqoinat pues 
que ambas son caaidel mismé me- 
canismo, y sí en que la de Herts 
se vende juntamente conunlibrito 
ó cuaderno que comprende por. 
cion consiéarable de temaa y e/er. 
cieioa para loa que quieran estn-^ 
dtar por. aquel melado* i 



'i 




DURIO DE LOS NIÑOS. 

HASSAN. 



145 



APÓLOGO ORIENTAL. 



■N U eimn de anft montaña que 
86 eteya al oriente de la Meca y 
que domina esta ciudad, habitaba 
un hermitaño venerable nombrado 
Ornar. Una noche que tpmaba el 

. freeco á la puerta de au morada, 
▼ió á algunos pasoa de, allí á un 
hombre sentado, solo y pensativo: 
examinándolo con atención, le no- 
tó que tenia el aspecto burafto y 
agreste» su cuerpo le pareció es- 
tenuado por la miseria y el sufri* 
miento. También este hombre te- 
nia los ojos fijos en Ornar; mas 
sin embargo no le veia, tan absor- 
to estaba en sus sombríos pensa- 
mientos. En fin, volviendo en si, 
miró al hermitaño, y estremecién- 
dose como si saliese de un sueño, 
se pubrió el rostro con las manos 
para ^cuitar su confi^ion y se echó 
i sus pies. 
—-Hijo de la afliccioni le dijo 

. Ornar, ¿cómo te llamas? ¿qué acón- 
tecimientos te han sumergido en 

. la desgracial Me llamo Hassan, 

. respondió el desconocido, y soy 
nativo de esta ciudad. El ángel 
de la adversidad ha estendido so- 
bre mí su terrible brazo: en vano 
me anuncia tu mirar compasivo el 
T. m. 



deseo generoso de aliviar mis ma- 
les: no podrás librarme de ellos. 

— ¿Librarte? replicó Omar; no 
pertenece semejante poder sino á 
aquel de quien solamente debemos 
recibir con una humilde sumisión 
los bienes y los males: no obstan* 
te, manifiéstame tu interior, si no 
puedo descargarte del grave peso 
que te agovia, te ayudaré por lo 
menos á soportarlo. Hassan guar. 
dó silencio algunos instantes; lúe* 
go, exhalando un prpfundo. suspi- 
ro, volvió sus miradas hacía al her- 
mitaño, y le habló de esta suerte: 

— Seis años hace hoy que el 
poderoso califa Almalec (que en 
paz descanse) cumplió en secreto 
por la primera vez la peregrina- 
cion á la ciudad santa. Digno 
vicario del profeta, a{^ini*mo tiem- 
po que solicitaba por su mediación 
las bendiciones del Al tisimo, em- 
pleaba en estender sus beneficios 
todas las horas que le dejaban sus 
devociones. Recorriendo la ciu- 
dad en estos intervalos, aliviaba á 
todos los desdichados. La viuda 
oprimida encontraba en él un pro- 
tector: la vejez y la infancia un 
apoyo; yo que vivia sin zozobra 
19 



1*46 



DIARIO DB LOS Nl^ftCMS. 



alguna, no temiendo de loa malea 
de aquí abajo aino laa enfermeda- 
dea, y no ambicionando otra for^ 
tuna que la recompensa de mia 
tareas, cantaba á la ves qne traba* 
jaba, cuando Almalec entró á ca- 
aa. Vio con placer el aaeo de mí 
humilde retiroi y al aire aatiafe- 
tho qtíe yo manifestaba en mi 
aemblahte* Como vestia de pe* 
legrinOf me apresuré á cumplir el 
deber de la hospitalidad, y au pre. 
aencia lejos de comprimir mi ale- 
gría, al contrarío no hizo Inaa que 
aumentarla. Despuea de haber to- 
mado caft, me hiso variaa pre. 
guntas, y aunque traté por mis 
respueataa de hacerle réir, noté 
por la inreraa, se ponía mas pensa- 
tiro y me contemplaba con una 
atención pacífica pero fija. Boa. 
peché enténcea que acaso no le 
era yo desconocido, y á mí turno 
le supliqué me dijera su nombre y 
país. — ^Hassan, me dijo: he éxci. 
tado tu curiosidad, voy á satisfa* 
corla. El que te habla es Atma- 
lec, el Bobino de los verdaderos 
créyenU» que ocupa el trono de 
Medina, y cuyo poder viene del 
cielo. Estas palabraa me llena, 
ron de admiración: sin embargo, 
conservaba algunas tiudas; pero 
Almalec, despojándoae de su man- 
to, me b izo ver sus ricos vestidos 
y puso en su dedo el anillo, símbo- 
lo de su poder. Penetrado de un 
ptofundo respeto iba á arrojarme 



á aua pies, cuando ae adelantó á 
postrarae él mismo á loa mtoa.— 
Haaaan me dijo, tú eres superior 
al califa» y le das una gran lee 
cion de humildad y prudencia.^— * 
No te burlea de tu esclavo, le res. 
pondí, del que en tu presencia no 
es Bino un gusanillo; la vida y la 
muerte eatánen tus manos; tu vd« 
hintad deoide de la felicidad y do 
las deagraciaa de los hombres. — 
Haasan, reapondió Alamlec/|no 
puedo dispensar la vida y la fe. 
licidad á mia pueblos de otra 
auertet que dejándoloa gozar de 
eatas ventajas; pero tú erea au* 
perior 4 mia beneficios. Poseea 
una felicidad que no depende de 
mí dispensar á otro, y de que 
yo miamo no gozo. El ejercí. 
cío del poder soberano es una 
fuente para mi de ansiedad y ao. 
licitud perpetua; y aih embargo» 
esta autoridad no ae hace casi 
sentir sobre mfs pueblos sino en 
razón de aus vicios. Por un acto 
aella\io con este anillo, puedo re* 
primir la violencia y el fraude» 
puedo mudar loa mandatarioa de 
mi autoridad y trasferir tiaí de uno 
á otro loa insaeiablea déaeoa de la 
avaricia y de la ambiciotí; pero 
ceaa mí poder con 'respecto á la 
virtud; ai tuviem el de reoon^pen» 
ea»en tí reeompenaaria aquella. 
Tu vives contento, ain avarieia ni 
ambición; elevarte aería destruir 
tu feKcidad. Acabando eataa pa* 



DIARIO DB hCm NiSffML 



H1 



l^lurM 9ñ l«nant6 y lO cutiré, re. 
cpoi^p^indome qua ap d«tcuturi&- 
' t% su ««cr^to. 

A|»«iif(8 h^\i\% vq^Uo yo d^^ U 
€wf^•ion y asombro fa que m^ 
había s^argido ^1 califa, cuando 
«omaiicé á M^^út qu9 loi ctRuducta 
bttbiafa embarazado sua baiiefí* 
eiaa; acut^ da locura á este buen 
huo^or qua hafta eatói^cea ^abia 
acompañado mi ppbresa y mí tra- 
bajo; deploré mí «atado oacuro, 
y e8^i indiferencia acababa de ha- 
cermo perder la oeasion de salir 
de aquellos. Praato defcuidé mi 
trabajo, desdeñando la mlfora re- 
compensa que él debía asegurar* 
me; pasé los días an la ociosidad, 
formando níl projactos ipsensa* 
tos para recobrar las ventajas que 
había perdido; y en la noohe, en 
lugar da aqoal apacible y banéfi* 
•o aueño, i cuyo fin me levantaba 
poeo antes muy alegre y apimado 
da uck ni^avo vigor» no tenia siao 
un sueño penoso, agitado de en- 
sueños trabsíososqtte pseseauban 
sin cesar i mi imaginación ricos 
leslidoa, jardines, magníficos pa. 
lacios, y me tavaotaba (leño de 
pesar par ver que se 4aavana. 
cisín estas ilusi^enes/ El tormente 
y la ¡nqiiiatttd acabaron por ace- 
rar mtaalwi, y mi miseria Utrgó 
al ookaa. Me vi Tedvoido á ven- 
dar para subsiatiff ilíO»pioco que po 
Ms, y'no^Qiotosar.vnb4inBs qilo iln 
n^ ooilcb<bi 0Á qvle quedaba tsf. 



dido á «ceas da una peobe i otfUi 
^ la luna prknara del año sU 
guijunio, yolvió el ealiCa á la Me« 
oa por los mismos motivas de pía. 
dad y con el OMai^o seoreta. Qui. 
so volver á ver al que creía data* 
do áp esa preciosa facultad de ha« 
llar en sí mismo el origen de su 
felicidad. Pero en lugor da estur 
yo como la primera vea cantando 
en roí taller, me ancontfó pilidi»,. 
destruido, sentado en el sqelo y 
mascando opía, cuyo efecto eon- 
uibuia á entretener tas fantasmas 
de grandeaa que sitiaban mi en* 
ferma imaginación, finteaba coii 
una espaeia de alegra tmpaoian* 
cía, que al verme se aambié en 
un eeatimianto da sorpresa y las. 
tima. Con freaüenoia habíante- 
aeadofo la ocasión de valvar i 
ver al califr; sin embargo, ma sea» 
ti confundido en su presencia, y 
echándome 4 sus pies oculté mi 
rostso con las manos y gtfardé si* 
le»aío.*-*¿Qué puedee habar par* 
dido, liassan, me dijo, cuando tu 
única venta era al producto dato 
trabi^t IJ qué ha podido prí. 
varta da la dicha de que disfruta* 
bas, ci:^o odgen estaba en tu al* 
ma»? ¿^uál la falta que te ha abati- 
dci? UabÍB, y %i da mí depende, 
volver&s á ser felis. Estas pala, 
brají me alentaran, y levairté hi 
vista Ucia Aimalec dteiénchila: 
— ¿Perdonaiis, señor, la presan, 
cien dbin ^sciavoj quien an vev 



148 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



de proferir una mentira, preferi* 
ría estar privado para siempre del 
uso de la palabra? He llegado á 
ser desgraciado por la pérdida de 
lo que jamas he poaeido. . Tá has 
hecho nacer en mí deseos que yo 
no merezco que satisfagas; pero 
¿por qué aquel que ha sabido ser 
feliz eo la indigencia y la oscuri- 
dad no oocontraria un aumento de 
felicidad en la grandeza y la opu. 
lencia? 

Nada añadí á estas palabras, y 
permanecí prosternado á los pies 
del califa, quien guardó silencio 
algunos instantes.— Hassaa, me di» 
jo en seguida: advierto sin indig- 
nación, pero con pesar, que me 
había engañado con respecto á tu 
carácter. Descubro que laavari* 
cía y la ambición no permanecian 
sin actividad en tu corazón, sino 
porque los objetos de su codicia 
parecian estkr fuera de tu alcance 
para pretenderlos con esperanza 
de conseguirlos. No te investiré 
con el poder, no quiero eaponer- 
me al riesgo de verte oprin>ir & 
mi pueblo y tener que castigarte 
por los crímenes que te haya pues* 
toen el caso de cometer; pero 
habiéndote privado de esa felici- 
dad que no puedo volverte, por lo 
menos quiero satisfacer loe deseos 
que he excitado en tí, 4 fin de que 
tu corazón no tenga que acusar* 
me de injusticia. Levántate, pues, 
y sigúeme.— En efecto, me levan» 



té como con las alas de una égut* 
la, besé la orla del vestido del ca* 
Ufa en un éitasis de reconocí-* 
miento y alegría, y al separarme 
de mi morada, me estremecí co« 
mo si escapase de las garras del 
leen. Seguí á Almalec á donde 
se alojaba, y cuando hubo cumplid 
do sus devociones, me llevó con- 
sigo á Medina, me alojó en el ser. 
rallo, pu9o á mi servicio sus pro- 
pios esclaves, quiso que comiera 
en su 'mesa, me asignó una renta 
sobre su tesoro que ezcedia en 
mucho á mis quimeras ipsensatas 
de fortuna; pero presto descubrí 
que los manjares maa esquisitos 
no son tan sabrosos como los que 
sazona un apetito excitado por el 
trebejo; que el lecho mas blando ' 
es aquel en que descansan nues- 
tros miembros fatigados, y que los 
dias mas agradables son aquellos 
en que se ejerce la actividad con 
esperanza de una rscompeoss. Me 
acordaba con pesar de aquellos 
goces tan puros, que en otro liem* 
po habia gustado; suspiraba en 
medio de las superfluidades que 
me rodeaban, empero demasiado 
apegado á ellas no podia seportar 
la idea de perderlas, cuando aábi- 
tameüte me las arrebataron. 

Una muerte repentina en el* ba- 
ño cortó el curso del reinado glo- 
rioso de Alroaleo, cuando esto 
príncipe estaba todavía en tqdo el 
vigor de la edad. Su hijo Abube- 



/ 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



149 



kar, qoe \t «ueediói prerénitfo 
contra mí por cortesanos que me 
reían con envidia y desprecio, me 
retiró hiego mí pensión dando 6r* 
den qufo me arrojasen éel palacio. 

Con lal rigor llevaron al cabo 
mis enomigos la ejecuoion de es- 
ta orden, que algunas horas des. 
pnes endulza yo errante en les ca- 
lles de Medina, Indigente, sin un 
amigo, objeto de burla por mis 
rostidos magníficos y agoviado 
por este cruel cambio que boria 
tan dolorosamente mi orgullo. ¡Oh 
no me desprecies, tü que no tie- 
nes esperiencta de lo que se sufre 
perdiendo esos bienes tan poco 
capaces, sin embargo, de hac^r la 
felicidad del que los posee! ' La 
Providencia me habla reservado 
esta terrible lección: rolvf de Mee 
dina á la Ameca, siempre victima 
de fa djésesperacion. ¡Qué dife* 
rancia en mi situación! la re- 
flexión me la hacia todavía mas 
amarga; pero no puedo rolrer á 
hallar ni la felicidad que yo goza- 
ba en otro tiempo én mi humilde 
retiro, ni sus esplendores que se 
han* desvanecido para siempre. 

Habiendo Hassan acabado su his- 
toria, so desbico en lágrimas, tor- 
ciendo los brazos en toda Fa ago- 
nía de la deseéperacion. 

Omsr aguardó que comenzara 
á serenarse, después acercándose 
á 61 y tomándole por Ya mano: 
hijo láio, lé'dijoi tú puedes rol- 



rer á hallar bíene* mucho mas 
preciosos que los que te habia da- 
do Alinalec y que te ha quitado 
su bijo. Nuestro gtan profeta me 
ha confiado en su misericordia la* 
nitsion de espttcarte esta lección 
de tu rida. 

En otro tiempo has hallado la 
felicidad en el trabajo y la pobre* 
za, porque t6 no conocías otra si- 
tuación, 6 por lo menos nunca 
imaginabas poder llegar á adqui- 
rir una fortuna; porque cuando 
esta perspectira se te ba aproxi- 
mado, has cesado de ser dichoso 
en tu humilde condición. Tam- 
poco lo has sido por la posesión 
de los bien^ que habías deseado 
y qu(> han burlado tu esperanza,' 
como incapaces de satisfacer tu 
corazón. Pero si en lugar de li- 
mitar tus deseos á las cosas de la 
tierra, fos hubieses elevado hasta 
las delicias del cíelo, con la firme 
creencia que podrías asegurártelas 
por una conducta virtuosa, de me- 
nos valor .hubiera sido para tí la 
posesión ó la pérdida de una for- 
tuna perecedera. La dicha que 
has disfrutado era un letargo del 
alma; tu desgracia actual es un 
ariso del cielo para enpefiarte á 
conienzar la obra importante de 
tu salud. Parte, pues, dando á 
Dios mil acciones de gracias: 
confia en el que solo puede gra« 
tlfiéarlos deseos de la razón y' 
satisfiícer el alma concediéndole 



160 



PIARIO VE LOS NIÑOS. 



los verdaderos bUaot: fija (ua 
eaperanaua an catoa, ancuya oom- 
paraaioa al mundo no aa sino ona 
gola da agua ó un graao de ara- 
na: malve 4 tu trabajo bijo mío. 
Ti| alimente volverá i tomar ^o 
gusto agradable, tu au«ño su apa. 
cibilidady y tu diaba sa aumema. 
ri fQt la eatabiJidad, pr¿TÍIagio 
inaatimabla que no puede perte- 



necer aino 4 loa btenea del cielow 
Hassaui en cuyo eapiritii im* 
pr imió al ángel de la instrucoíoi^ 
los consejos de Ornar» seapraaiifé 
para ir á postrarse al templo de 
la Meea. La paz volfió á au al- 
ma, y con regocijo comenzó d« 
nuevo á trabajar, y bus últimos 
diaa fueron anas felíeea <|ua el 
prin^io de au carrera. ' 



FAJYT^SIJI. 



I. 



IbA riaueña aurorsi meciendo sp 
brillante trono da nácar y jaa&mto 
anal despejado orizonte, había ver- 
tido ya tieruo llanto.de líquidas per. 
las en los campos, que coronados 
da verdura y agítadoa muallamen 
te por el viento, vertiae an mar 
de aameraldaa hirviendo en purpu* 
riña eapuma« Las bulUcioaaa aves, 
desplegando. sus lévaselas ricas 
de esmalte, bebían balaámieo jugo 
en los cálices da las gallardas flo- 
res,, y buliiaenla aimósfara im- 
prtgoadade auiaveea^omasi laiai- 
gica armonía: da sus lindísimas tp-^ 
nadaa. Elevábaae el astr9 dejl dia 
lleno de gala y mageatad, deiTa- 
mando iqrreatef da Jaiz bajo el.esf 
pl^ndido fírmsioente* que- semiya-t 
ba mas bien iin úxiü^o fanal 'Oidp*, 
c^do so)>re elínj^oansis fli^reo^i. 
mundo. .&a4inadea«yieUaaale*. 



gres y apacibles mañanas de f>ri.> 
mavera en que se ostentan con in- 
definible aolemoidad laa maravillan 
de la creación sublime: de aque* 
lias mañanas puras como la fren, 
te de una virgen, y encapta^^raa 
como loa ensueños de un siñp» 
. Todavia lo era yo:y;esperjiment 
taba un contento inefsbb al reapít 
rar el perfumado hálito del céfiro 
que movía mi rubia y rizada cabe* 
llera, al aentir el OHirmullo del 
fresco arroyo que serpenteando á 
mis plai^af rompía s«a piatea/don 
cristalea eo la pulida isuperfiisie.de 
isa blaacaa piedras y fociel^a'lia 
limpios aljáfarea mi tcfmqiiílo /reat 
tro, y el deliciofo vuelo del cejar 
rio, que batieado f|qia|Mata<|as a|aa 
sobre «n ra^o de «andida* (M^iAe> 
ñas, cefceacaha am irfHiiM« ^^^. 
Cwúfi ae deflfrroUf^: ámr^vj^rtft 



mARIO ])B 1X96 KlftoB. 



1^1 



etn, mniént^'j wlévaáet perqué ib« 
fmllalMi^B el beslo reointo dé un 
pintoreteo jeréifi, oeiido de pote- 
posee tebolee, en «ayo etpeeo re- 
mafe 'te quebraban kHi ardientes 
fkyt&M iel« y debititado en loe- 
gO| eáían ebrae de li» en menuda 
lluTÍa^'de oro eobte el trasparente 
espeje de las fíientes j el defrcado 
eneaje de las flereSt y porque las 
hajaiB de los árboles, ks arenas de 
los arreyos y las olas de los rios, 
eran lee preciosas pá|flnas de un 
gran libro en que tae easeftaroa'á 
leer dsAde'mis años mas tiernos la 
•omntpoteDoia divina y la miseria 
humana^ keabidurSa del ertador y 
la íjpiorancía de 'les criaturas, lo 
grande de aquel y lo pereeedero 
de escae. 

H 'ndmbre de uta Dicte soberano 
ee había grabado en mi alma co« 
mo-se^grabaatodaslae Impresio- 
nes dttioes que ee conocen como 
baée de la íé del coracon» y yo te. 
nia fé porque me la inspiró una 
nradfV^ar tilosa tomo la brisa que 
érea loe'campos, y tierna como la 
' aurora <qtte Hora perlas para darví* 
da«á lae flores: el mundo era para 
mi una linda alfombra de eéspeéss 
y rosas que condooia aun Magni- 
'fieo' cielo donde no'se cuenMm laa 
• horas tii loé dias, donde, se reepí. 
-fa 4Mbaree'éfBeieneo,'y<dottde re-^ 
'^suenen' lae bibrácfones de- las -er-i 
•IMm de -««0 déteos querMues "alj 
• a e e i p a o 'ds laves de las Tlifeaeo 



y de los hkssMfe de 'alBto mi a a de los 
bienaveuHirados. Veía tan mufla, 
aaa ikaae de ««canroei y cerno 
Oiof «ta eltnitor de ellos, >befide« 
eiaeu poder y sa magapanimidad. 
Aparecían las noobes misMrlosae, 
y «rro^ndome al pié dk 'la «anea 
erqz-qoe deecellaba eelire una lo- 
ea de fUÉrmol, impiemiba las mise- 
rieoNKaa del Ser Supremo pcrami 
padie, cuyas oeatns me hablan ^U- 
cho que reposaban ¡aili: al pálido 
fulgor de las estrellas me parecía 
e^rfla imagen delautor de mié dias 
en an venerable aneiano de rostro 
pálido, W)Mmado de olorosa guir- 
nalda que bfllliba tuage^ttoasi-- 
meme sobre la'Uféire deeui^ cabe. 
líos; el padre bendecia la .faioceQ- 
cia del hijo y el bijo sentía palpi- 
tar su pecho rebozando en grati- 
tud, y lloraba de amor y ternura 
comoisé llora por un padre: basta 
entonces nunca bebía perturbado 
mi reposo la horrenda lucha de las 
pasiones, ni Itabia empafiado mi 
frente el negro' sopló de los hura- 
cauee; mis plegarías eran puras y 
reverentes, y subían haáta el tró- 
no'derAMsinn>«omo él humo de 
los inciensos. La oración que pro* 
nuficiaron mis Idblos en la maña* 
"na de que ^véiy'fiábtanMlo, M6 mis 
la^ que de costumbre: me ato^* 
tnétitábfftiuirago temor, y por la 
pthnera tez ^ mi vida vino á ace. 
dislr inr peóho* lápeuosa 'Zútóbtñ 
détmáfiena* Bu euibargo, rnien- 



IfiS 



DIABIO DB LOS NIÑOS. 



tras permaiitfoí postrado d« hino- 
jos j con las roanos «lavadas al 
cielo, huyeroo da la mente loa pen- 
samientos torrtínales qae empela- 
ban á corromper mi oorason* Des- 
pués brilló en mi frente la tranqui- 
lidad como brillaba la luna en los 
limpios cristales de los ríos, y el 
placido sueño, derramando grato 
bálsamo sobre mí, albatir sus alas 
de cresfilonf cerró mis acales pu- 
pilas y dejó mis brazos sin movi- 
miento. Kl mundo continuaba 0s« 
tentando resplandóciente de luces» 
las aguas seguían su dulce mur- 
mullo, el viento gemía en laa bo- 
jes de les árboles, y se lamentaban 
las tórtolas entonando tristísimos 
cantos. 

n. 

Duerme, duerme tranquilo: go- 
za ese sueno de marfil que presen- 
ta á lúa cerrados párpados- ventu* 
ras «sin cuento, imágenes voluptiio- 
sas en magníficos sf lenes orienta- 
les, ricos de perlas y perfumes: 
embriágate en los placorea que te 
brindan. esos lujosos gabinetes, y 
contempla el resplandor déla luna 
que penetra cq cUos al través do 

, los pintados vidrios, esos lechos de 
j[adro guameeidos de/ragantesro« 

. sas, colgados de razo y terciopelo, 

. esas alfombras tuneoiaas« esos al« 
mohadones de damasco bordados 
de oro; reclínale en< ellos,; y. mira 

.como danzaatus hermosas al son 



de armoniosas músicas y de los 
sentidos cantos de los gilgueroa 
que lloran su perdida liberti^df pa« 
sóate en esos eocanudos jardines, 
penetra en esos hondos la))erJntos, 
siéntate á la. margen, de esas fuen- 
tes de mármol, estrecha en tus )>ra- 
zos esa deidad que i^o apajrta su 
vista de tus ojos para adi^vinar tus 
deseos, y después suefla4eleitosos 
amores. Suéñalas, si, pprqtfe tu 
sueño será breve CM>mo la hermo- 
sura del tulipán, y Uoraráe lágrí- 
mas tan ardietitea come ia lava de 
los volcanes, jinfeliz d^ií que no 
consideras 4 los hambrea como á 
tus bermaoos, y á la mugar como 
el ángel tutelar de los thombres! 
Hasta ahoraí sumergido en.el éxta- 
sis de tu ventura, no has tenido la 
desgracia de contemplar los in- 
mesurables abismos que «p^netrwi 
el profundo seno de la tiarsai los 
formidables escollos en quq se es- 
trellan laa eapumaates o)as d^ Iqs 
mares, arrostrando en poadc^ sí los 
restos de los bajeles q^a la»^rcf • 
han. ¡Pobre niño! quei^^áa poseer 
preciosas flores porque -ino ^abes 
qué contienen agudas espinas:, a- 
purarás el deticioso nootair de Iqs 
festines en copas de labrada cris- 
tal, porque ignoras el violento ve- 
neno que encierran; perq,es« oif • 
le qne has contemplado #emp<e 
tan asul y tan sereno los días qqe 
han pasado por tí, m cubrirá muy 
en bicve da nubea negras como ia 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



153 



estrella de los mis eros mortalet , y 
TomiUrá llamas de fuego, y aque- 
llot maoaoa arroyos, cuyo claro es- 
pe jo ha retratado tantas veces la 
candidez de to rostro y la viveza 
de tus pupilas, y la sonrisa de tus 
labios, quedarán secos como la a* 
brazada arena del desierto, y a* 
biertat las cataratas del cíelo cae. 
rán mares de agua que destroza- 
rán los árboles á cuya sombra go- 
zabas del bien presente con la li- 
sonjera memoria del pasado. ¡In- 
feliz joven! nunca hubiera querido 
separarme do tí, pero ya has tras- 
pasado tos límites de mis domi- 
nios, y me es imposible continuar 
tus pases. Gracias á mi brilló tu 
infancia como una luminosa antor. 
cha, acariciada por el arrullo en- 
cantador de .las brisas: el dulcísi- 
mo ámbar que ardía en ella exba- 
laba un humo blanquecino y aro- 
mátíco que flotaba en los aires co* 
mo una vaporosa nube que vela 
los áureos matices de las estrellas. 
Aun luce la antorcha, y luce con 
maeesplepdor que nunca; pero esa 
luz es lo que el canto de los tro- 
vadores, lo que la sonrisa del mo 
ribundoe los trovadores cantan pa- 
ra ahogar sus penas, y las penas 
ahogan ios cánticos en las gargan- 
tas de los trovadores: los moribun» 
dos sonríen porque alienta en ellos 
la espérenla, y la muerte viene á 
arrebatarles la esperanza y la vi- 
da: la antorcha brilla para morir 
T. in. 



también, y para morir muy pron* 
to» cediendo al terrible influjo de 
los aquilones, que ni aun respeta* 
rán sus tristes pavezas. 

Antes que despiertes á una nue- 
va edad quiero grabar en tu meji- 
lla un ósculo de amor, y será el úl- 
timo, porque quien ha alhagado los 
sueños del niño, no podrá volver á 
tí para consolar los pesares del jo- 
ven: á Dios. 

A esta cariñosa palabra desper* 
té y miró en derredor para averi. 
guar quién la habia pronunciado. 
Una criatura angélica se alejaba 
de mí oon acelerado paso: la sen- 
da que seguia no me era descono- 
cida; pero un espeso enrojado db 
oro esmaltado de finas perlas me 
impedía retroceder. — Sigamos a- 
delante, esclamé lleno de alboro- 
zo, porque las flores me pareisian 
mas vistosas, las aguas mas cris- 
telinas, ñas fluido el viento y mas 
clara la luz. Entre el umbral de 
la vida y las puertas de la muerte 
vi un inmenso recinto en cuyo cen- 
tro estaba grabada esta inscrip- 
ción, ^Porvenir: coaducia ' á él una 
calle de frondosos árboles, regá- 
banla á mi tránsito juguetones ni- 
ños, arrojando guirnaldas de flores 
que luego hollaban mis pies, y los 
niños se divertían tegiendo una 
hermosa corona de jazmines para 
colocarla en mis sienes: ellos guia- 
ban mis pasos, y cuando les pre- 
guntaba cuál era el curso que de- 
20 



154 



DIARIO DE LOS NIÑOS: 



biamofl seguir en nuestro viage, 
me señalaban un magnífico carro 
guarnecido de esmeraldas, al cual 
debía yo subir para llegar á una 
eminencia, donde estaba escrita la 
palabra Felicidad. 

'No me satisfacian del todo las 
flores que los niños habían tegido 
en mi corona: una flor mas brillan* 
te que todas se presentó á mis ojos, 
y me la ofrecieron los niños: es ín- 
esplicable el placer que esperimén. 
té entonces, placer que nunca he 
vuelto á gustar, placer infinito que 
circulando por mis venas suspen- 
dió los latidos de mi corazón. — 
¡Pero ay de mí! la flor era frágil 
como la voluntad de las mujeres, 
y al tocarla mis trémulas roanos 
cayeron al suelo sus niarchitas ho< 
jas. 

m. 

Rugía la tempestad: vacilaban 
los hondos cimientos del mundo: 
parecía que los mares habían pres- 
tado sus aguas alas nubes para las 
tierras : el tremebundo huracán 
desgajaba las ramas y aun los tron- 
cos de los robustos árboles. Tan 
triste espectáculo se ofreció á mis 
ojos desde que habiendo llegado á 
los últimos confínes del jardín, qui. 
se volver la vista al punto de don- 
de habían partido, y aunque á has- 
tante distancia, pude contemplar 
una hermosa fuente que dpstílaba 
hebras de líquida planta por sus in- 



finitos surtidores, los cuales enjen- 
draban otros tantos arroyos que re- 
corrían aquel gracioso recinto , 
trazando innumerables giros: iban 
y venian, se unían y se separaban, 
algunos desaparecían para siem- 
pre porque se embebían en las ju- 
gosas raíces de las |.lantas, y* • • • 
¡oh desesperación! en el sitio en 
que yo me hallaba era donde se a- 
gotaban mas. í)e los encantado, 
res niños que eran mi norte, mu-- 
chós'perdieron las vidas en los e- 
normes precipicios que habíamos 
tenido que salvar para llegar allí; 
los restantes cedieron á la intem- 
perie de las aguas y á la íncle. 
mencia de los vientos. Aquella 
senda tan amena, aquella cumbre 
tan apetecida» habían sucumbido 
á la violencia de la tormenta. Tam* 
bien yo estuve á punto de sucum. 
bir; pero esa hubiera sido una ine- 
fable dicha, y yo era hombre, y 
por lo mismo había nacido para 
los pesares, Quoria ponerme al 
abrigo de tantos rigores: intenté 
guarecerme bajo las ramas de los 
árboles, todo en vano; pero la es- 
peranza volvió á tener Cabida en 
mí corazón. „Así como después 
de un jardín he encontrado ún de- 
sierto, decía yo, después de esta 
aridez quizá volveré á gozar de 
aquella amenidad." Entonces des- 
cubrí una pálida fuz que estendia 
sus moribundos reflejos & cortos 
pasos de mí: traté de acercarme i 



DIARIO D£ LOS NIÑOS. 



15^ 



. ella; pero según lo verificaba se 
me erizaba el cabeHo, sentía en mí 
corazón unsinienlro presendmicn- 
to, y bullían en la mente ideas lü- 
gubres como el graznido de las a- 
ves nocturnas. La luz ardía en 
el centro de la concavidad de una 
roca, y la luz so acabó do apagar 
apenas fíjé mi planta bajo aquel 
pobre techo. 

Un anciano de rostro adusto, o- 
jos hundidos y luenga barba puso 
su denegrida mano sobre mi cabe- 
za, y me dijo con voz sepulcral. 
— Tá creías que lo que los hom- 
bres llaman un valle de lágrimas 
era el centro de infinitos placeres; 
tu niñez fué venturosa, y juzga que 
en la juventud obtendrías la felici- 
dad suprema. Ya ves cuan enga. 
nado has vivido. Te dejaste lle- 
var de tus deseos porque te pre- 
sentaban ilusiones para el porve- 
nir, j la ilusión del amor fué para 
ti la mas hermosa de todas; pero 
la viste disipada á tus pies: luego 
contemplaste la fuente de la vida 
y reparante como recorrían los 
hombres el centro del jardín áque 
ya.no te,era dado volver; pero mu- 
chos morían antea de Hogar al pun- 
to por donde pasaste tú, y en el si 
tío en que te hallabas era don(}o 
fallecían mas* ••• 

r~Pero iquién eres tú que así 
me refieres cuanto ha pasado? 

—Lo sabrás cuando te diga lo 



qaa te resta pyasar. Ya no se pre. 
sentan á tu vista sino inmensos are- 
nales: ya no escucharás el canto de 
las aves, ni aspirarás el aroma de 
Us flores, ni verás aguas crísTalj^ 
ñas, porque las de los arroyos que 
continúan su camino para unirse 
después á aquella rbidosa cascada 
quo se precipita en los abismos 
que no te es dado sondear, se ar* 
rastran turbias y lánguidas. ¿Me 
conoces ahora? 

— Te conozco, por mi desventu- 
ra, y te conozco para roaldecirtey 
porque has acibarado mis días ras- 
gando á mis ojos el denso velo del 
porvenir, y por(|ue te complacee 
en que viva al infortunio para mo- 
rir mil y mil veces. ¿Y ^omo no 
maldecirte si á las creencias me 
haces sustituir las dudas, y á la 
tranquilidad la desesperación? Te 
maldigo con toda mi alma, tremen- 
do desengaño. 

Maldícenie si lo quieres así; pe* 
ro no por eso te evadirás de seguir 
rse desierto seco y árido: ¡conti- 
núa, continúa tu camino! 

Era yo demasiado débil para la- 
char con mi destino: muertas mis 
ilusiones era forzoso marchar por 
el vasto desierto que me había mar- 
cado el desengaño. Desde enton- 
ces, cuando resuena en mis oídos 
la palabra esperanza, dirijo mi vis. 
(a al cielo. 

Á.P. 



150 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 

ESCSPnCISMO. 



4lir I7DAR es prínciptar*á sDber; he 
aquí una verdad que indiscreta 
mente combatían los que se dicen 
celosos defemores de la moral. 
Cuando el entendimiento no ve 
claramente una cosa, duda: cuan* 
do halla en dos proposiciones con- 
trarias el mismo grado do proba* 
bilídad, duda, ÜCsla duda no pue. 
de cesar sino con el mayor cono 
cimiento del objeto estudiado. El 
estado de incertidumbré es como 
una suspensión de la existencia» 
es un estado violento, porque para 
el hombre, afirmar es vivir. El 
que duda, pues, con sinceridad no 
es culpable, porque se halla natu- 
raímente afectado por una sitúa- 
cion inevitable, de la que aspira á 
salir inmediatamente. Hay em- 
pero una duda culpable porque es 
sistemática, indefinida: esta duda 
es escepticismo. 

Cuando un joven ilustra poco á 
poco su entendimiento, y eleva 
gradualmente su razón, duda de 
ciertas cosas que aun no sabe bien; 
pero lejos de gozarse en esta du- 
da, la destruye con el continuo 
progresp de sus conocimientos: 
este joven no es escéptico. 

El pueblo oree sin dificultad, 
afirma mucho y duda poco. Su- 
ple falta de conocimientos con 



prontas afirmativas; el pueblo ma- 
nifiesta con ingenuidad las cuali- 
dades fundamentales de ia natura- 
leza bumann; el pueblo duda me- 
nos tiempo de las cosas; el pueblo 
no es escéptico. 

El sabio halla en la reflexión la 
fuerza de dudar, de dudar largo 
tiempo, de dudar metódicamente; 
suspende la afirmativa hasta po. 
der aplicarla con la posible exac- 
titud. El sabio no es escéptico. 

Sentado, pues, que ni el joven 
bien dirigido, ni el pueblo, ni el 
cabio son cscépticos, deducimos 
naturalmente que ese estado sis- 
temático de duda permanente, no 
es úni disposición sana, inocente 
del entendimiento. Las dos cau- 
sas mas probables que pueden pro* 
ducirla son 6 una ciencia mal di. 
rígida, 6 una mala voluntad. En 
efecto, oh lü heaueoup cuand on 
estjeune^ dqcia Mallebranche, mait 
on lit soM reflexión et par canse* 
quenco sans pri^f on embrase tout, 
en devore tauí. Esta anarquía de 
conocimientos oscurece en lugar 
de ilustrar el entendimiento; y las 
tinieblas engendran el «scept¡cis« 
mo, la duda sistemática; 9I sltna 
se encierra entonces en la concha 
de su egoísmo, se goza, en él, y la 
duda es en oste caso al frito cor- 



DURIO DE LCN3 NIÑOS. 



157 



rompido de la eomipcion da la to* 
luntad. El etcepticitmo ea una pa- 
ralísia del atma, que la hace tnea* 
pa2 do desear y gustar la verdad, 
que hiela todaa eos afecciones, 
encadena todos sus movimientos. 
8¡ atendemos á la neutrolidad vo- 
luntaria entre el error y la verdad 
que caracteriza al escepticismo, 
debemos calificarlo de aieismo. 
No debe» p'ies, admirarnos q ue el 
escepticismo, esa negación ertó- 
nea de la vida, no aparezca en \ú 
historia de las opiíi ones humanas 
sino después del establecimiento 
dé tos prineipios^ filosóficos. ¡Qué 
podrán importarnos del Oriente 
los filósofos que lo vibren en coro* 
pafiía de Alijandro, los qUe lo si- 
guieron hasta las orillas def Gnn 
gen? Kl ecepticistno, ese Oriente 
con sus Brahamanes, con su snlii 
duria, sus sacerdotes y templ^^, 
con la magnificeacisí de lá natura' 
' leza y del cnho, solo inspiraron á 
Pyrron la abdicación completa du 
la historia y dé la Vida. La ironía 
de Luciano ae encargó mas tarde 
de vengar la razón. HDtvne es. 
céptico, ¿qué sabes tú! pregunta 
un mercader que quiero comprar 
i Pyrrhias ó á Pyrron en el mer. 
cado de l&s sectas filosóficas.— 
Nada, responde el filósofo. — ^¿Qué 
Quieres decir con esoT^Que no 
creo en la existencia de nipguua 
'eosa*-^ Luego nosotros no existid 
' inos*— ^No lo s6.«— Tanpoeo eita. 



ttristát— No ló sé.— ¿T para qué 
sirven estas balanzas, escéptico? 
^-Para pesarlas razones y Juzgar 
su igualdad. ^¿Pero cuál es el ob. 
jeto de tu doctrinoY-^i^Ignároh) to- 
do, no oír ni ver — Pues voy á 
comprarte, está hecho él' trato. 
¿Te he comprado? - La cosa es do. 
dosa.^¿C6mo ha de ser dudosa si 
acabo de pagar el dinero?~P¡enso 
y me abstengo de afirmar.*-Sf. 
goeme qué ya eres mi esclavo. -i-^ 
¿T quién sabe si dicen la verdad? 
-^El dinero/, y los que'.est^n pre- 
stantes. — ¿Pues hay alguno q^aeé. 
té presenteT--Si, y te llevo ahora 
á mi casa para probarte con' un 
argumento muy duró que soy- lü 
señor " Ciertamente que por el or- 
den Tónico de las ideas no mereció 
el escéptico ma9 eériá respuesta 
que la de Luciano. PeVo eata tea- 
rfa del- egoísmo' es por desgracia 
la plaga de las mas modemar so* 
ciedades, y es preetsb déhunciwr. 
la al mondo como la mayor ctita- 
hirdad que puede áAigír" al género 
humatío. • 

El hombre y el liiundo necesU 
tan la fé- La fé.yla diencia sir- 
ven aunadas en la conquista déla 
verdad. El , hemt^re 'cree lo qtfe 
no sabe, porque no necesita sa- 
bertó. ¡T cuántos míales no pro- 
dujo i la honlanidad el conato do 
disolví Ht alianza éñ la refigidn 
y de la ciencia! Acaso no tienen 
otro'orígon'coantoii males llora la 



%^ 



DIA¿BIO m.hOS fiííÑQS. 



«U c^usd del cáncer quo Udevora? 
.¿Y n6c^8¡t6 L«|«bn¡U, dt) U eroan 
0ipf^pion'dj9 elorniiB verdade3 p9Jra 
.\FQr c6a,la!%Qforcha. de.,la 79^0^1 
latrías profunda caestion^l l^^* 
,ae#il6 : t^Qiviton. del ateisino para 
iiflKQrpretar Iqs kyas del,i3ai?ei|8x> 
j$aic4>r ;¿T.cu4l9S faoronha c^n- 
(qii¡9^a de ese hcunbre privjU^a. 
.fl^^^ordadf^rp .autpr.d^l cisnea de 
la (é, 7 de la ,¡9t.(íljgf*nqia? Sepa- 
>,rad (l Pascal de lod verJades geo- 
mj^ricnSt.y. sob E^b^. rapiQciciar 
bi^y^fdé» 4ol ^a^iocii^c^. ^, 

^( qíienf>r binn que produje, al' 
(HOU^o el Cristi iQJ^ino^. ^t $4^car 

d^t t|9f reno do ^^ disputas calas 
.^res>|rranr)e8 .verd^dc^; la unidad 
^ Pi ,t,^la inmorM^idfid delal^ 
JU^ igwddai mfiraj d^ioM hombres^. 
jJSa^^ndo .tomado, poftesicm; de ko.' 
.dos;)OiCfMi^9^(mqf e^as tres ver-í 

4a4e4 iiMUMU^s, pudocomprun-' 
.^ar la. aieiiciii fi^odart^a unfi ma^- 
(«ha 11)81% rápida, y.preiefider ¿in#. 

yo res rebultados. PreguiUa í^ la 
.Dalun^Usa^^y ryaespUica h>^ he 
.«hoff:p.pr:bi»;l<^y^ :4|ie U^prjsseii' 
rlaty%a«!P|OiielM íeyea iftppinpl«.| 
•4M,.itii^Bsolo;plh«d^:p!r«8cribir poi^ 

Jkia li^ebos iqqe.esUdia;. ^a «stadof 
.jdft^prifeba \^ cien^teia, .nyodeim fal 
i|irQ(iiofkiiient#. :rsi¡gipfp, Dios ef - 
íMkW «Oí: copcepcioi^sg JDios i^ní 
i.«4ajipiy/((^i^^«n suieatufiiflt, por; 
£««• ifl^llUgpi porda»cnuefa l^li-j 



yes de la uaídadi la^ lejos tde ai^a. 

La ciencia modecua examina la 
hÍ8tori,a, ti^ve9tiga la sueesioi^ de 
las lieoipos, ^ razón ;de los b^c^* 
.808, las cau^as^ . Ii^ lá,QQfl que re* 
presentan los hoin))rea^ el espíritu 
de In^ naciones,, el origont de 1(^8 
pueblos, y honra 4 Dios en la.hi^. 
loria procurando cpnsj^ruir la ttrk^« 
dad del destino del hoinbre, y .la 
.fraternidad de los homf:ires iggales 
entre sí. La cjencía mpderna es- 
tudia al hombre, i^a abstrnci^meD- 
te, sino al hombre competo, cu.^r 
puyolma^ el ^t'nr^peraqfiepto y el 
.nar&cttTiilos nerV|.of^ ^; sangre y 
lia i^eaf* Seijára^j^gadadiamas 
d(* h^ trabiyo^s jxforilir'^des de 
la a^tdpdia escolástica para la 
vi(la,:«uya energía y riquesaesel 
,m<]or testimonio del almay dc^.U 
divinidad. 

. La ciencia, no In, ciencia, mi^^r- 

;ta sino.la vii[at no la atea sino la 

ffiligiosi^, no la eacépiioa sinLO.ja 

que esli aa^mada por todas las 

creencias fuodamenlalea de la ü^, 

e«a ciencia que alerte ansí oiisnia 

Lp infinito^ es Ic^.ciei^ÍAi. del prp- 

greso, es la verdadera ciencifi. 

Pero hay otra ¿cticja tarobi^n 

moderna que íalsifíca; t(>do8 If s 

, medios de la rerdadera cieoc^. 

, He a^uí la lucha, coplinua^ fl^ ja 

, aociedad. Ei falso sfilpsr^.^ ^f^Síf- 

gani^^i^dor impío, s^^p^^era de ^a 

: — \ r 



DIARIO DE LÓé ííií^; 



189 



n)e9 ae fií^» le a-consejA^ dudar de' 
lodo para salir de la duda. ¡Doc- 
trina •iii:gular, tiue aemejátité á laí 
de Pyrron, halla íiin eiYibargo pro. 
«élitos en el ttglode ht paradnjaii 
yanomafías!' ¡t cuáléa'aon hié 
ronaeeueneras dol tnoderrio e'scép- 
ticbmot Esa muerte del patrioi 
.tfémo, ese egoismo concentrado 
que mata la sociedad, qub la mina 
por kui cimientos. ¿No es verdad 
que la generación actual se Ja. 
menta de universal inmoralidad? 
¿Dónde están las vir^désantiguaf't 
¿Cuál «B la cnusa dil trastorno 
que nos amenaza. ..«t El escep.^ 

ticismo. Seamos francos. LaTer 

. I * 

dadera ciencia venció a) fañátis. ¡ 

mo religioso, el falsíi saber le sus 
tituyó el fanatismo político, el fa* 
natísmo de la íñipiedad, la indiíd- 
rencia religiosa, el escepticismo. 
Los que creyeron servir al ptít^blo 
se engal^rotiy los que pretenden 
ilustrar la júVehtud 1á seducen: ¡Y 
aun se desea comunicar á las ma- 
sas populares ese estado de duda 
pérmatíente y ' sistemático! ^or 
fortuna semejante emf^iresa es im 
posiMe, pbrque es imposible for 
mar un pueblo de pretendidos filó 
Bofos; pero el mal es iiin embargo 
gravísimo, pott|tte esa ciega 'im 
piedad iqve toma' ér> nombre' de 
íiuétraeibn y saber penetra <en las 
últimas tlases ile la ádéiedÍM, y 
las' emancipa dé la únrca ley que 
manda en erfuero interno. Ite- 



fbrrtiadores del géderb^ hilmano^ 
ahí tenéis i\ á/tehano labbrioso y 
feli^, 'des))oja(llo de sus cre^nciaii 
refigiosas, üu^tttiid' í la' moVal 
senciHa t|ue diirige sU*c6iiducfil 
ele sistema M'^udas abé llaínáiii 
ilustfácioi^ tiaced que deje el es- 
copio para pen^aír sobre lis rai^ai 
de to$ impérioi^ despreocupada 
según vui'Stra'éspresion, y eVmun^ 
do cambió de áspeCtn -á iu vfétai 
El rico no es ya su hermano, es 
su amigo, el gobierno es el tirano 
do la socrepad/y h\ sociedad en* 
tera una sangricdta lucha, laopre* 
sion del fuerte sobro el d6lvi>,¿Qué 
instrucc^ioñes humanas^ estarán 
eniónces pata reprimir ia osada 
ignorancia del que dnds' ióÜ j 
nada espera?' 

La fé ut> es íolameiArf nti rtie*dio 
de gobernar bien, es el principio 
vital de lá sociedad 'hirnta na, y las 
páginas mas sangrientas de' lahis. 
loria coB^ru'eban esta vérdkd de 
todos los siglos. VedsT ho á ko« 
bespierre' señtacíó ' en él'troiít)^ de 
sangré que Üecfeta él Véiónoct- 
miento del Ser Siiprémov y tatin. 
mortalidad del' áBá; Vié'-i la 
democracia iVenétíca qué después 
de cubrir ^rmundo ^6 •asolación y 
ruina, viene' á depoiíef' el ^^ufial 
homicida al pH de .W attvres. 
Hombres qtie tenéis eá vuestras 
manos el destll^o tié loa (meblos: 
velad sobre el escepticismo^ apli- 
cad el remedio eonvenienté" u la 



1«0 DIARIO DE b08 NIÑOS» 


llag« de la sociedad. Declarad 


do de la educación- públiea •■ el 


cirinaen horrendo el eípíritu. de 


verdadero manantial.de la corrup» 


pVodtílilíspíiQB en materiae d^ reli^ 


cion que lamejntamoe. T no son 


{¡op, preteryad> la juventud» es. 


estas vanee declamacionea; loabov 


peranza , df| la generación actual, 


chos bablam El eacepticismp es 


^el veneno de la ,in(ipicdad que la 


en manos de Iqs fnodernos nivela^ 


ai^aina. La juventud no ee esr 


dores el sofisma del espíritu infer. 


cép4^a, pero la juventud ea impía 


nal que sedujo al primer hombree 


cua/ido te estravió en. laa prime. 


escepticismo es impiedadf es re» 


raa pendan d^l saber. He aquí el 


voIucioqt.es anari^uia. 


gr^.mal que noa aquga; «1 oata* 


N.P.P. 


A üi\ SUSPIRO. 


^cspxKo ¿i dónde vast 


A consolar con tu ruido 


. Suspiro .|de dónde viene»? 


Las penas de flgun ausente? . 


. ^e inelancólico así 


Vuela suspiro» j cruzando 


Entre los vientos te pierdes? 


Los airee, al cielo plegué . 


Suspiro vuylve i pafar»,; 


Que llegues á tu destino 


A pasar .suspiro vuelve. 


T al desgraciado consuelees 


Te diré lo que medito 
En mis locos pareceres. 


Que los males del amor» 


Aunque ton graves y fiíertes, 


¿Te lanzó acaso una bella 


. Se curan con un suspiro» 


Que vé perdida por siempre 


Se causan con mil deadenas. 


I^a flor de su hermosa vida 


Vuela suspiro» y la briea 


{¡n.ei clausUo pénitentet 


Que te conduce en sus plieguee 


, , ¡Quizá fué para tal flor 


Conozca por los quejidos 


El mundo jcapullo breve. 


Dónde se encuentra el ausente. 


T el cielo la llamó así 


JHme suspiro si acierto 


^ I^orque para Dios vivieee! , 


En mis lóeos pareceres. 


Dime mupbr0 si neierto 


.. Suspiro, f A dánde vas? 


En mit hcoi parecereM» 


Suspiro ¿de dánde vienes? 


SuíjdfQ ¿á iánde voif 


• ¡Quizá sobre triste tumba 


. Suspiro ¿de dánde vienes? 


En el umbral de la muerte 


¿Acaso en alas del viento 


Te lanzó algún desgraciado 


Caminas siuipir9 leve» - 


Que dejar la vida siente! 



BIABSO DE LOS NIÑOS. 161 


¡Quizá Iu8 confuIsoB labios 


Sospiro que tanto eres. 


Te lanzaron tan doliente, 


Vuela, suspiro, y los aires 


Que la muerte al escucharte 


Te remonten cuando vueles. 


•Descargó su golpe aleve! 


Que la ambición de los ricos 


. Si es asi, triste suspiro, 


Entre las nubes se pierde. 


Entre los vientos te pierde, 


Dime suspiro si acierto 


Que el mundo está divertido 


En mis locos pareceres. 


Entre sus farsas alegres, 


Suspiro ¿á dónde vas? 


T no escucha i los que lloran 


Suspiro ¿de dónde vienes? 


Ni lloran á los que mueren. 


Mai si te lanzó la bella 


Tan solo cuando el tirano 
Con la vida el cetro pierde, 


Por quien ha latido siempre 


En mi pecho el corazón, 


Por las lágrimas se cuentan 


Como su mirar ardiente: 


Los esclavos y sirvientes, 


Si de sus labios de rosa 


Que puede el oro en el mundo 


Saliste, suspiro leve. 


Lo que la virtud no puede. 


Deten tu curso ligero. 


Dime suspiro si acierto 


Bello suspiro, detenle, 


En mis locos pareceres. 


Y dile al bien por quien muero. 


Suspiro ¿á dónde vas? 


Si alcanzas suspiro á verle, 


Suspiro ¿de dónde vienes? 


Que contesté á su suspiro 


^Eres quizá de algún rico. 


Y que ella al mió conteste. 


Suspiro, que tanto eres, 


Que entre dos que amando penan 


El soñoliento quejido 


Los rigores del ausente, 


Que lanza cuando amanece? 


Se consuelan con suspiros 


Aun cuando en rico brocado 


Si se alejan con desdenes. 


Su cuerpo descansa y duerme, 


Lo que te digo, suspiro, 


Tal vez el alma se agita 


Cumple y á los cielos plegué 


Con mil penas diferentes. 


Que ella te abrigue en su seno 


' Pues no apaga la riqueza 


Otra vez y otras cien veces, 


El voraz volcan que enciende 


Y yo torne á preguntarte 


En el corazón del hombre 


En mis locos pareceres, 


La codicia de los.bienes. 


Suspiro ¿á dónde vas? 


¡Mas vale que duermas pobre 


Suspiro ¿de dónde vienes? 


Que no que opulento veles! 




Si eres suspiro de rico. 


J. B* Dbloaim). 


■r. tn. 


1^- 

21 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 

FREJVOLOGl^. 



Í8TA . doctrina nueva todavía , 
cuasi desconocida en oqcatro paia, 
pero colocada ya entre las ciencia» 
eataba reservada para su descubri- 
miento á un genio sublime y pri- 
vilegiadoy que observador y filoso* 
fo á un tiempo, empezara desde au 
juventud á recoger materiales, pa- 
ra un dia, auxiliado con la antor- 
cha de la anatomía, abrir un vasto 
campo que llegará á fijar la aten- 
cion de todos los sabios del mundo. 
• El Dr. Gall, como todos los 
grandes ingenios, al anunciar un 
grande y nuevo descubiimieoto, 
babia de paaar las amarguras con 
que la débil humanidad ha acos- 
tumbrado en todoa tiempos retri- 
buir á sua mas celosos bienhecho- 
res. Lo mismo que Galileo New- 
ton y otros, porque era el creador 
de un sistema filosófico el mas 
grande y el mas fecundo que en 
aplicaciones útiles ha conocido el 
espíritu humano, había de ser el 
blanco de las injurias, del rídícu. 
lo, del sarcasmo y aun dé las per- 
secuciones. 

¡No hemos visto en nuestros días 
perseguir los pueblos á los propa* 
gadores del grande descubrímien. 
to de Jenner sobre la vacuna, y 
sostener la persecución las mis- 



mas ímpugnatjiones de los cuerpos 
cíentificost 

Pero al fin la verdad no puede 
estar oculta por mucho tiempo, y 
todos los detractores tuvieron que 
doblar la cerviz ante el tribunal de 
los hechos tan conocidos por una 
constante esperiencía. 

Así, pues, en vano pensaron a^ 
batir al Dr. Gall, el que dotado 
de un temple de alma elevado, ni 
decayeron sus fuerzas ni se abatió 
su espíritu , sino que siguiendo 
constante por la senda de la obser- 
vación, y viendo qjae los resolta- 
dos le abrían mayor horizonte á 
á sus primeras concepciones al 
paso que le confirmaban ya deter- 
minados puntos de sus ideas, con- 
tinnó impávido al través de todos 
los obstáculos habiendo llegado á 
dejar un monumento al cual la ge- 
neración presente empieza á r^n* 
dir el homenage de admiración y 
de gratitud. 

Para fundar el Dr. Gall su nue» 
va y fecunda deetrina, era preci« 
so que con los hechos, tcuto de sus 
largas y exactas observaeiones, 
destruyera do raíz todos los sis* 
temas filosóficos hijos do teorías 
mas ó menos sublimes, quo amal- 
gamados con la metafisica rídku* 



DIARIO D£ LOS NIÑOS. 



168 



la de la antigüedad m habiaa au. 
cedido y llegado haata lu época. 
(Qaiéa no conoco efectivamente 
que querer analisar las facaltades 
del hombre, tin el coDOcimiento 
de cu conelitucton interior, racto« 
cinar cobre cut acciones itn haber 
estudiado antes los árganos que 
concurren á producirlas, es lo mis- 
mo que el que quisiera esplicar los 
movimientos de la aguja de un re- 
lox ain tener idea de su mecanis- 
mo interno? 

Por esta razón el Dr. Gall ,co- 
noció que la marche d4 todos los 
antiguos aistemas filosóñeos acor, 
ca de la esencia de nuestras facul* 
tades no podían conducimos á una 
esplicacion plausible y satisíacto- 
ria. Reconoció también que el 
instinto en general, la facultad in* 
telectual, la raxon, la voluntad, el 
libre arbitrio écc. no son otra cosa 
que flleultadea ocultas semejantes 
á la de la antigua ffsica, cuya 
creencia sola atrve para coatener 
loa progresos do la civilixacion, 
conduciéndonos á un sin número 
de errores sobre el principio de 
donde emanan. Y si no ¿á qué nos 
han conducido todas las doctrinas 
creadas por los tan decantados sá- 
bies de la Grecia, y los que pro- 
clamaron Descartes, Matobran- 
chío, Leibnitx, Loche, Condillac, 
Kant, como consecuencia de las 
de Phuoo y Arísiét«lcaT ¿Hemos 
adelantado algo acerca del cono. . 



cimiento de la naturaleza y esen* 
cía del alma, sobre sus atributos y 
facultades? ¿Hemos dado siquiera 
un paso adelante respecto al ver- 
dadero conocimiento de nosotroa 
mismos? ¿No hemos observado to- 
doa los dias la reproducción de to* 
daa las opiniones de los filósofos 
y las decisiones de los teólogos 
sobre las cualidades metafísicas 
de los seres intelectuales? En una 
palabra, cuantas hipótesis se han 
inrentado aot>re la materia, á lo 
menos han sido superfinas, cuando 
no peijudioiales, así es que perso- 
nas por otra parte muy doctas no 
pueden todavía abandonar tan fi* 
ciles abstracoienes: de tal natura- 
leza ha sido el valor y constancia 
del proíesor alemán, que se limitó 
á esplicar las manifestaciones de 
nuestras facultades intelectuales y 
de nuestras cualidades morales, 
despojándolo de todo lo que ade- 
mas de aer inescrutable 4 nada po» 
dia conducimoa. Así fué que se- 
paró las cuestiones sutilea de la u- 
nion incomprensible de dos sustan- 
cias tan opuestas cono el cuerpo 
y el alma, y otras que en nada han 
contribuido para la perfección de . 
la ciencia del hombre. 

Lo que nos importa Tcvdadera- 
mente conocer son los motivos que 
nos determinan á obrar, iaa fuer- 
zas que son lorprincvpios inmediá¿ 
tos de nuestras aedones, y las cao^ 

sea que puedan raodifioaflas; en 

e 



164 



DI1BI0 DE LOS NIÑOS. 



una palabra, 1<m instintot, las iadi- 
naeioneSf y las diapostciones todas 
que pueden coBOurrirá determinar 
el carácter y laa propiedadee de 
los individuos y de laa eapeciea, y 
no las generalidades abstractas . y 
oetafisicas.coroo la aensacion,. la 
atención, el juicio» la memoria^ la 
imagioacioQ» el deseo, U volautad, 
cualidadea comunes á todos los 
hombrea, que de ningún modo pue- 
den servir para caraeteriauír tal ó 
cual individuo. ^Se espiicaria, por 
ejemplo, con semejantes generali- 
dadea, las inclinaciones del hom- 
bre lales como el amor íisico, la 
emistad, la afección y laa diaposi- 
cionea especiales como el talento 
.müsico, el de la pintura, la poesía, 
las matemáticas» la mecánica d^c? 
Pues esto fué lo.que le valió al 
Dr. Gall ser. mirado por algunos 
como bpmbre de una imaginación 
delirante, haciéndole el objeto del 
ridiculo y de la burla; pero lo que 
ule peor todavía» el que muchos, 
aio limitarse á esto» lo tacharon de 
■materialiata, de hnrege to. una pa* 
labra» con «1 olyeto de hacer abor- 
tar en au origen una doctrina que 
ignoraban,, y. qué ni siquiera se ha- 
bian querido temar el trabajo de 
leerla» cuando monos de pfofundi- 
sa^la. 

Pero el aábio^nleman contestó 
victorioiemente^ porque jamas ha. 
bia pralendido que la orgaAÍaacion 
material de nuestro cerebro fuera 



la caasa deaueatra* ioclinacioaes 
y facultades; adsñte un principio 
desconocido» incompfea«ible« pero 
real que dá é la matM ia esta fiíefr- 
Ka roatavillosa y aerprendsole fae 
llamamos vida. Según en modo de 
raciocinar y el de todoe aus discí- 
pulos y secuaces, ol cerebro no es 
mas que un instrumento cuya {»• 
tencia está en intima relacieft oon 
el desarrollo de dicho órgano» y 
aslee que son4nfinites ios hechos 
que demuestran que cuanto mas 
voluminoso ea e» cerebro, tanta 
mas energÍB tienen las facultades 
ioteleetualea ^y laa inclinaeionea. 
Y ¿quién es el filósofo que á no te- 
ner la imaginación estraviada pue- 
da desconocer la necesidad de ór- 
ganos materiales para las manifsa- 
laciooes del alma? Ciertamente 
que seria muy dificil enconirar.un 
hombre que se atreviera i decir 
que el cuerpo es un conjuMode 
órganos ínátiles para el desarrollo 
del espíritu. ¿Y podrá lildane de 
materialista una doctrina que reco- 
noce principios innatos, que ean* 
ciona los órganos como solos ins- 
trumentos de una cosa mas supe« 
rior, mas aubliae, mas elevada» y 
entre cuyos órganos se fleñala uno 
cual es el de la veneración» tí cual 
hace conocer al hombre de «na 
manera intrínseca é inna(a.ttoafo« 
tsficia siqperior & él» creadore "de Jo 
que 4peiia» y ccomucha díficnl*- 
tni, puede eecudriñar2 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



165 



¡Cómo podéis acorar de ateiMa, 
dijo el Dr. Grall, aun hombre qae 
•haee veíate aftos sacrifica todos 
sus momentos al estudio del hom- 
4>re y de la aaCuraiesa, al mismo 
i|ue su cofason palpita de admirar 
joI veenerdo de las maravillas que 
kaor|rani2aeion de los seres vivien- 
tes me ha deseubiei:(oJ 
. SeriasÍQ duda ninguna una proO'i 
ha de la. mayor inconsecuencia, 6 
de una organiaacion muy desgra- 
•ciada, el no reconocer un poder 
sobrenatural que establece les la- 
ves oatreohos que unen les cuer- 
pos de la naturaleza, y esta armo- 
nía vegulatriz de tedes los actos y 
(Amciones de los seres vivieintee en 
^asuperficie dol globo* ¿Y quié- 
nes, deoia e] célebre at^or, me a. 
.ctuwn de hereget Aquéllos que 
liuscan encontrar fuera del hombre 
las causas que lo conducen al co« 
cocimiento de un Ser Supremo, 
mientras que yo lee.demuestro que 
he éescúbierio en el hombre mit^ 
•mo el verdadero motivo de sus 
evcenoiae religiosa»; y seguramen- 
te que la prueba mas poderosa de 
4a esislenoia de la divinidad es es- 
te sentimiento innitto emanado del 
mismo Criador, y revelado por la 
-organisaolon material. 

Todavía hay otra cuestión no 
menos ímporkinte-que recorrer, 
miaqiie no sea mas que de Una ma- 
•nérn sápida y concisa, cual es el 
alaqne que quieieren dar á la doc- 



trina del Dr. Gall de fatalista, supo- 
niendo que seria destructora de la 
sociedad, sobre todo cuando se tra- 
ta de los vicios y de las malas in- 
clinaciones, puesto que se-iecono- 
cian dichss cualidades como^fecto 
de un principio orgánico indestruc- 
tible, y poniendo de esta, manera á 
los criminales á cubierto de acción 
de la justicia, sin que la sociedad 
pudiera ejercer sobre ellos los me- 
dios que su propia seguridi^l ex¡. 
ge. Error craso, error que solo !a 
mala fé de los que impugnan todo 
-lo que nO es parto de su imsgfna- 
cion podian haber discurrido para 
desacreditar una doctrina que es- 
taba destinada á cambiar un dia lá 
faz de las ciencias morales. Pero 
este error produjo en mochas per- 
sonas una prevención, que al paso 
que dotadas de vastos conocimien- 
tos, dejaron con ella de examinar 
easnto se habia trabajado sobre tan 
importante melena, y no solo no 
oyndaban con esto a toa adelantos 
de la marcha de tan interesantes 
descubrimientos, sino que mir&n* 
dolos con desprecio oponían pok* 
su categoría y por su posicíoa so^ 
cial un poderoso obstáculo al des*, 
arrollo de tan luminosos principios. 
Hablo de la magistratura, que 
•contando hombres benemétitos y 
•de pro feudos conocimieotoi en ii>\ 
•dos los ramos, creyeron que se le^ I 
ventaba una nube para hacer ine- 
ficaz la legislacidtr criminal, y tal 



IM 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



vez destruirla, Pero todo esto 
queda completamente desvanecido 
examinando los principios funda- 
mentales de la doctrina del Dr. 
Gall, en los cuales está perfecta- 
mente demostrado que la educa- 
ción» el hábito, el ejemplo dsc, 
pueden perfeccionar, deteriorar, 
modificar ó dirigir las facultades 
que el hombre ha recibido de la 
naturaleza, pero que no se pueden 
destruir del todo aquellas que so- 
bresalen, ni inspirarle las que es- 
tán apagadas. 

Así, pues, una de las ¡deas pri- 
mordiales del Dr. Gall es, que las 
inclinaciones y las facultades del 
hombre y de los animales son in* 
natas, cuyas ideas abraza como el 
primero do los cuatro principios 
que sirven de base á su doctrina. 

Considerando ademas que las 
facultades intelectuales y las cua- 
lidades morales, se diferencian en 
el hombre según su constitución, 
el sexo, y una infinidad de cir- 
cunstancias materiales imposibles 
de desconocer; que cambian al 
mismo tiempo de objeto y de for- 
ma en la infancia, en la adoles- 
cencia, la pubertad, la edad viril 
y la vejez; que también se diferen- 
cian según la cualidad y la canti- 
dad de los alimentos, si la diges- 
tión es fácil ó laboriosa; que el 
sueño, la embriaguez, las enfer- 
medades, son otras tantas causas 
que debilitan, suprimen, exaltan ó 



alteran de mil maneras diversas 
las funciones intelectuales, el Dr. 
Gall abrazó, como segundo princi- 
pio de su doctrina que d ejercicio 
de nuestros instintos^ de nuestras 
ittclinacumeSf de nuestras cualida^ 
des morales f cualquiera que sea él 
principio á que se r^eran^ está su» 
bordinado á la influencia de las 
condiciones materiales y orgánicas» 
Continuando el autor con la mis- 
ma perseverancia y si^acidad el 
severo examen de las funciones 
anexas á las diferentes partes que 
constituyen el organismo, prueba 
que ninguno de los órganos de la 
vida interior, tales como el cora, 
zon, el pulmón, el estómago, los 
intestinos, los ganglios, los ner« 
vios, los plexos, dlsc., puede ser ni 
el principio, ni el asiento de algu- 
na afección, instinto, disposición 
de ninguna facultad intelectual, ni 
ti^mpoco de cualidad alguna mo* 
ral, así como no lo son los órga- 
nos de los sentidos, ó de los aoovi- 
mientes voluntarios, y mucho me- 
nos el conjunto de todos, ni los 
temperamentos, atendido á que ca« 
da una de estas partes tiene fun- 
ciones propias y determinadas bien 
conocidas, y que están en contra- 
posición con aquellas de que tra- 
tamos. Por otra parte, . como loa 
numerosos hecboe demostradop 
por la anatomía y la fisiplógia del 
hombre, la anatomía y la fiaíoUr* 
gia comparada por la patolófia y 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



167 



la historia natural, patentizan que 
el mayor deaanfollo de los órga- 
not cerebrales favorece y aumen- 
ta el ejercicio de las funciones in* 
telectuales y morales, imprimien- 
do en los demds una demostración 
mas enérgica de sus propiedades, 
admite el Dr. Gall como tercer 
principio 6 fundamento de su doc- 
trina, que él cerebro es el árgano 
dfiiodoi nuestros insHntoSt inclina. 
cioneSf sentimientos^ disposicianest 
y de todas nuestras facultades inte* 
lectuedes y cualidades morales. 

Pero lejos de detenerse el autor 
en este principio conocido, como 
lo hicieron sus predecesores, lle- 
vó mas lejos sus observaciones, y 
por medio de sus descubrimientos 
añadió que cada uno . demuestros 
instintoSf de nuestras indinacúmeSf 
de nuestros talentos^ y cada una de 
nuestras facultades intelectuales y 
morales t tienen en él cerebro un si- 
tio determinado que les está señala- 
do, y que el desarrollo de estos di- 
ferente sitios ó partes que forman 
á manera de otros pequeños cere* 
bros ú órganos particulares^ se ma» 
n'^iestan esteriormente en la cabeza 
por medio de protuberancias «m- 
bles ó palpables, de tal modo, que 
del examen de ellas se puede conO' 
cer por él tacto 6 por la tista las 
disposiciones y las cualidades inte, 
lectuedes y morcdes propias de cada 
individuo. Este es el cuarto y úl- 
timo principio fundamental de la 



doctrina del profesor alemán, y el 
que ha encontrado mas contradic- 
ciones é incrédulos. 

Con todo, no se crea por lo que 
^ acaba de decir, como muchos 
lo han creido, y no han tal vez 
contribuido poco al descrédito de 
la doctrina, que con solos estos 
principios y el estudio de un ma- 
pa frenológico se pueda conocer 
la ciencia, echándose con tono 
magistral á reconocer cabezas, y 
decidir si tal ó cual inclinación 6 
instinto existe en este ó en el otro 
individuo. La ciencia frenológi- 
ca es mas profunda y filosófica de 
lo que generalmente se piensa, y 
para obtener sus resultados es ne- 
cesario un estudio muy serio, lar- 
go y variado; son indispensables 
numerosas comparaciones, para 
distinguir las diferencias de con« 
formación que presentan los crá* 
neos, y aun después de bien diri- 
gida y acabada lá educación ana- 
tómica, con trabajo se podrá de* 
clr que un hombre tiene tal ó cual 
talento, sino que posee la dispoai- 
cion necesaria para despuntar pa- 
ra esta cualidad ó vicio que su or- 
ganización nos enseña. 

Demostrados estos principios, 
fácilmente se pueden deducir las 
inmensas consecuencias quo se 
han de derivar para la civilización 
y felicidad del hombre. Mejor 
conocida y generalizada esta nue- 
va doctrina, debe ejercer un gran- 



168 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



de imperio sobre la educación ma- 
ternal, la dirección do la inatruc 
cion pública y privada, sobre las 
bellas artes, la legislación, el ré. 
gimen de las cárceles, la medici. 
¿a, y por ultime, con todo cuanto 
tiene relación directa ó indirecta- 
mente con la inteligencia y la mo 
ralidad de la especie humana. 

Probado por el Dr. Gallque las 
buenas ó malas inclinaciones son 
innatas, ¿de cuánta importancia no 
es la frenológia para la educación 
inatemal, y con qué interés será 
mirado por los filósofos el vasto 
caknpo que se la abret 

Una vez que desde la mas tier* 
na edad revela la naturaleza las 
cualidades y las inclinaciones del 
hombre, para que puedan corre, 
girse los defectos y loa vicios que 
seria el patrimonio de su edad ma- 
dura, la educación maternal debe 
dirigir todos sus conatos por me- 
dio de consejos bien dirigidos, á 
fin de reprimir la tendencia al vi- 
cio y hacer sebresalir la virtud. 

De aquí en adelatile, pues, la 
madre no obedecerá á los impul- 
sos de una mal entendida ternura, 
y en lugar de mirar las malas in- 
clinaciones de su hijo como defec- 
tos que la edad corrige, tendrá 
buen cuidado de atacarlos en su 
origen y de reprimir sus esfuerzos. 
Así, pues, la muger, cuyo valor 
moral ha sido hasta ahora deseo- 
nocido, recibirá otra educación 



respecto de que es llamada por Ya 
naturaleza para ser uno délos ins- 
trumentos mas útiles para mejorar 
la sociedad, puesto que sin mora- 
lidad no hay civilización. 

La dirección de la instrucción 
publica y la elección de profesión, 
debida hasta ahora áia casualidad 
y á la rutina, recibirán un saluda- 
ble impulso, al paso que serán re- 
movidos los poderosos obstáculos 
que las mas de las veces han ten i. 
do que superar los grandes inge- 
nios, habiéndoles dado una mar- 
cha tortuosa ó contraria á las dis^ 
posiciones natura les. 

La frenológia las pondrá en una 
perfecta armonía, sacando un gran- 
dísimo provecho del valor intelec-'^ 
tual del Yiombre. Esta misma edu- 
cación, dirigida filosóficamente á 
todas las condiciones sociales, ha- 
rá desaparecer en gran parte la 
ignorancia, compañera insepara- 
ble del crimen y del fanatismo. 
Por último, la medicina, lasbellar 
artes y la legislación, como hemos 
dicho anteriormente, recibirán una 
saludable influencia de la frenoló- 
gia; y los artistas mejor ilustrados, 
comprendiendo de una manera mas 
exacta la relación que tiene lo fí- 
sico con lo moral, dejarán de pre- 
sentarnos las ntonstruosidades que 
algunas veces notamos que dan á 
la cabeza de un hombre virtuoso la 
organización propia del vicio ó de 

las inclinaciones mas detestables. 
[Concluirá.] 



<; 



.2 






^. 







'"O 
ce 



T7. 



DIABIO DE LOS NI$09. 

FREJVOhOGl^. 



169 



(Concluye.) 



i£ módico apradartt mejor bw 
enibrrooéaioB fnvmteleí jr las mo- 
nonániá^i pudiendo .dar do ollas 
eaplieaciotio^ maíTf iltiifactoríaa do 
lo que faaatá ahora so' ka bocho. 

Y en fin, lellegíaladort estudia- 
das qué tenga las necesidades del 
hombre»:sasjnclinaciottosy TÍcioiy 
podrá oponerles por medio denno- 
▼aa instituciones lo que- tanto re- 
chúñala razón y la filantropia. 
Entonóos Veremos desaparecer de 
nuestros códigos fas frecuencia de 
la pena capital, y por medio.de ht 
frenología conocerá que.el ortmi* 
nal no es mas mochas veces qae 
on hombre atrebatado poruña pa» 
sioA violentay 6 un loco furioso do- 
minado por Sus ioclinacioheiit y 



que aun ouando es cierto que la 
soetodad debe enagenárse de se- 
mejantes seres» no puede sin in« 
bamanida^é injusticia quitarlos su 
esí^teñcii^. 

Estas generalidades, aunque in- 
completas, podrán servir para dar i 
una idea en general de la impor- 
tancia de la frenología, y de lañe- 
cesídad de emprender su estudio 
con constancia, para que haciendo 
de manera que se Taya generali- 
zando y perfeccionando, pueda la 
ei^ecie bumana tocar los grandes 
y. ventajosos resultados que ñeco- 
sariameate debe producir con la 
mejora de la condición social y do 
la moral pública que tanta falta 
nos bace.-^Jiuim Drumént. 



SEVILLA. 



I&x. 



r A ciudad es cantal del reino 
del mismo nombre, y se halla á la 
orilla iziluierda del Gaadalquivir; 
por cuyo rio llegan las embaifca* 
oioáes hasta la torre ddOro, cor* 
ea de la ¿nal está el muelle. Loo 
ínfiífitoj 'objetos que encierra su 
ffociintOy excitan recuerdos del anas 

T. lU. 



alto interés y exige ser visitada 
con ospaeió. La antigüedad do 
sa origen* que una inscripción gra^ 
bada en upa do sus puertas y toda* 
vía legible, indica ser contempOf 
ranea del valiente Aleides» sus mUr 
mllas guarnecidas de ciento/ltflienr 

ta y seis torres, sus asombriMAs Vis» 
22 



170 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



cisitudeg, los sitios famosos que ha 
sostenido contra sus usurpadores 
sucesivos, el valor de sus habitan- 
tes, los numerosos vestigios de su 
antiguo esplendor, su genio maríti- 
mo, sv posición y su clima, todo 
contribuye á que Sevilla sea la 
primera de las capitales de Anda- 
lucia: asi es que los habitantes de 
esta orguUosa ciudad, que pasan 
por los gascones de España, ja- 
mas dejan de decir que los que no 
han visitado á Sevilla nunca han 
visto nada maravilloso. 

Todo, por todas partes y á cada 
hora, recuerda en Sevilla el ejer- 
cicio del culto religioso; desde la 
alba hasta la noche, ce oyen sin 
cesar las campanas de una iglesia 
ó de un monasterio, y cuando la 
noche ha estendido su oscuro man- 
to sobre toda la ciudad, roas de una 
vez es interrumpido el sueno por 
el monótono repique que llama á 
maitines de media noche á las 
pacificas reclusas de algún con* 
vento. Muchas calles de Sevilla 
han conservado, sobre todo en. la 
parte que habita el pueblo, todos 
los caracteres de las ciudades mo- 
fiecas. Aqui son las construc- 
ciones irregulares, bajas y angos* 
tas las ventanal. En estos cuar* 
teles no circulan coches,^el espacio 
es demasiado estrecho; pero se 
encuentimn en granf número» como 
en todas las enonieijadav de la ciu* 
dad, religiosos no enclaustrados. 



canónigos del cabildo de la metro- 
poli, frailes, legos que se pasesn 
de dos en dos por las calles en 
que lo permite su anchura; por en- 
tre ellas hay algunas tan estrechas, 
que ala vez se pueden tocar ambos 
muros. Los coarteles ocupados 
por loa habitantes opulentos son 
mas hermosos, casi todas las ca* 
sas contienen patios grandes ro- 
deados de galerías sostenidas por 
columnas de marmol, y en medio 
de este recinto hermosas fuentes 
de surtidores, en cuyo rededor 
se reúnen durante el verano para 
gozar de una agradable frescura 
bajo tiendas de campaña que de- 
fienden de los ardores del sol. 

En la ciudad moderna hay trein- 
ta parroquias, ochenta y cuatro 
conventos, veinticuatro hospita- 
les, dos seminarios y otras tan- 
tas casas de corrección, el alcá- 
zar con bellos jardines, la univer- 
sidad, la fundición de artillería» 
varios establecimientos de instruc- 
ción, una escuela de Umnnnaquia 
(para lo que los españoles son tan 
aficionados), las bibliotecas públi- 
cas y colecciones científicas, la 
casa de moneda, la fábrica de taba- 
cos y un cresidíiimo numere de te- 
lares de seda: asi es que el arzobis- 
pado de Sevilla es uno de los roas 
ricos de la cristiandad. No hay 
capital que pueda rivalizar coo 
esta noble ciudad, por el núme- 
ro de sus edificios religiososy por 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



171 



la magnificencia de tu ceostruc* 
cioDf la riqueza de sus deeoracio* 
nes y la pompa de sus ceremoaíai. 
Entremos á la Catedral. Este 
inmenso edificio está dividido en 
cinco naves espaciosas, y le dan 
luz noventa ventanas, cuyos vidrios 
superbos, pintados por un artista 
flamenco, están estimados cada uno 
en mil ducados. El altar mayor, 
construido sobre un pedestal de 
piedra negrai se eleva magestuo. 
sámente hasta la bóveda; cuatro 
órdenes reunidos de arquitectura 
se n^anifíestan, cada uno formado 
de seis pilastras, con cuarenta y 
cuatro nichos ocupados por cua. 
dros de relieve. £1 altar es de 
cedro, el tabernáculo de plata y 
con un eaadro del mismo metal 

. encima. Añádanse á estos esplén- 
didos adornos el oro, las piedras 
preciosas, las reliquias, los dones 
ofrecidos por la piedad de los cris, 
tianos, cuando se. vaciaron las ri- 
quezas del Nuevo Mundo en el te* 
soro de la iglesia, y se tendrá to- 
davía una leve ideado esta inmensa 
Catedral, á donde alumbran cua- 

. reata y ocho lámparas una sola 
capilla, á donde se celebran cua- 
trocientas misas cada dia, en 
ochenta y dos altares, á donde se 
emplean seiscientas personas en 
el servicio de la iglesia. El cua- 
dro hermoso que los estrangeros 
se detienen á contemplar junto á 
la pila bautismal» es San Antonio 



de Padua que pintó Murillo, d 
príncipe de los corolistas en 1656. 
El santo, incado y con los brazos 
estendidos, parece que se prepara 
para recibir al Niño Jesús descen- 
diendo del cielo, rodeado de una 
gloria de ángeles y de la luz mas 
brillante. La sala del cabildo po* 
see también varias obras maestras 
del mismo pintor, mientras que su 
San Leandro y su San Isidro her- 
mosean la sacristía. 

Sevilla ha tenido la rara felici- 
dad de poder sustraer á la codicia 
de las otras naciones una gran 
parte de sus tesoros, de sus mag- 
níficos cuadros, de sus reliquias. 
La mayor parte de las riquezas 
que sus enemigos hubieran llama- 
do con razón despojos opimos^ aun 
hoy decoran sus principales mo- 
numentos. 

Pero no solamente en la Cate- 
dral se encuentran las bellas pro. 
ducciones de los pintores mas 
grandes de España; las paredes 
del monasterio de capuchinos es- 
tán en cierto modo cubiertas de 
ellas, y el hospital de la caridad 
posee los depósitos mas preciosos 
de este gánero. Moitee hiriendo 
la rocOf el milagro de los panes y 
de los peces f Jesucristo en la piséis 
na, d hijo pródigo de meUa á la 
casa patemüf son obras maestras 
que las otras naciones tendrían 
por dicha poseerlas, y cuyo méri- 
to ha podido apreciar la Francia. 



)?2 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



Una de las glpriaa do Sevilla e« 
ser patria de hombres grandes; 
Murillo y Diegp Velazquez no so- 
lo dieron á la escuela española el 
resplandor mas vivo, sino que em- 
jrtearon constantemente el amor 
propio mas loable para enriquecer 
con creaciones de su pincel los 
monumentos d^ su ciudad natal. 

Allí nacié también Cristóbal Co- 
lon: su casa, deteriorada por las 
injurias del tiempo, sirve de mora* 
da á algunos gitanos» y la mala 
yerba cubre coa su poderosa ve* 
getaoion la fuente del patio, en 
cayo deredor reina todavía una 
beHa columnata de mármol blanco. 

¡Raro destino! el cuerpo del cé. 
lebre navegante no encontró, aun 
• én la tumba, el reposo que le ha- 
bía faltado durante los dias de su 
vida tan gloriosamente aventurada; 
transportado primero de Valladolid 
á Sevilla, se enterró mas tarde en 
la Catedral de Santo Domingo pa- 
ra ser al fin depositado en la Ha* 
bbna. 'Pero en la metrópoli de 
Sevilla, bajo la inscripción graban 
da para perpetuar la memoria de 
sus magníficos descubrimientos, 
están depositados los restos de su 
.hijo Fernando Colon, quien legó i 
la Catedral la biblioteca de veinte 
mil volúmenes que posee. 
' Nadie sale de Sevilla sin haber 
Tisitádo la torre Outrálda, de un 
estiló morisco, que elevándose ma<« 
' gestuosamente cerca de la Cate* 



dral, domina toda la ciudad* Se 
encuentra á sus pies, pero óoft una 
sola de sus numerosas fuentes^ d 
patio de loa Narai^f á donde los 
devotos musulmanes acostumbra, 
ban hacer sus oblaciones antes de 
entrar á la gran mezquita, por cu* 
ya profanación gimieron inútil- 
mente cuando Sevilla, tan largo 
tiempo ocupada por los moros, se 
volvió al fia á los españoles. 

Comenzada la torre Giralda por 
el árabe Gebor, no llegó al princi- 
pio á la altura de trescientos cin- 
cuenta píes que hoy tiene* ün 
pabeljon cuadrado de ladrillo pin- 
tado y embamísado con diversos 
colores, fué sn primer coronamien- 
to, y se terminaba por un pilar que 
tiene encima cuatro glot»os de hier* 
ro dorado, reflejando los rayos del 
sol y los blancos reflejos de la lu- 
na de todos los puntos del hoti- 
zonte. La crónica del reinado de 
San Femando refiere que nna de 
estas esferas era de un volumen 
tan considerable, que fué necesa* 
rio agrandar la puerta de la ciudad 
por donde la hicieron pasar. La es- 
tatua que eneiiM ostenta .actual- 
mente la torre Chráldaf no pesa 
menos de 84 quintales con sus 
adornos, unos creen recoisocer 
en ella el emblema de la ft, otros 
el genio de la ciudad; estas dos 
opíatbnes satisfacen igualmente la 
imaginación. 

Ün camino espiral, cuya pen- 



NASIO DE LOS Nlltoe. 



IT8 



diento oitá hfcbUmcnto gmdti- 
áut pettaite aübir á eaballo á la ci- 
mv de eale ¿donnmeñto noCabll», 
: deade donde abraea la Tiela no pa- 
ttMraiaa taa eneantadav» tfáé cuáa- 



do UMi deeoÍMide, en vaaobneea 
palabrae eapaeet de aignifioar la 
adn|(ril0Hm prcfdaeidf por tantea 
«nara/villaa. ' 



CARACTER^DE LOSgESPAÑOLES. 



!l; 



18 meneater reooraerla penia- 
aula española para formar una 
opinión exacta del carácter fiaico 
y moral de loa eipañolea. Cadtt- 
provinein ofiraee maticoe que r^- 
aaltah Mlicho ma.s que en loa otrda 
reinoa de Europa, porque la falta 
de índumriai ta'difieoItMi de laa 
cemimioacioneei laa bun^raa. na- 
tárales quf aeparaa4 lea f nebloe, 
aon otrea tantea obetáciiloa para 
.que ae .enlabien leíae relaoiones 
rauUiplkadaa que neaban pereat 
paffoíf en la peblaeieii de un pue- 
blo uÉ tinte unífettne» Baatr ae- 
eorrerila Eapafiar por dUerentea 
piprieaiparttAotaa ei talto Aeigádo 
y.la éarmonura deliriBcniíie^ la al* 
jtti nalatnra del;gállegie;y del cata. 
Ifa^elWgdadel eintéUkiúH.el^* 
iórtnetfeaía ;ddi bafaiftÉalé de Ea. 
tremadura, laa fonnaa envatitaa 
. delandidttk. >Ia paUdeK delvUiur* 
M*». "Laainim^reaen ffenenral 
eoode4NMn>eafrpo» yeaaítodai 
DoftáUearpof iiu gracia y agUMad{ 
«tti^eWr noMDD ea reiiltado |k)t 
'•kwbeia'det negao maakemoao) 



yi ai9 fiannon|i{a «^p^ea^va y anima- 
^/Bon^ibuye ffjacbo;4.1a reputfi- 
cíon que tienen de bonitas. La 
diferencia que ae obaerva en la 
^aenemia d« loa pneUoa de diver. 
sar proTíhciea; eriste igdalmente 
en el carácter moral. El Tizcai- 
fpoea ao^rbío^i iraaciUet col^icp; 
el gy^Uego ff triste^ Bqríot poco so- 
eíablei. pero laborioso, y lleno de 
valor; el catalán ei| v^lento, iad6« 
Oili infatigables el i^ragoi^es ^a 
adicto A sne antiguaa coatumbrea, 
j esfttt^iaiU porjiopaiK el cáete- 
Ikniíi. es gtwre^ aevero, . orgulloso 
y desenidftdo; el: hjibkaftiedii ja 
Bétcemtfdurá ee indolends y vaní- 
idoíío; el andalna^ Aqtüíen UamoAel 
gaaoon de. la £s|)afta» ie daikín- 
'.gao.por.aa acrogaaMa; el asoroiá- 
noy^lshto y peaado^ ea: et pueblo 
eoiat jgnosante y\ el maaaoapeebe- 
iooí de laP^anfaaulá; el viJencialiOy 
•'«lüáiMitffaBio» «ftiíncoilalaniey Ige- 
ifóf. ñlmfffff áfi^l6.:6 induMríoae. 
JBoikaiderado.aiiakBaat ae fsede 
deeia del ^biouÉapaftot Id quaídí- 
loiammea éapi^lfcB^iqiia iOl 



1^4 



DIARIO de: LOS NIÑO& 



fonda de su carácter es une^gren 
círcunepeecíen, el noble orgullo 
del honor y de la probidad, una 
constancia inalterable en ene em- 
presas y una especie de aversión 
á las novedades, cu3ra utilidad no 
■e le demueetra de una manera 
palpable. 

Dotado de un espíritu penetran* 
te, bubiera desde su renacimiento 
sobresalido en- el cultivo de las 
eienciae, si la inquisición no bu* 



hiera repéinido el impulso de que 
se sentía aaisudo háola Ja filoso- 
fia natural* 8a brillante imagi- 
Dación busca compensactenes ta 
el cultivo. de las Istias: los rornaa. 
ees mas antiguos pertenecen á la 
literatura española, y formaron 
por largo tiempo su principal ri- 
queza con los cantos nacionales 
que celebraban las gloriosas ha* 
zafias del Cid. 



GEOGiflAFIA ZOOLÓGICA. 



4Ua omnipotencia divfláa, ine(mi. 
prensfbte, creadora' del universo, 
al disponer la estructura de noes* 
tro globo, de modo que en «n obii- 
¿ua rotación ' estuviesen sus dife- 
rentes partes espuestat, anas mas, 
otras tteoiáe» á la aitoion de tos sa* 
yos solares, sometiéndolas almiis. 
me tiempo á temperaturas yá al* 
tas ya bajas, distribuyó Cambien 
una admirable armenia entre la in* 
tensidad de dicbas tempentueas y 

• lá distribujBion de Jos seras same* 
tidos á su influeneiai .; El CwnéBú 

- con sus aacbos pies^ sus siete es* 
, tómagee«>stt sobriedad» su pacien* 
-te sed, salo asiste en medio.de 

• arenales movibles» de dea|srto«árí. 
dos y secos» de «seledadesiafrica. 

rjel Torra^dé vielóscarieÉia» 
á aacavar la: tisera 



para encontrar debajo de ella un 
pobre alimento, se vé amarrado á 
la carretera del lápom la fi^thifa 
prolonga y adelgaaa su cuello pa. 
ra rumiarlas bojas de los gigun- 
tezcos palmeros del Asia« Otro 
tanto sucede entré la innameraUe 
población de los SMres. La de. 
mostración da este principio ba 
sido objeto de aaa mamona pre- 
sentada ¿ la acadeaúa da cienci^is 
de París por JIC. FaZé^icsénaes :ao* 
bre la ieldhyoUgiBL del áUánticót: y 
en particolar acerca de la de las 
islas Calarías, 

. Los soelogtstas, claaifiean en 
sus métodos los. seres . incontasla- 
Ues y variados que observan sobre 
la superficie de lajlíerra* Al lado 
de un tipo jde oif aaiiafiieA qva el 
ifta á api ftoitx» «pue- , 
I 



DIARIO I)E LOS NIÑOS. 



175 



eén Im iliyenios ettafitér«É e^n* 
bmados «atre tí hasta el infiaito, 
«Uniodo qutf tenwndo coottanU* 
meato á la Tleta el tipo, que es ea 
eierta maaerael priaeipio deaqae* 
llaéoemlMtaaetbn^Sy eacoatraíófaos 
una maltitud de seféS| difereates 
qae lieBea analogia eon el príaie* 
re^' : Si desenteadsroos de los pria* 
oi|iios primordiales á los apanda* 
ríos, observaremos qaé estas va- 
riacioaes se reproducen con bas« 
taate regularidad» para que pueda 
COBoceicse aquella analogía entre 
las diversas familias* Bsta ver» 
dad se ha demostrado coa respec- 
to á los mamíferos» comparados 
muchas veces bsjo este punto de 
vists. El estudie de la«ebA^oI($* 
gia (historia natural de los peces) 
ofrece á cada paso nuevas 6 ir re- 
cusables pruebas* 

Apreciando* coleotivaoMiite las 
especiea mas abundantes de un lo* 
cal determinade» se encuentra ia* 
d^daUemente la ventaja de no 
compreader ea su nomeaclatura 
y descripción mas que aquellas 
cayo estAbléctmtento es conocido 
por la presencia de un gran nú- 
mero de. individuos, evitándose así 
la introducción catre ellas de mu- 
ches animales errantes que toda* 
vía ao han podido fijarse eo-el pais 
qae se iateataexaminaf. Los pe* 
ese samioistran (recuentes ejem« 
ploS;dc hi neetsidad que bfy dt 



abhisalr las espeetes en masa« Al- 
gunos autores citan al TíhmmdB 
losaaiveganteB, á este cartilajtnos, 
tan oomun en todos los mares de 
la zona ecuatorial, como un pee» 
eado dal mtdUerránto. Pues bient 
hace BMiy poso tiempo que se bH 
averiguado que los individuas < de 
las diversas especies del TYiiinm 
eatraa ea :el medüerráneo»' Cpa 
efecto, algoaos propietarios do oM^ 
apiras (ensenadas disp.uestas pa^pi 
la pefca del aiun) observarmí ha- 
ce algunos años que ciertas ban- 
dadas de verdaderos Tiburaos sa- 
queaban sus redes, pero solo pu- 
dieron coger uno en Niee: poco 
después cayeron dos cqn anzue^ff 
en Cette, mas los pescadoras can* 
fosaron serles desconocido el 
nombre de estos grandes pescados. 
En Mar$eU^ se pescó un Bonito y 
un Dorado» y algunos Alanos ea 
los costas de Picardía, ó en laa' 
ComoMiUei. También se ha vis« 
to eoel Támesisuna CAeraa [jpe* 
cssinert] euya familia es sia la 
menor dada.amaricaiua,- y dos p«« 
ees descoai>oidos hasta ahora st« 
guie^Qa el ano pasado 4 un baqua 
hasta Portsmouth, en cayo pueito 
fiier<m cogidoi. , Pero todos estoe 
individaos aislados no paedea pffo«^ 
bar la eiüsteaeía ea nuestras coa- 
tas de la espeaie á que parteaém 
con» puse qae solo se Jes ve en 
ellasv c#pressntadoe por un númeso 
iMufioieato y pos lo 



wei 



DIARIO DE ]iOS NIÑD6. 



bí( ^MV pretender el difidro áéi 
etlaU«eíbiiéDto« 

. La multilod dé eolejdeicuie» k%* 
chas mi el médUánúweo, <qae ]>ar. 
tíeipH bastaiAe de las regiofiree sep-f 
Utitrionales per la« eepeeiét' qate 
atimentay pa^tkulanmerilé.tin Esf-' 
cflfo/ euyái formas yttolórer bri 
llfeúiréa pecbérdan kü pecee do lae ! 
mures iiitértrópiÍBale8;lel proltado 
j conecimientoéitivwftígaeióilselie: 
cháíB por ür. taléñcieñneí üdbre 
las especies deiafcostade Afrida^ 
de la' Ouineáf y .hai^ta el cafbo de 
Buena EsperantOf eénío ádmiam» 
loü trabajos qae lé hafl ftütnititstra* 
dt> yfürióü natufatistaíé fraiieeses y 
america'nos con' respectd á" las 
ceitts de Ameritadla espldráclotí 
de lasriberes ortenftiles del'éUMn- 
iko, del golfo de M&eieoX y de' littí 
AjvéÜlmSf y el estudio ^riéso é itt^ 
fattgaUe de • los peséiidds de ^Sü- 
Madb Rio Jantíró y de Montevi* 
deo/baa faeHitádo'á M. ViOénótoi* 
net el nooaoeiinienlo dé'2M á 
800>espeeiesi mas é meies 'di'8> 
tioCfiSQDMi deotrae» pféro enlM 
oualss han sabido establecer la fi: 
mBfMÁhickihyológieáúe cada una. 
Del Bstadifo de tan diversas cía- 
ses resulta, según la dootriba dé- 
este sáMto ueiuraliMa, que la costa 
de AfricU basta el t^ho de Buena 
Eipehmot ^niliené especies' se-' 
mojantes á' las del medümHnBo; 
que liw doi eoetiw dé Amérkia di* 
fierén mucho uñe deiotra, y una. 



jbwée fai'de ÁJrieat y que la «c&. 
^hydlégiá de Uis AntíUa9 puede e»« 
ítudiarse por lá dé la Asoérida «e« 
irtdionah Tal era el estado de 
¡nuestros conoeimieñtos histórico- 
kiuturáles acerca de las diferentes 
riberas del atiántícol 

Después de mueirás observiício^ 
nesíy en cuyos detalles seria- muy* 
Iprolijo detenernos^ JIf. Vát^neik^ 
nen creé haber establecido siu Qp<^ 
isiciob que las Qrtmdeg Ganaríat 
¡y otrai islas sepai^adas del aÜánH^ 
|co{&f AseenMton y Sfltua Elena^ 
aunque mas vecinas • á las «oi»s 
de Afrka que á* la» de América^ 
iabundaú especies que preslah á su; 
^íehthyólógia un eéráoter semejan- 
: te á lá dé las co8(ás:de la^^mériór 
meridiiMáí^ ■'''' 

• Lá espUeaeioft de tan «straña 
semejanza que se presenta mas 
naturalmente á la iqaagtnacion 
deí ñiieoy es que ooa preeirion 
debe buscartfe lá causa ea ka gran^ 
dea corrientes^ que atravesando el 
mar de Saf gaseo arrastran ea la 
impetuosidad lai ovas y otras pro- 
ducciones 'de las aguas tropioeIe< 
hacia el Norte^^ Bl OtUf^-Sireami 
abandonando la costa de .J^rie^ 
para invadir el atlántico, eoetea 
también la Asiéri^ y se divide «1 
remobteral Vn/ñé en des oorrieá^' 
tesr; une de ellas se dirige á loi 
mares de irlanda, y la otra, deér-' 
pues de estenderse delante de Par J 
tagátfVíélie hasta tai Cauárias^ 



DJJLBIQ DB LOS NIÑOS. 



179 



propio rescate yUpiomefla de 
una tregua de diex aooe* 

10 djt Abra 757,-^EI uso de loe 
órganos en las iglesias comensó 
en Compleja. 

El primer instrumento de esta 
naturaleza fué enviado á Pepin, 
padre de Carloroagno en 757, por 
Constantiao VI, emperador de 
Oriente. Al prineípitf seusó para 
acompañar el canto al unisono; 
pero la posíbilidi^d debida á este 
instruroealo de hacer oir varios 
sones á la vez, hizo inventar una 
especie de armonía para acompa- 
ñar el csnto» que se llama diafo- 
nUx, irífóniaytelrafonUti según era 
de dos, de (res ó cuatro partes. 
Este acompañamiento tosco gozó 
largo tiempo de un gran favor; 
pero en el siglo décimo sexto se 
introdujeron ^notables mejoras en 
la armonía. Franco, músico ale* 
man, imagmó la división de los 
tiempos mosicalés é úurentó mg* 
nos para designarla; esta inmensa 
perfección fué adoptada por los 
músicos de todos los países. Los 
instrumentos antiguos adquirieron 
mas eslensien y se perfebcionaron 
mas, se. inventaron nuevos instru* 
mentes, se establecieron escuelas 
de canto, y los reyes introdujeron 
fauces lefofOMis, en las músicas de 
9¡as c^piU^s. ... 

. Ifjfk este modo nació la música 
M oi^ctt inao^rfi con li|s prime- 
IM«i4i4es!4f»l:niwdpf heJ^iaii atra^ 



Tesado una larga serie de siglos 
en una especie de infancia; no ha- 
ce mas que trescientos años que 
el descubrimiento de la armonía, 
debida al órgano, la hizo repenti- 
ñámente crecer y perfeccionarse 
para llegar al apogeo á que al fin 
ha llegado* 

11 de Abril 1612.— Descubrí- 
miento de ía Florida por el espa- 
ñol Ponce de Léon. 

La historia abunda en hechos 
curiosos que muestran que el tra- 
bajo conduce á los hombres á des- 
cubrir la verdad aun cuando ellos 
no tienen por guia sino errores y 
preocupaciones. 

Una gran parte de la ciencia 
moderna es debida á sabios de la 
edad media, reputados por hechi- 
ceros mágicos, que buscaban la 
piedra filosofal, el agua de la vi- 
da, el movimiento perpetuo. 

Todos los hombres se asemejan 
4 los niños de ese labrador de una 
fábula de Lafontaine: removían y 
volteaban cada año el campo de 
su padre para desenterrar el oro, 
y hallaron ricas cosechas. Así 
es como el yiegero Ponce de León 
descubrió la Florida buscando una 
isla maravillosa, á donde la cre- 
dulidad de aquel tiempo habia co- 
locado una fuente de Jouvence. 

Esta rica y basta región poeei. 
|la por la España durapte tres ai* 
l^los, fué cedida 4 lofi Estadp»- 
Unidos en ]L91^« 



180 



DIARIO DfE LOS NIÑOS. 



IBdeAMl.'-El papa Julio II 
puso la primer piedra de la iglesia 
de San Pedro de Rema. 

Este magnífico edificio fué al 
principio comenzado por los di. 
bujos del Bramante, que después 



hicieron modificar por varios ar« 
quitectos; Miguel Angelo dio d 
plon que fué definitivamente se* 
guido; el Bermin^ le añadió el pe. 
ristilo, y Vignole las cúpulas pe- 
queñas. 



ANTES AHORA Y DESPUÉS. 



SI tiempo le ve retratado con 
exAotitud en las generaciones vi. 
iras; de raerte qne loa viejos re- 
pceaentanlo pasadoy los jóvenes 
lo presente y los niños el porve- 
nir. — AOISSOH. 

LA filosófica observación de un 
célebre moralista, que queda es- 
tampada como epígrafe del presen* 
te articulo, nos conduoiria como 
por la mano á entrar de lleno en 
aquella cuestión tantas veces agi- 
tada de la mayor ó menor corrup- 
cion de los tiempos; y después de 
bien debatida, sucederíanos lo que 
de ordinario acontece, esto es, que 
acaso no sabríamos decidimcs en- 
tre los recuerdos pasados, la ac 
tualidad presente y las esperanzas 
futuras. 

Lad mugeres, según la observa, 
cion también exacta de otro autor 
crítico, too las que forman las cos- 
tumbres, así como los hombres ha- 



cen las leyes; quedando ígualmen* 
te por resolver la eterna duda de. 
cual de estas dos causas influye 
principalmente en la otra, á saber: 
si las costumbres son úoicamente 
la espresion de las leyes, ó estas 
vienen á producirse como el rcfle* 
jo de aquellas. 

Parece, sin embargc, lo mas a« 
eertadc el cretr que este es un cír« 
culo sempiterno en que quedan abt 
solutamente confundidos el prin-« 
cipio y eLfin, pues si vemos mu* 
chos casos en que el legislador se 
limitó i formular las costumbres y 
las inclinaciones de los pueblos, 
también hay otros en que estos se 
vieron arrastrados por la alravida 
mano del legislador* 

De todos modos no puede negar- 
se que la educación es la base prin- 
cipal que sustenta y modela casi á 
voluntad el carácter del hombre, 
y de aquf la importancia de las le« 
yes que la dirijan; también hlübii 



DIARIO DE LOS NIÑoa 



ISl 



de €6nv«nírte tn que lai mogeres 
están llamadas por la naturaleza á ' 
prestar al hombre loa primeros cui- 
dados, & inspirarle sus primeras 
■eas&ciones, á desenvolver sus pri- 
meras «ideas; y he aqo} espUoada 
también naturalmente la otra ob- 
servación, 6 sea sa influencia en 
el futuro desarrollo de la sociedad. 
Todas estas y otras muchas ver- 
dades se ven materializadas, por 
decirlo asi» en cada país, en cada 
ciudad, en cada casa. Mas cuen- 
ta, que no á todos es dado el aprO" 
ciar distintamente el espectáculo 
que delante se les presenta, no to- 
dos saben adivinar sus causas, me- 
dir sus efectos, calcular sus con-* 
secuencias; el libro de la vida to- 
dos le escriben, muy pocos son los 
que aciertan á leer en él; y allí 
donde por lo regular acaba el ho- 
rizonte del vulgo, suele empeaar 
el del filósofo observador. 

11- 

„Miicho ñas locas las vUjas 
fien ea Madrid qae las moaa% / 
T e« natural porque llevan , 
Muchos mas años de locasJ* 

X.KOM DB ARBOTAL. 

Dfiña Dorolea VrniMa, de quien 
ya en otra ocasión tengo hablado 
4 mis leetores (1), era una señora 

(1) Véase a temo 2 del Paño- 
mma Matritense^ orHeuh itíMadoi 
dbssInssfsrMMS* 



que por mal de sus pecados tuvo 
la fatal ocurrencia de nacer «n los 
-felices años del reinado de Carlos 
III; y si bien esta circunstancia no 
fuese averiguada mas que de ella 
misma, y del señor cura de la par. 
roquiai y pafocieso hallarse des- 
mentida por las continuas modifi- 
caciones y revoques de su persona 
monumental, sin embargo, los ar- 
queólogos y amantes de antigüeda- 
des (que como es sabido tienen la 
descortés osadía de señalar fechas 
Jl todo lo que niiran) creyeron po- 
der arriesgarse á colocar la del na- 
cimiento de nuestra heroína á- los 
ssteota y isfnco del pasado siglo; 
mes mas ó menos. 

Nacida de pedrés nobles, y se- 
sudamente originales, en aquellos 
tiempos en que los españoles no 
se hablan aun traducido del fran- 
cés, vio deslizarse sus' primeros 
años en aquel reducido círculo de 
sensaciones que constituían por 
entonces la felicidad de las fami- 
lias; y el respeto á señeros padres 
y el santo temor de Dios eran los 
únicos pensamientos que alterna- 
ban en su imaginación con los jue- 
gos infantiles. Enseñáronla á leer 
lo necesario para- hojear el Dui* 
áerio y Electo y las Soledadee Ue 
la vida; y en ciianto á escribir, nun- 
ca llegó á hacerle, por considerar- 
se en aquellos tiempos hr plumai 
come arma peligrosa en las manos 
de una nrag er. No^bíen coaspM 



US 



DIARIO JDfiXOSNilíOa 



dooe años, y antes que la.riaon vi. 
mese, como suele, á pectUrbar la 
tranquilidad de su espíritu, íúé co- 
locada en un eco vento, donde a- 
prendió á trabajar mil primofosas 
fruslerías y á pedir 4 Dios. en una 
lengua que no. entendía, perdón de 
unos p^Qados que no conocía laou 
popo. 

. El amor paterno^ velaiido por su 
porvenir en tanto que ella dermia 
y crecía ^ el senot^e la mocean 
cia, oegocUba oon efica^ta un van. 
tiJQ^a roatriqnonio pfira auando^ile* 
ga^e el niomento de salar al mim» 
úof y no biea hubo cumplido los 
diejE y oebo aQoa d» .$^ edad, Uué 
vuelta á la casa paterna y despof* 
Bada de allí 4 po^oe- meses coniun 
hombre 4 quien ella apsMS ceno* 
oia, pero que tenia la ventaja. d« 
CAloearla en una brillante posición» 
y Añadirá sus apelüdos siste ü o-* 
oho «peljidos mas* 
■ Paséi poes, sin transición gra. 
dual, desde el dominio de la hei> 
mana ^auperíora al masipasittvo 
de| «narido^supaHoiu Porque es 
h^ qup se sepa que por ientóona^ 
todos If s maridoi U^ ersni y tenían 
mas punto, de contacte con la^ar* 
nugauqia da tea erabas, que con la 
a^o^nedatiata oolrtesaaía. francesa. 
./QoyjsafsJdoSi no sé si cottjrasoai 
de lo p^igraso i|aa as el aire K> 
bree ji el GgHHactH 4s(.1a8ociadMl 
4Japisfeaa de iaA.oastiinbi!ea.;fife« 
mnÜMh tis^ao.en.eiafSKBHuntf- 



tremo^ y convertían sus eaaaa 0n 
fortalezas, sus oMig eres en eacla- 
vas, y en austera obligación loa 
voluntarios impulsos del amar. . 
Ya se di'ja conocer, y.todaa am 
lectoras convendrán en ello, que 
sistema tan descortés aupona co- 
mo si dyéramos una sociedad tn« 
civilizada, una ilustración en man» 
tillas» y todas las jóvenes darán en 
el interior de su corazón mil gra- 
cias al cielo por haberlas hecho 
nacer en un siglo mas fíloséfieo y 
conciliador. Paro esto no es del 
caso, ni ahora la ocasión del abli» 
gado encomio del siglo en 4)ue vi* 
vimos; todo ello podrá tener su 
lugar ^as adelante, por ahora ha- 
bremos de reposar la imagiaaaioii 
en los üUimos anos del que pa^úi^ 
. .Nuestra bella mal maridada lle- 
vé con paciencia el primer año do 
aquel tiránico amor; en osle pun« 
to hay .que alabarla Ja. aoastaa* 
cia, que en el dia podria hacerla 
pasar por una nueva Penélope; . 
paro^ alfinriCl primer. año paco» y 
vino el segundo; y eoiónces oh. 
servó que su marido siempre era 
el misnio; un señor por otro lado 
muy formal y muy buen cristiano^ 
perosin capada ni radfiefllSA.ai bo* 
toaeade acero, ni Ruanho ceba en 
el pal«qe«a;r qyiQ entóooea las. mu.- 
geres se enamoraban de laaitalur 
oas» péaÉocftbov»áeaaaiaoran de 
laiteshasi ^Ibasrvóiqiie 4:suiodad 
(que tenia ya vaíaio voB«i|4idoll) 



■■!■. m . - ■< . ■■ -.e f 



DIARIO de: los KIÑa& 



IM 



tpdavi4 no «abia . faiiUr •! bolerot 
ni caatKT iatimna, nihabíapodído 
tomar . partido entre Gostiliarea y 
Romero, ni aabia qué eoaa era el 
arrojar eonfitea á Manolito 6ar« 
oíb;I cúsaa toda« may puestas en 
rason, y que para serTÍrmo de una 
eapresion galo^^modema, ,hamm^ 

furor por aquellos tiempoe de gra« 
oía. Advirtió. que so oasa era 
aienipre sa casai y las Teatanas 

• siempre con eelosias, y el perra 
siempre acostado á la entrada, y 
el Rodrigón siempre en acecho á 
la salida, y los muebles siempre 
silenciosos, y los libros aieropre 
Santa Teresa y Fray Luís, y las 
estampas siempre el H^o pródigo 
y las Bodas de Oaná. 

Por algunas eepresíonet sueltas 
de algunas amigas (que nunca faU 
tan amigas, para Teñir á enredar 
lae casal) llegó ¿adivinar que e«« 
tramuros de Ja suya' habla alguna 
otra cosa que no era ni sil marido, 
ni si^ pájaros, ni sus celosías, ni 
sus tiestos, ifi sus l^tnum orudit 
ni- sus San Juanitos de eera. Su- 
po que habla teatros y toros, y 
meriendas, y Prado,V tbates y de* 
vanees; y como la priraeion ee 
salsadel apetito, rabió por loe aba. 
toe y por las meriendas, y por el 
Psado y por los toros, y por la co*' 
media y por los devaneos. 

Pero &: todos* estos eetrafios de*' 
seos hacia 'fVento la fas austera 
del esposo, que rayando en una 



edad avaniada, y práetioo >conoea« 
dor de los peligros mundanos, ao 
consideraba en el deber de apar- 
tar dé ellos con vigilante constan- 
cía á su joven compañera, sin quo 
esta' por su parte ae lo agradeeie- 
se, como que aolo veia en ello uv 
exceso de egoísmo, y una fimpta^ 
oalfle manía de üiercercon ella si» 
conyugal autoridad, 

Dssengaüada, on fitl, de la-liHi- 
tiltdad de eusiosAiersofl para que-* 
brsntar euaodiosae Cadenas, hubv 
de confomarse al lediioiclo' cf r^a.^ 
lo de eus obligacionee domésticas.^ 

Por fortuna el amoc maleraal' 
pudo hacerla mas -balagéeña su' 
esínencía:' trii' hermosos niñea 
vinieron sucesivamente á endul- 
zarla; orlábales ella mismas porW 
baberée establecido aun la funes. 
ta moda quo rbleva á las madree* 
de este sublime deber; vivia con^ 
ellos y para ellos, y tus gracias 
inocentes casi la Uegaron á raeon* 
ciliar con unos lasos * que 'antes' 
miraba domo tiránicos y opresivos.^ 

Desgraciadamente de estos trer 
niftóe desaparecieron ' dos, antee 
queja muerte arrebatase. tambienl 
al papá, y cuando este acontecí*,' 
miento vino a cambiar la eaisten«^ 
ciado nuestra heroma, quedó esta 
á los cuarenta y ocho de au edad, 
con una sola niña de quince abri- 
les que tevelaba ala niamá en sus 
linda» Acciones una verdad que' 
apenae háUatettido bigardead-' 



184 



DURIO DE LOS NIÑOS. 



y^tÚTf «eto esy qao ella también 
había sido hermoio. 

Las tnugeres en general suelen 
tener dos épocas de agitación y 
de ruido; una cuando en la prima- 
vera de la edad recogen los obse* 
qujos que la sociedad las dirige, y 
otra euando vuelven á recibirlos en 
U persona de sus bijas. La ma* 
má de que vapios hablando, por 
las razones. que quedan dichasi no 
había tenido ocasión de disfrutar 
de aquella primera época; pe* 
ta nada la impedía aprovecharse 
de la segunda. T como es ana 
observación generalmente constan* 
ífi que el que ha sido viejo cuan» 
do joven, suele querer- ser joven 
cuando llega ¿ viejo, déjase conocer 
la buena voluntad con que aprove* 
cbari$ la ocasión de rendir al mun- 
do el tributo que tan sin su volun- 
tad le habla negado en tiempo. 

ELscudada con el pretesto de la 
hija, q^e siMle ser en madres ver- 
dee el salvo*conducto de su ridi- 
cula disipación, halagada por . la 
&rtuna cen una brillante posición 
social» dueña ol>eDlutamente de su 
persona ^ y. de sus bienes, y tQdavia 
no maltcyitada por el medio siglo 
que disimulaba su espejo, trató 
de indemnizarse de las privaciones 
pasadas por las delicias presentes,. 
Abrió su Cfisa á, la sociedad, y se. 
relacionó con las mas elegantes 
de la corte; dio bailea y cpncter- 
tos, visitó teatros, dispuso giraa 



de campo y. Incidas cabalgatas, 
observó basta la estravagancia loa 
mas estraños preceptos de la mo« 
da, y como esta lo autorizaba y su 
posición lo permitía también, supo 
fijar al dorado carro de su triunfo 
y disputar á su propia hija rail ado* 
redores, que suspiraban por loa 
bellos ojos de su bolsillo, y que 
ofuscados por su esplendor, sabían 
disimularla sus postizos adornos^ 
su incansable é insulsa locuacidad,' 
su dominante altivez y fus volunta^ 
riosos caprichos» 

El tiempo, sin embargo, iba im* 
prtmiendo su huella cada dia mas 
hondamente en -aquella agitada 
persona; pero ella, tenazmente 
sorda á sua avisos, disputaba paso 
á paso al viejo alado la victoría^.en 
térmmosque á creerla, tenia el sin- 
gular privilegio de caminar hacia 
BU origen, pues si un año confesa- 
ba cuarenta, al otro no tenia mas 
que treinta y cinco, y al siguiente 
treinta y dos, basta quo se plantó 
en veinte y nueve, y ya no hubo 
forma de hacerla adelaoitar mas»..: 

A la implacable rueca de las 
parcas oponía ella las tijeras de la 
modista, y la m^dia casa del pelu. 
quero, y las preparaciones del quí* 
mico; allí donde anochecía • m» 
diente de amarillento hueso, la iUf 
dustría cprria presurosa 4 colocar* 
la otro de oro purísimo y mar^l; 
alU áfinát empezaba á amanecer 
la blanca cabellera, el arte sabia 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



IB& 



correr el dentó velo de ua elegao- 
te prendido. 

• •.M»¿Quieb hay 
que cuente los embelecos, 
los rizos* guedejas, monos 
que están diciendo: MemeniOf 
calpaf que ayer fuiste rato 
aunque hoy eru tercwpdo?^^ 

BUa, en fin, era un códioe anti- 
gilo,' toídadoámmente encuadernar 
do en magníficíí cubiéria; "uñ ¿ua* 
dfo def Ticiano. restaurado por 
manos pró&nas; casco, viejo y ca- 
renado como aquél en que el in 
mortal Téseo marchó á libertar á 
losatebienseadel tributo de Minos, 
del cnal se cuenta que fué conser- 
vado por estos en señal de venera- 
ción, reponiendo continuamente 
las piezas qué se rompían, en tér*. 
minos que después de. nuev6 siglos 
siempre er¿ el misttio» aunque ha- 
bia desaparecido del todo* 

No sin ocuUoa celos esta arro- 
gante mamá veía crecer y desen* 
volverse diariamente las gracias 
da. Margarita (quéi así se llamaba 
]a< niña)^ y' róas de una ocasión 
llególa disputarla, con grandes es* 
fuerzoii, tal cual conquista que. ella 
había hecho sin nin^no. ' Bien 
hubiera deseado ocultarla á los 
ojos del mundo como un argumen- 
to vivo de su edad, 6 como un for- 
midable contriste de sus artificia- 
les perfecciones; pero entonces se 

hubiera ella misma condenado á 
T. m. 



igual reclusión y silencio* Mas 
fácil era hacerla pasar por riobrí. 
na 6 por hermana menor, afectar 
con ella la mayor familiaridad, y 
renunciar á todo respeto; dismi- 
nuir sú brillantez con la sencillez 
de sütrage; dejarla correr con sus 
amigas distinto rumbo y diversas 
sociedades, y evitar, en fin, todo 
término posible de odiosa compa- 
ración. 

Las consecuencias naturales de 
semejante sistema no se hicieron 
esperar por largo tiempo; desam* 
parada la joven de la tutela y del 
! escudo maternal, entregó inadver- 
tidamente su corazón al primer 
pisaverde que quiso recogerloi y 
le entregó con tal verdad, que ha- 
ciendo frente á la terrible oposi- 
ción de la madre (que quiso entén» 
ees usar de un derecbo á que ella 
misma habia renunciado con su 
conducta), é impulsada por el pri- 
mer movimiento de su pasión, im^ 
ploró la protección de las leyes pa- 
ra aatisfacer su voluntad, centra- 
yendo matrimonio con el susodicho 
galán; y mientras eslo sucedía, la 
mamá, libre ya abaolutaroente de 
toda trava y responsabilidad, se 
propuso dar rienda suelta á sue 
caprichos y disipación, llegando, 
á lograrlo en términos que solo 
fué capaz de atajarla una aguda 
pulmonía, que supo aprovechar la 
ocasión de la salida de un baile, 
para llevarla aún cubierta de flores 
24 



186 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



á las afueru de la puerta de Fa«a> 
carral. 

III. 

9,Ya la notoriedad es el roas 
noble atributo del vicio, \ nues- 
tras Julián mas que ser mala» 
quieren parecerlo." 

JoTfiLLAXOS. 

Dicho 80 está lo importante á 
par que difícil del acierto en la e- 
ducacíon de una muger. Hemos 
^ visto en el ejemplo anterior las 
consecuencias de la excesiva sus- 
picacia paterna y de la opresión 
conyugal; pero antes de decidir- 
nos por el opuesto término, bueno 
será fíjar la vista en sus naturales 
inconvenientes. Y las siguientes 
lineas van á ofrecernos una prue. 
ba mas, de que así es de temer en 
la muger de estremado rigor y la 
absoluta ignorancia, como la falsa 
ilustración y una completa líber, 
tad. \ 

Heñios dejado á Margarita en 
aquel momento en que colocada 
por su matrimonio en una sitúa 
cica nueva, podia tomar su. rumbo 
propio, y reducir á la práctica el 
resultado de su educación y sus 
principios. 

Poco queda que adivinar cuáles 
serian estos s¡ traemos á la mé- 
moría el ejemplo de la mamá y las 
apasionadas exageraciones que no 
podría menos de escuchar de su 
boca, contra la lígida severidad de 



sus padres y de su esposo. Aña. 
dase á esto el continuo. roce con lo 
mas dicipado y bullicioso de la so. 
cícdad, las conversaciones hala« 
güeñas de los amantes, las pérfi- 
dos confianzas de las amigaR, y la 
indiscreta lectura de todo género 
de libros; porque ya por entonces 
las jóvenes á vuelta de las Veladas 
de la Quvnta y la Pamela de JLn- 
drews^ solían leer la Presidenta de 
Túrbela la Julia de Rousseau. 

Por fortuna el carácter de Mar- 
garita era naturalmente inclinado 
á lo buena, y ni las lecturas ni el 
ejemplo, pudiera llegar á corrom* 
per su corazón hasta el estremo 
que era do temer; sin embargo, la 
adulación continuada hubo de im- 
primirla cierto sentimiento de su- 
periorídad y de orgullo, que veia 
celebrado con el título de „ama- 
ble coqueteiia;" la irreflexión pro* 
pia de su edad y de sus escasos 
conocimientos pudo á veces ofus- 
caria contra su verdadero interés; 
y esta misma veleidad y esta mis- 
ma irreflexión fueron las que la 
guiaron, cuando desdeñando otros 
partidos mas convenientes, dio la 
preferencia al joven que al fin lle- 
gó á llamarla su esposa. 

Era este, á decir verdad, lo que 
se llama en el mundo una conquis- 
ta brillante, muy á propósito para 
lisongear el amor propio de Mar- 
garita. Joven, buen moiso, alegre, 
disipador, sombra fatal.de todos' 



DIARIO VE LOS NIÑOS. 



187 



loB narídofy grata ilasion de todas 
las mugeres, cierto, que ni por su 
escasa fortuna, nrpor sus ningunos 
estudios, ni por su carácter incons- 
tante y altivo, parecía llamado á 
conquistar entre los demae hom- 
bres una elevada posición social, 
y que hubiera representado un pa. 
peí nada airoso en un tribunal ó en 
una academia; pero en cambie, 
¿quién podía disputarle la ventaja 
en un estrado de damas, siendo el 
objeto de su admiración* 6 cabal- 
gando á la portezuela de un colche 
sobre un soberbio alaban? Estas 
circunstancias^ unidas ¿ su buen 
decir, sue estudiados transportes 
y su tierna solicitud, fueron mas 
que suficientes para dqpiinar un 
corazón infantil, y alejar de él to- 
da idea de calculada reflexión. 

Pado, en fin, Margarita ostentar 
sujeto al carro de sil triunfo aquel 
bello adalid, objeto ^de la envidia 
de suB celosas compañeras; pudo 
al'fin pasear el Prado colgada de 
su brazo, llamarse por su apellido 
y darle de paso á conocer á él mis- 
mo la superioridad á que le había 
elevado, y el respeto y el amor que 
le exigía en justa retribución. 

Las primeras semanas no tuvo 
poi* cierto motivo alguno de queJA 
de psrte su esposo; antes bibn 
calculando por eléas, no podiamé- 
nos dé prometerse una e^tei^ía : 
detoatstitbs ydaipas. Siguiendo 
on I» todolaa magmas de la mo*.j 



da, ella era la que recibía las visi- 
tas, ella la que ofrecía la casa, ella 
la que reñía á los criados, ella la 
que disponía los bailes, ella la que 
presentaba al esposo á la concur- 
renciá, ella, en fin, la que domina» 
ba en aquella voluntad en otro tiem. 
po tan altiva. 

Entre tanto la suya se conserva- 
ba perfectamente libre, sin que nin. 
guna observación ni la mas míni- 
ma queja, vinieran á turbar aque- 
lla aparente felicidad. Margarita 
(en uso de los derechos que nues- 
tra moderna sociedad concede tan 
oportunamente á una muger casa* 
da) pudo desde el siguiente día de 
su matrimonio entrar y salir cuan- 
do la acomodaba, recorrer las ca- 
lles sin compañía, visitar las tien« 
das, pasear con las amigas á larga 
distancia del marido; pudo conver- 
aar con todo el mundo con mayor 
faknillaridad y descoco, y dar 4 sus 
discursos cierto colorido mas es« 
presivo y malicioso; ningún capri- 
cho de la moda, ninguna estrava- 
gancia del lujo estaban ya veda- 
das á la que podía titularse señora 
de iu casa; y cuando i vuelta de 
pooas semanas advirtió, ó creyó 
advertir, los primeros síntomas de 
su futura maternidad «••• ¡oh! en- 
tóaces ya ufi hubo género de im» . 
pertinencic^ que no estuviese en el 
órdedi capricho alguno que no se 
cpavirtiese en i}ecesídad. 
Llególa es fin, después de nueve 



y 



IM 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



mésesele saetoi y'mnsabare», el 
f uepirado momento del parto. • • • 
¿Santa Dios! todo el colegio de S« 
Carlos era poco para semejante 
lance. • • .pero en^fln, la naturale 
za, que sabe mas que cien docto- 
res, no quiso que estes se llerasen 
la gloria de aquel triunfo, y áiites 
que ellos acudiesen á estorbarla, 
salió á luz un primoroso pimpollo 
dé muchacho, que fué recibido con 
sendas aclamaciones dé toda la fa- 
milia; y reconocido y bien mano* 
seadd por una vecina vieja, se vio 
saludado por ella con aquel após. 
trofe de costumbre: „clavaditb al 
padre, bendígale Dios." 

Al siguiente dia se celebró el 
bateo COR toda solemnidad, y ya 
de antemano habían mediado acá. 
loradas disputas sobre ef nombre 
que le pondrían al muchacho; vol- 
viéronse á renovar aquella nocbe, 
y toda ella la pasaron el papá y la 
mamá haoiendo calendarios, pues 
que el común ya no sirve grno par 
ra ¿entes añejas de suyo, retrógra- 
das y áití pizca de ilusúacion. Bien 
hoíbiera querido el piipá,. á qaien 
alguna colase lo alcatzaba la^hís* 
torÍB, haber impuesto al joven in« 
fante alguñ n6mbre sonoro y de es- 
peranzas, como Bscipíeta ó E^a* 
minond'as; mas porqve tanto la 
mamá aborrecía de muerte á grie. 
gbs y tómanos, y estaba mas bien 
por los Ernestos y los^ Maclovlas, 
y otros nombres asiy- «anMbíks, 



mantecosos, y que naturafanenté 
llevan consigo mayor sentimiento 
é idealidad» Y como en clisos se. 
mojantes la. tufluencía femenil ra^ 
ya en so mayor altura, no ha^ ne« \ 
cesidad de decir mas, sino que 
Margarita consiguió su deseo, y 
que el chico fué inaugurado en el 
fantástico nombre do Ártu^. 

El amor maternal es us senti. 
miento tan grato de la naturaleza 
que cuesta mucho trabajo á< la so. 
ciedad el contrariarle; asi que oués.' 
tra joven mamá' en los primeros 
momentos de 'su eñtnéiasmo, casi* 
estuvo determinada á criar por sí 
misma á su^bijo, y como que sen. 
tia una nueva ezistsncia al.apli. 
cario á su seno y comnnicarle so 
propio vivir; pero la moda, esta' 
deidad altiva, que no sufre contradi, 
diceion alguna de paite de sus a- 
^doradores acechaba el combate íñ* 
terior de aiquella alma ajg^tada, y 
apareciendo repentinamente sobre 
el lecho, mostrd á su esclava la. 
soducloni<:fas, ytaeavoz fuerte y. 
apásioDada«^,4qu6>vas á hacer,; la 
dijo, joven 4eidád« á quien yo me* 
cet^plasco en;prs8entar por ihode^ • 
lo á mis numerosos adovadoresl. 
¿vas á rennnetar á tu libra exíaleh. 
cia, vas á tvocartua galas y tus tom 
cades, tus fiestas y.dtversiones por 
esa oeupa^iott .material y msbásíi* 
ca, que ofiMcaadO' tit esfrisiulor pce^ 
senté, sompsoaiiftatafiibienias.ss. 



DIAftia D£ LOS IflÑOS. 



)9f 



lof f ittsabor^s y prWacioAe» qoe 
te «guardan» ígnoraa el ridiaulo 
que la saciedad te promete* ígna- 
raí» en fia, que to propio eepoeo a* 
caso no labrá conciliar 0OK1 tu es- 
plendor ese que tü llamas imperio- 
so deber, y acaso riendo marehi« 
tarse tus gracias • • •?*' 

„No digas roas," prorrumpió a- 
gitada Margarita, no digas mas; — 
y la vea de la nataralesa se abo- 
gé en su pechot.y el eco de la mo- 
da resonó en los masfecóndiioa 
secretos de su co^razoo* Impalaa* 
da por este movimiento tira del 
cordel de la campanilla, llama á 
su espeso, el cual sonríe á la pro- 
puesta, y conferencia, cea ella so- 
brs la elección de madr« para su 
hijo. Cien groseras aldaaaca del 
valle de Pas Tienen á ofrecarse. pa- 
ra este oléele; al facultatíyo oUge 
la ma4 sana y robusta; parola ma- 
ná no sírre á medías á la moda» 
y escoge la mas linda y eabelta) al 
momento tmécanse so :groa0raaa.. 
galejo en ricos masteoi. de alepín, 
y terciopelo con írai^a de oro; su 
eacaso alimento en mM refinados 
caprichos y fpluntariosef antqif>«t 
y cargada coutla chilce esperaoaa 
de .una elegante fawlíav puedapa- 
eearte libremente por callee y pa* 
saos, y iretoaar^pon suspaisanofsn 
la Virgen del. ^u«vt^ y fü^putar 
coa «uc> compañeras en la plaiue. 
la de Santa Cruz, 

He ciMk maieimpiidoievmaidra 



Margarita,, y mukipjiiaar en pacos 
añqs su desoendfociap Ucnaiulo U 
casa da Ckuvlkm y IZe^mis» 4n 
mtiU^at y FkettommdQtt con otnia 
nomibres aaí deseaterrados de la 
edad media, que daba« & la famii« 
lia todo el colorido de una Uyendk 
del siglo XUL Y basta en esto 
se pareaiala casa afea dramaamo* 
demoe, ea que no babia unidad da 
noción, porque el.pspá^la.malnáiy 
los nidos formaban c|i4a ano la au*. 
y^ apartei tanimiapakMUsnte^^cíii: 
relacípii, que serin de todo punto, 
imposible el seguir siquultáneamaa* 
te«u marcbíi* . . . 

Porque ei noK empaMaemos en. 
seguir al pap^ ie T4iiiaffv>«.ya dee« 
denandq l.i|.coipp9iiíasde en esposa, 
como cosa plebeya y- anticuada» a^- 
bandonar día y noche su cjiaa» coc^ 
rer- coa otros cfklabaras. lo^fbailea: 
y tertnlia% sosteper lamosa del 
jo^go^. Rroseguiv 91^ cookquiati^s;! 
entoblí^ y dirigir pfiiQtidM ria 9Ml> 
y viagM al eslrftngerflt y níi^mMi 
oca su espora .una €d<Kaaiiiei;f0itfr 
aaaía^ entrar .4 üiaitarla.^acqrtmon 1 
nía, .y rara roa, ó. ialud^ila ^rtM-. 
monte en al pacaoi ^ subijr: A >m* 
pidco.en el eatr/^actq de ICi ^rp*; 

i;^ fMpoea por su lado no* off%o 
ojavft «1 : cfpefltáqnlo no. üDéaaa 
dj^K» doi obpervfir; qcapada gran. 
piu^e.4a la m^iMia en dsMir 91MI) 
la;modijit|i sio^a la frrma da Jai. 
miogiMi 6:#l calor.del sombri(rillOy> 
enlMgad^ daepoea eii.iianos;de:ia. 



i90 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



^laqtt^ro miéotrat hojeaba con 
mtdrés el Caumer de* SáUmB ó el 
último cuento fíJo«óñeo de Baltac, 
el resto del dia empleaba 9ti reci^ 
bir las visitas de aparato, en nrar^^ 
murar cóñ las amigas de las otras 
amígeii» en eseuehar Iqís amorosos 
suspiros do los apasionados» y aiin* 
que riendo de ellos en el fondo de 
sii óoraKOOf ostentarlo^ 4 su lado 
etiel piasebyen la tertnlia» en el 
. teatroy'y TÍTir^ en fin»- únieameote 
parapt mundo, ^eslerior; represea- 
tmndoino sin trabejoel diiofl pa» 
peí de dama á- lemoda/ 

Fina y delicada es la obsei'va* 
oionque «úestro buen'JoTetlanos 
cónirigtló en el betllsimo' -terceto 
queárftte queda icUado:- hi moda 
y Idfi pr^eéj^tÓB del gran mundo 
obligan á ihn^hiÉr fnügei'és á a|^- 
rentÉT' litr que no sofr, al paeo qbe 
fllrór^ullo y el amor á la índepen-- 
déttcié-; suelen á veces seti los es. 
dlfd<M' dólá vlrtüfd» si eá (fue éea 
^irtttd^tqboDá San disfi^ada qué. 
pMíftttfPa' ecultárM á los. ojee del 
mundo, y i&aífif abi^iamenteiun 
cMHMfíé^Éistema.'^ iGfande* «rr^r 
elMáí lá'tílugifr ito Xét^it eti tettentá 
lai' «piiriéMiáii;' pues> f ae maír ve^ : 
cee'ísttele jezgüraíe' por estai^- y 
dbiflótto'todeB leen en éMnteríor 
dó-'tti dbirazbn, no todos llegan á 
ditlngaíría teaíidad d^ laikisióA,. 
lÉi '«ónaéenencia del vítfio, ée*'l** 
<|de solo ei^iiaíeidá del iihyévio^<i«> 
laiinoda.' Tnunque.ee me to»^* 



je de la maaíg de citar dichos 
ágenos» no quiero dejar de hacerlo 
aquí con unos bellísimos versos de 
Tirso de Molino que espresan este 
pensamiento. 

„La muger en opinión 
mucho mas pierde que gana 
pues son como la campana, 
que se estiman por el son." 

• Margarita tenia, como queda di» 
cho, un coraaon excelente, amaba 
á su marido y ¿ sus hijos, y mas de 
una vez hubiera deseado disfrutar 
oon ellos de aquella paz domésti^ 
oa, única verdadera en este mundd 
engañador; poro el ejemplo de su 
esposo por un lado, la adulación 
por otro, triunfaban casi siempre 
de aquellos sentimientos, y á pe- 
sáY.suyo vedase arrastrada en un 
torbefltno de difidil salida. 

Pava conservar le que ella lia» 
n;iaba su independenoia, yquemae 
pudiéramos apellidar vasallage de 
la moda, habia apartado'de- su la- 
do á les dos únicos niñoe que la 
quedaban, Arturo y Carolina, do., 
locándolos en elegantes colegies^ 
donde pudiesen aprehder lo que^ 
ahora se enseña. De esta mane*, 
ra se privó volnntaritfmente de lo» 
, puños. placeres de la maternidad, 
y sus propios hijos, cuándo por a* 
(Hiso ^Han verla, la miraban coa 
la eslráfieéa y onmplido qoe era 
jconsiguíente. 

No ptf6^<(iií en deseollsueloi el 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



191 



espoio qae hasta allí: había dado 
libre rienda ¿ sui caprichoi sinñ* 
jaree en aínguno» Jlegó á apaaio* 
narte verdaderamente de otra niu- 
ger, y á hacer sentir á la propia 
toda la inconveniencia de su exis- 
tir. Margarita, porel eétremo con- 
trario, ó sea que la edad fuese des- 
envolviendo en ella sus inclinacio. 
nes racienales, 6 fuese el senti- 
miento natural de verse suplantada 
por otro amor, vio renovarse en su 
coraason el que le inspiraba su es* 
poso. Este por su parte, para li- 
brarse de sus importunidades la 
echó en cara su disipación y Hge- 
rosa anterior, el abandono de sus 
hijos» las injurias que la edad y la 
tristeza imprimieran en su sem- 
blante, y en fía, no pudiéndose re- 
signar á esta continua reconven- 
ción, huyó del lado de su esposa 
dejándola abandonada á su deses* 
peracion y i sus remordimientos. 
Quedóla, pues, por úniqo con- 
suelo el cariño de sus hijos;, pero 
estos apenas la conocían ni la de- 
bian nada, y por conaecuenoia ao 
la tenian amor. Por otro lado^ e- 
ducados con aquella independen- 
cia y descuido, era ya difícil va- 
riar sus primeras inclinaciones, 
darlesá conocer mas sólidas ideaa» 
Arturo era ya un VQuehaebo f&tuo 
y presumido^ charlatán y penden- 
ciero, que saludaba ea francés, 
cantaba en italiano, j esqribia á la 
inglesai que llamaba de; til á su 



mamá y terciaba «n tódkaiieir'cloii*! 
versaeton^ssi'qtie huía de ios «9«^* 
chachos, y, h^ hbtebres huian* de* 
él; que retozaba con las criadas, y 
alborotaba en los cafés, y bailaba 
en Apolo y fumaba en el Prado, y 
en'4odaS partes era temido por su 
insoportable fatuidad. Carolina 
era una niña prematura, apasiona- 
da y tierna pqr eetrerao, qa^ Mera- 
ba.sin saber por qué, y ^a miralMt> 
al espejo, y dormia los ojoS| y ^a^ 
biaba con .^1, y chüjaba al nv un; 
ratona y aplaudía en lqsdr|ij|ias:kp». 
escena del veneno, y se enamora- 
ba de las estampas de lea libias» 
y se ponia colorada cuando la ha», 
biaban de muñecas y bordados, y. 
cfmtabacen espresion el ien0ro- 
ogeUo y el morir p^4e* i * 

Margarita vio entonces de llenf»! 
todo el horror áp su sittta4DÍoa« y 
tembló por ella .misma y por sus 
h^os. Vio en Arturo ^na fiel 
continuación- de la imprudencia de* 
su esposo; vio; en Úarolipa un es- 
pejo fiel de su propia imprudei^icia» . 
se vio ella misma victima del ejqm* . 
plq d€| 4u madroi mo.delo que 'deja- 
ba 4 sus hijop; y no pudtcndo re^.. 
sistir .á estai ^ terrible idea^ siicun;i f « 
bió depiUíá|>ocQ, dejáodoloaaban- . 
donados, ep el mar procelo^o^de la 
vjda. 

Lví. sociedad empero .f acogió Mpt 
herfiácia, la tnapiró. «{U^ ideiuir U^. 
comunicó {Sua.ÜJiaio^a, y cpi^-, 
bflO^ia mi9^elado 4 la ,(^bue]a y 4;la 



DIARIO D£ LOS NIÑOS. 



nuMhre, moMó Ui&bíeo i los nte» 
toc^y estos ser^íráii do fiol contk* 
luiaoion de«q«etdranitt y no hay 



qae dudwio, lo que fo6 anieSf y lo 
que es ahorá^ eso mismo será dss* 
puár. [Panorama MátríteMe.] 



Ifna casa de cristoL 



Mr» Furetíere nos ha dado la 
descripción de una casa muy cu- 
riosa dé verano, que se ccmstruyó 
para el rey de Stam en uáo de sus 
sitios reales. 

Las paredes, el cielo raso y el 
pise son de pedazos de cristal de 
una pulgada de espesor y de seis 
píes en cuadro, ajustados perfec- 
támente con una especie de arga- 
masa tan tra^parcüile eomo el ^is. 
mo cristal, do modo que no puede 
penetrar por ella la mas pequeña 
partfoula de agna. 

Hay en este caprichoso edificio 
una sola puerta, la cual se cierra 
asimismo tan ajustada, que tampo- 
co puede el agua introducirse por 
ella.; 

Todos los muebles que contie- 
ne, como mesaé, sillas, dcc, son 
también de cristal. El autor de 
este intento se dice que fué un in- 
geniero chino, el cual se propuso 
proporcionar por este medio un 
sitio fresco á aquel soberano para 
preservarlo de* ios insoportables 
calores de tan ardientis clhna. 

Esu casa 6 pabellón, que ten- 



drá veintiocho pies de largo y dies 
y siete de ancho, está colocada en 
el centro de mi gran estanque con 
el suelo de mármol de varios colo- 
res: en menos de un cuarto de ho- . 
ra se llena de agua e9i9 recipien- 
te, y se puede vaciar en el mismo 
tiempo. Luego que el soberano 
ha entrado en aquel pabellón de 
recreo, se ^cierra la puerta y se 
pegan sus junturas con la argama- 
sa de que se ha hecho mención; 
se abren las esclusas, y al momén* 
to entra el agua en el estanque y 
cubre el edificio de cristal por to- 
dos lados, escepto por la parte cul- 
minante del techo que queda a- 
bierta para renovar el aire y rea- ' 
pirar libremente. 

Añade el citado viajero, que no 
puede hallarse cosa mas placen, 
tera que esta habitación dentro 
del agua: en ella se disfruta del 
temple mas delicioso, en tanto que 
fuera de ella se sofoca todo vtvíen* 
te en ciertas épocas, y aun las a- ' 
goas de las fuentes mai firescas 
las pono muy pronto la ígnea ac* 
cton del sol en estado de ebullicioB. 



\ 



^l-aii^ 1>< (ca^ííIas. 




JL I SUcT.o cié 



V, .i-.\\pia. 



DIARIO Dfi LOS NIÑO& 108; 


EL SUENO DE OLIMPIA. 


^^ 


^^ 


ÜbSx la ciudad de la Amériea 


T los jazmines cogiendo 


■apteotríofiál /vivia ua rico caki- 


Dicen- que asi hab(6 4 Felicia* 


lloro ea Vompañia da au mugar y 


„Un sueño bien siogtilar 


dot bijat t ralirado aa ana delicia- 


He tenido, hermana mia; 


■a casa da campo aitaada en las 


Mas debo pensar que es hijo 


márgenat da un apacible l;igo. La 


De mi pasión favorita. 


música era la paaion que domina- 


Dotadas de inteligencia 


ba á la hermana mayor llamada 


Todaa las flores eréis. 


-Felicia, y.la botánica y el cultivo 


T de pasiones iguales 


de las flores absorvMi toda la alea- 


: A las de nosotras mismas. 


ción de Qlimpia. 


, A esta ilusión agradablo 


Allí en pax inalterable 


En mi sueño sometida 


Laa doa hermanas Teian 


- Corrf vergeles y prados^ 


Sin curdadoa roedores 


Corrí selvas y colinaa. 


Serepoa pasar los diaa: 


i;.por una natural 


Como rio^criatalino, 


Revulstoirde ideas mias^ 


Que al ancho maree desliza 


En logar de contemplar 


Dandaal> prado y á la vega 


Laa beUesaa fugitivaa 


Frutan Terdor, loiania. 


De laa Adres» pregunUba . 


.De la amable primavera 


A todas cómo querían 


En el mas hermoso dia» 


Pe au vida ancantadora. 


Como tiene de costumbre , . 


' Acabar los bravea diaa. • 


^ Va al jardia la bella Olimp|a. 


Y aada flor me responda 


Y flor entre lindas, florea . 


Lo qu^ vas 4 oir, Felicia; 


Del aéfiro á las caricias^ 


O al meiios ma persuadí 




Qu9 da asta mado decían. 


Queda en breve adormecida. 


El Giraapl orguUoao^ 


Sa^iuerida hermana luego 


Erguiendo la irantejdtíva, i 


Tiene» observa, y en eeguida 


Me dice:— »»6rande y gloriaea 


Con lasoB de albos jasmmee 


Dñ mi familia as la vida$ 


Prendaria intenta festiva. 


Sea pnaa también la muaria 


DaapiartaOlimpiaf i en labio 






QuA ana láftga osa lleve . 


T. m. 


25 



104 í DIARIO DE LOS NIÑOS. í 


Cuando ;^i%á1a hora mía." ^ 


Mo dicéz-^.yPatfo yna Wda 


Cerca de él llorosa estaba 


Debilitada en estremo, 


Una humilde Canpanilla, ^ 


Con apariencia enfermiza. 


Y la cabeza inclinando 


Llévame al honesto lecho 


Así responde afligida. 


De la doncella que espira 


„Paréceme que mí muerte 


De consunción, pues yo quiero 


tía dé ser cual ttié mi vida: =^^ 


Morir en su compañía." 


Un aguacero' pesado ' 


- ''Bello Lirio, ¿cuál será 


A inuádarme se aproi^ima; 


La muertd tuya? Enéogidá 


Y en Ifágrimas anegada 


Y con virginal modé'stra 


Moriré desftiUeéida*'* * 


Dice la flor: — ,»Sih fatiga ' 


Y tú Rotía, ¿cóAjb quieres 


Donde estoy morir eépero: 


Dar fin á* tusr bellos* xlrasr ' ^ 


He pasado con delicia 


Y esta linda cViüluira 


La vida mia admirando 


Robiírosa as! secspKca: • • 


Del sol la gloría divina. 


— „De mfs padres y parientes 


Pero mi pasioil aceita 


Yo tendi'é la muerte tñísma: * 


Mas y mas me debilita; 


De ia femenil belle2t^ 


Yo moriré cuando él tenga ' 


Seré víctima ptopíciai ^ 


Sobre mí su vista fija.'' 


De joven noVra^ eVpéeha 


Óyeme, jtJveri' Narciso, 


Moriré con alegría."^' 


Y ten juicio por tli vida, 


Y tú gracioso Heliotrópio, ' 


En cuanto aquf seriamente ' 


Cuya fragancia me faethiza» 


El ñn de ella pronosticas. 


¿Cual será el fin, no ños dices, 


La traviesa flor riendo 


De tu existencia querida? 


Me' responde: — „Amíga mia 


, — »>¡Ay? en vano tiemamenfte 


En un día de festejo 


•{ Me trata una mano amiga; 


A una ie tus salas ricad^ 


Desde que fui transpdrtado- 


'Llévame, y que al esplendor 


De remoto y suaVe clima. 


Que en' ellaa todos adtiíirtin 


Me "consumó f desfallezco; ' 


Dé realcé algunas* horat - ^ 


Mi hermosura se marchita; ^ ' 


La viveza que en mí brilla. ' 


Pues lejos del patrio su^o>' 


) Nri rae importa que la aurora 


Lánguida vida mé aníma:'- 


Ven¿a á vermfe en la a^ía: 


- Albo Jazmín, ((ne etí'blancoTa 


Breve vida, mas briHanCe *' 


Con la nieve rivalizas 


Mí genio á pedir ae inclina.** 


¿Cómo aiíabáráel aliento 


Y tú sombrío Romero ' 


Balsámico que respiras? 


Qui^ro'qué.tiiÜñ^míe digas. 


Y con languidez amable 


— „Mas leliií'^uanto maa presto 



DiASK) es LGM3 NIÑOS. 



495 



Mí último lUf piro nndát 

Toda mi vida he pasado 
FenMndo en la maaria 'esquiva* 
.Detim moribundo lia caía 
UévamOf.goce mi vitta 

De sttB ültimoa momentoa» 
. Y en aa fórelro eu seguida : 
Ponmei y defamo que muera 
Marekilo en su ttiaoo iVia. 

Y. tú Clemátide amaMe, • 
^C6mo morirán? — ^A^ída. 
A mi árbol íavorilo 
Cual tú me vés, bella amtga.^^ > 
.1 iL-loMmaé sembríos sitios 
if i deaUmo rae eaeainina, 
A la mansíob de las flores 
Qtte mi pasión «mas eslima: 

Apenas. á dlHgirlee | 
La preguoU me atrevía» 
Que no quería muriesen • r ■ 
Las mis flores füvorítas. 
• O voMflras Violetas, 
> Modesta' )r puira familia 



' Qué en los retirados ^itioa / . 
. Siempre, os Agradáis: upíodfia^.. 
Saben yo de .qiaé manera , 

Aeabara vuestra vidat 

Y G0O/bals4mko iicento 
' La rospuesta asi me dietan: 

— k^Sea cuaL fuer.e(ia muerte 
.iQujBí el acaso nos doMinaij 

A ella estamos resigiiafas; . . 

Mas si la muente esjBogida ... 
Por noaolras spr pifdiase, , 

¿Quién bay que no pasaría 
, De amantesdesesperados / 

A vivir, eiii corapaoia} 

,! Allí el (|Itimo suspiro 

JDe. fragancia pura y rica . 

P^riamps, y ,||^f aei|Qs 
: Xuest^os «apj^Icfos. agrian.? . . ,, 
Y.:4eap«ss ot^a» pf;egan(as, r > 
..Bitigt eon.^nsia,|{¡v^;, , 
. Mas fú el sueño i]»teriun^pi8(e« 

Querida l^jemana Felicia. 



meteorología. 

.. ,nE LA3 ,PI^Dfl4S, METEOBICÁS T D,B SU ORIGEN. 

■^ ./, •;.;• ..-%.. '.. .... ... •.,:,,■ 



L 



adoerdo eon-4i¿ opinidn delflseo 
<7hhdni ^acéV^a'dél masfrebalde 
^ígéfú ié léi áerolilóst qttfttil eon* 
eíderaba' ' á esitté sustaneiae eortio 
cíeTkAki; atidándo 'libremente por 
el '<6epa<flo/y qu^ 'éae^ntrando en 
<MlNLnl¡iMi>tá es^á téñnekre» tha. 



por la' atraooion 4 por. 1a ffieraa 
do'gravfitaoien. Sin embargOt' úum 
toMéepliea todavfa,AÍ su primiti- 
va fovmaeionr ni la inmensa profo- 
sioví pnssumida de est^e' ^^das 
4|foé'Oomo fequenos planetas, cir* 
eulaiiinvieibles» en el espacio; ora 



U6 



OURIO D£ LOS NIÑOa 



•irvalipara la construe^ion d« abe* 
voft globos planetarios» ora poir el 
contrarío, seam fracmentos de as. 
teroides 6 restos do mandos des- 
baratados. La oscuridad de su 
oríffen, y la analogía de su confpo- 
alción química, son cosas que aun 
no ban aabido espticarse» El pro- 
fesor Fiseber ha anali2ado, en 
•consecuencia con el mayor esme- 
ro y profundidad, esta interesante 
cuestión, i 

Lo parece estraTaganto é ínifuc* 
tontable la opinión de* (]üe 'ettos 
aerolitos son arrojados p6r Tolca. 
nes do'la lund, puos á pesar de 'los 
cálculos de Loptaze «e necestfaria 
para eso una inconcebible veloci- 
4ladde impulsión, sapetior 4 la a* 
traocion qlie ejerce toosfera lauar. 
Por otra parte ce opone á la adúii- 
aion de esta suposición- efl graa nú- 
mero de dichas piedras meteó ricas, 
au descenso en diferentes direcoio. 
nesy puatos de nuestro globo y que 
no presentan los caracteres pro- 
pios de ias preducéiones ' volcán 
fiicas* 

Ségua el parecer de varioa sé. 
bioa os muy dudoso también que 
•U'^omposicioB se Teffíík|ue qn la 
«tm6sfera, cuyos principios cons* 
4ittiti?oa roconoeidof son oxígeno, 
ooe, «oy poco áccido carbteico 
jr Taporas acuosos* Igualmente 
ao 'duda que laa exhalaciones ni* 
netalea» ú otraa meaos oonoeidaa» I 
pttodan aumínistfar la materia do | 



que se forman estas piedras, i 
do por otro Fado serta necesario 
que eslaa exhalaicionea -ae eMra- 
sen á grande altura llegando así 4 
poder coaibinarae y fumar astas 
mase» pedregosas. 

Exiaten podaseis de hierro ine- 
teórico, cosno el que aray en 8ibe« 
ria,cita<fo por Palas, qno pesa has. 
ta mil libras; y en el Brasil se ha 
encontrado otro, coyo peso ^t4 
valuado en catorco mil. VeMad 
es que la lluvia y loa vapores acuo. 
sos catán improgaados de materias 
orgánicas, y que hi filtración da la 
mas pura agua do Huvía áeja 
siempre un residuo ánmrílleato? lo 
que pudiera dar lugar 4 crper que 
estas sustanoiaa eéatribuycD al 
poder fertilizante de laf aguas-plu- 
viales; no siendo tampoco rdvalia» 
liaren el olor mismo que se^porei* 
be en ciertas nieblas, la pniabtf de 
que contienen materias capaces de 
precipitarse y solidificarse. En 
cnanto 4 los elementos inorgánicos 
do la atmósfera^ han escapado has- 
ta ahora 4 las investigaciones quí- 
micas; ttótanso con todo efluvios 
minerales que se elevan, ya con 
el áccido carbápico, ya p^r m^to 
de su disoluaion an pl^as hidrógOr 
do (como las inofatast d^c.) ^ eji 
ol áccido fluórico, 6 por an sois Or 
vaporiíacion» oo fin, poo^o al clon^ 
ol yodo,d(a« .9a aabe quq.et mp* 
•mo hierro pa^a, por la.deftiiaoi^ 
con el 4oeído hidfoclárico^ al.attfk- 



.DIARIO De LOS NIÑOS. 



187 



da de )»idroql<^aio« JBste áccido 
puede atraer también otrps 6xído8 
inetá.licon <i di versea el^fee térro* 
9M¿y en fin* el hidrogeno ga^eo^o 
i* ca^parigualmeole .de jff^teiou áp 
hierro. Sin embargo» auoqup el 
mer^wÍP eea yalal^Uzabl^} y aan-* 
i^ ee perciba en el co^e y el 
plomo olpr formadp por parte de 
pu malaria dUuelta ^n el aire, en 
la temp^ratujca ordinaria, estas vo« 
latili^cion^s son debilísimae. 

Ee aeceeario, <^ p/^aar de t^do^» 
convfiinir en fme Ipa n^eteoro^ bri* 
llaales é it^mados que «tircan la 
atmó9&ra» y probablemente las 
auroras boreales, emanan de va* 
pores terrestres.. Si las piedras 
metcóricas caen sobre latierraies 
siadttda porque no se hallap fuera 
de la esfera terrestre» y porque han 
debida sev exhaladas de aqv^ella 
del mismo modo que los vapores 
acuosos que vuelvan i descender 
fobre Qfiestros csjnpoe converti- 
do» en lluvias y ^ocío. Pero ¿qné 
aspacío no se necesitijria para 
conteivef la enorme nube de gas 
cargada de partículfis mineralesi 
capaz de convertirse en una pie- 
dra meteórica de un peio regular? 
¿Qué espacio, diga» oo sqria nece- 
sario para la formacipti de esos 
aerolitos de las grandes dimensio- 
nea que se han citado? Y ademas 
es necesario contar con la rarefac- 
,eioa del aire y del gas en tan ele« 
vadas regtonea atmosféricas» Fis- 



Ciher caloría q^e una. piedra me* 
teórica de peso de 148 libras de 
doce enaas»nocesitaria en su esta- 
do de dÍ9p)ucii>n, en gases como 
el hihrógeaoi de un espacio i^ual 
á la octa^va parte de veinte millas , 
ctibicas de Alemania, ó de unaes* 
fera cuyo diámetro fuere do 1240 
perchas, «atención jque juzga muy 
posible dtcbo fisico en ios espa* 
cios inmensos da nucEtra atmóSf 
fera. 

En. aquellas regioneseuperioree 
pyedf ^na grande detonación elée^ 
trica cppvertir en estado pedrego* 
so loa.^lemei)tos minerales que se 
hallaban en el de disolución ei) 
una vasta masa de gas idrógeno* 
Los fisicos dicen, que las auroras 
boreales son formadas por corricn- 
^8 eléctricas; y en las eeperien- 
c^as fisicas, por medio da la rara, 
facción d^l aire, se obtiene un fen6« 
raeno análogo. Por otra parte el 
Sr^-^Fusinei i acaba de probar que 
el fluido eléctrico es capaz de 
ati[aer partículas metálicas propian 
á su detonación. 

. Si las regiones polares por sti 
frialdad no son muy propias para 
favorecer las evaporaciones y las 
exhalapiones, en cambio, bajo las 
sonas ardientes, no solo es porpe^ 
tua la evaporación, sino que seex« 
halan sin ipesar el idrógeno y .to* 
das las sustancias volatilizables; 
resultando gran multitud de me-j 
teoros luminosos y ^d^ .otros fenó- 



108 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



menos de inflamación en Osos di- 
mas ardientes, •*' 

Nadie ignora hoy dia lo á pro* 
pósito que Os el idrógeno "para úU 
solver y elevar particuta's mine* 
rales, ya melálíeas ya terro^s, sin 
Contar las humaredas de ion voU 
caties y otras muchas exhalacio* 
'nes que suben sin cesar é nuestra 
atmósíefa. En esas regiones elo^ 
vadas es donde vienen á reunirse 
todos los elementos volatilizables 
del globo terrestre; en ese inmen- 
so laboratorio de la na(ui^a!eza -es 
donde, dcsarroilúndose ia'elec> 
tncidad, se producen esas detona* 
ciones formidables, se' compone 
la nieve y el granizo, y se forman 
osas piedras meteóricas que caen 
todavía sobre la tierra inflamadas 
y humeantes. Esta teoría- por lo 
menos, dice el 6r. Fischer, no 
tiraspasa los limites dé^Ia pi^obabÍA 
lidad. 

Las materias mas sdfidificabhes, 
sobre todo, tienden á reunirse por 
atracción y cohesión en su núcleo 
central, como so observa* en los 
granitos antes de precipitarse: 
puede, pues, bsber igualmente in- 
flatnacion íostant&nea y formación 
en estas masas. De que el nickol 
es un metal que abunda poco en 
la tierra no se sigue que ño pueda 
ser mas abundantemente disuelto 
por el hidrógeno, y encontrarse en 
bastante' cantidad en las pledrai 
nii'eteóricas: en estas no se hallan 



otros elementos que iotf del globo 
.terrestre. 

De cualifuier modo, pues, que 
se quiera espltcar la formacionf dé 
los aerolitos, lo mas natural es ha« 
cérles emanar de los vapores que 
ondan en nuestra esfera,* bien que 
la composición de sus concrecio* 
hés difiera de las que se forman en 
Iqs capas de la tierra. Tal es en 
sustancia el sistema del S. Fia'cher. 

Desde esta época se han ob. 
servado fenómenos' muy notables, 
como por ejemplo, el meteoro tan 
resplandeciente que se vfó en la 
América del Norte en noviembre 
de 1884, y que durante muchas 
horas estuvo arrojando partículas 
luminosas en el espacio. 

Esta especie de pirotecnia ce« 
leste que al parecer emanaba tam* 
bien dé la luz zodiacal, juzgó el 
profesor Olmsted que era produci. 
daporaTgun cometa; añadiendo 
que dichb fenómeno podia ser con- 
siderado como un coprólito celes'- 
te. Esta teoría que le asimila á 
una escrecion de materias inflama- 
bles, y acaso censtantehiente pe- 
rió d ica, según las obser vaoioneé 
presentadas ¿ la academia de \tá 
cienciaá'por el 9r. Arago, merece 
la atención de los rneteotdlogistas! 

Estos hechos deben escitar tani 
to álos'íisicoá como ¿los químicos 
én sus inVesUgaciones acerca' dé 
los productos que desde el espació 
caen iobre nuestro globo. 



piARip DE> LOS mÑoa 
MASCARAS. 



m 



lYocio y libioy la eoiítt y el cortijo... 
todo te amasa aquí. Cada Tiviente 
•• una faraa andando» un acertija 
Basto K. 



■L mundo ha sido, et y será 
•íempre el gran teatro donde todos 
revueltos» hombres y. mugeresi 
grandes y pequeños» hemos repre* 
sentado, representamos actuaimen* 
te» y seguirán representando los 
que nos sobrevivan* nuestras ínter- 
minablos farsas, sin necesidad de 
disfraces exóticos y. estsaMarios» 
si prescindimos de los que por ca* 
prichos de la <> moda nos vemos 
fpriados á llevar,^ encubriendo «on 
ellos nuestra forma de: hombros» y 
transformándonos ei| inu ñecos des» 
preciables; y esto. |por quét . por 
parecer mejor éo lo que somos; 
por diferenciarnos de . Us que sin 
enyidia; nos Uansanefe^anle«,fiáAp 
dose de nuestra fatuidad; porqiis 
no «e néa conftinda cono la plebe» 
cuando no hacemos oCim-.cosa que 
ponamos en ridículo» . coiiviitién* 
donos*én visiones fastidiosas; y 
acaso no está ^muyi lejos el dia que 
nos tr8iksñ|rme<Bci|» en inmundos 
espantos.- Asi aluciBaasos. á .los 
tontos. ' Gran cadena de.filigrana) 
htimoso relox driipaténte» frac de 
paño, fino do San Ibmando» de 
Seda» ó d^ honfifinpi- bien enlH* 



Hade» y cuyas estrechas mangaa 
nos ímpídpn mQve/ con facilidad 
los brazos; paniatojn de casimir ra- 
yado y, tan cef^idg^que apeoMROf 
perniita andar; chaleco de.tefcio- 
pelo; caivvsa de dobladillo» botas 
charoladas q^e nos.Acya» Vj^c li^ 
e^rellas cada vez que asent^q^s 
el pié en el suelq; alfiler». «orjüaj^ 
de^lvmbranteSf espf juicios de or^^y 
un gran lente por contera» por . si 
alguiep duda que somos cori98 úp 
vista, aui^ue. veamos mas que un 
lince; sombrero aplastado» bisaos^ 
de aki pochii» y aunque no U^ve* 
raQ# ni medio ^ la faltriquera» p^ 
tadgao^os dandio ijr .& com^»;qua 
esto.ep el isfejor modo do me^ir 
grandeza, que realzaremos nuift sj 
llevamos barnizado bi^onniCm 
gran4es borlas. . . .j,.t, 

Buen cuidado tuvieron nuaslrps 
ascendientes de no dejarse er^a- 
ñarloil primeros; y .fi algunas ^aSf 
ceppiones ha hfibiflQ» no habráJ) 
quedado mucl^p tiei^po impnneSf 
Y fjfinio de naturalesa so9»9ff dé* 
bil^%y ^eneinoatantq.fipqgo á^lf 
al^i|llda figurar» das^l^osaW ' 
nuesuqa amigos .y pacoialeft 1)99 
nos pfiraqipsi.ra0ular«enla #1^4199 
mediofl de oansegiMrlo. L^ feí (% 
na» ese fantasma voliabie t|u#'«y«r 
nos ymai»antafe:OUjal oariflos»,Íia* 



S0D 



DIARIO I^E ÍM mffO». 



dre» y que hoy como iraennla m- 
drattra nos inaltrata« hanos inspi- 
rado siempre este deseo de ser tfl. 
go, y la desconfianza indelezna- 
lite con qne por lo coman nos tra- 
tamos los ufaos 4 Tos otros, des. 
confianza que se aumenta al paso 
que conseguÍB^oé nuevos triunfos 
Íl costa de los irícautoSt víctimas 
inocentes, aunque tai vez osear* 
'mentadas de nuestra refinada hi- 
pocresia. T ¡ay de aquel que no 
desconfié en estos tiempos tndus- 
trid*os y especulativos! ¡Ay del 
tque se alucine coa frases pompo- 
Éas y almivaradas, y con protestas 
dictadas al parecer por la sinceri. 
dad mas pura? 

' Esa misma desconfianza» ééé de* 
iiéo de engaftam^s mútifoMeBie*, 
Ibereti, st no- nos éq«iveeamos, tos 
eMsas que deMeh>n tlplspírar á los 
imtl^tlos el gusto é ibcUnaeion i 
lar máseeras, gusto que aun líos 
domina, y con especialidad al po- 
iHÜacHo. 

* Los bailes de máscara,' según el 
^ho de varfos autores, trábn su 
brfgen desde la mas reAiotA antt- 
gdedad; salvo que no se conocían 
entáAtes los wals, contradasieas, 
tigedonea ni galopadas tan en mo- 
da hoy en leía paises donde «I frió 
tet^nvida á correr y saltad eomo lo- 
teos, hasta «que lo impide el can- 
üneío, dando al traste ¿on «I ri« 
goír dtf les bálterieesi 

* Lee juegos- ymte mi m t ot st ao 



conocidos, <^ sí se quiere, repudia- 
dos por los graves griegos, esta- 
ban en todo su apogeo en la bulli- 
ciosa Roma algunos años antes de 
lá muerte de Keron, quien disfra- 
zado ya de muger, ya de hombre, 
era el primero que corriendo de 
en orgia en orgia, daba lugar con 
8« mal ejemplo á torpes y «sean* 
dslosas escenas, estimulando 4 
otros muchos, tan desalmado» eo<i 
mo 61, á eometer los asas brutales 



Los bailes de máscaras prínot- 
pieron á generalícarso al mismo 
tiempo que lositsatsos, y los escri- 
tos antiguor que hablan de eltoa 
no están acordes cuando citan al 
inventoüde las carátulas, pues que 
ttoes aMgttun que fué Cheriloi 
otro que su cémpafiero Ttalespisi 
otfus que.ífhynioo, otiosque Ne^ 
finm de Seiona,.. otros que Roseio 
y Gaiio/y Horaese opina que solo 
á Esquilo se debe su invención* 
Peve no queda duda, que laa pri« 
ansms caretas ói másoaraa, se co« 
nocieron en los de Atenas,46d añoa 
antes de- Jaaspcristo. Hacíanse «»« 
t6neesde>oortesa de árboles ó bien 
de eoeio; despuea> se^ trabi^aroH 
de madera» y masTécientemenia 
se formaron dojMtpiroy oftras paa* 
tas. Esur facilidad de hacer ca« 
noaluraa,' facilitó en estremo y 
dio grande impulse á ta represe»^ 
lacieii de las fiuuas de aquelloa 
dláeicotlÍBBqKis^ p«eeqdeloas*ii. 



) 



DtARIO m LO» msíétíi 



961 



^ ki«trit6ite« trabajaban Aiuttk- 
zadot de mugeVett las que no ae 
üktrodttjeron en el teatro haata mu- 
cboa áñoa deapuea de la tereera 
guerta* púnica* Clida actor daUa 
á 9ú carátula la aemejanza qtie 
qneria; y Nerón inlaoio» cuando 
repretentaba' papelea de moger, 
aa cubría la cara con una náacara 
semejante al rostro de £a joven de 
qtríenr estaba enaatorado. 
' El uso de las máisearati tío era* 
sblo peculiar del teatro: también 
laii usaban los sacerdotes en sos 
ceremonias relSgiosaSt as! como 
en las fiestas saturnales y bacaná- 
léti, eñlas que las mugares iban 
vestidas de hombrea y efttos de 
mugeres, 6 bien de sátiros, de si- 
lénosy. de ululas; basta que llegó 
tiempo en que» ya sea por las vi- 
cisítudes y trastortios de las gtiec. 
ras, ya por otns caiisasi quedaran' 
dichas fiemas sepultadas entera- 
mente en el otrfdo. Algunorafloa 
después se formalizaron en Rbmaí' 
los verdaderos bailes de máscaras. 
Ignoro como se disfrazaban eil- 
tóncee nuestros hermanos (qáe en 
paz déseaneen) los hijos de Adso, 
y nuestras carísimas hermanas 
(^e -santa gloria gocen) las hijas 
de Eva; aunque si hemos de dar 
ci^lto á un Ubre viejo, italianot 
que por easualidad vino á mieetro 
poder, intitulado: Cosftisiirss de to 
atíigualtMnat traducido por C. B., 
ya en tiempo del «papa Ban Zosi- 



mo» hubo' quteite#se disfrazasen 
de diablos y quienes ;de canserve^ * 
ros: contándose en diciho libro que 
Lepido Scorso y Betosta, su con- 
sorte, act disfrazaron el primero de 
Bfárte, y la segunda de VeiioB^ 
yendo en seguimiehtd de ambos 
un amigo de Scorso^ llanwdo Pao- 
Jo Trhinarion. representando di 
ctloso Vuleano, y eomoen aaeiÁo 
de lÉ Diosa de la hermosura y del 
•Dios de la guerra. 

Pero la costumbre que maipre^ 
vtdeeia entonces era que losamos 
se' vestían de criados y los ctittdos 
de aoMS, ejereiendo los segundos 
durante el Carnaval, la autoridad 
y los atributos de los primeros; 

' Según el autor del referido li- 
bh», todavía se acostumbraba «n 
aquella era cubrirse la cara con 
•lienzes negros 6 de^ otros colores 
(oscuros^ á' imitación de los bisto^ 
riadotiss griegos^ habiendo un td 
.AiMrio» er actor quemas sobresa- 
lió én aquella época, y el priarieTo 
iquestB presenta en el teetríocon 
mÁÉea^tníarsefÉuffanie y ferféda- 
áetuaMm hatiaeniáncee sehMM 
conocido. 

Pero los^baílee dé máscaras^ ta- 
les como BOU eit d dia, con cortil 
diferencia» nio se introdcíjeroif en 
Italia hasta 1572; y casi pof el 
mismo tiempo generalizaron ' ett 
Frandat Inglaterra, y cincñeAta 
años después en Esphña, auhi^' 

los carnavales no fueron de vMa 
26 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



en Madrid .basta fines del siglo 
XYII9 siglo pAfft loB españoles de 
recordación gloriosa. 

. Las primeras comparsas de en- 
mascarados se formaron en Vene> 
cia,en ,el mismo, siglo y casi al 

I propio tiempo que en Roma; en 
las cuales comparsas figuraban las 
personas de la mas alta nobleza. 
, Al paso que se. fueron refor- 
mando las costupi|)res, se han ido 
modificando las grotestas panto* 
mimas» y refinándose los vestidos 
y caretas hasta ej eatremo de cos- 
tar hoy un disfraz cien veces mas 
de lo que costaba en los antiguos 
tiempos. 

Varios autores opinan que las 
máscaras deben solamente su orí- 
gen al arte de imitación, y noso. 
tros. creemos (porque bien pode* 
mos creer lo que nos dé la gana) 
que mas que al deseo de imitación, 
lei;deben al que fomenta la burla, 

; que aun nos place hacer basta de 
nuestros ma^ íntimos amigos; y 
en esto estamos de acuerdo con 
los ^que las hacen derivar ie más. 
cara^ que significa bufonada, aqn- 

j que no entendemos el árabe. Por* 
que buen tonto será quien concur- 
ra disfrazado á un baile de más*; 

; caras sin otro objeto que el de lu* 
cir un veslidoi si quiere fino y lu- 
josQ, estrafalario y ridículo, y una 
careta^ .si quiere de seáa ó^alam^ 
brOf fea y repugnante. ¿Dónde 

I hay cosa mas insulsa y necia que 



pasearse por el gran salón toda la. 
noche, preguntando á todo vicho 
— me conoces ^uin conocer á na* 
die, y sin que nadie adivine quién 
puede ser semejante estaférmoT 

Si esceptuamos, al amante que 
se disfraza por ver si consigue la 
dicha de hablar á un idolatrcida la 
sirena, que concurre en la misma 
idea tal vez con otra menos casta: 
al que va con intención de efiíhromar , 
á sus conocidos: al celoso que quie- 
re desengañarse de si su futura ó 
presente dulce mitad oye con gus* 
to, y contesta con mágico agrado 
á los re<]|uiebros de los importunos 
é imprudentes barhi-lampiños: á 
la viuda desesperada que desea, 
hallar á un desesperado que cargue . 
con eüai y á otros que con, miras 
ya inocentes, ya .maliciosas, van . 
ocultos bajo una máscara, confe- 
samos que es una gran tontería 
concurrir disfrazados á esa cíase 
de fimciones, que algunos llaman 
filosóficas, de las que solo se sue* , 
len sacar muchos disgustos y eter- 
no arrepentimiento de haber asís* 
tido á ellas. . 

¿Qué señora irá á un baile pú- . 
blico de máscaras sin careta? . ¿Y 
se la juzgará como tal señora si 
á ellos concurre ocultando bajo un, 
inanimado cartón su bolla y roza-, 
gante cara! Respóndannos ellas, 
mismas» . Enhorabuena que se to«. 
leren estas metamorfosis en los bat-, 
les de etiqueta; pero ¡en los que. 



1 



DIARIO DE LOS WtÑOd. 



303 



TO inCroéaée todo elquo tíeneí un 

peso para pagar bu entrada ! 

¿Qué hombre, por comedido que 
sea, tendrá respeto á una dama 
que le presenta transformada en 
gitana 6 en mañolaT Y no se di. 
ga que se distinguirá per su rico 
trage y sus valiosos brillantes, que 
acaso la muger mas depravada se 
presenta boy dia con tanto ó con 
naa lujo. 

Somos, por último» de opinión de 
que eeta elato de bailes debiao 
daree sin neeeeídad deque loa eon* 
eurrenfes fueran disfrazados» 6 que 
m vaimolo con el tentó objeto de 
luoir.eaa ricos vestidos, se presen- 
ten en el salón sin careta,, puesto 
quede este modo se evitarian mas 
de cuMro diq^ustos, cuyas conse- 
cuencias pueden ser, como ya han 
sido» fi)nestisM»as« . . 

. Mu^cbos elemploa. .pudiéramos 
citar «n cemprAhacion de esa veri 
di^d* • No. ba ipupbo tiempo que 
aoonteció en .Madrid un caso des* 
gmeiado que di^ materia á )os.pe« 
rÜA4ioos que aUi se publican» y 
Ittego.á )<»B de^Paifs, que contaron 
el sueeao comentándolo 4 su ma% 
neriu-^Un oCiballerft y su esposa 
fueron una Aqehe do iCamaval M. 
teetjro del prinaiperal que también 
cooonrrió «n ' hermano de la se* 
ganda» con inleneioli bien santa. 
cierUmánfe, pero que Cuó causa 
da una catástroC» borroroae. {¡I 
oaballeto (Cenia la desgraciada ser 



mtíy «elosot y* celiee sin motivo. 
Su cañado, queriendo curarle de 
este defbeto, y deseoso de 'darle 
una lección que le' hiciera arre- 
pentirse, conociendo su injusticia, 
se le presentó disfrazado; te dijo 
que llevaba relaciones amorosas 
con su ñiuger; le habló de mil par. 
ticularidades de familia; le refirió 
pormenores que pusieron en gran 
confusión al celoso marido, y en 
snoif, le di^ entre otxas, una seña 
para é^ la mas! cierta de la iqfide* 
lidad de su inocente esposa. Apio* 
la ásperamente por el brazo, He* 
vósela á su casa, y allí. . . . cuan- 
do el cuñado temeroso de alguna 
desgracia llegó con ánimo de im. 
pediriaj ya el celoso había asesi* 
nado á la muger que mas idola- 
traba. 

Parecidos á este poflrinmospien^ 
eionar varios ejemplos de qi|e áe 
ba hablado en los peri'ódicoq de 
Londres, de París y de Italia, si 
no creyésemos ífistidif^; ánuestros^ 
lectores con ,1a relación de suce- 
sos lamentables» mas sabidas que 
ignorados» y que han dado ocasión 
4 leyes ./sabias» promulgadas en 
distintsa ópooM» si ao para proh|« 
bir enteramente esas diversiones» 
á lo m^ví)9 pi^ evitar esos desór. 
denes y desgracias, tmas ftcij de 
ocurrir en est<^que en otrt^ dasede 
espectáculos.. < .,.■,•.,. ..j. > v^ .v.-u 

Mala idea dará.fiempre ¿^ ,ft» 
y poca educación. jK.deeero^pmba- 



SM 



i>umQjm íMBjmm. 



^ m 9|it¡» ettrano^a;! 4 ¡(us pso. 



F#Ka durerUmot lloitejiaeiita ao 
Aep.e|ii<i8 a«ae|úidad de hi^oropa : 
invisiblea 6 d$8Coiioeidoa.-<«-F. tí. 



HISTORIA. 



doa «ños ran^ tranflcorridoa deade 
que-eata día «e ba hecho célebre 
en loa anatea de Bapaña, que ha 
d^do fineta ocaaioii 4 1<» ingeaioa 
y álos-artíatas. 

Laa honraa que anualmetite de- 
dica el pueblo ibérico & la grata 
memoria de Dadiiíy Tefarde, ade, 
mafl de nn aufragto religioso y an 
recuerdo hiatárico, son una fiesta 
ciTíea y unHmnfo de lae artesa 

Ba ímo'de eatoa diaa prenunei^^ 
B; Pedro Raiz y iiraat4a oraaíoD 
ftnebre qué* & eonttnuaeioD inter. 
tatnoe, ereidoa de que no díiguata. 
riíL nuestroB fluacritores un ^asgo 
de elóéoéneta y p^trioliamo, que ai 
no es nh medio de eti|uia«ioii para 
la juveiMd, ee propeaaioniíila por 
lo méaoa el eénocimiaiita ée aata 
parte de la liiftorfo'de EapaAa,' • 

ORACaONFUNCBRB. 
Vhotoh de ^vom$tm feréeguéfáá 
madeloeenemigm^p&rfteéiaé- 
íkof Dio9 nueOro pd0atá ^ím m- 
aofrof .^^oflirB oap. 9S. 
Oaioret; aubié Jáaoniaa al «mío 



de au padre, rey de Judi/ftlaadád 
de florida'^Ie Id aftoa: eiii6ncea 
mianiQ cuando Nabucodeaoaor hoa'. 
tUisftba todoel paié y pauta au bor- 
roroao aaedío i la ciudad de loa 
profetaa, de la cualae <rió dUrgada 
á aalir aquel joven '«onaroa- coa 
toda au familia j entregarae ^eÉ 
nanea de au miamo eaealigo, quien 
lo oottdajo éautÍTo á SabHoiría con 
loagrandaayfaderoaoade-itt rai- 
no. £a aquella ^MMUvidad loa a- 
compaAó^tumbieD Eésequlel, «pro- 
feta) él «ual per dfdeki de Dióa loa 
oonaolaba^oau pei^grinaeíon^con 
la Idea de Ntebrar la apeteofda ti^ 
hartad, y la diilao aaperaaza de vto 
da nueve á<éu plitlMi y quefiendo 
reanimar au eapMtu ínapwáitdoM 
valor y foftalefta, laa eontó una 
mitlarioaa vlaian que había tenido» 
„La aMHO del Befier^ %eB dice, mel 
.8ao6 en eaptritu y ma o4oe6 an an 
campo todo oobterlo áe hnaaaa» y 
acareándome jaala iéllea me pra** 
guaiM da esta atterfe;¡-*-¿Cffaaa ift 
vque eiMa liuaaoe han ^ MvkwaU 
«un aa^TíL la aaba% Biaa F Jto** 



í 



;f 



DIARIO DE LOS N|ÑO& 



806 



j¡^r .mío, U coBteité; yjexMucm él 
Befior me dijo: profetiza» pue% y 
ditas: 

t,YolQS etdaxaré fonnenioi y 
músadoSf lo$ cubriré con <am^ ef* 
tenderé la fUi^ les daré upMb^y 
álienío, y tendrá» «tc^." Yo había 
principiado á vaticiiiajrloa «tg¡p|i #1 
mandato del Señor, y al caoouBato ' 
añadió: „Hijo del hombre, eaa «am- 
po i^ue vee luibi^p de hue^oa «e 
la casa de larael^jo abriré. lotee* 
pulproii loe «aclaré ¿ti túmi|lo« y 
descaaaaián ei) paS) ^^.w propi/^ 
páuif , y entóacf 8. aon96f rta otn-i 
ramenU que ^el ^eoor Oioa lo ba^ 
bia dii»tKb jr Wf i^i^bta eompUdo «ft 
paUbnu^' 

9el|Qfe^; aatf.^néiikapínittca 
del pueblo de^^^tM* VW «^^^i* 
YÍ6 i eu cf/ativi^ad y 4 U^ ritie^ 
de la ciudad aanta, ea 1^ a^ae ti va 
imagen dd. pueblo eapañ^l eneu 
mi«mo cawtiFerio^ y muy parücu* 
larmafite de eata beróica villa» cu. 
yo ei^frado nicíoto ye veo en eaie 
dia todo cubierto, comq el.cimipo 
de laraeU con les oad^veriP de «i^i 
valientes bgoac .conFfrti4 fino 
vuepf ra viata sobro ese monumeB^ 
to de sfM9gre¿ obaervf^ eaea urnas 
sepulcialef qup en sí «ontienea Jos 
mortalef -^esp^ps, le^ frisa oeoi- 
sas de. unps vaUentes guf f tenia* 
meóte viyirio porque aupieron uio- 
rir ppi; 1^ üb^fM é iadAptud^neia 
de|lapál«ia^ Ppf epp ^upáM^ia su 
•Medial pH.mf^^ libóla» 



villa de Madrid, dirige al cielo*, el 
suavie ineieoBo de laoraoion, qu^ 
nmdo en el altar saale^-demosCra»- 
do as( que los beróicoy heekee de 
estas ilustres victimas todavía con« 
servan sus derechos sobre nuestro 
agradecimiento. No, no boi^rafá 
el olvido, la noemoria da vqeslraa 
hazañas y huesos bumiUados, y 
cuando un di& iMt prpouraor do 
otro di% ^^ aH^aifqpdtki.etfoafiOi 
esta c(mtíaM.a ^^m 4^ sígtes ao ^ 
ciprecerá vuestra gloria, sinei/iyHi 
i la trasmitirá de upa en otra genis* 
^ ración, mientras que la gratitud eei^ 
contada como virtud entre los es* 
pañoles. ... 

Madrid, ó mas bien diré, mlf 
pueblp tan lieréipo, qu^ co^juj^^ 
cia.se adquirió el dictado de Vifí^ 
dél2íde m(iU9h koy.^^ípli^ilA pi^i: 
medio de lo mas distingfú^o de 1a 

monarquia«, ajiUqfi^^Q ui 4fiMl 
piadoaoa ojSfBioe jq^a ^i; justjbf^ ia#; 
clama y U f 4Uia a^^radeieMi. oi. 
tributiu . 1 : . 

Permitidí 99ÍwhW^ pii espiriHii 
enagenade y. depaeiad<^ cooQioT4f: 
do eo astf monnnt^ osp la p^nain 
desaeíoei de lise gi an^p^l^eto^ que> 
esto £toe^re «Rarate tk9^ pres^iMAt* 
sf deoah»Bift «a efusipoM ^i^ff*» 
nari^ y!am#«« porque «a bfty 9M»*. 
Z0O vprdfideiwieato^eptñol qui^. 
no m s«gWMl0sca y m dUate» x. 
ad^eíeiauaan^blo ygeaoi9P«#- 
l^v^ion é'lavietade oaasimwf 
venerables. .. ^ i 



209 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



Aquí sé vé claramente el alto 
punto á donde puede Hegar^el va- 
' lor de UQ pueblo que pelea por la 
libertad y la independencia de su 
patria. Aquí se hicieron pedazos 
las vergonzosas cadenas que opri. 
fgmtk á todo el continente europeo; 
aquí, desde ese catafalco, se fuU 
minó ta sentencia de muerte con- 
tra los atentuds^es de la- real co- 
roña; y aquí, fínalittente, contem. 
p!o yo triste y'atetido, después de 
los días de su prosperidad, al cé- 
lebre prisionero de Elba y de San- 
ta Helena. 

¡Cuan acreedoras son, pues, es. 
tos valerosos españoles que por no* 
aotro» sacrificaron sus vidas á los 
sufragfos quc'la religión de núes- 
tros padres ordetia! A ellos y á 
loeque veneieron ison • ellos debU 
mos'el dulee reposo quehémdsdis. 
frotado y espérartios disfrutar en 
adelante. Sn M#6ica fortaleza ha 
derrotado y puesto en vergonzosa 
fuga á nuestros mas encarnizades 
éneiiiigesf y cuando no hubiéramos 
péreoido en la lucha, nos hubiera» 
nios visto precisados ¿ arraMrar 
coü'ígnoaiioia las cadenas dolos 
es6lwos« |Ah! si mi vot on este 
din» Semejante al lBopto4a.fi«efiiieik 
refnovanJo en esta iem^to>^el niila* 
greí'dél 'Oampo do Senaar,' reani* 
masé los huesos áridos, las ftiao 
clisas ée estos héroes que hsja. 
ron oubtertos de i¡(lofia haata el* 
aepuloro. 



Entonces, sí, y solamente entóu* 
ees conoceríais la solidez de mis 
pruebas y el fundamento de mis ar« 
gumentos. Salid, pues, manes res- 
petables, dejad por un momento esa 
habitación de horror, despertad del 
sueño eterno, venid, decidnos algo 
de vuestras hazañas y de vuestros 
sacrificios; . 

Pero no, no interrumpáis el si. 
lencio de la muerte: vuestros mis. 
mos hijos» esos (ilustres guerreros 
que brotaron de vuestra sangre, y 
que hoy día están derramándola 
copiosamente en los campos del 
honor en las provincias de la rebe< 
Kon,para sostener taaíihieo los de« 
reohos del trono de una reina ino* 
cento y la libertatd é independencia 
do la patria; estos mismos están 
dando una prueba irreftágablo de 
está vofdad. 

' No medetendfé yá, pues, un so- 
ló instante á la vista de hechos tan 
esdarecrdosenapeUidarios héroes 
de la libertad, héroes verdadera- 
mente dé la patria, verificándose 
en esto á ta letra fas palabras ^ de 
mi tema: uno solo peleará y des-' 
tniirá-'á mil, porque elSeiSor Dioa 
nueslfi^o estará con vosotros. 

Señores: preciso es venerar los 
ineoriiprensibfés juicios del Altísi- 
mo en los estraordinarilis aconte* 
ciitiientosque precedreroná la* ter- 
rible catástrofe átí 3deinayo.« A 
los ojosde'la ié oe vi6 alK resaltar 
la^ustleia' de1in Dibs airado que 



DURIO PE LQS NIÑO& 



907 



qvLiMo por medio de un hokbre ea<. 
trAordinarioi pero tuinainente am- 
biciofo, castigar loa delttoa de loa 
reyea y de loa puebloa, y redujo 
deapuea el mismo Dioa á la nada, 
de donde habia aalido, el instru. 
mentó mismo de su indignación y 
de su cólera, á la manera, dice el 
grande Agustino, que un padre in- 
dignado arroja al fuego la vara con 
que poco antea habia caatigado á 
un bijo ingrato. Tan impregna- 
das ae hallaban laa nacionea todas 
con las miasmas del libertinage y 
la depravación de. las costumbres, 
que, como dice un sabio escritor 
de nuestros dias, solo se necesita* 
ba un leve impulso que pusiera en 
movimiento los ánimos de loa hom- 
brea, demasiadamente inclinados á 
la destrucción de las sociedades y 
de los reinos. A los ojos de un 
hombre reflexivo y verdaderamen*. 
te político, las naciones todaa ae a- 
aemejaban á un horroroso, volcan 
en donde ae habían preparado con. 
anticipación todoa los combusti- 
bles, y solo se necesitaba una pe- 
queña centella que tobando uno de 
BUS estremos produjese una terri- 
, ble esplosion y destruyese en un 
■ momento las ciudades y los reinos.- 
Csta triste pintura,,péro tan cier. 
ta,^ que manifeptabfi ej estando A^ la 
l^urapa toda, se asemejaba muy 
particularmentfi á la Francia, en 
donde |ft revolución amenaiiaba á 
cade instante aUrono exelao de S. 



Luiat haata que lleg^ por fin el 
momento aeñali^do por la Provi- 
dencia, y eacrito desde la eternidad 
en el libro de los destinos de loa 
reyes. Con efecto, noaotroa vi- 
moa entregado aquel reino flore-! 
cíente á la maa atroz- do ' cuantas 
revoluciones han ensangrentado la 
tierra%,j¡ , 

La Europa miraba en au miama 
degradación, pero con atima intre- 
pidez, loa grandsa progreaoa que. 
hacia en au usurpación aquel fu- 
nesto genio aalido de Córcega. 
Sufrían uno . en poa de otro loa. 
puebloa todoa au ominoao yugo, y 
cada campaña anadia nuevoa cau-* 
tivoa á ana cadenea. ¡Mil veoea py 
engaño y la traición prepararon 
aua triuofea, y el continente iodo, 
deade el peligroso estrecho de Me- 
sina haata las rocas del BáltieOí y 
desde la desembocadura del Tajo, 
has^a laa heladas liberna del Via- 
tula, obedecía aua leyes y era re-' 
gido .por au . influjo. 

Am)>icioao. entre muchos, ai nOr 
ea que diga el primero entre todo% 
at|a conquiataa a^ eatendian á la' 
par de aus deaeoa. T ai an la his- 
toria de este hombre célebre i^ se 
vé que derramaba lágrimas como 
otro AlefandrQf porque solo bf^)>¡a 
UQ mundo que conquistar, deaeó, no 
.obatante, poner debajo de aua plan- 
tea este mundo cuan grande ea, y, 
dominar, ai poaible fuera» haata loa, 
miamoa elementoa. ^ 



DIARIO De LOS NIÑOS. 



4 ;^ ■■ 



' Sentado Napoleón en el trono de 
útt monarca mil veces desgracia- 
do, ceñidas sus cienes con la en« 
sangrentada corona que le habla 
proporcionada la revoluciona Pa* 
rfs era el gran teatro donde se re. 
preaentaban las mas humildes os 
cenas, supuesto que tronos, cetros 
y coronas, personas, condicrtones 
y dinastías, ponia y quitaba deltfo- 
do con la misma facilidad que un 
anío admite ó arroja los sirrientei 
de au casa. 

Entonces, cuando mas ruido ha- 
cia en la tierra el carro de sus con- 
quistas, que ni ios fríos del norte 
le detuvieron en su veloz carrera: 
duaudo una sela mirada suya llegó 
iser, si decirse puede, unasenten- 
eia de vida 6 muerte para las nació* 
nesr entonces mismo, deide To alto 
delsólio dirige una mirada de ambi- 
ción' sobre naestra España. ¡Pobre 
p&tria mia, qué de males preveo so- 
bre d! Tu delito no es otro qae ha- 
berle sido fiel á aua tratados: no 
tienes mas culpa que el haberle 
iWmqueado con toda generosidad 
Hombres, armas y dinero: así intro. 
dttjo sus huestes enemigas llegado 
el aifo de T, y cual fiero Uon espar- 
ce el espanto y el terror por don- 
de quiera que discurre. 

Es necesario decirlo: amaestra- 
do* iVoporeon ea el arte 'da engañar, 
nó se atrerió á oponerse cara á ca- 
li al soberano pacífico de las Es- 
palas, ni tomó por asalto las pla- 



zas firoBteíizaa, ni ocupó las pro^ 
vínciaai viva fuerza: con el título 
especioso de íntimo aliadtf, y ma- 
nifestando que solo venia á reali* 
zar loa secreto» proyectos que ha« 
bían db fijar para siempre la suer^ 
te de la noble Lusitanta, así conai* 
guió ver allanados los Pirineos, y 
que sus tropas, conducidas prime- 
ramente por el desnaturalizado Ü6f- 
mf, ocuparan con sociego el nór« 
te de las Españas, las Castinas y 
esa heroica capital. 

Mucho antes nos habiá ya heri- 
do mortalmente arrebatándonosla* 
prenda entonces mas querida del 
.pueblo español, aquel Femando U 
dolatrado cuyo respeto rayaba ya ' 
en una verdadera idolatría, aquel 
Femando pn cuya entrada cien mil 
ahnas salieron á recibirle; aquel 
Fernando i quien habiamos reci- 
bido con palmas en las manos en- 
tonando como los niños hebreos 
aquel alegre osiomna^ que subía 
bástalas aliaras. Lo consiguió, 
es verdad, pero fué porque enton- 
ces' dormitaba el Uún español, que 
á no haber sido así, la escena bu-' 
biera sido mucho mas sangrienta: 
lo consiguió, es verdad, porque soy 
de parecer que se habian estendi- 
do entonces sobre el gobierno de 
Madrid unas tinieblas mas densas 
que las que habian esperimentado^ 
los' egipcios en loa dias de Faraón; 
lo consiguió per fin, porque t6, Dios 
mío, quisiste que los reyes elegí- 



DIARIO D£ LOS NIÑO& 



809 



ácm por tf « eomo otro David, fue- 
ran amaestrados en la adversidad^ 
así como acabase con el soberbio 
cQando te plugo, abandonándole en 
manos de su propio consejo. 

Ved aquí claramente, señoresi 
les molidos que dispusieron la ca- 
tástrofe del 3 de mayo. Amaneció 
por fin aquel dia terrible; dia de 
las desgracias verdaderamente del 
juicio, dia en que aquella nube pre- 
fiada de rayos y exhalaciones, rom. 
pi6 espantpsamente. Hasta el mis- 
mo astro de primera magnitud que 
eegun S. Ambrosio amaneció mas 
claro un dia, anunciando el naci- 
miento de un principe criitiano, se 
oscureció de espesas nubes para 
no presenciar las crueldades que 
ibsn á cometerse. 

Observó el pueblo de Madrid que 
hasta las últimas reliquias de la 
real; casa iban á ser. transportadas 
á Francia* Conoce entonces toda 
.ta perfidia, y corre presuroso por 
.medio de sus hijos & impedirlo* 

Allí se violó el derecho de gen- 
tes, que descansó sobre la salva- 
.guardia de tos pactos y de las a- 
lianzas, viéronse estas servir de 
máscara á la mala ft, á la intriga 
roaa infome y á la burla mas inde- 
. cente que ha podido hacerse jamas 
á un pueblo generoBO. ¿T podría 
' Madrid haberse manifestado indi- 
ierentef El primer sentimiento del 
hombre es el pudor y la yergüen- 
sa con que repele el engaSo y la 
T. m: 



deshonra, el temor de la infiímía 
obra roas poderosamente sobre el 
corazón humano que el mismo a* 
mor á la gloria. El rúitico, á quien 
el amor de la gloria no le hace im» 
presión alguna, se conmueve es« 
traordinariamente si recibe una 
burla ó una afrenta; el pundonor 
es la guarda y centinela de la vir« 
tud, el primeJbióvil del h^róismcy 
y ved aquí lo que exaltó al pueblo 
de Madrid, lo que produjo una «• 
larma general, y lo que hizo lan* 
zar un grito tan penetrante, que se 
oyó hasta los últimos confines de 
la península: una descarga homv 
cida es la contestación al ju6to des- 
abogo de la fidelidad; córrese el 
velo de la traición, descúbrense los 
inicuos planes de los pérfidos alia- 
dos; el honor es el alma de Ma- 
drid, la imagen de la patria ultra- 
Jada vuela envuelta en una nube 
de luto sobre las calles de esta 
gran capital, y de todas partea sa- 
len corazones inflamados con el 
#acro fuego del patriotismo á ven- 
gar la muerte de sus hermanos. 
Allí es v.er ala florida juventud 
correr resuelta á sacrificarse en la 
primavera de sus dias por sostener 
la liberlad de su patria. Allí es 
ver al anciano venerable en su e- 
dad provecta y débil brazo recibir 
nuevos bríos á impulsos deijdeaeo 
de no desmentir en su postrer a* 
liento el carácter firm^ de espa- 
ñol, t Allí eé ver al infeliz mendi- 
27 



910 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



|6, át laborioso artesano, que no 
atiende los clamores de su^ hijos, 
ni á las eensibles lágrimas de su 
tierna y cara esposa, porque la pá« 
tm le llama en su mayor aparo: 
alK se divisa entre las fitas de I09 
valientes una muger raronil des. 
mintiendo asi la debilidad de su 
aexo; hasta el ungido de Dios de^ 
^so en aquel diá el espíritu de le. 
nidady de mansedumbre, y dio' el 
•mas raro ejemplo 4e valor y ái he- 
Mkmo. ! 

Cada calle estjiiiamurttUa, cada 
casa una fortaleza, y' la ceñuda 
muerte cae desde los mas eleva- 
-doo edificios «obre aquellos hués- 
pedes ominosos que llenot' de ter- 
ror huian en todas direcciones, y 
el cañón asestado y la mecha en- 
cendida nada les intimida, el espá- 
üol no temé á nadie y el valiente 
'madrileño miró sin temor las Ai- 
langes enemigas. Tíftense las ca- 
lles con la sangre del pérfido agre- 
sor,' ihescíada con la del valiente 
patriota, y ciertamente que loif pri- 
meros momentos de este estrsordl- 
nartO' isombate no fuieren' muy fa- 
vorables á los franceses. 

Tiembla Madrid, peÉ-o es de hor- 
ror; se estremece, mas no os de 
miedo; y ¿cómo habia de teíner 
cuando miró con entusiasma á la 
torre de Lujar y recordó que allí 
habia catado cautivo un rey de 
'Francia, no sorprendido temólo 
*ftté el nieto de fian' Fernando, sino 



rendido al valer de lo» ésp&fiolea 
en los célebres' ¿ampos de Patl'aT 
La villa toda se etrrivtéfte eia^ft 
campó de batalla, las calles eetlbi 
llenas, de enemigos; él mido del 
cañón aturde, estremece; ¿h/cia 
donde se oyó?- hacia; j^l parque idé 
artillería, escara el sitia ^lestinadé 
donde debían inmoláféld' las meé 
preciosa» victimaé; ' eíl 'ángel de 
Madrid habia colodddo allí dos gé^ 
nios déla guerra 'en áii > deftnsá, 
en ellos sefeunieroki ef^^lidnoi*/ él 
valor,' el heróismo; ellos prefit^e- 
ron la msferte'af dolor insoportable 
de ver la rbína do una patria que 
adoraban; fkltos de Codo, provisteto 
únicamente de valor, rechazan tm 
y mas- veces Tas columnas enemi* 
gas, estos repiten el^ asalto, y aque* 
líos dos genios tutelares repiten 
tanibien la destrucción de nuevos a- 
sésinos, ¡qué vergüenza señor! i^oé 
-vergüer.ea! ser neceshrio que -todo 
un «jército se Válga de la alevoáéi 
para terminarlas vidas de dos hotri- 
brea cuy^ existencia importaba in- 
finitamente mas que la déios qui. 
nienlos eúetnigos que hábian ^t- 
ribado á los pies: gloria iiím^rtttl; 
honor y gloria á vosotroa, víctiiiriM 
ilustres Daoiz y Velarde, honor de 
^España y emulación '^cfl mutidb 
entero; el Dios de lo» éjéif^it^ 
cambicr en coronas dd' gloria Ms 
laureles con que eubrislds vues- 
•troa^mórtaloif despojos; por dit bo- 
ca etftfete día o» athidar |a patria, 



DIABIO DE. LOS NIÑOSL 



211. 



y ífil mitiCbr 'español, lifoteftáe^^iiM 
Umr.tn cómbate, dulcemente repe. 
lid.Viieetfofl nombrea»^ Mas no 
ae contentó la impofiente rabia de 
loa yerdugeé con la aangre de es. 
tfm Tictímaa* Sabe el pérfido 'Mn- 
aet.qáe loa madrite&oa (habían re- 
aii«kojBe|>nliarae bajodeane ruU 
M» antea que recibir el ominoao. 
yugo qi|e lea prepara, y juntando 
á la . ferocidad la perfidia^ bace 
pronunciar por nucatroa magistra. 
dea la dulce voz de la paz, á cuyo 
eoo agradable loa hijos de Madrid, 
aiempre obedientea, deponen laa 
armas, y 8Ín.xozobra ae retiran á 
aua bogares. ¡Pérfidos! ¡ir^huma. 
nos! si apetecíais venganza, ¿por. 
qué no os p/esentasteis. cuerpo á. 
cuerpeé exigirla? Vosotros nece- 
sitabais ocultkr vuestra ignominia: 
habíais visto á la luz del dia vues- 
tra degiadadion, era preciso que 
la.noche cen su negro manto. cu< 
brieaé luestra cobarde ferocidad.'; 
Yktimaa ain cueato fueron íntiió. 
ladas á la escasa luz de laa estreo 
lias eñ el lugar de la recreación 
y de ;laa. delicias^ y apeaaa podrá 
daiisa. un paao en. aquet aitiorda. 
aangre sia piaar laa.cenizaa de at'< 
guabécoe. 

I^ hay duda q^e á este «oble 
alzainiento, por no dilatarme ma^ 
en este dia, roerecié la patria aa^ 
salvación. M fuego encendida 
ao Madrid ae cemunic^ rápida* 



«aiéaliráñé que denUS á f^ooo titinU/ 
po viéramos á mas de veinte mil 
franceséá someterse á un ilustre 
general en Bailen, deponiendo sos 
armas. Valencia alzó antea que 
Qtrasprovincias el estandarte'de la 
libertad, y ahuyentó i Moncey y 
lo. arrojó de aus muroa: loa cátala- 
nea no temen, arnique vieron ocu« 
padaa sus ^imeras fortalezas: la 
inmortal Zaragoza, abierta por to« 
daa partes, escudada solo oon loa 
pechoa de aua hijos sabiamente di- 
rigidos por un6 de nuestros mojo, 
rea caudillos, resisten al rsyo ful- 
minante del tirano que habia jura- 
do su ruina. 

El genio de España levantó su 
bumillada cabeza, y promovió una 
esplosíon tan estupenda que hizo 
mudar de aspecto las cosas huma« 
ñas. ¿Y dudará ahora alguno ala 
vista de estos hechoa iñemorablea 
del JMsto título que be dado hoy tf 
las )uct2maa del 2 de. Mayo, dé 
héroea de la libertad y de té inde- 
pendencia de la pátríat 
; EUoa han peleado contra un 
sinnúmero de asalariados estrán* 
gerosy que solo con el título y dic 
tado de amigos pudieron pisar 
-nuestro suelo. Ellos pelearon con< 
tra los que se decían invencibles pof . 
las decantadas .vietorias dé Aua- 
terUtz, de .Maren^ y de J'ena. , A 
ellos, no hay duda, á su esfuerzo 
debiió entonces Roma el ver s^nta- 



/ 



men&e yor leda la oacion,' y yene I dos á los pontífices en |a silla del 



213 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



Vaticane: beneficio en el dia tu* 
justamente olvidado. A los es- 
fuerzos de los españoles deben las 
naciones todas el haber recupera* 
do sus dominios y haber sacu* 
dido el vergonzoso yugo que las 
oprimiera. La inmortal Cristina, 
esta reina grande, digna de una 
nación grande, le dirá á su exelsa 
hija, nuestra reina' Isabel II; si te 
ves sentada en el trono de tus pa- 
dres, á ellos le eres deudora de es* 
te título, mas glorioso que el que 
te ha trasmitido naturaleza por tu 
cuna y nacimiento. Con justicia, 
pues, repito que deben apellidarse 



«en este dia héroes de la libertad y, 
de la independencia de la pátri». 
Y vos, gran Dios, desde el altó, 
cielo dondo habitas, dirige una mi- 
rada de compasión y de indulgen^, 
cia hacia estas víctimas tlustree, 
y si necesitan todavía de nuestro» 
sufragios, enviad al ángel tutelar 
de las Espaftas, y que reciba esta 
hostia santa, esta hostia pacifica 
sacrificada hoy sobro el Golgota 
de nuestros altares, y purificadas 
de sus impefrecoiones, sus nom- 
bres sean inscritos en el libro de 
los héroes, y sus almas descansen 
para siempre en paz. . 



Deberes para can la patria. 



IL pueblo en que has nacido, 
hijo mió, (decia un maestro & su 
discípulo) ó en el que vives, se 
llama N.«.. N..,. está situado 
en una gran provincia llamada A. 
• ... y esta provincia pertenece á 
la Italia. Tú debes, pues, gloriar. 
te de ser italiano, porque este país 
es uno de los mas amenos, ricos 
y hermosos del mundo. Nada 
ftlta á la Italia para ser fuerte, 
respetable y feliz. En los tiom. 
pos pasados los italianos domina- 
ron las tierras y los'hiares con sus 
virtudes y con sus armas; en la 
aetualidad ninguna otra nación les 



supera en el estudio de las artes y 
de las ciencias. La Italia tiene 
unas 830 leguas de largo y de 80 
á 70 de ancho* Contiene dos mil 
ciudades, veintidós mil pueblos, y 
mas de veinte millones de habi- 
tantes, que hablan mas 6 menea, 
bien la lengua del pais, y á los* 
cuales debes amar como hermanoa. 
„El fecundo suelo de tu patria 
produco trigo para alimentarte» y 
frutas para regalarte con ellaát sus 
aires purés y la amenidad del pata 
alargan placenteramente la vida; 
las leyes y las buenas costumbres 
te defienden) su gran nombre (e 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



313 



\" 



hoñm; y /será posible que no tmea 
4 una patria que te ofrece tanU9 
▼efttaj«8| y en laque ae hallan ade- 
mas tua padres, hermanos, parien- 
tes, bienhechores, amigos y cono- 
cidos? En eelo «mor están recon- 
centrados todos los afectos de un 
buen ciudadano; y todos ^st&a obli- 
gados ¿«mar á mi patria» como S9 
ama á su madre. El mismo Dios 
ha impreso este santo amor en el 
corasen del hombre: nadie lo co- 
noce mttjer que el que se halla en 
una tierra -estraña^ pues no hay 
quien no desee oir hablar su len- 
gua, volverá au casa paterna, a* 
brazar á sus padras y amigos y 
volver á ver el cielo, las aguas y 
ioe campos que le vieron nacer. 
Bs muy numeroso el catálogo de 
l#a>'- hombres célebres que han 
rrioerto por la gloría de su patria. 

hEs un deber tuyo no alterar la 
paz de tus conciudadanos, no des^ 
honrar la patria con malas accio* 
nest sino ilustrarla mas bien con 
A)i estudios, con las artes y con 
las obras de virtud. Es un deber 
ttiyo observar puntualmente cuan, 
to mandan las leyes de tu pais, ya 
que ellas protegen á todos y hacen 
pros|>erar la agrioultufa, el comer- 
ctO) las' artes, las famifias y el os- 
tuéo* El que no quiere obedecer 
laa leyes rehusa los^bienea de la 
•obietfaid.' 

,tEs también deber tuyo tomar 
laír iñrmaa' coando lá pitriá cat&éa 



peligro de aer asaltada^por sus 
enemigos, y defenderla con tu vi- 
da y con tus intereses. 

,«Todos los hombres honrados 
contribuyen á la prosperidad de su 
patria. Los magistrados mantte* 
nen el orden de las poblaciones, 
castigando los malvadoi y defen- 
diendo al iiUH^eAto. Lqs babiUin- 
tés de las ciudades, quiénes con un 
oficio, quiénes con un arte y quié- 
nes con una profesión, proveen lo 
necesario para una vida cómodiiy 
agradable. Los aldeánoe aunii* 
niatran el trigo,- las verduras» las 
frutas^ el cáKamo, . la lefia, y fi. 
nalmente, todas las materiaa nece- 
savias para hacer vestidos, cona-^ 
truir muebles y edificar ciudades.^* 
Los ciudadanos mas amaiiteipiil^ > 
su patria, dedican sus talentos á 
la introducción de útiles manufac- 
turas, á la fiíndaoion de escuetas 
y á la distribución de premios á 
los artistas, para que florezcan las 
artes, abunde el pan y ao fomente ' 
el pais en todos loa ramos. El 
hombro perezoso, dol mismo mo-: 
do que el avaro, es deapreciado 
generalmente, al paso que son re- 
verenciados los nombrea de aque« 
Iloa peraonagea que han preftado 
relevantes aervicioa á su patria,' 
que la > ban auxiliado con aua rt- 
quezaa, y defendido con au aangre»- 

„Loa puebloa aon a^radepidoa 
á aquelloa homlirea iluatrea; loaaá-< 
btoa celebran en aua obraa áoa ao* - 



914 



pumo DE LC» NIÑOS. 



clones mai brillantes; bU9 confiiu- 
dadanof les erigen eatatuas y. mo- 
numentos, y encienden en el ánimo 



de los jóvenes él desdo de* ísaitaii 
aquelíoe beftnoaos rasgos d» y iciiid» 
y da merecer iguales hoaores."- 



NOTICIA DE LOS MAS CÉLEBRES ACTORES 

ai7B BAN aSCRITO SOBRI hÁB CIBIVCZA8 SXACTAS. 

•.•■'• » 

ComittÉa él ariUnlo cotnenxado-m d cutiitmú S, ^ idtúmotw ^ , 
págüía 118. " » 



4if o«sxxo B AdQN «fuá un. religioso 
franciscaao, inglás» qUe' tí Via en 
elsiglo treisaé: y oaoi6. coii 1m dís« 
posicioneade iagsfiío roas feiiees- 
Estudió el griego y el árabe, 6 hi* 
zo progresos en oasi todap las 
ci^nqjaa^ Aunque éJA en loa Wf 
travíoB que ocasi.ottafra ni mal gua* 
tO' del tiampo, apli^átidosi». á la 
asUologia judiciatia^;^oaarpi:eAdi6 
Qft obstante, que el : mejof m^dío 
djs adquirir algunas noticias «n el; 
estudio de la naturaleza, era .unir 
iM verdadea matomátieas á Isa esí- 
panmantadaa, quiero decir, . reoti^ 
fi^r las esp^rionciaa por el razo- 
namiaAto» Condonó, pues, alU- 
menté elmééada de Lds ebeolásti» 
Qos, qua era tnuy opuesto al. prea<! 
cjpito l^r él Con .esto nidispuéo 
mucho á loa filósofos do sH orden» 
cjíiyo amor propio no podía sufrir 
la feuperieridad de su bermitio. 
P*mTbngarse*.de .41 '«toduviaron: 
bascando ocasiones de pafdnde^.jr. 



I como Alcen joultiraba láqnfmiaa, 
y. hacia por Ostb arte cosas estsadrwi 
I dinartaa, le ilenunciaron.al bapít»- 
lo^geneaal da su ordena acosánda]-: 
le. da mágica. Admitióse k.aatiw 
sacien» y- al capitulo le prabibió 
6sari.bjr>4 No contentos con asta 
saoteneia sus j^uemigost volvioron : 
á.dar tifa^ él,, yioo parieron basta, 
ep^errarla aa una caree), en Ucq^e 
eatujiro miiobo tiempo por repet|i»i 
dii^: Teces.' Pe/ro sin embargo* da ' 
todos ^etoa contratiempos .compu- , 
89( Ba^ofi Tanas obraa en que dio 
á. conacac loa principios de loadep* 
cubrioiiantos que podían hacerse 
en la filospfia. ProTÍó admirable. 
mente asta sabio Taron U.inTanr> 
cien de los anlaojos, la-^o I& .{)^- 
Tora y la refirma del oalan4ar|o. 
No toídoa . sus escritos baii saljj^ .• 
al p(iblieo. t«0P :qq^ ' }¡^^9 llagado 
á nuestras manos por medüisrdii la^. 
impranta, sfn lo» ftig«if)nl#it Spfi* 
eukUí mai rn tü c^, t n».n j 



DIARI0 BE UOS NIÑOR 



•19 



. jCufAitu Así 86; llamflibii.ua Ict-* 
S«rcin» «tue está á lao!rill« del 
Mosela,' «iiyo noníUré toma bd 
•Uter de! lat «ienciai» exactas lla<i 
«stotNíeoMé. Era bijo^denn pea» 
6aédr,'áa¿¡ó em Cmaa iel afío de 
1401 7» abrasó el estado ecleaiásti* 
00.' 8<i.aábidurla la shiao tan 9re. 
aomendkbre» que Uegé 4 las dignU 
dadev Mas altas. DLóselá .deade 
hnfa'tiD canabicatoi dMfbiea iüé 
■MidMfadd deaa del 6r. Florente 
de péoaimeia) arcediano de Lio- 
jas, cardenal y obispo de Brizía 
en Alemania^ Halübaae- eotón* 
ees en aquel' pais en calidad de 
imncjo de Evgenio V. Los ca* 
ni^igQs de Brixia hfibian nombra» 
do á Leoikmdo Wimner chanciller 
de Sigismundo, archiduque de Auó. 
ifiaiP.srAaB(^a(Z9b¡tp|i(íó» jetando 
VacaAie. EP papa reutó confiri. 
mar esta elección, y Sigismundo, 
ittdigaado con este proc^i^irniento, 
mandé poiier preso al cardenal de 
Cúiá ifin tener respeto de su dig- 
nidad, ni. á la autoridad de la san- 
lasüla. Este negocio hubiera te^ 
nido malas consecuencias, si- el 
mismo cardenal no hubiera procu- 
rado que fe compusieee. Se apli- 
'«6 á'lá'teóloáfa, peirque su estado 
lofediá aaír y compuso muchpá 
tratados, teológicos, entre los pua* 
les se dialÍB0Qe sobre: todos mi U» 



bro ihtitniadet Xa Coneorviúf catóé 
Itea, cayo objelo es defender la 
autoridad del concilio sobre el pa« 
pa. .. Sia embargo, no era este aa. 
tudio el que mas le agradaba; stt 
genio le inclinaba mas al de lail 
óienoias exactas- Es el primero 
de los autores mederaoa «pie reniÑ 
?6 el sistsma del movimienlsi dé 
la'tierra ai rededor del sol» .£«• 
cribió aebre la cnadrataradel dfr* 
culo, qae'orey6 babee cncDnlfadaiJ 
y publiéó otras' mathas obras de 
¿eojbetría pooo.esticnables. Todas 
laa sayas se contienen en trerroMi)! 
menee. Mc^ióeaTori, ciudad de 
Hambría, á 12 de agosto de 1464, 
de edad da seteata jr tres años. 

PirnBACfl. ^ájb este nombre se 
conoce un restaurador de las cien- 
cias exactas, llamadp Jprge» Na> 
ció el año de Í4¿3 enr'PtifteeA, uñ 
lugaroillo de Alemania/ situadd 
entre la Austria y la Bavier.it. .EifN 
tudió en Viena, y fué su UlaestM 
Juan de Genuñder, catedrático (Í¿ 
matemáticiiis en la Universidad de 
esta ciudad. Tomó qngqsto par- 
ticular á la astronoraío, é hizo nm* 
chos vlages á Italia, para instruir^ 
se oon mas estensioAen estaciejd^ 
cia. Quisieron que fijase su re* 
sidencja en Bolonia; pero p\ em- 
perador f'ederico III le oblijs<f 
con iantoa beneficios, que se ?i6 
precisado á volver á Vtena. Pur* 
bach se dedicó allí partici^armen* 
te á la observación de loe aatro% 



210 



DIARIO DE LCM3 NIÑOS. 



y después de httber rectificado los 
instrumentos de los astrónomos 
antiguos, ínTentó otros nuevos. 
Sus observaciones le pusieron en 
estado de examinar el sistema de 
TUomeo y corregirle. Formó ta« 
blas astronómicas, y perfeccionó 
la trigonometría y la gnomónica. 
En Bwdio de sus estudios, deseaba 
siempre tener una traducción fiel 
del Almagesto de TUomeo. Esta, 
ba etla obra escrita en griego» y 
él ignoraba esta lengua. Habien* 
do llegado á Viena el cardenal 
Sesortojí, griego de origen, tomó 
amistad eoñ él Purboek^ y el car. 



denaly que amaba la astrooomiat I* 
aconsejó que vol? iese á Itattá para 
aprender bien la lengua griega.^ 
Trabajaba entonces en hacer un 
compendio de esta grande obra, y 
estaba en el libro sesto; no obstan^ 
te, se dispuso á seguir el coosó^ 
de Besarumt cuando le arrcbalóf la 
muerte el día 8 de abril de -^1469 
en la edad de treinta y nuevaaRos; 
Las de Puriaeh que ban salido 
á lus se intitulan: 1. ^ Thóriett 
nova Planetarum. 3. ^ OimrtM* 
tumet Hatnaem. 8.® Fanvla 
Edipihmf según el mediterráneor 
de Viena. [C0ití»mré*] 



EL C.1RBOJVERO. 



JuANtTO habia observado que los 
moEos de un panadero, después de 
haber introducido la leíla en el hor. 
no, la dejaban arder hasta que que« 
daba reducida á pequeños pedazos 
earbentzadof ; que luego la sacaban 
aetes que se hubiera convertido en 
ceniza y le echaban agua encima. 

Preguntó el niño á dichos mozos 
(por qué haciah aquello? y le con- 
testaron: que con aquellos trozos 
medio quemados se hacia la br^sa. 
Pensando, eniónces en los usos de 
la brasa, K vino á Juanito el deseo 
de sober cómo se hacia el carbón; 
y habiéndole preguntado al encar. 
gado principal del horno, este di. 
jo: ,,E1 carbón se hace de la leña 
cortada ' en los bosques destinados 
á este objeto,! cuyo corte se hace 
por lo rejsular cada diez años. La 
leña que dá^ mejor carbón es la de 
encina ó de haya. Con los tron- 
cos y con las ramas de los árboles 



cortados en trpzos pequeños forma 
el carbonero un montecillo, tenien« 
do cuidado de dejar un respirader 
ró en toda su aliura; luego cubre 
aqu( I piondontorio de leña con tier* 
ra firme y dura, y en seguida in« 
traduce «el fuego. Como, la leña 
está algo verde y el aire qo puede 
correr libremente por ella, arde 
poco á poco, sin hacer llama, y el 
humo va saliendo por el reepírade* 
10 que se le dejó al intento. A los 
ocho ó diez dias deja el carbonero 
de mantener vivo dicho fuego, el 
cual se va apagando gradualmenle 
y queda hecho el caibon.^ 

NOTA. 

£N el cuaderno nüm. 11 p2ig. 341 de 
esta obra le dice que Criitobaí Colon oaeíÓ 
en Genova» y aoBi|iie al baUar de Sevilla 
en el cuaderno núm. 89 p&g. 127, del tomo 
t. ^ se ba lepetido que tp nacimiento te ve* 
rífico en esa ciudad, el editor cree de le 
deber advertir que la primera opinión es le 
que genemfanente está recibida. 



-VÚju C 7 t í{^ ^Htrtc 




• OS csp 0305 felices. 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 21? 

LOS ESPOSOS FELICES. 



Chí dice mal d'amore 
Dice una falsitá. 

CAivcioif Italiana. 

Ín el ominoao año de 1823 mu- 
stias fueron las fanailias que tu* 
TÍeron que emigrar de España pa* 
ra no ser aaórifícadaa en las san- 
grientas aras del despotismo. No 
solamente en variua reinos dt la 
Europa, mas tamlñen en las pla« 
yus de la ardiente África y de la 
remota América se oyó entonar 
por aquellos ilustres prófugos el 
Himrtoá ía libertad, bien como el 
^eblo hebreo entonaba el super 
fiámina Bahilimis en su prolonga, 
do cautiverio. ¡Guantas veces pa. 
asando yo solo por las orillas del 
opulento Tániesis, solia repetir los 
siguientes venios de un antiguo 
poeta nuestro! 

Siéntome & lat orillas de eitos ríoi 
Bcmde estoy desterrado y lloro tanto 
(^oe los hacen cveeer loa ojoe míoi. 

Si alguna ves por ooniolanne canto 
Es cosa para mi de tanta pena 
Qu^ tengo por mejor volverme al llanto. 

¿Qaién puede consolarse en tierra agena 
Si de sn cara patria el dalce nombre 
A cada instante enjsnsjorejas loenaf 

Entre las victimas de la tiranía, 

que tuvieron que abandonar su 
T. m. 



patria estaba D. Félix Acevedo» 
magistrado íntegro, en cuyas ma« 
nos la balanza de la justicia» en 
veinte y cinco años que egerció 
el sagrado ministerio do TémiS|. 
nunca se inclinó para el lado del 
hombre rico ó poderoso, con per- 
juicio del pobre desvalido. Prin* 
cipió su honrosa carrera en Bne« 
nos-Ayres, en 1798, contando en- 
tónces treinta años. Pasado algún 
tiempo hizo un. casamiento venta- 
joso con una jóVion de Montevideo, 
siendo el fruto de esta unión un 
hijo y una hija* Doce años des* 
pues de su* llegada á América» 
cuando su patria estaba haciendo 
prodigiosos esfuerzos para sacudir 
el yugo opresor de Napoleón,' D, 
Félix regresó á España en com* 
pañía de su esposa, de su hijo 
Rodrigo, de diez años, y de su 
hijita Teodolinda debéis. 

En 1820 esta familia residía en 
Andalucía, y allí continuó, hasta 
que de resultas de la invasión fran- 
cesa en 1828 se vio obligada & 
seguir al gobierno á Cádiz. Ro. 
drigo, que era voluntario nacional, 
recibió orden de acompañar al 
general Riego en su malograda 
espedicton; y poco tiempo después, 
habiendo sido hecho prisionero en 

una acción, fué inhumanamente 
28 



218 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



•aerificado por los bárbaros satélí- 
tes del tirano. 

Esta fatal noticia vino á acabar 
de consternar á sus padres cuando 
las libertades patrias estaban ago- 
nizando. Todo conspiró contra 
ellos; faltóles el hijo, que esperaban 
babia do ser el báculo de su vejez: 
á todas partes á donde estendian 
la vi6ta era para ver escenas ácual 
inas lastimosas: el edificio de la 
libertad iba desplomándose á im* 
pulsosde legiones estrangeras con- 
ducidas por un principe que hace 
siete años está viendo ocupar á 
otro el trono que 61 mismo hoy 
ocuparía si su familia hubiese 
aprendido en la desgracia á respe* 
tar al pueblo francés. 

Vino por fin el momento en que 
0. Félix tuvo también que salvarse, 
y huir á las hospitalarias playas de 
Inglaterra. Como su muger tenia 
parientes en Buenos* Ay res, em- 
barcóse nuevamente, y llegó áesta 
ciudad á principios de 1824. La 
probidad y las virdudesde D. Félix 
todavía estaban frescas en la me- 
moria de sus amigos, y por eso 
fué recibido no como Español pró- 
fugo y miserable, sino como un 
btjo predilecto del pais* 

Teodolinda frisaba en les veinte 
años; su gallarda presencia y su 
educación esmerada prendaron so. 
bramanera el eorazon de un joven, 
rico propietario de Montevideo, 
llamado D. Alejandro. Nada bu- 



boen sus amores de romántico, y 
sin ningún incidente estraordina- 
rio, pocos meses después de la 
llegada de D. Félix los dos jóvenes 
fueron conducidos al altar, y en la 
presenciado un ministro del Altísi- 
mo ratificaron el juramento de su 
amor eterno. 

Al fin de tres semanas D.- Ale- 
jandro arregló sus asuntos, y volvió 
á Montevideo acompañado de su 
querida esposa, y de los padres de 
ella. . Retirado en su casa de cam- 
po, atendiendo al cuidado de sus 
propiedades, ageno de ambición, 
libre del vicio del juego, y de otras 
pasiones que tantos disgustos acar* 
rean alas familias, sin querer per- 
tenecer á ningún partido político, 
veía pasar los años en la mas com- 
pleta felicidad doméstica. El pa- 
dre de Teodolinda^ qqe ademas de 
los estudios de su profesión, se ba- 
bia dedicado ala- agricultura y 4 
la química, tuvo un vasto campo 
en donde poder hacer ensayos, que 
con el tiempo contribuyeron á au- 
mentigr las riquezas do su yerno; 
y este y muchos paisanos suyos 
conocieron entonces la ventaja 
que tiene la ciencia sobre la pere- 
zosa rutina. 

Reuníanse en casa de D. Ale- 
jandro ppcos, pero buenos amigos, 
y nada faltaba en ella para pasar 
agradablemente la vida. La pes- 
ca, la caza, las carreras de caba- 
llos, el villar, el agedrez, la músi- 



BUBIO DB tjon Nií^oa 



m» 



ea, 7 una e^cogids bibtiotecat su- 
jaÍQittrabftn 4 aqveH^ boarada fa- 
inilifk mas placares de. loa que po* 
^ia.aopptrtar ; au aborrecimiento á 
la ociosidad. La virtud que mas 
sobraaalia en todos ellos era la ca- 
ridad bien dirigida* D. "Alejan- 
drOf ..aconsejado por su soegros 
institiiyó una escuela de prímeraa 
letraa pararJos bjj«<8.de los labra- 
dores y gente pobre de aquellas 
p^rpanías» y su mMger otra para 
tas bijas, . A es|e efecto hicieron 
^n edificio cpn^iguo ¿ su casa, y 
mandscon venir . de la ciudad un 
masstroi cuya muger era maestra 
de ias niñas* Con el tiempo se 
aumentó el número de los maes- 
tros para enseñar gratis algunos 
oficios á los mas adelantados. Así 
por todas partes resonaba el eco 
de las bendiciones y alabanzas, 
dulce tributo que el agradecimien- 
to ofrecia á la beneficencia de D. 
Alejandró y de su modesta esposa. 
Coriria el año de 1831, y el es- 
poso de Teodolindavsia con gozo 
en su bijita Emilia» de seis años, el 
retrato de su madre^ y en el pe- 
queño Adolfo, de dos á tres años, 
ln espetaAza de conservar el nom- 
bf o 4e pu familia. Acostumbrados á 
i;HpíiWis) aire lihr# del eampo» ere^ 
CMÍQ prodigiosanantay como plan* 
ta» ení terreno ferazrcjttidadaapor la 
^saM aativa de labrador . intali* 

Una tarde Emiliai qua «arabas* 



tanta traviesa, salió de oaaa lle- 
vando por la mano á su hermauit 
to, y alejándose insensrblemeota 
tuvo la humorada de ir cogiendo 
unas flores blancas de enredadera 
y floripondio con las cuales se co- 
ronó á (i misma y también á Adol- 
fo. Distraída en esta inocento ocu^ 
pación, estuvo cuaií .4 punto do 
pisar una eKorne serpiente, eaan- 
do sobrecogida ¿ la vista de aquel 
monstruo, tuvo la presencia de 
espíritu de no dar un grito para 
no deppcrtatlOf yvagarrando por la 
mano á su hermano ^gbó á correr 
lo quo pudo* Su madre, que ya; 
los había visto deiqde casa, bajó 
luego y salió al encuentro de ellos. 
Los niños asi que la vieron, olvi- 
dando el susto que habian pasado, 
se lanzaron á los brazos materna- 
les, y trepando por ellos el peque* 
ño Adolfo inundó de besos á su 
madre, en cuanto Emilia agarrada 
i ella parecía estar poseida de 
aquella satisíaccion que goza el 
que so vé libre de un peligro que 
amenazó su existencia. D. Ale- 
jandro y su suegro estaban obser- 
vando 4 lo lejos este linde grupo, 
y ,fué tal el placer que esperimen- 
tó el primero, que al dia siguiente 
n\andó llamar 4 un pintor español, 
emigrado en Montevideo, y quiso 
que el pinqel del artista trasladase 
4 un cuacdro, en tamaño natural, Ifis 
tfids figuras agrupadas que tanto 
le ambeloeaban. . 



220 



DIARIO DE LOS NIÑOa 



* Emilia contó á su madre el sus- 
to que acababa de pasar, y esta la 
reprendió caríñosamente, hatíén. 
dola ver los peligros á que se es- 
ponta por separarse de su lado.— 
oTen presente, hija mía, añadió 
ella, que así como viste entre las 
florefl escondida una serpiente, que 
no te hizo mal porque felizmente 
no la tocaste, los placeres que 
ofrece el mundo llevan también su 
veneno si no se usan coa disere* 
cion y prudencia, y matan ó lle- 
nan de amargura loa dias que de. 
jan de vida á los incautos que se 
dejjan deslumbrar por sus aparten* 
cias seductoras."— Y diciendo es* 



to se dirigió á ea8% habiendo en. 
centrado en el catrfino á su aman- 
te esposo, que Se tenia, y con ¡vuh 
ta razón, por el hombre mas feliz 
del universo. 

Lo cierto es que él y ella no son 
conocidos en Montevideo sino 
con el nombre de ¡os Esposos felu 
ees; y viven hasta el preseate eá 
felicidad nuncni 'interrumpida, por« 
que tienen presentes estas dos 
máximas, una del emperador Alf¿ 
y otra de Sanial Dubay.— „St os 
concede Dios la felicidad, dadle 
gracias." — „La felicidad es una 
planta que solamente crece en la 
zona templada de las -pasiones." 



GERTRUDIS. 



En tomo unidas van, el hambre fiera, 
La miseria afanosa, la devorante ñebre, la ambiciosa 
Gloria, el furor y rabia cat'nicera, y todos cuantos malea 
Comprimen con la guerra á los mortales.— NoroHa,. 



I. 

iN,la rivera del Pisuerga, á 
corta distancia de Valiadolid, se 
distinguen todavía los carcomidos 
restos de una pobre casa, que ñi6 
por algún tiempo, en mas venturo* 
rosos, años, el abrigo de una nume- 
rosa y honrada familia. 

Los hombres, que íbrmaban una 
parte de ella, ocupados siempre en 
las labores del campo, y sin«sálir 



jamás de su • estrecho circulo, pa- 
saban la vida sin zozobra, disgus* 
tos ni cavilaciones, porque en m^ 
da tenían que pensar «ino en Tivtr^ 
alegres; miéátras que las tnagoree, 
mas- hacendosas q«e eljos^ duida-* 
han efícazroeale de1<aaeo de lai 
icasái así eomo^del de Éasqaerrdoa^ 
padres, que iban entrando mt Ish 
betveétaé. - .- 



I>XARIO DE LOS NIÑOSL 



221 



Caitro eraa 1m' hijos que estos 
boenos viejos eontoban vivos de 
sa felis matrísAbnio, doi de los 
eiiftles eran varones, y los otros 
dos hembras; las que, bien sea pof 
Bve medianas proporciones de for- 
tuna ó bien por la fama^^ su re-^ 
esto, no neeesitaron, para verse so- 
iioitadas pava esposas de jóvenes de 
relevantes prendas, de artificio al. 
guno,ni de presentarse bien pnestas 
en las coacnrrencias, bailes, ni ro- 
merías. • • • Así es qae miiy jdvenes 
a4o, se desposaron ventajosamente 
een dos de los mozos mas bizarros 
de una villa, cuyo boJlicio aban- 
donaron cediendo á las dulces ins- 
tancias de sus amantes esposos, y 
4 los consejos dé sus respetables 
suegros, para irse 4 vivir al campe, 
do soto reina la verdadera paz y. 
la ventura, sin el dolo ni los bruta* 
les exesos de las ciudades. 

Los varónos, que ^siempre han 
sido el género de mercancía de 
mas fácil acomodo, no tardaren en 
imitar el ejemplo de sus dichosas 
hermanas, casiodose con dos sire- 
nas, que anmntes y complacientes 
síguíéroiriés 4 su delicioso retiro, 
del qbe se ha heehóyameneíonal 
prineipío de^ esta historia. 

Ved aquí cuatro envidiables ma» 
tfknonioSy viviendo en santa armo, 
láa^én >el* mismo hogar que habia^ 
servida de albergue 4 tr«s gisnera.' 
oiotteB*:<>. 



n. 

Un día de primavera, alegres y 
festivos, se reunieron todos los de 
la fiímiHá, mas temprano de lo 
acostumbrado, bajo el pintoresco 
emparrado c^ue adornaba el frente 
de su habítacioii, con vol loable ob¿ 
jeto de celebrar el níaoimiento de 
una he\moea niña, que habia dado 
á luz feliamente la hija mayor de 
la casa. : 

. Crióse esta ni&a, 4 quien pusie- 
ron por nombre Gertrmdis, siendo el 
orgullo de sus honrados padres, y 
la envidia de cuantos la" miraban; 
no tanto por su' hermosura, p^o 
común, [cuanto porque ya daba i|i» 
dicios, no solo de grantalento, sino . 
de una fhdele tan dulce, y de vir* 
tttdea^an reelevantes, que exedi» 
al deseo de sus padres y abaeíos* 
Ta contaba cuatro año% y los pre» 
ciosos dones con que la dotó la na- 
turaleza iban cadadia en aumento, 
así como su recato y docilidad 
encantadora. . : ) 

Los tios de esta criatura angelí*, 
ca, que eomponian loa otros tres 
matrimonios ya mencionado^ cua^i 
si habian perdido la esperanza de> 
tener sucesión,. por lo que GeHru-» 
dis era el ídolo de toda la familia^i 
y lan amada de todos, que se dis- 
putaban el derecho de agasajar<«; 
la, colni4ndola de mere{edes.j lam- 
abítelos lloraban de plaicés, y^^n- 
' decian regocijados al cielo, pidi¿n«. 



S22 



BIARIO DB IX» NIÑO& 



doU en feryorosáa plegarías que 
velase sobre su nieta haciéndola 
triempre venturosa. 
' Un día en .que cierto asunto de 
íamiliaiobligó al padre.de QatiTn* 
día á pasar á la ciudad, fué el pri- 
mero de mal agüero para ella^ 
Por la noche volvió este á la nasa 
paterna con la desagradable nott*. 
cía del levantamiento de l«e tropas 
iraiYcesas, que eaíson de paz se ha. 
bían apoderado de Madrid «I 2 de 
mayo, prínci(»io:de la revolución 
mas gloriosa, ocasionada por > la 
traición mas. exeerahlo. ' 
; Sabidos son los grandes trastera 
noade.quo fué: oáusa a8|a< guerra 
fisatrieiéa^trastomos <|oe asLalcan- 
^zaron 6 los: grandes y artezonadoa 
palaciósi; como' á las misesaíble* 
ehozaa. Desde entonces tofo iftié 
loto, tcído {confusión y espanto» td« 
do wigriQ f crímenes atroces. -' ^ 



,c . ra. 

Grande era la aflicción do loe 
abuelos de Oértrodi», á quiénes ya 
ooneideraban fauérA^^i y abindo.' 
nsdi^ #n poder de ló« desalmados 
enemigos do su patrio^ como'la 
dé\áV paloma « en las gara» del 
oarñiaoro milano^ 
• Querida de nii dorazoii, la decia 
una:. tarde sñ alMieto:'tiLseriaa di«; 
oho^a.i-.el'|ior iortuníi' eétwrierea. 
síem^re^al ladp do:t«éfadiie; po« 



Aquí le (altó «I aliento» y ^iiyó 
désnniyado en los brazos do. euli 
hijos» quienes hicieron iodo Iq po» 
siblo pafa volverle do su perasi^p 
moi, idel .^ual jrooobradg» p^o.«iguió» 

"t-^Sír mi ^dorada -Gertrudis» • m # 
la. ésperíeivoia..m^ ha eoiveftadoé 
preveer las cosas: me ha hecho 
conocer» ]r pasar porta» grandei 
privaciones que las guerras vao 
sembrando por-do quiera ^« -pa; 
san^ ynodudeisi la quo «Aora^qs* 
pezamós á sufrir^ seré uDiumlAnn 
qoe el cielo .fo^miRftré sobre noeo^ 
trost. El hambrOf laipesUi.,*» 
toder se^conapirará contK^ iMHPtro 
paisi poiro ¡ay Qios«> • • I la pitfj^i, 
hijos míos, la péMia sobro todo;; 
vttéétco padre os. lo focomieoda en 
líos (¿Itidios instaatep do- su vida: 
la patria^ síiieUa nada, . • « la jp^iier*' 
te aoid es aptetécible. , 

Pocos fliiíeféedetpoed ya el buen; 

viejo y su fiel conforto.- habían 

dejado de existir, llenaado doaflio-.» 

oioD á ata familia. i 

'.•',. »í 

• IV. 

La igttorMí mas a|ro»^a diai«: 
todo lo devaslalNu LWgó olafid» 
12, y en pos suyo, vino el bami^ro; 
oriiel y la peste doetructora <|oe 
taDt88;y tan ilust^eo : yfeUm^t^ ÍMt} 
oinaroa ^' el sÉpaler&«.i# • ;|Qa<^: 
horrorl ja piniía so dMíeiris,< téhvíyi 
sando describir un cuadro tAa.aüo 
Üamitoso. 



DIAtQO BE L08 NIÑOS! 



228 



. Gettnidisyvu níadre, soé tiat,»« 
todas yacían á la vez en el lecho 
del dolor, careciendo de los reonr^ 
SOS' mas preciosos, y. de \o^ socor. 
ros qae padieran .'prestarles los 
cuatro Tarones, que, Uenoa de ve^ 
ticoso ardor, áias mágicas palabras 
de earrixmoa á péreeer ó á sainar 
la pátriOf fueron xio los primeros 
que se alistaron en las banderas 
dé los patriotas ^olontarios; dejan- 
do casi abandonadas á sus esposas 
y 4 la jÓTen pertmfis, qae< n6 osa- 
ron oponerse atan sagrada obligan 
cion* ■ .. • . i i > «. . I ! 
Tres fueron las yíctimaa sobrii 
cuyos fri0s cadüjr^res ]l6r6 amar, 
gameate ;la mconaelab}Q,;aiB^ •-•••• 
|su madre, y dos tjaü» • ;.•! . : ' 

V. "' 

X Una roafiana en que Gertrudis y 
Stt angustiada tía, solas, -desam. 
paradas del cielo y de los 'hom- 
bres, estaban ya á pique dé fjere^ 
cer, dispuso la< segundsi sacando 
fuerzas de flaqueza, marchar á - la 
ciudad con la intención de propor* 
oionarso medios honrosos para tx- 
▼ir do sa trabajo. ¡El hambre. ret« 
naba en todas partes. «. ^1- < ! 
' Be pena hubieron db áiorírse al 
T»f, despnes que entraroneii ¥a|4 
lladolidy á.un sin n&mero de: ia&tb 
ees. que, arrastrándose per las ksál 
llés, ponian el grit« en los rcieldé 
pídisndo pan» pan* • «y que su ciar 
mor se perdis en el TÍeato. 



|Cuántotn6 «afligió esie doloiroso 
espectáculo ¿ la rírtuosa Gertrq^ 
día! ¡con qué gusto ao'|iubfSrai da* 
do so sangre per salTar de la muen 
te á aquelleá desdichados! Fere 
ella tambian.era pobre, también esl 
tsba aeasoí próxima á perecer df 
hambre. 

* Lamentábase con su tía de t»n* 
ta calamidad, cuando acertó á pa^ 
sar por álM^damiaetiachó come 
hasta de edad^le léanos, apren^ 
diz- da im|irenta, y tan travieso' eo^ 
rao compasivo. UsTabal na ^za- 
quillo bajo el brazo cish ocl)o [^ai. 
nes de á dos libras cada kino^ que 
su padre le había mandado com- 
prar; Cendhiidp eñ estremd de la 
triste sítuacioB^de Gertrudis* y aA. 
mirado de su belleiíai éaeó del zat^ 
quUlbuBode los panes; y aeercán- 
ddse coa fcesohicioii la dijo: * oh 
; **^Tome: Td;^ hermosa joven* tóii 
nie>vd»,.comá pan^ y Dios.quiera 
f r^ypcrcionacla desde hoy' lo oece* 
sario pa^aauíialiroeptQk>.,Tóaael0^ 
tómelo yd., y no teoga aof ledadt 
que- aunque el pan ;as de mt padre 
y .para. mi faiiiilia, eVo#i apcob^ráxi 
esta acción que la' humanidad Ais 
inspira • • .Son también muy tatjv 
taáies, y.**:*. 

' ««^Graciafi^ilaiYírgeniseilQotitir» 
guejá Triaren él otfo lllllndo»-Ti0HiV^ 
nún|^ila.tia,)y Geitxudia toA^iStl 
pA Vertiendo na laiif dalágiiniia$ 
y despidiéndose con temafa-dal 
qMiahaob»»^^ ftpattió !al paa entre 



224 



DIARIO DE LOS NIÑOa 



sa tia y algunos de los infelices 
que mas cerca estaban de ellas» 

Toda aqoeUa * mañana y ;gran 
pacte. do la tarde, .recorrieron en 
vanóla^ roperías de la'oiodadyso* 
licitando costura» y en ninguna lo- 
graron encjsntraria. Avergonzar 
das y destituidas de todo humanó 
socorro, y no hallando ni un rin* 
con donde guarecerse de la noche, 
se decidionm* á volver á su casa 
para morir en ella, si esta era la 
noluntad del Supremo Artífice. 
- EkMo\ cayendo en occidente de* 
jaba paso libre á la noche, que esk 
tendiendo sus alas, . principiaba á 
cubrir todos los objetos* Apenas 
soplaba el céfiro; «sólo se oía el 
murmullo de las pesqueras y los 
graznidos del buho, r 
'i. -«Dos jóvenes militares, el uno 
de ellos herido, llegan á la puerta 
•de una casa de campo: llaman y 
«ladie responde; vuelven á llamar^ 
y solo contesta el eco de los repe- 
lidos golpes que dancen la puerta 
-eoB un-oanto; ■ r^ 

-—Bita casa está abandonada, 
dice uno de los soldados. . «quizá 
sus -dueños habrán sido víctimas 
tumbien de la miseria*. . ■ 

— Pues entonces, contesta el be; 
tido, sigamos á la > ciudad: acaso 
halláremos en ella alguna ahnanoa* 
íritMivtt qtieí Aos sonorrs, libcándot 
hos^el Airbi^dei nuettcoa odtséof 
'enemlgofl;-' •»•• '- ■/■' '» v 

' -«iNe,.DO^ gritSEiynii«étB:iisma 



Gertrudis y mi tia, que acababan 
de acelrcacse y que habían oído la 
conversación de los doa militares, 
no, no pasareis de aquí, si es que 
no dudáis que hallareis en esta po^ 
bre casa vuestra tranquilidad. • • • 
Y abriéndose la puerta les obliga- 
ron á entrar.— Sentáronse, y Ja tia 
fué á preparar una cama p^ra el 
herido. 

-u*t**¡Ay de mí! esclamó este, ñ* 
jando los ojos en Gertrudis. 

-^No se aitja vd., señor, que 
pronto sanará de esa herida, con 
la ayuda de Dios. Vamos, vaya vd^ 
á acostarse. 

—Si, 8l'vey«,» .¡Santo cielo! 

-^¿Está vd. muy enfermo? 

— Sí, mí vida; pero pronto esta* 
ré bueno: ¡es vd. tan cariñosa, tan 
caritativa.,. J 

— Eso sí, es obligación de todo 
buen cristiano; .mi tia también lo 
ee» y. • • »pero como somos ahora 
tan pobres^ ¡tan pobres» • • •! Todo 
lo hemos perdido. • • • 

— ¡Qué desgracia! esclamó Fe* 
Upe,, que así se llamaba el .militar 
que no eataba herido. Este, des* 
de que vio á Gertrudis no había 
cesado de admirarla; pero nunca 
se atrevió! á decirla una palabra 
que indicase el amor que ya ,por 
eDa sentía. El herido, de i|üieti 
Belipe era asistente, desalmado y 
Ubertíno, solo pensaba en seducüi 
la' en el momento que estuviera 
curado y restablecido. i 



DIARIO me LOS NIÑOS. 



295 



N^ bien eHavo bueno, te deei. 
dio á poner en plania su criminal 
proyecte; mas ettcontró en la vir- 
gen beldad la mas firme resisten* 
ciá, y aunque trató de no ¥ol?erhi 
á instar hattai mejor ocasión, juró 
entre sí que no se lo escaparía. ... 

Hipócrita, cuanto per?erso, pi- 
dió roil perdones á la bella Ger. 
trudia, 7 despidiéndose do ella j 
do su tiar partió protestando en su 
córanos volrer mu|f en breve» • • • 

VI. . 

Solas quedaron tia y eobrínala- 
mentando so mala estrella^ y cons- 
ternadas pop no saber nada de la 
suerte que habría cabido en la guer- 
ra á los únicos mortales que debían 
socorrerlas, aliviando su desgra- 
cia. Una tras otra habían vendi- 
do todas sus prendas, malbaratan* 
dola8..,«hasttf la única caam eñ 
que mas de cuatro veces habían 
pensado exhalar el último suspiro. 

En tan grande aflicción, conso- 
lábalas y las socorrisy en cuanto 
se U permitiain sus cortas faculta- 
des. Juanillo, aquel joven impresor 
de que ya hemos hablado, quién 
pernnarasa casualidad llegó á des- 
cubrir que vivían en aquella casa 
de campo. Pero ¡oh desgracia...! 
este oficioso, y caritativo mancebo 
cesó de visitarlas. Ta hacia quin. 
ce días que no le veían, —¡todo se 
eoyijuraba contra ellas. . • ! Espe- 1 
T. m. 



rábasfo» tMto mas ansiosas derve^. 
ley cuanto que había ido¿ saber de 
los cuatro vixanros voluntarios, que 
por acudir á defender la patria, á 
costa de su propia sangre, habían- 
las dejado abandonadas á su es- 
trella- 

Uaa noohe en que la luna había 
dejado de alumbrar de improviso, 
y en que los relámpagos, iluminan- 
do de cuando en cuando el espa« 
cío, anunciaban qao estaba próxí- . 
ma á estallar ana horrible tempes* 
tad, exánime y en los ftltimos insb, 
tantee de su peregrinocioa^apenaa'. 
daba señales de vida la tía de Oer- 
trudis. Esta infeliz ya no lloraba: 
sus ojos, cerrados por.no ver tantos 
desastres y miserias, se iban qui- 
zá á abrir muy pronto ante el trono' i 
del Altísimo. —¡Oh padre! ¡Pa. 
dre mió! esclamaba. ¿Dónde es- 
tais? ¿Dónde estáis que no venís? 
¿Qué hacéis que nt» UegaÍB.á reco- 
ger mi postrimer suspiro? 

Un trueno horrísono la llenó de 
tribulación, y cayó de espaldas 
fuera de sí, junto al lecho donde 
ya repoBi|ba;.en paa su amada tía. 

A corta dialancia de ta casa sé 
apean de sus caballos cuatro honu 
bres embozados^ dos de los cuales > 
se encaminan pausadamente ha- 
cia ella, quedándose los otros dos 
como en aaechoa al pié de sus cor^ 
celes. 

Entraii los primeros; desembó» 

zase el mas joven; hace chocar un 
29 



226 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



eslabón en la piedra; prende la 
ycsco; enciéndese la pajuela, y en 
esta la vela, euya luz ofrece á sus 
ojos la triste eacena ya mencio» 
nada» 

Quedan sobrecogidos de terror, 
retroceden, y poco después vuel* 
vo en si Gertrudis, que^dá un grito 
de horror al reconocer en el joven 
' que se presenta á su vista, al mi- 
litar que habia querido aeducirla, 
y vuelve á desmayarse. 

Preparábanse los dos raptores 
' á cargar con su presa, cuando se 
oye un silbido de la parte de añie* 
ra^ sofial coneertada en caso de 
ser sorprendidos. Entra corrien« 
do un joven. ••• 

—¡Socorro, que me matan! es* 
clama espantado. 



—¿Quién aresi miserable? pre* 
gunta el joven militar. 

—Me llamo Juanillo: dos franco* 
ees que están abi fuera me han 
querido asesinar, • • • 

—¡Calla ó trembla! 

JLecobra Gertrudis los 'sentidos 
después do haberla rociado la ca- 
ra con agua, abre los ojos, vé . al 
aprendiz, su protector, y esclama, 
¿Eres tü, Juanillo. . • .7 ¿Has ave* 
ríguado algo de mi encargo? ¿Sabes 
de mi padre? Dilo, ya nada mees- 
pantat...DiIo..., 

— ¡Ay! esclamó la infeliz, y es- 
trechando oí cuerpo helado de su 
tia, dejó de eiistir en este mundo, 
para volar á ser ángel en la gloria. 

—F. M. 



Sublime rasgo de amor paternal. 



I. 



isA la medianoche de un seré. 

no dia de abril, y la brillantez de 

I las estrellas, que desde el oscuro 

) cielo bañaba los objetos con me- 

i lancólica luz, hacía mas solemne 

la soledad y el silencio que reina. 

han en los suntuosos jardines del 

palacio de Antioquía, corto de Se- 

lenco, rey de Siria: solo sé oseu. 

' chaban en aquellos vastos recintos 



el blando saipirar del viento» que 
deslizái^dose por entre el follage 
do los ár-bolea, deseendiá sobre las 
^ores para arrancarles sos gratos 
perfumes y esparcirlas. por ^l airof 
el' sonoroso serpear de los crista- 
linos arroyos, y el continuado so* 
surro de laá caprichosas fuentes 
de alabastro» y de* jaspeados mar*' 
molep do rail coloree, que adorha- 



DIARtO 1>E LOS NIÑOS; 



227 



: baií aquel lugar ¿a aaiáticáa ileli* 
' cías; latf 'aaCatüaa de blanqaíai* 
mó tnárroot^ colocadas bajo lasaré 
- boledas y enramadas de albosy ílra« 
' gantes jasmiñet, lucían en la ín- 
certidumbre ¿el claro oscuro, co« 
mo las alma» de los justos que fa- 
gan pet los Ufampos Elíseos» y el 
arrullo amoroso de las castas pa- 
lomas, pareeia la toz de aquellos 
•inmortales que gemisn por las 
desgr«eias dé los bombres. 

n. 

De improviso rechinaron los 
goznes de una dorada y suntuosa 
' puerta de hierro, y las aves noc- 
turnas, lanzando su fatídico graz- 
nido, batieron el vuelo y atravesa- 
-ron los tinieblas como unos espí* 
•ritus siniestros. Daba esta puer- 
ta á un bosque de olivos y do pal- 
Imas de azucarados dátiles, en cu- 
yo centro y debajo do un magnífí- 
■co templete circuiar, tosletndo por 
olegantos columnas de pórfido, in- 
crustadas de bronce dorado, bri. 
liaba la estatua de oro^e la Diosa 
Mitre ó Venup, ceñida con un cin- 
to de preciosas y resplandecientes 
piedras. ..» Un joven do gallarda 
presencia y de- varonil hermosura 
s.e deja ver en el umbral, ataviado 
eon todo el lujo de un persa; pero 
sü'aire «.descuidado y abatido: 
entra, y ae dirige con- lento paso 
bacía el altar de la Diosa, doipide 



un profundo suspiro, y mirando al 
firmamento esclamó:— ¡Qué paz..! 
Todo está tranquilo menos mi co« 
razón... • ¡Qué grata oscuridad...! 
Noche: augusta hija del caos, no 
te ausentes jamá^. Recíbeme en 
tu seno: ocúltame á las miradas 
de los hombres-, y si es posible, & 
las mias también. Ln tus som- 
bras, en tu pavoroso silencio, el 
alma agitada por el furor de las 
pasiones, y destrozada por los re* 
mordimientos, se entijega á la me* 
ditacíon, lucha entro el deber y el 
crimen, y tü, como Diosa compa- 
stva, derramas en ella dulce me- 
lancolía. ¡Oh noche! templa con 
tu fresco rocío la fiebre de mi al- 
ma: amortigua con tu suave belc. 
ño la fogosidad de mis años, y has 
que la virtud triunfe en mi pecho 
de las pasiones. 

Insensiblemente ha llegado sin 
percibirlo al pié del altar do la 
Divinidad: la mira con respeto y 
esclama.-— Madre de los amores: 
tú que dominas el universo, que 
esparces la dicha y el placer en- 
tre todos los seres, y que conser- 
vas sus generaciones, derrama tus 
favores sobre mi juventud: calma 
'esta viva ansiedad que mo devora, 
este esceso de vida que me infla- 
ma. Has que en mis amantes bra- 
zos, la que encendió mi pecho des- 
dichado, temple el ardor que me 
consume. . • . Poro ¡ay! que no sea 
por medio de un crimen, . . . 



888 



DIARIO DE M)S NIÑOS. 



Y como unaflor marobita dobla 
8U tallo hacía la tierra, 86 echado 
pechos sobre el ara, y abraza los 
pies de la divioidad, oculundo en- 
tre sus propios brazos la desqu- 
bíerta cabexa, cuyo ensortijado y 
luengo cabello negro flota á mer- 
ced de los céfiros* 

ni- 

Eloegenado en su dolor no s¡en« 
. te las graves pisadas del anciano 
rey Seleneo, que cubierto con la 
resplandeciente mitra de los re- 
yes, y envuelto en su manto de 
púrpura, recamado de oro y sem- 
brado de fulgidos diamantes, salia 
de una de laa oscuras calles del 
bosque, como el genio de la noche 
rodeado de estrellas. Llega el 
monarca al templete, detiénese, y 
contempla conmovido el enagena- 
miento del joven príncipe. Por 
fin se le acerca, y poniéndole la 
maneen la espalda, le dice con 
dulzura. — Hijo querido, ¿hasta 
dónde quieres llevar tu tristeza y 
el amargo pesar de tu viejo padre? 

El joven, sin soltar las piernas 
de la estatua, ni mover el cuerpo, 
levanta la cabeza, y como si salie- 
ra de un . profundo sueño, gira la 
viata á uno y otro lado, y la fija 
por fin de un modo vago en el an- 
ciano, que continuó diciéndole con 
la misma ternura. 

— ^¿Qué motivos, cara luz de mis 



:ej0S| baa marCihitado la flor de tu 
semblante y abatido el vigor de tu 
juventud, robándote la olegria de 
la primavera de la vida, y el ar- 
dor de lasangre de héroes que cir- 
cula en tus venast ¿Por qué se 
abate el poderoso heredero de la 
Siriat Abre tu corazón 4 tu pa- 
dre, habla, dtme loque deseas. 
¿Qué podrá negarte' quien solo vi* 
ve por tí? Poseo el amor y res- 
peto de cien pueblos florecientes 
que obedecen mi voz. ¿Quieres 
todos mis tesoros? ¿Ansias la mu- 
ger mas hermosa del mundo? ¿Quie- 
res reinar? Toma mi corona, to- 
ma mi propia vida, nada reserva 
tu afligido padre si á costa de to- 
do puede hacerte feliz, y volver á 
notar ea tu pálido semblante las 
rosas de la juventud, y en tus lívi- 
dos labios la risa de la satisfac- 
ción y el contento. 

— jAh el mejor de los padres! 
esclamó el joven echándole los 
brazoa .al cuello, y ocultando so- 
bre el hombro del anciano su ros- 
tro bañado en lágrimas: mi mal no 
tiene remedio» • • • es preciso jno. 
rir«.«. 

—¡Hijo cruel! ¿así tiranizas mi 
corazón? ¿Quieres arri^strariae 
contigo al sepulcro? To t^ prece* 
deré; mas vive tú: lleva el cetro y 
la corona de tu padre, rige en pas 
y justicia los pueblos que me obe* 
decen, y aumenta la gloria que 
por tantos siglos ha hecho res* 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



f 1and«cer el noiAbre Umtre <te tus 
abuelos. 

— Perdona» padre, á un hijodea^ 
graciado que ya no puede ser fe- 
lis: déjame cumplir con mi fatal 
destine. Tus penas, tus tiernos 
cuidados redoblan mi tormento. »• 
Déjame en mí soledad: abandona 
á un hijo que adorando á su padre 
no puede obedecerle: no me hagas 
mas deedichádo con una ternura 
que no merézeo y que me es ím. 
posible pagar. 

--«-Cesa, hijo mto, no te abatas 
asfy no te entregues é la descspe. 
ración, que roe llenas de miedo. 
To respetaré tu dolor: mt llanto se 
mezclará con tu llanto, y si los 
Dioses no se apiadan de nuestra 
•desgraoiay moriremos juntos, y en 
un roístno sepulcro reposar&n núes, 
tras deniías. 

Y tomándole por la mano, se 
encaminó al palacio atravesando 
pausadamente las magettuosas ar* 
boiedas y los risueños cuadros de 
flores, entre laá que ostentaban su 
belleié, embalsamando el aire con 
sus gratos perfumes^ las rosas, los 
tulipanes, cioemonas y tuberosas. 
Llegaron al alcázar, y escusando 
las Tigitantes guardias, y apartan- 
dose de los lugares iluminsdos por 
mas de eien antorchas que se re- 
flejabaa en las corintias columnas 
de bruñido mármol, en loe dorados 
arleeones y en las piedras y meta- 
les preoioset que adornaban los 



Ticos muebles, se entraron por un 
corredor, pisando sobre las pérsi* 
cas aHbrobras que lo cubrían; y 
parándose en la puerta del magnU 
fíco gabinete del príncipe, le dijer 
el rey.«-Anda, Te á descansar, y 
no te olvides que de tu feltcídad 
pende la mia. El joven lanzó un 
suspiro, y entrando en su habita* 
cion, se echó sobre el lecho, mo- 
jando con cue amargas lágrimas el 
mullido almohadón de seda.-— 

IV. 

j 

No reposó el rey en toda la no- 
che: entregado á sus crueles pen* 
saoMentos mo paseaba egitndo á Id 
largo del gabinete: habíanse apa. 
gado ya porción de antorchas, y 
las que permanecían ardiendo ar- 
rojaban una pálida luz eclipsada 
con los destelles de la aurora, que 
despertaba en medio del regocijo 
de la naturaleza» dejábase sentir 
el puro y fresco ambiente de hraa^ 
ñaña, y las trompetas bélicas de las 
guardias, tocando la diana, anun* 
ciaban á los guerreros que habían 
oesado las horas del descanso. 

El rey mandó buscar á su médi. 
co Erasistrato, y cuando le tuvo en- 
su presencie, le habló de esta ma« 
ñera. — Los Dioses aun no quieren 
apiadarse de mí: el príncipe eaml-' 
na lentamente al sepulcro devora- 
do por su cruel melancolía, como 
deeae y se seca el árbol taladrad» 



nao 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



de insectos. Tü no has podido con- 
tener sumal, que crece con eepan* 
tosa rapidez, ni aun descubrir su 
43ausa« ¿De qué te sirve, pues, tu 
ciencia.. ..? 

-*-S«ñor, la sabiduría del hom-^ 
brc 80 vé & cada paso confundida 
ente los secretos arcanos de la Di- 
vinidad: nada puede opcnerse ásus 
decretos: el destino es inevitable. 
Los males de vueetroi hijo tienen 
su asiento en el almaii y no siendo- 
roe posible penetrar en ella, menos 
puedo conocer la.causa y restable. 
cer su salud. Cuando el alma pa. 
dece solo la razón: es su médico. 
. — |-No perdamos tiempo, le repli- 
ca ^1 monarca, corre al «ado del 
príncipe y válete do todos los re. 
cúreos de tu sabiduría para arran* 
carie au fatal secreto, ^iéntras 
voy 4 pfrecer sacrificiosea las a* 
ras, de los Dioses* Juzga de la re- 
compensa que te espera si consi.^ 
guee salvar al príncipe, por el es^ 
ceso eon que le adoro» « . «Y se se- 
pararon. 

Ctiando una alma sensible y fo« 
gps^ epperiroepta alguna neceai- 
4a4t no se tranquilúsa hasta que no 
ae ^^tisface 6 se estingue. Así su- 
cedía al príncipe Antioco, que ha* 
hiendo concebido una ardiente pa- 
sión, sin divisar siquiera la mepor 
esperanza que lo llevase al fin de 
s^ .d^seo^sp conjsumia lentamente 



caminando al sepulcro* Las ca- 
ricias de un padre amoroso, los pla- 
ceres de una corte asiática, los a- 
tractivos de la juventud cncsnta. 
dora, ni las halagüeñas esperaifzas 
do un trono poderoso, ni lovíneen- 
tivoa del mando y de la gloria, p«h 
dieron borrar la impresión que el 
amor mas funesto había causado^ 
en su sensiblepecho. ¿Quién po- 
drá conocer los ocultos resortes 
con que se eaoitan las pasiones 
hasta tal grado, que. ni las mas po- 
derosas distraecíonés, ni aun la 
misma rtkzúvi, pueden moverlas del 
pecho en que se asientan?* 

Solitario el príncipe en su estad- 
cia, y tendido en el lecho, pr^rruaft. 
pió en estos acentos: | Ay? ¿por qué 
miraron mis ojos tan peligrosa her* 
mosurat ¿por qué la suerte me re* 
servó en la batalla de Ipso, donde 
la muerte inmoló á mi alrededor 
tantos .valientes por Ibs tropas de 
Demetrio? Tío na me viera Iu« 
ehandó.entre la muertely el crf«; 
meo. ¡Fatal estadol Pero ^aé ¿pa« 
dré ser tan débil. que me ) abata y 
deje morir en . lo mas brillante de 
mi edfid, cuando me halaga la ior*>. 
tuna y me espera. un trpno poderoi 
so? ¡Ahí que no* El hijo del graa 
Selenco, que ayudó al grande Ale-^ 
j andró á conquistar el mUndo, no 
será víctima de una débil pasión» 
Llevaré nuestras legionei^ viate^iop. 
sas aV pai9 enemigo, . eoaquísiaré. 
sus ciudades, aumentaré mia ^ sta»I 



DIARIO D£ LOS NIÑOS. 



281 



dotf cnbrirétBQ do gloria» y olvida* 
ré eo el iniUício de los eombatesi 
en la embriaguez de la gloriai lA 
knágen de ,1a muger que adoro ««t*** 
Iróposíble: no, nunca* jamao....*, 
ella 08tA .grabada en mi corazón 
como uoa saeta que no puede oa- 
caree de la berida, sin desgarrar. 
y hacer mas grande la llaga. No; 
bay remedio» ella -6 la muerte: 
pues bien» ir6 á encontrarla» me 
arrojaré á sus plantas» la declara- 
ré mi parion» la ablandaré ^con mis 
ruegos» y tomándola en los brazos 
huiremos i los desiertos» .y bsjo 
una rústica tienda, ó vagando co- 
mo los ¿rabos» al oír de* sus duiees 
labios »,yo to adoro," al sentir que 
me estrecha contra so seno palpi- 
tante, que suspira por mi y que 
respiro su suave aliento» no me ca*< 
br¿ el gozo en el pecho y seré el 
mas Miz <jel universo. . Esta mis- 
ma nocue todo quedaré diipuosto^.i 
mañana nie veré la- autora atrave- 
sar solo icon ella los eampoa de la 
Sirias mas «fai)o que si llevase 
cien podoroooír reyes prisioaeroo» 
ó si empuñase el cetro dei miÉido. ... 
¿Y quién seráel .arrajiado que , se 
roe oponga? Mi espada aeré un 
rayo^ que laega^i la» cabescas teme-, 
rarias» como el fuego del cielo. las 
aristas.del caiiipa.... Bstá dacidi- 
da'^mi suerte.... Amor» venciste.... 
¿Pero qué digo? ¿A dónde me ar- 
rastra .níi destino? ¿Seré yp. un 
mpnstmo tridtgno¡dé.la ptedi^d déí 



cielo y de las mirada»^ ks holn- 
bres...? Yo adultero» yo criminal» 
yo ser.... ]Qué horror.;*..! (Estro-- 
mecióse y se entregó de nuevo al 
llanto; poco despueacontihuó en- 
tre sollozos). ¡Cómo :me olvidé 
que era« casada! lY con quién» sa* 
grados Dioses.,..! ¡Oh! yo debo 
morir: asi lo quiere,; mi desUnio. 
Padre mió» perdona á tu hijo que 
te abaudone: mi muerte es un tri*> 
buto.de amor y de respeto:. vive»:y i 
s.é mas felia que osie de^veomrado. > 

•. : • • VL • • 

De este modo se esp^esaba el • 
agitado principe» cuando seloproM 
honió^él médico ErasisUato» y. le' 
idiee:-*^ Vamos» príncipe», el estado j 
espora: da. vuestro valor innovas, 
conquistas y náovata gloriaos el ho- , 
nor:os llama á los.combatéa: los 
uralieilteS'Os esperan con im|iacien^ : 
pia para que los .IWneie üe rí<}ue» 
kasry delaureles;.... . 

-^->DetMto la guerra 'I y nomo' 
fasoina la gloria» centestóel ado* I 
lorido joven. ¿Qué honor ni qué ' 
gloria puedo haber en derramar la i 
sangre de los hombres, ni qoé'< 
grándesas para una alma, deseca, 
fia por el dolor....? Dejadme e»» *• 
tregado 4 mi molancolfoe me gvota., 
aliiñentar'mi martirio: tq cíeaeia 
es iñútirpara el mal que padozdo.^ 
Nadie» solo la muerte puede cu-' ! 
rarto- . . 



sn 



DlilRIO DE LOS MÑQ& 



' InierrénipióseelcDnMiaadadiá'^ 
Ugo por la !Lfgad»do la reiba Es. 
tfmtóttiqa, que por encargo de au 
eapeea ^etúk á distf aer á jgu ente- 
nado* Eata soberana oootaba á 
lo mae veinte añosi y lueian ea su 
rostro los atractivos de la • mas sot 
duetorcí Jiérroosura,- aeompaiktda 
del encanto- de las gracias y -de le 
inoceale sencillez y aniabíltdad de 
carácter á que nadie rfeeiete. Í^s 
btílleate» ojos negros y su pelado 
ébano, resaltaban en la blanca tez, 
coloreada con las rosas de la ju- 
▼entudfi su boca purpúrea, perfec 
tamente dibujada, dejaba salir a- 
céntoe dulce» y tiernos en medio 
de una amablo aonrisa qne descu- 
bría el blanquÍ8lmo>eBnia.lte!de>las 
perlas de su deatadiira,.sobre: his 
encías de coral, y mar-caba Iqs 
gmeioeoe hoyuelos de sps nácara, 
das mejillas. Adornaba su tersa 
frente dp alabastro una -diadema 
de flkigídos diamantes^ y arraetra. 
ba por el alfombrado pavimente 
un manto/ real de púrpura, sem- 
brado dotperlaa y da piedra» pce- 
cíoaasx anillos, de inestimable va« 
loe centellaban en sua delicados 
dedos de aunara, y rico» brazale- 
tea ceñían aua torneados ibcaBo» de 
marfil.. Sii andar .era paUsaiki y 
grave como el de una.reinJi,.y tan. 
elegante y :geaeíoso como el tallo 
de la azucena que esquiva los ha. 
lagos del céfiro* Perfumada coa 
laS esquisitas esencias de la ite« I 



bia, despedía una firagaaeia enu 
briagadora, como la reina de las: 
flore» 6 la diosa de lo» jardines^ •*?« 
• Acercóse al príncipe, y cena» 
quella afabilidad y franqueza da 
< una alma. pura y sencilla, le dijo: 
«-«^Lástima es que el sucesor de un 
héroe, que debe heredar su poder 
y su gloria, deje marchitar su ju* 
«entud par los desdenes. de: vm. 
dama* . Siü duda» príacipe» quela, 
nutger que .ba causado tanta muk; 
danza ea vueatra persona, y qaráo* . 
tee, debe M» una. divinidad del 
Olimpo* Ya no os conozca: kaN 
beis dado de mano 4 La alegría, 
.deaesudai» vuestro, alimente y vas* 
tido, y aquel arrogante continente 
que teníaie poeo há, como el de ua 
fuerte guerrero, .est& deeaido co- 
mo el de un. anciano* Ya; no gus- 
táis de la conversación de vuestra . 
madseetra* y.evitaia. su prcsencicii 
como^ si fuera, ave de mal agüero* < 
£n verdad que: eato . rae ba tenido t 
enejada, y á na aer por el cariño 
de madre que os. profeso, jio. os. 
vendría. ¿visitar. . Vamos» dejad ' 
esa tcislAzafi abddme vueairo pe*> > 
cho, cqnfiadnft :1a: pena .que o»^ 
consume^ y pe^vadios qqe vuea» . 
tra madrastra, cuando no le< »ea . 
dable- eátisfisuser vnéatroa deseos^ . 
compafftiei.Vueatcaepena», llorará 
con.vos,'y bajR& menor .vaeotoOitor» 
roente.^ 

BLpríneipe; sé eorprendió eo&.i 
la ine»peca4a visita de la vaina y 



I»AA10 D^J^^ N|)^p8r 



833 



con «»M €ar4$u94p dif^^ur^ov inÍA<^^(^; 
eon:a(k9frapÍ4íii.3r,raifpt4i^ 9f(^^.si 
ÍU'iffaUa^ ^ aparición ; de, una Diosa 
infiio^ts^: qu»o hablar; p9rp,^apira-; 
ro{| |af piUbraa en sus /•íbios qr., 

to 8»?, r^A^p, y lu^9¡f?ndo . un j es- 
f(|ar3^. U .d¿°;--Agpaclezco, po^. 

qu^,,lqin^¡^.qi^ mi^suorio: calojf pe- 
netrado da La ternura que. oa me-r 
rea^9Q: los aQentas ,qu^^ mnnan sua- 
vjpi^^te.^da yuopiros 14b ips, son 
sip)du49del4^ffilo; pero |aii,jnüit 
las á mi i;a^lt comí 9) . |f;ocio que 
dasciei^^o s^b/a una.ái|idu rpp^. 
Os cpnñ^aOf señora, quaá ^or po-. 
síble declarar mi (erriblp accreto» 
nsdie sino vos, podria ckirramac el 
b^mmo dal con^iielp sobrami al-, 
nuil, y volvermo & la.vl^ay á la fd*. 
licidfd.T^ , .. .. ; /I : 
. DJ3 oslas .uUimaa pfíIabr^a.CQii 
tf^t^, ene|gj.u eaatadidiele taniu 
el^aemblante» y brillaron con* t<f|; 
fuegq sus ojos fijp)i;«ofei;e ^^ta^^jff. 
dq.Ia reina» que parael asluito mó) 
di<^Q quQ la observalfA, 4^ÍI^.^^ *^^ 
un misterio su secreto.. / iüstrató- 
níci^coatiauó diciendo al p:ínfip.e 
^Iguaas ligeras dianzas^ eomo pa. 
r^ disipar sudolof» ,y ac. jr^itird a. 
gregando, que pucato, q^e ^era ella 
quien, podria curarle^ no dudaba 
Tencer su rebeldía, y Tolyor la vi- 
da y la felicidad; i su querido hijo 
y al rey su amado esposo, 

T. III. 



' Qusd/6se.soIo el ^nódíoo con el 
P4^ínpipe, qpe sigui^.con la viftia 4^ 
la reina hasta que atravesó los. 
cqr^fldQres y entró. )e.n su c4mara,. 
Gra^is^rato ontóneeSf. cruzando Jos 
bras;o3^bro el pocho, ó inclinando, 
rjavereatemofte la cabeza» Ip ha* 
bló enoslos (érminoa. — Magnifico, 
srcfior: conozco que . el aliento, sa^ 
lidodo vuestra boca ea suficiente, 
para, desva^^cer wii^ exialoacÍQ;^ 
P!^ro mi vida debq esponerse por, 
sfalfi^r la vuestra: no desesperéis 
do.#ar [ti\lz\ pp.%co vuestro s^if^re- 
to, y os ofreaco aatisracer.eso vivo 
deseo quo os. devora* El.aroor 
iufiíma vuestro pocbo».. Estraióoif 
,ca|Cjf[ el ííIqIo que adoráis.— . 

. jtDioaosj ¿^uó escucho? gritó el 
piíucipo sobrc^ltado; cubrióse el 
ro«fi(p con ambas manos, y volvicn. 
do la espalda 4 fu mé Jico, le .d^jo: 
¡.Qué has pronunciado, infeliz!, hu« 
! y/3 da nii presencia, mísero f^s^ja* 
ívpy evíiamo^.ol orím^n do.i^n ^.8<;S^i 
nalq para o|ernizar el secrelp.que 
me has a^rrancaiio; líbrame do la 
vergüsn^a de tener un tc#|Ligo do 
mis^ariinin^les afocto».^ .Pero nq^ 
detente, eacucba, no me creas cri- 
minal.— Yo la, vi por.primorq; yei¡ 
cuando antes do la bUalIa de Ipsc) 
fiíi 000 Mna .embijada 4 la, cort^ 
^el rey. Anígono su abuelo: allí 
lucia como una visión del cielo a.n^ 
to mis ojos, y al momento la amé: 
30 



234^ 



DURIO DE LOS NIÑOS. 



¿y quién pudíein contemplar sus 
encantos sin adorarla ni morir de 
amores? Sus ojos rae cegaron cual 
los rayos del sol do mediodía» y su 
voz ttielodiosa» encantadora, hirió' 
itii corazón con honda Haga: en los 
delirios de mi ardiente pasión qui- 
do pedirla por esposa á su padre 
Demetrio, ó arrebatarla á la fuer^ 
zaf'peró no sé qué consideracío* 
ñes me contuvieron con la'csperan- 
za de alcanzaría después. ¡Vana 
esperanza! Los hados tenian escri- 
bo otra cosa. Cuando salí de la 
¿orto do Antígono, quedé sin luz 
en ios ojos, sin paz en el corazón: 
el encanto del universo habia des • 
aparecido para mí, y lo veia todo 
reunido en eHa: solo un deseo me 
agitaba/ un pensamiento absorbia 
mt' alma: el poseerla. Tú sabes 
qué el cuerpo de un ejército que 
, yo mandaba fué derrotado en H^ba- 
CaHa: ella tuvo la culpa, escucha. 
Yo vi un guerrero que, semejante^ 
¿ un león, entraba y combatía, co-' 
rúo ét furioso A quilos, desordenan- 
ió nuestras falanges y segnndd los 
füertcs'guerreros como débiles ca'« 
ñas de trigo, y al momento me lan- 
cé sbbre'éránsiando lá gloria de 
vencerte.-^ Ya mi terrible espada 
fiabiá destrozado su escodo; y a. 
metlazaba soibre su cabeza ún gol- 
pe' mortal, cuando miro la imagen 
de Estratónica en ep pecho' del 
guerrero: era su padre, y aquella 
visión desarmó mi valor; solté hi 



espada, y como «i íiiera tmi^elldo' 
por una fiíertsa deseonocidá, hui 
cobardemente; las falanges,- desa« 
léntadas y dosbechas, imitaron mi 
ejemplo, y á* no ser por el valor d» 
mi padro, que voló á mi socorro, yd 
habria perecido y la acción sé per* 
diera.— ¡A h! ¿porqué no tu<eedi6 
lo primero? Ciíando se acábó^la* 
guerra fui á ocultar mt vergüeinza. 
lejos del lugar donde se celebraba 
una victoria á que yo no había- con^ ' 
tribuido; mas pronto volvió á ente* 
ñorearse de mi el amor, y corrí & 
la tienda de mi padre para que roe' 
obtuviese la mano de Estratóntca;* 
mas ¡oh Dioses! al ontrar la vi á^ 
sy lado; era ya su esposa. Un ra^ - 
yo no me habria aterrado tanto. - 
¡Casada, y con mi padre. • .! {C6-*' 
mo pudeaobrevivitT La misma pá-- 
sion rae sostuvo: el amor inflama. ' 
ba 'Á(m mi raente^onsd tea tncen» 
diaria, pooia ante mis ojds su pría* 
ma brillante y engañoso, y me alr-' 
mentaba Con florUlas esperanzas,' 
Casi al borde del crimen, la virtud' 
y el amor á mi padre me haíK sat« 
vado. ¡Oh muger funesta nacida 
por mi ^al, yo huí de tu lado pfeliv 
groso, y busqué'^l olvidarte en ht 
combates; busqaé la muerte- con á<i 
fhn; mas no pudiendo tá morir ni 
olvidarte, fascinado por el destino 
irresistible, vuelvo á tu lado sin sa- 
ber que bacernre!*-*»Díme' ¡oh.t<r? 
quehastéñMo la sabtdui^ía "ie desv 
cubrir mi secreto, ¿do qué modo 



piAHip im V^ Ntíioa 



9^ 



limpiaré Me Axdoriqae .me abruse 
y me consume, -sta torpafricMe, 
sin eer crtminel} Las iiquesM,.los 
bonareii todo« lóde eoiinto poseo 
seripara lú hablan ea^ísf4ee mi 
ansiedad «,,•• 

— Señoft v^stro ,padre.c|g ama 
con delirio: apetece vuestra salud 
j díai^t i cunlq.aíar precio, por- 
que rio puede exiaUr «in vos: me 
arredilé 4 sus plantas» la diré ruias. 
Iroe deseo8« 

-^Oalla» calla perrerso, le grita 
el priifcipe Isniándole uoa miradti 
fmoia^ iCreesy minero csdavo» 
que .y o pueda eer felia i eosta de 
la dic^a de mi padre...M? ¿Esa es 
toda tucieacía, miserabid.pa gra- 
cias «4 IqM Dioses de que perdone 
tulemprario arrojo; pero lo juro 
perla, Bsticia, que si sale de tus 
impuroe labios un secreto que ha 
da bajiar coomjf o al sepulcro, eate 
pf ftaUruspasacá mtl veces to inia- 
me iporason. Ee^trate. 

','Mt . • . > •' 

j Nor^sinálgun .temer salió apee* 

aurado..del .oaarto. el discípulo de. 

Esculapio; «poro come diestro ^cqr. 

t|esafio, yesper^mentado en el me-. 

ncjo4ci-Ua.pa»*ÍQnee^ce<%Qbi;6,fi| le- 

repídad* y.dírígióse.al ¿uarto rdel. 

rey,flUf ba^ifi| vjucIÍlq del templo, y 

c(^spii^ha!)alQs,nei^ÍQfi.del j^a. 

(jo.M^. Cüiiuidoea^e le yió.eolw* 

^a (ay^nia,.^etii;a .4 Um pJ6<?ií Ipj? 1 1 



mÍQtstros, y tQm4odole afeetuoaaf 
mente por la mano, la .áifi^i^^Y 
bien ¿qué :ni|evas coosoladoipas me 
traes? ¿cómo está el püíncipe? 

Señor, triste .es decirlo: camina 
¿ una muerte cierta, pues est4 vi* 
yamente ig»asionado de la mugar de 
su médico, y este probablemente le 
dt*j^r¿ moFÍr.r'^Silencioao so quedó, 
el rey porua momento, clavada ea 
el suelo la visHi,.stn saber á que re* 
solverse. Al fiasp:recobrado su a* 
batimiento, y como sí no hubiera 
oído, sqs últimas palabras le pre- 
gunta.— ¿Y qué ha resuelto mi buen 
basallo para salvar la vida do su, 
principo y de su rey? ¿Dudas per. 
ventura romper los Lazos quo te u^» 
nen d tu esposa, para adquirirte el 
glorioso renombre de salvador da. 
tus aoberanos? Habla, pide, ¿qué 
quieres en recornpensa? ¿cuál ea 
la jóvsn que mas amas de mis rei>. 
nof? ¿qué pueeto deseas en mi pa* 
laoio? ¿ansias riq^iezas? Cójete mis 
tesoKos, pero salva la vida de mi 
hijo: tu rey te lo. ruega: te lo so- 
plica un padre...M--Poderoso se«, 
ñor: vuestro siervo nada deseamaa 
que viKCf^tra felicidad, j^stá .pronto 
á sacrificar sus intereses y su pro* 
pia vida, á trueque de la gloria de 
salvar los dias de sus soberanos; 
pero yo no soy el módico del pr|n. 
cipe que debe tenerel alto honor do 
caimnr (a terrible ansiedad que lo 
devora.— ¿(^ui^n 69? dilo, llámalo 
4 mi .presencia.— Señor, vpf/j^UQ 



ítée 



DIAHIÓ DE ¿bb'NIÑÓa 



^Í8 tan jtisto, á quien los pueblos 
dman por vuestras virtudes, ¿V^ücr- 
"ríais romper los tnzos delamorípjo 
unen á dos ciíposos..;. ?'Poñeos tn 
su lugar, y si juzgáis que podiíais 
hacer d sacrificio de vuestra ama- 
da consorte, yo os ofrezco que 
vuestro; deseos se verán colmados. 
—Y qu6, ¿lo dudas? ¿qué sacrificio 
no haria yo por mi hijo? &í, por 
él me«iea(o capaz do renunciar el 
trono, el amor, la vida, hasta mi 

gloria 

—Pues señcr, vuestro hijo vivi- 
rá: vos sois su médico, Eslr'atóni. 

ea es la bcIJad que adora -^ 

¡Estratónica! esclamó el monarca 

.sorprendido. ¡Gl mas bello orna 

mentó de mí corte, las delicias de 

mi corazón ! ¿Pero qué du(l<it 

Sacrifiquemos los goces del amor: 
rompamos los lazos dtl himeneo 
por salvar la preéióFu oxisteneia' 
de mí hijo. ¡Qué venturoso me con. 
templo al ser dos v&cof pa iro del 
fruto de mis primeros amores! Cor- 
ramos á derramar el bálsamo del 
consuelo sobré el alma abatida del 
príncipe, y sepa que á la ternura 
de un padre no hay sacrificios ím* 
posibles. 

IX. 

Cuando el principo quedó solo 
comprendió todo lo crítico do su 
situación viendo descubierto su se- 
creto: avergonzábase de que otro 
hombre supiese su debilidad; temía 



quo llegando & nótitiá del rey, érl 
tb le ddiasó y tUáldijcsé; y sin po^ 
dcr resistir tf semejante idea, se do- 
jó arrastrar de ta dfeséspcracíoni y 
concibió el horrible proyecto de 
quitarse la vida. PrepiirOun activo 
vnéno de fa' bdTa en dnit ríen ¿opa 
do esmeralda, chquo scvcian gra-í 
badas tn alto réHévó las cbnqtHsias 
del grande Alrjündro,'y ías^haxañarf 
de Ya» legiones mnccdon tanas; y lo^ 
mando la fatal copa, esclamó: fiíei 
jor es'morir que ser criminal.^ tíos 
Dioses 80 apiadarán de mi espirt* 
tu y le darán entrnía tú los Efi- 
süos, sabiendo que, si'bien no ptídtf 
rcsrstír á una ardiente pasitín, sa- 
po conservarse puro é índcbhtei 
íMI padre sabrá que muf i*o p<Vr res- 
petarle, y E»irb*.ónica'que'fli6 mí 
ídolo, pe'fo quo no turbé su' pez ni 
mancillé su tnocenciü. ¡Feliz cf 
qu^ al df'j'ir la vidu no tiene que* 
reprocharse? 'Y" volviéndole á fa 
ventana para mirar alcíéloí con- 
linuó: ¡lüp'ter, padre de los inmor- 
tales, tú qu^ gobiernas el univeno | 
y loes en mi corazón, oye mi últi- 
ma voz: prolonga fó» dias áo' mi 
padre, estiende su {)oder y su glo.' 
fia, cólmale do felicidad en los hra. 
Z03 de su esposa, y reciba en tu 
sonó ¿I espíritu de estd víctima' hi¿ 
melada pot su propia r/tano, hu- 
yendo al crímon y á la vergüenza.' 
Ya tocaba en sus labios lá fatal 
ponzoña, cuando siente juntó á sí 
unos pasos precipitado^: vuelve ía . 



DU«ÍO 1^^ ¿(36 ^tm§. 



ssf 



té'n dé Wii» vf je¿: ' D^ <ífeléf ihodd 

, flío vet^J*eprüd¿cítía, y'míj máño¿ 

vei^lttrlflrnB béndcétráii álos :rénUe< 

fon BHU ViitíixHuúé los St Lucidos/ 



dé^'áic^Hflí lé^ecfm lor %>azós til' 

ééfvíiéiVí^'ftáéJf» In d¡ch« tfc» tu 

padre. • • .{¿uraiónica cb lu'' éape.' 

MJi^Lo efr|>tti¿o-d44izft 4e la ma- 1 que UehttBán bf itíundo de'^áWí V¡r 

niindfe» Jd/fiWí 'UrtíWínbter gcridrál' ' ítfdca y éu j^rorto; ' '' -'^ ' í " '' 



I dS«INkyieidat»8>Vá%Mid«t:^ey cao^ = td' 'cérhdüciétida' i fibñftt'iúiflíPay'y 
dft'^tfrlU» é!%iiir|^(ikiUii¿y'a|Wiytin;' [ Vióíidí^iit él rey: la ldrnl)'dÍ3r Id'iriéi 
daihia>iAaltt>iy érmMr6''sobré fai . nd, 3r'ér^azúrVii6Ta tr¿fá la dd^/ítí- 
tfUbwbrají;^ p^tvrhiMiy^tAíriado et£ cifid^le' alzó ei voló y 1á diji'rltü. 



léifriiiVÉ0. ¡Oaf'iAMVert^Utlidéih. 
d44i««ili^ü2i bindftif 5'Útf Cféj^o .da/ 
i4ü6l>iOéJaJhé'^pikr ú ^üs^Ví^^^^i 

rif, ^aa'a«llé:qu¡éraii^lo^ Dfóaétfi 



nündó á' tu' 6tn'm:^'ÍiakÍ'a fttiéidaí 
dtíl'^rihtí^é jiarrf qíié jó /)Avda Vil* 
vir:¿-^Li^ i-éitia ' bñjó* IbLiójos coií 

¡¿omo^íé*re¿> t c^drndícitóaM^ 

, püdrtV^ÍTÍ&ytócdií'r/<^Jifei¿;iiütó^^^^^ 

ttíá'la? gradó iu'-fíodió'rbáo'alrfVhí. 



'-^N^, #110846 mni9JN))É'^^ vi^dd' |Vb,qae tomando ñáevcl fnófeniünto 
y tornees 4a* vému^a'^efü padré^.jl&^'lfUmá dúl f»iih(ii|>'^^^ 
qmné tB9pttñlBltía^¡tofW To to íddi^ Vu8 gun¿fbsó'tVenltíni¿nÍb8, 'y 



oaid#ig«li%4cí Mtff <^dA: <éff frió de ' 
y^iid M«ieiHa^4Mniel'^4 i^^kptúttí 



jufV(|&ndo'.^'e ft ¿{itf''t^NíiÍh¿/ lá dijo 
iciora' i'il^ii«iaain^;--^ibli' mugéf la 
iñas peifüitk y'^bol^'d que criaron 
\óu Oíosla! *^r<fcííi!S' junio con' mP 



niM>r^uto# «I éÉiadéi y eM hcfhftó. 



eory&íM;^*éritbrií%tí'ge^díof un kmor 
Uh^ r^rb'cbafixPI'coplrr di^tk'a'iiyol^ 
ro, tan eterno como la cafrelñrtftT 



'g ••!> r; ítííoI/ 



ll¿'4CEiili:s- i^i ■ M''MkM(MiX. 



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.iJú .pu;j/'"j 



o hay eosa miai tritt^ que^ la 
üfté de náemoría^ ni^'puetieliaUr 



maybr fastidio que conversar con 

' ^ ,> I 5 R' m:> X ■ wj .' : «jSv. ">q.., j 
gentes que carecen de esta ndble 



nw 



mAmf) mí ¡mis&Km^ 



. heuífmi. Vm gro99aFiO'i)f:iuii9ftr 
XtQB qialei naee de eftn, funostfi 
&|ta. 8[q oWukín 1^ obligacignos 
y compromispti 1m pcpin^aan ^e 
M haii hecho, loe^.etYi«<rs qu^ .,»a 
hitc^ |e.4;.ibiclo y lof, eq^sargos come- 
tidos; el hombre ..^i|j|[r^QÍado aq 
o\vi4%dfí Iq^ .^Queáciof f|ue ae le 
^an .dii|^p«adf , ^Jol hombre d^)bi|- 
j^a ,8entif)íi^to8t qi^Q.ee ^icvit t 
uoogB^n fortuna, ^e olvida de shs 
an(tgii09.api¡g<^; cuando laa mu- 
gerea han df^ja(|o.doam^r,f9iolvi. 
dfip Jmtia ^e loa. (aifpTef,i}ue han 
otorgada); loa <)ue mas gf acias han 
recibido de u^ a^b^rano i^oq lpa<|[.ue 
por lo fQ,^u\ar \f abanJonafi^ mas 
PfoolQ ea^ el.dia,de su a#lv«jai(jad,,, 
l^a memorja ae^^ pierdo eon . I,a 
edad,. Los infií^Jic^s qgc hA^.^^stfi. 
do.enc^rrajos .machos aoo^ ^";^f!* 
prísiopea mas. est^r.ocbasy se, olvi- 
dan da 811 lep^ua» .4^ ||1 m,€^o# djp. 
las (^Ufniaa ledras c^e cada palabra,. 
Los de.sterradps á Ja^ jioclemenles 
comarcas dé Irkul«k .y. Tt^t^oUlc,; 
parejos. cMalea Jnfl(,j9|i pe^jOf^iido, 

oltddaáoM. 

í-o.\IÍ''C?Ar^®^ en la que lf»> 
rryes do la Persia encerraban las 
victimas do su ira, se llamaba ía 
(or^e del oUjdo. A loa huvibros 
qué «fcatiéerian les Ttrmporde^d 
luz para precipitarse en el reino 
de las tinieblas, les gentiles les 

hacian beber las heladas aeuas 

.'O '.-•/.•.•, . .j í • i^ .•' : '.fv-i.i 
del^perezoso.Lete. Tantos anos 



do ti^iiha¿^p 4^¡fi, gg.. fo^lmi^M^ 
poeta, (fi^oa años ^aipfmis^y tq^^ 
bnUe^if QMf. hW; |ia»Mv vf<ibH|>m!, 
<ÍQB^pfra<)ion a^miH^ii^oriJMa s«** 
porya.qi|p^odp lQ>borm. . . «^ .: 
. Jafii^iieiSjsoB b3#sinff«iüroQ|eiiUii 
íjft.la U\t^,iifi mftnurl^ .im Up0n 
vble aojiloQer iqu^hoj daiiiponyaiit 
gcata converaaiQJon ^dq peiMmiM 
que ¡n,cvrjrw en leat^ <te6K5t^,ftOf ;, 
que 90^ jfus fepe(icv>i^f«,4 iuiátú'<o 
p^^tivas.pxfg^iUae i^o/k c^OiiSmAbi 
üb^rf ir »4.ljqi9brAide^niaa.;fMÍfifi;.: 
c¡a.y,wírJweirHQ, fil 491» l^l^li^ 
pivida, áÁ^ftiP\(ig«n»§ lA%W^U^^. 
esti baa^a^ni^if^. JiicnrMidflfníH» 
*íHW'ttf«Wal^.<Wr^gi4p... ..i-r :.í 

ipaa|^fiícÍpaQ(|,do| he|n|bfe<;e|i ,eli 
r^A4pt¿ftHlp 4f .l«i idene ^y^l al. 
OMICW i(4e ta^^f^Ud^rví,. v.PptfHa: 

t^fSftjS^ P9 :f|».tuibwr« a.C|l||)|iUl0j 

&l»A:«a^da| .OA b (menAo 4«k^lal 
loctur4f jr i>yafr.id0ii9^4»s»Mi bun/ 
cofimiric^dq^jps^ tn^iwTM iMié*rsirt) 
np> W«<hHbÍBW :9mmi40 imratqusn 
%/5tíft?iyi<W¿wiWM|8lfafc (IpSdp^a 
me^ia ni? «^ti\«m í9^a U f MliWfthnPt> 
do fetqns^rvU, qj^ ^^Aa f ^^qmifffrtií) 
lo que tiene analogía con nueatroa 
«evnóéimientos, con nuestro espirí- 
VBf (?an niKisH;» ^^fif^, El«p| 

materiales, pero ni lee con fruto, 
ni retiene recuerdos exactos, úti- 

imb 



trario 

•¡:.ür»íi »; 



lombtjs de ioffeníd. se di 

1(1 ,í i-^^cr.'-m oT) r 



DIARIO DBi LOS NiÑO& 



M8 



tífi(txe eii (\xm eonooe y sabe apre.. 
eiar el d» lot demás, y en que ea. 
bendiieefnir b heroioso delotru 
vittit 3r^a8imf•lnbeniq«o puede re* 
t«Acf ln primero jr deeechar \p se- 
gendo; ^ Lamemorwee^Unodeloa 
regtildft fñai'prooi6feós<iaa ia natu» 
ráleata diapenaa á sus majores fa- 
foritoe. 

Debcmat eoAfiai- 4 'la memorm 
ledo to que. tenemos de maa pre» 
etoao y^ qae nías amamos: el filó 
•0^ obeerrador anota las ^bae 
nm» imperantes eir su» libro da 
meqienas^ los hombres que mas ao 
hall iiisiingQÍcb poor* aus 'hechos • ó 
por avenuiras esCraordinacia», os* 
ersben sus memorias, . <)ue son loa 
müjdtta'lnaiérnaloa para la bisto. 
via;' Tara ¡myietfiV'álgáMagraeía 
dd>los isebernTino ios ' preeíeé htxm 
memoríalef; loa sabios académicos 
eseribeb fteraoriaáieruditae. '.Pd- 
«aapalaMrashay .'que lemgan pnla» 
aoe^ioii'tui'graaUo como la me* 
BMiría» (mesquei enUa :casi en to* 
dmrlos «e'bidontbs de Inunda; Ims*. 
t!tt él igvMeoimtento^ ha iaído de^ 
ñúííél 1« meanof itt <le) coraxenv 

'IV>dd ftf.'qoó hiMSHneo 'de inuia 
iioW«^yPAib1ime''(ieáé por objeto 
qito h«léeitti Miemoria ^es estienda: 
irté^Mlft"¿el «rpolcfo^ qa^nuoéíro 
núíúbfe I quedke - eveatpído mi' )oa 
ornaos bronces^? yqae nbepi éq.. 
aMVgtib^n lasegoasrríaa'def rio 
d«tiofv}dór> 'LoceepériefaelaiiA e¥ 
otra cosa sino Slfiutior' 



de ¿ules recuerdoeí Con la. me» 
moria de las cosas pasadas se aleo* 
eiona el hombre para las futuras* 
Con el recuerdo de suoesos felioea 
erece Ja noble osodía,.y con el dé 
malas sofrides se abnieota 1« pnft« 
dencia y la bbeaa direociotu i 

La memoria f dice tin. pr ofundei 
escritor, ófi'eQe una especie 4&Cul« 
to á los recuerdo! ■- de ntteslra> int 
fancta. Todo es.tan bemosot aa 
aquella época» que repasamoa «on 
dulce tristeaa. basta sus vai^aft ilu¥ 
siones, sos deieetooiy sosparoBes^ 
vemos el orden pasado porelpilaí« 
ma briUanto de la juTeniudr yi el 
presente con lan irism mifadae 
de la edad provecta*/ L^im^morif 
opone á lo que-exiete entfootpi lo 
qué conserva en dépóciio^ y ;prjMlo 
al mondo. de< ioarécberdoa todeH 
las ventsjas! sobro el hikmdo d^ la 
eeporienota y. do, la roalideA. . : [ 

Aai, puíes, iaa.dulqea.m^ooriae 

son los Cmices plaooora.de Ja isdoC 

áécpépita. JE3s uftiooíiifuel0 tpasa 

el^ombsé quoi se ci^eecKeQtQ..ito 

' censusa lepiísar. la.híitQciaid<.>M 

'vida^y en aquellos gralos.reiiuei^ 

dos enoóntrnrásel ipaybr leoitíHi 

para sus penas. La mitrmatmixf^ 

'to oa meaos dura .y oápaa^aa^a- 

ra el qhe. éspeira'sebnBÉrisir-eaila 

memoria de i las pendñas'iJfaai wá 

aprecian; I. Loa tiesnosirecaordoi^ 

dico Mr.iRogors«.senidohÁo noiiaá 

yo del sot ón> la'esUietún .»hekdh^ 

fiemiti 4' reephiiideaea*|abi)D uesM 



9«0 



0IA&IO am ¿os NiÑoa 



cortcf Üia cjcke ]himamo8^tón!,|r §6 
no dÍ8'pan'<«Uí^8meme lii¿)nub<!«; 
dniT'á lo mk-nos.coa 'su ilubi-o. Iiíz 
nn colorídv sd «os esiremidado^; 
La 4nemort.a.'ii¿eorre'<IaB /¡íá^iiMS 
iNiiir grntasdoia vKdn; ot commun 
rnyu refl juib por U Juimí que arro-' 
JH ua» p'.ácida luz cnia 4>sourUad 
deÍQ'iioebe;.e«rom«ol fuegt^i^iMr 
l»tic«}'Vlc%|y|«B4«8 boiras do un d^soró; 
to> limfitireoi Aun loHihvantQrail 
trtstss'quenqrbnyan.ocprridóVu^U 
vuh é prvsenlarstt^alj penfianxtentó 
pfjiiim petar ncxeikdo -de .cierto 

• > Qedia 'UimLmugeir dé..«!!«vado8 
eDiieéf«08 (la flrméesa de ¿alm:) 
Aguando me faa?dto de. la oxistcii. 
eía^Jeotado' mer^aiento el coraaon 
al»atiit(»¿y Cttvqdií }» bajeza do loa 
buttibre^jr: el:ffflgráll(» erpenUieulQ 
4é 1b8)irioi«ltádee del mundo iirre- 
jan Bokre ihi^áifimd unaccmfarado 
trlat^sii-, dMjd;á>loa t¡eiRp9aip8Ba 
doa una mirada <dp recaerdo,.ro» 
eorn) lia páginas dé\ librb.de. Ja 
Tlda^'y me delengo en ioapoióa 
tfecideiit»* 'del aquel lágnbreudfa» 
ma parH' ftall|ir leafuectea/asiüi/ 
anléñtoé y iieipuraaisatíafaectoBeá 
d^l alnw^' : í . I . 
«r(,8if (|^nui^ /recuérdiM 'onantiGk 
i8innelvará«tér''y la dignidad de 
loa p«fbl08iiluatr98« Hajii naíoíoneay 
Aoéielielíor de la vMartioev qtio 
íoeroa o61ebrea«|i oUti.Itleíiípo,l¡^ 
^ifeim: embargo de habeir, decaído 
éerm mUtu(»e8pleii4or» ali tioatce 



memoria se tconaerva^ y ccliprla 
cunntQS :plofíaa -fecíontoe\ (tuoddn 
al( gor btroa pui.blo0 modcrboaj 
' Todo;ap d»JB O(l.:ro'oaip/íy^ piula 
nos «pied« que:, ef pornr i Jf 4|Mei)lA4 
mcfr tino la memoria* iú nqoMra| 
&e»oaieiB. r ;£l houor .¡do .(a Jom^Pi 
i<iJidad(rf .una: e8p^iriJA¡do vi()il:qilft 
nos creamos en 'a memoria dOilot 
bérobrofli :>rUbst)&«efe« son' Kiiy 
coi^osv: ipcr.d)KoniiDaninpQ lindas . 4ft 
lárgné rcouerdos. ;£! d0jJa,(VUci-i 
dad^queae bt.' disfrutado pifolodgtt 
SU' daracion, y es. comoi uim ieaeiu 
eía.'preeiopCFquexonaerva, iHii|feerM 
ftinioliadcLila vid»« Loo.réeiibrded 
800 .eoraoeLoco de lasipauBÍoncsjcgr^ 
bis sonidos ^ue repiten^ adquietfei» 
con la distancia éiéiiaAíiiala^jdoi 
grata mtiartcqUa} <(aie: b>a'|inc»:ife 
mn-jáutoes qito col cVÚvoiaáODiQ láái 
laff^rnerfes .pasidoea» ! : •• i.i;aii!.i.i 
. . Bien ñmh fukn -aun ohidmyáitai 
eliipioycnbio': eapañol.wiilabiqndo» 
caido enferma» ki inanqucaa J9¿^ á: 
quien ciMcquiabft un;cabsrl|ctfróiéai 
alta. gdrarqüStí el «oonfenofriqu^ 
eDéellúaiooláiquien esie>bf|;abiefr) 
ta btfttetto 4^0U.%^9$W^9J X^tfPh 
sentó iMiLmoriiHirida^iqwt 4«tcl^- 
gun dtoda.jdQhiai :perjiDÁIir!qfi|e^ifairí 
traüeür.feck 4iiBba^!8iig.ei^q|iiff o9P» 
halhÜMií & Apdafl -horpAcmli^iMtiifin 
kf>afa infonnafao 4e.au '.suMn 
„|Ah¿ padre» eficHimé oon On>.f9iA*' 
voisMdpiro lascándole. eafi)rin9fi 
V« me dá.la'T}da»;yolcreÍ8íqmi|i9, 
iolTÍdado.'' .. 



i««^Ri(d 8(Riu>a ]»iÑ0a 



2«bij 



contribuido á e^fWíyifi.^j^ 4)Wtí9>s 



^1 . . ? .< : 




giiA^JftfCiTÍlteaieíoii^ al ip«f Di ^m 
1i»i|MliririQff>)urWailoj detenía Jwné-t 
fitáóaAiiütía» ■fiivfMñnaBaaeiitMi 
tkáeaa;da liii>tfivaf$ lo cnül^rufi 



L. 



T. lU. 



para Jipoyar la absefvatktt da^ipia 
saloDlBibultura.. iniedo Jiftnd»tíl}n| 

s^i^dad.miéatcPifíiViQ'.fl ^iM¥^^qff 
31 



242 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



•alrage le retira de sos hermanos 
y habita los desiertos para hallar 
lejos de toda concurrencia una ca- 
za mas abundante. 

£1 territorio de la América está 
eubierto de un gran numero de na* 
cienes distintas, compuestas de 
pueblos guerreros, entre los cuales 
se encuentran antropófagos que 
por venganza se alimentan con la 
carne de sus enemigos. Son ca- 
si siempre cazadores nómadas, 
▼iageroB por necesidad, mas fero- 
ces que los agricultores que son 
sedentarios y viven en sociedad. 
Su carácter bárbaro é indomable, 
su estrema destreza en manejar la 
flecha, con que con audacia atestan 
á cara descubierta á un (fgre ó á 
cualquiera bestia feroz, forma la 
educación del salvage y os el úni- 
co medio que le proporciona su 
subsistencia. Sus sistemas reli- 
giosos son tan multiplicados como 
sus costumbres y sus lenguas. To- 
dos parecen creer en otra vida, y 
casi todos tienen por base de sus 
sentimientos religio4íí^ el temor 
de un Dios maligno, mas bien que 
confianza en un Dios de bondad. 
Algunos, aunque nómadas, tie- 
nen una cosmogonía, un politeísmo 
completo. 

Loque nías caracteriza á los 
americanos' os ser flemátieos, 
grandes, (dertes y ágiles. Lo óva- 
lo de su cara es agradable, pera 
la frente es singularmente depri* 



mida. Tienen la naris agüileile» 
la boca mediana y el Hbk» regu* 
lar mente delgado, un ojo grande y 
oscuro, cabello negro, lustroso y 
áspero. Casi todos son lampiños, 
y el color de su piel es acobrado. 
E^ta.variedad compren<^ á los in- 
dígenas de la América, ^escepto á 
los esquimales y ^lgu¿as tribus 
que los estrechos KtnitsÉ de nues- 
tro periódico no nos pefftiiten enu* 
morar, y ademas nos tf|ipide ha* 
blar de una manera positiva, pues* 
to que h^y diversas opiniones, co- 
mo lo acredita la emitida por Was- 
hington Irving, con respecto á los 
indios de la América del Norte, 
que se espresa de la manera si- 
guiente: 

„Los indios que he tenido oca* 
sion de ,ver en su verdadero esta- 
do de vida, sen muy distintos de 
lo que se puede creer por las des- 
cripciones que generalmente se 
hacen de ellos. No son, como se 
,les quiere representar, estoicos, 
taciturnos, indomables 6 incapa- 
ces de derramar una lágrima 6 
manifestar una sonrisa. Es ver- 
dad que son taciturnos cuando se 
bailan en compañía de los blsn- 
eos, de cuya buena voluntad dos- 
confian, y cuyo lenguage no en- 
tienden, pero también los blancos 
son taciturnos en' cireunstané&ac 
semejantes. Cuando los iaMstee 
hallan reunidos, peto ette* ebloe, 
no puede haber persootts mm ha-* 



DIARIO DE LOS .NIÑOS. 



!S48 



ai. festHrtt. fiaalaíii la 
: mifttd i» m ifi4a juh referir su» a- 
VMitufip«:efi la guerra ó eo la «a- 
«a» y atf ' contaf búitoriaa eiiráor- 
fUfliariaa; ton omy. oómkios y aun 
.bufooe% .y a» lüviertoo mucho 4 
' ^oi^. djB los . blancoa coa quienea 
• bfiiítfliiida r^talúonef t ea tanta que 
. eal^pt ie .figman que Jes han. inapi- 
.rada ua.profiíiido.reapato háoiaau 
.g^i^deai». y dígaidad. Sen curio- 
4««:ob9ancadorea^ y lo notan todo 
en aUeoioio» p0i^ con qíoe atentos 
-y pei|et^Aiilf4> dirigitedose recí- 
..pcosianente alguna mirada cuando 
:4iBaoosa lea ^hoea mucho, pero re- 
;eerfando todo comento para cuan- 
:da.sé.haUin8o(os, pues entonces 



es eiiAndt».dán itbie «urso. 1 su'cri. 
tica y á su alegría. En roi viage 
á lo largo de la frontera, he tenido 
repetidas ocasiones de obsérYair su 
estremado.é impetuoso regocijo en 
los juegos, y una de rer un grupo 
de oeages, sentados alrededor de 
su hoguera hasta una hora muy 
ayanzadade la noche» enireteni- 
dos en una. convorsacipn viva y 
animada, y haciendo 4 veces teao- 
0!ur los bosques oon sus es tfepíto* 
sas careajadas*. Por lo qutí yd he 
podí4o jiuBgar en mis viagCa» ol 
indio 'de la« ficciones poéticas De 
como el pastor de las^églogas^uaa 
mera personificación de los gtri- 
butos imaginarios*'* 



JLa lámpara de LácUa^ 



WNArMentm tempestad me^. 
^U^éeiéffta noehé éé m^imnoh 4 
%as^réfkgto^én Olía eá1ls»a del 
<¥«lle de Anrasea, en el^éamino <toe; 
•CéodueeideMago m^yor 4 la freíí. 
-imi eeeié de (Hf Sufxa. BstiÓÑi sefi-, 
«Mloml lado de «tta iMtana, y diri. 
fia tttit «lirada der^lhaiídio 4 las i^ 
^ae4ieéafpadi»qtte nw'ffodéabaft,: 
ituinte'péreibirqtiei.fnuféle íéjéi 
énmnim4m\(.k»i.i fteasé al 
.fHMipio qbe'PMeeaiá''de alguaki 
r^aialadáf' réaoineoiUé-qtie'a» 



quella parte. déla «lOtitafiNi Js en- 
teramente inbabüaa>le, y me sor* 
|weBdí6 tmM más lo que v^ia cosip* 
tb qoe la iez eahñbiaba de ^tio.4 
cailai instante*. Llipsé» puesr nl 
daeñode'la.easila'enqpe meduf- 
bia refiígiado, y: le pregunté- qué 
sqpnificbb&^aquello* . ■»> 

EaJa:14npani deLélia, me rea* 
pondiéicoD vívese; y afiadiái.lle- 
mttndo 4 sua hijos: lOlai Bauiisia, 
i¥ietQriq,:lávaataoaque Lsliaussté 
en la montana. -. i > * i«'| -^ 



HMtt 



mABK)im yasmSum. 



. •A'cstoB ¥6ee« B¿od¡ó«Ia:flMentia, 
y tódoflise • 4;okioa3COQ > cerita'. de la 
oÍBntaittv maaifeetaiúio eVmayorün- 
rtarés al aegotr coa la visla aqueibi 
luz miotenoia quo. déeapajrecm y 
y TQlviaá'preséntarseí aunque. Bfié- 
dian^o íntécvalos bastaate iai^gtw. 
Mtts admirado que nunca»' jvolvi á 
-repéltt I«ii6^reguata8, y mi^bues. 
ped tuvo itiién satkfaotfr 'mi cú- 
-rioiddad, reaerv&ndoae 'jbI «attapea- 
•dévaamarmcton cuando' áfMitecia. 
'86 lac bnSi sri baciéndoáie^. piomaler 
•que le dejatia obaervar Úen el iU 
tio -^ i^ue^e^ detuviese defitíitiya- 
oattflfte* 

Pafa que mí tfttifáttto sea info. 
ligible, debo antes doebr á mié leo. 
torea» que el valle de Anzasca se 
halla habitado únicamente pordoa 
olaaes de hombrea e^eraipente 
distintas, los ciíHiVador^ y lólmi- 
neroli 6 buscadores de oro. Los 
demás habitantes miran como des- 
preciable la profesión de estos úU 
>Hmos»^ á Jaiiive^dady eli|iodo .4e 
.vimcde 'loaMMídelí.éspHaB^fsiiflis 
jqfUfnOiiaBiiffeé^ star paeeeiitNmon 
qndipeaá»seUrééUoa,:;ptoeépnfr lo 
Igeoeral soft ;f|iü*ierjataa;?tiirbiden« 
4Qi>'«atrag|idoa él» holgaaanerfa 
ájTá lá:an^riagnéZ| y iea vboó, pala- 
bra, están sujeloa á'tedaa lab caJA- 
•andadas fiíidas y moiwilés^piemse. 
•dianí'á'ios. hombrea coyaexialea- 
«da^ deiléntte^Uaprioívo de te foiw 
ütna^ihai hiea iqaa del.prodnclo 
de un trabajo regulan 



i'. Si» cÉnhorgói 'éstos 
•oonatituyén-una 99M^ú»jMui^$na 
fivevtfasv^alrevido^ yifor«leif0limil 
dwfaermieaiipVaiedioitev >Ott04nnie 
ipdsa^ ta>quBifaiiM«ifttfalMyo9 mu. 
chaaveeea^Mba todo 6l4ia' ülir. 
míendis al aol pd«ia '^etifaMt^''el 
hamb», y^si al^isíeigiiknféillfa 
es propicia la ibnuiMiid^rraraañF el 
oro en el vettardéleiihil aé áp^atfé. 
ran alegres y gatees (íomo eíMl. 
seri seaidaeaof ^aéiieree. Oeik 
tojan á4a» muebaoNseM iraüé)^ 
-aunque eevecd*<^ qOe^^fiM véü'W. 
gran^ebteiwp: si» ^iniane; net^«a 
eavthiLn ao^eoMifle»; yctiiaiidet la 
fortQna:6.el «mor lea ^tntííálS^a 
dettaaiadadupreaat^Buelen de^r ia 
casa, y no es raro que el viagere 
perezoso los encuentre de noche 
en el camino. . 

Ft^neísco ilkflMilli era uno é» 
los mas hermosos buscadorea de 
oro del Talle, y aunque aus coa- 
turobres eran poco mas ó ra<m<^s 
.IfL^^miamaa «que *las de tod^. isltea- 
ifo.^^'Wífritai Il9^ e^tmpAnsehiaeoii 
;UplflfhfiWl»df^«i apreoiaí^l*»»4U|i 
j)^(^!>« hMacM^fw^lea Mbmdmsaa 
M Pftisj: 4 l9<ii»en^ii>a qaerjio le- 
WAP^tMMqtM^fvaaar» Nadie ea». 
.taba cpn tanta guacia eoai|o(¿l>4Hi 
aDtigpaaiMMia4<4ip«iair pnea te* 
niaiuaia da^muaUpa YDeea-dnlceey 
oüeliaayiáiieaa ^qne* f aa^darfwtae •! 
Qomaoa^ y.5««]rM*ionMoa Hrib»* 
ippr lauebofiiaiaipairie» la metnaria. 
TodfM. lea míelMohhaiMinftdk 



maaowB iiOBifiÑoa 



la« ktiátL «Mbi^«qi|e etvtLeliiy Mja 
dbr.uoó* A faM enlli«|tdfirw-iÍMirfi* 
ímMvaHe. 

' ' Leba afmar'léMt >4tom jr-nls 
i[ñott' f aiiá<|uo 'efá TwMtaráméii^ 
t» hennaitt^é«éft#eoi«)u8miMi wn 
ñiMÍ m tt/Hkf y '^o^nAftw Má ^e^ 
lkat¿oa« ^^[iMf «««r Mefr^radaoiA 
niña qoe ana JéVéHf/ Ihi aitpeéii 
•itarmr aaMéiAa únii ea^mná^- 
Inadaaa^y atfties qM rar»>WB>aa 
mdBtilabarMí ioa aniiiMréM pincvi i 
y |Mttle»4tijÉn»^cmipafi«NM, prMfe 
mndOipaaar^<dHpi:ald«ior4«aa '[ 
padi% cagré liorna -stamian «ipKá 
áii<w>*cnéiaér>i >da imá maiifar^t 
qiiíes el nwpnñanlartterLaiia ii^a 
eaattfdddii^iéa^ itEm «atiBimidai 
a—Htg/a p a a i anal ia^i íte» «¡iticig, ly 
el poco deaeo que siempfe' liIflRá 
manifostado de oir laa ^bllataa - de 
Ffaoi^ieabt na podía atiibiiMw-iii- 
no i la^piacie de terror'^ teptg^ 
nandiá^qiia le iaapiMtetf iMoy loa 
dbeuelaie.. • ''>' 

i'flialMIpaeiiní^idla eahtada^ M|fifii 
—«ca a é aihl i i e^neifc «tí «ikvéÉMPdia 
jarlia éitm Jptíán.y^ékiMW^éñ 
oáa «ei&«lan iW^^émnéimifé, én 
tantoMfae trahifabk M MlfbMadV; 
elíaidia aai liiili«ba> '%<miA» en-»- 
qael í^nC«E^«lbÉ«té>tilMft«do'éíí 
kliorillaida aai pfaMudé MHatico; 
par e«fo<áMtf ^«iiMiiii^ tlflfbf^ 
^ h». iMM^'de&elfiMepiait^iAiÉ 
ftleAía Uilatfte' ^ril Itepd' «"«aúÉ 
iouavi|ne Bwmi mto nmoiieiDaiv 



ivnco^i jrgin, enAatfDT^Té'ean aim. 
paéfa q«9 ana vos *aaMejaaf»4'iiai 
eéo répetialaettiiifliaa<|Mabmr>éb 
an caneíni. «Cdntó «iif6ti<<^'la')iéw 
f«lmiaí(o6pla'eunfios algo nM^efe^ 
"vMaj >y ' peteíbíó tiée'iihimiditUP- 
menfe le^e^pendla eCfiiiHia'adiH». 
taiy/iMrlodMattti''' í í 

iLa primara ^ inMteiéta Hie' LéKfc 
#é1iili», -la^ aeganda' pWrtnaneéé^ 
iHWii t»r%» niMvürft'ptraMr la voi^ 
ffíñ tar^mrlta ^MA obebeif^» 
tlMVaf ^dr ¿riMMi< tfél'éétb, ponrénl 
^óae%««ve Iñ jiíAitA'delú^ViMl 
W eeo q%e dMaift^«<Wé^iin Mt'. 
ift^ió )¿^ ¿eUtadb éii'.uií«t'b«»i4tír. 
«la palead %erá^^^^«Úh;y áp^. 
yadoéti-M i^iM, Un'^L yiiti'U^ 
f<}gidÉbáeÍálla^|^iirt« Mtt'kHa'M 
bárraiiMfd^'fiblíioíi! e^é¥tíA fa flftli 
rlcíoa>dli>«nMireétMfH.' «Ebitabñk 
7«^4<fe ]i^«abiki4iWViH«nttfttV%ith: 
itm, y qú6 é hafm^^MhiMb tíiiái 
bien para lAkmtfé'ÜV'ktéfftiiHif ^1& 
Uil em iiriibieto', 'pietH^ftá^'^AÓ 
9^#ériM áttai'ptiéér MSiMcftia^A^ 
tíido* I1H ' rao linfnWy lüpato w^AluL 
ilofaid cottNnoy y dcjfnüo iü Hst* raK 
eacoB Ii c(f/ímté''fM''Aimm 

" liáBMdtf dt'dihr^ra'l^n tH'J 
la como el agua de un lago x^t 
ciifacé toiall|iiNW'írtíbw y qírt Tur- 
b« «I ala de viiítll/m&} «RjUM'tfii^ 
enentro fdé')üiW%ñiM%ttbi&rea. 
^¿nltlMKcJ; mti6Hid«'iWleén. 



I 



«^i»M 



BIARK) OB UBB HrtOfiL 



mnrfa>il« aquel jóveiiy :Jr«o|mk 
ftmttba á si: mítma por tfté •O'Ihu 
Ina alqiMio de dHa «ini haUari«k 
Ain doda ara p<»r delicadaaai y :a» 
Mao tanubíen la amoeMB haUa bev 
■abo.qutaüttallot ojoatan bríllaniet 
üQtbajaaaa ante lea aajroa. 

Una semana deapiiea r^k^ió á 
iiiar^al j6vm cujra.racuanio había 
4|uadadf> impreao eaautlmidaiai*» 
fiaaeioii, cooM) uo su^fto agrada» 
bto« La ae|uada Yespa aaladaron 
ya; el día dtfgttsentf ae bablarqai y 
ao oa di&aü adiviaar lo«i|uia 9% di» 
nap. . El. n^fiQ'ji que, antcNi am lan 
monóioao, ypqrlofagolar tan triar 
if^ i Lpa ojoa jde ipaMi^y aa caPT«'t>6 
fi^r^állaaii.,110 aiiio aociiatadaiy 
jjgjfolo upa foaa,la iaq^ietabat bar 
lljipm h»WwfOi aa bibia^^^aaiw». 
.d^jrqjffyipeaiiiaf^ft api asiqr» y el 
dfWp9fif|Qfífi(,pjuoaa hilHa.f^ 
tafio ^ ^fwibit^ i i4 jre^a^ioiiar 
1^^ w fa^ c^^^v^ilMjBfoaá aaa« 
;|f(%Vf limada |i)rpqipiui5i<m; 
iflf^jariM f^ca tiaiiipo..da^ la^varae 

S^lpi4a9)^jc«9%«9ii|Oí9ibfa eoJa 

. J*í«*i a^^.y ♦,a}| pjeiBtttapoí. 
taató al j6ven ünicameotet ¿mj 

IffWf%. .■.:! 1::' ii ':- .: '-1 r-. > 



aiD 



Taair'aMiaiNi A* 
y3fioiiapiiadoopo«annaiá ia vo* 
l oni a d ida;»! padra> mm éaala>iMNi 
rasan que le pueda aalialbaarA 
Aaaaa aareiai p ahra » .pafo tein. duda 
aota biiabia, de fanntlia-koarada» y 
yo oa aflM, y eelo le baalaráf por^ 
que lea bienea da fortiaH^ nad^aaH 
á auaejoa en eonftpaaaatan 4a kl 
ialioidad da aw hija, j:; • 

Ceaado Lalía haUaha de.eala 
modearaeaai de iioahe;aUi ein¿ 
bargo^ eeéyó. percibir «na analaD* 
éália^ aoiinaa:ea feaiábiaa 4M jó» 
▼aOfiy oab'Vaga aeapaeba ^iao.la* 
tátf ae . .aoreson. El daaeenoóídq 
permanaaíó.alguftoa 1 
raepondan.'y pataaia-qne. le ( 
ba Ott eombata: io^rio»» iiaate: que 
al iinidqe.eep to».eoBaaOTÍda i f»aa 
hiM« nMftaiui* . 
.:i«*|A4ian . .in «u 

.'-nN^^éR'oaaa da viiqalfei|ttdáé 
y .aa uraHoaiatda laifMrak .. ¡ a 

la Urde, llegó el aapiíaele tá ik 
mfUfík^íñUa^ pirat aerfutanta» 
da>QM4eilM Im iar ifMJi d e *a e qee 
«e.ec(9KlMlif)braii.efl. el iraUé^ ( ¡La^ 
lia reUuntóiMaottl ' te .fié^miUo 
praamlarae ttn Ja Mda leofueae 
eaaaalrMian aeueMN. lea déa.^ 
^iia« 4(9 [laa ido^ fiMMUaaw. : -Ytíu^ 
ia-T|KiHii miítoMM :aa -attab^iviaij 

Qpp qof! datia^iia caroÍJK»,,pim. Wl 

^♦AUMMMifaK^ imA, ijanmaimí iliflnifttnd 



??*- 



mUSm DE: £08 hiAqk 



MI 



novitmio llegará tu ftma»(0. Al 
fin, cadiéódo. é loi rej^clidoi aví- 
aos de an padre, etíttó en la aafe 
tfémula'y^ain color. * La- preae»* 
eiadelanfta ptraoiiaa quaieee* 
tabaii'eapemnda la Uf&64etMMHr. 
y acabó de perturbarla, por lo que 
ii0«e atrevía ni «on á andar, «a 
tibto qae todee fljabaar loa ojee en 
ella guardando «iletioio y con to« 
da hi (•afvdadque el eaao re- 
quería. 

— Hija mía, le dije ao padre ton 
utia' friere eonrieat cvnel oa á mi 
edad penear que eepraeieo aepa* 
Itorae de todo lo que uno qoíare en 
el mondo; pero ee índifpenaable 
eedef á laa-leyee de la natnmlesa. 
Loe jóvenes aanan, lee doncellaa 
amoo'laMlNeo, y asi debo eer y 
será hasta la cofiaomneiett do loe 
siglos, para que de su imien naz* 
ean nuevas IbmíKae. He euidndo 
dé ti por- espacio ^e dics y seis 
afSoscomoun avaro anida -lie so 
tesoro, mas %\ fin es necesario que 
le enttogne i otro. HedMí esto, 
importa poco que el viejo vtvn 6 
érj* do enhtírf sucederá lo que 
Bío#qniora. Habrá dejado ftlis 
É BU hijs^ y isa hijos de sos hijos 
bcndéeiráo su menwrin; ba agota, 
do hi^copa de In vida, alternativa, 
mentedulce y amarga, roas gra* 
eías'áfl, hijo querida» todavía ha 
quedado «Ignna miel enclfbodo 
é»s«la. 
' Lalínceyé4o reriflüas á losfine 



do aa pudre tilingada por Iesilágri« 
mm, y su entemeeimicnto pafooin 
tan vivo» que commridea.tpdos hm 
espectnderesoliidaron su ssRÍe^Mi 
y. se psncipíinron al rededor Jle 
etta*:. CkModo lovanió In «ibe«m 
tenia loa ojoa anegadoe en liantOi. 
y el roetre tan blanco convQ un 
mármol de>Cordagm; y t#doi do^ 
cían en su intefioi} ¡Pobfe ñifla! 
(tan delicada« tan4ébil! . JEl padre 
tnrtódn temnaar aqueiktc^ccmnf: 
nin y dijo: 

*-- Bastat to^e se ecabn's»)Un 
momento. Lelin, laecptaa^á cate 
joven por espono tuyo? 

liolta quino en vano bnUac, inaní 
Uso con la enhena unn aefinl aCCfi 
matívn« 

-^ Amigoe OMc, dijo NieolivOymi 
asi se llamaba el padre de Lilia): 
mi hija acepta eiestioboqiíÉafilír 
okncets. Snhaia á tu fiíuim es*; 
posa, hijo «nio, y circula eatia no* 
eotroe la oopa de laialíeinÉu : . 

— Paro-ceta j^n no:liaffcspnii« 
dido, observó unoidéien pariénica 
del novio* r. * 

--Habla» dijóNicctté Lalini dtü 
ngiendornl misino t iem p o unáimt.? 
rada de >dicfocto al ccompobcoi 
finrlíialsita. Paco te cuesta dací^ da 

ifaaaá obedecer maqttinalnamtai 
loe pálid^a láUocda Laba» i^iMido 
do repente as; ahUólq phertadoiM 
eafai^ y apareció na hainbra:en mm^ 
dio de hifaunieik» éhclámaUdo: Na» 
lo digas; yo te lo prohibo. 



íéB 



BUíiro BBiLos mtuaai 



Mnd* tin grito» y «in dud* ttakú* 
bwA fetbi^mdiy «n «ua lMz00 aii no 
lii bubieae rétetññn^ wa ^ttá^. 

li «ü^ibfórhJado^ dírfgíénd<ie« al 4|iii» 
adiaba de^entiaf* . : . i ' 

'' '>— Tengo* á pediflMí le > nano de 
TUevtra Mja« eomeacó a<{aell f i 

• ^iT6 Rift^raMat i ' m 

^tl^M repkierofi todotf (ot pa^ 
riaMet» 'unofiKm aairpraftar otros 
con cólera, otroa con de8préoto¿ cfl<.' 
diiiG«al aagttQ en ekvÉetan/- ; 

•^Baata, dijo-ailmiiRioqae.ha*. 
bía exigido el o^nasbfitnienio.foc** 
flMl'da Lalia. Una prafeataoion 
iiMMniinpidafKir imAquaratia, no: 
suele acabar en boda; yo n« veo 
ifmKMiiIarime^ m^Mttllo en. ^edir 
á[4ia%hideliaaba par» oasarsa con 
idla^^a Le|ia mknia Imsppiidaí! 
y aQMgttUa qile Mafetire eñ p«¿. 
•'v«-Tiaii»#aaon4 «jladiéotpa..Ha., 
bla» Lelia, que (l0spua«> nosotros 
sabr^raas. baoer qasí, aarvays* . 

^ Laiia p0iií4«l.oolQrt.di6 oq pa« 
so trémulo, y fijó en su padre una 
tími<faiJnirádá^i|iiád4dad¿i^ss in. 
niiftfU.conip«Ba estatua, aprélsndó, 
lascdof dnanoá cootta^elipeebo.co.. 
ñts pMeáoOateoec losuUitidosídaisa 
eoraion qu^ turbaba» ai óabsu. 
• «H^SimÉ^ dtjo'Olijrisía.Nicolt; 
iaíeiáada'Jq pésihiénparaiaodflrar 
MI realera, ¿haa Watoi algnoa vessl á 
esehonibial fioáMám^á^ktab cü* 
mosellaDMi? 



— ¿No9 |ia8oleilité« • • .IViéDy^hijá 
mia^ pi'asenlii temegUla 4tu íulu^ 
sor esposo,. Isegun la ai^stambre d€i 
naesl^Qs antepasadpsr ^finq^edada 
nuieneaia* affüojar dajiqu4rá:effta 
▼agaoina^o^. ; . 

L^lía se acAraó iyi«4iiiiiaipiei4(i 
alnov(o; iMi cMa94oi|a4a}M>! 
pro3CÍmó á ella^y quiaot^Hf la.el fi»^ 
calo da I04 espoptialasf, «Jl^ ai^trfs 
cedió y corrió hacia el desoon^r 
Qidét . 

< '^¿Sab0sJ^qi|o.baQeslefwlai9i^fi 
roA todos .loa ;ps^iante%4Qo> lo: 9^^ 
n(tees}ie^SraiioÍ9iso 0I hwfo^i^t d^ 

oro« . < . », I . 

Al oír Lalia ei aonbeQjda Fcas^ 
cismosa des«la}ró anf^sua^braaOSto . ; 

Iroposibts aeWa^cmiMiMr k cou^ 
üaíúa quaaeíatfut4>á eliia«i^ana« 
TraapeftanaQiá Lelú^iaia* conOei» 
mkAtoá sa habíiaciókv. y fiíeron 
necesarios; todus < las. eelussaojí 4a 
los amigoade<Núaoiipi»ra:iiope4á*. 
la queí ae eatregaMi á iadoí géMrot 
de:TÍoleÉ«ias contra iFr a» s4a e i o>, 4$ 
quian.dijcrlasimayprasJtQwai* . 

"^TodpiiOpuodQ.saliif 4* f^ 
re^ppndié ett«,ipa*s oaaarisi^i#salÉ 
ofimdtda^ Nadia tiene jdaijedho. é 
Uaroaiv Tagasaondo aliqua teai^ mí 
la babitMÍansb sisé mayonssiy e« 
jarte al. ofímo que astoaiibjerflsa^ 
Wb; AiAB eso Qo.íiBifiQffia.'nada, sü 
vsMládefa feUa.á«vuaatfQa<#ib ap 
ser pebre, y confieso que es .gra* 
deÜRMa. j6¿ yo bsAiera qimnda ar. 






SUBIÓ S£ UOS HlÜrOGU 



U9 



twndt; fiMo áo.te Jimrído. q»|ki- 

oimt^y^vaekitiutet'dttiifui^ri^te qo«. 
no lamia, .fiéipido* piiM^imi dQ«; 
ta pava aUi|»,punlquú;|t9i,i||if^;ie&i y 
ppr fttaatífip^ft^, C(Qa<«^9 V«^ 
ni^ta lUraaho i wv^ ^uaiiaii^ lo-. 
nía eoo (laa manas tfac|af» Fijfi4. 
aáaíoanli4iul J eonaaifa^inajm afta, 
da termino. > Si para.e8a.época oa 
t|»ngo aqual^a camídMl^ ramippioi 
laa f|arapba« f ua ;ia pftf«ranaia a- 
cabi| da. darme» ., , 

wf arl(»aUm#iita» jtMpoodió sil 
eoneíanzado formaliza; acepto la 
propoaiaíon» romo pariente mas 
cercaoó del novio* Si dentro de 
un auo pone Francisco «obre esta 
mesa tras mil libras (unos 1200D 
laalM) an ora.6 pla&a» naaiatira- 



H Aloir itU mü libri$^ .cantidad^ 
anas ina pasa un buatador da óf o» 
áa aahaipii^6iair.ta4Batoaaic4iNiSf 



^^«4Mar*d^a«FsineHiDaaott.uM 
t«»baotbwi^peai»i9aa9 psemaba 
acallfs»^é aRltlibraa^^ • • 

• • «-*>Bs>«iá fíraposiolo» «ay f aso. 

nable^ dífatauctodas^ iftar ram p iá n ■ 

4ala^4o»«*aa«a sííim^ * Aaaptad^ 

MifoKya^épiadir •. . «h .' ..ii . 

•^Biaof'dyó éslaaattdtsdatii tu* 



¥ ya l a ml ÉiÉi » ^esKéttó^gwMU 
un^asavíMealada 0ISU4 
T. in« 



dio é ladigBaokM^ y aaUé.al ponlt 
dala^oasa*.. 

. J[>a4da Aipiel.diA M M(é uncanu 
bimifotaUa «n al <taiáotar . y «en la 
.caai|iiala da.Franeiaaoé Entrag^aa 
sÍAdasaaaso alganaá laa dasfa tm- 
jbeíoadasa psaaaría iadasiria»'y 
nédiL .dolama 'SU .árdor^ TÍ6adosela 
muahaa vaoMii aun de^níMlié, aa« 
b4odo anii|«aMintaftai<|r aiaañnánw 
da ak iaalif da kís toff entaa. Apa. 
-ilaád^íaba aliivabajo ipaaaaar aU 
guaa ipia dalia .'vas á <af i émada» y 
^uaadoae aacoa(iBbananlsa«lmis« 
if cío y taaaaugfaWUáoiimasMi maa 
qaa raanimassa^QB antena pilá«> 
biaa4si0sp«ianfeayiaaMfk. . 4 < . '. 
. . Siaufmbargo^ ümn I piMaii^ aé» 
aMnaa:y> mesase yja mtjmrpartá 
é^ la eantidádfromatidaipanaana* 
ala afta ev^laa anlrafiaa Aa la tiar* 
ra» Dasantmábaaa jdfunaa vaoaa 
Franeiseo; pera Leliarlaikéamnuh 
ba^ piaas4ilȒ u^ffOdigia.querHMlo 
al aBMiri;paadar a^dsÉlin aipiella 
j6aaiiium débil iy simid^caá ha- 
bía canaeitída an ana mugar fa«* 
asalta y* «rdieata. :CuaMÍa>aa^ 
pai6 á dudap da la gitana anadió 
álaacaaiant^ y racattia. laa: igla* 
siaa insoaandoá Dioa. y :diiiriba« 
yaodb 4 laa^pobraa la:poaaiia qaa 
podía dispanarv . p*a sbKnst.dél 
aisla aquel aia,aaasa da'sodaseaib 
y «aiaa faoipadlBplHtoac 



rj Aoassábasa alArdái aífia^ yl^ 

oantidad da oso qaa Vraiiaiaeaika< 
33 



isa 



mAAIO DKLOS «OfiOSL 



Wa tepnid#4 eoKtvda íaapditasía* 
tigas, distaba todavía muobodo la^ 
qaa nacetilaba^ pero 1» tafdB'del 
último día descubrió ima beta per.» 
peádkular y oonooíó«qae «mp n- 
bable,qaeJaiütcaanMa8e otfa-oráoRw 
tal», eii »uy 01 caso podvia^^enceatiiif 
bilstaiitfrioro.y &m\4e estraas.iSi6v 
sose A trabajar coa ahince; tMS'el 
Uabajo>era nuy.ptoosoí y lo hacia 
iodpVía masiima Uavta glacial qws 
le daba ea el Kqstro^La obsqiifidad 
aiimbatabafOMaomeotae, Franwís- 
ea.sfintia. i agitarse ios Aieraas,' 
mondaba su ff o^te an sudor friot y 
alfiq eüjáf^m e] suelo sin seatido^^ 
A 1 vol vee aa sí le Uamó Ijek ateneion 
el resplandor- de una lus que bri- 
llaba ¿cofia distancia da él; lapa- 
recíófoir una vob« notó. que la lus 
se ate^cába*. y . distinguió que la 
Iraiauna a^^ie de &ntasina tos- 
lidaideUaiíco* ■ . ^■ 
( «^,-LeUai €8ola9ió al fip raoi^QO* 
ciendoJaa faccponea da su^amada. 
- «^ No pierdas el tiempoien ha^ 
blar» le dijo; te.queda aun muoiio 
qiiahacerí.y tengo una completa 
éégufidadJaquemó qoédarÁ bar- 
lada taiosperanzaé Esta sitio es 
precteamefite elqueee me ba.indi* 
nado en «a eueileenViado por d^ios^ 
I Valor» tabeJBÍ ^quilieaes Ina^y 
yate. ayudaré eoa.i»is oraeionés 
ya que no (fuedoaon mi(S.flM.noa» 

•Francisco volvió ¿ cbgsf «élpioe 
penetsada de sdmimatoaaA volt el 
valor de la j&veB;generMa. - 



' < Al^aabe iderpiecas amaealeejcift^i 
pezó 'estará' qasjaipé def tno^' y M^ 
decía* aán Ti^ débib dal^ :priaa« 
querido F^anaacaY pcr^^sin^sebit 
lúa no^frodria yo volvar ácasa: dOi 
,rai padre». . Date prisa. . ..m j.í ..s.r 

^ Varias véifes lo htzoésté Mtstaa^ 
stplicii; y ér corazón dél^ranclseo- 
se déiípédaáaba ai pensar lo* qtíe' 
débiá sufrir una jéven delicada y 
enferma en una noche ton fría. RéJ 
dobfabti sus golpes sobro M* róbij' 
que Volaba hecha pedazos, ctianQó' 
ella le dijo: la hora fatal vti ¿so- 
nar, mi padre me espera á media 
noche, y no puedo estar aquí UTae 
tiempo. Ad2o3. ' '--' * ' 

Diciendo estos palabras marcVó 
ligera romo un relánipago,*^1Ieván* 
dose consigo la luz. 

' Francisco no podio • espumar iSe^ 
mojante conducta. ¿Porqué leda»! 
jaba, solo? .¿Qué podía iiácat' él en 
la obscuridad? ¿Se abandoqariapar*' 
diendo enlenunanto la eapenazal 
Empezó á caminar detras do sllai* 
peto á carta 'lalo ayo uaa.eápeaie 
degaia*dq ^idaMfaretió.-.llt'lttai» 
¿Qué habriaiiiiQedidat á Le(ÍA7 Uní 
peosamieotA terriblele iiiao jBhrizar 
i loa.éafasiloe,perooceyójpojiOi>quar 
la Jua sd. hubiase tfMsaiÉado.vjdoliMi 
de alguna roca, y qaa f l:fíilouqiMí 
habtf^oido fiíese el de a^«i«¿ ave 
de la montaña. Continuó» puan^ijMS 
Gamiiqiiy;^IMV^qíMAMe é gfiades 
fiefgjDs oomifwó.ilegac dei(Hiee M 



/ 



DIAiaO ]>E{ LOS M^S; 



S51 



medía noche á la casa del padre de 
Lelio. '". ■';■"' ■ ' ' < 

— Nieolí| le dijo al entrar» no ho 
po^li Jo cumplir mi promesa, y ven- 
go á doroá las gracias por la'firlelt' 
darl ccn quo habéis observado la 
vuestra. He perdido; á Leiia para 
■icmpro. Adiós. 

Alejábase con el éorazon herido 
de muertet cuando Nicoli lo dijo 

. con voz conmovida: Perdóname, 
Francisco, las palabras que** to 'dije 
en medio de mi cólera. Sé todo lo 
que has hecho* y . . • «(se detuvo y 
aun enjugó una lágrima alconsi- 
dorar las trastornadas facciones del 
joven). jCómo ha de sor! mi pa- 
labra está dada. Adiós. 

Mandó que llamasen á Lelia, pi- 
diendo á Dios que no le fuese fatal 
aquella noche. Un momcntt) des- 
pués vino un criado gritando: no 
ceta en su cuarlo,' . Alarmóle tod^ 
la casa: Nicoli qí)j|f^j^; (I19 .pie?;Di ea,, 
pieza llaAfiafidil.á su iqu0ridft»tiSlja|-:< 
pero Lelia no respoiiilfftv^^ «' '- ' 
Francisco, ''c^é'lfé'^Qbia deteni- 
do á la puerta con la ospjsranza de 
ver una vez mas á Lelia, antes de 
s^rarac.^ ^ALQ,P|Uni^^tefiipr/^]S|8- 

. cIbi^ó: luees, hachas, seguidme to. 

A4 momento salieron y se diri- 
gi{(>ipn.ÍM^ii)^pí)lfntari^ h^aunos 
^ttí^ie hombres con hachas de re- 
•W«W ^mt»^ á^lo^s vicijtofjm^ 

,p?;n!í'':l i .rj'fji'jjp' •:ii. • ;.'f 



fuertes, sirviéndoles Francisco de 
guia, f afllegár al sitio dondo ha« 
bia desaparecido la luz, percibió, 
ron una cosa blanca al pió de la 
roca. Acercáronse, y era Lelia. 
ETstaba sentada, apoyada contra la 
roca y con una mano sobre el co- 
razón; todos 6U8 miembros estaban 
TÍ nidos y helados, y cerca de ella 
su lámpara que se le habia caido 
de la mano. Francisco la cogió 
entre sus brazos, procurando darla 
calor y reanimarla, y llamándola, 
ad como stf padre, con las mas tier- 
nas esprcsioñes; pero Lelia habia 
dejado de existir. 

El desdichado Nicolt no sobre- 
vivió sino alguoos meses á su hija, 
y en cuanto á Francisco, nadie le 
ha visto desde aquella noche fatal. 
' Desde entonces se 03'c en la mon- 
taña las boches do tempestad una 
v^z^úé parece que se lamentan. 
.I^^j^deanos dicen que es Fran- 
:)BÍAeo'jque llama á su amada^ pero 
. K> qvs^^les interesa mucho mas son 
los fuegos fatuos que brillan á ve- 
ces en la montaña, y que están per- 
suadidos de que no son otra cosa 
que la lámpara dé Lelia que alum- 
bra i su limante saiéiiifas trabas, 
^ppT lo que pro9uran*pbsorvar e)^ 
lia donde brilla, convenQ¡^das- de 
fiua. allí está. If saina de orp;qM9.9,f 
pudo b¡^\iiT el d/9sgraQia4o Fcan* 
cisco pot falt% de tieippo-, . . «j 



■lí 



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itSi 



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^^'^^~-~^^-^^— —————— ■ ■ -■- ■ - III 

méao BE ijofi «moa 
1^ NlNí) POETA 



^^vj-iA 




.1 



•j ■ 
i 






£•' eT poeta cá ra mitiod de bkfrro ' 
Mbfe el tecio pÉtttesiD dif k ^i, • 
9'Mca Bor» qie del tmllé' dé*pnii«l% 
.JniMltiiíípiírelaQelo elJnwMUb . 



I 



,FO*WH*. 



!•• . 



y .. 



^ ' Vst ote miro qué «dlo^a y ¿snüá 
Recorriendo las euerdte del laúd? 
Bécuóbás de su mistíea gargmita 
liosbubKroesaceutosde ínquteClidf 
Ese és im ángel que bajá del cielo 
Fara endulzar la ' condición del 

suelo 
T sembrar en su oentro la rirtud. 



Mal^ libé terueftos bóm^réi^ h deé« 

Attiah; 

Le desprecian y esquivan su cin^ 

* •*' '* • ' ¿bn, 

Le instfitan; j le irritan;"^ le llál 

Necio, y loco, y ridíttiW ybúfbnff! 
•Porque la rasa estúpida, indiscreta. 
Notaba que el SeiSor manda al poeta 1 
' 



J^JC- 



i- 



m 



A ofreoérM el: cálb J» lá iinion. 

Olvida^ 4ai Mobéü fu6 éaeAmi- 
• i (•,:.. i , .' '-•• piado 

lA 'la cumbre inmortal de Sínaf, 
Donde Jas tablas leeíbíó estásiádJ) 
Aspirando un ambiente de aleli. 
Tal iréz poii pérpoeta fué elegido 
Para cantar al mundo coritKPpídO 
Las leyes del inmenso Adonaí, 

Tal yee el cutoide (é^ intperio 
Que modula ese niño al desj^rtar, 
Pai^.aiempre descifra algoá mis- 

Que entre suefios oyera revelar* 
4^ Élos hosAbreae^eSitrfroéutíÁ 
Uiis> eMínngo humano le conjura, 
L^coi^iira y^le ^ruehno á.conjoraH 
/ T d poeta. « • • cargado de ecser. 



Lá estrella les señala del candor; 
Mas silos se d^sspeftan al abiactio, 
Desoyendo f I cantas del-tiiOTador* 
T tercos, delin^ueote^y sp juieio 
fteéüédn con idespreaionl iNoéfidlo 
Nombrándole aaiaflmitá ycidesh^i 



.'»' . .' 



ñor. 



De deshonor y afronta se «ye ^l 

>''i grito. ••• 

%A remonta sttseadtos ottft. vesí 

GosBaado en tonr(ad,Mor«(Cl déKto 

T roaldsse del ^ipundo la i^bHa. 

.. . I /I..' .:iii'ji: I gasa* 

Mas. loe hoi|ibres prortumpsb en 

..j >-..: .i.;j M / .Imidas 

Al ^omemplaff snipostro; stíamSta. 

V el lloro slosargo^ciuc onpaii&su 



. Esta U Gái^ proeikii'l 
! . Qo^ la} m'ieioniro sufre; 
Pues Éo, lágrima de az:ufj6el 
Arisnea gestos dé t íaaül 4 

Afi no pnede llefilr 

Dná misio» -de veneno^ '* 

. Poique no <aealla el asfeao 

' ' Los bramidos déla mar* .~> 

: ./:.-! ,;i 

r ' ,. i:m i.. .'I 

f Aroma süarfe.4e fasmiAl elclelo 
No te puto en el mondo á suspirar; 
Él te poto en el.Uindo con un velo 
Que la inocencia matiaó al pasar* 
Dormías en el polri>:i)«Bi remiÜTe 
Bl aura del jardín de Jericó, • • • 
Mas «n respiro: misterioso y \^ 
La asistencia en tu espalda colocó. 
T te puso en el fbado és osü 

valle 

P»Wii«»Wíft»*«n#«l4%iP*MPi < 

Para jEno^rar fi„ffifi^á^ l%^a1lo 

Que 4|lm.camppi|^|idi«if del 

íü'.r =-'. •:i. lu'.t.v T^deu. 

. y^.lK naoionmos.h^awlde^ ÍV 
,.Pwa4^e el vulgo babladpr 
. .Tu» baenM Moionea tUde,! c 
. Tüpienip la a^WM k } 
Que ol ori^e» y Isf aifMul^ 
MoMndo iiola.en#( pitob<ib 
.aeo¡gtiolMe9í4ilmt|Poobo /i 
DelifuflüMamlíMaM» .i-- n - p 
. Tijtiia ondiíailaatifinsftdali;; / 
, Esquivo el Cerreetre pt|p» • • • 
.Paraiqoo el. vano dofioodaa i ;> 
Que ti;os la tambaw^i^doafuidas 



654 



DIARIO DB LG&ISIÑOS. 



El Infifündu..! el Pafoiso...! 

IfttiW et tu «mbu^a^a^ 
Parquo k;I mundano viogoro 
NifgV<E|u<) l>*7> tal «tidiiero 
Troü el mura 4b le nada, • 
• Tro alcassa, ntilo tierno, 
Q{teftrde<el fiecverso foomióida 
En lasllamüt del ínñomoi 
Y qiio el jiHto^vcl b.eiihechor 
Disfruta sn hermosa vida 
I. .'T^se iluenné en el ScSor. / ; 

; • :.:,:■ ♦..:■'.•-> 

•• . h. . .. III.: : . ; [) 

. : ' '.; . - v\..'i íM j »i "i Ij 

'.Pdffo 81 nadieélniñoi nadi^. ^a«o* 

— ." i. ■ . •••.••. .chií 
Xu< j6aiicton.de Evangelio, de veN 

.c i' ■■;.,•.: ri ¡ ) "i '-dadr«««¿ 

8i ae fltaoUfiaían en janjfienta ^lu. 

cha 
Sa^ídirhdb lig hz&ú deabütftád/ 
' '*Déjaktet^t^éii%0^dl«' 'i 
»' í' Oi^ánUtiut'flá téfz Wk J' • ^ ' 
.{.'< )^„Q retumba |Eternídad!!! 

Déj&!eslritel«($h«>á á' iM'^ndas 
Que envéti^MbMa^doiiíá flb|c|¡4ír. 

Y dójUlelf^rtarvrttiAt nd^fÜk^ónVaa 
De lotbehtbfet al necio mtildift'élr. 

Que ^bi4llafá Iti («todon/ía, 
t'liqtiér Üé. Milla- D^fitetteiá 
Tien«i jifédiiiO' el a»oirii'«^' 
PerAime teleathiM aaívia 1« <effera 
Que en aus gívoé^^ehnttftdo Hevltrá, 

Y á'laSdieeirtdeSüoaaeiltado ea. 
..^. i ■ ; í' }-. n: •: '. ' ov-wr^ra 

Que^ fAíl álmat'tt«m«oqoepí«ff«fl. 
^ • Queíierta ^'ie'ee-<ttr) '^'9 



. El cwaaiio dh^Marfn* . .' 
-V . • El ruíie ñor de' Ju bonii v ; ( > 
Enjuga, pues, tu párpado quo 

btolA 
Lágctmaa tristes- de amargura y 

hkl, 

Que no fecfresea del plañir la gota 

Los(3»ermos campos que «rni2ó 

. Luzljüfii 

8(; q*i)o icn la tierra tn Udnió 

' i Ea ún relicario aautá ... * 

. ... En lasAíaoos.do.nn infiel, : 

Que el llanto que tu roaro seño- 

. •• --. '•:••.;> .•■..-: -fea 

fiarla af afro 4iie At.flMttd«: <edú 
• tri¡ií»«»* 
ReiOr* - «Bifio • «4 »Í!F - capara qna 
•1 ^'' .... I^fia 

Sobiia un suelo que Cristo aban- 
iiu! . .,,...',■ t-donói 

fiieAipt-e espinas y eapullo^ ^ ' : 
.'iJSiempre adiibierofi! y (orgullo;, (i 
< ifitt^afire'iMffiud ^tümbíeion. ; 
«flotan akí 'V«nuüi4téicsieia t IIoiíi 
Qui» én-el.sUkidaBO]«Jt€lu;hlfaíf 
.Ta gratitud, 

Gon^erva^'-niftiV'tuecsiaténcia de 
... ..:>.;; oro 

Y. conaelvacot. raudal de^tu saSlidí 
•'^iU»ltor8a>toiel«ailó/;')i»: u-' , .;} 
' i' Pesque JB^^ouaja él iroclo [ . . j { 
•^IKs(tu tierna juventud. 
.: ) iVipin'arainaa lequodati •^ul. 
tisMarthito, lánguido^ triste» 
-i^Goeráti (asiroaciiras;iiodaai.<'''') JA 
,?.[De tu cráneo, sin que puedaa 
ijtíVi^iffciá 8ert)Ioj|iBaiAiateLi' \z Y 
.Que TÍvea hoy para morir mañana 



DtAiao: BDXOS NIÑOS.! sTl»* 


Coni« It iloinpa.y b. delída «n pos 


Porqué .vído loe áiigelet qae ^kn 


Las Jocec^ el reptil» la especie bu. 


grú^o 


' ...mina**** 


Ledos ibsn su fronte á coronar,^ 


Todd ha ñámelo para aer dé Uiosi. . 


«Poteso canta su. cantar sonktfi» 


Yno vale.qva sopartes' . 


Quai la trompeta que al iiiorlr*sé> 


Ese ei)cár||o,.y.esa «imba» '. 


" <^"^ 


Que esrimpiseible qaa eortea: 


Cerno los bimnosquflicsleste ebiW 


E80^'tr4meodQ8 TQ|»ites 


Ceelga bumiMto á loe pi6é de Je. 


: Que teaaasiran á btiimba. . 


hová. 


Que es el poeta un patrón» 


. Y poroso may pronto con *la 


. Que en una barca, pmstada 


. ... ñttbe 


' Hombres al eielo tsaslada 


Se elevará su espirito de aittor^ 


. PoTcagitas 4le maldipioné. . . 


. Para guardar disuena del Quefibe 




. Y arniliar coa sus trinca al Señor. 


IV. 


Y mprirá sin nombre y sin^níe- 


./ 


moría 


Empero el niuoseguia 


: De una iluaíos^ d^ un tWoitro» ^^9 


Dsndo riendas á su Danto. 


• ':i .: "•« 'Mf placer» 


Y á ralos se desprcádia 


Deimájíoquíetud, de una'br¡l1áme- 


Li Jágrima • • • • que caia 


. . j— -. ...vi:. . . gloría' 


-: Entre las voces 4el canto. .— 


Probadwenel sontir de una mugbrC' 


. . De una rnncion de jarave 


.... .Que viene «el- 'poeta .al:>iaundél 


. . Que iiunea ae pu^áo oír» 


' A ptedicar'la.vfrttfü» •'i *^ 


fi'ko en el pico del ave 


Y ásuaprrar» á morir '' f 


: Qué/ttluiacia con -viaE .suare . i 


. J>epasionU.« «^ * 


• Que. prorito disbesáotir.. '. ( 


; .' .:. porque en este polvo inmundo 


'Que el trovadoriOB su dia^ 


: • ■ • Marchita iújuventud^>í <'V 


Es un cisne moribundo» 


' i ¥ perece sin cumplir i. 'f o7 


Cuyo canto de' agonía 


.. . '' Stt mtsió^.^.v .-■ -'í^ •' '• 


Sile de una boca fria 


Una misión que reeémaJa ioétoi 


Kara deleitar'ar'iiAindo.. "3 


Eo'loa jacdinee rscibié-dcl peto.vir • 


' St^ que mientra mas el lloro 


Una-miaion que bumedecida en lio» 


C'.Qorra por su fa3& nubladaí .1 f^ ' 


1 . .. .:i..., ■ '..J'.^liV. r^iJiJ. 


í , Es.mas dvlce su tonada» 


Una >m¡sion que se apagó en el 


'iáasiblBndo.soaéentodeoro.' ^ 
,nt eso el niño sus canciones 


V. 


; T-^ • : ;.':*:. aupo 


. .' ' i"(H i i<: ';;■•:• * .::.'' A 


, Cob: acentos de gloria sazonar. 


. Enloqiteoid.vTrisso mitfcta, 



saft 



mARio DBvLoa Ñifiros. 



R Hombree tiie^and^ mee/ pfoe. 

i. T 9ruza lut brazos* • • «fríoe 

Como terreneedé. eecardha* .^ 

. Y.aiida:lento..«caaiado de Jlet|ir 

Satf e Mía bombroe el nobclaiiú) 

Bien, aa{«y , ••ooifio elbijo deLtuar 
Se ^acaoMi^ AJvi mQpa del v^-? 

dugo* 
. Eeti Rioríide au freouíf . 
«• Cbiapaa despiden aua ojoii 

Ijíi rf. ni: llorn; ni . aieiite 
'•{Que ^iaai ludoaiibrojba». . . 'I 
M. Tbte*iDueeaa jrfiaagBei : 
• .T«n»t^ vefe eo aéerducá n ]C 
r De itantoa nócioa uUragea 
•Cqiho ittfóó pbce ha^ /r- 
,i0TerrMe Doohe,..de invierno! 
Ifi^ldiBpid^mitail de Ucreeiciim..Jl 
í^n ^i^trañas tu hielo me conaume. 
Obi puaiera.itfi f)ifirpo ttit.Qik»ji¡ko& 
D^;IotK)be quemé jet. tafiern^. . • • 
T fuera' su irap0riblfliode perfume 
T fuera áu chíjppearntieras cfimcion; 
Oh! ai el mundo tuviera unía ven- 
.!•' . ,•'. ..i « .«"I •-. I .. < ';..^-lnna» 
To mlnira.álii.abelt mirará á Dios; 
Yo dejara eata UísrraiaR.pfofdna 
Adorando & cualípnénidel^a dos. 
Tideraiubdcb guarida ye aena» 
&lúi.a4A¡gQa..*ka¡b madre¿«».aiavma» i 
•gér.ü.^fcj 
X ^be.hombrea mateado... • impe* 

í'# »i.» S', .,'^' :v'-!««!dhílj 

QoHiiVJnieran al mundo. • •& pade. 

eer. 
nSua másculoa mis roanjarea 
.Teu «angras» mi 



Mt gualii>« • • .i^erloa arde?; »• '* 
iMaldieíooea. okia oaátajRaa* ¡« 1 
. X mi luí» • «una torcida 
.Entré lá gcasa^e un serw«*** >T 
i,Nad¡e Hanfarrmé .podriáf 
, Amtrofófdga'd^l (diablo» I 
Parque nafiíe babearla • ?- 
Este eootagioao eatablo/' 
„Eot6acaá fuera mi ^cumplida 
gloria 
Independient^ydiacdrrir cantando. 

Y refíriendoi'en'aotodbd la biatdfia 
Del mundoiqíte aae halbragebir. 

nando.** 
»,C6mo gozara^^o...!" Dijo in- 
clemente 
Saboreando en TidleoCaa. contor- 
.r >. ; ' .1 i aionea 

Tan horrible pnaiedada.y. de >e. 

" •.. peáte 

Huye^eovttcUoen. profundaa mil* 

• [i '• r ' :di€{6nes* 

Allá QOnre, if I9, Jéjos^ Ha dVi. 

- ; . • dado 

So imaieo,.a«/embajadat aAJTÍrtud; 

Y do aangriemte pbáaador binc^o 
Contra laa goijaa eetreDó el Jbúd. 

... -i r- ..1; :i 
.. YL. ^ ...-..' ) 

Una p¡ra...l..Ukia.|iia%tta«fti« 

;(Bbarra 

Las ireliqttiaá.<iejitt;kembr#-. <pta 

:«•...;•• : .» -: .ifáiét 

Y «jaaaeiieha el basir áa lifia|fti- 

. t«. • tarta^ 

De ana guitarra qfae el placer 



m^títotíAUMi^moé, 



zof 



Contrtltte de infierno y misa! 
CoiQDiite de fango y clelft...J 
Donde Í la par ae divisa 
La lágrima de la risa 
Con la lágrima del duelo. 
Espinas y ciaveles...! Presto el 
* horno 

Abrasa un cuerpo sin amor, vacío, 
Y se divierte un racional en tomo. 
De ese cadáver mustio, sin adorno, 
Esta mañana un semejante mió. 
Sublime cuadro mundanal que 
hiela 
LaBaiigre.«..el corazom^M.el ezi»- 

tir.... 
Cuadro fatal... •! en que la mtierte 

vuela 
Viendo un hombre llorar..,, y otro 

reír. 
Que ese festite cortejo 
Presidiendo en esa orjía. 
Da con la planta al peltejoi. 
Que ayer un hombrer vestía:* 
Y no le infunden pavor... • 
Esas uñas sin sugeto.... 
Esas manos sin humor. ••• 
Ese podrido esqueleto... 
Esos hondos agigeroa 
Que eran ayer vivos ojos.... 
Eses retorcidos cueros.... 
' BmtMIfliddtfdtopojdflr.i.J 



Hombre imbécil! insensato, 
Qq« ;disOftift«s flit fedi>r 
tíe ese tremendo aparato*. •• 
Mañana.... dentro de un rato, 
También causarás horror....! 
El looo viene allí... .precipitado. 
Tragando el fuego que al mirar 

lanz6, 
Corr0«.. .grita.... ¡infeliz! desespe* 

rado, 
Negro, adusto.... á la pira se arrojó. 
Que el poeta da virtud 
Estando de vicios lleno, 
Es manantial de veneno 
Con torrentes de salud. 

Allí está ropa y cabello 

Convierte en polvo la llama. 
Su ardiente y rojo destello 
Con violencia se encarama 
Hacia los kdos del cuello. 

Hora le oís? Cuan gozoso 
Modula dentro en la hoguera! 
Parece un canario heraoao 
Que trina en la primavera 
Con ansias de ser esposo.. •• 

T en tantos»., sobre ceniía 
Puesto de inojos descrece...*. 
Tiembla.«#batalla..*.se eriza. 
Arde...«.trasuda....agoniza.... 
Lanza un gemido y fallece. 
6. CiLifcio ¿«iiiO. 




T. m. 



.i. i. 1 



33 



i^a mi.'Z. .1^^ 



^ piAfUO im vos N1Ñ0$. 

catedráIj de ambeki&b. 



■:i :l -./ :^í 




' ) 



4ÍAMBERES, cmdnd fuerte y 
muy comerciante, capital de la pro. 
vincia del mismo nombre, con un 
puerto sobre el Escalada. Duran- 
te la reunión de Amberea al impe- 
rio francés se aumentaron mucho 
las fortificaciones; pero después 
fué casi enteramente destruida la 



ciudadela por el 'sitio que: sosMyo 
la guarnición holandesa en 1832 
contra el ejército francés, Ambe« 
res debe también á Napéleon sus 
vastas fuentes, diques, astilleros, 
arsenales, y en general todo lo que 
constituye un puerto de guerra de 
primer orden. 



DIARIO j)& LOS NIÑOS.' 



ié» 



En los ligloi 15 y 16, Ambereí 
contaba mas de dOO.OOO habitan^ 
tes» y era el. lugar mas comercian- 
te del mundo: la poderosa, confe- 
deración de las ciudades ansiáti- 
cas tenia allí sus almacenea y tien- 
das principales. Hoy, aunque ar- 
quinado» posee todavía un comer- 
cio y uua industria considerables. 
Su decadencia comenzó hacia el 
ñn del siglo 10, durante las guar- 
id con España, y se completó & 
mediadóa dél^iglo 18, cuando los 
holandeses, en rirtud del tratado de 
Testfatia, cerraron las bocas del 
Escalde. No quedó enteramente 
libre la navegación en este rio^ sino 
i fines del último siglo, después de 
la conquista de los Paisas Bajos 
por la Francia; Después de esta 
épóta se ha aumentado considera- 
blemente la prosperidad de Ambe« 
res; se «levó á un alto grado duran- 
té la réunioü de la Bélgica y de la* 
Holanda. La separación reciente 
deéstoa dos reinos le fué al prin- 
cipio muy perjudicial; sin embar- 
go, hace algüa tiempo que parece 
rehacer la actividad comercial. So 
poblacíottesachialmente de 74000 
habitantes. Entre los numerosos 
edifMoB públicos que recuérdenla 
antigua inagiÁflcencia do esta ciü- 
dad^ cááremósta CaVéÍÍ%l^ cúp^ 
Corre;iaeabada ién 151d, tiene 444 



pies de altura, y. su sólida cons- 
trucción y bellísima forma, la co- 
locan entre ¡as ptioctpales obras 
maestras de arquitectura; lat catas 
cwisistariáleSf de un carácter fuerte 
y original, acabadas en 1564; la 
baUa^ construida según el modelo 
de las de Londres y Amsterdan; la 
casa ansiáticat que pertenece toda- 
vía á ías ciudades ansiáticas ale- 
manas; la antigua abadía de S. Mu 
^fue2, edificio inmenso que sirve ac- 
tualmente de depósito paralas mer- 
cancías. Ambares es el sitió de' 
una academia dé ciencias y artes) y 
posee una hermosa eóleccum de 
cuadros de la escuela flamenca. 
Van.Dyck y los dos Jeniérs, pinto- 
res célebres de esta escueTa, na- 
cieron en Amberes; Subens murió' 
allí, y su tumba se halla en la igle- 
sia de Santiago, á donde se admi- 
ran las dos pinturas mas hermosas. 
En esta tiudad solamente puede 
uno fóriúarse uniEi idea exacta' de' 
la escuela flamenca, y ^onecer no' 
solo á Rubens, sino á Ótto Veníus 
su maestro, y Van-Dyclc su inejo^ 
alumno. Sé notan' también en la 
Catedral, y sobre todo en Santiá-' 
go, magníficas piezas de evc'ahura 
y estatuas de madera de Íltí tatna- 
fío natural, especie dé escultura 
muy rara. ' - ^ . ' * 



NOTICIA DE LOS MAS CÉLEBRES AIIT9^^^ 
. oms HAN Escurro sobse ioj oniioiAs bxactai* 

Continúa el artículo comentado en d cuaderno 5. P d^Z fomo S. ^ 
jpó^na 118, 



^IfEGioiiQirrANo.— El verdadero 
npmbcp de este autor es Juan Mu. 
üer. Nació el año de 14d|0 ea 
Honíngshovér en la Franconia. 
Fué discípulo de Purhachf y aun-. 
que filé rni|7 aficionado 6 las ma-t 
témátic9||' ^a generali so apUc6 
particulairmen^Q él ja i^stronpmía. 
Observó largp tiempo los asirla 
con sü xnaestrb, y le ayud^ i^ de- 
terminar p9.^ exactitud el lugar 4e 
lajB. estrellas y á rectificar el siste- 
ma de tohmeo. Fué i Italia pon 
el cardenal Basarion para apren- 
der allí el griego. En f^te yia^e 
iOfhubiefa acompapado Purbqch 
si !a muerte no le hubiera sorpr^n^ 
di^p. Regiammicmo biso tan |¡ran. 
dj^q pro^r^soa en la lengua griegat. 
(j^^e li| aprendió bien presto per- 
fectamente,. E\ primc^r uso que bi- 
za ú^ e^^t nueva instrucción, fué 
el trMuc^r el Almagesto de ToZo- 
msof hizo ti^mbien una traducción' 
de la óptica y de la geografía ^^ 
este autor, otra de las obras do 
Sereno, geómetra griego, de ÁpO' 
loniOf de Heron y de las cuestio- 
nes mecánicas de Aristóteles. Con 



el ejercici9 de «atas. lr9^duccio(i^%. 
se puso en estaf}^ de hacer Di}f^, 
c^rfiqup deseaba inU9ho| .y.ejra 
concluir el (^pinpei^ip del Abv^a* 
gesto que P^rback h^bía 4^fu(a; 
imperfecto al M^nopo de .iporir? 
Debía, hacer e^to ei^ obj^quji<)4e( Is^ 
eqíis^gA de ?« maestro» cuy* p^f •, 
dida sentia á ^reporcioii de laiq^-. 
cho que le babla fimi\d^ Aptec^aff; 
habia oumpüdp con e«ta o^ígf^- 
cion, eu^ío ae ^iVnfd^ i {Qnú^fJ(^^v^ 
comej^tario & laa obraii 4f) TV^ffi^hi 
sin towftreloveiiof dqsfi^fQ.p^i^ 
puea inmedíat^mgfitq, CQq{pttfo ^i 
tratada de instrun^pnl^fs d^astf^; 
nomía, y calculó tablas aatifOf^i^J^f 
caá para treintif aiiof. , ¡., 

Aunque 9U principal e^tij^dío ei(f^. 
el de la astroi^omii^ nq i^ desf^i^i*^, 
4aba ^ fiultivi^fi If^ demfji pia9t||#. 
de las nuLtfaUi¡tic^a, y laa ?DfflfKWi«: 
cia con 8ugrand^i^r«w^ij9g«(iíj^, 
dad. Eacribió sobcfi la gegi^^ia,. 
sobra la ii^|^quii\aria^ «ahc^kiír^y^, 
lica» sobre 1^ ^atóptrica^y.pa;^* 
cularmente sobre la trigonometría. 
Regiomontano redujo i ciencia es- 
ta parte de la geometría; antes de 



PJAIW0«&1;^'BÍ«ÍÍÓ& 



m 



mas importADMi. pc^U» WP 4fi lo« 

Pkff&acA» eomo «« 4ividi«adp.^ 
cfifii^.^a 6.000.«fK)ip«rt»f« Cpto 
hon^breíafiíligi^blf flié ttfillbNk'Wl 
OB^qiiiBÚiM iiHijr 4ief tjrai. Sfti<»;iiR 

su|,,4)an)p «on 9q«i€UM.d9 que Jw» 
b|^ M priaoipiQ. ¿fi U MfMfrÁa 4^ 
Ift iiiaqiiÍB»«ÍA. : . . M 

bMtfkUtei ptML 9CttpBir to4» la tÍiA% 

iima la)rgaMaflet«i|; bíq «loIbArgffir 
JB^gimankmo- murió .)eii la flor-.^f 
aii:«4iiAi .Sí^an que la aseawtroa: 
aat ft^ma loe hijota de u« eiWq^He^^ 

qq^ o^ouvaaiata al laArHPtudeiVtt' 

pac|i«< Et pape SiK(o:IY Jkhabín, 

Uani«49 4B^i^»para.queti!^^Hb 

ep U vefonM' del ^aWed vl9á y 1% 

eimpwifiad9le^atMÍp4idM9eiit9i«9i 

treVoi^f U Mol otMBpQ|d<i;I^tiii)>q. 

I Qi^litMif^iaqiMeafiaaaqaeijmr 

Ui.qiie X^fiaMoiilaiia habiti be^Jü^ 

da Jorga 4e T|ftvia(iiide^;<bim4 .el 

nilníkakmtmiie mmUí i>.SíA en*. 

j barge^ní^taéafl0i.eWaf)^MHvie» 

: n|lll.a»l«|ripMaRUar(edelkáf*0^ 

' wNaMaiy4ÍP(»i.qu0 9iaii4dafpaa 

eal^metdad.apMémlca^.lqi ana* 

rqqto, aftoa d# bq adf ^ Saitamió! 

: faave»|oaíenaie«qu#;ei|i|apaMin^ 

. dó. qttat láaütai m ea iy aa áfc páatfcoiir 



y la hia9 W»».««MISÍpi«:4wOM dq 
g,8. y^eldffqntqt |.9p4ft«U4íd^ 
999 ahifi9 leo )q|i>fig|ii>|||ea. ., , 
It"^ .^mpUf *qfi?W f(W9^ 
numtani, de 3'or;fue(ff». Í4<rq{aUll 
9iM<Har%.JZe|^.in9t»af JPAqZ^- 

aivpqií^«í>ttv «flfif^ia, ifm.^ 

WA»ka.r^C! aUiba»^ 4» iMft 
amar fl d^iiQubfimifiHf^ .daila^i^f-^ 
fi}aA€¿oi^ aatraiófyiiaa^ pay el pwik 
iQHr^qijó.iaacir Iqgar 9PUq (99. quíf^ 
kMpiPiiH>yid9 U41: cirtiaiaf eaCiQH 
(as. Era 1f<^^ qn vi(K>rMida4ef: 
a9k d^ Nurembacg; yteqaqttaidrolo 
ena afiaiaaado» la a>p^i6 tafttaiali 
<^ampl.9:y itediaalfi velo da Skgm*'. 
mft^am p<«r et ad0ljuifamiiiii0/.dai 
la«/tiaaeiM» que ee 4pHo^. 4; aUMi 
dfí a^ria qua llegé i fttiRqiU6mo 
qio;r Ayud6 i ft0gmnmttmiPí mu 
;iilf^fA^GPVqeÍ9iiqe.a9lraaM€a«» 7r, 
cm9qA}i ^a fe íM a Aomi^ cantii. 
n»^ 61 b«»9i«da ab9af!rei$u»iiiBieefr>«; 
CA da ttaioUif; 9tei> . Xur. inilra^. 
niaQloada[qiia;Bil:aafaia.aaÉit may/ 
boaao^.^: aaabn pataMudiriibUi 
tiampoiida^'iioa: 49paifia dbl friat> 
qué aMhUaba jiarlMíHláriaefate;^^'. 
baialdaldMdiQ ldiA.í»aB{iiBa>gBmi*i 
d^.aiaoMtadt A: Mita daimbgMi} 
cuidada y db> oaa: coaitlaaté apl&/ 
caaiaaal lmbq^»>daáeabtiéülai*af . 



262 



DIAMÍO be íM Jf&fO». 



fracción de ik taz de los astros al 
pasar por la 'atitt68féra. Ta habían 
escrito dos mateiliáticos de est^ 
refracción; pero Waller no tenia 
nbtíéia de sus escritos. 
- Ko se sabe ^e qoó edad murió 
este hombre dé mérito. No eta un 
ntatemálíco dé primera clase; pe- 
re nadie tuvo mas ceto que él por* 
et adelantamiento de' la astMüO'' 
Alfa. Después de la muerte de 
A^iofnonianú, compró tódeís súi 
papeles é instrumentos, j^ étopé> 
raba qUe'hubiese publicado los es- 
critos de este ilustre difunto; pero 
ío4 guardaba con tanta retferva, 
qu^ á nadie Jes dejaba vei*, y has. 
ta después 4t su muerte no se. ittf- 
prnníeron' dichas obras. - 

CopMitftco:¿— Tddés tii^nen no^ 
tfcia ■detesté grande bombrei ' Su 
sMÍtiBtiiía astronómico»' adoptaílo en 
toüa la E!uropat'1lev¿ sti nombre á 

[ toifes los pueblos del univérsoi' Na« 
ofó éa Toírat ciudad de Pn^itf, dé 
una familia nóbté, el aflb>d^ 147S; 
y^.saff^adretiü^ierongreffl cttidirii 
do'deeu'edtféacieñí. 'Después ^é 
haber^estttdiado fíldeofia, ée aplicó 
¿biá matenníáticaa'3rál)iniedicina^ 

; y.desenbrió'iiint'Aficion; particular 

' ál laai¿ntenBátÍ4;ar,c'iain abavdonar 
d eátidib dc'la* Qiedicina, én la:qae 

! aelgnldnóide^doietor. ^^Bá este in- 
tervalo noiperdió la aiicibñ al'«a- 
t«diD;derlab oáatemltíoiiií; y fésbW 
vió'íriitalliar' endnndisíloiMiáii 
entóndec taarciehctás másqns^en 



étra parte del reviída. AcabóÉÜs 
estudios en Wtniverstdad deCva^ 
covia, 7 habiéndose retirado tf'álr 
páfria, dispaso suviage'con Mffie^ 
plácito^ dé sus parientes. * '^ 

^sde luego fué eti liereditrra á 
Belonia cen'el fin de (fatAi* t 'Bo^ 
mtng^o María, célebre profesor dé 
mitemiticas en • aquélla unhttrsi.- 
dad. Vivió con él algún tiempo/ 
gfabgéó sttfaTory.amistady cota la- 
que adquirió una grande 'nepota* 
cion, j se biso muy conocido ctt' 
Roma. Cuando llegó á esta gfan 
cittifadi todos les eéiblog \é i4>8e* 
qüíaroií y le 'dblí|^rdn á aceptar 
una cátedra de matemálícaSi la- 
que conservó muy poeó- tienq^o^ 
AhiUnmo era volverse á éetablé^' 
cera éí( patria, en adonde erciapow 
dérlógral' el eoMegO'y'retíro'que 
no le iserfaí fteíl conseguir en Re4' 
mal *Yá habla eotf«ébida la idéai 
jdesttifaéema, y conocía- que ée 
neoetftibii mdtkm abstracción y 
|H$tiro paira segiíirla y perfeceloi' 
|nar(a.'0ejói' puiee, á Roma y se f e^ ' 
tifo! i sU cMe». tjuége que llé^óéf ^ 
eUá, su úoi que era obispo de Wár^^' 
ínis, le dióuoá catiengláen suigW- 
«ia;» Aútiqueesta era owadigal.: 
dad^may ^raiíde, la mtkfié^'XkpfP* ' 
jnjimsMo •perder gtieie «'su^ioii 
j)Ofqtté>tenit% eüMe éa ^ftctó le 
Isuciediéi 'qué le oaeisase algiftiátf ' 
distraeoioioies?' pero él 'se manejó ^ 
itan bien,: qué logró vivir -en la'Co- * 
^edad;nn;ftltar poresttí^á^lilsolAiw: 



DIAftlO DE L08 NIÑOBi 



MS 



gi«MM^Mii«aMMlo4 Allí coa» 
.fimoimiúm^wé, y cntiegado m^ 

tmoomiÉ» «atoro haciendo obMTp 
TOcioDMi por una !»§•> aéiio ito 
afiot^ Eápaaoiuf «aloma énotitra^' 
tado de attroDomfa, quo aalió al 
público el afio de 1549^ poeea diaa 
antea de au maertc. Falleció de 
un accidente de apoplegíade edad, 
de jeleiitarcfioa y algimoa meces. 
Su libro ac intitula: De orímm 
emUitíum rwoZttftonitea. 
í yxtfaa»-rNa¿i6en Foaténa}r»on 
Pokío» cerca del afio de 1640. 
Era cate mUtamático Blmbreim (a) 
AegiMle^ que ce todo lo que aeaa- 
be de au catado» - So igoosa. qaie- 
oeafiíeroii vua. padrea y porqué 
«e^ie'llegó á.ealo empleo: {tam)>o«. 
co^aoaabéaJoaheohoadoau yida 
Plisada,: y aolo ae ooaoéo porcina 
obraa# Lea luatoriadoreay que bai^ 
hablado dé él como de ün hembMi 
celraéfdii(affio» ai^ ncé dicen que 
ae le paaahaii loa * dlaa entelroa ain 
penar ch^conaer, y.eoatabamuchó 
trabajo ohBgatleá tomar algún ali- 
aaariü, y ^afo lo hacia aiii aaUr de 
ao'aatudio ni'jeVantarte del bofete; 
Ébffeatiibléiató la álgebrii en la qué 
biso deiiovlnrlmflentoa' máfaVillo- 
woMéii jkAn^m:de medltoriéii cata 
eaapciay faíMá adquirido faú )gfan. 
nxdiíi. \í ^ " . •'*' ' í :! .1 o 

.-'.I. vr. • •••.•,;..• . • 
[a] Vean la hutoria de la áh 

gébrOf fog. 48| enJa nota margimd* 

i_ 



de práotica: en .bocea aáttieia ám 
ha coaaa, óoaibínkrIaa;>queTeacÍBi 
con facilidad laa rnaa^igiondOi dífi-; 
onkaílea.anicloálculoi.! Habiendo 
deaafiado AOrumo SomanOf geó- 
metra hábil, i todoa loa geómetiaa 
del mundoáYcaoWer unaoeoacioQ 
del cuadragéairoo-quinto grado« 
dio' Vieto la aolucion i loa trea 
diaa de haber tenido la noticia ,de 
cate, problema» y .él prát>ttáot4tta. 
puea i tUnmano otro muy dificil» 
que era descubrir un círculo que 
tocaae á otvopvtrea dadooi > > No pu4 
do reaolrerlo Bomano aino mec4« 
nicamonte; pero Ftala dio ubo biie* 
ñu» aolucion geométrica.. Moatfó» 
tambi^a beata dónde Uog^ha «lU jta« 
lento en uno ocaatdn fnaii imipor.¿ 
tanto. Eakando en guaira laFrsn.-. 
cia oonEapaftA»:loa . fiawcacaii]»^. 
torcoplaroo^algunaa csrrlaaidóla: 
corte do Madrid* qoe:Qalahan ea« 
CQtaa enL cifra; . y ipdio4)odih do* 
cífráriaa.i.:i Se laaonTiarai^ á/Fta». 
te^j la» eapliió inm«diatai;lenle.í) 
TuTodoa di<putaa eon^oLfamóeaü 
J9$é Ef^íaUgero y con Oiavio. £kMí. 
el primero, aobre la cuadratura drt. 
ciKCAdon 900. ^Holfgeto oreia : ha* 
ber:eaiaont|radot' ;;)Con: CM^ ao-.* 
bre k Mbram' del calendario gréf. 
gQiálm9«: :Tf6fefeno)ói£lK;o%i«-' 
rotyiftté-jcotfvenisdofoit; Gk»m> 
qjao.fiié.fa q»e^.bw>.c\(Cfaenda«ioi> 
IncCPKiam^i üruefti«ajiuo«.deeia'i 
iqifP,B«ejc»^n4eiiío» ,Mme CMa;. 
ltpwmMf>m oiOidefiícliafaQiipc- 



DiAftIO DE nos ÜIIÑOB. 



kumprMantac'ei fdu>.ide,]t60e ai 
pilpÍR Clemeufe ¥111 ! un muevo oa-> 
kadafio'HeDo de eriorai. ]MWi6> 
(PMaELMdM^Qi»'4tbás«lenta 3h 
tvet da ftQ;^dad« ' > ¿,:i ... ^ . r 
FsAxicEaco: ScaooTAm*— Hitei 



iMMiaóléécioD'^aiua airaa a»ii« 
toma én filio «^ ; ailo da J0á6 eaü 
eaca tífalag (Fraiídsaí Yiet^ChKi 
Ui^ o|iani^ 'MaÉheasálSca Ja uniini 
yMvmett oaagdate. Loa tíMoérÚB 
loalialadoa aoft liiSv da dioUf ahrfttf 
!«.'..' .'/j» .'■» ■ . V • * 



':ÉfáájirQMajJm miéttMAL 



vr:ii i'J. 






flÉrftavMientia» ood al aparato dai 
Mü eoiiHfí ¿bpipraaatiaié dé una' 
raaaiMi da proíaaacaa 4a Cfaaaiaa» 
niiMI'do«yiiiatilaoa4 Ufla^la* loa a^^ 
paMoa^qoa^ara^lifiílBllio <{aa •« 
briM 0uitítf9í^^ y%. m tlA-nhotiiaj 
oaopa^aiaiojuaf üiatroa eAbiacMr 
oiiaxidanifL%. if pci^ujo 4ii>4i8T»fiia<i^ 
ta» 105 Utroa da «¡giiay t onauáiteíi^ 
ddtfaalgo nénot de dktlógranióatla 
oaribaU'de tierra^ pttaila,' paws pro.- 
diMÍAr ab 10 bo»ai ^296» tiiráa dé 
a^a«'' . ..'-v r.:- 

'til aator daté^vato M€||uf#K|aa 
con-etaalálrioo cine, aa-t^iaüda^ba»- 
ciéodaíaateataajiaiMdaiiuinte de la 
o<fioíá(i4iA baqoai^aa^^Vden^ealaii^ 
tar Mif;^ Uat Mav laaAitéiiiiliai' 
daitaf^<Mídhftiijr<lé«bdh> ^dMÍáiéü 
daiaoÍftilMiMblé>ij[a«^ ddá JéaM^;: 
<im»>ái«aicit, aiimtiMqilMítfMettM' 
ta piu» qfaü^aü 4p«fiit6MMibfl^l9^ 



horpa^.Tiaiía á^raialtar ^a at a|^a 
ndla'dBtaiá iiadai y que ae pñádói 
!lí1n^6 Iba l>«cfaaa dlrl aitofra y 
•oav|^ qii9 ad UatoHndidad j^ftttfik 
!o«ki'pfatiaiétfde agfua* 

Bl -aaf istidD a|WYata, daaeMd» A^ 
loa boquaa hiaraantaa. gfwiÜai/aw 
uníácoOMií'eoiifplata dal'Mmtila» 
daiaa i|90>ho5r tMia loa mitaiór fci}4: 
|qiué,7qro^aatá'aáiiairaÑdt4e AO^ 
iqiMi:»a:Ia.deatoaiipoae niágoa-áM^ 
viaiieBlQ^Blkareé'if ana poadaiía-> 
siatir ¿ im ehoqiie alolaalOk Gkw 
,el con^biimiUa^iqaQ aa> arnpiaa paasf 
co^^i: loa .alHuaptoat j aift' adfeibiD 
algufprdiasta aparato 2& .Utraai 
,de agua ej^ una Im^i^:; ealA. agina 
noapliiqiiaQtafaaaitaidMAlgdaí múk 
cftfnplfitoimeiita pürifiAada^i) aiff*«' 
Icii4|t9i^% fluiy impoiMilai pues 
Íi^a|^a):di^l«a dlatUMMkv» qa» 
Ise habían conseguido dej dwa 
Siempre al agua un olor muy deaa- 
¿rtídáftlé^^'"^'" ' '"^ 



DiAftio VE LOS mkos. 
Mtíramttasde la natutmleia. 






•1 MO f .-! 



KLUBON^ 



ÍNTRB»to4ot los aiiimles . eü 
ellooQelqttflf.Ueno la- forma ette« 
rior maa imponenle; su mirada es 
fírmeyatrevidat^salpoftfi: akivo y 
terrible tu voz, por eiiiras razones 
ysu gran faerza 7 agilidad se le 
Ilaaa cia<n)]Qmtete lel rey de los 
animaiAs. Por lo regular reside 
el león en países ieali^nies, y aun 
la mayor t>arle en la zona tórrida, 
y parece. que. participa del ardor 
del clima en que vive. Su color 
en general, es pi^do oscovo, pero 
tiene alguiuM partes négcasy roji* 
zss; su cabeza es grande y muy 
fue^tei su nariz e8paoiosa,(Bu boca 
grande y sus ojos de un enoatnadó 
oscuro y lAuy feroces. .Su larga 
y iM>blada crini sus anefaas csjas, y 
sns so b et bi os ejos que á la menor 
irritación adquieren un fuego y un 
brillo incrsiblest unidos al -formi* 
dable aapecta de. s«s dientes, for« 
man una. (tintura al mismo tiempo 
magesluosa y tsrrible» que no pue« 
de compararse con la de ningún 
oiro animal. La forma del ojo es 
muy ssinejante á la del gato^ y tan^ 
to uno como, otro padecen con la 
demasiada luz, por cvya razón no 
T. m. 



es coBilm:- ver'i si leow en niedfio 
del dia, sino á la caída de la tarde y 
cerca de la atsebaw' Cuando los 
demás animales oyen su voz ter* 
rible, se llenan de miedo y no se 
atrevenolauná itioverpe^y «'^emo 
todos huyen der 6^^ y su vista es bali-' 
tantemala,4pes(lr del fbegó que 
parece que danzan ens ojos, casi 
siemi^e tieod que/rec^^rir al arlíñ« 
cid para oojer su présa,¿ arrcjáodov 
se á ella dés^e algún sitio - donde 
está esooadidoi y idando con rlací* 
lidadim salto de ' diecr y -ocho 1 
veinte pies. Algunas veces da 
dos ó treasahoa seguidos^/ pero si 
yerra el golpe y no puede ooíér la 
presa, dcga de perseguiMa y se 
vuelve al sitio .«donde estaba escoa» 
dido á esperaren él que se presente 
otra ocasión.! 

No debe cansar aingsina admi* 
ración que un «aünal : tan magas* 
tuoso, y bsJQ todos conceptes taa 
terrible como el leoó^haya llamado, 
en todos tiempos la alenoidn de loa 
viege^oe,y dado molivo á nnátnul«( 
tiittd>de relaciones ex88e^das,.y 
muchai fabulosas. ' Ha prbporeio^ 
nado. ' imág^osfi > espre4tvas á . leA 
34 



BIAIUO BB U» NIÑOa 



oradoies 7 po^U^ 3f ¡«i fibolM 
inventadas con respecto á él, ¿ 
fuerza de repetirlas, llegaron á in- 
troducirse en los escritos de los 
naturalistas antiguos, dando ¿6ú 
esto motiro á que después las 
considerasen como fundadas en 
hechos y observaciones los que no 
han tenido ocanon dn estudiar por 
«i iftismoe al aainial^ jqoe no te. 
aian loe eébociíaieatoB neceemos 
para juzgas CQdrrectamenteias aser. 
«tovee mgenas.. 

Mas aunque estopea muy cierto 
QR geneiaU no por hm debemos 
desechar indistintamente todas las 
Oireuostancias relativas é esteani* 
nial : que aseguraron los antiguos 
y bahan podido con^robar los 
modernos; porque los iprimeros tu. 
ráocaí muchas mas ocasiones de 
<ri>aeihrar que los úkimosry pudie* 
so» oeroíeranie de muchos hechos 
qtte<aeaso no hayan llegado á noti. 
oin.de los sabios de nuestros días. 
Ed otra tiempo ee enconteabaa con 
&ecaanciá.leanes c«iv algunos pai» 
ees, don^e hoy noiae^ha}^» ni uno 
solo; sabido es que hace muchos 
anoi que han desaparecido deto- 
doslospuatos de Europa, y sin em* 
baigo ei^ tiempo dé Aristóteles se 
haltehan an todas las montañas si» 
taádae alnortadei Orecia, desde el 
VM» Nestus, cerca dé Abdera, casi 
hMa el Aefaeloas^^en Acamania* 
ShJBun Harodóto,.leS'óaiDeUos qae 
Hctakaa ela^itpag^idel ejéveho, 



d^ JergáÉ^ fiíaeon ateoados por leo- 
nes en la Peonía, que era uno de 
tos distritos de Macedonia. Pau- 
sanias, que refiere el mismo hecho» 
añade que aquellos leones se ade- 
lantaban muchas veces hacia el 
Sur, hasta el monte Olimpo, que 
separaba la Macedonia déla Tesa» 
lia. Ea'el día no son oomuoes loe 
leones ni aun en el Asi^ si seea¿ 
aeptÉan algunos paisas entre la 
India, y la Persia, y aun ea loe qué 
principalmente habitan} su número 
debió ser mucho mas crecido ea 
otro tiempo que ahora, pues solo 
así hubieran podido los mnanos 
adquirir el prodigioso número de 
estos animales que muchas veces 
presentaban 'en el ekto. Püaia 
noe ha conservado algvnos pdtmew 
acres acerca de eete objetOr qMr 
parecen casi inereiUes» Segmi él 
Quiotov^cevola fué el primero que 
presentó en el circo varios leonee 
á un tíeai^Kiv coandQ era Edil} Si* 
la« siendo Pretor» tema cian.leone% 
todos machos, para pelear si mis. 
me. tiempo; despuea Penperfo t«^ 
vo. bastaaeíseientos, de ellos tres» 
cientóe )f)«ÍBaienta machos» :y Cé^i 
sar cuatPoctentM. 0éne^ dice 
que los de Sala se ios haí^ia mvm^ 
do Voccbus, rey de Mauíitaaia, 
mas ea el día ios príncipes de 
aquel país eonnderan/nnoó dos 
como un gran regalo* Leí misma «* 
bundancia contianóporalgunitiem* 
po bajo loa emperadores^ peso ya 



NASH) DB LOS NIÑOS. 



ni f n fmncB qito enpMó 4 áismu 
Bilirí paei Bvteopio oomidefaba el 
babtrte pmeatado eten honéM «n 
•I ^imib de Marea Aurelio éome 
Utts megaiftceneia eettaürdínafuu 
Por ültiMio ee eonitietó neoeeatíé 
prohibir loe eombatee dé leonee en 
témLf limitándolpa 4 va eotoant- 
mal^ por temor de qae llegieen^ i 
Mtar pMft el oireo* Continaó la 
deitmoeíon 4 peeair de esta ley re» 
pflüda. por HonoieO) f la pereeoo- 
eion molida eoQtra losJéoAe^ 4 
fie dé tener el nfutíÉotá doelioe ne*- 
oeeario pata loe jaegos, oblig4' 4 
loe animalee 4 hUtfcar tm lefugia 
en le aiae espeso* de-tee bosques» 
dofada beii continnado con mae 6 
n^Mloe abundancia basta el dia. 

Este gran n6m«ro de leones pre- 
ensataba naturalmente la ooeeion de 
dnmaslieac tügunoa, yetarte da 
edu^ttlos se perfecéíená basta tal 
panto, qaaefaTardaderaiaeate ad- 
mirable* Haoooy cartaginély • fué 
el primara que domeetic6 en leoni 
y sus coneiudaAinoa' le eondena. 
iaa4aiQartepor osla aooion que 
ooneidararoB eemo nn g^m orí* 
nlen« pnesüijeron qae larepúbÜH' 
ea debia temerlo todo de nn hmn- 
bre que bttbia eido eapaa de aman- 
8ar.4 Qn animal tan feroa; sin emi* 
bargo» algaba etfperieneia mae lee 
Iwbíera oonyencída de la fiílüaia 
4e tan lídbulo raaonamienta. 

.Na ea de eetraiar quelosantí- 
I aiiaá tablee animalasde 



eetos, tes conoeiesen bejo electos 
punios de TÍsta mejor que nesotroe^ 
y que muehoe heóbos qué ñoi^ cai|* 
sto asDialNro Uegésen 4 serles fa- 
miliares; tal es, entre nosotrae,' la 
faeilidad tea que anleonieaiiUvo 
ee une leis oompañoiaa da .pri* 
siotí^ aunque aéaá da muy :diver8á 
eépecte. Bliana, citando. 4 Ett. 
demoi habla.del afecto, que tenia 
un toon 4 un perrillo, y mfiéie 
también que dlra lean, un perro y 
un oso TÍrian juntos y en la liiejoi; 
, atmoníai ^ que aücavüloiqua .ke 
dos primaros se ptofésaban esa 
tlerntsMno; añadiendo» fue batts»! 
do mosdide el perro al oso jugüOM 
teando, se ése¡t6 la natnod fiortn» 
cldad ifi 41tiau> animal évbkapo* 
éasE^e al peno; mas. itrífada>;él 
león dé aquettacrueldadt.Tengóila 
müeita de suoompañero-idespedad 
aándo atciio imnodiétaihenta» ./ 
Loa narrácieaes de los batigaaa 
raspeólo 4 la f^nei oeidad del léon^ 
4 su consideración eon los ttbilea 
y 4 la fiíaüaada aa memoria» aon^ 
yerdaderatieale eetEaotdinariae»y 
aun cuando aaaso aé todas' marea*» 
oan un entera^ erédítb» hsy . rodite 
voapara suponer que gran parte* 
de ellae eet4n fundadas enlla tcm 
dad. Plinia dice qqaaUaoiktfena. 
talfespefta 4.fam mugérei^y.4iÍos 
nifias^ qua na loa atdea In lUngimlt 
oeasien» y estef Id ttfüa éLtíbgo; 
re italiano Misfeoí». Üaí-Iébtf»^a»: 
nmecí oÉdo. qna oa beíbig «leaiiada' 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



de la leofiera y íaé vaelto i coger, 
dicen que eonóeíó J respetó al 
que le había caidado, en el mo- 
mento ea.qae iba á ecbarse enei- 
ma de 61 y despedazarle* 

Ed 1767 cogieron uri león como 
de tres meees en uno de los bosques 
del Sénegaly en Africaí y Mn Pe- 
lletan, que entonces era director de 
la compañía africana, en aquella 
colonia, trató de dirigir su edu«ai 
cien. La dulzura de sus miradas 
y la inuiitada suayidad; de su ge- 
nio, hizo que llegaran á quererle 
en estremo cuantas personas le co. 
nocían* y mostrándose 61 sensible 
á los buenos tratamientos que re^ 
etbia, se manifestaba siempre su- 
maríente complacido de las cari, 
cías que le hacían* sus a riiigos» y 
era tan tratable) y tan dócilcomo' 
puede aér cualquiera animal do* 
móstice. .Tal era aü aficiona la. 
sociedad que procuraba estar en 
cnalctüíerá sala en que ftabia r^u* 
nidás bastantes personas, y lo qué 
es mas estnuNrdÍDarib,iVivia eii la 
mejor armonía, con les demás anK 
males, de ciialquieni especie que 
fuesen, que habitaban en la casa 
de SU; amo,^ y dprmia-imttchas te- 
ees en- él mismo sitio que los • ga« 
tos, fa» pé^MSí los gansos dz^c- 

Mr. Ringles refiere que:háicia 
el afip.de.. 1050, euándo la peste 
desplabá la ciudad 'dé Ñápeles^ se 
retiró, á Floréncia el cónsul inglés 
Sir Joi||e Dárisr'y un]dia fué i yí'- 



sitar poJr curiosidad la cato de. fié-, 
ras del gran duque* Bn una de: 
las últimas jaulas estaba un león», 
á quien los leoneros no habían pen- 
dido amansar en tres afios entecos, 
á pesar de -haber agotado todos los 
recursos de su arte. Apenas se 
presentó Sir Jorge junto áia reja 
de- la jaula, corrió el leca hacia* él: 
haciendo todas las demostracionéa. 
de alegría de ' que era capaz;: le* 
ventóse sobre los pies apoyáadóse' 
en la reja, y empezó 6 lamer la 
mane que el cónsul le alargó por 
entse los hierros. Asustado el 
leonero, empezó & tirarle del fora* 
zo, rogándole que no espusíerá su' 
vida acercéndóse de aquel modo 
á un animal taa feroz qué no' ha*> 
bian conocido otro como él; ' mas 
nada de esto satisfizo á sir dl^rge, 
y & pesar:de cuanto el leonera lé^ 
dijo, se empefió en entrar en la' jau-' 
la:. EtL el inétañte que entró, pu-; 
s6 él. león las manos '.sobre ' sus 
hombro^ y empezó áJamerle «1^ 
rostro, corriendo despuéa..al refe«. 
dorado la jaula, y faabiéiida. las: 
müsmas demostraciones de a>legría) 
que pqede hacer un:p9i*re ai ver ái 
su amo." '■ " ' '• ' » 

. A mediados del flSglábltimq ha-' 
bia en la casa' de fieras. deliáud- 
grave de Hessé-Cassel un león y' 
una leona j colocados en doajaóla» 
contiguas separadas porunarejaj' 
y que coknunicaban por una' puer- 
ta que se habría' de*de ¡Riera cuan- 



DIARIO DE L08 NIÑOS. 



iñUet. Vmmy otro erran: muy ttia^ 
bles con .el léóniero que Ibáxuidá* 
bay con «i mug^ii peio lioa vea» 
hábiétfdo estado esta .última acá- 
«ioiándo ál leoO'aiocfao tiempo» la 
iéena k ettnto bhienwpdo» dando 
léñale* lintiy > vkiblee de diíguato^ 
7 vtoádo eomapodria etraTeear la 
rejaque separaba las dos jaulas 
pata eebaree encimé de la que mí« 
raba eottio - rivai Por desgracia 
no estaba bien asegurada la pner- 
ta de comanieecion j cedió ¿los 
esfuersoff de. la leona qne so arro* 
jó inmfdiatamente 4 la moger» y 
ebta hubiera aido indudablemente 
sacrificada ¿ su celbia rabia i no 
haberse interpuesto el leoni queJa 
defendió de au enemiga. 
: De algunos afios ¿ esta parte se 
bá pubsto en duda todo lo que se 
bá dlcbo y escrito acerca de la 
gwiiroaidad del león» y. muchos 
iriagerosen sus descripciones .de 
Asia y África» le presentan como 
intfsbo'más rapax:y sanguinario 
déle que se' había* querido supo- 
fiétv ttUdque muy pocos han tenido 
ocásibn 4e hacerle .objeto páitieu- 
bis de sv^-eetiidio^ pe|o una' cir. 
constancia, que pcurrtó no :bace 
mucho ee Viena» parece que con- 
finíalo que antij^inente se creia. 
En nfti; 'épocii en .que todavia 
reinaba en ¡aquella ciudad la eos»* 
tumbré de baiser pelear: á ¿íferea^ 
tbs amms^s^aaofie^ió un comba¿' 



tOientre un león y .cierto ikámeré 
de. perros giiandes. Tan.luegjO co- 
mo se'.ptesentó 41 noble aniflsal» 
aoltátoa contra él cuatro «normes 
peqros» tres de los cuales #b «uan^ 
te seí vieren :;C«i!Ca se am^drenta^ 
ron yíjeéharon á: correr» solo WMi 
se «Irerió ¿ permanecer y wn, t 
esspKeader eli^que; mes el leeo« 
stnieyantarsc( del sitio donde i se 
babee , echado», k demoatró coni^u^ 
9iiaple. msaoti^daj^ttán eupisíor en 
fueras ere» puee arroja §X penroa^ 
auelo sin movimiento* JBntteoes 
se levantó» se dirigió á au enemi- 
go» y le puso encima las manos de 
tal modo» que solo se vela una pe- 
queña parte de su cuerpo. Todos 
imaginaron que el perro estaba 
muerto y que el léon iba ¿^]devo« 
raríe» mas se engañabonf ^1 porro; 
eñipeBó á moteraé y á praieunr 
ponerse de pié» lo oualle^ievmí* 
tió el león cosió si*, simpleinénte 
hubiera querido enasñacle á qne no 
vUviera á nwterse con 61 otra vea^i 
Gaan^o «( perro ech^á correr y. 
había llegado. ya casi i la. mitad) 
de la distancia que habia del león 
á Iq bachera» se esaifeó ds.nuevqla 
indignación deMeon^ quelevaotin*. 
dose del suelo alcaaaó aa dos sal« 
toÉ al fugittvb cuando llegeba á fti 
empaliaade y.eiuba .esperando i 
que le ebrieeen la pueMí para 4i*; 
capar, . El rahiosQ y fiero auend 
habia jie()tido .f^iMumoinento bi 
I propenaíoo instintiva del lemarca 



DIABIO SE LOS NIÑOS^ 



á% los boeqnei; mas al ▼•rae il Im* 
do de un enemigo iodefeneo» tuvo 
compaiion de él, sé wútó algunos 
ptso« atrae 7 espevó tranqoílo. á 
que- le abriese» una pnertecUla por 
donde elperro saK6 fuera del re^ 
ekitow queel león se hal|}iba. 
Bst^kiií^Uífeeo fisgo de genüvo- 
sidad agfftdó' s^e manera á to- 
dos li^espeetadbresyjr se ojrémti 
pat todas partes W aplausos do la 
ÉMillitild que había [goaado de nui 
sátisfkotíski úperiof i la qqo ee 
habla prometido. 
Kespeoto éla generoiidad del 

kíon boj muehosojemploe dp ella. 
No hahri estudiaiUo %^o no oonoia^ 
ea laliittofia de {Androd^ Oficliip 
mfomano» qus maItfal»do poi¿fii^ 
amo» ptoetesul do Afir iqa, ee osoa^ 
pá 7 |iU]r6.al:desiart0| doMk AiU- 
gado fot elhwnhroy el aaOüMieio 
eatré <l detaoaneat jen una «aera; 
haaia.fNíco4aeostabaien sUaGMO- 
do¡ TÍé étíCUíS wa.JoaotwB kon»' y 
Jüsdroole% no tenienda Haedió.ld* 
g{uto do/es6s^^)SO di4 ^i pardi« 
dmü £1 ItoOn so acercó á olí asas' 
eaS'rbÉ<dedéfOraii|eieTant6la ^a» 
taiipio lestobathma de sangos 7 pá« 
redhhotidiy'7'dáb'un mgido de 
d^kr^eetto si Uaploraso elaíixiiio 
delheatee* Androoles, oonside. 
randd 4«ie tuda podia atfoieiitar: el 
ptflgiodb^il eittiacién, con et yo* 
l¿««'4ao la'dtieesp«taoiooledióyp** 
rb^sb dada tc^itféibuia üuuioy «o« 
gUtepata^tol^tMÍMil 7 üviaooó, 



de ella una ospkia» ^pio asa la qm 
lo atormentaba. Siotítedoso lali^ 
viádo el kon acarició al qne le ha^ 
bta heobo aquel servieio^ 00 ochó 
en el auolo.7''se durmió á im lado» 
La Q^oho sigusento silió el leot^ 
cogió una psesa»: la trajo i la caíi 
iwma 7 la puio áloe pies dosn 
Uenhoobor) con esto empanó á os- 
tableoeise una ootnpleta familiarif 
dad entro Aadrocles 7 ol león» j( 
asi Tifiaron oerca do tres años» 
. Al cabo de ^slo tiempot cono* 
CttÉñdo el esclavo que había coor 
oluído ol tóf mino del proeonsulado 
de su amo, 7 suponiendo quo áól 
Je hab^^ínli olvidado^ abandooó la 
c«e¥a dorante la auaenci A del loen» 
7Mproeeiitóenla'Colonia ion»» 
na; mas deigracindaniento léiooo^ 

Inociommoomo ettolavo fagttif o 7 
^1» encartonó fiotna» Por las le» 
7és,jíemattaa el amo tenía derecho 
do.trida 7 muerte sobre ol eselaffOi 
7 aqnel bác^ro nasudo que espu^ 
desenálae finirás al deügractado 
Andróolea. Apanaa «e hallite d 
pol^m ocolaTO on acuella ierrlbló 
sitiiaeion, cuando soUaica eootsa 
él nñ kion dóepalenlo» ^e tcdoa 
ore7eron que iba á despedartadcL 
inmadialaniento 7 á aepiiltefle en 
su estóniagof mas consoifdresn gs» 
neral, l^os de hacerlo daOo algUi- 
no, se echó, á los pies delíéndaffii 
7 empéaó & inmerte oome. un per^ 
rov JEacóncen If nráró Andiorien 
cea. cuidado 7 eoaeció 4«* en •!• 



DKARia 0B'JLf» HIÑOS. 



^n 



naém Mi déu i^fmlmbitt wmáá 
tan fcmiliarmoiiti^ y c(U# luibi«fi4a 
sido desgraciado o<nao él, le ht**? 
bian cogido y enviado á Roma. 

Esto atonteció en el reinado de 
Calígala, é informado el empera- 
dor de uni^ cíieuoEtaaoiai tan esr- 
traordinártia, obifgó af CroeT afflaft 
que diese libertad ¿ su esclavo, y 
ademas mandó que regalasen ol 
Iton «t ittisÉio Andvodes^ qov atra. 
i^Mé las ealhe dv Roaar aígáiónk 
dota Al fliatigtto üRilgo. Bare no 
quisa Vumea volv^erséá ftaíparaf de 
élr cffAes }» acompañó é todas par* 
tab y vino á ser para él un ortge» 
da riqtt«ea, fúv al dinatb qua aa»^ 
óAti da U curiosidad pCiUrtfar 

Otro caso de' iRefiraria y gratf- 
tW4 tañere Mr. Ho^a, da uñ león 
qaa^vtaiieciá á la duqu^e da Ha. 
milten/ „üii dia, dice, tavetahott* 
HV da comer can laduqaaaá,y dés- 
paas de la eémida acompañamos 
iadba](isie^€Hir rentas 4 asta sallo*) 
»a pam ver itti lean qtle^ tema eu atf 
^rque. Eatábartioa admirando su* 
fierem y aadtáadolá can los baa- 
tahea pará-hacarquadejasasa pre* 
aa'y aa iN>lvteaa káeta noaotroví 
aoímdoaatráal poftaro idaair * 
la-duquaan qwe a» sargentía CM 
hmíi ^Nincoa raeliitiía padian per- 
nftio i B» fi. pafai var ^ Iwmi 
Coxtaedióasftasi y aMMrati praeii 
sfemanté' eti^ él- momento en <)uér el 
}éii>kipKVi6í(Jlabaádev6rat tftf eb* 
MMa. A66i^ó9e «I}#ari;attf(f & iii 



jaok 7 ampasBéi i daaih ,Jfmoár 
NanÉf pabra Na^dr /no ma #a^ 
maaesf' Bl attíaíiil; vatvii» al ha^ 
taata la «abésa^^aní mfraala, y d»T 
jando la comida se acercó ¿ la re- 
ja meneando la cola; el sargento 
alargó la mano por entre los hier. 
ros, y se puio á darTe goTpecitos 
an la cabeza» diciéndonos que ha* 
cía tres años que no se habian vis* 
«of paro qaa saaaiftyaia»p<r4aé^él 
iMMa Mó attdtf#gaUa^ >d« <Mrtdtor a^ 
animal ei^ Ta travaáH; éa GibMilér 
6 Inglaterra, y que tro complacía 
infinita en ver al león MUnifeatarla 
su agradécimiev^ p<n \6 bien qu^ 
le habm tratado.^ ^ 

Ltt leona f marpc^uefia qué' el 
laon y no tan lero2, 6 no ser qua. 
se trate de defender & sus brjoeloa 
ó de bascarles alimento, pues an* 
óatóa dlisos no cfir menos ñera y Ce-' 
mibla que el mácbo. Guando aa* 
halla acosada por el hambre ataca' 
á éoalquiar animal qua'ée le poM' 
delante; paro lo mtamo qua al nía- 
abo suela tenerse qua poner en a* 
aatho yocttliarse para coger sií^ 
presa> echándose sobre el vfentra^ 
enti^ la yerba crecida ó las aalaa|- 
y esperando allf ¿ qua la presa pa* 
se bastante iamedMta para'pbdar* 
se ártojar i ella de prontb^ haeefr^ 
ht padiízoa y devorarla» ' ' 

S^^tea qtia óhlaoii viVé lüsalMp 

tiempor, áunqaaifaaaaonóeá éftán 

ta fija al númeilD'dii aflóa ifúé áaiti¿ 

lefivir. Boftjtf' sup<Ma<qar aoú* 

35 



272 



DIARIO DEiLOS NIÑOS. 



9&t p^ro.es indudable que yíwb mu* 
cbo nifts» pues el gran leen llama* 
do.PompeyA»/qüe murió en la tor*. 
re de Lóndri^a en 1700, babia vi?i* 



do en «Ha cerca de 70 añoii j otro 
traido de África murió en el mía* 
mo aítio á loa 68. 



LA PERFECTA CASAD4 



FBBevANma ocaaíonea he tenido 
de obaenrar la fortaleza <;iyi- que 
aufren laa mugcrea I09 mayorea de- 
aaatrea de la suerte. Aquellos in« 
íortufíios que abaten el espíritu del 
bombre y lo postran en tierra, pa- 
rece que escitan 7 vigorizan toda 
la energía del sexo mas delicado, 
y dan tal intrepidez y elevación á 
su carácter, que á veces lo aproxi- 
man á la sublimidad^ |Qué puede 
conmover mas al oorazon, que ver 
una tierna muger, aqtes tiuida, 
dependiente y sensible á lamepor 
aspereza,- cuando hollaba los prés* 
peros senderos de la vida, «levar* 
ae de repente por su fuerza moral» 
4;Ser el consuelo y el apoyo de un 
esposo, desgraciado, sufriendo coja 
firmeza inalterable los golpee mas 
prueles de la adversidad! 

Asi como la vid que ha enrosca- 
do largo tiempo su gracioso y apa- 
cible follage en derredor del ro- 
bl^,..y. por/ él basido presentada 
i\ influjo benigno de la luz del sol, 
luego que el rayo divide au robua- 
to tronco, lo abraza y acaricia con 



' sus tiernos zarcilles, y liga y une 
sus brazos destrozados, asi quiso 
la Providencia que la muger, que 
no es mas que el ornamento del 
bombre en sus horas felices, fuera 
su apoyo y su consuelo cuando lo 
abruman las calamidades, insi*i 
nuándose hasta lo mas recóndito 
de su desapacible pecho, soste- 
niendo tiernamente su lángujlla 
cabeza, y vertiendo b&lsamo aalu* 
tifero en su llagado corazón^ 

Hallábame una vez cengraíu* 
landio á un amigo que estaba ro- 
deado de una amabilísima familia» 
ligada toda por el mayor afecto* 
„No puedo desear á vd«. una auerte 
mas feliz, me dijo con entusiasmo^ 
que ia de tener esposa é hijos. Si 
es vd. dichoso, ellos participan de 
su felicidad; y si al contrario, ello» 
son el consuelo de sus pena&i''-*' 
Y efectivamente*, he observado des» 
pues, que el bépbre t^asado quet 
llega á caer ea desgi^ía, puedo 
cpñ mas Ciicilidad recobrar su ai* 
tuacion en el mundo que otro que 
no lo es, porque sus esfnerzqs lutn 



DIARIO DB LOS NIÑOS. 



278 



Ifaui mu Mtftfittlo ea Is^ j^boesida- 
des de aquella» desampiiradas y 
queridasHsriaturas,. cuya aubsieten* 
oía ; depende de él, y muy priáei* 
pálmente porque loa cariños do* 
laéstUepiauaTizan y endulzan su 
humor, y le hace conservar su dig; 
mdad la ideií de que, 4iun<]Ve fuera 
de MU casa todo es oscuridad y^hu. 
miUaciont hay no obstante dentro 
de ; ella on> pequeño mundo de 
amor» do quien él es el monarca 
mientras por él contrarío, un hom- 
bre soltero está espuesto á vagar, 
á malgastar y á, abandonarse, y su 
ooira^OR^ como una casa vacia» en 
líe sgo de arruinarse por falta de 
un habitador. ^r >.. ^ 

. Estas obseryaciones traen & mi 
imaginación una pequeña historia 
doméstica, de. que. fui una vez tes* 
ligo. Mi íntimo iimigo Leslie se 
hÚM casado con una joven bella 
y de envidiables cualidades,, qujp 
había sid^ etd^O!ada con el esmero 
eorrespondiente á su rango« Y^tf 
dad esquano tema riquezas; pero 
las de mi amigo eran bien consi* 
derables» . y él se deleitaba antici' 
padamente con la idea de satisfa. 
oereus jni^oKes deaeoa yprp^por- 
Clonarle todoaaqiieUos objetos que 
pudiesan hakgaf au fantasíai y qu9 
ooraanican á sogazo uiia especif 
de hechizQ«-^,i8u :vida^ depia él, 
paveQ<wr& un nuentp 4e h/scbíícef 

* Haslft likdifereiieia qiie habia 



en sus oatactéree producía una 
combinaiciofk armoniosa* El erik de 
tta carácter novelesco y algo sé< 
rio, y ella, toda viveza y alegria. 
Muchas ¡Taces observé el mudo és*» 
tasis.con que él la contemplaba. en 
la sociedad,.^ que ella era delicia 
por su vivera y despejo, y comeen 
medio de los aplausos volvía Ma* 
ria los ojos hacia su esposo, como 
si aolo en él buscase el. favor y la 
aprobación. Cuando iba apoyada 
en su brazo, formaban un bello 
contraste sus delicadas formas con 
la elevada.' estatura y varonil per* 
sona de Leslie* El aif e tierno y 
confiado con que ella le miraba» 
parecialproducir ^ él un rubor de 
orgullo triunfante y de ardiente ca- 
rino, como si adorase á su amable 
casga por su misma debilidad y de« 
Ucadeaía^ Jfamás se ha visto en 
la florida senda de un temprano 
matrimonio pareja mas igual ni 
ante quien brillase una perspectiva ¡ 
mas f^% 

Sin embargo, tuvo. mi amigo la 
desgracia de haber arriesgado sus 
riquezas en grandes especulación 
oes; y no hacia muchos meses que 
estaba. casado, cuandp por una se- 
rie de acontecimientos funestos y 
rppi9atinos las perdió todas, quev 
dando reducido casi á la indigen- 
cia», Durante algún tiempo man- 
tjttvp.secreu su situación, sin dar 
otro indicio de ella que un tétrico 
semblante que denunciaba las he? 



ST4 



DIARIO OG íOB inüroa 



náas de m ooraaKHi;^ rMa #m unt 
iigoftía «ODtínuaf, y lo fse te hacia 
mas ioBoporiable era la necesidad 
de moetrarte tíiaefio en p reipncla 
de aa espose; pues no podía resol, 
verse & oomaqioarle nueves tail 
deeéfaidoras. EUla, <qué advirció la 
alteieoioii de sn senddaute y oyó 
eos comprimidoe subpiros, no po* 
día ser engañada eoo sqs débiles 
é infiraetttoeos esfuersos por ma* 
nilbftar alegría, y empleójtoda su 
vivefea y tiernas caricias, á fin de 
volverlo á su anterior felicidad; 
pero todas sus tentativas no haoian 
mas que ahondar la herida de su 
pecho* Mientras él Miaba mas 
motivos de atnarlft, mas \4 ator* 
mentaba la cruel ideado qae proá- 
le había de hacerla inrelix« Bren^ 
te, se deeia ¿ si propiOi^^Mio luei' 
Vá ya la sonrisa en sus mej$Uas->^ 
espirtiráel canto en sus labios, los 
^pesares empañarán el bHtlo de sus 
ejeet--y et.feli« coraaou, que aho- 
ra late suave y tranquilamente en* 
tte se pecho, sé verá abrumado, 
"cohtb'el tnio, bajo el peso de los 
* -cuidados y tniserias de la vida, 
Al ña vino á verme un día, y 
IM refirió fiu historia» descubrién- 
doíne la situación en que ke halla^ 
bá'éon un tono que indicaba. la 
Mas ptéfanda desesperación* Pre¿ 
júntele después de haberlo eido*^ 
isin interrüpctou: yiiSabe tu espo^ 
latodoesof AI orr mi pregun- 
ta ^salieron de sus ojos dos (orren>> 



tes de iás^maib iy^Pov «I andlr 
de Dieel f sciamó: si te impita aU 
guna compasión mi desgra«ía,n(e 
se Ja eonuMiiqaos á Masía) el peii«> 
sav que he de oattsitr k^ say» eal^ 
que me atormenta, y eaei me hoíee 
perder el juicio." 

,4Y por qué obt dije yos^lW. 
de ó temprano ha de saberlo; 4ú 
no puedes ocuHáraeija per mucho 
tiempo, y hmtho mae doloroso de^ 
be serle si por ^t#ó lá désoebve^ 
que.sitúantemd se la participas! 
porque los acentos de las pereonao 
á quienes amamos suavizan al^ 
las mas ñineetas ' neticifts. Ate:' 
mas, tü mismo estás prtváÁdote d>e 
los consuelos que te • dará su einSii 
patía, y no solo eoe, Stno qué 'ha« 
ce% peligrar el único laao que MNflM 
tiene unido» Ibscoriiaonee, la fran** 
ca y mutua comunicaeíon de idena 
y sentimientos. Pronto eonoeéti 
ella que alguna pena estádevovau^. 
do tu sima; y él amor verdadero 
no puede resistir á la rMerva) ee 
juzga menospMMMdo y hendido 
aun cuando soto le oonUe» ead 
pesares aquellos á qutenee se hO 
consagrado/' • 

,>iPero ay amigo! fCéme^e» 
«ar con «erenidniá oa disíj^ de 
repetite la peffl^eiivȎeMieida4 
futura ton que |f09a de «atemanei 
-^c^Bfto be de teiMr valor pam^he^ 
rirla en el fondo dM al«iay '^tíéi^ 
dolé que su esposees un mendíf^ 
•^ue f toue qw abaftdéna^ lélaa 



BUasD^DB uos Ntítoa. 



*W i 



«laimur'átoMiloij^taUüM dbU 

Ift indifeaoM yJliiQtcUrUkdPille^ 
titím ^«a.k taqué dft la^fert «n 
qtía podría ciintifouar 9Íi||kado.eoil 
aapleiidor,.y atañido tailfta 4e ibáú» 
toa cgot, y adniracioQ datodaa Idf 
e<>raaoBaa^-^¿Cteia ha daaapor4 
tar la pobraaal Ella se iMi criado 
tatra todaa los refinamioiitoi é& la 
opalaoeia* ¿Oómo- ha de aon&p< 
nano á virir eá un BÉtaatáMo feii 
iirbihahiOQdo sido el Molo dé la 
aaotédad! ¡Ayf aerk. deeUoxarle 
al alfii* til deelfwarla al cétaisoo.^' 

Vi qtta fu dolor oHa oloeuaaié, 
j no <|oMe <;ortarle las palabras, 
porque QD ellaa encuentran oIítíq 
loa pesares* Cuando aquel flujo 
hubo cesado» y volvió 4 caer en un 
triste silencio» reasumí la^ nutria 
suavemente y le insté, i que -desde 
luego descubriese pá suespoüs el 
astado en que se bailaba* En rea. 
fiesta me dí6 ui^i aegMí^a sin 
prolaaiont m^yipa^ Ja fff bv» de 
«n modo melancólico, paro posi- 
tinro» ' • .j. 

9,¿T cómo has da podar ocultas^ 
aslM' Es bidiipansabla qw olla 
lorscfíit á i» 4l que puedas dar 
láa pasa» eonvauíaiitas á la aUaira<. 
0M|nr4a tJHS oiratUMmi^cr. De- 
boa pnaoisilmeaio ?afmr tu mttodo 
da lida-f-yte ^dUfkla 
pmrqiia.paaa aat Mnkmáp4ÍMgw0^ 
OBlatiaiadta i<pid»:i> fi«iitti 



Yo estoy at gufo de que iMüea 
has fiítidado la ftlíc^idad aa H apr 
teoUHrion esterior: todavía' tienqf 
amigos^ verdaderaa amigos,qua 09 
te éstinnrán en manos, porque vi^ 
▼aaeCn menos espleodides; y s^r 
garamenle rio es meaester un pm 
laoio para ser felis con Marisufrr 
¡To asvia felia con ella, cf Alamf^ 
Lcsiie con arderían unacho^ 
«—¡Coa olla resistiría coa vslor la 
pobresa y la üüima miseria! P.Ofi 
dría con ella. • ¿ .¡Dios lahaadíg^ 
->>|Dios la bendigal"t"*T.prorroi^ 
pió en un mar do lágrhnas,y otraa 
4f inostraciona# da dolor y temiir^ 

„Y.croama, amigo mto, le di^ji 
yo dirigiéndome bacía él, tomii^ 
lo la mano y ostrechiodoia en \^ 
mías— créeme, del mismo^rnodoi ^o* 
ráalla feliz contigo. (Qué <tigf) 
yo! mas todavía: tu triste situSf 
cion lo proporcionará un n;i<)tú|o d^ 
triunfo y da noble oiigullo^ y csci* 
tari toda la simpatía y ao^yi^ i^ 
su alma, porque hallará m placcT 
en probav qua te ama por, .tí m^amof 
Todss las mugaras fialai. tien^^^n 
el cotraaon una <^hjspa f|a foioftq^^'ü 
ráo, invisible i la. ;f iva luz ^f:^ 
prosperidad» feto qafiaa íu^ai^j^ 
rofffaitd^ee^n, fs/i ¿ji^s feí^bro. 
sas de la adversid^^jNjpjj^qn lÜ^iif^ 
bro sabe lo que ea l||..c,ompi^era 
do^:Corason.-«^Ntngiipp^paba ^m 
08 uaá^gcl coqsola^oj^ ^jjijli^^jijíií 
ba.pcobado oon^lalQ9,tm^pi^;j 
amprgDt4ala.ViÍda." ,r^,J/,\. 



«7« 



DIARIO DB LOS NIÑOS. 



Hábift sin dada en la vehemen- 
cia dé mis modalejTy en el estilo 
figurado de mi-lehguage alguna 
\éo8á .qae caatÍTalm la acalorada 
iiaagfñacion de Leslioi y conoeren- 
d# yo la impreeion que en él haeia, 
concluí persuadiéndole á irá su 
casa, 3^ descargar el peso que opri- 
mk su corazón 'descubriéndolo to<^ 
\db á su esposa. 

D^bo confesar, no obstante, que 
á'|>e8ar de todo cuanto le había di* 
cho, tenia alguna impaciencia por 
saber el resultado. ¿Quién puede 
contar con la fortaleza dé una pe^ 
sona cuya vida ha astado siempre 
rodeada de placeres? Su natural 
alégiriía podría revélak'Se al avpéctd 
del l&bírego y profundo sendero qiíe 
ñé repente se' le Índic\iba, y persis.' 
tif 'é/n 'no abandonar tas iluminadas 
regiones éh que tanto habia brifla- 
do. l^br otra parte, caattdo la indi- 
gencia sucede ¿la abundancia, vio* 
n0 sieinp/re atómpaíSada de infini* 
(ásy cfrúeles monrtlfieacioneírde que 
hasta 'éntón'6és ño teiiiá ella la me- 
Ütir idea.-^Eh suma, no pude ver 
&'Leélie lá'MKana' siguiente sin un 
6St?&mécim(élitó invoMntaKb. Ya 
^'hál^ik'deétfírbíéno 'ison str esposa. 
Vi^'tómVlia tecíbítfo la ntítfi 
fetit^ W'pVeguttté. ' ' • ■' 
' •;,^éfeó^uñ^ arigel!' 'Él* ifaberltt 
pkrectá' üh iéohsuelo para sü alnfa, 
p¿l^qúé U Áihtí^i yo nle ecbá'los 
béaloi aV '¿uélt6,; pr^guntándbníie 
si esto solo éralo qué láAó rnoha- 



bis abaMc áliMnaaMnte.**¡PélMeé 
criatura! alladió, eMa no puede e« 
feotuar'el cambio que.lüftiBoa do 
8iifri¿i>no tiene' ideaji de la pobreaa 
mas cpleciea abstilíoto» pues no ha 
heahO' aiía que leerla en poesí^^ 
dondb SMÍipns' se baUa/ligsída con 
elameír: no esperímenta todavía 
ninguna privación: no eufre aún la 
pérdida de sus comodidades ni de 
los objetos dttl ligo ¿•que está acos» 
tumbrada • Cuando ; empeoelnoa 
¿ «sperineatar prácticamente sus 
sórdidos eaidados,. sus. desprecian 
bles necesidades y. sus coní^nnaa 
b'ttmiliaciones, entéilees dará prin- 
cipio la verdadera prueba.'* 

„1^ero^ya que haa'dado él paso 
mas di'frci!, le dije ^o; él de i^arti- 
cipar á ttaria ttt"6ituacion, ttiíién¿ 
tras mas pronto 'hágás penetrar al 
palito' éi secretó ^erá mejor. El 
descubrimiento puede mortifícartCy 
pero ál fin es dblor dé únasela vez 
y diira poco, al paso que no sien- 
do asf lo sufrii^s ahtícipadameiite 
en cádá bofra del dia. No ee tan^ 
to la pbbreaa cobio la ^vanidad lo 
que abruma á un hombre arruina* 
dt>: 'la lucha éatre la 'elación del 
espirilú'iy la vacufidfeíd^do k IkAktr. 
ef sostbhimiento de «iba vaMtos. 
tentación 'que pronto ka de''termi« 
nar. Téá ^ator fait ñptíte^tfé^ 
bre, y dé'étf#ttnMrála ptfbrestf da*» 
mas punzante águi)onv^^ -Ea^óaa^^ 
to áe«Í6%ané>^á LesMa FrerfiMsta» 
menta'prépélteáf). ^Ifmtmmüi* 



mAKiO BB LOS lüÑOB. 



»n 



ML^orgttUo» ni M espoiAOro de- 
seo i|oe el de «tregkrBe ale tríate 
raerte que lee kebia- eabide.- 

Al cabo de algunos días vino 61 
á Terme por la tarde. Me dijo que 
había vendido le casa que habita* 
ba'^'icíinado una pequeña en el 
campó '¿pocas millas de la ciudad, 
y que babía ocupado todo el dia' en 
enviar fuera sus muebles, de los 
cuales solo conservaba lós pocos 
que exigía su nueva posada, que 
e^an también los mus sencillos. 
Todo el elegante y magnifico tnol 
biliario que adornaba su anterior 
Uabitacionlo había vendido, escep. 
to el arpa de su muger, porque es- 
taba, dijo él, estrechamente unida 
á: la idea de elhi misma j pertene- 
cía á le historia de sus amoldes, 
pues algunos de los linas deliciosos 
instentés de es^ fueron aquellos 
en que, apoyado en el armónico 
inéthimento, escuchaba los tiernos 
atientos de su 'voz. Nó pode me. 
n^ de sonreír con aquella mués, 
tra 'del galantería novelesca db un 
tíiarido idólatra. 

.. En aqueji momento sedirigi&á 
la.Gi^ita, cuyf, arireglo había esta,- . 
do dingif^n^osu esposa todo. él dia« i 
ICo toinal^a un interés muy víyo en 
l^ a4^aptos de esta familia, y co« 
nao hacia u^ajiero^Qs^ tJirde, leo* 
fr^<}t acompañ|iir)o. . ^ 

oie«eeiM^dieiF^'MiMdo enp^* 



mMá eauñnar ee.etttMg6 éfirii* 
fundas, y tríeles eavilacianee» 

v,{Pobre Mark!" «selainó «i fia- 
coa ua tierno auapíro. 

9t£Qué le ha encedádo?" pregun** 
té yo^ como admirado. . J 

,»]C6mo!díio él laoE&ndoBie «na 
impaeieáte míiada, ¿ea^poeo viirse 
reducida éeo lasMiitabie situación, 
encerrada en «na miserable jdtoBa, 
y easi precisada* átrabigar jen viee. 
serviles quehaceres de.eu[ infelis 
habítacionf''-^:' 

„¿La ha mortifioado acaso el? 
cambio Tepentinot'^— '*.•(... 

,^Nadadeesal:Eii nada me lo' 
ha manifeetadot'ptiea no he visto eñ> 
ellamáe ipié dalzura y buen bu- 
mori antea bien. me ha parecido 
mas alegra' quaBiinea* Tpda ella 
ha aido para mir amer» consuelo y 
temucaw.''-— 

„¡Mug6r envidiablél.esalaaiéyor 
— ^Teeoaaídesas pobres anúgomip^i 
ouando jmiicb has sidamas rieo tao^ 
roo ahora; ika habiae coiH^ido to. 
davia.el teeora iaagotabla que .po«r 
aeias enesaangelieal.eriatara»" ^ -; 

„Ay amigo: Si nuesUra ptt- 
mer eaeueotfo en la ehoea había.' 
ra pasado,. creo quepodiüi betar 
ya tranquile; .pero #sto «e al pri- 
mer día de la^vasdadésa esperien-i. 
,GÍa: eliaiiftsiila/iBtrodcieida eíi una 
fanmilda ofaon;; todo el dfa< lo ka 
¿empleado, ea hnregialr.ea míeerabl» > 
jBJnar; por immera'reii 1m probada' 
hoy tea faügu de Ids tnbejoe. do^ y 



fStSt 



mtma hr los neSkisi 



vaáMÁmni iMsteabontoiniea »)»« 
bia visto Bo uttn Msa destitaiéi de 
toaa«iég«iici& y cuái de todü ooino- 
didad; y en este mismo nataste es- 
tará (puyas astttada» &tigada y a« 
iMitida» contemiilaiiáo la iMsroéosa 
pVMpeeti^ ^fus pera el fsrreair 
80 ofreee ánoeaUrm Tísta." 
iJEü esta pmtora encontré alf««a 
prababilidad qóe no podía eotttrm- 
doéicy do saerte que sogoíifos ea«, 
iaitiandot<on «ileneio. 

Dejando el camino ptíniápal lo* 
iharoes ana vereda estrecha cu- 
bierta por los árbbiss lateralé^de 
tai modo, que la.h|«ian impentpea- 
ble á Ik' bi2 del día, y al salir de 
eUfllnos encentraaios á^ia vista de 
la' casita* Suaspeetd aparecería 
blihiildO'aua al poetaiipasipaétoralt 
,y> nd obstaste ^tesiiai . an airo sanu 
pestrey agradable. Unda pooes 
árbbiss «stsndian sobro ^lasas be- 
ntgaorbcasosr, »oom«p«ra defem 
doria de iosardonss del'soif ana 
viÉsslvago habla cubsertOQoo de 
sus:ás«abaoon sapwfiHNl Mlmg^f 
y obsanró ssrias mfostas do floseu^ 
oói<|cada)i oon mucho gasto á los 
dosdadoadolaaiilvada: pos a» por- 
tüiodoiia osfsa so entraba á.:i|na 
tofif okasareéa^ qus;por>ei|t0e .Os- 
pssQ-fliftonH^^odBihieiá á la 'puer» 
ta^i Apsñáffaos'aésidaniéBtá «tta 
oaándo/éimt» ilss} gnateÉ^adéntos 
dBiiteiaaioBflieiohRv4«liBslié*Bié«^ 
nsáol.bipsd jr^aasbos. apsi ^e^tvsi» 
mob pañubni d&a Maqá^wueapw 



taha, ooKUBOptModolamaspalé» 
tioa ssncfllez» anslsiiadg á^pis so 
marido, ota en ostrsÉM» afsftok - 

Sentí en mí brazo temblar lama* 
no de LesliS) mientras seadelant^- 
baalgiMios pasoí^ p^raoic maa die-; 
tintamente* Al, ruido que hioi^oa 
sus pisadas en la ci^csjosa Vereda. 
se asomó á la vi^ptana una alegro 
y Imdísimadara^y desaparf ci6 co- 
mo una exhalacio^i ei^ seguida ol^. 
mpsi unas Uves pisadas y se pro. 
senU^ María corriendo bácia noso* 
tros, ÍBstaba vestida de blanco 
con un trago muy sencilloi y pro* 
•pió de. las oircunstanc i^^ algunas 
flores silvestres entr.Qtegidas^ .en- 
sus lvDcmo9ps sabeltos adornaban 
su cabeza, y un vivo ruboc, esmal- 
taba aus mejílbui; á todo su rostro 
,se comunicaba la al^ia de sus, 
sonrisas.— NunQa ma bajbia parS'». 
icidoi tan siniabLe^, 

««Querido Jorge,. esetam6 llena 
de gaBO««-*¿Cuánto me alegra el. 
verte! .No be cesadp de asomafijAO 
á .1^ fentan» y de correr á la pner. . 
ta para ver si venias^ ponmsal me- 
•npr ruido que escuchaba me pare* 
cfffotr tus pisádas.'Hs sacado ona 
musa y la he cdocadfd be jo un ir^** 
Wtnloy hermoso que edtá deíD^ds^ 
idó Iti 'dhonTi * he * guardado' oáiu tf 
.fteiras mtry dolicioBSs qtíé';vátnfd' 
ntóogieiídb; pcf^Mé sí qué W^iiir*^ 
|tan mocho: tenem<yii"fdi¿hé éido^^ 
leainpcortd s# «pé^aRijriaipMMl dUe, 



DUttIOí.DE LQSc;N4ÑOS, 



,?79 



elle U^mándole^el br^ü^j. Alzando 
lá tíbU i^legmneiHe j^ara yerle. ^\ 
rostro. iOh, ., meiao«,^<|i^ muy 
./4ice8l.,M.,,.. ,,.,,. ,... .. . 

.v.-El pobre^IjOflfe no.pudo resísUr 
los impuls9i¡ f)o 9a terou^fa^ La f^- 
tjtfiCJkA esL mx9 htñzq^, la qprtmió 
.fqntr}! au peeh^ la. head y taIvíó' 
^;b««aila; no jifido hablar v^ .pft- 



Jabrai pero iaa U|¡riinM brotaban 
d^ aua ojoa; y .dei(puea no bá ase- 
gvíxfdp. muebaa veoes, que auoqiie 
Jn^o lo ban lucido días mao pr^a. 
,pfir5>8|.y.,sa yidaba'ifida , é. la ver- 
dad flíf^boaa, jamr^^.bi^ c^oniía^. 
.tado mi, moine&to d^ , íojLicidad^fliaa 
.pura.— TVodKeuZa ddingl^ . 
.. .,.....- ú^Áx.JAv^^ x.Gasteo. . 



REMITIDO. 



|]»9.oB editor del Qíario de loo 

Niftoa.— Si oate patago pudiera' 

tener algún mét ito, escrito por una 

plani|a,.ín!9noe. despreciable que la 

mi^s me ofría, muy satiafactorip, 

. pue^ p;:ote8|o que el escríbalo n,o 

BiieJe ba ¡Aspirado la tj^na ilifsiofi, 

, de obtenfir yi^, leyq in^inuacjpii, ifi 

.^elogipi aii^q el pui^o d^seo do^9n.| 

tribuir un tanto en lareduca^oion; 

^inoral de.ja Ju^en^d^de la patria* 

á.9usBn idolatro*, y eipitaf.,de es- 

te modo á los sál^ios* capaces 

de tomar 4 su cargo ^ste .obisto,, 

que es ¡al benejficio tnay^f. q^? pue- 

^d9^;lfacef á au.ppii^ un verdadero 

palriota, conformándoAQO . yo tan 

. sqIo fcoael sacrificio que bj^go en 

.pyof^ntar ,al; pfiblico el. buiiuMe 

ylenguage[ con el que consigo apo- 

juasesprosarroe.^-FeAfe YübtréUo, 

T. ni. 



.EL pELIT0;CA3TIGABa 

. En una pequeña, villa vivia up 

bpmbre^ virtuoso, que á levedad de 

cuarenta ^ños tenia la grata satis- 

, facción de p^eer i una tierna .04- 

, posa á quien tanto amaba, y tres 

bijos cuya educac^oa tpm^ con tal 

esafteño, qiie poqoa^p^r^ ««pié- 

ron igualarle e,n aquej^js población. 

Si los muchacboa se mostraban 

p^edientesá cuanto les i|i9sidaba»y 

.(dóciles ae py^estaban fi, sus.coQae- 

jos, ¡cu&o grande era la reo99q>pn- 

saque sabia darles!. |Maa ay de 

aquel, que^ indiscreta, ;ó. ;pffdÍ9(pi¡|^- 

I meato, baci^ lo opntrano! ^u «a^- 

' tigo.«r^ irt8Voeablo« De las. faU 

tas, que .mas dft$staba;.fiugoWf 

.(que esteera jeljU^^^o ^pfdl^) 

era? la. inobed¿eiicia«t. No podian 
36 . 



280 



DIARIO Í)É LOS* NIÑOS. 



iU8 ojos Ver con indiferencia este 
defectb, lo tenia por el mayor de 
los delitos, y continuamente exhor* 
taba lí sos fiemos fiijof^i que 
huyesen de él, del nrisiño modo 
^e de un fiero basiltieo: les ptn- 
tatÁ Tívamente los males que traía 
consigo la detestable desobedien^- 
ciá, motivo por el qiie el hombre 
por la vez primera excitó la ira 
justa del Omnipotente, y por el 
cual yacemos en este destierro de 
amarguras. Empero ¿qué conse- 
jos, qué sabias lecciones son capa* 
ees de convencer ¿un corazón que 
desde sus primeros años ya lo ha- 
bita la malicia? En vano fueron 
los esmeros de Eugenio para con 
sus hijos, pues uno de ellos llama- 
do Lorenzo, que apenas tendría 
diez años, fué el pHmero que que. 
brantaso los preceptos rigorosos 
de su padre, incurríendo desgra- 
cíádamente en el crimen de bu ma- 
yor abominatsion. 

Salió de la villa Eugenio con 
unos amigos á la cacería del ve- 
nado, como lo tema cada año de 
costumbre, y en este intermedio 
filé cuando el incauto Lorenzo tu- 
vo ia: débiKdad de desobedecer en 
«na cosa muy leve á la que el ser 
te babia dado. • • .¡Horrendo caso 
que tan funesto resultado tuvo! 
{Oaánto mejor hubiera sídé qué la 
-HMierte háblese asaltado en la eu- 
M á está criatura antes que oca* 
sienár tal atentado! VUk ¡ab! que 



el Supremo Criador, que rige des- 
de su divino alc&zar los destinos 
del hombre, permite i veces que 
acontezcan estos terribles lances 
para escarmiento de muchos. Es- 
to mismo sucedió con el malogra- 
do Lorenzo, como adelante sé verá. 

Después que lá madre repren- 
dió la falta á su inobediente hijo, 
y le advirtió que si su padre llega- 
ba ¿ saber lo que habia hecho con 
ella, seria desmedido su castigo, 
¡cuánto sintió este joven su teme- 
raria culpa, y cuan tarde vino á 
persuadirse de lo que tanto su pa- 
dre le habia hablado sobre esto 
mismo! Pidió perdón á la ofendi- 
da madre; él mismo exigía el cas. 
tigo de esta para no esperimentar 
el de sü padre. Ella le perdona, 
y de su clemencia recibe la bendi- 
ción. • . • roas esta criatura no que- 
da toon esto satisfecha: no le es 
bastante el perdón que acab'a de 
obtener: al parecer ha quedado ab* 
Ruelto; pero nO es así, pues que siís 
entrañas las despedaza una seN 
píente; esta es el rettlordimiento 
que no dejará de atormentarie haS- 
ta el sepulbro. 

Permaneció de lo mas afligido 
ese día el infeliz Lorenzo: no ape- 
tecía alimenio aI¿uno, y cuando la 
noche fué llegada, mayor fué su 
desasociego: huia el sueño de sus 
OJOS que vertían un torrente de lá- 
grimtti amargas sobre el lecho. A 
su mentto «^ presenta uta mont<Ai 



DIARIO VE LOS NIÑO& 



981 



de devgcaciaf que le «(aardant y 
entre estai Tisiones la que mas eo« 
bresale es la mano de su padreí qi^e 
inexoTCLble bibra sobre sí: el tpmor 
le aconseja que se ausente del bo- 
gar paterno, y quiere que su deli- 
tp quede impunit: al reflexionar en 
e.st0| cree que es menos grave el 
huir de su casa» que e^ babee des- 
obedecido á su misma madre* 

Antes de nacer el nuevo dia, y 
cuando reinaba un fiileocio ioaite- 
rabie, se decide este incauto Jnu* 
chacho á poner en ejecución su 
atroz designio, saliéndose sin ser 
mentido. de .nadie por una ventana 
cuya altura ne fué bastante i xe. 
traerlo de eu propuesto fioj y co* 
npp que otro azote mas .enorme le 
estaba dMtinado, no, tuvo novedad 
al arrojase por aquella parle. Co« 
mo hubiera salido con felicidad de 
este obstáculo que se le presenté 
primeramentet, él mismo se decía; 
„la naturaleza misma m^ aconse- 
ja (orne esteparlido, y'l9 con^psue- 
ha el no haber tenido resulta al- 
guna al lansarme diez, pies de aL« 
tura^ y asi no tengo para que de. 
te^nerme ep mi resolución, ya ;que 
desde el prioaípio he cofnenzado 
con suma prospe|ridad.'* , 
. Con tan loca.satisfaccÍQ|i,efifpe> 
9;^ su mf rohc^ jMTociuKando, salir lo 
|nat jifonto de.la.poblacíon; y ha- 
(jindd^se y?i fuera de ella, no quiso 
ir ,pQf el .c^miqo con^i|n,.teqiiei^do 
qvie viéndolo . ir «ole en tim aorta 



edad, algún pasagero ppdria muy 
bien presentarlo á la justicia del 
pueblo mas inmediato al punto en 
que b encontrasepjt ó q\ieno.era 
difieil que diera con su rp.ismo pa- 
dre cuando «»|te regresase de la 
ca«a« Con esta reflexión tomó una 
veredfi que daba entrada i un es- 
peso y dilatado bosque.— Ya lle- 
.vaba el sol la mitad de su carrera, 
cuando el jéven, fatigado de La su- 
ya y agoviado del excesivo calor 
que hacia, se acogió á la sombra 
de un árbol á donde comió un po- 
co de pan,i única cosa qae pudo 
sacar de su casa y guardaba en la 
íaltriquerai mitigando la sed ar- 
diente que lo devoraba con el agua 
de un cristalino arroyo que libre- 
mente hacia su curso entre la mul- 
titud de ramaa que le hacian paso. 
El sueño, como en lo mas de. la 
noche s^e le habia negado, y con 
el cansancio de su camino, no tar- 
dó en apoderarse de sus miembros^ 
pero pBie sueño que .es tan gratp 
para un corazón Ubre de zozobras, 
es del mismp modo penpso.para el 
que combate oon el remordimien- 
to y .la deseeperaciQu, -J^vé fu- 
qesivas id^as le U^o 4 su,mi^;e 
congojada! JLe, alacia ver por un 
lado aKestr^mo que Jo había ]1{l«* 
vadosuiaol^di^ncia: ppr otro ¿qué 
dolor! qiiraba.á su,aAg!)iiu^d<^ «a. 
dre sumeijgida .^a un abieyuo ,4f 
p^s|tles, al Vi^r gue su ingralo J pei^ 
I .vers9,büp»,ooiidttcido por jn tedoje 



2S2 



DURÍÓ DÍfr^LOS NIÑOS 



' > 



maligna, habiá ábandonáÜa él lechó' 
que le vio nacer: á sus hermanos, á 
8U8 caros hermanos los veía afano- 
sos buscándole é^ vano por do ()uie* 
ra, y que con déscbtifipasadóé 7 las- 
timeros gritos le llamaban. • • i 

Este cuadro doloroso a'nte^él ré-' 
presentado, fué él que interrumpió 
su sueño, pirorrümpiendo en mil* 
gritos qué el eco de aquel monte 
repitió. Mas doble fué sil sobre- 
salto, mayor consideró su desven*- 
turá cuando advierte que ya él as^ 
tro del día iba á ocultarse éü su 
o^aso, yH las aves que antes sal. 
tando dé rama en rama alegraban 
aquel sitio solitario con 'sus dulces 
trino9, habían enmudecido. Sus 
llorosos Ojos üja en tomo de si, y 
se halla á tan espantosa hora se- 
pultado én un desierto sin Ifmités: 
quiere en ese instante sa'lir de él, 
¡masen vano! Su incierta planta 
había perdido ya la vereáa que lo 
condujo á aquel punto. Inútilmen- 
te pretende hallarla, pues en vez 
de cohse'gutr este intento, solo vé 
por todas partes á donde sé enca- 
mina mil hoirrendos precipicios 
que lé obligan á retroceder horro- 
¡jípdo; En situación tan adversa, 
•^Sl sorprendido por las sombras pa- 
vorosas do la noche, que todos Los 
objetos le quitan de sq vista, 

L4 hermosa perspectiva de aquel 
lósqué se ha' cotivertido en un a- 
laísmo tenebroso: en vez del can* 
tlii' pillee de los i^fijaros tan solo 



¡sé óy^ el dilatado y lúgubte acen- 
to del noctamo buho, y Loretizo 
^ño acierta qué partido [toüofar para' 
ski varíié de aquel lance tateítofri- 
b1é, y su tiiiédo se aumenta al es- 
j duchar no muy distante de sí él 
'rugrr ti'emendb de feroces brotoü' 
-qtíe aKiieaazala próxima' cons^iha-* 
'dion'd^^stt ^e'xistencía. Correen 
>el acto, y presuroso trepa en una' 
etevadfa'eticina á guarecerse entre 
sus ramas, en lascbales se acomo- 
da lo Mejor posible, f ya con ésta- 
precaución cree está libré de ser' 
devorado por las fieras, fero^qué 
, pocos iástantes abriga en su pecho- 
éstSL ilusión consoladora! Sus oídos* 
sóTÍ heridos por el stlvídó penetran-^ 
té dé la sierpe; ya la mira subir 
tortuosamente por elnudoso tron- 
co dé la encina y que indefenso lo 
asafta; - Esté ñüevo terror le pasa' 
dd parte á parte el corazón: quiere 
gritar y se' contiene por no ser des-I 
cubierto del reptil.' ' 

Asípabólá noche el desventu- 
rado Lorenzo, causándole Bobré- 
salto hasta el ruido de las'ojas qu» 
meciael vientO) más 'eémo sudes- 
tino le preparaba' maybr castigd,- 
de ningún animkl fué advertido, 
aunque en torno de él pasaban del 
contíütto. Apenas hubo amaneci- 
do, y hallándose libre de los tentó-* 
res que en toda ta noche le habika 
atormentado, cuándo 'bajó d« stí 
árbol muy complacido -'de' fatíbér 
salido con 0|lieidad dé aqiiélfano- 



DIA«Id DE LOS NIÑOS. 



383 



che pata él tan éruel, con et firme' 
propóflito de salir de aquel bosque 
á toda eoBta pai'a no ToWer 4 pa« 
aar otros momentos 'tan amargos. 
Pero no por esto se resolvió tomar 
á so casa; sacar del estado afligi- 
do en que había puesto á su fanii'> 
Ha y obtener el perdón de sus pa- 
dres; indigno se creia ya de alcan- 
zar esta gracia, y su planta se re* 
sistia á dirigirse á pretendérlav 
Maa criminal se haeia estejóvan 
á si mismo, y no preveiaque mien- 
tras mas procurase huir de la raa-' 
no que temía, su mismo delito lo 
aproximaba á ella para no quedar 
impone. 

Continuaba errante buscándb^ la 
senda que no hallaba por mas qtíe 
lo proétirab8,y acosado nuevamen: 
te delbambroy y advirtiendo que 
no tenia ya con que satisfiíeería, y 
que en el parage en que estaba era 
cosa imposible hallar algo que le 
pudiera servir de alimentOt se re- 
doblaron en estremo sus congojas; 
pero habiendo risto qíie un peque- 
ño arbusto le facilitaba unas man- 
aanilias silvestres, recurrió i 61 pa- 
ra recibir su favor. Llegó en éfec- 
to, y aunque estas frutillas mas eran 
agrias que -dulces, empezó á co- 
merlas con suma gana. ' 

Presto se verá que el desgraéiti- 
do apenáa pudo haber escogido pa- 
ra su descanso y comida otro pa« 
rage menos favoraUe que este. 
* Bugenio, que como al principio 



queda dicho, habki éalldo á1á' eai 
ceria, casoalnteifte andaba éri aquel 
bosque con sus amigot, que eépar^* 
cides cada uno por su parte busca, 
b* objeto 4 que tirarle^ - De este 
modo caminaba Eugenio observan-' 
áó ailenciosa y cuidadosametiteto- 
do lo que babia por donde transí* 
taba, cuando advierte, no ton ihe* 
nos sorpresa que- regocijo, que tV 
arbusto á donde dejamos á Lofren- 
zo se movía cual si algún cíelr-' 
v6 estuviese tras áé él comien-' 
do 'dé sus' ojás. . Algún tiempo 
permaneció indeciso Eugenio en 
SI dirigía su lira 4 ese objeto ó 
no, y como en^esterato no deseo* 
bria una parte de su cuerpo él que 
estaba oodlto en aquellas ramaiT, y 
no.podtainifaginarseel caiador qué 
alguna gente pudiera permatieeiet' 
en sitio tan escondido, apuntó- ídf- 
ciendo; •„ <juslquiéra etíadi^ápedo' 
que sea no se me irá'de'dóntfa e*- 
,t4,'' y disparó el tiro. •••¡Oesgra-' 
cia oruelf i ' ' 

. Habiendo visto fiugenio que el 
animal que se suponía nó había és- 
capado^ y que el movimiento del' 
arbusto cesó absolutamente, torre- 
prepu-roso, llenoí de satisfacción, 4 
recoger el fruto de su certera pun- 
tería. Llega ..'..peh) {óórno po*' 
dré describir este acaso tan estra^'' 
io y terrible! Llega Eugenio,' y en'^ 
vez de hallar un bruto fie presenta 
4 sus- ojos una' tierna- criatéra qiie' 
su sorpresa no le permite conocer. 



«<s . 



9B4 



DURIO D£ LOS NIÑOS. 



Vttf IvB á mirarla y reooaoce en 
' ella bqrrorizado 4 la. persona de 
Lorenzo «u hijo, que ensangrenta- 
do yace tendido en el suelo sin el 
mas leve movimiento. Este espeo* 
t&culo improviso, este lance tan a« 
troa obra de tal modo en el eenizon 
de Eugenio, que cediendo á la firer^ 
za del dolor mas agudo dá en tter*» 
ra^sin sentido.... 

.Entretanto los demás cazadores, 
que andabau divididos, al escucha,r 
^1 estallido que causó la eseopetai 
corren hieiñ, la piarte de dondd ha- 
bía calido, ansiosos 4e sabsrj^ó 
; animal habia caldo, yjtodos úAni k 
un tieifopo mismo llegan al trágico 
lugar ádondov pasmados, hayan á 
su caro amigo tangid? al lad^ de 
: su RÍJio, que representa estar ya 
; muerto. Aoudpa al Remedio de^ su 
i^B^g^ unos y otres á reoo^elr el 
^scáfiime cuerpp de aquel ;jóven, 
qhspr.vando que aun respiraba; y 
registráiKlQlo tqdo, tolo advierten 
estar pasado de una pierna, cuyo 
accidente le privó ilbl «Icntido spor 
aquella ve«^ Efectivamente, lue- 
go que le iinbieron vei&dadQ la he- 
ri^Rf j cesado pfrr estaTsaon de 
vfrt^ sangre, recobró poeo A po- 
co «4 povimiento y uso.de la pala- 
bHt* Sanio. trabaJQ. les cdusó pe- 
ñeren Igual estado á£!9genio,.qu.e 
q9P el aii^xilio de algunq^:espiritu8. 
que poiTiprc^eucion trai4(i conmigo, 
iioIvió'4cfu. letargo,: y^el ver. que 
sHb^Qeun e)(tstÍ8,:ca)mó un tai^. 



to. f tf sobresalto: este» qvte cop lo, 
que acababa de sueederle perma* 
necia con un susto estcaordinario, 
apenas lograba pronunciar; ȒP;a- 
dce mió!" El padre lo estree(Aba 
en, sus brazos, no osando pregun- 
tarle el motivo de haberse hallado 
en aquel sitio, temiendo que la cau» 
sa había de ser tan fatal que le atra* 
gei?a la muerte; y así solo se man*. 
t^nU «n silencio, abrazandp ^ sa 
hiiey llorando amargiupaeate el ha- 
charlo herido él mismo; pero U>^ cir- 
cttnstf^ltes, no pudiendo por mas 
tij^mpo perman^c^r en aquella idu-^ 
da,, obligaron á Lorenzo á que les 
contase su historia, la que, esfor* 
zéndose, pudo referir sin omitir ña- 
dí^, Eugenio, que sostenido de dos 
' cpmpañeros la habia estado escu- 
chado, del mismo ^ modo, que un 
re9 la sentencia de.su jnuerte, lue- 
go que Lorenzo hubo concluido cs« 
clamó fin alta voz: jjElijo insensa* 
to, hijo sin ventura! No has que-* 
rido valerte de mis lecciones, mili 
consejos Ips.has menospreciado, y 
todo cuantp te he hablsdo sobre los 
males qup se ocasiona un hijfi in« 
dócil 1 la jrazqp, AO k has queridq 
creer hasta q^ue -desgraciadamentfi 
has esperimeptado en tu ipisma 
persona el efecto de una inobedien- 
cia: ya has'visto que nadarse poul- 
ta4 los ojos 4el Criador, pues que 
no fueron bastant/Bs ¿ ocult|r4e U^ 
distf^ncia y.e^peiwía d^e^ hoar 
que 4e4a manode quien huiaszes- 



DIARIO DE LOS NIÑOa 



285 



ta ya te ha cattígado como debías 
«erlo, dejándote^ja incapaz de vol- 
verlo 4 ser la falta del pié con que 
osado huíste del seno de tu famí. 
lia. Grande es el dolor que en es* 
te instante me ha causado tal des- 
gracia; pero siento, sin embargo, 
un consuelo que lo alivia al con* 
sídérar que el mismo Dios puso en 
mi mano el castigo piíra librarte 
del eterno si quedaba tu delito im- 
pune. To te perdono. 

¡Hijos! refleiíoñad detenidamtn. 
to lo que os acabo de referir, y 
este pasa ge Éea el que en vosotros 
eirva de guia á vuestras acciones, 
adviniendo, (|ue si débil y desgra- 
ciadamente incurriereis en una fal- 
ta, por pequeña que sea, no inten- 



téis evitir él castigo, si no quereib 
ésperímentar un sucedo como él 
que acabáis de oir. ', - (7Va- 
ducidopara él Diario de htt Ñiños.) 

Risueño á la p&r que digno de 
atención es el artículo que antece- 
de, porserremtiidodeunode'nues- 
tros niños, que ofrece la dufcb idea 
detestar poeeid^delas mM loables 
emociones, hijas del mas sincero 
deseo de que los periódicos 4e mo- 
ral é instrucción no solo circulen 
entre nuestra jovestiid, «¡no que a- 
demás de aer un nkedip poderoso 
de emulaoioa para que lean ó es- 
criban los demás, ¿«vita tannfcien á 
nuestros sabios á que :aígáa su e« 
jemplo. . ' : i 



LA VIRTUD, 



¡Virtud, santa Virtud! divina joya; 
Del cielo exelso inapreciable don: 
Báculo que d^et triste el paso apoya. 
Báculo en ()ue ae embriaga el co- 
razón. 

Árbol gentil, ¿ cuya grata sombra 
Bríndase al hombre la etemal quie- 
tud, 
Instándole ¿diB jar la vana alfombí^ 
Que imaginó tal vez su juventud. 

Dulce tu ambientcf es, dulce tu 

yugo; 
YUt el camino está de abrojos lleno, 
Exhala alguna flor perfumo y jugo, 
Candorosa, luciente y sin veneno. 



Grandes son las angustias, son 
inmensos 
Los dolores que sufre el que te si- 
gue; 
Mas si (>laeeres das, los das in« 

tensoé, 

T con ellos la gloria se Consigue. 

Tü, brillando en la frente del an- 

oianó, 
^rata espreeidii á sus arrugas da^, 
T délnl yaj su vacilante mano i 
Tiende á los hombres que dejó dé- 

trá*. 

Y les muestra e( camino trabaj6so 

Que triste' anduvo por llegar álM; 



t¡m DIARIO DE LOS NIÑOS- 


LtB animci al combate» generoso, 


Que exhala candor; 


T •! noble triunfo les prepara así. 


Y apenas alientan 


Y van las doncellas 


En dulce embeleso. 


De rostro ¡nocente, 


Y ofrécenle un beso 


Que ostenta luciente 


Que ei\)endra el amor. 


La nieve y c^trmín: 


Felices son ¡Virtud! los que tu 


Ceñido el cabellot 


. senda 


Ove vega en la espalda» 


Siguen constantes con tranquila 


Con fresca guirnalda 


fazt 


De rosa y jazóaín. 


Que eres ¡dulce ViitTUD! segura 


': Y vari los oiBpo^os 


prenda 


. Ligados sus brazos 


Que al triste das la apetecida paz. 


' Con plácidos lazos 


Y queda en este mundo su me- 


• Cantando á su Dios; 


moria 


Y huyendo dol mundo 


Mientras que su alma habita el al: 


• n Las falsa» caricias, 


to cielo» 


. Divinas delicias 


Y vuelves de este modo et^riui glo- 


. .' Disfrutan.* los dos« 


ria 


Y allí van las madres 


Por cortas horas de amargura y 


De aspecto sereno, 


duelo. 


Su infante en el seno 


A. Fbrrbr. 


OEOLOGIA. 


Bosc^B SUBTERRÁNEO.— Practi- 


dividida en dos, lo cual es^evideo* 


cando hace poco tiempo la cscfi« 


te que flebi6 sucedf r antes que U 


.vacien necesaria para un gran es- 


tierra llegase á cubrir el bosque» 


tanque en Sout-Stockton, se bades- 


El Dr. supone que los soldados 


cubierto un estenso bosque subter- 


romanos sacaban . de este bosque 


ráneo. Casi todos los árboles qae 


troncos de árboles que empleaban 


I^ componen son.enjcinasi y la ma- 


en la construcción de stfs caminos 


yor parte de ellas son dimencio. 


militares; pero sea de esto lo que 


nefi colofales y fl^ venden muy bien 


quiera» lo cierto es ,i][ue la^ m^no 


par^ las con9truc9ieioes. AI exa- 


del hombre obró sobre, aquellos 


.n^inar este 'bosque subterráneo el 


árboles, y esta circunstancia pue- 


J^u Young de Whitby con algunos 


de servir de fecundo testo á las in- 


.am^igoj suyos, . ha observado que 


vestigaciones de los histeriadores 


;^a de las peinas estaba rajada y 


y d^ los geólogos. 




-Los Halcones. 



I»ARIO DE LOa NIÑOS. 

EL HAIiCON. 



267 



a>c 



OTADO ette noble pájaro de uiía 
intrepidez poco comooy de un ar« 
dor sio igual en el combate, si tu* 
viera tanta faeria como poeee va. 
loryidiiputariaá la Águila el impe^ 
rio dé loe airea: su mayor tamaño 
es poco mas grande que el de una 
gallina.: :E8:de pie y. «fiedio d^ 
liargo, y cuando, jóvf » es. por el 
lofue de color pardo, o0Q:iyiancba8 
rojeo* y por:el vicotre cenici.^Dto; 
pero jcuando adjbilto,^ pote) lomo.ea 
de c¡Mor oenieiento oscuro con 
ipiencMs negras, y por ^l vientre 
blanco conm^jo^ha^^pardas^ Tie. 
oe el pico encorvado y fuerte así 

. como las ulias, y las pierniís de 
.color amarillo y ¿ veces verde: 
su. ti^lU. esbelta y de buen corte le 

' d4 un aspecto agradable. Las 
partes que > le sirven para ejer- 
cer; y.saríifacer su instinto guer- 
rero -.y • rapaz, son su pico, . sus 
alas^ sus garjtas, y merecen una 
deforipcion particular. La man- 
díbula superior, que se ha dicho 
es encorvada y tiene de . cada la* 
do 4os especies de dientes agu* 
do^: la mandíbula inferior, ligera- 
mente convexa, también es pun- 
tiaguda: este pico agudo, y filoso 

! hace crueles heridas y, retiene la 
presa con gran fuerza. Las alas,, 
que estendidas tienen tree pies y 
T. m. 



medio de largo, y cerradas llegan 
casi al cabo de la cola, son finas, 
delgadas y casi derechas: sus mo- 
vimientos tienen nn vigor, una fa- 
cilidad y una velocidad singular. 
La resistencia facilita la acción de 
este poderoso aparato; así es que; 
agrada á los Halcones volar contra 
el viento, y cuando se han elevado 
á las regiones mas altas del aire, 
se divierten, ejecutan maniobras y 
evolMciones, trazan círculos, se 
dejan caer; como una pesada ma- 
sa, suben con la velocidad de un 
tiro, oon una agilidad tan. maravi- 
llosa, que el ejo de8lUmbf.ado difi* 
Gilmente los sigue; y sin embargo, 
sus miradas penetrantes no han 
cesado, durante todos estos juegos^ 
de esplorar los abismos que se ha- 
llan abiertos abajo de ellos. ' La 
pata del Halcón es utia.tirma per* 
fectamente formidable', seca y ner* 
viosa, guarnecida de dedos largos,: 
sueltos, flexibles, abrazan un gran* 
espacio y terminan eñ agudas unas,* 
corbas y filosas, bastante semejan*; 
tes al hierro de una guadaña: ra'<^ 
ramente llega á escapárseles la 
víctima qu¿ cae en sus garras. 
También es preciso contar entre 
los .instrumentos de guerra del 
Halcón, su ojo tan famoso cuyo al- 
cance es estraordinario. 
37 



DIARIO DB LOS NIÑOSk 



El estado de guerra» d& conflic- 
to, de contienda, es para el Hal. 
con el estado natural, el estado de 
predilección; siempre est& en per- 
manentes ho0tilída.4es hacía á to- 
dos y contra todos, ^ va atacando 
stn cesar á pájaros mqcha mae 
grandes que^ él, y aan á otroa de 
un tamaño. desmedido, cuando su 
natural intrepidez ha aumentado 
por la educación. Jamas se ali- 
menta el Balcón de- una presa quls 
él mismo no haya arrebatado 6 
conquistado de algún otro caza- 
dor; no caza y combate solametite 
por satisfacer su apetito; también 
es, y si es permitido hablar asi, 
por saborear los goces que pro- 
porciona el triunfo de una victo- 
ria. Así, mientras se alimenta de 
tana víctima que ha inmolado, como 
se aparezca tma perdiz, un pato, 
un milano ú otro cualquiera mero- 
deador, inmediatamente abandtHia- 
rá el Halcón su presa asegurada 
para seguir la incierta, y se pri- 
vara de las dulzuras del festín pa» 
la Ir á presentar batalla al rival 
que se atreve á penetrar en bus 
dominios. La confianza, el ardor 
yU^noblezadel Balcón se maní, 
fíesti en el modo con que ataca á 
su enemigo: la mayor parte de los 
otros pájaros rapaces emplean la 
astusia; el Halcón al contrar¡0| 
marcha recta y francamente á su 
objeto, llega y pronto se presenta 
á cara descubierta á su adversario. 



Caat siempre es irresistible este 
ataque, porque es rápido, impre- 
visto, violento como un rayo. El 
Halcón cae de improviso de la% 
nubes y vuelve ¿subir denecha* 
mente» llevandi» consigp suvícti- 
ma, á menos que no/lá^disvore en^ 
el pueet#; porque no es de esoa ra- 
paces' ladrones que *deede que han 
agarrado una presa, huyeo ínro^ 
diatatnente dpi campo de batalla jr 
vi^ ti oooHtTse para no ser^nolee*. 
tádos entre Hiritose alimentan con^ 
ella; el Halcón no teme que reo* 
gan á disputarle su conquista» fiio 
embargo, á veces se presenta ttaa, 
Águila que se pone en estado de 
ejercer el derecho del mas fuente; 
mas el Halcón no abandona fácil- 
mente el fruto de su victoria. Co» 
mo no puede, á pesar de todo su 
valor, medirse con el tirano de^fo» 
aires, pone su esperanza énsu aki^ 
rápida y huye á través del espacie 
con su presa. Es un espectá^lo. 
Heno de interés el que ofrecet utni' 
caza dad^ á un Halcón por una* 
Águila que viene á defender' so- 
propiedad: el Halcón va á p^^* 
derse etfíTas nubes, vuelve ápasa«> 
ras (ion ras de la tierra, dá mil 
vueltas y revueltas, muUiplietf las 
invenciones, -«fuza y vuelve €oro* 
zar su vuielo, de improviso se de- 
tiene, cambia precipitadamente su- 
dirección; empcpd son ca8i'eiem<- 
pre inútiles sus esfderaosi y ^es-< 
pues de haber sentido varíat vecea 



MAM90 DB LOS: NIÑOS. 



S^ 



joaigíkf al fiq Ifttga : •! HaIcob «u 
pr^a» pr4]9t^iiaiidi> por pn gctoida 
fipl^ y x#Mi| «o«tra^l ftbüaa dala 
iwsa« . 

. £n Gp99.4aiia«aiiHlad de^ftayá 
¡ú flulcoo^taota intaUgani^Áa^ooiiio 
?MiJ^ .$^011 una noinble aagacídad 
modifica an iblaq^e aeguD Ja Matli*» 
üdaisia del a^a quo oasac Si . aa 
irota de «a plijafo de vucdo rápido 
y toruoao» no prociura. lél .Halcón 
ligarle coa aua garrae» ae eafíieraa 
aolamoBte en tocarb al paao, ya 
poii.a!! .piee^ ya con ao padro ó ya 
con %VM elaa, para aturdtrlo y de- 
)>iliUrjQ; M por la iavaraa, ae tna- 
ta d<? un p4\iaio de vuelo lento, el 
flulcQu, que no teme verlo eaca* 
paraot lo aigue ain berirlo haata 
que pueda ¡igarh» £n preaencia 
d^ un adveíaario de <talla que indi, 
f ue reaiatej^oiaj tiene cuidado de 
aaegurarae al nktanio tteaipo que 
toma, la ofeaaiva» De eata mane, 
ra, en a^l combiUe que pi^aenta á 
IjM, garsina reaiea» iuoatíga á au ene- 
Boige i|i^|^. tájempQ twtea de pre» 
f^tiraele^Ui^po á cuenpe^ porque 
fi fp d^ara Uevac de ua arder im- 
priidaMe» aie dejupa de dararae 
41 wpaa^ en el l^íeo ^ue voelre 
aiempre au radiCraario del lado 
Maeoaiadó. Con aaa inlfeliganna 
Í4t44 QWi Bfatambieaiel Halcoa W 
PMte.4|ii#:dahe.heriiv pexa^qae aoa 
ytfpaaJiefíaiiimadáatameBto áiar^' 
ialáaft4i0eatfvea4a aoomdcenqvB iai 



preaaque bi herido no la. haya 
p4iaeto 'fuera del combale dcade d 
primer choque». 

Todaa laa habí tudea del Halcoli 
*aaléa ¡en reWbeion ooli au «eopacton 
principal; con su «ecacion domi- 
nantOk €omoée complace en po¿ 
der abrazar de lérjoa y en lo alto 
una tasta eateneien de paia, en laa 
regtoaea montañoeaa, en laa ctmta 
da laa rocas eacarpadaa eatablace 
au domioilioi porque deede allí» eea 
que vuele, sea que ae eacaramet 
implica campea ae efraceii á au 
viata poderoaa. La ternura rna* 
tamal etlá poco deBarraUadajentre 
eatoa cazadorea de uaoa rudoe y 
aaivagaa: algunas ramaa paqueftaa 
pueaftaa en laa iiandiduraa de una 
roca, les parece forman un nido 
baetante blando para recibir aua 
huevea y oMa tarde aua chieudoe; 
solo cuidan que eata Ivgar.aató ea^ 
puesto hacia el mediodiat é fia qne 
loe rayoa del aol calienlen Manida* 
da» Ltíegioqiue loa pajasítea eatáo 
baataate fiierteepara buscar au aob* 
siateBCta,.eIloa miamoa, loa padree 
y madres, loe eB)>ul8|an del caaton 
que babiian y loe enVian á. cazar á 
otra parta; pon|He el fiadcoa, del 
miemo modo que la mayor parte da 
loa rapaceay. adoptan geaeralineate^ 
ittt territorio, encuyoa liafiteeaa en« 
otearan- eacnupnloaameate) y taib« 
bien de4endt»laafronterlieeon am 
atepoion celosa centra €od» iftya- 
eoir deao^inna y capada eÉtnmgai«« 



290 



DIARIO PE LOS NIÑOS. 



. Todo lo precedente es tnaa paN 
ticularmente propio del Halcón or- 
dinario, el Halcón llamado también 

' Lanero; ' aun se puede aplicar en 
gran parte á los diferentes miem/ 
bros de la familia! sin embargo, co* 
mo la especie es de la mas esten- 
dida y de las menos rigorosainente 
limitadas, se encaentraaen ella al- 
gunoa géneros que se distinguen 
por rasgos originales y por habltu. 
des particulares. Las variedades 
de formas, de tamaños, de pluma- 
ge son numerosas, y Ui diversa na- 
turaleza de las presas que buscan 
los individuos, traen también dife- 
rencias en los usos: tal Halcón se 
nutre de pescado, otro de marisco, 
este no come sino insectos, langos 
tas, aquel pequeños mamíferos; de 
ellos hay, que despreciando el pes- 
cado chico i solo cazan pájaros 
grandes; otros al contrario, no to. 
man sino las pieaas chicas. Tam- 
bién la variedad dé climas en que 
se hayan esparcido» modifican ne* 
cesariamente las costumbres de los 
aleones: las eepecies de las latitu. 
des del ecuador no pueden vivir «o- 
dio las quer habitan la Islanda; pe- 
1^0 de todos €S(o8 matices los mas 
marcados son los que resultan de 
las diferencias que se hallan en el 
modo en qué los diversos géneros 
están armados* Algunas especies 
tienen alas mucho menos podero- 
sas y la garra menos mortífera que 
las otras; tienen por consecuencia 



que osar de ástusia y de ardides; 
no tienen un modo de «conducirse 
tan fraocoi ni un vnlor tan decidid 
do, nt un carácter tan elevaiés ta* 
les son el Azor, el Gavilán, que me^ 
re.eén el noinbre de timoMes, por 
oposición al epíteto de nobU* con 
que se ha calificado al Halcón, al 
Gerifaltcy al Esmerejón. 
' No podia dejar el hombre de es- 
tudiar esta aptitud tan pronunciada 
de los Halcones para la caza: en to* 
do tiempo, como en todo país, se 
han hecho auxiliares á estos' pája- 
ros guerrearos. La cetrería no ^era 
un arto ignorado de los antiguos; 
en los siglos de feudalidad era te- 
nido en gran consideración en Eui 
ropa: el derecho de cazar con el 
Halcón era uno de los privilegios 
de la mas alta nobleza^ y el titulo 
de Halpooero real no afeaba el 
nómbrenlas ilustro. La educación 
de los Halcones llegó á ser una 
ciencia regida por principios; aun 
desarrollaba su valor natural, de 
tal suerte, que los aleones bien en- 
señados se atrevían á atacar á las 
bestias monteses, á iM lobos, á km 
jabalis: eran entonces pájaros que 
no se podían pagar demasiado, si- 
no que se mandaban de regalo á 
los soberanos en las ocasiones so- 
lemnes. Los Gerifaltes blaacos do 
Islanda eran particularmente esti- 
mados; matarles em^uhr crimen qaa 
las leyes danesas castigaban de. 
muerte* Las revolueidlies hita he* 



DIARIO I>£ LOS NtÑOS. SOI 



cho desapareeer la cetrería, des- 
truyendo las institücfones feudales; 
sio embargo, los- -Halcones tienen 
todavía sus estacadas en algunas 



partes de lá 'Europar^n África, j 
tobre todo en Asiai no se han re* 
formado^' y se emplean coa éxito 
pmrn casará la Gatela« 



LA ILUSIÓN; 



li sol. . . .¿donde está el soH^His ptés^ aun bafian 
Estas ondas inquietas, resonante*; ' 

Aonarrulltin los ±éñros flotantes'' 'i '^' ' 
Olas de plata en la llanura azul. 

Mas la espléndida frente de las aguas ' 
Con su disco de fuego no orla el día, '' ' 

Ni el astro eterno sobre el golfo eá?ia ' 
El rayo temblador de su alma luz. 

Reiné la tarde, se lanzé en los cíeles, ' "^ 
Al sol precipitando en su carrera: '' ' 
Ta su lucero se apagó en la esfera ' ^ 
Perdido en la remota inmensidad. ' ' 

Los senos de la tierra entumecida 
De las linteblas al Volcan se abrieron, 
T el mundo las tinieblas envolvieron 
En su manto de horror, de oscuridad. ' ^ 

Vendrá la noche: el querubín quo eifie ' ^ 
La diadema de sombras ásü ''ñreote, 
Rueda' en su carro soñolientamente, ' 

Sonando su terrífico clarin. 
. Ved agruparse en derredor loé genios 
Del acento terrible arrebatados: ' ' 
Vadlos formar en el zenit alzsdbs, ^ 

De nublos alto sélio al querubín. ''^^ 

Los genios son que en el profundo cáds 
Mansión eterna y pérduhible hicieron: 
obmUtaa ¡ayfdb otros mundos' qué murieroiif 






r.:... 



. lo^^QpeB lecríblea 4»! no >er. . r . 

: Ao£el^4#linjfierooque[la« tiunhMn ,;•, \. ... ,. 

, Y el. fl^uod^ Mr^jt? I««. tinieblas, tmiii:,, ^. . , .: j 

Llevando hasta á ia tumba el padecer. 
• ¡Hora solemne,- la ^n9 aHi^ postrero 
Del sol preside en el desierto mondo! 
Un terror .nitlirn|;dtj0(l x V^^^^^.^1 
La anuncia, palpitando, al corazón. 

Yo'la quiero gozar. Aquí, en los campos, 
Sin que me turbe en mi delirio el hombre: 
^A^queestatescura mageat^d meafiombr^ 
Este asombr/» «a ia.jiaz, as. Jia.^ Álifiipn. . 

Volad, ¡fania^rnaadeia noche fdrnatei! . . 
Al redor de mi' c^ei^ eiilenturifinta; ,, ; » 

Yo 08^ miré sin pvor eii la- tormenta,. ' r 
Yo os llamo m payoi^jora Uinbie^ . . 

Ora v^ngaia -en alas jde los rÍBuipu 
Atronando laainjutdas aoleda^aiu , < 
O el ac^ é^ las igpaas tei^ipe^d^^ 
Agitando en l^rflsoyp^ V|)iygp,.,. 

DeTo8otriM4paivsobrc.lof rna^doi^ . 
Llena de ma|;esti^d y de gr^ndazp» . , , \ 

Quiero al^ajr». como jwa, áng^l« ini cahezat . > 
La atmósfera deUrueno & r^iipirar. , 
Venid, yo es Uamp, jTAporesas h'pftíM 
Del aire, 4e las jumbes jf del iboi)í^1 ... i 
Yot<{|>pga4,enjp(^rgico,bej^5^^ 
Ui torva sie|),,,qu^,9i)pe|^recj6 al.p^ar» . i , 

En vano /^«^(^i^e eí mun^p.— Si (a^plaalá^ 
Siempre halla polvorea el mi^uinqauel/o^ , 
Si imp|;)érrita el águila «iji si| viielp , / 
Ni baila barrera» iii JerCncM^fjfa. (in; ^ ;.(• 
Cuando lle^a'd^ -ardor í^ fai^t|ata ^ . ,,> // 
Truena, y «e lan?»fj,y |fis dístj^cias bweW^, a 
Dadla ^jeijpui^íjp^ f^^u^ y .tambiei^ellfi . j 
De esos .cif^fl niup¿y^^,¿^fíafii ^l W%. : ii«I/: 



myUlM BKOüM NIÑOIU 



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Por sorp^tid«rlé 0»Mi-ttiiimrio» ih^íMfer 
^JM almáitoiftfiéMMft del fWMi' 
En lo» ecot •deMiodde'db «Mifés; ó . i^ • ! 

S&f'jí^^lif éMfdio toMna»/ y ettmAy ^^ • 
A su profunda -infptfbeiokmeetttf 011^-' 
En los abntaea'de la «i«nté eiéfgoi 
To soy, jé-solo; mí ereafeion-, mi^Dk^l^' 

lU9 tfw n sirreti al itnoirt)n9'0tn|ioro' 
Las brillantes creaciones de eu ídeá^^ ' 
Si el sopFo de la theme quelfttf ereap ' 
¡Ay! las deshace at espirar tanAieii?^- '' 

Este suspirb eterno dé deiseos, ' ^' 
Que eternamente a^ítk í» eHieieaeia, ' 
¿Qué es tiiM qüOimniUád, maé'ciflíe^ifíipáteiieia, 
En hondo iiifiemo pasagero Bicot ' < • ' J "^ ^ 

¡Mísera humanidad! Es grtüdde'el' mtmAo»^ 
Clama y repite sin eesarel ttbihbré, -*' ' ^ '-'^ ^^ 

Y yo sby suáeltór. TiemWri'hit'dómbré*^'^ 
Con su siroír de'dientetréf feott. '^ ' • *^ «" "**^ 
. Ysurcoetman lM"eñiisf^ríermio^ . . -I 
Trago el rayo £ mis prev, los iriekthnr^nió:* ^ 
Y cuanto mtta y'ctíantd'Wlbai^rtf és mío/ ^ ^ 

De la tierra y del aire en^K? regioir.'^'^'^' * ' "' 
Es grandrel uniteírso; irépetíar ''^ ''^^ '' 

Y Dios le oyó-dtesdeto altar dé fliegrf, '^^*" ^ 

Y al hombrérltotiió Dios» y el íidiiiíirb Iítl6¿tf^ 
Con su cótóñá y ¿úh su cetro fué. ''* '* ' * ' ' 

—inMonatca/ hablóle Diori^ túrdé Vi tTétih^ ' 
,,Grande erelMtmdb queá'tor pies'seélitieiidéi 
««Grande Ir ioteligénda qtíe Cómprendtr/' '*^ 
„GrandiB el sentido tqueehtüaójoifvó.'' "^ ^ '^; 

««Pues bien: mas grahtfé adn'qu^ el mandó ¿do 
,i6raiídb es tu coraron, y es'biay f^e^n^fib» ' ' 
HCompíende, btriiflMr, tO ser.^ D{¡¿ry ¿l^¿^o 
Las cejss del 'áhMArtid etlarcó. ^ ' - ^' ''^ 

Y entóñees^iiAoren^süimpotédelavelibétJ^ 
Comprenderse y réitaÉr y entífd étíátúñitSói ^ 
YalK ettsttédrhittí'hálfAah'Mshid; ' ''^ 



_ J 



9M. 0IARIO D9K LOS NIÑPS. 

¡Mayor que el jBupdq «I eoraxcm! ¡Pipi 1910! 
To le siento latir» aiiuii» en qai senfi: 
Con la violencia c^a que |B^mba el tmeiHH 
To le 8Íe|»to latir ¡ay! Qa yerdaii. . . • 

Ea un mar de.^perao^ap y deaeoiy 
MaldicÍ9ii4ffiCl yiyi^ oAufraga el alma» 
Busca una orilla en donde hallar la caloia 
T donde quiera . ve la tempestad. 

El amor, la, «mliiicíop, los dulf es genios , 
Que oman.de fl^r las^nda^ de la yida^ / . , ; 
T en aureolas de luz la, sien florada 
Orlan de la entusiasta juventud; .. 

Na tienen #,una flor,. ni una coroi;i^ 
Para esta sien quf sin cesa^ deIirf^ 

To4o ^ el ipili^4p .p&ni. ^ ^^ n^^PV^^ 
Que tambieii qf^ vifop|ira la virtud. , 

No^ieñen^ifna^pr,,porque.una habia^ , , • 
Flor, como el al^b^ deliciosa y pura; , 

Kadiaiite de irag^oíaj ^.fpipsura» 
Yo en mi seno de i^mor la coloqué;, , 

T e^ calpí; 4^est^ej»sckQ9 ^qu^ la fiebre . 
Melancólicangient^9f)ASVuia, - -.: ".i • 

Secó por sieqipre la fpstucena.mia, 
T muerta entere. mis meaos la llorjé. 

^ vapo ooa qiíi láj^rMí^^ ri^f a^ 
Su tez de nieve que.fipQendió la rosa: ., 
S^ j^rió pna tupiba^ resonó ja lófAi ... 
¿Ay! p9^ siempre, mi esperaba, adiós. 

La hermosa primaveiia de ipi§ días. 
Allí se hundió con la mq^er ^q^e aroa|;»a. 
Un momento np^maSf^la amé, joe ^aba;- 
Otro momento..* un mundo entre los dos. 
^ (Qué, son ya aquellas horj^^f ^^licioaas 
En que la luz de soñolienta ^w* 
.Mi ifpior y rpi. esperif i)?^.;; ^i: fb^una 
Ent|re .su8jy|a9^p8^bepde.ciaj^ot ., 

Son menea que ella: el polyo '4c ^^ tmnba 



MAKIQ IN£ LOS NIÑOS. 31» 

Su polvo cubre piti \ifmtofiel vÍ9n.lo» 
Cándido y.virgml» auqqttf» «aoguADiQ» 
El velo cinemrio )|i cubrió. 

Sobre é\}ñ9 ciuriifitiji tocarlagiratí: 
NuDca aifí Ja tinrmeofta «e, deiploma» 
Lo f9ibalsMVi9f):l&0 flprea ooii,«u arqniii 
T el polvo aquel de- eternidad .80rá» 

Ata» pf ^UDitaála p<w au amor.... Se /acAbaa 
Lai ilusiones, do la muerte 0mfie»x 
Solo uufi firmóle m su iaoiorial tristeza 
El solio de este amor conaervaréu . 

Una alma eia pesien 'Os lo '^ue reMa, 
En que e^lte agotadas las pasiones 
Que de cien ardorosos corazones 
Tuvo entonces el fuego y el «mor. . . I 

MaA^ikita 9stá, como !9l festón del saUeo 
Que de la víigen la masion umbreat 
Ya^queelfáUdoinviemoconsutea ; ., . 
Ha quemade eik loi cfíUcei la ioff* 

iSupiOilrera manaion!... ¿No este el 8JU<^ 
En que eqtre el musgo de la selva iitaite» 
La columba se eleva de la muerta, 
Que la cniff solitaria ^coosagr^t 

Si fuera*..r ¡oh mü%o JWos! yo volaría. ; 
A orar ante ella ct^Qio al pía 4el ara» 
T en la tumbja ji eU Angélica adormirá 
El que tantdien la tierra la nderd. > 



J ,est» recuar^Pi al de mi amor primavoj 
Clavi^dá>i«iQi:B|i mmoria etarnai^anta» 
Triste, fatal, irresistible, ardiente. 
Me sigue & todas partes; sii\,ces|Ln 

Como un .asaHMi en la frente», como un diaird» 

Fijo en el op^aon, en siiyebepeaciii. 

Es la sombra ríiVferoiil de xni axsiatanaja. 

Es mi. dolor y nv plaa>ar & pajr» . - . ¿ 

Y del sol 9a laa r^ftgasuMÜ taces, 
T. in. 38 



L_ 



S96 DIARIO DE LOS NIÑOa 

O en^la luz de la luna plateada» 
Tierna, ó viva, 6 ardiente bu mirada, . 
La mirada de Angélica sentí. 

T en el ailvo del aura entrelazada 
En los ramos del bosque é en lascólas» 
Yo he escuchado su toz, y allá á mis-selat 
Con el almatal vezla respoiidt. 
• i'Siempre- conmigo Angélica! Y ahora 
En esta oMuridad, bajo este cielo 
Sin luna y sin estrellas, en que el hielo 
El fulgor de loa astros empañó, 

Sobre nubes de naoar y de oro 
Viéndola estoy, como los cielosi pura; 
Ondula en su celeste vestidura 
El aura misma que respiro yo* 
/ ¡Magia de la ilusión! ¿Por qué es tafi grande» 
Si es pasagero» tu pudor sublime? 
¿Por qué el que llora, y desespera y giiúe. 
No vive eternamente en la ilusión? 
^ Naces como el relámpago: apareces» . 

Brillas^^orieti fulgor y mueres íaego: 
¡Ay! ¿qué dejas en pos? Rastros de fuego, 
Que abrasan en su vuelo el corazón. 

¡Ilusión! ¡ilusión! ¡esfuerzo lo0e 
De la enfervotHBada fantasía! ' 
Adormece el doler (u mano impía, * ' 

Come dobla el cipi^d'la tempestad: 

• * Alzase empero al disiparte, y siempre» 

Siempre vienes ¡-ay Dios! en nuestro daño: • • • • 

También en tí hay verdad* • • «el desengaño; 
También iiay fondo en tí. • • .la realidad. * ^ ' 

Joven y vigoroso y á la vida 
Por puertas de oro á la sazón entrando, 
Cuando estabaA mis sienes coronando 
Los sueños de la dicha y del amor: ^ 

Yo te imploraba y i mi vW venias, 
Como la hurí del musulmán, hermosa. . • . 
Y era ilusión mi juventud dichosa» 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



297 



T un lue&o mi •xistencia encantador. 

EntóDcea para mi no eran amargos 
IM dejos de tu copa ompoazofiada 
Deamóres y de glorías rodeada, 
Voláva en tome de mi sien la edad. 

Y mecido en el eeno de la dicbaí 
Til á. acrecentarla sobre mi reñías» 

Y aquii en el corazón, cuando morías, 
Dejabas el placer, no la. verdad. 

. EafemiQ y débil ya, pisando abrojos, 
Joven sin juveñtndi cual sol de un bora, • i 
Que al refulgir de 8a^^ríllante aurora, 
Cubre con su ala inmensa el aquilón; ' 

; Te imploro alguna vez en mis dolidos 

Y víenQB, y me animas, y te alejas. 

]^o vuelvas nunca m}M, que siempre dejas , 
Enclavado en mi pecho un aguijón. ^ 

Hijti^ d^l pensamiento que domina 
A la existencia, al corazón humano, 
. Yor soy ^rto infeliz, y en vano, en vano 
, La ventura te pido, ni la paz. 

Yo te eoiyuro: sobre yelo y tumbas 
.Errante marcho en mi dudar etorno. 
Aunque me des la dicha 6n el infierno, 
¡•Maldecida ilusión! no vuíqIv^ mas. 

G. Gabcia t Tassaia. 



ELISJI IaA virtuosa. 



I. 



^^i&MtABjM de dhr las dos de la 
ttiadrugiida^en él reloz de laquin- 
lA dé teéodoD^^ en la q¿e todo, era 
silencio' y. repbso, qsoeptó en el la- 
do de los jardines, en que ínter* 



rompían el silencio frecuentes i 
piros ^capados del pecho ' de la 
muger mas linda y eneantitdora, dé - 
la joven Elisa de Meudotí. Maf^qaf 
eausaslatienensolaen losjardinff 



.998 



DIAHIO/Dl LOSimftOS. 



^ 



á una hora tan avanzadal ¿Por qué 
se ve el dolor pintado en su her* 
mo80 semblante? ¿No íes h^a ¿ni- 
ca de los señores de Meudbu» her 
redera de sus inmensas riquezas, 
amada de ellas con estremo, y> ob» 
jeto de los homenages de cnaotos 
la rodean? Sí por cíecto;. pef o ¿de 
qué le sirven todos esos homena- 
ges? Uno solo deseaba, y ese era 
precisamente el qué no \b queriaa 
permitir. 

Hallábase apoyada en el ante, 
pecho del terrazo del jardín, j te- 
nia fijos en la corriente del Sena 
sus lindos ojos humedooidos por 
las lágrimas; caíanle por los hom* 
bros y espalda los rubios cabellos 
trenzados al estilo de Suiza, y tid 
ligero velo blanco le cabria la Cá-* 
bsza y parte del bello rostro, mas 
blanco todavía que el velo. Apre- 
taba sobre su corazón y besaba re- 
pettdas veces un papel que teñía 
en las manos, y este papel era un 
billeM fóftcebido én estos términos: 

„Tu inapreciable bondad y tus 
nobles sentimientos para con todos 
los desgraciados, mi querida Eli- 
sa, me animan á escribirte y á ro- 
garte que me concedas una confe- 
rencia. Tengo que comunicarte 
cosas de la mayor importancia, y' 
para b^eerlo. vendré embarcado 
ppr el rio á fíi» de hablarte junio á 
J^, apuros ^ tu ja,rdin» sin que nat 
Itte no0 puerfujver; á Isa dos esta» 
rán toddf Recogidos y tu criada de 



ecnfianisa pod«á abarte la puerta 
que da al jardki. Elisa: tío tienes 
que oponerme d^ecion alguna. 
Motivos fortísÍMoe lie obligan á 
pedirt* esta conferencia; no dejes, 
.pues^ de .vénit.á ella, y sé como 
eiempre mi Eliea,.3iií ángel tutelar. 
Si fkltases, te jaro (y ya sabes que 
noaca juro «n Tánp) que mañana 
hallarían. mi cadáver inmediato á 
tu jardín, y tu «rii^ldad seria la 
úfticá cansa) de mi muerte. Adiós, 
Elisa; adiós ángel mió; á las doa 
te espera ta AtrftaDo." 

•—¡Ahí' eaelaUdába Elisa estre. 
eharido la cartü contra su seno. 
¿Fodia yo faltar? Perdonadme, 
Dios mío, yo' ño podia menos de 
venir; mi deber lo es^ia. Masan 
voz se debffitábH al pronunciar las 
áltimat: palábMs,' porque su con- 
4iiencia, ttUÉs (Vierte que su corazón, 
le gtitdba que distaba mucho de 
allf el sitio á donde le llamaba el 
deber; ptíro siempre que deseamos 
hacer alguna cosa, procuramos 
persuadirnos de que no podemos 
menos de hacerla y de que el de- 
ber mllme nos la orü^na. Apoyó 
Elisa la frente en su blanca mano» 
sintiéndose sgitadaaltemativamen. 
te por el placer y el temor; maa 
este último desapareció completa* 
mente enaadoAÍkitié el roído de los 
remos y vid aprotínaf se la baroa 
en que iReoi^ sü amado AMVedo» la 
cual paró debajo ,de Ife. musoa del 
jardín. 



MARIO DC LOS NIÑOS. 



fÚBCik At(Mo M pié, j fijaba 
•6« míindaB de amor y fbego €n lá 
6n<santadora áaonofnlaí 4» au ama. 
ém^ cuando* ett» le dijo coo toa 
fleftta y atrntitliiiá; ' ,jífw qué me 
kaa eacrite eaáearta tan emel, :a- 
menaKándoine can tu imiertal ¿Ntt 
aabeaqüeta éxmtenciá éatá.ínti- 
rttamente Mgüáá eon la tuia, y qae 
tu último auspiro aeria también el 
poatrere mio7 

— Perdóbame Bliaa. Te ¿onoz. 
eo, y aabia'que> eate é¥ii él tnitco 
medié que tenia para que eedieaea 
á mia i1ie{oa» No ignoro- que tu 
padre ha prometido tü mano al 
conde de Lagnae; ytü'jnada me 
has dicho! To no dudo de tí ni 
un aolo momento, pero tf te fueron» 
Tengo de qué no me lo hayaa co- 
municado. 

-^Temí, Alffedo, que tui^enio 
fogoeo te arroitraaé £ cometer al-* 
guna riolencia que noa híeieae maa 
deagraciadoa/ pues yo espero r<)n- 
eer á mi padre por medio de la dul- 
xura. 

^¡Cuento to engañas, 2tisa! 
Jamás tu padre consentirá en núes. 
tra unión, y te 'obligará á que des 
k mano al^conde. 
' «— ¡Ah! no. Antes morir, escla- 
mó Blisa. 

—Para eritarlo he solicitado es- 
ta eonfereneia. Huyamos á Es. 
eocia, Elisa mia, y allí al pie de 
loe altarea me recibirás por espo. 
aJl; todo lo tengo dispuesto parala 



fuga, he aíd<JQifido ona Havede la 
puerta del jardin que 8a»le á la par* 
te del Tíói y no necesilfo<'maa que 
WM palabra luya pm- volar á tu 
lado y na aeparanaf de él jamás* 
Aleja todo temoc Tu madre, que 
ea un ásge), eo«^ tú, nos perlo^ 
nará, y tu padre Negai^ éon el 
tiempo á perdéiiarnos. Ven, veni 
no retardes un proyeoto que Moe 
prortieté la felieidad^ 

Al eir estaa palabraa perdió Eü^ 
sa^eleelor» y lerantanda las íúwí 
tidaylos ojds al cielo, esclamói 
¡Perdonadme, Dios mío, el «aefio 
de reútura á que se ha entregada 
algunoa momentos mí imaginación,' 
y perdonad también á Alfredo! T 
Solviéndose á este le d?¡o con toi 
suase pero firme: ¿Qué es lo qti9 
te atreves á proponerme? Aun 
cuando mi padre nos perdonase, 
jamás me perdonaría yo á tní mis^ 
ma. Esperaba de tí que hubieses 
formado de mí mejor concepto« 
' .«-Perdona, amada mia$. té esti- 
mo mas que á mi vida, y ai me he 
atrevido á proponerte este medio, 
ha sido porqué eonotco que er el 
único que nos resta para ser felices. 

— ^^La felicidad jaMás puede hc-^ 
bitar junto al crimen, y antes quie"^ 
rb mil veces que seamos de'sgra* 
ciados, que no criminales. Feto' 
¿por qué hemos de perder la espé-' 
TétkZBÍ Mi padre cederá al fin A 
mia ruegos y á los de mi buena 
madre. •'• 



900 



DURIO DE LOS NIÑOS. 



.'—¡Ceder tu padre! ¡Ay'Elm! 
No le conoces, y sin duda ignorav 
qué la ambición y el egoiamo son 
la base de su efiráeter. Perdona- 
me; débta respetarle porque es 'iú 
padre; mas es necesario que te 
hable claro para que coaoafieas bíea 
Ua dificttkaded qOe se oponeii i 
nuestra .üqípq. Ta padree» bof- 
booista» y ai no ha estado emigt»* 
do, ha sido par no perder, las ri- 
(fU'0zas que poAee ea Fiaocia; odia 
i-mi familia, porque sajiie qu9 mi 
padre y yo somqs republicanos; 
líos gloriamos de serlo, y no troca, 
riamos su «ntíguo blasón por el 
nuestro, qi^e de^mos únicamente á 
nuestros hechos, y nos desprecia á 
pesar de nueatr^i riqueza' porque 
nq la hemos heredado sino adqui- 
rido con la espadar 
, -T-Basta, Alfredo; ^ Es: mi padre, 
y debes respetarle, si no por él, & 
lo menofi po^r fní. V^itelvo á decfsrpj 
te, |\o obstante tedias esas. reflexio- 
nes, que mi padre; estima í^ su espo- 
sa, que eljjibate/AnpelmOiimi.coQ- 
fesor, tiene con él un grande influ- 
jo debido á j9U yi^tuc), y que ha- 
biéndoRifs prometido que será nues- 
tro apoy«, ^stoy segura: de, Yencer- 

lo todo. ,; ^ , 

, — rEIjai^t queria evitarte este gol- 
pe^ ojias ya veo que fs preciso no 
QGulteKjaad"^ pafA cof^yencerte.. 
Ajer, pidió mi) padre a{ tuyo/tu 
mano para m|; mas.lex^ontestó que 
habia dado su palabra de honor al. 



conde de Lagoac y no poáia faltar 
á ella. Mi padre por complacer. 
19a se humilla á pedir al tuyo; mas 
el orgulloso señor de Meudon no 
eadió, porque splo.quiere queseas 
esposa del eond.e, que le conviene 
porque ea como él borbonista* 

-TiAh! esclamó Elisa suspiran- 
do* ¿Con que . está pendida toda 
esperanza} 

— No, mi querida ^Eiisa» no^ si- 
gúeme y serénaos felices. 

—Por compasión, Alfredo, no 
me propongas semejante c6sa; dué- 
lete de mi aflicción y no U: itgra- 
▼es mas, pues, nunca podré aece* 
der á lo que me pides. 

—Esté bien, Elisa. Mi pasión 
cede á lu impario; me retiro., pero 
antes quiero queme jures. quísolo 
serás mia, que despreciarás al con-, 
de y ^ue me escribirás, .pueraste 
será un alivio que disminuirá en 
parte mis sufrimientos. - 

—Te juro, querido Alfredo, que 
solo ^eré tuya, y te prometo ^scri. 
birte, mas con la condición de quo 
mi RMdre ha de ver tus cartas . y 
las mias. E hincando una rodillf^^ 
en tierra y levantando ^1 cielo sus 
lindos ojos continuó:. Perdainada^e,; 
P'io/i^ mió, el juramento qae a4)aI>o 
de hacer sin consentimiento de |pi: 
padre, y el- haber ced|()o 4 Ips rue- 
gos de Alfredo prometiénflole nuea? ] 
tra unión. . ,;í; ^,., 

Alfredo la contemplaba ad^^ra-. 
;do, yno póculo menofi ^e(d0cijr&^^ 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



301; 



Hasta ahora« Elisa mía, fo he ama- 
llo cMi pasioD, mas ea este mo« 
Hiento me pareces un ángel á quien 
iolo es dado adorar y respetar. Tu 
virtud te ha heeho sublime, muger 
encantadora, y ella te di la fuerza 
liecesaría pam sacrificarte; con- 
serva eiempre esa virtud, que si en 
algunos momentos me atormenta, 
etf Cambien él lazoHias fuerte que 
é, ti me une. Arrodillóse con ella, 
y esclamó: Dios mió, escuchad 
los ruegos de mi¿ Elisa; haced que 
sea el ¿ngel tutelar que domine 
mis pasiones y que me guie hacia 
TOS. T levantándose, prosiguió: A- 
dios, Elisa mis,' no te olvides de 
cas promesas, y ámame como yo 
te anie* 

• Marisbó la barca, y Elisa íu6 si- 
guiendo hasta el últimói momento 
á su querido Alfredo; - 'Volvióse 
después á su cuarto, mas en vano 
procuró descánsif ; ' la esperanáa 
qae quería mantener en el corason 
de Alfredo se disvaneeió luego que 
só vio sola, povque sabia que :su 
padre había empefiado con el con* 
de su palabra y que jamas faltaría 
á ella. Esto mismo no lo había 
querido decir nunca á Alfredo, po^* 
que conociendo su pasión y su ge- 
nio ardiente, temia un desafío en- 
tr^él y el conde, y si bien era co- 
nocido el valoé de Alfredo, su con-* 
ciencia se horrorízaba con la idea 
dé poder ser la causa de la muerte 
del conde. No amaba á este cier- 



tamente, pero tampoco le aberre* 
cía, paes no era pesible aborrecer 
á un hombre como 61, que era un 
sugeto honmdísimo. Eo la «fiie- 
cloitf en que Elisa se hallaba, es- 
cribió á Alfredo pidiéndole, . eo 
nombre de su ambr, qhe nuhca por 
causa de ella desembainase la e«-' 
pada, ni jamas provócale á desafió 
á hombre alguno, á no ser que le 
ofendiesen en un] honor, y afiadia 
que la prueba de ainoriqué acaba^^ 
ha de darles le conferia su dereclio 
á pedir esto, tanto máa cqaiato se 
horrorísaba con el simple pensa- 
miento de que pudieca*bef cauai 
de' una muerte; asegurábale' que 
jamas sa* mano perteneééria á oís 
hombre que se hubiese manchada 
con la sangre de su dairiejante; y 
cpncloia haciéndole mtl proiestaa 
de amor, f d»ei¿Dfdolé qoé^-eéperá^ 
ba conseguirlo todo por el carina 
de su madre y el influjo' del abat» 
Anselmo, sibieiiesto.'lo d^oia6iii-> 
Cáméñle parácónáólarle, paes ellu. 
estaba bíeii segura de que au suer* 
te se hallaba decidida, y seveim 
condenada á la desgraeia. » I 

Volvió, sin embargo, á hablar, sli 
abate, mas este le dijo, qiue cuando'' 
habia* prometido apeyasla era por^ 
igtijorar que el Sr. de Meudon InK» 
viese empeñaida su palabra;Mna8* 
luego que lo habla sabido liabia si- 
do el primero á decir que seria-pre-' 
ciso no tener honra y ser perjuro 
para faltar á la promesa; que -por 



sus 



OIAJBIO DE LOS NIÑOa 



tasto ao tenia otro temeéto que «a^ 
Uar y.obodeoer* Elisa la oyó y ca^ 
Hoy nofatiia^iéndoao á. decirle que 
tanskien estaba dada sa palabra de 
honor, y el cielo había eacnchado 
sus jucamentos. • ' 

£1 abate Ansahno era un honi? 
hre Tirtuoso; j^ero acaso déaiaai«' 
dii rifado, y valíóndose del influjo 
quet«íaroia aobite el espiritii.del je^ 
ñor de Meudon; le había reprendí* 
do por haber dado iSupalabDá ain 
bat>er considtado miies á su hija, 
aias al.propiio tiempo le había di^ 
cho ^e unti desdada* no (debía 
fUtar áella, porque o amo Blisa 
ara' una nina» y ei}>aaAto bea^lm 
wnea/faaUaioonocido kí AiarK« de 
kui pasiones» a^ pdriuadia ile qui» 
al tiempo y la^diatracciofieB h M^ 
lían 4dTÍda# el amor que seirtia por 
jüfrada. Quetía <^ Elisa 0099^9 W 
padre»» y eome siampre le babia 
aondeíd0) Uena d^cimdof y<liiiiíp 
dtew ni> pbdia^ fitfiwajrse que deba^ 
j^'jdo^aqiieUfit tin^ídaí^ ee o^jalti^ba 
unaijalma llena, ^amor y de ter* 
nusa. 

Hallábase Elisa entregaría á la 
ifmyofc agitaiBíooi paea.loa^dias pa. 
aahavy Alfredo* «o aalamente.no 
Iftjaseribi«« eiao que ni ívm b«bi« 
ceoteaCado & eii carta; oonoeia que 
era infaapaa derenga&aifla y se fietj-/ 
suadia: di9.qu# no queriendo; aoee- 
dar -árauiideseos poü éao 840 riespeu^. 
dia^ ; Pensaba con remeidlsaieato> 
qtto;Bios fai caatigfba poriilyher a»- 



oudido á k. Cita nocturna de Alfrto» 
do» y en yano la con^cílaba a« ma» 
dre, paes su ealud delioadai ao pu^ 
do resiatir & tantas conma<MOQefy y 
cayí& peligi^amente ^enierma. Su 
madre ascrihió luego 6 AUredo^ 
refiriéndoscílo todo, y este fuera de 
ai» contestó & JSIisa accediendo á 
cuanto ella Ja había pedido, acu* 
siadose de e«ff' w bárbaro y no t#i. 
ner fuerza baatante para Tene^ 
auapaaianes». pidiéndole mil per- 
dones y Apegucándole su eterno 
nmoté 

Luego <qne 'Elisa recibió eala 
carta seitraaquiliai^ su espíritu» y 
diBcia á da madre: Dios üe be pook 
padecido de mi áflieoien y. .me.he 
perdonado. La calentura fué d<^^ 
a(M[recie*d0 j se reaUAIeoió ee i^o. 
coa días. 8a pÉdce^ loco de con* 
tencio ]pat su imejoda* no aabia que 
hacer fasa oelebcMr su restablecí* 
miento) queria mucho á su bija» jf 
si la obligaba á cásame con el cen« 
de» era poique equivecadamente 
suponía hacer oon esto au (^lici. 
dad* Sabia >que su hija aniaba wff 
j^^ven Alfredo^ pero imaginaba que 
con el tiempo 4e8aparee^ria .aqMe¿. 
II« pasixMi» y joaganídp por a» a)aMt 
de la de su hga^ ««eia que luego 
que fasae condeaa y ee viera vo* 
deade.de homenagesnoae.acoeda*: 
ría maa de Alfredo, y le agradece» 
rüa 4 ¡haber hecho su felicidiid* 9h 
él hobifi* ieiaginado que darla al 
condecía causar su ane^ no hU'* 



\ 



DIARIO 1>£ LOS mSOB. 



803 



hiera pwMado en tal eosa, y la ha. 
bria concedido 4 Alfredo, haciendo 
por ella caalqnier •acrifício, mae 
por. desgracia conoció la verdad 
dehmtíAdo tarde. . 
'. El aeñor de Meudon anunció á 
ao.hijá.que iba á4ar un baile para 
celebrar jB(ire«lftUecimiehto, y coa<> 
vidó pera él ¿ Alfredo y á su pa. 
4rf I pues el de Meadon era dema. 
•íado político para dejar dé conri. 
dar á oáoá hombres tan:«óiiocido8 
en la comarca» y que no hubieran 
sufrido impunemente un desaire 
póblico» . El diade San Joan del 
efio de 1801, ea que celebraban los 
dias del señor de Mettdon, estaban 
magaífíeamente colgadas é ilumi;. 
aadáslás salas del hertnoso pata, 
oio del mismo nombre, y se halla, 
ban reunidas en ellas mas de mil 
personas. Caando Elisa ae pre. 
sentó conducida de la mano por su 
pudre» se oyó en toda la sala un 
murmullo de aplausos;, ¡tanto arre* 
baiaba so hermosura! Vestida con 
un trago de gasa de. plata sobren» 
tm j4e rajip aaul clafe, coa los oa^ 
bellos .treemidoe y adornados fcon 
perlas y: diamantes, estaba tan her- 
nip^a y sii fisonomía tenia tanto de 
^vjnoi qoe parecía que no, perte- 
neciese ya i la tierra, y que fuese 
ui),ángel en figura de oíuger. 

Pe repente vieron sus ojos á AU 

fredo» que la contemplaba en un 

éxtaait de placer, y perdiendo el 

CQlor se quedó inmóvil y gría la 

T. m. 



mano qué traia unida á la.dé so pa« 
dre; mas esto no duró sino un mo. 
mentó, pues al instante volvieron 6 
presentarse las rosas en sos meji- 
llas, á espresarse en sus ojos el 
tuego de la ternura, y á ponerse 
ardorosa su mano, ttinto que su pa« 
dre tío pudo* menos de notarlo; y le 
dijo en voz baja: ¿Cómo es posible 
que debajo de tanta timidez ocul* 
tes une alma tan ardiente? Ella 
bajó sos ojos y nada respondió. El 
señor dé Meudon fué á sentarla al 
lado de su madre, y al pUnté ae 
foréió un círculo al rededor de ella. 
Seniiase alegre no porque la rodea- 
asn aquellos homenages, sino por- 
que Alfredo estaba junto á ella mi* 
rendóla transportado de ternura y^ 
amor, y este, á pesar de ser en es. 
tremo celoso, no podía menos de' 
envanecerse al pensar que todoe la^ 
adoraban y solo él era eorrespon. 
dido y amado. Ma^ |ny! la pena 
sigue muy de cerca al placer, y es- 
te iba á. terminar paira Alfredo. 

El padre de Elisa se apfabrimó^ 
á ella trayendo del brazo al conde» 
y le dijo: ' El conde desea qué le 
hagas el obsequio de ser su pareja^ 
esta noclie todas las vecesiquebaí.: 
les, y no atreviéndose á suplicarte- . 
lo roe encargo yo de hacerlo por* 
él, y espero, hija mia, tu consentí. : 
miento. Elisa perdió el color y \ 
nada respondió» mas el señor de - 
iMoudonf se volvió al conde y le di. : 

jo: mi bija Heepta con placer»: ¿no r 
39 



804 



DIARIO DE LOS NIÑOSJ 



M verdad Elisa? y la dirigió una 
sebera mirada. La joven, tréiau- 
Uíf artícttió on 8Íq\X9 apenas so oyó 
y na se atrevió á mir^BiF á Alfredo, 
^yoarojos respiralmn furor diri- 
giéndose al padre de Elisa y al 
conde; ñas estos ó no lo advirtie- 
ren^ ó fingteroA no advertirlo y se 
sepanuron de. allí.: 

Pocfw'minatos después empezó 
alocar la orquesta y el conde vino 
4 ofrecer el braSso á Elisa, que sd 
HvatKtó; atrevióte esta entonces á 
micar á Alfreda, y viendo el furor 
pintado en' sil semblaote, se apartó 
pf obtamente de allí recelosa de qué 
AJIlredo la siguiese y prcftocase al 
ctrnde :4 un desafió. Con este pen*^ 
saniento Tedolvié hacer todo cuan* 
te estuviese! de su parte para oo^ 
tener que reeelarr ppr la vida desti 
adofiftte» y para conseguirlo fingió 
que ota con gusto todo^ cuanto el 
conde le decia, acogiendo sus pa- 
lalnras.ooD graciosa sonrisa. Al- 
fredo, siíi que £lf8a le vieséy lo ob- 
servaba toda» lleno dé^ rabia y de 
celos, téntendd enoetrrados en su: 
pecho todas las íuríad; y :aóusáii-; 
dola ea su coraron de infiel y per«i' 
ju£a¡ Sit hubiese oído la conve^- 
saOBGfn t» -hubiera pensado así por- 
que el pobre conde no hatlaba de 
aiiior, que era sentimiento dema^ 
siado elevado pan^ él, y su conver- 
sación no recaía sino sobre cosas 
inAfeireotes; Terminada la con- 
tradanza iba ausentarse Btisáciíaü. 



do el iconde le pidió que dief e con 
él un paseo, y ellaxedió persuadí;^ 
da de que éste era tal vez>el único 
inedia de impedir alguna ^esgra« 
cia, alejando al coade de Alfredo^ 
mas eete' hiego< que los * vio pasear 
juatos no*' pudo contener sus celos 
por mas tiempo, y con el objeto de 
vengarse de la infiel fué á sentarse 
al lado de Enriqueta de EqoíTíUes/ 
una de las señoras mas hermosas 
que baiuttn concurrido al baile, y 
entabló uaa animada conversadioo 
con ella. • 

Lisonjeada Enriqueta con los 
obiiequios de un joven dé tanto mé« 
rito como Alfredo, escuchaba con 
gusto los elogios que le hacia,: sin 
saber que los debía tan solo 4 los 
celos que tenia de otra, y aüá nOi^ 
tó complacida que al pasar Elssá 
les miraba á él y á ella como coHí 
admiración* Al cabo de un ralo 
se sentó Elisa enfrenté: de Alüredoj 
y Enriqueta,: sin tenrar ya desafioi 
alguno, niacórdarso siquéera de 
ei^ y Al&edo,' salisieebo de vef ' 
que le observaba, conlmué dieien^- 
do mil finezas á Enriqueta,' qÚ€í^ 
oontestatm á ellas con alt«^ risueño. 
Elisa los observó por bakánté'ttémo 
po seria y triste, no quiso bailar' 
mas y vio que Alfredo Uiló ¿bn ' 
Enriqueta) y en seguida Vino á sed* 
tai*se á su lado; entonces se agar- 
ró elttf al braso áé otra seíiora, y - 
sin que Álfredola' Viese fútíá apo- 
yarse ^li una Columna que hábia 






IHABIO DdB LOS NIÑOS. 



205 



fttKte Í9 la «Ulfi de Mt<« iqni«ii« no 
encontrándola ya enfreiilie de.BÍ« 
fO.yqlviói la Yió pálida. y turbada, 
y o;4 %ue cqn mñTqae indicaba el 
mayor desden y de^inreoioy y que 
le d^6.aMNQB,do» le dijo: Alfredo, 
erefk CQin6, todo» losdaosaa; 6 tn< 
mediataeneote sevétiró de allí, AL 
fredo qtted6 por un. momento tnmó* 
vüt mae al fio seeecuió oon Enri^ 
qiielft lo raeior que pudo de tener 
qiM retirarse, y sia oír' siquiera su 
re8pae6tai9e.lefan(óy fué stgüien* 
do á Elisai quese dirigió á itih ga- 
binóle, doade nohabia oadi^, y don* 
de luego qMo se vio eola se sentó 
junto já una mesay apoyó en lama- 
no su pálida mejilla. Alfredo se 
arenturó á entrar, y acercándose 
sin que ella lo sinties?, puso una 
fodiUa en tierra, y cogiéndole una 
uMlno es^lamó: Perdóname]( queri- 
da Elisa, perdona á tu Alfredo que 
s(>Io á tí.ama. ¿Nq. me respondes! 
p^uolvesiu ; hermoso- ro&itro! ¡Ah! 
no me. vuelvas á decir con. aquel 
sonido de V02¡;,que mata, tere^ címiQ 
todas las^ dma$, porque si lo bicie- 
sestejuro que moriria aquí. á tus 
pies. Habla Elisa por piedad, ba- 
bla que me mata tu silencio. 

TolTióse Elisa faáeia él no pu« 
dáendo resistir tastfa.qonmooioni y 
empezó á denrtsmar Ugrimas que 
aakn en laa manea de . Alfredo, e} 
cuali entffeg^do al m^a- vivotsana*. 
pofiai:de amor^.; besaba íhs . tíndaa 
aMiosi de fiUssi <y ite (pedia ;qae 



su TOS confirmase el perdón <|ue le 
anunciaban sus lágrimas. 

-""Te perdono Alfredo, contestó 
JBlísa» mas no puedotresistir á tan 
fuertee. emociones; mebas becbo 
sufrir mdobo» y es forzoso quíS mé 
retiré á descansar. Aboranopue^ 
do decirte mas. 

— ;Qué! ¿vasa recogerte y dejar 
el baile? 

-—Si, Alfredo, no puedo conti« 
ttuar aquí porque necesitos osiego. 
Mi madre me disculpará con mi 
padre, porque sabe que mi salud 
está todavía delicada. 

«—Pues me> retiraré yo tamibien 
y te escribiré mañana. ¿Me pro* 
metes bacer otro tanto? ¡Abl tu 
crueldad me baria el bombre mas 
desgraciado. 

— Te lo prometo, dyo Elisa le- 
vantándose y saliendo del gabinese. 

Alfredo se retiró también del 
baile» pues todo le era indíferenie 
no estando, allí su amada Elisa,. U 
cual se recogió en su babítaoíotí, 
mas no pudo sosegar, pensando^ 
con sentimiento que AlíVedonoera 
ya digno de su amor, pues no era 
el bombre sublime á quien bábia 
juagado tan^iferente de los demás. 
IL : 5 

¡Hallábase EUsa ientregsdá á la 
Quyor afli.ceico» j había y ap a do 
una nocbe muy terrpble.:y desaso^- 
segada, ouaoidO'Pprli^malanatpmM 
pBaBO. jrpei^ó. la. siguiente íaarta' da: 

(Aifnsdo. :/ •: V.:- 1-, / 



306 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



yy4ng^ ii^jo* s^ua meencuentTo 
delirando» puea siento mí mano hu- 
medeoida con tus lágriniaB, lágri^ 
iiulB> secretaa precursoras de un 
perdón que te ruego me confirmes. 
No he podido sosegar ni un solo 
momento, conociendo que dudabas 
de mi amor y que me juzgabas in- 
grato. ¡Áh! no, Elisa, no lo seré 
jamas, y voy á confesártelo todo. 
Quise vengarme de tí y loa celos 
me hicieron criminal, pues vi que 
escuchabas lo que te decia el con- 
de, y aun que lo recibías con son- 
risa; de manera, que a$í como yo 
me justifico, es necesario que tú 
también lo hagas, pues la compa* 
ñera de Alfredo, no solo debe ser 
pura sino que debe parecerlo tam. 
bien. Por vengarme de tí me di- 
rigí á Enriqueta, mas te pido per- 
ám y te juro que me es tan indi, 
ferente como todas las demás, que 
tü eres el único objeto que adoro, 
, y que sin tí me seria la vida inso- 
portable. Preciso es que te diga 
que sufrí mucho al verte agarrada 
si conde, y & este apretar sobre su 
pecho tu brazo encantador, que yo 
hubi«[ra disputado al universo en» 
tero; te observé por mucho tiempo 
sin que tú me viades, y al fin lleno 
dé rabia,, (le tóelos y de desespera* 
cion, quise: vengi^nne y no sé lo 
que hico^.nnis puedes estar segura 
de que el fuegb que me consume 
solo le siento por tí, y que para mí 
seria despreciable la vida si tú no 



teses m ángel coasolador* A^l^ 
Elisa Dtiay ádíos." . >•> 

Aliefer e«(a c^rta derrailkó Eli» 
Sa copiosas i4gRBa8» pero lágrt* 
mas de placer, pues su Alflredo es« 
taba ya justificado y velvta 6 vet 
en él el ser sublime á quien siemu 
pre habia amado. Apresui*yse á 
escribirle, diciéndole que su carta 
la hacia la muger mías feliz, pues 
quedaba completamente justifica,-» 
dof que si habló con el conde ha« 
bia sido únicamente por impedir un 
desafio que temía; pero que le asew 
guraba que nunca mas le voWeria 
á causar pena, pues solp á élque- 
lia repetir eternamente las palabras, 
te amo» 

La madre de Elisa instaba sin 
cesar fk su marido para que desba- 
ratase su matrimonio con el condci 
pero él se mantenía siempre ia-^ 
flexible, y conociendo qu^ nunem 
cedería á sus ruegps empezó á áU 
terarse su salud hasta que caydi 
peligrosamente enferma,^ pues a- 
maba con delirio á su hija, cono- 
cía su tierno corazón, y qo podía 
ver sin^horror su desgracia, Elisa 
po se separó de ella ni un momen^; 
to prodigándole los mas tiernos 
cuidados, mas todo fué inútif, y 
conociendo quesetoerbaba su ho« 
ra postrera, antea, de morir hmf 
que su marido le .prometiese qtt# 
no obligaría á 'Elisa 4 qae se oa-> 
sara con el conde hasta qoe hubie- 
sen pasadp seis meséis después de 



BIARIO Dfi LOS níftO^ 



m 



po no le preoká¥Ía4ÍTerl^i^> qaé 
60iividiiffo<á;ttt éfltiMtf á AWeéáo 
yá0ttpkdiñ&. EA^tiñat it MM^ 
éüa »r^ taro éJá\Úo {:ltr¿'MgM -m 

mettS todoi'ffü esfióM eáftró & las 
poeat bota»» y i*aé éoteirrada coii'^ 
forme A mi úMnul ^Idntad eotína 
capilla quia babia en ttl 'jardín de 
H caía* EHa»! entregada £ la ma* 
yor »fliccíon, no quiso dejar 'do «• 
éompaj&a^ háata la aépuüura el ca-. 
diver 4e su foadre, yetido yestida 
de .negro, con eTcábellO anelto por 
ha espalda, y pátída como la df- 
funtá, pero mt' mismb aeped«í mOr 
lancóüco y triate la bacian toda- 
Tía mas interesante. Alfredo, Ves. 
tido también de negro, seguía él a- 
Gompañamientó- y la tontemjfrtaba 
oon amor y tristeza; pero Elisa, 
entregada totalmetité' i su pesar; 
parecía qiie á nadidiréía. 

Temiendo su padVé que ladeli. 
cada salAd dé la jóren nb pudlé- 
se resistir á tanto pesar, reéolvíó 
trasladarse á otro ponto y "periAa- 
nécer allí seis meses; el conde se 
quedó en la ciudad y Alfredlo mar- 
cha á'Ia guerra con él intento de 
hacerse thas digno dé su Elisa, 
seguro de que' én seis* meses no 
hablan de importunarla. El señor 
de Meúdon, fiel & la promesa que 
l)aViá'hé<Aíd,' jamas haMaKa del 
ctlndeásbtija y la tratabilcon 
la! tttayortébúra, ndiíá' efaó lioeri* 
M» qué eHa tit{eaeisn]mérgiaá éií 



la n^lancoHa mas'pi^fadafáÉttfiíy 
hüé scibé altéraádK^^'^»sM^hiénte( 
y «1 únieo consuelo '<jtíe.téitHUbM 
el de re«ibir lab cknAé'U¥>^imelM 
y^aoríbirle. dbíioéf a^^iíréiVs Vél 
hacia cada diá^ áiátf d'fgiii»<te<átf 
amorV y'tédo sIP to^dbl^éii'áFpfta 
díre Anaelmo, qlie conociendo al 
ññ su coraaon, kaeía cuanto lo érá 
posible para desbaratáfr el cás^> 
miento don el cóude; niavét séffWr 
dé MattJion nunca quiso ééder; ' '^ 
Pasados los seis ibéseé vohíe« 
roQ'ft la ciudad donde ya ae baHaw* 
báAlfifedo. Al día sigiiiénté > de 
hábof llegado, ' íaé li^isa á*dar te' 
paseo con .su padre, y M apeó dei^ 
earrbage para héicor^lllg'ilif msti^ 
ejercicio, perd apenan póliiafaadaí^ 
según se sentía débih y* ábatídAJ 
EneoBtiiaron casualmente á AVre^ 
do que vino á saludarles, y Elíeaf 
se puso un méMfefefto encárñAdé^ 
mas inmediaisfmeilte :tolVí6'á'su^ 
acostumbrada pálidei.* ¡Btícobtróv 
la Alfredo^lMhpi-e' hbrmosa; peroC 
{ouándiftroáto doilo'queeVa atgutf 
tiempo iatée! Ta no bríUabltt étf 
ella^li(>juventud y elverdos y no 
paréoiA sino 'la sombra i^eEüsap 
Gomó aquella efaceiía la cbiimi¿fi6 
bteríórmehte^ apenkiapQdoátiBar 
máti,'^pór la qdé *u padre le obliga 
á entrdroh^l eoéhe, y pócoiátdúi» 
Atfre¡f¿ én perderloéde ▼itfta;^ ^"^ 
-Pocbé'^iás después el sefior *N 
Méidón llamó á euhijáyirtfjaí 
N^' d¿ álK á un mes, e^JUtiti A* 
i flaüs^e ' enero» daría di'4nttje''al 






^jA»iQ o£> Lp(s mí^a 



y.rMí; prppapjfis^' ¿ ; roflibír ai ctiH 
4^ qm^f aqviel>nÚ49ia.^ia k ^^scn* 
lilfúni/pomaii^'fíitufp^^pg^o. No 
padMiMlo.|S:^p«.«op9rtar la «Qrprow 

pjl/lie lUn^ó^lcif ofiados,^ y ^fiáo* 
^9la en sus hrazop ^e retiró. V<>|* 
^ Elvia^ ^a «S» ;y yi6 can peaa£ 
m^,^n (KÍe%MiH> iba«l 6j|.á<c«inple« 
^ffl^t M^P^M^Ht el eon8^elp4e€0- 
nocef guf ^^;rmuerte «ntuba muy 
pcó^íiQar.. ^^fcribió 4 Alfredo o^n- 
tj|9|flqle tojl^ y prometiéndola.; que 
j^$naa aeria del conde, y Altodel 
^Fjbió taoiWpaái Eli»a .pfidienfda 
te propar^pase ;un^r«o«jHoa 4» 
ÍM^Ma^¡y een^bina^ |o que i^ebían 
l|i4)ftll*i. JB)\'^ ae lo, prometióf máa 
U;í^0i«i i|ue tfO; podía aef^ poc el 
o^penH>t y ^^Ue |a«(o Jo«'¿iaa 
Uft^ pasan4o^ y baciéo49iBjB stqdoa 
l^)Pi^F<^«tiv9i«Mp«ra.larbpdafi£U< 
^.pi^r«ivn.^ue!)p Wialm t^p coni 
Mif^reppvaí 4ríütfihpi^ feAignada»» 
y au; padre, 1^1 v^rla taK delnHÚora^. 
d# y melanoólidft ae«Aia.0i>mp uSj 
mnefdiniifubln» .nafas : deapuea :,ae, 
i»cÍM íM.mnémoí :LnegQii,q4e líi) 
ca8é.1aa'di«trÉie0Íi>ni0|i Jaxcwt^Uer 
M9áii;y.le hiBiitoidvidftrl^ todoi 
. .Alíred#'*eaoríb|a:8¡ft.ceíftr.4 piU 
rtu t^4il4oto,l(8 ¿ropor(»p9!M|e um 
«tMÍ»a^b/aU«ri.perp ,p)U^8íemr: 
pro nMp<wdia& ^tt» no f^ rt?«!». 
p«ee^»teíf ad» . j^ODfliilMAP ^^iomfógo 
uémxm f aMtettíe|»a<d0«9q,ie sw. 
tftb^a-niiiy. pppoa diaa,49ivíd4» q^ 
q|;d|||prrM^ft «RKffiliítMooi^pfi^f) 



d# «p 9]iiet9viftiit:r9i| U pYkmr^m 
de la fídn* M ,4» 4lllMde| aena* 
Id^ plir% 4^-paiainieA^,i9«0ribi6 4 
Aifrtda^i^iJfif doa de 4a noob^ 
pedw^bfiUevla JNntoila e^pMl^ 
e&^iie)eitaba«\#l9pi^kro de aame^ 
dre^yAMÍesA 4U aepieto.al abaln 
Alt^Iodo» dioi^dple^qveaabia que 
ibftf4r9iP»r.y:piip eeO}|IeaeabaMi 
blacoop iAtfr^doyjpara; pedirle %im( 
aieippr^ reapetaee él eq jadre; rp^ 
gói^ique nuQQd.abandonaae i «quol^ 
y que le prqtegieie y#CK>Qflqift«e; 
y le aa^gofó qu^^^fl^pii^a.de^iabUr, 
CQi^ Alfr^edo yplveria á.«ucaaapa>> 
rsjrqf^ibif. .Ia.;b^ci4>nde'^^p8^ 
dre, y estaba ,per8uadida,dp que ei^ 
sfigpicla i^oriria. . Uen^^pnse 4a 
lagrimea loa. oj<Nf, del buen a^ia^ 

boEi^^cion^j^Je acoi|^paq6, ai-puar^ 
tq ije pur padrejf á qiiienrd^tcpdillas^ 
pidió ella que U ecba^e.lfi ai^/i., 
Hízolo asi. aquel y le. dión^n ajp|p-> 
roao beso m ia frentOi^ ¡J)e^iclia. 
do! Np sabia queno haibia da,?9ir» 
ffkas;^^ bya viva. . 

.ftetiróae £Usa„rogap4o:al ^Ip-r 
siistif^qpe se. qaedasa.acooiBfi.'t 
na^o4 su padrea y ac).0\figiA si 
siljo de ,l« ^tfif Quaado A^fr^A^ 
reeibfS (fi carfade £lisa;Cfey^ quo' 
natents^q ]^ otro ii^e^o 4e U-^ 
bmrs^ d^\ odiado biadenef) fi9mel 
C9n|i^,,.esla^ ^«^?lt^ 4:!^^V^ if^ 
oaaa^.ji k)¡ pr^ará^ tqt^jpf ra.;^ 
fij9;,ffin^fpbargQ, ffp.ppcaitqa.ilfc 
pr^ifiMH^^ba ^«e Eíi«ipj,,4|,ppra.,Bl¡rí 

•í. WR!*ÍW9^2Wi5W/«P^Í«Tí 



BdARiO BKilLOS mSíOS, 



M9 



tsiy te éinmniídó «l^iti» «efialacb 
Mb 0l eorMoá'tr8iiHUiad»j do do«j 
)«r. Ihí» i EUaá fm^á da iodi»i 
llátyreb éracion delantoidela^mú 
pillai vealidKdéUanoo^ cíMiriiDiw*^ 
lo en la cabeza y exaotameifte kü 
mbaM qué la ptioif ra .ves.qiie. la 
▼ió; pero ¡qaé difmiioía!' iStíSón* 
ckMa9ate[ElMmUeaa do^vkk, y 
(Mroomieode amor y TtmtOia;; boy 
fna 8^o:9Kipro|Ha tofirite» y pai^ 
cia mi 4i»goI;.qi;|e¿^.á4^jar 1% 
tierra para .volf r áju pátria^elcíe^ 
k>. ÍLce£c680 Alifedo» y;l^iaa mj:^ 
rándolacoQ^^ternu^a. le;d¡jp: arro- 
díllate y r^e^a por el alma da mí 
madre; obedeció Alfredo, y oll^ 
continuó: ahorii por la mja». • • • y 
por la tuya, ... 

. —jCómo! csclamó Alfredo. ¿Qué, 
piensas, Eliaa? ¿Tú, llena de yida..?' 
. — Mírame con atención, Alfre. 
do mioy.y ¿lime W puedo, vivir. 

Observóla con atención y como 
aterrado, yEfísa prosiguió:. No te 
aflijas^ Alfredo: sé qué voy á ihó- 
^ir, y por eso te di está cita. 
'"^1^0 pronuncies tálés'^álkbráa. 
Ven conmigo; todo étíS dispuesto 
para fugarnos y la félfVsidad de que 
ras á gozarte volrerá la afcladylr 
Vida. 

^ ^Alftedo, ¿estás locóff {Qué na- 
blás dé yf2a''ni defbKcMád? ¿No Ü 
dfjbliace ttiuefao'ffémpóí ((^ lá'clt.' 
cíiaW podía babftar jtfrH» lrV<$ifi' 
meo? f>^rho l^qwVé'ióf^idétíé* 

y prométMÍ^^ 0b«ls««rí ftcl»péftf> 



I skFmpe# á mi psAre^fmdaim^atcttsi^ 
da todo #l(iMl '<qiit nollMi heoko, 
sujeta, tan paaloilesj y «ab asi pa^ 
drás uante parit<aMnpr«€>|ii EU^ 
sa* Voy i^cmU frTOgiir portfK* 

CansadáidélMfaasaéiqué atate^ 
ba. da hadar ae.aoÉtá JilisB^i^^doa» 
I si0ntó frÍQ>y^as^lfrH» da )aiauaitai| 

Al fre d ffn ft ip ya de si Ia/«|a9Íó bn 
- OMuiaasr] ln^-dnooínsi^ifjia; hadadas. 

— |M#pr^0lsa bM^RlQ^oa Mi 

b% pedid^ill^i^MgaDtó ISlisa*. ! vjj 

r -r^Tpdo loi|llol]|^tO)pe||Q«i^||la^ 

ra», Blisf nai^i,. op po^sá^^fi^^PA .4^ 

aagui.rte. ., ,., .- j ; ,. > ,, ,.. 

.ArcodiU^liaa de'iiuevO|jSlíis^.y.i^ 

dijo: Adio8>.AJÍ(Grf^»fqiy|e,muaro«t 

Dios i^io: lUmad^osi|irDz^ y espiró. 

sin poder pcoixun^iar mas palabra. 

j,,Alfre/i|j,. la, j^cbntempíó npii^baí 

tipmp^.iainívtti^j^ piprjpfjimw vez 

depositó en su enpaut^dora ií<pi|(Jl, 

up tiqrop y castp besQ, . ^j»yaotán- 

dose (jespues de repente coipp.^^^n 

delirio,, la. cogió eii sus brazos, ,.|^^j 

dirigió á la casa,' atravesó varias. 

salas, y llegando i^ la. bábt/a.cion 

; del padre de su amada qué estaba 

. conversando con el abate Anselmpl 

le present^^ el caÁyar dlCl'é^doia;^ 

s^eñpr ú¡i/ Méudon, abí tiené'Y. á su, 

; htja'la cdn(iebai'tbandé ptepárar et' 

altar y llamar al futuro espbW • '^ 

' £$ d'éhgiráeiado^jMBre«bo ' podía 

e^rfo qiíifreMaHa ¥icta4d!^ttfÍAW' 

móaiiklb ft'BRya'totio}iÍ8 aéíenfeé^A 

jadot^ir aearrt)í(^'á astlMMi^ébbiiíi^ 

dsVéfr isntire'Éni bMxdáfBaBOv^gmtHH 

etftmntostyft, -^tMum piMM^áifJP 



8K) 



PIABIO DE LOS NIÑOS. 



b^ft y ftrrabt>ándoi«; los. üabelios. 
Ai&edo de pi9 vekt eon'plabér oi 
iQirineiito de 8u víctifllftiyea medio 
d^.iu pri^pio Mor se aonreia de 
obHrYar 4 otroi las deégráciado 
cotUoél.:: A0Ofd6ae'á él el santo 
fla^dpta». sin dejarse desaDimar 
por 8usre))ul8af, y le dijo; Alfredo» 
teti ooppasion de tu enemigo. 

—¡Yo oompasioA de étf ¿Por qué 
tto la .tuvo él de mil ¿T 0ree tú, sa. 
cerdote, el quo intjBrcéde por él 
euando tat vez tendrá una graa 
liarte en míe desgraciaal Vete, dé* 
jame ó teme mi furor si me quieres 
privardel úhi^có'plácef que mor^es- 
ta, que es el'derla^enganza y él de 
presenciar el dolor de mi enemigo. 
' -^¡Desgraciado! * acuérdate de 
Elisa y de los consejos qu^ te daba. 
-^[Qué díces^..7 No me recuet'- 

. déé sus últimos acentos • 

L-Debo recordarte que si hb per- 

dona^ estar&s separado de ella por 

tbda la eternidad, como lo bas es- 

; tadp en la tier/a. ^ 

I '-^¡Qué oigo! jto separado de 

! ini fííisa 'por. toda la , eternidad? 

¿U^q qiiieres quQ^ hsLghl 

' — Arrepenticte del mal que estás 

: l^aciendQ á tu enemigo y abatir tu 

. orgullo.'. ^ . ; ..^^. .* . 

, Alfredo, sm.J^^poadert se pMao 

c^.r.o^la» j^tó al cadáver deJSU». 

«h y cqft loii 9jqs^ llofioi| ifr^ágúr. 

' Días , j^sclí|ipó; (faéname Elisa:; 

i pei^fí^.^|)g9limotgve.Uaprqnto 

oAvi^iisetmM pron^af. Voy á ha- 



cer por tí el mayor sacsifioio que 
puede consumar el eorazon del 
hdmbré» ihun^HarÜni érgvdlo y*a« 
bracEar á mi enemigó. Y tú, reU« 
gioQ sublime, confórtame en tan 
terrible momento.. 

Volvióse, y percibiendo al padre 
de EliAa que lloraba, fué;á arrojar- 
se en sus brazos y le dijo: Perdón 
ñame y sé mi padre; pero padre me# 
jor que lo ííiiste para mi Elisa. £t 
viejo le abrazó y ' quería pedirle 
perdón de rodillas, mas Alfredo no 
Ib consintió, diciéndolcí que solo á 
Dios y á Elisa' debia pefdit' petdon. 

Permatieció al lado dé Elisa has- 
ta el ihomento en que la IfeVaron á 
enterrar, ydeseó acompañarla has- 
ta la sepultura. Allí qtiiso arrodi- 
.liarse y besar la mano al cadáver; 
mas su corazón no pudo resistir a« 
quel espectáculo,' y cediendo ala 
violencia d^l dolor, esclam'ó: „t)ío8 
mío, llatpádme á vos," y cayó sin 
movimiento. 

Enterráronle al lado de su Elisa, 
y d^i^de ^entonces su padre, ei^e- 
gf^^o ,^ la mas profunda aflicción^ 
se restiró totalmente del mundo y 
fué á tef inipar sus diaa eu una ca*' 
sa de campo solitaria: el padre de, 
Elisa» ai^epeutido aunque tarde de 
su conducta» se enoeñó eB.ui:i coiv-, 
'vento donde pasó 9I resto de su vi» 
¿M^M^W^ ^ la penitencief y el 
'abiete Anee^no ocupó loa pocos a« 
ñoo. qi|e le quedaban de vida en 89- 
oorrer & los desgraoiados. 







o 

■c;> 



DURIO DE LOS NIÑOS. SU 

SACRIFICIO GLADIATORIO. 



<^x 



^L na» eéhbr«i ■acrifieto de 
lot mexicanos, era el qoe lo» es- 
pañoles UamaroD con razón ^2adia. 
fono. Este era sumamente hon« 
roso, y sola se destinaban á 61 los 
prisioneros roas afamados por su 
▼alón Había cerca del templo 
mayor do las ciudades grandes, en 
un sitio capaz de contener una in- 
mensa muchedumbre de (ente, un 
terraplcQ redondo, de ocho pies de 
alto, y sobre 61 una gran piedra 
redonda, semejante á las de moli-' 
no» pero mucho mayor, de casi 
tres pies de alto, lisa y adornada 
con algunas figuras. Sobre esta 
piedra, que ellos llamaban Tema^ 
Ucaü» ponían al prisionero arma- 
do de rodela y espada corta» y a- 
tadoaf suelo por un pie. Con 61 
subrá á pelear un oficial ó soldado 
mexicano, á quien daban mejores 
armas que las del prisionero. Ca^ 
da cual pueide figurárselos esfuer^ 
sos que baria aquel infeUs para 
evitar la muerte, y loa que emplea, 
ría su coAtrario para no perder so 
reputación militar, delante de tan 
gran número de testigos. Si el 
pcisionpro quedaba vencido, acu- 
día inmediatamente un sacerdote 
llamado ChaUhuáepdmaij muer* 



T. m. 



to 6 vivo, lo llevaba al ahat de los 
sacrificios comuneSf donde, le abría 
el pecho y le arrancaba el cora« 
2on. El vencedor era aplaudido 
de la muchedumbre, y recompon* 
sado por el rey con alguna insignia ' 
militar. Pero sí el prisionero ven* 
cía á aquel y á otros seis, que se* 
gun el conquistador anónimo su- 
bían & pelear sucesivamente cop 
61, se le concedía la vida, la líber* 
tad y todo cuanto le habían} quita- 
do, y se volvía lleno de gloria 68u 
patria. El mismo autor refiere 
que en una batalla que dieron los 
eholuleses á sus vecinos loa hue* 
jotzinquee, el principal aefior dt 
Cholula se empeñó de tal modo en 
la refriega, que habióndose aleja- 
do de los suyos, fii6 hecho prisio- 
nero y conducido £ HuejotzincOft, 
y puesto sobre la piedra del sacri* 
ficio, venció á los siete combatjea* 
tes que se requerían alli para de* 
clarar la victoria; pero los huegot- 
zinques, previendo el dafio que pow 
dría hacerles un enemigo ten ani-. 
moso si le concedían la líbertadv 
le dieron muerte, contra lacostum# 
bre universal, y. desda enlóncae 
quedaron infames á !qs ojos de 
todas aquellas naoiones. > 



40 



ara . DlAttiO TfBí ¿.útí mftoS. 

ORACIÓN 

1 

De Jeremías l^rofeta^ 

TRADUCIDA AL CASTELLANO POR BL DOCTOR 
D. TOMAS J08B GONZÁLEZ CARVAJAL* 



£a fia* Sefiw d« nueatra aaiar|(» ncrtet 

M ínnos «n qué oprobio hemos caída 

La hacienda qoc debía 

Nuestra ser^ vemos hoy con nano fnerta 

Al eatmngero eii ella introducido. 

Pttj^tM >^ ÜD iiadf«: 

¿CaU ek la tríiité nadre 

Que «ioda no Hora un oonsoalo? 

Dinero damos, cual sí agena Aiera» 

Por el 8|pia que nace en nuestro suelo» 

Dinero por cortar nuestra madera. 

Siemptt de nuestro cuello mano dára 

Tirando ya: jam&s se da ál cansado 

Tiempo paim Ibrar su destentara. 

Si de>an n<^ hartamos» el pesado 

Tugo. sufrimos con acerba {«na^ 

A que (N. Y V. T N) no¿ condena * 

Pecaron atrevidos» 
T perecieron ya nuestros mayores: 
T nosotros así por culpa suya 
Nhs veisos abatidos. - 
Siesos nos maadaM ya eono stiSores» 
\ Dé hay quiba noa ampare» y reatítuya 
La libertad perdida. 
En tan amarga vida» 
Temiendo siempre al filo de la espada» 
Bttscftmúi pftá en soledad horrenda» 
A riesgo de caer en emboscada^ 
Deuda iw hayapedbr que im de6enda^ 

* £gipto y Ailria son los pueblos de 
qitíenes se queja el Pfoíbta; pero no tenien- 
do estos parte en nuestras desgracias» me 
ha pveddo omitirlos en el vecsp. 



Refl4co el ctftis e«ti el kimhre diÉÉ%. 
Aidieqle como un horno y deocgrídee 
Tal es á hi sazón nuestra figura» 

Y afrentado también y deslucido 

Han en Sion nuestras mugeres bellas» - 
T en tus pueblos, Judá, nuestras doncellas. 

Fof m&no fementida 
Colgados de un patíbulo perecen ■ ' 

Los principes: de nadie as reifbtadlí. 
La frente «ncaii^ada; 
Tanto el furor y 1» ¡ipnominia crecaei^ 
Que del dGcü mancebo es abosada 
De indecente manera 
La pubertad primera: 
Mientras Ú Alño tíemo es oprftdlo' 
Cdn ^rávé caiga, que liévak^fto pu6dé^ ' ^ 

Y del peso.mortai caarandiAik 

Faltan ya los alMm^ sis fue fM|if (. .;,, 
Quien en la pperta }a cueatioa deoidik , - 
Faltó ya de los jóvenes el coro 
Que cantaban alegres; convertida 
Nuestra alegría y canto en triste ttorou 
Pecamoé ;ayl y en duroa vaivenefe 
La eorolia cay4 día ti<iefttráa sinhei . 

Con «tto la tristeBa 
Dentro en el ooiaMB apodeíadmr • 
Una sombra funesta nneaUos.ojos , 
A oscurecer empieza, 
porque k eambre de Sion sagrada ' 
ver devastada, ¿¿ quien no dará «ftoJóÉF • 
Que la Vulpeja astuta 
Ya tiene alliMgfiAá» 
Til empero» Jehová» siempre inmutable 
Berfie pornQ y mil geaawdoBee 



piASfo p^ Mísj^ofj. 



•?i8 



Splflftii:^ tu 8oUo ipfODtrMtfbl^ 
¿Mas qué? ¿p^petuamente te dispones 
A not oltidár ya? ^Perpetoamente 
Kos dejarás del todo abandonados? 
Connérteooiy Señor, 7 prontamente 
A ta gqMb iMa vfeWey irtttora^ 



Los beHoa diiM del Ibrrof pri|nerf)| 

T será tuyo. el trion^ por entero. 

Mas ;ay de mí: que me fatigo en tanoi ^ ' | 

Cuando teo^n ceñó repebda 

Kuetrra nación. To enojo soberaab 

{^reeecontraDoflfttnatiaAodidiL ^ 



ffJ^'A MlfOmn DE MQDJl. 







b»ja«iui.i|^f«r jj^Tto y liernant 



814 



DIARIO DE LCN3 NIÑO& 



túmida en u&t Tísible iirqaietad; 
y diciendo así levaalabt sus her« 
mosos ojos azules, sijjj mover ab- 
■olutamente el cuerpo; i veces iba 
y fijaba las miradas en un espejo 
tan bien colocado que se veia en- 
teramente en él la hermosa pensa- 
tiva* 

Permaneció de esta suerte alfu* 
nos instantes silenciosa é inquieta, 
eiaminando aquel semblante regu- 
lar, aquellas faceiones delicadas, 
aquellos nobles contornos cuya es- 
belteza nada había alterada, aque- 
llos rizos rubios y suaves como se- 
da que salían por debajo de una 
gorra de levantar puesta en la lia- 
da eabeza, no tanto para cubrirla 
como para adornarla, y las cintas 
que sin atar y abandonadas á si 
mismas solo servían para mostrar 
el descuido con que se ht&bia ves« 
tido por la mañana, descuido estu- 
diado que debe hacer parecer bas- 
tante bella para que se crea impo- 
sible que los adornos mas brillan- 
tes puedan añadir ni un 4pioe i la 
hermosura. 

Mas ¿por qué se nota hoy un 
abandono lleno de desaliento y de 
posar en esa joven, por lo común 
tan orgullosa y tan dueña de si 
misma, de sus palabras, novimic|n- 
tos y miradas? ¿Es una nueía 
coquetería? ¿Estudia acaso una 
espresion todavía mas tierna y en- 
eantadora? No por cierto. Esa 
•nave indolenciat esa raga distrae* 



cion son naturales; no ha estudia* 
do su graciosa postura, y la pode- 
rosa seducción que se nota en ella 
en este momento proviene 4$^..quf 
ignora qué la tiene, dequa pi^r es* 
ta vez se ha olvidado de pensar en 
sí misma, y que tanto su inmovili- 
dad como sus movimientos, ae ve- 
rifican naturalmente; tan concen* 
trada,se encuentra SQ alma« agita* 
da por el mayor iptoréf de su vidat 
en el objeto de su secreta ,£áqu¡etad« 
Si, la persona de Emma, de la vi- 
va y brillante condesado Maroi- 
lly, á quien la moda ha hecho su 
divinidad favorita, se halla en es- 
te momento triste, distraída, desa- 
nimada y medio recostada en na 
confidente de terciopelo azul, sobre 
el cual resaltan admirablemente 
sus heimqsoa cabellos rubíes y su 
tez delicada, blanca y suaTo; tie- 
ne la cabeza ligeramente indina-» 
da, como si el peso de graves y 
profundos pensamientos fliese de- 
masiado para su debilidad, y le hi* 
cíese bajar la frente á pesar suyo; 
mas de sus manos blancas y flexi- 
bles ha caído blandamente al cos- 
tado del cuerpo y se esconde entre 
los numerosos pliegues del blanco 
peinador de cachemira que la en- 
vuelve de pies á cabeza; y si la 
Qt191mano.no h^ segutdt>'' aquella 
posición natural es porque invo- 
luntariamente se ha detenido mt 
una imperoeptibla cadena de oró 
que la hemoea distraída 'se IM 



DIARIO DE LOS NIÑOá. 



^IS 



pUMto al eoeflo algunos nfiomentot 
antea» aín duda tnaqninalmente, 
pues ni aun ha dirigido lai ojos al 
rologito da oro que pende de ella, 
y que tiene cogido entre los dedos 
aia objeto ni fin alguno. 

Asi permanece inmóvil por al- 
bina tiempo, pero su pensamiento 
ae eaoapa de sus labios á pesar su. 
y0| 7 aun sus palabras descubren 
M secreto que la agita, en tanto que 
aua ojos preguntan con ansiedad 
at espejo, confidente inreluntario 
da sus ocuhoa temores. „¿Por 
Tontura he perdido algo de la ba- 
ilesa que todoe admiraban? ¿AI. 
gon cambio que mía ojoa no per* 
eiben ba quitado á este aemblante 
aquel poder encantador que teniaf 
}He okidado en mis adornos el ar* 
Ce de ser elegante con bastante 
novedad para atraer' todas las mi- 
radaa, sin llegar á la singularidad 
que puede tocar en ridiculezT No 
ae trata de catar bien, sino de estar 
mejor que ningoha; no de aer bo- 
nita, aino dto ser la mas bonita; no 
da aer mirada, sino de ser la única 
i quien miren; El año pasado, 
(no llamó la atención de tedas las 
launionaa por espacio dé una se- 
mana la hermosura de Mad. de 
Mertnvillet Por fortuna tenia tan 
poco talento que en la primera 
reuaiony'bastahte amistosa para po- 
dar hablar, pude a!h trábsjo hacer 
pública su necedad, 7 destruir de 
Mil Ibodo s^ íibpério^ porque en 



ningún género se puedo reinar mu- 
cho tiempo sin talento. 

„La delicada figura de ladjr 
Morton hubiera podido cautivar 
también la atención, pero sus tra. 
ges eran tan estravagantes que ca- 
si llegaban á sel' de mal gusto, y 
la sencillez de los adornos con qucí 
nhe presenté t su lado hizo resaltar 
mas la ridiculez de los suyos. Cn 
cuanto á la brillante duquesa de 
Roroillac, era verdaderamente una 
Htat temible; su clase, su riquesa| 
sil brillantez en eite pais de vani? 
dades, hubieran podido obtener un 
triunfb; a^í es qué todos penaaroi^ 
ei| ella por un mes, pero tuvo lá 
imprudencia de enamorarse de E- 
duardo de Arcy, y para una muger 
de moda, que entre sus armas maá 
peligrosas debe contar las esperan* 
cas hábilmente manejadas, amar 
de veras es abdicar su poder. 

„ Aumentóse, pues, el mip con 
todo el brillo de mis rivales des« 
tronadas, creia haberme librado ya 
de iodos ros peligros, ¡y Aljx ¿^ 
Vemeuil^ una muger de provine iaí 
una pariente i quien recibo en mí 
propia casa cuando, después dW 
dos áñós de viuda, viene á Pirís,' 
una muger no menos linda que yo, 
peiro menos elegante, menos ¿¡e¿u 
cada á parecer bien, es 1^ que fija 
las miradas dé todos!" ' ' * ' 

Dicho'' esto, cayó la herniosa 
condesa en ún triste abatimiento!' 
Por primera vez teniia aerííamente 



S16 



IMABIO ns LOS jnfiQ9* 



perder su imperio, y conocía qiio 
pudiera llegar un ^nomeato eo que 
ezíetieee sin ser la mug,ef de-mo- 
da puee hasta eotóncea habia crei^ 
do este título, tan identificado cqn 
cu persona, que solo la a|uerte po* 
dría arrebatársele, En su eonoep* 
tó no ser la primera, «m no viTÍr^ 
porque desde el día en que EBima 
se habia apoderado del iaypr íi^es- 
plieable, capricbosot frivolo y po* 
derosp al mismo tiempo que da ei 
cetro de la moda, había camU^ 
totalmente su vida. Para ella de* 
jó de existir la aipíetad; todas las 
mugeres fueron rivales i sus ojea; 
la tociedlad un teatro en que con* 
tiouamente estaba rejureaeotando 
un papel, y las r^Buniones una oca* 
sion de darse á' conocer* Su com» 
postura no fué ya ni al casto ves* 
tido dé la. rauger modesta* ni el 
gracioso adorno de uo.a mu|;er. a* 
mada^.y mucho menoa el encanta- 
dor, abandono de la que se olvÚa| 
de s{ misma por. pensar en el obje-, 
to'deau amor; fué al puncipio al 
lujo á cualquier costa, la variedad^ 
la magnificencia y el brillo; dea- 
pyes el fruto de jdeas estravagau^ 
tes y, <de invenciones nuevas para 
reanimar constantemente la atj^n» 
cipn. fugitiva; en una palabra, fo- 
das las ía^uitádes ,de su ii^teligpa- 
cia, y toJas , Jas hpras deJ día s^ 
eonsagr^ roa únicamente á fijar, a* 
quel poder^ tan imposible acaao de 
definir como de conservar* 



Con eípctPf \iw^ ^,«iW» *• 
eaplicar c6oo j por nu^ liega iiai| 
mugar á ^orde n^)i7 ipuálfif 
so» loe mafÜQSL qne .cp^(Mftce^ 4 
ellot ¿Es el brillo da^ia hermoauf 
ra, primer poder iaeonlasliable i%^ 
la nuiget? JNo» pprque ifw^f«m- 
ees nadie baca caso 4e la maahect 
mosa« ¿BselAalanto, a^aíiiam 
invisible que Anmin^ iXodaa las 
dema^t Ne, porque M» itempit* 
^a frecuencia ne se eacuantra «Q 
la reina <^,b |a meda ba alogífl^A 
^Es el rango, asa supariprídad qua 
ya uQ admite e) general ofgnUo? 
Menea, parq^ la iiK>da jámila ha 
racpnopido eaap^ eaffg^nencia^y JM^ 
en otso ti^eapo abandona)>a loa aa« 
Iones de palacio por el tacadar .da 
Nioon. (Es la riqu^i^a la q¡^e ,Qb« 
tiene el trinnf^l Teimpo/ciPr por<i 
que roucbas. v^cea .la aapríiphavf^ 
moda pona en rí^ícul^eji.aro f|tta 
pavonea la vanidad. JSfpJisyt p^Ol^ 
medio alguno se^.roL para .alcaop. 
zar ese poderi p.i,ri?gU cUjc^a jpfl^ 
consarvarje. i 

Persuadida Hd^ esto, Ke^im» «i»«», 
pleó todos los medios impginabie^ 
pajra llegar á cautivar la /lieneipn, 
y no apwcjiando ^^dioa aagiimi 
para. conservar ayuelellpiarct iau 
jjefió, np qujao Pi9i^r ^u^uaQ* f 
sacri¿c6 «4 ii^sa^cÁaybl^ ,desao .,4^ 
brillar^ paric(ntes^fl|ijgos,.y rique-, 
zas; U vanidfd, el n;guUpy ^1 jj. 
goÍ8mo>t^gason jen elU,la íj«)fií., 

hiiiidf^iji^ lioj^^i ;y,)# }fifímf^^ J5 



mARie míJb» nam.- 



air 



tfí ISMñú bttbfete pffdMá «I tMlo 
é$ -Mi^ff d0 mmfai, ntd» lé hubiera 
Redado. 

' „T««o* iá MlMAk Utfy,%frtíl |Mu 
■6o^t1a'ikiift«tt«"y til' «tHftíté 
por la nbélfe (cMitítiüd ' Bittam); 
HMti-M «ohéa^^MIéti tan db*. 
déflótoyáqvfen hao qiMídoto* 
dlia 611 iWí6 eautiTUf, pkteté qiM 
ntí t>!«iitaiiiafl que éñ %\\éx \h\ aoü* 
dé dé Prád«i qué an todai ÍMÉrleé 
fe ptéséftIaMk can airé flWtidiada^ 
6 indiferente! ¿Cómo' iftt «i da 
qnaref litía tfféfifkf dMdé tttUirea 
hén aitrélMaT ((Jóüía Hé Im djV 
proeattr VeVta amada dé'On'tolÚ' 
Ae kfáé Miá ie amtf i^MélHo,' f 
dfétráérdé ana pteoenpaeion qü» 
dibtraa'dé todo? * BMa ée ana am* 
(hreíNl dlj^a dé lái tñai étt^Tídas, 
pbi^é artéttüftr ^ Mmbra al «^ 
mot de alftt mtf^f éi6 ea mrfa; 
pétü robarle ál amot propio 'ó á 
d& UseaetUbllértOlBétid^, tAüoBkt 
fctttarifalidád Oé xi/áímiáft^' 
dtalpuedéüa^iMé, étffln, «étteé^ 
|ait ana «oia tM hapoMñti Jba« 
iébé la pana da tdfftÉfea «Malqiitar 
HaBajo.** • 

* Bmrmi Volvfé A MiMli^Ma ééf 
«I* Metttto' ttt* cMjUtiMNj pMé A 
(lueelé que al MMdo «efléÜl á 'ttái 
Bio^ér aaefa «epéndér da Toa' na* 
tténa^eé qn^ lé ttibtttiin doa d'iraé 
bíl^ei daéítan; y éllift babia aon- 
fé^didó atraer I tix t^mHr'1,'i6: 
4bá toé Hüé itíápb^ian tél fbtor db 
la ttodkf'báiU ét ákoteénkr éd qné 



Alix da TaAaail, llaMtado la %^ 
taneíon da M. Pradéé, babia fijido' 
laadttiraeían da todo*/ iMbm 
iaaié¥ll la «MféttééHta éáadéaé, f 
tan preaMpada en «as maditiato; 
née, qné^ tdato^ai 'dMliartaéeda un* 
•ttbila, ««álatiió éObraeaUadt y ba. 
éléttda m moVittiiántd da ■orpíW 
•a: ,t¡tü aquí, Aliz!'' " 

En afbéVOy aaababa da aüamr 
Mad.-da TéníéiiH, morena graeiow* 
9éf éoA üa rééti^of aapraeiia y ání. 
ibadoy ^tfé^ 'rébpoudíó rféndoaat* 
,i¿Paéa no taé aepértibéa ^ra ir út 
paáadr f at toiMniy tíampa axbmU 
naiía él' traga #e Étntnkf qna anaat- 
ciaba qaa la bálri^ éltídado/ d bá^ 
Uattiadáda 4a pfoyaefd» ^ 

^^T paáaaaca qaé yo irtáf ¿T 

avaliéa taittbieay aia dnda, qdb' éi^ 

, aatttNUfafittéb i H. dé Piridéar «a 

ja la eondaéa. • " • "''^"' ' -^ ■'-: *"» 

HaVM nbaéipeótb^-é^déWénry' 
I édfildé táki eonéeída aü ib^bft^MU 
«ion <db Bntbia, qUé Alil^nádd'cMliV 
taató; maaaé' iantó iMiiltb(laMié«i) 
ta coiéo láááHbiitiiídb ^a'rééíifáli< 
aiahií á aaKr« ' Entóaeba fintlkr 
áíntiéatilrlófantD ^desaaVédié^tt^' 
! téír;' y tt dr)o: ¿i^ii qué latfo tía^ 
ftiáta láabaredéd* y loa ■il!io# étf 
qaalb^ IfébtébM reattén/{pa^^qii«i 
téteiata'áyét tía pvétebia (WM'in^ 
ptéaéinaité" én m'lrbQnla'a qaa'^VNK' 
jl» á tai déU'm» Id ammUÉmé 
d«PllH*r' •-' .' '■•" '•' ■■'"»í» 

iaatbnté aa'*'ailéiiéit9 •aaMMM 'h^ 



u 



SI»; 



DIA9IP P£ LO^ níxím. 



coodeniL^BO te.fiigiMW ftampqea 
d« rt^pQnderinet" 
. .Mi^A- 4e Vernenil pjMrmaneeió 
todavía alguno* momentca aín con*, 
teataft pero loa ojoa do la eoi^dota 
la íntarrogabaa coa tal vehoinon- 
cia^ que al fin dijo ;ri6ndo^; |,ea 
que éktaba mala; de yerdad qatabfi. 
maUi y ademaa. ••••"; 

^ adefnaa, • . • .¿qu41 preguntó 
la oondeaa casi; encolarifada. 
. ,»Pu^to que tü Iq quífireayEm* 
na, reap^n4jió. , Aliz con una riaa 
ipalicioaat lo diré todo, pero no te. 
^nfadea* Yo no comprendo vuea- 
traa reunionea de noda;. oa ellaa 
ae p^epe tanto el placer ^\ faati*. 
dio, que yo temo e4|QÍf petarme y 
t^maviino por otro. |[«afedqra 
4^^ la.qiaa TOipne ^ii ella laa mn» 
gfl^ea n»^ apmblea y U«i4a% per» 
ea para colocarla! muy compuef»; 
taa al rededor de la aala,.como re. 
tiftoa de.familiat.. y allí oyen.. con 
Xfí^ ó nn^poa atención una m^^ca 
biienft 6 mala, pero que nada lea 
interpaa. ; ^n(re| tanto Ipa hombrea 
l^.quíenea conocen eitán diatantee 
df all^a^i otraf piew« 6 en pun- 
tpf .l€¡Áaaoe,y no bablan maa, que. 
^reci6á la. dupnadela caaa, 
puea^obUgfciea que eata ^ene, 
de hfper loa honorje^ de ella,y d« 
t9lHbÍ4r:á.tpdoe.'Con: algMoaa paUr 

brofi pimble^t ^^ .PW»»4 CMp 
de aer la única que eatá^ coma* 
QÍffaoíon con )a^ di^rnaa, peraonM. 
4fi ^cede^ .qne eUi(,tolajea laque 



•e;dÍT«ene 7ila quo nanifieala ««. 
talento,. au. amabilidad y au glaciar, 
niéntraaque laa demás magarea. 
aolo ealiéa allí, paraaenrir de de- 
eocafxioo & U piaaa que ellafej^re* 
aenta ^ b^eficio de su vanidad;, 
dq manera que. k fiesta i que laa. 
convida maa bien puede deciíae, 
que.ea un lazo que lea tiende que. 
ua placar que lea proporciona. 
Por mi parte buyo de las dirersio* 
nes d«l Biqdi^ P^^s que me g^sta 
difertiprn»e." ... 

Eauna dirigió anamalíciosami* 
rada-i iUiZf y ;la8 doa se contam* 
plf^fPfi rióadose, como los agoré*, 
ros ^fomiums;, que no creian maa 
que, doa cosai^ au aaber y la nace*, 
dad de los demf^» ^ Al fin la con*, 
desai coc^ia cpp^naaque déla, 
aegiiridad . de que lo ba de ipnten* 
'der&nuQ dijp^nriéndoae; i,&afi 
aoi^ ,t^Ogo yp de decir que el n^un* 
do no admira aino i lea que ae bur^ 
« lan de éL Ppr» ¿qu6 bago yo que, 
qo bagan las demás? Siempre y. 
en.)p4as pacteo; ae ba disputado el 
príiper pne^to, y no ea posible que 
baya triunfo sin TÍctirnaa. Y ai, 
yo^ inmolaae^Algonaa Tanídadc* á 
Ifi. niia. ¿qu^ gfan^ mal babrija en. 
^Ip? <: Además, qye. h%y mugeree. 
quo awi|qu4 desean agradar 4 todoa 
tf^i^aiif embargp d# reinar aaclu- 
siyamenfeaqbr^ uno soIom^Sí Alia 
no, ] quiso 'Tmiir viecbi?. i . mi r^a-, 
niQn, aeria tal yt% porgue aabria 
qua.Qtipi, persona tampoco foniot*' 



I jt ij J. P 



immo J^Bum viSism. 



•]« 



bn, qM pbUg6á?Mad. de V^rnatiil 
im|>ft0Unt« éiqtx^ conAe^tat» sin 
teie^pooK <oSi''l0 bubíerfk labíd» 
m» hubiese docUiido ¿lir/' 
. A estM p«l&brat.6A.ti|Kii»ó un 
momento de sUeneiaf AUz te ptieo 
coloredaí inquieta de la indiaeve- 
^oo qne acababa de eomdtert y 
6inina conoció que allí , había vn 
ae0re.ta» presiutifeado al mismo 
li^mpo la peaibilidadde eaear> par4 
tido de él.< 

ViYp á nadie he nombrado^ es- 
clamó riéndose», p e;ro parece que el 
cunde de. Prados ^:lialla laii ^a« 
8e^te4ti|iafi|^gioaeio|iqao aanom. 
brff respoqde ¿ cvalquiera pregttn* 
t^ que f^^ te ha<;e;" 
. ftiftv^ locura! contestó Alii en 
el mismo tono* : Precisamente bu* 
y^sie^ipjfi deéU 
. : »J*pes np /le huye sine de aque- 
llos á quien se teme» replicó la 
condesa, y ¿ nadie se t^mesiao 
por odio ó por amor* »'. ." 
. Alix no la eseucbabaí poes se 
b^bia leTsnlado.y buscaba en; las 
rinconeras del cuarto [una cosa que 
im era Tá^il que hallase. Viendo- 
lo Emmai se colocó de tal modo 
en frente del espejo» que podía ver 
en él todos los movimientos de 
Alix, y continuó diciendo^asi con 
ium especie de iodifarencia malí- 
cioksa, ,,£l conde de Prados es 
biien mozo y tiene taloato, lo que 
m es muy común en ua elefante I 
T. m. 



d^inueetreta dios. Loe hombres de 
talento han dado ahora en ocupar- 
SO' de los gobiernos en lugar de. 
pensar en jas mugares, y la socie- 
dad pierde en ello por un lado, sin 
que gane mucho por otro; pero en 
fin, eso ee lo que sucede:. asi es 
que cuando nos queda un hombre 
de talento y de buena figura, Dios 
sabe lo que le mimamos, y acaso 
M« de Prados esté mas mimada 
que ninguno. ¿No oü verdad?" 

Alix no respondió, y la condepa 
sin bacet caso de su síleneio oon« 
tinuó diciendo: 

,»Acosliimbrado desde ntíle á la 
admirectofi aparenta d^preoiarlib} 
habiüuado á las coqueterias supone 
que las desdeña, y echado á per- 
der, acaso por algún tierno afecto, 
asegura que es insensible á todos, • •* 
Estos 'elegantes tienen pretensión 
nes tan infundadas. • • • y él. • • •" 

Alix centinuaba oigo separadni 
y sin duda la incomodó el tonp 
desdeñoso de Emroa, pues respon* 
dio con viveza: i^Seguramento no 
acusaran de afectación al conde de 
PriKdes; su franqueza, la sencillea 
de 6u carácter, la verdad de sus 
palabras.'. • ." Aquí se detuvo, por4 
que conoció que le alababa dema^ 
aiado para ser Un hombre de quien 
huia. Su atniga hizo como qu0 
naiia notaba, ly prosiguió: 

„El ha manifestado que es osm 

paz de una pasico viva y diirade<* 

ra, porque toda esa. indiferencia 
41 



DIARIO CE LOS KíítO». 



qée tiene rtipecto á cuantas to tú* 
déaiii proYÍeoe del peaar que le 

eauM lo que ha perdido Sf^ 

ye sé que ha querido. * • • que quie- 
re todavía á uoa muger hermosa y 
dif ua de ser amada." ^ 

Bq aquel momento «ran ínCrtiM 
todos los esfuerzos de Emma para 
percibir el rostro de Alix que ha- 
bia Yoeho la espalda al espejo y 
estaba inclinada sobre una mesa 
mirando uüa estampa que habia 
eti ella. Emma continuó hablan- 
do de aquel amor descoiiocido y 
esclusivoi deteniéndose do cusndo 
en cuando y dirigiendo algunas 
preguntas á Alíi que respondía po« 
eo mas que monosílabos. En un 
momenlo de silencio se levantó le 
condesat y caminando de puntillas 
■obre la blanda alfombra para que 
DO oyesen sus pasos, fué 4 poner. 
80 detrás de Alix» y cuando esta» 
haciendo como que miraba las es. 
faiiipas, decía: „¡Qué! ¿crees tú*.?" 
se sintió cogida por la cintura y 
vio que era Emma que le decía 
riéndose: <^9,CreO| Alix..«» que 
16 quieres al conde de Prades." 

Volvióse Alix bácia la luz por 
un movimiento involuntario de sor- 
presa y dejó ver su bello rostro 
turbado y encendido, brillando una 
lágrima en sus ojos. El verse des. 
cubierto así su secreto le biso lan- 
zar ün grito de temor, en tanto que 
Emma daba otro de alegría, pues 
lio veia ya rival para una coqueta 



en la muger á qaieb eí amer arvan. 
caba légrimas. Llévese^ pvfSi i- 
sú amiga al confidente astul, la hi* 
zo sentar á úú lado^proooré adw 
quirir sú oenfianiia con palabras y 
frases cariñosas, y después de aU 
gunas respuestas insignificantes y 
de aquellai semi^-coufidencias que 
preceden siempre á una confeskmi 
consiguió que Alix le dijese asii 

„ Anteé de mi nlatriiti^nio..^ ha* 
rá cuatro altos / é • • hatlitídome en 
los baños de Badén con rfii tia^ 
conocí al eóltde de Prades. Por 
eipaiMo de mes y medio no se se- 
paró de nosotras, y yo me eacon-> 
traba tan dichosa 4 su lado ^ue lle- 
gué á creer que Qie amaba. Re^ 
velé mis pensamiéntae á Ini tía lli 
víspera de nuestra marcha, y aque- 
lla misma noche habló ella en pre^ 
sencia del conde y de rtií,:de ter. 
nura, de lazos indisohiblés, de a- 
mor etttrtio...é qiié se yoi de todo 
lo que le ocurrió, porque quería 
conocer el modo de penttar dé Mi 
de Prados. Mas ¡cuan poce cor- 
respondió este á lo que ella y yi 
esperábamos! Se burló de lai 
pasiones serias, de IbseféCtesVén 
dadores, supuso que era imposible 
que él lol sintiese jsmáÉ, y en fin, 
se mostró tal coino era,tndefereilté 
curioso y burlón. 

„Helada pot* este deücobríttiiétii» 
to no traté de comunicarle nuee¿ 
tra marcha, y el día sigUietitb étíÚ 
mes de Badén mi tía y yo. Mi 



PIARI0 m WS NIÑOS; 



Mí 



^había ^rregil^dQ ¡mrn «í iui (^pisa. 
jBiiciiaiQ en #u opJQictii iQuy jcoDve. 
iii«AUf jr piunqaa yo aq ««A^ en 
el ca«o d# qoierer á na4ie, obed^í 
á mí paAre y (]^iiiQ9 4ia« iA^Bpves 
n^ eafé c^n 9t. :49 VerDuiU, con 
^1 «iial qKkrphi^ á ana Qf^aa de/^Mn- 
po aaeatffa» y no <^m volver á Pa* 
rí8, p^tf^p jCanña volver & v/er á M- 
de Pradoa» á quien consideraba 
demasiado sagaz para no haber a- 
divínado que yo le amaba. El 
cielo DO bendijo mí matrimonio; en 
él fui desgraciada» y aunque la 
muerte de M. de Vemei£l ine \^a i 
dejado libre, no me ha quedado es 
peranza de ser feliz. Desde en 
tónces he pasado dos años sin vol 
ver á París ni ver á mis parientes* 
y üaliguo^ aeiigos. ¡Razoii teniíi 
pacaeUoKiwín^! M^ii^a^amie inax<* 
o^é fafe no^volverpii miv;ida." 
Ennea la^nHr^ co^n atención y 
9^npoMi^eQet,«wblante,4e Alix 
iwa doMcJepe e»pre8i(Q9.de ternura* 
Iftl qpeisasíenvi^ió^ Aféelo ca- 
paste beni|Q«Mar 4i^n >eQ medio 
delidolot* .PeofMilíya deapuM, y 
•osnp hahUndiiwe fk %i:fi>iflp¡a,.4yo.: 
,rf0Gnf^tro.#ñfte!,.M W^íingeá fi%, 
tfeú«M»iél ffoiiM ériate,.M .tno M 
gUi mft».4op4ftiimtMeaai«M>80 turbó 
un ftftaffluoiyi) Je hiMé .de pqeel 
¥Í|tgex«;«<iDiieRflo Al^iCftino 4 Purjis 
y^lja .ífiji^v iPítfdi^ eliííjjor, y 
tMPicgoiJioii»»^p;mceD;.de.,^)l4iM« 



i^Y ¿no te ba hablado nunca de 
tu v^e á S^4ep y <Ia tu caeamienr 
U>1^ pr^egm^ó dirigiéndose i Ali;ií, 

j^J^Q, jreapo^dié 0)1,8, porqjuenpe. 
aaB he co.uyef8ado con él. ^e h§ 
parecido si, qve a^unvaa veces me 
bu^cajbes paro Aparientaba haberjl^ 
olvidado Mk>.'' 

Emma ti^é del cord^s de la 
oeiiipanrlla« y preguntó al cr^iado 
que entró si habia vepido alguien, 

„Eq este instante ha venida M. 
de Prados, que pregunta si podrá 
recibirle la señora." contestó el 
criado. 

' tiPues que'entre." 

Entró el conde, y luego qué 
hubo saludado á las dos primas, 
Bmmalerogó que la dispensase 
por un rato, pues tenia que vestirse, 
y encargando á Aliz qiie hiciera sus 
veces pasó á la pi^za ii^ediata, 
diciéndose á sj misma muy con- 
tenta: njAb! eatin solos, y el 
amor es mjUAho mas hábil que yo." 

Cuando volvió á entrar no la 
eintieroa siquiera. Alix estaba een- 
,teda en .una otomana c€[rca del 
juego y el conde, de pié vuoilto de 
espaldas á la chimenea; estaban 
solos y hablaban en voz baja. 

Un mes después dio Bmma una 
de aquellas fiestas de que bebia 
hablado Aüx. Brillaban en sos 
palon.es nuevos papeles y colgadu» 
rap,>y lucían en ^llos los tragos 
mus elegaotcís. Dificilme^te po* 
Aria 4^rse ima leunion mas jicillao* 



823 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



te ni en que luciese mas, y dé una 
manera masetclusivn la dueña de 
la cnsfl; mas en elln nadie habló de 
Alis, que habiéndose casado pocos 
dias antes con el conde de Prades, 
habia marchado con él á Italia, y 
uno y otro considerándose fcHccs 
hablan olvidado la sociedad qtic 
les pagaba en la misma moneda. 
La condesa Emma.de Marcilly, 
tranquilizada por algún tiempo a- 



cerca de su imperio, continuó sin 
embargo velando. 'Sobre él, como 
debe hacer todo soberano que de- 
sea conservar su corona, ya sea de 
oro, ya sen de flores. Reinar era 
BU vida entera; por eso no be«ioa 
hablado do eu menidoi de fU fimil. 
lia ni de sus amigos. ¿Existe aca- 
so nada que se pareEca á eaie tú» 
saa para una muger de fnodal 

MaD. AfttSIrOT. • 



EL PERIODISMO. 



^L periodismo es el símbolo de 
la civilización moderna. 
■ Naciendo y muriendo, y wrnan- 
do á nacor y á morir constante- 
mente en medio del vértigo de los 
sucesos y de la instabilidad de las 
ideas, los periódrcos sé reproducen 
oo'mb los pólipos bajo el cudiiHO' 
del anatomista, al compás de las 
exigencias sucesivas de una socié^ 
dad que todos los tKas los pide, pa. 
ra'leerse en ellos todos los días. 

Pasageroscomoelfevordel pue* 
blo para con los tribuno», variados 
como las interpretaciones de un 
mismo principio político por.dríiSi 
reqtei' partidos, caprichosos como 
el ámoir de las coquetas, opueiioii 



y contradictbrioe entre sí come lof 
intereses de los pobres y de los tu 
eos, claros unas veces como la ver* 
dad que nunca dicen^ y turbioe o* 
tras como el porvenir de la Europa^ 
destinados, en fin, á pasar ineesüi» 
tomento la mano -sobre la úlcenl 
que esfá corroyendo las éntraftae 
de una sociedad que llaman reju* 
venecida para etcameeerla tal vea 
en las agenías déla muerte, ¿quión 
no vé en los periódicos la espresion 
de las creencias que pugnan, él 
traeuntode Isa institucÍQntfe.qffe'pi^ 
san, la forniulaeton ineompleta de 
losrsistemas que «e sucedeb,^ y to«. 
do en ellos^ vago, y todo en ellóa 
transitorio, y todo encelles insufi» 



cíenle, como )u ideas ftialmenle 
welizada. del kiglo revolucionario 
eon au iMpoienoia para el bien, con 
•o eficacia p«ro el teait 

Lá hÍBioría d«l periodiamoen >u 
apogeo fleade el pumo en qae fué 
«n P«<l», tti» iaatitucion, un medio 
leífHmoda ilegítJmaa infloencia., 
nnM6rgHBOipodi»roeo de todas lat 
exigencias sociales, es la bistorín 
de Jos tribunos y d» los reyss, del 
pueM»5r de las aristof radas, de la 
«osofia conFerUda e«' tormenbm 
«I máquiaa de gu,r„, d, la discu' 
•>on y de la Taciedad de los dore, 
cbos del hombre^ anunciados oomo 
panacea social por los aalndadores 
de la revolución; y encierra «n s^s 
página* la descripcion^ de las bá.; 
canales eelebradas por Ja demago- 
gia al pie de los cadalsos y al res- 
piandop^ lo. incendios, ei himno 
eacrílego^d-l banqueto do los ca- ' 
dáveres y de los cráneos beocfai. 
dos de sangre, orrecído un tiempo 
á los pn. blos poC los rrgenéimdo. 
res delaespéete humaira eneliom. 
pío de la líberrad y junte i las aras 
de la libertad. Especie do anima, 
da fanfasroa-goria al través de cu. 
yos vidrios de color de sangro ae 
»e la figura. pri«n«ro de-oo pigmeo. 
dsspwMd»angígaMe«nw se lia 
roa eípaeífo, imaginando en su lo- 
«ui« haber aoliad» ms eadmas, 
P*^« ha podido Bailar «on elha 
y al son do elbs, é impeneiiaatáu. 



MARIO DE LOS NIÑOS. 



tn 



Si proseguimor estudiando el 
periodismo; si qucremoe hallar en 
61 la marcha de la revolución y eom. 
parar dos épocas importantee déla 
sociedad en que vlvimos.es un cua- 
dro terrible en cuyo fondo esM el 
f aeblo como los antignM jutffos on 
derredor de» Sinai, Vaporando las 
labias de- la nueva ley p«Dt adomr 
el becerro do oro. ■ Ssta es la re- 
volución que oqnrienia. <En príiner 
término y mas.cercanoide nosotsos 
eeláel mismo paeblo rendido de 
•u actividad yongañadó en eua •«. 
poranzss^.oon el arrfapontimientoy 

Íla desconfianza en los labios^ con 
■el escepticismo on él.óorazon^ ar. 
sastráodose por la tiesta, como loa . 
israelitas acosados de la sed en h 
soledad y d desamparo del deaíer. 
to. Esta es la rovolooiatt que «a 
á «spi/^r. Be el pueblo que noeo. 
tro» éonoeemos/ ^ omo«l otro es el 
paebloque conocieron nuestros pa. 
dnís. •• 

•uoedoemindt. M^uebaiiuis en «I. 

guno9 pierlddlcM del dú loe 6Hi. 

moa ecotf de la anarquía aocíaJ^tpa. 

réoeiios íener>ditlnite de loa'iojoa 

uno de aqoellpa <e«p«tjoa nmágíooa, 

pódala oacura 7 aublimod* Im ímn. 

ginaoion y de lae viaionet atocinen- 

ladoraa del erítnen» en . loa oualéa, 

«» deeir de laa hiatoWei de ana e. 

d»<» •uperatieíoMi, apafeclanaeá 

\on Tiaíonarioa, que «ren «táiwea 

I todoe loa hombte«,-flH,tatmti en. 



rS3á 



DIARIO DE W)S NIÑOS. 



•ongrentadot yveitiftct qü^ los 
.perteguian. Pero nosotros no ve- 
.moa 7a «o nuestro etpfjo «p^urieio- 
nen ni «omKfas: no adíviatmos an 
él «aa verdad moral, 8¡9o tocamop 
i«QA realidad. Al pueblo e« al ^tte 
venoa blandiendo todavía laaer- 
mas con que ba vencido á aiu «on. 
traiioa y rehtMivido a)»ar4arfe del 
•logar de ia hiataoze en qae ae e«(& 
infestando con le podredwnbre de 
lor eedávevee j con la corrupción 
4e 4a aaogre derramada. * Eeta ee 
•ki reiM>!ocion qee no tiene ya que 
vencer y melve aue nrmas conira 
aitniaiQa. 

Loa periódiooi, poea^eon la hie- 
loria y el código de la revolución, 
enn la revoluoien eecrila. £1 gran, 
•pereonage del dcaina ^tl :erl e\lea 
retratado eoa au iooKgen terrible y 
■ceniu hacba Jevanieda. . ¿A quién 
ívláberir yai i^ñit^mnoí hoa 
pqnódíeoa deben «leeir al pueblo 
que deponga sus armaa y que maf- 
tobe iraaquib pjor una eenda en 
-donde na le eapctraa mat eneinígoa 
i|9e 4o8 que AduliA.todaivia sus pa> 
•aioQea. 

'< TalVoeaoioQipttedenilleiiaiila los 
«peri^dicosi porque.ppirtáoipaado'en 
•esté abaáo en 4ftraa;0Qsaa <de Ja>aa. 
tucaiesade laataAtefera» aaí.Hagan 
»aiiaaloB del magnas Comoeatán 
-eohfe el meaUadOr: M Sartoaanto^ - 
iEllee aonlaeíemMaifjBidiioida átjbe- • 
«bai^rá idató% 4 >ngitéMas^ ^i «oiQ- ' 
hreapffopioe;.aettlflí oieliaiil delei-, 



glo, eíenoía eeenci«1meate popular» 
eieaeia^e no ba podido nacer et- 
n^ en tiieropo ea que el paeblo a- 
prende á leer; raaoo por la cual 
eeNí 4 fnedio nacer aq«í* 

Síe^olo dereapvimiooto perpe- 
tilo, ^Iperiódioo n/^§ aadan^dot 
corriendo» volando» cirelilando:.in- 
vede loe correoa» ae roete en loa 
vapores, se aptolirecba ile laa co* 
munieacicuies» :llega 4 todas partea, 
y en todas partes vé dejando las 
bueUae 4e los inlereeeede todo gé- 
oero« cuya eaprasioh ealé confiada 
4 aue eolumnaa. H^jo do lasjia- 
eeaidades mas incnddiatiMi de «na 
sociedad de mucbaa oeceaidades, 
para él so heo becbo loa caminos 
dé bierro y quiere dar dirección 4 
los globoií. SiMteota ol comeroiOf 
ayuda 4 la inéaatria* ma^Uifiie la 
ciencia, vivifica la Utoreiurot mo* 
ttopoliza^odos los tileotos, bace 
Huyoa todas laa ideas, ira dicjeoido 
á gcitoa iodo' lo qae 8»be, y reciba 
prinoipalinente su vida de 4a poU« 
tica, laq la wal víoiieoá rofnnriiraf 
aalacalmeyaie, y coyas formáis a. 
doptan todas las grandes y poqoe. 
ñas CuoetioDeü de iatoiviUaafipn 
earopea* T eelo sin ^eac^pai^r^ 
aúi.pareíaa, oio UMaar aliento, :eio 
ceder nuncai ainc al otra^araMíoo 
qae: 'VJeDei4elr4ek 

Deade la jóeriin de qaiooo aAlM 
qué l>uaca en la noívisla laiblorpna- 
taoien de una séi!rada . y Ja Milkd 
de 80 primer aenlilpitnto de MiQti 



A 



DURIO DE LOff Millos. 



büta «I YÍ9jo 7 iftnlo diplomálice 
coya jpoiicion ▼» unida al triunfo 
de un partido 6 á la formación dai 
un protocolo, todos tianen digo que 
ver ed lét periódicos. 

El menestral descansa de itttfa<>; 
bajo leyendo loS periódicos que aU 
hagaü ias pasiones populares. El 
ofidinista qUe pasa la mitad de ¡a 
mañana encendiendo y apagando 
cigarros, idédica la mitad reatante 
á la lectura de los diarios del 
ministerio qde lé paga y le man* 
tiene eh su destino. El dansante 
en loÉ negocios del crédito y de la 
bacienda publica, bu^ck en ellos, 
no tanto el aha y la baja de ios 
fondos^ como la inserción de los 
remitidos con qtie se vé precisado 
4 éontestar diariamente á los que 
le llaman tal vez por su nombre. 
El pretendiente aprende de itiemo- 
ría todo lo que aiafie i vacantes y 
provisiones dé empleos. El amo 
de casa lee los anuncios de mué 
bles viejos y géneros baratos. El 
artista guarda el articulo que él 
mismo ba escrilo alabando su obra. 
El poeta y el literato cuentan por 
los dedos los falsos testimonios que 
lea han levantado los cajistas* El 
elegante se recirea en la esperan- 
tk de salir al día siguiente tan ri- 
diculo como el figurín que tiene 
delante* T hasta es ya poco to- 
nteó entre las itebtes de cierta ola- 
se el no halláV un papel de modas 
ó de Utetatura (que lo mismo és) 



sobro el elegante coaturaroda fai 
jéven sentimental: lo mismo que el 
.sentarse un hombre al ahnaerao- 
.sin poder ofrecer á sos amigos, a* 
demás del té, la estadistíea políii» 
co^literário-moral del dia* 

Dicbo s6 está que para ser pe« 
rrodistas. Con saber escribir tenéis 
bastante. Si sabéis mucho, ya no 
servís para eso, porque para saber 
mucho se necesita perder en el es* 
tttdio de los libros el tiempo tteoe* 
sario para ef estudio de los hom- 
bres, de los hombres cuyo oonoeU 
miento es la verdadera filoaofiat a* 
demás, las meditaciones sobre loa 
infciiú comunican un carácter de 
gravedad y de tntimimamimio^ que 
se aviene mal con el coquetismo 
social de los periódico» y con la 
observación rápida jde Ibs «ucesos. 
El talento del periodista consiste 
en no digerir masidesSque las ab* 
solutamente precisas para un árti« 
culo de dos ó tres columnas. 'Ta* 
lento en su mayor parte de eos* 
tumbres. ' 

Escribid, pues, que ya os acos^ 
tumbrareis. Una cosa os advier. 
to; huid de esas patrañas de con«- 
vicciones, que son* los peores y 
mas dañinojB de todos los enemigos 
personales de un hombre. 

La ambición, la gloria, loS em- 
pleos, las candidaturas, la toga del 
magistrado, la faja del general, te 
reputación de los hombres públi- 
coq^lodó está eki IoÍb periódiéos. 



DIABIO DELQSiNIÑOSvt 



ISá ttllo» b«:ds biMRsarie U etf^ré* 
. 8Íon, 7 á ellos está cometido el de> 
, bate de toJos los inteceses, de to* 
des Jas opiniones. La diplomacia^ 
enCQeiitra 4 veces, en caos papeles 
volantes, abapdonadas en. mano del 
pueblo las revelaciones de so mas 
aubterráiieo y tenebroso maquía^ 
velismq^ La guerra se hace ya 
, en los;; periódicos:, sus columnas 
aon las columnas de los ejércitos.. 
' Órganos de e^o que ha dado tn 
llamarse opinión, pública, por; el. 
afaade» poner un nombre hasta 4 
lo quft no existe, y forlifípados cop 
el alimento, espont4oeQ de su pro*, 
pía publicidadf los periódicos son 
• un poder verdadero», un poder real, 
un. poder muy eleva ck» y muy in- 
fluyante «n la categoría de los po- 
deres quiü trabajan , con su apcioA 
I ínc^SfMit^ la yid<i.de laa sociedades 
mpder.<ia4, gastando sus fuerzas y 
disputándole su dominio. 
. ¿Qué queréis ser? ¿Cu4l es yued» 
tro talento? ¿El. del poeta, el del 
historiador, el del moralista? Goal* 
quiera que sea guardaos hiende 
anunciaros al público con unpoe. 
ma, con una historia, con un síste. 
ma de fílosofia. El público no os 
Ieer4» porque para aventurarse 4 
leer tomos de tomo y lomo es ne« 
cosario ahora estar muy fa/;niliari- 
zados con el nombre do un autor y 
con la idea de su talento. Aun su* 
poniendo que vuestro libro haya de 
ser leido, y estando seguros de con- 



qoístiuroB una reputación, és ^me». 
nester.que antes hayáis dicho lo 
que sois en loa p^riódicosé 

¿Qué queréis ser, dip^utado, mi^. 
nistro 6 general? La carrera está, 
abiertas ahf tenéis un periódico, es* . 
cjrtbid en él. Haced le oposición ' 
al gobierno para que cai^a, favore. 
ced 4 los hombres de vuestra co«, 
munion pura que suban, adulad al 
pueblo, seguid la marcha de los 
partidos, torced el rumbo 4 merced 
de los' acontecimientos. El éxito 
es seguro; la diputación, el minien 
terio, el generalato, ellos vendr4a 
mas tarde ó m/as temprano, según 
la fuerza de las pasiones, la ten- 
dencia de la anckjbícioi^ y la habilí-. 
dad y eficacia de los .medios qoo; 
hayáis enipleado p^ra la confecu- , 
cion de vuestro fin. ,• . . 

Pero sr^mbicioi^ais ser roae qqe 
■todo eso, si lo que queréis es. una 
'reputación honrosa, si un influjo le* 
gítimo es 4 lo que aspiráis propo«, 
neos no ser, ni seaie nuis quo pe*; 
riodista. Ttjned conciencia y ob- 
tendréis justicia. Los honores y 
los altoa puestea vendr4o de e^a^ 
macera 4 buscaros, y nunca os po^; 
dr4n echar en caraquo alargasteis 
la mano para, tomarloa. Cuando, 
n<^,¿^iié hon^^r mas grande, ni qué. 
puesU) mas alto que dominar ,tod«i. 
las.ambicipnes desde If ^^luca de, 
vuestros principios,y hablaral pais; 
y ser escuchado por el país? 

Dq cualquiera manera que acep*. 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



327 



t^ir vi^^atra mbion periodística, (y 
68 bueno llamada misión, siquiera 
porque no es.mas pqliaguda la de tos 
misioaeroa ()e ia India) como quiera 
que airvais ü os sirváis del perio- 
dismo, al cual suelen arrastrarnos, 
mal grado nuestro, una especie de 
signo caprichoso y cierta comezón 
indefinible por decir algo á los que 
nos quieran escuchar; ora entréis 
por el bueno ó mal camino, que eso 
vuestra conciencia ó vuestro inte- 
rés 08 lo han de señalar; mucho 
engaño será creer que vais á pasar 
una vid.a de. pi^z y bienaventiúranza. 
Qi sois justos y verídicos tendréis 
en frente á todos los que viven de 
la mentira y medran con la injus- 
ticia* La política os ofrecerá en 
BUS innumerables cuestiones otras 
tantas personas que desnudar ante 
la opinión del manto de sü hipo- 
cresía, y á quienes arrancar la 
máscara de su maldad. Enemis- 
tades, odios, compromisos, vcngan- 
«esyque ahogarán alguna vez la 
irbz de vuestras ra^o^es y os en- 
Iregarán á la, furia délas pasiones. 
^Quiéh eabe si la ofensa del amor 
propio ó el triunfo del momento os 
lutráa tropejiar y caer alguna vez 
en una sen^a rodeada de tantos a- 
biámos? 

Al principio de vuestra carrera, 
y/pbra huir de tamaños inconve- 
nientes, la literatura eerM. un refu- 
l^áPeroen España no bsyliteratu* 
T9A no hay mas que literatos. La p«i* 
T. m. 



blicacion de un folleto ha bastado 
durante largo tiempo entre noso- 
tros para conferir, con ese título, 
todas las prerogativas del talento 
y alzar las pretensiones de la su* 
perioridad. El público, cuya do. 
cuidad e^ deferir á la usurpación 
de las reputaciones ha sido hasta 
ahora igual á su ignorancia en a- 
chaqués de literatura, se ha apre- 
surado á decir que sí, á todo el que 
con un legajo de traducciones ó 
un manojo de anacreónticas en la 
mano se ha presentado ante su tri- 
bunal, reclamando para sí la pa- 
tente de grande hombre. Pues 
bien: decid al grande hombre y al 
público que no, y sois un pedante: 
y si por ventura habéis nacido á 
tiempo que el hombre era ya gran- 
de, si aun no sabíais leer cuando 
imprimió aquel catálogo de obras 
inéditas de autores antiguos que le 
alzó al rango de escritor, si sois 
jóvenes, en fin, no habréis incurri- 
do únicamente en la censura de 
pedantería: entonces habréis co« 
molido un delito nefando. Algu- 
nos os tacharán de^ rebelde, otros 
de romántico, de ignorante los mae» 
y todos convendrán. en que no es- 
tais en edad de tener talento. 
. Venid á parar en los literatos 
noveles. Señor Fulanito, su co- 
media de V. es mala. — ¿Cómo ma- 
la? ¿qué se entiende? ¿mala una co- 
media mia? V. es un envidioso^ 
— Hombre, no. — Sí, wfior, envi, 
42 






328 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



dicto, pero para eso tengo yo mi 
par de pistolas.'^Pero, amigo mió, 
8Í yo no le he desafiado á V. — A 
mi me consta que V. es un tunan- 
te. — Y el bueno del autor le rom» 
pe la cabeza al pobre crítico, y ya 
la comedia es buena, y ya tiene un 
talentazo atroz. 

Pues refugióse T. en las eos- 
lumbres para no ofender á nadie, 
y todo el rftundo se dará por ofen. 
dido. Diga V. que lae mugeres le 
encocoran casi tanto como los hom« 
bres, pensamiento que les pasa á 
cada instante perla cabeza á todoa 
los que están alargando siempre su 
mano de amigo y quieren casarse: 
dígalo V., y de atrabilíarío arriba 



no hay quien le quite de encima 
todas las palabras feas. 

Y sea T. periodista. 

Aparte de esos mconvententea 
que mas ó menos cercan al hom* 
bre en todas las carreras y fbrtu- 
naa, porque están como amarrados' 
á lá TÍda, que los produce tan es« 
poBtáneamente como la tierra plan- 
tas Tenenosas, el periodismo éa eit 
otras partes nombradla y aun ri« 
queza. En España los escritores 
púbHcos han sucedido en el goce 
de todos sus derechos á los pebres 
de la sepu de los eoiñ^eios» 

Y sea V. periodisu en Bspafia. 



Economía domestica. 

CoHPOStOION 1» VVA TOPSA niDBJBBBMI. 



La repetición de fraudes ha he- 
cho conocer hace ya mucho tiem- 
po la utilidad de una tinta que pú- 
drese resistir á los direrses agen- 
tes químicos que por lo común se 
usan para las falsificaciones; pero 
á pesar de las mas laboriosas in- 
vestigaciones no se ha podido con- 
seguir hasta ahora la solución de 
este importante problema. ¿Será 
M. Traille mas afortunado que le 
han sido todos sus antecesores en 
este trabajo? Lo ígaoramos^ y so. 



lo la ésperíencia poéri 
debidamente; mas sea de esla )e 
que quiera, el método qee signé 
para la preparación 40 s« lisita ki^ 
deleble es éste» 

Se disuelve, con el auxilia M 
calor, gluten fresco en áeidli pir(K 
leñoso, y resulta un líquido jabo* 
noso que se dilata con agón lutsta 
qae no tenga mas fuerza que el yit. 
negro e^>mii&; después ss meaolaa 
doa cada oaza de este Kqeido 4e 
oeho 4 diea grano* det smi^ M* 



DiAUO PE L08 NIÑOS. 



«28 



gro de humo» ó grano y medio de 
añil, y queda hecha la tinta. 

Esta tiene un buen color, corre 
bien, se seca pronto, y después de 
seca no la borra la frotación con 
ningún cuerpo; no se destruye tam- 



poco humedeciéndola con agua, y 
según su autor, los reactivos quí. 
micos que destruyen la tinta común 
no la alteran, á menos que no ata- 
quen y destruyan el tegido del 
papel. 



-eoo- 



Etfutgrafía. 



Ok XJL VOBLAOIOV 1>S hK ÁMSaSCá, BOX XAS VUZ TBIBVS SB ISBASL. 



BN má seeíen reeienle de la so- 
ciedad asíétiea de Londres, se leyó 
un discurso acerca de la suerte de 
las tribus de Israel después de la 
caída de Samaría. Dicho diseur- 
so era del difunto T. M. Dicken* 
son, empleado ci?íl en Bombay. 
El autor diseute en él las diferen* 
tes opiniones de los sabios acerca 
del sitio á donde se retiraron los is^ 
raelitas prisioneros después de la 
destrucción de su reino, y se in^ 
dina á la idea de que foeron los 
primeros que pasaron del antiguo 
al nocTo continente, es decir, su- 
pone que los indios de la América 
del Norte eran de origen hebreo. 



Según DíckenBon esta idea se la 
sugirió prímitivamente á Juan El- 
liot, llamado él evangelista indiano^ 
en 1749, un, tal Winshow, agente 
comercial en la Nueva. Inglaterra. 
Después otros escritores han adop- 
tado el mismo parecer, apoyándo- 
se en varias particularidades nota- 
bles, y en semejanza de costum- 
bres, hábitos, ritos religiosos, fiso- 
nomía eco. El autor bace men- 
ción de los judíos negros del Ma* 
labar llamados Ben Israel 6 israe» 
Utas y no judíos, los cuales siguen 
exactamente la ley de Moisés, y 
cree que son dignos de estudiarse 
su origen y su histona. 



Fin del toho tbbcsbo y db la obba. 



ssür 



DIARIO DE LOS NIÑOS. 



^L terminar el Diario de los 
NLdoi, no puedo menos de mani- 
festar ni publico mi agradecimien* 
to por la indulgencia con que ha 
mirado mi débil trabajo» indulgen- 
cia quA entre otras cosas {krueba el 
deseo que los mexicanos tienen de 
que 60 emprendan obras útiles. 

El Diario de los Niños es un 
ensayo que prueba de lo que es 
capaz México: un periódico que 
no lleva consigo la ilusión de la 
novedad, pues que nada nuevo iba 
¿ decirse en él: un periódico de 
que se cscluian las discusiones po 
líticas» los odios de partido» las no- 
ticias públicas: un periódico que 
no debia contener nada que no su- 
piese un hombre de medianos co- 
nocimientos: uu periódico tul ha 
sido el mió y se ha mantenido y 
seguiria con utilidad del editor. 
Pero este no puede superar por 
ahora los obstáculos que se pre- 



sentan, y se vé precisado á termi- 
nar su tarea, sin perjuicio de dar 
en un periódico del mismo géne- 
ro una serie muy preciosa de es- 
tampas que publicará pronto» y. en 
el que también le insertaete aque- 
llos artículos que han faltado en 
el Diario de los Niños y que de- 
bieron haber llenado los últimos 
números. 

Se compromete & esto el editor 
porque se encuentra tanto mae obli- 
gado á cumplir sus ofertas, cuan- 
to qué ha sido suma la bondad del 
público en disimular sus faltas. 

Como los ariiculcys no son mu- 
chos, pueden darse en la prin^era 
serie del nuevo Semanario que tie- 
ne proyectado dedicar el editor .^ 
las señoritas, y que sin duda ún^ 
primir^ pronto si no hay un mo- 
tivo tal como la falta de liiografia 
que se lo impida, que causó la ce- 
sación de este Diario. 



vihmóm txk'vííMi 



m 



" ' * 'Hitt^rü^ natural, 
P«pc|L ie los bnerot do tortu- 



^ILeon, . . .., 

El HalcoD, 

Costumbres y uiOi. 

ün baila die éandü/ 
^Antea» ahora y deapuet»' 



Li 



gueda Engelemann, 6t,' §é^, lOD 
aacea morales de amor y foír- 

JSl verdadero amigo/ ' ' 91 
i|.mor maternal» • r \ 

1^1 principio del bien y del mal/ín 
Xeonor, * ' *...». ^^^ 

Los esposos felieeSf 217 

Gertrudis, 290 

La lámpara de Lelia, 243 

La perfecta casadaí 272 

Elisa la virtuosa .''..((•/: /^SBT 

Cuentos y anécdoUu^. 
Modo fácil y seguro de ganar 

á.lojs naipes, .„;.,.:.,,.,. .10 
^a apanciQii d^l li|gar,,:j^ . { 12 
Correspondencia original»^ . I98 , 
An¿c4ota(! - , , ., - 182 
Hassan, apólogo orientali 145 
El carbonero, 216 

Remitido, tTS 



ClIffOftittfef Cttffllf/ÍMS. 

Física, 18» 121 

CMnmto!o¿», ''■ •' '^'^ ^' ^' ' ' 42 
Cria-de lee guüétfslb dli>ieda; 'lOa 
Desetibrifftientd 4el >daft^loll-'^ 
'•• ien la múiieai ^ S^' *' 144 

frenología, Í6S, Wb 

tíeologia,- • :'-í:1 '-»''> ".'-«éS 
OJogrBfia*o<rtóti«J,'^ '^ * * 1"** 
Meteoébll6tfiii, " 'i-^'- O-...' ;. JiM 
fiebnomía iadustHÉ,''^'^ ' ' - 9é4 
Ecoáomiadotnéétitfiy, • '"''b 926 



287 



8 

liso 



De las traduc^ipi^^i, O 

Contestación aun artículo del 

' CdémépM«i;«*^^'^^"'V.'''" *«4r 
^ímtasía, /.'J«bb. i. /iso 
Escepticismo, 156 

El periodismo, 822 

Creogrtfia. 

T^ }»M t^np.jr ^e los basares 

de Constantinopla, 25 

Despr^pcion do,^ornfí^.., ^ j ^^ , 99 
Descripción de Viena, 18^ 

•^•''">^.,.i^i.,..•...o^.¡«•i:?»» 
|CarájBtereijp«!Sol,„j ,'... ,, ^..ps 

.9.tedr»ld«.Aialf^re^,. ., ,,, „.?58 

\'- Tdí'iídlMlMtt'''''' =■•'■' 

liiígo d* Tírtud de un nifio, 107 



Deberes para con la p&tria, 
Soblíma rasgo de amor patee 

nal, 

Placeres de la memoria. 
Una muger de moda^ 

EHudioi hittáricoB. 



212 Una casa de eristaU 

. Pensamienioi meUot. 



226 
818 



Jbticias de los mas .iiélehrfw 
M autora que (w «ectUf sd- 
brf JtMc.iCMiiieMii MfH)^ ■.: 
tas, 45, 77, H8, «4, 860 

XnciMc»» 49 

liíytoría de la litografié, 114 

Acuerdos de^.^^sf^ de «bril, X7f 
lüptona.— Oración fl^nc^^, j$M 
j9f|prificio gladifU^^no^,; ^ , 811 
^8<9ografia: O^ la poblmioa 
de la Ai^érioa por las diez 
tribus de Israel, 820 

^ fiáges. 

fhi Tiege á las Papppüy de,U . 
o<. América del Sur, . M 



109 



-Pensamientos del Dr. Swift, 85, 

120, 188 
Botánica. 

La sensitiva, 70, 142 

Medio de conservar las flores 
en el invierno, 141 

Habitación, ^ 88 

Ppesia, 

£l:sunsan, U 

ifll- sepulcro de una madieír ,94 

A una niña reeieil nacida, 81 

SíMSiC^m», 182 

A un suspirOj 160 

Tristeza, 177 

^ sueño de Olimpia, 198 

J^l niño poeta, 225 

t^ ilusión, 119 

Orf^cion de Jeremias, profeta, 812 



^ERRATAS MASWOTABLES. 



En la pá£[lnii 4l, columna I. ^^ línea 2, dice: secretario, léase 



lorio. 

(; . 



&n la pág. 64, en la línea 14 de la poesía, dice: fieras, léBÉh fbrat. 

' En la p&g. 193, columna 1. * , línea 1. ^ dice: En lá éiúdad de lá 
América, léasío En una ciudad de Uí' América* - ^ 

En la poeMa que se halla en la pág. 258, columna 1. ^ , Mnea 2. ' 
dice: eneaoNsudlHvMfVe eneaminad^.